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8 jul 2016

¿Qué es la robofilia?

Con reacciones contrarias y a favor del sexo con robots, la robofilia se presenta ante nosotros como una posibilidad que va ganando realismo y con un mercado potencial más que suculento.



Lrobofilia puede sonarnos a palabra o incluso a tema de ciencia ficción pero representa una respuesta efectiva a una sociedad cada vez más avanzada tecnológicamente.

¿ Sexo con robots? El mundo de la robótica nos ofrece mejores soluciones a los más variopintos problemas u obstáculos de los seres humanos, por lo que, ¿por qué no exprimir su potencial a nivel sexual?

Las relaciones sexuales con robots serán algo habitual en 2050 – David Levy
Qué duda cabe que el mercado latente del placer con un compañero robótico existe y probablemente se convierta en una necesidad con mayor realismo en el futuro. Según David Levy, experto en inteligencia artificial y autor del libro “Amor y sexo con robots”, las relaciones sexuales con robots serán algo habitual en 2050. Puede que nos resulte extraño en estos momentos, pero... ¿lo será en el futuro?


Está claro que para los seres humanos tener relaciones sexuales no es únicamente un instinto biológico. Es algo que va más allá de la mera satisfacción física. Entran en juego factores mucho más complejos que si los robots desean cubrir, tendrán que ser capaces de estar programados para algo más que para guiñar, abrir la boca o mantener una pequeña conversación previamente almacenada en su disco duro.


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3 jun 2016

Cómo enseñar a un robot a sentir dolor

"Proteger a los robots será una manera de proteger a los humanos"
dororobots1


En nuestros sueños futuristas los robots son criaturas agresivas e insensibles a las que podemos disparar, golpear o incendiar sin que siquiera se inmuten. Ahora imaginemos un futuro diferente, un futuro en el que los robots sienten dolor y reaccionan igual que nosotros cuando alguien les inflige un daño. El equipo de Johannes Kuehn acaba de presentar en Estocolmo, Suecia, un proyecto para "desarrollar un sistema nervioso artificial para enseñar a los robots a sentir dolor". 



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17 jun 2015

La muñeca inquietante [VÍDEO]




"The Uncanny Lover" es un reportaje en vídeo realizado por el equipo de The New York Times sobre el trabajo de Matt McMullen, el creador de las muñecas sexuales Real Doll. Este pionero de la industria sexual trabaja ahora en un proyecto más ambicioso: quiere animar las muñecas y que actúen con el usuario, el primer paso para crear un auténtico robot sexual. El vídeo del NYT se mueve entre lo artístico y lo periodístico, no es nada burdo ni explícito y explora uno de los aspectos más interesantes de nuestra futura convivencia con los robots: ¿nos producirán rechazo cuando se parezcan demasiado a nosotros? ¿Serías capaz de mantener relaciones sexuales con un robot en el futuro? 

Espero vuestros comentarios.


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3 may 2015

Eres lo que comes

Inteligencia artificial y grandes datos

Un tema común en los escritos recientes sobre la inteligencia de las máquinas es que las mejores nuevas máquinas que aprendan constituirán más bien formas alien de inteligencia. No estoy tan seguro. El razonamiento detrás de la imagen de las ‘IAs alien’ suele ir más o menos así. La mejor forma de lograr que las máquinas resuelvan problemas difíciles del mundo real es configurarlas como máquinas que aprendan y que tengan capacidad estadísticamente sensible de beneficiarse al máximo de su contacto con los datos masivos. Dichas máquinas aprenderán con frecuencia a resolver problemas complejos detectando patrones, y patrones entre patrones, y patrones dentro de patrones, ocultos en la profundidad de los flujos de datos masivos que se les presentan. Esto se logrará con más probabilidad utilizando algoritmos de «aprendizaje profundo» para explotar cada vez con mayor profundidad en los flujos de datos. Después de que dicho aprendizaje se complete, su resultado podría ser un sistema que funciona pero cuyas estructuras de conocimiento son opacas para los ingenieros y programadores que configuraron el sistema al principio.
big¿Opacas? En un sentido, sí. No sabremos con detalle (al menos sin más trabajo) qué se ha codificado como resultado de todo ese aprendizaje profundo, multinivel y orientado estadísticamente. ¿Peroalien? Voy a jugármela mucho en este punto y a hacer una prueba de carretera de una afirmación posiblemente extravagante. Sospecho que cuanto más aprendan estas máquinas, más acabarán pensando de maneras que son reconociblemente humanas. Acabarán teniendo una amplia estructura de conceptos de tipo humano con los que abordar sus tareas y decisiones. Podrán incluso aprender a aplicar categorías emocionales y éticas de formas aproximadas a las nuestras. Si estoy en lo cierto, esto socava de algún modo la preocupación común de que éstas son inteligencias alien emergentes cuyos objetivos e intereses no podemos desentrañar, y que por tanto se podrían volver contra nosotros de formas inesperadas. En cambio, sospecho que las formas en que podrían volverse contra nosotros serán demasiado familiares, y por tanto esperanzadoramente evitables mediante los pasos habituales de extender el debido respeto y la libertad.
¿Por qué las máquinas pensarían como nosotros? La razon de ello no tiene nada que ver con que nuestras formas de pensar sean objetivamente correctas o únicas. En su lugar, tiene que ver con algo que llamaré «la cadena alimenticia de los datos masivos». Estas IAs, si van a surgir como formas plausibles de inteligencia general, tendrán que aprender consumiendo los inmensos rastros electrónicos de la experiencia humana y los intereses humanos. Para esto está el mayor repositorio de datos generales sobre el mundo que tenemos disponible. Para liberarse de los restringidos dominios unidimensionales, estas IAs tendrán que rastrear los mares cotidianos de palabras e imágenes que depositamos en Facebook, Google, Amazon y Twitter. Donde antes habrían sido obligadas a una dieta de objetos astronómicos o rompecabezas de plegamientos de proteínas, las inteligencias generales más avanzadas necesitarán una dieta más rica y más variada. Esa dieta será el estrato acumulado de experiencia humana preservado en nuestros medios electrónicos diarios.
Los baños estadísticos en los que sumergemos a estas potentes máquinas de aprendizaje también nos resultarán demasiado familiares. Se alimentarán de las huellas fósiles de nuestros propios compromisos, de tropecientas imágenes de lozanos bebés, de gatos LOL, y de patatas que se parecen al Papa. Estas son las cosas que deben procesar en un modelo mundial multinivel, encontrando las características, entidades y propiedades (variables latentes) que capturan mejor los flujos de datos a los cuales están expuestas. Alimentadas con dicha dieta, estas IAs tienen pocas opciones salvo desarrollar un modelo mundial que tiene mucho en común con el nuestro. Tienen probablemente más peligro de convertirse en monstruitos de Súper Mario que en supervillanos que intentan dominar el mundo.
Una diagnosis así (que es tentativa y al menos un poco juguetona) va contra dos opiniones dominantes. Primero, como he dicho antes, va contra la opinión de que las IAs actuales y futuras son básicamente formas alien de la inteligencia que se alimentan de datos masivos y procesan estadísticas de formas que volverán a sus inteligencias cada vez más opacas a la comprensión humana. Por el contrario, el acceso a más datos, del tipo más libremente disponible, no las hará más alien, sino menos.
Segundo, cuestiona la opinión de que la ruta real a la comprensión al estilo humano es la encarnación al estilo humano, con todas las potencialidades interactivas (estar de pie, sentarse, saltar, etc.) que comporta. Porque aunque nuestra propia ruta típica a la comprensión del mundo discurre a través de estas interacciones, parece bastante posible que la suya no las necesite. Dichos sistemas disfrutarán de algunos medios (probablemente muchos y variados) de interactuar con el mundo físico. Estos encuentros se combinarán, sin embargo, con su contacto con vías de rica información que reflejen nuestros modos de interactuar con el mundo. Así que parece posible que pudieran llegar a comprender y apreciar el fútbol y el béisbol tanto como cualquier persona. Se podría hacer una comparación apta con un ser humano con diferentes capacidades.
Hay mucho más que pensar aquí, por supuesto. Por ejemplo, las IAs verán inmensas hileras de huellas electrónicas humanas, y por tanto serán capaces de discernir patrones de influencia entre ellas a lo largo del tiempo. Eso significa que podrían llegar a modelarnos menos como individuos y más como una especie de complejo sistema distribuido. Eso es algo distinto que podría cambiar las cosas. ¿Y qué hay de la motivación y la emoción? ¿Quizá dependan esencialmente de rasgos de nuestra encarnación humana como los instintos y las respuestas viscerales al peligro? Tal vez, pero tengamos en cuenta que estos rasgos de la vida humana han dejado huellas fósiles en nuestros repositorios electrónicos.
Podría equivocarme. Pero como mínimo, creo que deberíamos pensárnoslo dos veces antes de categorizar a las IAs de nuestra huerta como formas alien de inteligencia. Eres lo que comes, y estos sistemas aprendedores tendrán que comernos. Gran momento.  
Traducción de Verónica Puertollano. Publicado en EDGE
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28 abr 2015

Los «dron-selfies»: nueva moda


Tomas bastante espectaculares que podríamos decir combinan las modas de los selfies con la elegancia de los drones. Tienen el bonus de ser probablemente ilegales.
¡Avisen a la RAE y la Fundéu que llegan nuevas selfiepalabrejas para traducir!
Las buenas, buenas de estas suelen estar hechas con un Phantom II de DJI, capaz de llegar a impresionantes alturas.
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18 abr 2015

Un arco iris de inteligencias

Durante décadas los tecnofuturistas han estado preocupados sobre el momento apocalíptico en que los cerebros electrónicos y los robots lleguen a ser tan inteligentes como nosotros. Esta división de “ellos y nosotros”, donde los humanos y las máquinas son considerados como si estuviesen separados, está muy extendida. Pero mientras debatimos interminablemente sobre a qué nos referimos cuando hablamos de conciencia humana y las posibilidades y peligros de una inteligencia puramente artificial, una mezcla de las dos presenta otra posibilidad que merece más atención.
Un arco iris de inteligencias
Millones de cyborgs primitivos ya caminan entre nosotros. Durante las últimas décadas, los humanos se han fusionado gradualmente con dispositivos como marcapasos, lentes de contacto, bombas de insulina e implantes cocleares y de retina. Los implantes cerebrales, conocidos como «marcapasos cerebrales», alivian ahora los síntomas de decenas de miles de pacientes de Parkinson.
Esto no debería ser una sorpresa. Desde que los primeros humanos cogieron palos y sílex y empezaron a utilizar herramientas, hemos estado haciéndonos mejoras. Fijémonos en las colecciones de millones de cosas del Science Museum Group, desde máquinas diferenciales a teléfonos inteligentes, y veremos cómo las personas han aprovechado siempre los nuevos saltos cualitativos de la tecnología, de modo que el auge de unas máquinas más inteligentes que nunca no significa un mundo de ellos o nosotros, sino una mejora de las capacidades humanas.
Los investigadores están observando ahora exoesqueletos para ayudar a los débiles a caminar, e implantes que permitan a los paralíticos controlar miembros protésicos, y tatuajes digitales que se pueden estampar en el cuerpo para recoger datos fisiológicos o interactuar con el entorno, por ejemplo con la nube o el internet de las cosas.
Cuando se trata de máquinas que piensan, algunos están incluso investigando cómo mejorar la potencia cerebral con plugins electrónicos y otros «smartware». La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de EEUU (DARPA) ha lanzado el programa de Restauración de la Memoria Activa (RAM) para revertir los daños causados por una lesión cerebral con prótesis neuronales que perciben los déficits de memoria y restauran el funcionamiento normal.
Funcionan de manera bastante distinta a nuestro cerebro en el presente pero, gracias al Proyecto Cerebro Humano, el Ser Humano Fisiológico Virtual y otros grandes proyectos sobre el cerebro, junto con la investigación en ingeniería neuromórfica, las inteligencias artificiales podrían convertirse en inteligencias más parecidas a la nuestra con el paso del tiempo. Entretanto, ha habido intentos de usar células cerebrales cultivadas para controlar robots, simuladores de vuelo y más.
En unas pocas décadas, no será tan fácil distinguir a los seres humanos de las máquinas pensantes como consecuencia de este transhumanismo orgánico y progresivo. Al final, muchos de nosotros no dependeremos exclusivamente de las máquinas de carne que hay en nuestra cabeza para reflexionar sobre la perspectiva de las máquinas artificiales que piensan: el sustrato de pensamientos del futuro residirá en algún lugar de un continuo dentro de un arcoiris de inteligencias, desde las inteligencias ordinarias a la inteligencia artificial.
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30 mar 2015

La IA frankesteiniana

Mi aforismo favorito de Edsger Dijkstra es este: «La pregunta de si las máquinas pueden pensar es tan importante como la de si los submarinos pueden nadar». Sin embargo, seguimos jugando al juego de la imitación: preguntar lo cerca que estamos de que la inteligencia de la máquina pueda doblar a la nuestra, como si ese fuese el verdadero asunto. Por supuesto, una vez que te imaginas máquinas con sentimientos como los humanos y con libre albedrío, es posible concebir una mala conducta de la inteligencia de la máquina; la IA como una idea Frankenstein. El concepto está en pleno resurgimiento, y al principio pensé que era exagerado. Últimamente he llegado a la conclusión de que no lo es.
1935
1935
Aquí va el argumento sobre la exageración. La inteligencia de las máquinas puede ir en muchas direcciones. Es un fallo de la imaginación centrarse en direcciones como las humanas. La mayoría de los primeros conceptos futuristas de la inteligencia de las máquinas eran sumamente equivocados, porque las computadoras han logrado hacer cosas que los humanos no hacen bien. Las máquinas son increíblemente buenas clasificando listas. Tal vez eso suene aburrido, pero pensemos en cuánta clasificación eficiente ha cambiado el mundo.
En respuesta a algunas de las preguntas planteadas aquí, no está ni mucho menos claro que vaya a haber jamás una razón práctica para que las máquinas tengan emociones y diálogo interior; pasar por humanas bajo un interrogatorio extenso; desear, ser capaces de hacer uso de derechos legales y civiles. Son máquinas, y pueden ser cualquier cosa que nosotros hayamos diseñado que sean.
Pero esa es la cuestión. Algunas personas querrán una inteligencia de máquina antropomórfica. ¿Cuántos vídeos de robots japoneses han visto? Honda, Sony e Hitachi ya han dedicado sustanciales recursos a hacer una IA muy mona, pero sin ningún valor concreto más allá de la publicidad corporativa. Lo hacen sin mejor motivo que el que los entusiastas de la tecnología hayan crecido viendo robots y computadoras inteligentes en las películas.
Casi todo lo que se ha concebido –que sea físicamente posible y razonablemente barato– ya se ha hecho. Así que la inteligencia de la máquina con aspecto humano es un meme con un destino manifiesto, al margen del valor práctico. Esto podría conllevar máquinas-que-piensan amables, obedeciendo las leyes de Asimov. Pero una vez que la tecnología esté ahí fuera, se hará cada vez más barata y se filtrará al nivel de los aficionados, los hackers y las organizaciones de «derechos de las máquinas». Va a haber interés en crear máquinas con voluntad, cuyos intereses no son los nuestros. Y eso sin considerar qué máquinas podrían elaborar los terroristas, los regímenes malvados y las agencias de inteligencia de naciones menos malvadas. Creo que el concepto de la IA frankensteiniana, que se vuelve contra sus creadores, es algo que merece que se tome en serio.
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28 ene 2015

Inteligencia artificial

Pensemos en protopía, no en utopía o distopía


La inteligencia artificial es un tema a medio camino entre la ciencia y la literatura, por ahora más cerca de esta última. Los entusiastas de la IA, sin embargo, acostumbran a imaginar futuros utópicos, en los que la humanidad es salvada por robots, o bien futuros distópicos inspirados en la ciencia, en los que la humanidad es destruída súbitamente por la primera generación de máquinas inteligentes. Para I.J. Good la superinteligencia sería “nuestra invención final”. Michael Shermer se sitúa a medio camino, proponiendo un porvenir sin sobresaltos. Algo que llaman “protopías”.


Los partidarios de la Inteligencia Artificial tienden a proyectar un futuro utópico en el que benévolos ordenadores y robots sirven a la humanidad y nos permiten alcanzar una prosperidad sin límites, acabar con la pobreza y el hambre, vencer la enfermedad y la muerte, lograr la inmortalidad, colonizar la galaxia y, al final, conquistar incluso el universo alcanzando el punto Omega donde nos convertimos en un dios omnisciente y omnipotente. Los escépticos de la IA visualizan un futuro distópico donde máquinas y robots malévolos toman completamente el control sobre nosotros, haciéndonos esclavos o sirvientes, o llevándonos a la extinción, y poniendo fin a (o incluso revirtiendo) siglos de progreso científico y tecnológico.
La mayoría de las profecías se basan en una falsa analogía entre la naturaleza humana y la naturaleza informática, o entre la inteligencia natural y la inteligencia artificial. Somos máquinas pensantes, producto de la selección natural que también nos ha diseñado en las emociones para simplificar el proceso de pensamiento. No necesitamos computar el valor calórico de los alimentos; simplemente tenemos hambre y comemos. No  necesitamos calcular las proporciones entre cadera y cintura o entre hombro y cintura de nuestras potenciales parejas; simplemente nos atrae alguien y nos emparejamos. No necesitamos calcular el coste genético de criar a los hijos de otra persona si nuestra pareja es infiel; simplemente sentimos celos. No necesitamos calcular el daño de un intercambio injusto; simplemente sentimos injusticia y deseamos la venganza. Todas estas emociones fueron incorporadas a nuestra naturaleza por la evolución; nosotros no hemos diseñado ninguna de esas emociones para nuestros ordenadores. Así que el temor a que los ordenadores se vuelvan malvados no tiene base, porque nunca se les ocurrirá emprender tales acciones contra nosotros
Además, las visiones tanto utópicas como distópicas de la IA están basadas en una proyección del futuro bastante distinta a cualquier cosa que nos haya proporcionado la historia. En vez de en utopía o distopía, pensemos en la protopía, un término acuñado por el futurista Kevin Kelly, que lo describió así en una conversación de Edge: «Me llamo a mí mismo protopista, no utopista. Creo en el progreso de una forma incremental donde cada año es mejor que el anterior, pero no por mucho, solo por una micro cantidad». Casi todo el progreso en ciencia y tecnología, incluidos los ordenadores y la inteligencia artificial es de naturaleza protópica. Las tecnologías rara vez llevaron, si es que lo hicieron, a sociedades utópicas o distópicas.
Tomemos el automóvil. Mi primer coche fue un Ford Mustang de 1966. Tenía dirección asistida, frenos de motor y aire acondicionado, todo ello tecnología relativamente puntera en aquel momento. Todos los coches que he tenido desde entonces —en paralelo a la evolución de los coches en general— han sido paulatinamente más inteligentes y seguros; no a grandes pasos, sino de forma incremental. Pensemos en el salto imaginario de los años 50 desde las viejas tartanas al coche volador. Nunca sucedió. En vez de eso, lo que tuvimos fueron mejoras acumulativas durante décadas que nos llevaron a los coches inteligentes de hoy con sus ordenadores de a bordo y sus sistemas de navegación, sus airbags y sus bastidores y carrocerías de metal compuesto, sus radios por satélite y sus teléfonos de manos libres, y motores eléctricos e híbridos. Acabo de cambiar un Ford Flex de 2010 por una versión de 2014 del mismo modelo. Externamente son casi indistinguibles; internamente hay decenas de minúsculas mejoras en cada sistema, desde el motor y el conjunto de transmisión a la navegación y la cartografía, pasando por el control de la climatización y la radio y la interfaz del ordenador.
Ese progreso protópico incremental es lo que vemos en la mayoría de las tecnologías, incluida y especialmente la inteligencia artificial, que seguirá sirviéndonos del modo que deseemos y necesitemos. En vez del Gran Salto Adelante o de la Gran Periodo hacia Atrás, pensemos en el Pequeño Paso Adelante.
Publicado en EDGE (¿Qué piensan las máquinas qué piensan?) y en El Mundo por dentro y por fuera

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30 abr 2014

En el futuro el cuerpo humano no será necesario


El primer cyborg de la historia anticipa un futuro sin cuerpos humanos



Kevin Warwick, profesor de cibernética en la Universidad de Reading de Reino Unido, famoso por sus experimentos en la unión de la mente y las máquinas, cree que en el futuro el cuerpo humano no será necesario.


 “El cuerpo humano es un gran problema. Ya no lo necesitamos. Si pudiéramos deshacernos de él podríamos vivir mucho más tiempo (...). Los cyborgs del futuro tendrán cuerpos tecnológicos con cerebros biológicos en parte. Habrá una inteligencia global con individuos como nodos dentro de la Red. Los humanos que no se actualicen a la última versión, los ordinarios, lo tendrán muy difícil”, declaró Kevin Warwick.

El científico británico, conocido como ´Capitán Cyber´ por los numerosos implantes que conectaban su mente con varios dispositivos, insertados en su propio cuerpo, actualmente trabaja en la creación de un cerebro artificial con neuronas humanas.  
Los cyborgs del futuro tendrán cuerpos tecnológicos con cerebros biológicos en parte. Habrá una inteligencia global con individuos como nodos dentro de la Red. Los humanos que no se actualicen a la última versión, los ordinarios, lo tendrán muy difícil”  
“Dentro de diez años podríamos contar con un robot con el mismo número de células cerebrales que un ser humano (…). Ya tenemos cerebros con unos 30 millones de neuronas de rata y eso lo tenemos que ampliar a 100.000 millones”, aseguró.  

Según Warwick, el inicio de sus experimentos fue la implantación en su cerebro, mediante una intervención quirúrgica de dos horas, de un chip con el que fue capaz, desde Nueva York y con las señales eléctricas de su cerebro, de mover un brazo robótico en Reino Unido.  
Pero lo más fascinante para el primer cyborg de la historia fue el conectar su cerebro con el de su mujer. Al colocar los implantes, ambos pudieron enviar señales de un sistema nervioso a otro.  


“Fue algo muy íntimo, incluso más que el sexo. Creo que ese tipo de comunicación, cerebro a cerebro a través del pensamiento, será la que exista en el futuro, y será mucho más rica”, contó Warwick.  

Entre las ventajas que aporta el poder conectar un cerebro humano a un ordenador, el investigador destaca el poder ayudar a enfermos de Parkinson, epilepsia, síndrome de Tourette, esquizofrenia y discapacidades entre otros. “Pero a mí, lo que más me ilusiona es la idea de la mejora (…) Aumentar la memoria, las capacidades matemáticas, los sentidos...”, añadió Warwick. 


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11 mar 2014

El hombre nunca será superado por las máquinas




Ya hace años que la Inteligencia Artificial persigue emular las capacidades del ser humano a través de la tecnología. Esta disciplina ha aportado grandes avances tecnológicos, muy útiles y beneficiosos, en diferentes campos. También estos avances han dado lugar a usos perjudiciales de esas mismas tecnologías. 

Pero ahora, algunos expertos en IA, como ya ocurrió en los años 80, auguran que las máquinas llegarán a superar al ser humano. Creen que la construcción de máquinas basadas en un hardware tan sofisticado que pueda efectuar un billón de operaciones por segundo, hará que dichas máquinas estén en condiciones de superar a la inteligencia humana.  

Ante el fracaso de hacer un software equivalente a las capacidades del ser humano, ahora se propugna que es el hardware lo que hará posible que la máquina supere al hombre…, llegando a “evolucionar” y creándose a sí misma su propio software y hardware cada vez más evolucionados, hasta llegar a un punto que escapará a las capacidades de los humanos. Denominan a este hecho “singularidad tecnológica”. Afirman incluso que estas máquinas llegarán a despertar como una entidad autoconsciente. Esto es, desde el punto de vista psicológico, sencillamente ridículo. 
 
Y aunque no ponemos en duda los beneficios que puedan tener los avances tecnológicos futuros, que nos continuarán sorprendiendo en los próximos años, son tantos los errores conceptuales sobre el ser humano en estas teorías sobre IA, que daría para escribir un libro. 



 
No confundir inteligencia con capacidad técnica 
  
Un simple análisis de la estructura psicológica del ser humano nos muestra que una máquina nunca podrá superarnos en inteligencia, motivación, altruismo, sentimientos, creatividad, conciencia, es decir, en las cualidades más elevadas del ser humano. En fuerza sí, en velocidad de cálculo sí, en precisión sí, en inteligencia nunca. 

Así, dotar a un robot de sensores que detecten su propio bajo nivel de energía, no se puede equiparar con la interocepción humana. A una reacción programada para ejecutarse a un nivel crítico de energía para mantener en funcionamiento el sistema, no se le puede llamar “tener miedo”. A programas para evitar situaciones que puedan dañar al robot no se les puede llamar “dolor” o “sufrimiento físico”. A sistemas complejos de análisis de datos, de fuentes internas o externas, aunque tengan innumerables variables y tipos de respuesta, no se les puede llamar “razonamiento”, y mucho menos “inteligencia”. 

Captar datos del entorno a través de sensores no es “percibir la realidad”. Tampoco se puede denominar “toma de decisiones” a una respuesta derivada de un algoritmo matemático en función de unos datos. Ni se puede equiparar la posibilidad de que el sistema mejore su adecuación de respuesta, teniendo en cuenta ensayos y errores previos con el aprendizaje humano. Sin mencionar los aspectos lingüísticos ni el sentido común. 

Un robot nunca tendrá sentimientos, ni motivaciones, ni intenciones. Decir esto manifiesta un gran desconocimiento de la naturaleza humana. Dotar de dientes artificiales a un robot y que los muestre, no es lo mismo que sonreír, mucho menos sentir alegría. 

 
Imitar el comportamiento humano no es ser un humano 
 
Este cúmulo de pretensiones, de distorsiones del lenguaje y de la realidad, ha llevado a estos ilógicos vaticinios. Imitar el comportamiento humano no es ser un humano. Y por muy sofisticada que sea la imitación, no dejara de ser eso, una imitación. 

Simplificando, podemos entender claramente que la máquina se basa siempre en capacidad de memoria y velocidad de procesamiento, es decir, procedimientos mecánicos en un sentido amplio. La computación, por compleja que sea, se basa en procesos mecánicos. Por tanto, las máquinas podrán ser más eficientes en todo aquello que precise capacidades mecánicas, como en el caso de una supercomputadora o el vehículo explorador de Marte Curiosity

Pero el ser humano es mucho más que eso.  Y aunque aún debemos aprender a solucionar nuestros errores psicológicos, como la competencia, la envidia, el odio, el miedo y todo lo que nos impide colaborar y vivir en paz unos con otros..., eso es parte de nuestra evolución, evolución psicológica principalmente. 
 
En este sentido, las actividades más elevadas y fructíferas del ser humano requieren la capacidad de prestar atención, tanto interna como externa, y ésta no consiste en recoger datos. La conciencia humana tiene la capacidad de comprender, inventar, investigar, captar, intuir,  percibir, aprender, encontrar soluciones creativas, sentir agradecimiento, amor, bondad, compasión, còlera,  empatía…, y éstas son cosas que nunca podrá hacer una máquina. 


Mente y actualidad


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27 feb 2014

Maniquís robóticos

Otro buen Ejemplo de la Combinación de la Tecnología, las ideas interesantes y la locura en Japón.

United Arrows, Una Cadena de Tiendas en Japón creo el Marionettebot - Una tienda de Demostración escaparate maniquí en Shibuya, Tokio.

! ... Y además imitan tus Movimientos!  


¿ Como es que nadie penso en hacer el baile del robot?



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4 dic 2013

El sueño de la inmortalidad

Machine-Head
Jonathan Edward Guthmann, “The German Mind”, 2012
Me gusta pensar en la inmortalidad. Puede parecer una noción arrogante por parte del ser humano, sin duda. Querer trascender la biología, pensar en el cuerpo como un vehículo para la mente que pueda ser suplantado por otro es visto por unos como un deseo seductor y por otros como algo monstruoso. Formo parte del primer grupo, aunque veo la cuestión con escepticismo. Ya mencioné aquí la tendencia de Kubrick y de Hawkins, pero hay otros científicos y futurólogos como Ray Kurzweil que lo llevan más lejos. El matemático John von Neumann fue el primero en usar el término singularidad, el maridaje entre el hombre y la máquina, conceptos que se explican con fortuna en Transcendant Man, y de una forma más radical en Technocalyps, en donde aparece Kurzweil, Terrence McKenna y un largo etcétera. 
Entre las ideas sobre genética, robótica y nanotecnología que aborda Transcendent Man aparece Hugo de Garis, quien comparte algunas ideas con Kurzweil pero que funge dentro del esquema narrativo como némesis. Ambos creen que en los siguientes cien años habrá la posibilidad de crear máquinas más inteligentes que el ser humano, y con ello vendrá el peligro de que esa inteligencia artificial se vuelque contra nosotros, un eco más de la ciencia ficción que viene desde Frankenstein hasta 2001 o TerminatorSegún de Garis habrá una pugna entre quienes estén dispuestos a arriesgar a la raza humana para crear a este ser cuasi supremo, más inteligente y por ello más poderoso que el ser humano, contra quienes lo juzguen inconveniente.  
Si algo es posible dentro de la ciencia, tarde o temprano se llevará a cabo. El conocimiento humano no se detiene. Por más que haya quienes juzguen poco ético, digamos, la clonación, si es posible, alguien lo hará. Lo mismo sucederá con la inteligencia artificial, que si es factible, será una realidad que formará parte de la evolución. 
Las ideas de Kurzweil tienen algo de cierto y mucho de exceso de optimismo que tiende a la utopía. Dentro de lo cierto, en mi opinión —porque todo es especulación ante el futuro—, es que la nanotecnología combinada con la genética y los avances médicos puedan hacer que vivamos más tiempo. No sólo que la expectativa de vida sea mayor, lo cual siempre ha sido así en la historia del ser humano, sino que avance mucho más rápido de lo previsto. Las cifras en las que hay cierto consenso en cuanto a longevidad llegan al tope promedio de 106 años de edad para el año 2300. Es probable que se rompa el récord de la mujer más longeva, que hasta hoy está en 122 años de edad, pero es difícil pensar en muchos años más que esto, por más que en el futuro cambiemos partes humanas por partes robóticas, o por constantes trasplantes de órganos. Kurzweil defiende su postura bajo el aceleramiento exponencial de la ciencia, que en veinte o treinta años será tan rápido, que no sabemos qué pueda pasar, sin embargo, creo que todo tiene un límite.  
Pero continuemos con esa idea. Basado en experiencias de gente que ha perdido alguna parte del cuerpo, sobre todo alguna extremidad, Federico Sánchez afirma que el cuerpo es un fantasma. Si después de perder un brazo todavía se siente, y hasta se puede sentir dolor en la mano que ya no está, entonces ese dolor es una ilusión. El dolor es una ilusión creada por el cerebro para defender al cuerpo, que en realidad no siente nada, o al menos no como creemos. En sus palabras: 
El cuerpo es un fantasma que el cerebro ha construido temporalmente, sólo por conveniencia. Este fantasma le permite al cerebro controlar los movimientos del cuerpo. ¿Qué puede ser más real que nuestros propios cuerpos? Sin embargo hemos visto cómo el cerebro ha cuidadosamente construido un mapa de nuestro cuerpo para navegar en nuestro medio ambiente y comunicar nuestro estado interno. El cuerpo que experimentamos es esencialmente un fantasma que siente, y corresponde a la experiencia que tenemos de nosotros mismos en contacto con el medio ambiente. Es una ilusión continuamente actualizada que depende de las memorias más recientes de nuestro cuerpo y de sus cargas tanto en relación a sus partes como en relación al mundo a nuestro alrededor. El cerebro ha construido un mapa continuo, integrando el mapa visual del mundo exterior con un mapa interior, propioreceptor de nuestros cuerpos.  
Es un párrafo de A Thousand Moments of Solitude, y es la simplificación de conceptos que lleva más lejos en The Master Illusionist: Principles of Neuropsychology. Según esta teoría, entonces, sería posible reponer las partes del cuerpo con otras, mientras se logre mantener al cerebro vivo. La llave para que eso suceda a un nivel cercano a la inmortalidad, según Kurzweil, está en la nanotecnología, que permitirá meter pequeñísimas y sofisticadas máquinas al cerebro para mantenerlo en forma, evitar cualquier falla y hasta ayudar en algunas faenas, como, por ejemplo, expandir la memoria. Eventualmente sería posible copiar el cerebro y subirlo a una computadora, uniéndose con el ciberespacio. Las preguntas en ese caso se multiplican. ¿Hasta dónde llega la conciencia? ¿Qué tantas máquinas dentro del ser humano serían tolerables para seguirse llamando humano? Para muchos científicos el siguiente paso en la evolución es una mezcla.  
En el otro espectro, para Noam Chomsky esto no pasará de ser ciencia ficción. Antes de permitirse hablar demasiado sobre inteligencia artificial o la singularidad, que desecha rápidamente, aprovecha el micrófono para hablar del cambio climático provocado por el hombre como una amenaza real. Si en alguna proyección a futuro está de acuerdo la comunidad científica es en la consecuencia que va a tener la degradación de los polos para la vida del ser humano en el planeta. Last Days on Earth, un documental del History Channel, hace una lista de siete posibles amenazas:
7. La muerte de una estrella cercana, entre los rayos gama y el hoyo negro que genera.
6. La inteligencia artificial.
5. Erupciones volcánicas graves que generen terremotos y formen una capa de ceniza que tape el sol durante mucho tiempo, provocando una era de hielo.
4. La colisión con asteroides. Apofis, por ejemplo, podría pegarnos en 2028 o 2029, depende de su errática órbita.
3. Guerra nuclear.
2. Guerra biológica o una plaga pandémica.
1. Cambio climático ocasionado en gran medida por el hombre. 
A Chomsky también le preocupa la amenaza nuclear, pero lo más relevante es el clima. Para quien no le quede claro, Chasing Ice lo pone en imágenes gracias a los esfuerzos del fotógrafo James Balog. Y aunque empieza a haber proyectos certeros de energía alterna sobre combustibles fósiles, estamos lejos de popularizar su uso. El crecimiento de la población no parece ser una preocupación tan urgente, pero creo que está directamente relacionada con el cambio climático. Según las estadísticas recopiladas en la Wikipedia, aunque el crecimiento poblacional avanzará considerablemente en las siguientes décadas, llegará a un punto en que se estabilizará en lo que se llama “valor de reemplazo”, es decir que ninguna pareja del planeta tenga más de dos hijos.  
Si los pueblos menos desarrollados no se estabilizan, el aumento en la población global es inevitable, y la única manera de hacerlo, a mi entender, es con ayuda de los países más desarrollados. Sólo a través de la educación, que viene después de erradicar la desnutrición, se puede lograr que África, India y China se estabilicen, que son las principales zonas de aumento poblacional, aunque no hay que dejar de lado a los países que le siguen, entre los que están Estados Unidos y México. Sospecho que si el vecino del norte no ha logrado siquiera estabilizar su población a futuro, esto tiene algo que ver con nosotros, y esa es la clave que hay que comprender: los países más desarrollados no pueden dejar a los demás atrás. Estamos en el mismo barco.  
Prácticamente ya existe la tecnología que libere al ser humano de la opresión, pero somos una raza renuente al cambio. Si las cosas sucedieran como plantea Will Work for Free, la utopía de un futuro en armonía no está lejos.  
Aunque la idea de la inmortalidad sea atractiva y sea grato pensar que Kurzweil tenga razón, estoy de acuerdo con Chomsky: hay que solucionar primero los temas urgentes. Después soñamos. 
Twitter del autor: @jpriveroll
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