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8 ene 2016

La fotografía erótica de Rikki Kasso

LA FOTOGRAFÍA ERÓTICA DE KASSO TIENE QUE SER UNA DE LA MÁS ALTAS MANIFESTACIONES DEL ARTE CONTEMPORÁNEO: FRACTALES DE LA ETERNA FORMA FEMENINA CON LA CARACTERÍSTICA REFINACIÓN JAPONESA, POESÍA DE LO BIZARRO Y SEDUCCIÓN INFECTA.

La simetría de la forma sagrada: la vulva y la vagina, la V, esa pirámide inversa, que es en el espejo microcósmico de la Tierra el vaso del cielo, el caliz; desde el contexto urbano, a veces perverso, porcelana glacial, belleza a veces bizarra, máxima femenidad en la plata del papel o en la pantalla, como solo un fotógrafo japonés, de una refinación inasequible, podría vislumbrar. Rikki Kasso, como un dandi divinizado por la feminidad que lo acompaña, que le abre la puerta y se desnuda en esa ciudad fantástica que es Tokio, con el cielo entre los grandes edificios fálicos y las nubes que forman también otros fractales de la eterna forma femenina, produce sin duda uno de los cuerpos fotográficos más seductores en la actualidad, a la altura de cualquier otro fotógrafo, con la ventaja de dominar el tema que más nos atrae: la belleza de la mujer y la naturaleza entrelazadas por la mística simetría que nos revela que la feminidad es la cifra de nuestro planeta

Rikki Kasso mantiene el blog Tokyo Undressed, de donde hemos obtenido estas fotografías; seleccionarlas ha sido un proceso hipnótico, inabarcable por las miles de fotos que tiene Kasso, todas con la más alta calidad estética y el más puro magnetismo erótico. Autor de varios libros, pinturas y hasta películas, Kasso yuxtapone las imágenes, los cuerpos con paisajes celestes o texturas, creando un efecto similar a la técnica de Eienstein, donde la suma de las imágenes crea una nueva dimensión, donde se funden conceptos y sutilezas y se empalman formas análogas creando la sublime epifanía de que todas las cosas son otra y la misma.
Parte notable del trabajo de Kasso es su capacidad de erotizarse constantemente sin perder en ningún momento su exquisitez, de encontrar un gesto o una breve forma que logran insinuar toda una narrativa erótica, a veces onírica y a veces sádica; de ver la formas primordiales de la vulva y los senos iterarse en la naturaleza, como un fractal ubicuo. Como si fuera el elegido entre  los voyeuristas, tocado por el hada madrina de la magia sexual, que lo gratifica con sus ninfas: muñecas de la piel más suave, del ardor más secreto, en esa habitación prohibida, tan lejos y tan cerca en su angelical lascivia.
*Pasa el cursor sobre la imagen para ver el título de la foto.

Realmente hermoso, una mirada infinita y estetica de la feminidad
Realmente hermoso, una mirada infinita y estetica de la feminidad

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23 abr 2015

¿El mejor vídeo de naturaleza que has visto?

Probablemente. Se llama Hello Tomorrow y es una obra
 de Karen O, editada por Roen Horn.  Audìfonos, volumen
 alto y a disfrutar.


Video



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27 oct 2014

Cómo nos engañan las caras

De pocas cosas nos fiamos tanto como de la información que transmite un rostro. Aunque no nos demos cuenta cómo nos afecta


  Un letrado se cubre la cara antes del juicio en Berlín / SEAN GALLUP  

Creemos conocer bien a alguien cuando reconocemos sus expresiones faciales. Cómo se le pierde la mirada cuando está haciendo planes, o cómo se muerde el labio inferior cuando reprime un pensamiento, o cómo mira a diferentes sitios cuando está mintiendo. Nos creemos la información que transmiten las caras de forma casi religiosa, es una de nuestras convicciones más firmes de cuantas usamos para movernos por el mundo. Por eso cuando nos rompen ese esquema, como han hecho con la actriz Renée Zellweger, nos afecta de una forma tan profunda. Aunque ningún ejemplo explica mejor nuestra relación con las caras (la nuestra y la de los demás) que las fotos que perfil que ahora deben resumir al máximo cómo somos: elegimos la nuestra con la idea de transmitir una imagen y, para los demás, nos quedamos con las primeras impresiones.
¿El problema? Que por lo general nos dejamos engañar por las caras.
Pocos hubieran adivinado al ver la foto de Jeremy Meeks que en vez de modelo era un atracador /FACEBOOK
En los últimos años la psicología social lleva estudiando con ahínco el cómo juzgamos a las personas según sus atributos físicos. Desde por qué los hombres guapos lo tienen más fácil a la hora de buscar trabajo hasta porqué nos fiamos antes de políticos de buen ver que los de físico anodino, los estudios académicos sobre la fisonomía, la supuesta ciencia de conocer la personalidad de la gente sólo leyendo sus rostros, se han multiplicado, pese a que los resultados de las investigaciones ofrecen en numerosas ocasiones más interrogantes que conclusiones certeras. En un reportaje reciente enThe Atlantic, Christopher Olivola, profesor en la Universidad Carnegie Mellon, explicaba que la apariencia y cómo percibimos el rostro de los demás influye de manera decisiva nuestro voto, negocios e incluso los asuntos legales. ¿Podría un juez modificar su veredicto porque el acusado le parece mejor o peor persona sólo por la cara que tiene? Según Olivola, esa idea no es tan descabellada a la luz de sus investigaciones en el campo de la psicología conductual: “Cuando vemos la cara de cualquiera, podemos hacer un buen número de juicios realmente útiles, como qué edad tiene, su estado emocional, su género, etcétera. Para ese tipo de cosas, la cara nos ayuda. Pero hay mucha literatura académica que demuestra que nuestra lectura de las caras no acaba ahí.”
Las características que atribuimos a las personas por tener una cara con cejas más anchas y mandíbula agresiva, por poner un ejemplo, no son para nada inocentes. Olivola asegura que nuestros prejuicios tienen serias implicaciones en cómo tratamos a los demás, a nivel personal y laboral, sobre todo porque el “no me fío de su cara” sigue pesando más en nuestras decisiones que otros detalles sobre la persona en cuestión más relevantes y rigurosos. “El hecho de que muchas decisiones estén influidas por la morfología facial de la gente sería menos preocupante si la fisonomía fuera un indicador fuerte y fiable de la personalidad", escribe Olivola en su último artículo sobre la fisonomía y los prejuicios sociales. "Por desgracia, el examen cuidadoso de los datos sugiere que no es así."
Durante el siglo XIX la fisonomía trataba de responder si es posible categorizar a los delincuentes según su rostro / CESARE LAMBROSO (WELLCOME COLLECTION)
Al ver la cara de alguien, podemos hacer un buen número de juicios útiles, como qué edad tiene, su estado emocional, su sexo, etcétera. Para ese tipo de cosas, la cara nos ayuda. Pero hay mucha literatura académica que demuestra que nuestra lectura de las caras no acaba ahí
Christopher Olivola, profesor en la Universidad Carnegie Mellon


Creer conocer a la gente por su cara viene de muy lejos. Desde la antigua Grecia se practica la fisonomía y como recuerdan Ran Hassin y Yacoov Trope en su artículo de referencia Facing Faces: Studies on the Cognitive Aspects of Physiognomy, incluso Aristóteles podría haber escrito un largo tratado acerca de esta disciplina. Sin embargo, el gran pico de popularidad de la fisonomía tuvo lugar a finales del siglo XVIII y el XIX, con la difusión del ensayo de Johann Caspar Lavater El arte de conocer a los hombres por la fisionomía, que contribuyó al posterior auge de la controvertida frenología, disciplina que categorizaba a los criminales según la forma y protuberancias del cráneo. Esos episodios algo siniestros de la psicología parecen superados, pero para Olivola, de hecho, la línea que separa las prácticas psiquiátricas del pasado con las del presente es demasiado fina. Aunque han pasado más de dos siglos desde las lecciones de Lavater, afirma el científico, seguimos pensando que la cara es el espejo absoluto de cómo son las personas y que a ciertos rostros, ciertas conductas. Quizá por ello, pocos daban crédito el pasado junio que un tipo tan sexy como Jeremy Meeks, conocido como el delincuente más guapo del mundo, se dedicara a lo que se dedicaba. Tras su arresto y su fama propulsada en las redes sociales, ahora es modelo.
"La gente está convencida de que los empresarios que parecen más competentes son más valiosos, y por eso obtienen salarios más altos", cuenta Olivola al hilo de esta idea, y sabemos que la apariencia de los ejecutivos no hacen mejorar los resultados de las empresas bajo su liderazgo. La fisonomía resulta, y lo afirma el experto, inconsistente por mucho que pensemos que unas cejas arqueadas y muy pobladas pertenecen a una persona temeraria. Las trampas psicológicas de las primeras impresiones son prejuicios, advierte Olivola, y el dicho de que el rostro es la puerta hacia nuestra alma no deja de ser un bonito mito.

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2 sept 2014

Esta puede ser la belleza del futuro

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“Un nuevo modelo de belleza”. Así ha bautizado este trabajo Phillip Toledano, uno de los grandes fotógrafos contemporáneos.
Son retratos de extraordinaria calidad, inspirados en las técnicas del pintor del Siglo XVI Hans Holbein. Son personas que han remodelado su imagen con numerosas intervenciones de cirugía estética, algunos se han convertido en celebridades precisamente por la extravagancia física proporcionada por el bótox y el bisturí. Y es una tendencia más seguida por mujeres que por hombres.
En su página web, Toledano se pregunta: “¿Qué es la belleza?” Y plantea, entre interrogantes, esta reflexión: “¿La idea de belleza varía de una década a otra, o es intemporal? Tal vez estamos creando un nuevo tipo de belleza. Una amalgama entre cirugía, arte y cultura popular. Y si es así, ¿estas personas son la vanguardia de la evolución de la belleza inducida por el hombre? Pensemos que hace veinte años, los tatuajes y la perforación se consideraban marginales.
A los ojos de Toledano, dentro de 40 o 50 años, cuando la cirugía estética se abarate y sea cotidiana, miraremos a estas personas sin sobresalto. Para Toledano: “Si todos podemos permitirnos alterar quirúrgicamente el yo exterior, la belleza no dependerá de nuestra genética. ¿Esto nos permitirá vivir en una  sociedad más democrática? ¿Son estas personas, entonces, pioneras? ¿Están allanando el camino para “un nuevo tipo de belleza?”.
Yo, sinceramente, confío en que esta visión de Phillip Toledano sea solo una pesadilla futurista.
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7 ago 2013

El arte de la admiración sin la decepción de la posesión

Es preciso separar el deseo de apropiación del deseo de trascendencia. Una de las razones por las que la belleza nos puede producir ese deseo es porque en ese momento en el que estamos en su presencia, sentimos que nos absorbe de tal forma que queremos comulgar con ella.


“Desire”, Martin T. Liepke



Es de dominio público que la identificación de la belleza es una experiencia de nuestra qualia, es decir, absolutamente personal. La famosa frase expresada por Shakespeare en Love’s Labours Lost, “Beauty is in the eyes of the beholder” (“La belleza se encuentra en los ojos del observador”) manifiesta claramente la subjetividad de la apreciación estética, pero técnicamente, la belleza se encuentra en el cerebro del observador. Un estudio de Semir Zeki, profesor de neuroestética del University College of London, descubrió que la corteza medial orbito-frontal del cerebro (área encargada de registrar el placer, la satisfacción y la recompensa) se ilumina cuando experimentamos la belleza de la misma manera que cuando escuchamos música, en el sentido que, es la misma parte del cerebro la que se activa independientemente de si la fuente es visual o auditiva. Si percibimos la belleza a través de nuestro cerebro, significa que la procesamos como un como un constructo lingüístico, es decir, como un código que puede ser programado.
La apreciación por la belleza siempre ha sido marcada por los estándares que dictan los medios que han predominado en la cultura. En un tiempo, los sistemas conceptuales de las religiones establecían las pautas para identificar la belleza. En nuestra era, hemos entregado esa cúspide dictatorial a la publicidad, la industria de la moda y la industria del arte que rigen nuestro sentido de la belleza con atavismos y tendencias sostenidas en una especie de efecto badwagon que dirigen nuestra atención hacia un estándar de belleza que abandona lo divino y se entrega a lo material, lo consumible, y ha cambiado tajantemente nuestra relación con la belleza. La misma cultura nos ha programado en crear y percibir la belleza a través del ego.
Terence Mackenna decía que para combatir a las ilusiones a las que nos encadena la cultura debemos crear arte, pero el arte contemporáneo parece ser ahora parte de la cultura de la confusión, parece incrementar el deseo de identificarnos al nivel del ego con el objeto de admiración, la cosificación en espejo. Lo que ahora vemos en el arte es una autoexpresión de la imagen del mismo artista, desprovista de toda verdad o belleza.
A principios del siglo XIX la asistencia a templos religiosos en occidente empezó a decaer abruptamente, y la sociedad comenzó a preguntarse, ¿Ahora dónde encontraremos la moralidad? ¿Dónde encontraremos fuentes de inspiración? Y a las voces influyentes se le ocurrió la respuesta: En la cultura. En teoría, deberíamos de buscar en la cultura la relación con lo divino, la epifanía, a la belleza como promesa de la felicidad a través del arte. 
Pero ahora vemos que la cultura nos ha llevado a creer que toda autoexpresión puede ser llamada arte, sin importar que se exprese. La belleza y la verdad resultan irrelevantes. Las galerías que visitamos nos parecerían absurdas de no ser porque el artista como egotista está apoyado por críticos y vendedores de obras de arte que forman parte de la cultura de consumo en esa escala. Los críticos deciden que es significativo sobre la base de sus propias ideas, y los vendedores, de lo que es vendible sobre la base de la popularidad y la moda. El mercado artístico se ha convertido en un mercado de moda en el cual nadie sabe quien fija las tendencias pero en el cual una tendencia que se vuelve popular determina el éxito de una obra. 
Tenemos la idea errónea de que el arte debe ser por amor al arte, que la creación de la belleza debe vivir en una burbuja hermética y debe ser autoexplicativa, que el artista no debería decir de que trata su pieza, porque, de hacerlo, podría destruir el hechizo y podríamos encontrarlo demasiado predecible. Por eso, algo muy común cuando estamos en un museo es intentar descifrar una obra, para solo inundarnos en un sentimiento de confusión (ò fingir ser cultos y conocedores de arte). 
deseo
El verdadero arte que procure nuestra admiración debería ser una expresión que refleje las sensaciones profundas de un organismo, una manifestación de su alma, ahí es donde surge el encuentro íntimo con un espectador, al encontrar el deseo de sentir, no de poseer. El fin de la creación y admiración de la belleza debería ser el de recordarnos qué es amar, qué es temer y qué es odiar. Debería proporcionar un encuentro visceral con las ideas más importantes de la fe. Los museos deberían ser nuestros nuevos templos. El arte debe retomar la tarea que solía cumplir y que hemos descuidado debido a ciertas ideas erradas. El arte debería ser una herramienta para mejorar la sociedad. El arte debería ser didáctico. 
Por otro lado, es necesario romper con los cánones de belleza que ha establecido la cultura de masas para reconocer los patrones individuales de belleza que generan el desbordamiento catártico. Somos la única especie que es capaz de apreciar la belleza, debemos procurar sensibilizarnos para despertar o desarrollar nuestro sentido de la intuición estética. Sólo así podremos encontrar en los lugares más improbables, la inspiración y el éxtasis de la revelación: cuando encontramos un patrón que revela una verdad obvia, que antes no lo era, la emoción que la conlleva, el orgasmo cerebral
Se dice que encontramos la belleza en nuestro deseo de idealizar y transformar nuestro mundo. Debido a que la belleza es circunstancial, sólo la podemos percibir en los momentos en los que nuestra atención se encuentra disponible. Me gusta entender a la belleza como la tecnología de la inspiración, es una de las pocas herramientas que nos puede sumergir en un éxtasis que supera la racionalidad y que inclusive, en ocasiones, nos puede causar dolor al intentar asimilarla, ya que literalmente, esa vastedad perceptual nos hace reconfigurar y actualizar nuestro esquema mental solo para acomodar a ese despertar ontológico. 
Codiciamos lo que vemos a una distancia que asegura que no lo podamos poseer. Es preciso separar el deseo de apropiación del deseo de trascendencia.  Una de las razones por las que la belleza nos puede producir ese deseo es porque en ese momento en el que estamos en su presencia, estupefactos por algo tan sublime, sentimos que nos absorbe de tal forma que queremos comulgar con ella, fusionarnos y ser uno con ella. Es en la belleza donde debemos alimentar nuestro deseo de ser infinitos en un mundo finito, alimentar nuestro anhelo de capturar el momento y hacerlo durar eternamente, porque, a pesar de que la belleza es casi nada sin el conocimiento de la rapidez con la que se desvanece, en su presencia podemos ser inmortales por un instante.

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