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19 jun 2014

Examen sobre reproducción humana...

... y ahí va una interesante selección de respuestas; literal:
P: ¿Qué son los caracteres sexuales secundarios?
R1 : Efectos secundarios que aparecen después de una relación sexual.
R2: Son los sentimientos.
R3: Son los que vemos a simple vista.

P: ¿Qué es la próstata y cuál es su función?
R: Es cuando una mujer ya no puede tener hijos porque es vieja.
P: Explica qué son los anovulatorios.
R: Son centros especializados en los gametos femeninos.
P: Explica en qué consiste el alumbramiento.
R: Cuando el bebé ya está fecundado y va a generarse el parto.
P: Señala una indicación para la fecundación in vitro con transferencia de embriones (FIVTE).
R1: Cuando el hombre es fértil.
R2: Cuando hay una defunción eréctil.

P: Define promiscuidad.
R1: Es la probabilidad que tiene una mujer de quedarse embarazada.
R2: Es la higiene de los órganos sexuales.
R3: Es un método para no producir espermatozoides.
R4: Es un transplante que se lo hacen a la mujer para practicar sexo sin preservativo todos los días.
R5: Es que tienes todo el día ganas de hacer el amor.
R6: Que a una mujer le llegue la menstruación antes de lo previsto.


No me hago responsable, como no podía ser de otra manera.



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14 jul 2013

El arte de las caricias

La velocidad exacta de la caricia ayuda a tocarse mejor
   PESOS PLUMA. La piel está dotada de cinco millones de terminaciones nerviosas con varios tipos de      funciones. Entre ellas, medir presión y peso, y la velocidad de un roce.  
Hay cinco millones de posibilidades de que un simple roce nos produzca un pe­queño escalofrío, tantas como terminaciones nerviosas alfombran nuestra piel. Somos un auténtico campo minado de sensaciones que rara vez se desactiva. Pero hay que saber cómo recorrerlo para dar con el detonador: en algunos sitios hay que pisar fuerte, y en otros suavemente, como queriendo no ser vistos. Es la ruta del placer cuyos primeros centímetros han topografiado en la Universidad de Carolina del Norte con ayuda de un ser que, paradójicamente, no siente nada: un estimulador táctil, un robot, vaya.
Allí todo eran llamadas, preguntas y excitación cuando los investigadores dirigidos por Hakan Olausson publicaron en abril, en la revista Nature Neuroscience, el gran secreto que llevaban más de 10 años tratando de descifrar: el de acariciar bien. Ni más lenta ni más rápidamente que entre 1,3 y 10 centímetros por segundo. Con esa cadencia, y aplicando una presión leve, pero que varía ligeramente de una persona a otra, los llamados “mecanorreceptores” del tipo táctil-C (uno de los muchos tipos de detectores que tenemos en la epidermis) envían al cerebro la mejor noticia que pueden, la del placer. A otra velocidad, estos testigos no se inmutan, no se activan, no lo disfrutamos.

El placer no genital

Lejos de quitarle la gracia a la aventura del flirteo y la exploración (por haber determinado de modo frío y exacto cómo tocarse mejor), el equipo de Olausson ha echado más leña al fuego. Porque sus científicos han descubierto, a la par, que este manual de instrucciones no obra en las zonas genitales ni en las mucosas (la vagina, por ejemplo). Es decir, el hallazgo obliga a abundar en el estudio de los prolegómenos y del sexo no genital, que es precisamente el que, según la sexología moderna, atesora el verdadero secreto del éxito posterior en la horizontal. Por lo pronto, ya saben que esta velocidad de caricia está muy relacionada con la estimulación de la relación entre madre e hijo, pero también con la de la relación social. El siguiente paso es conocer si el camino que lleva a la pura excitación sexual viaja por la misma vía al cerebro. Y según apuntan, quizá la respuesta esté en la experiencia previa y en la cultura táctil de cada uno.

La llave del orgasmo

Pistas no faltan para determinar el poderoso influjo de la palma de una mano deslizándose sobre un cuerpo desnudo. Es un tópico científico, pero también una afirmación aceptada, que la piel es el mayor de nuestros órganos (dos metros cuadrados nos recubren). Ella, en sus posesiones, alberga el tacto, y solo este tiene la llave del orgasmo. A los hombres les excita la simple visión de los pechos de una mujer, unos labios gruesos; ellas se turban más con un susurro, un jadeo, a veces un olor; pero nada de todo eso es capaz de desatar el maravilloso calambre que, según determinaron los famosos Masters y Johnson, nace en la zona sacra de la médula espinal, el latigazo del clímax. El tacto sí puede, y la naturaleza nos ha dotado de las herramientas necesarias como animales sexuales que somos: los labios, el dedo índice y el pulgar humanos ocupan una parte considerable del espacio cerebral consagrado al tacto. Y a su vez, esta área dedicada a percibir y procesar lo que tocamos (en la corteza cerebral, detrás de la cisura de Rolando), es también muy amplia. Es más: el hombre es el mamífero con mayor número y variedad de corpúsculos sensitivos en la piel.
En parte, porque de ello depende nuestra supervivencia como especie. El tocar gobierna una porción importante de nuestra relación con el mundo físico, pero también es un factor determinante en el sexo y, por lo tanto, en la reproducción. Las caricias en las caras internas de los muslos (estos sí, provistos de vello, como manda el nuevo descubrimiento) y en las zonas púbicas y perineales desatan un torrente de sangre que llena de ajetreo los capilares de los cuerpos cavernosos que conforman el pene, la vagina y el clítoris, e irrigan el cuerpo de la pareja hasta pintarla del llamado rubor del sexo.
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26 ene 2013

La mejor música para el acto sexual

Al Psicólogo especialista en realizar estudios sobre música, Daniel Mulllensiefen, le fue encargada la tarea, por Spotify, de analizar cuáles eran las canciones preferidas de mujeres y hombres para el acto sexual. Estableciendo una relación entre la música, el amor y la seducción.

“Las personas usan la música no solo para comunicar sus intenciones en situaciones románticas, sino también para modificar su estado de ánimo durante el encuentro”



El estudio “Science Behind the Song” fue realizado en Reino Unido, con una muestra de 2000 sujetos, con edades que oscilaban entre 18 y 91 años, manteniendo una división de género similar. De esta muestra se extrajeron las 20 mejores canciones, consideradas como las más adecuadas para escuchar durante todo el proceso del acto sexual. Se concluyó también que los hombres cambian de hábitos y gustos musicales, con mayor probabilidad que las mujeres.

El doctor Müllensiefen explicó: “No es sorpresa que tantos encuestados afirmaran que la música les estimulaba en el dormitorio. Gracias a la investigación neurocientífica, sabemos que la música es capaz de activar las mismas zonas de placer del cerebro que también responden a recompensas mucho menos abstractas como la comida, o el sexo”.


Este es el top 20 de las canciones más utilizadas para escuchar en el acto sexual:


1. Dirty Dancing- Anything from the soundtrack

2. Marvin Gaye- Sexual Healing 
3. Ravel – Bolero 
4. Berlin- Take My Breath Away 
5. Barry White- Anything from his collection 
6. Marvin Gaye- Let’s Get It On 
7. Righteous Brothers- Unchained Melody 
8. Celine Dion- Titanic Soundtrack / My Heart Will Go On 
9. Serge Gainsbourg- Je T`aime 
10. Whitney Houston- I Will Always Love you 
11. Aerosmith- Don`t Want To Miss A Thing 
12. Kings Of Leon- Sex On Fire 
13. Rodgers & Hammerstein- Sound of Music 
14. Tchaikovsky – 1812 Overture 
15. Grease- Grease soundtrack 
16. Donna Summer- I Feel Love 
17. Boys To Men- I’ll Make Love To You 
18. ABBA- Mama Mia 
19. Tom Jones – Sex Bomb 
20. Star Wars -Anything form the soundtrack




Son todas únicas y muchas se pueden considerar como ‘obras maestras’ épicas. Cuando escuchamos música, construimos una expectativa de cómo va a seguir la música. Si supera nuestras expectativas musicales y va por un camino diferente nuestra respuesta emocional involuntaria es altamente positiva y principalmente son estos puntos de cambio inesperados en la música los que generan fuertes sensaciones emocionales”.

Tras este estudio ya sólo queda comprobarlo por cuenta propia, seguro que cada cual tiene unos gustos diferentes en cuanto a la música que le gusta escuchar para el encuentro sexual, e incluso variando a cómo sea la situación entre la pareja, un encuentro más relajante, o más pasional. La música es capaz de potenciar el estado que convenga en el momento adecuado para establecer un perfecto ambiente sexual.



Aqui algunas recomendadas / ver videos







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15 oct 2012

Morbo, ¿Dónde está el límite?

Es el deseo de poseer lo prohibido, inaccesible o misterioso. De cómo lo abordemos puede depender que reavive el fuego o nos haga perder la cabeza.


  El cuero, el rubber, las esposas,
   la dominación de la pareja…
  son algunos lugares comunes
  en el morbo en la sociedad actual.  
El diccionario lo define como tendencia obsesiva hacia lo prohibido, atracción por lo malsano, insinuando que toda inclinación al morbo podría tener algo de patológica. No desestimaremos ni una sola de las razones que dan los académicos, pero cuando el morbo es sexual cabe relajar el término con matices de sensualidad e incluso lascivia. En este contexto, y servido en dosis razonables, no es escandaloso ni repulsivo, siempre que no simbolice abuso físico, psicológico o social, y la conducta que lo sigue esté consensuada y no genere quebraderos internos de cabeza, según explica el psicólogo y sexólogo Eugenio López.
¿Qué o quién nos provoca morbo? “Sobre todo”, responde López, “aquello que guarda algo de misterio y parece inescrutable, lo que no encaja en los estándares de atracción habituales y aceptados socialmente”. A partir de ahí, el repertorio es inacabable.
Lugares comunes
Gustavo Adolfo Bécquer, por ejemplo, le subía la libido imaginarse en un cementerio practicando sexo con una virgen desnuda. Con Camilo José Cela los platos volaban durante el coito. Y Salvador Dalí enloquecía con el uniforme de Hitler. La escritora Roser Amills descubrió el morbo de estos y otros personajes como EinsteinJorge Luis Borges y Amy Winehouse mientras recababa información para un trabajo. Y lo que iba a ser un poemario sobre erotismo acabó en Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia.
En sus páginas es fácil dar con aquellos argumentos o pretextos que acaloran también al resto de los mortales y apresuran su libido. Si, como decía Plutarco, el morbo es la desobediencia de la razón, una vez que esta se nubla cabe esperar cualquier cosa de la portentosa imaginación humana, principal alimento del deseo morboso. “El interés sexual que despierta una persona o una situación debe más a lo que esconde, representa o insinúa que a lo que puede apreciarse a simple vista. A veces incluso es un pensamiento repentino y fugaz, aunque por un instante haga perder la cabeza”, explica Eugenio López.
En general, las relaciones desiguales despiertan un morbo a veces casi paralizante. La pianista, de Elfriede Jelinek, dejó páginas inolvidables sobre entrega, amor, sumisión y sexo. También lo obsceno se convierte en morbo cuando confluyen odio y deseo. En Portero de noche, Charlotte Rampling y Dirk Bogarde dejan sin aliento a sus miembros más suspicaces en esa ardiente relación de dependencia que resurge años después de que él, agente nazi, abusara sexualmente de ella, joven judía, en un campo de concentración. Lo que parece incuestionable es que el morbo es un componente rotundo de la sexualidad, incluso de la civilización misma. Como ha dicho en alguna ocasión el escritor Mario Vargas Llosa, es válido si combate prejuicios, inválido si empobrece el acto sexual y lo vuelve un ejercicio puramente físico, desprovisto de sensibilidad y emoción.
Pero ocurre que, con el tiempo, en la pareja aumentan los antagónicos del morbo. En un sondeo realizado en 2010 entre mujeres casadas, las psicólogas norteamericanas Karen E. Sims y Marta Meana detectaron que la sensualidad y el erotismo femenino declinan cuando la mujer, “empantanada con las obligaciones del día a día”, asume sus responsabilidades de esposa, madre y profesional. Por eso, el morbo debería ser bienvenido cuando los guiones sexuales se han agotado. Es el espetón que remueve las ascuas de las chimeneas, y un lenguaje de códigos  complejos en el que la emoción cuenta tanto como los genitales.
“Pero a veces se busca más, y la sutileza se vuelve grosería u ordinariez, y se llega incluso al fetichismo patológico y soez”, advierte Eugenio López. Patológico. Es cuando el deseo morboso se convierte en perversión y el sexo en crueldad física, psicológica e incluso sanguinaria.
Son patológicas muchas formas de sadomasoquismo y la atracción hacia personas con un defecto físico o enfermedad; sobre todo porque, como indica López, pueden implicar alguna forma de abuso. También pueden llegar a serlo algunas prácticas de riesgo que provocan una subida de adrenalina, precursora de las hormonas sexuales.  Hay quien siente morbo con el dolor. El Kama Sutra dispone de sinuosos consejos para los más entusiastas: ligeros cachetes que en dosis prudentes pueden proporcionar sensaciones únicas y altos niveles de adrenalina.
El problema empieza cuando ese dolor llega al extremo y genera en el cerebro descargas de endorfinas y dopamina. Véase, si no, el desenlace de El imperio de los sentidos, la película que dirigió el japonés Nagisa Oshima en 1976. Una vez más, la raya que separa el placer del tormento la marca el sentido común particular.


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25 jul 2011

¿ Sexo o 'caricias' ?

Ellas quieren sexo; ellos, 'mimitos'


    • *Las caricias son más valoradas por los hombres que por las mujeres
    • *Ellas disfrutan más del sexo cuando llevan años de relación estable

A Blanca, ama de casa, lo que más le gusta en el mundo es el sexo con su pareja. "Me encanta su cuerpo, su olor, le sigo viendo atractivo después de 16 años en común, y consigue excitarme con una mirada. En mi caso, la experiencia sí es un grado. Me encanta comprarme ropa interior pensando en él y provocarle. Con el tiempo me he vuelto más desinhibida y tengo una vida sexual auténtica... Con el tiempo, también, todas mis fantasías han dejado de serlo y se han convertido en una realidad cotidiana, sencilla y poderosa. Mi marido suele decir que no resiste 'dos asaltos', pero me cuesta tan poco volver a ponerle en marcha, que casi lo tomo como un juego. Para mí el sexo es un terreno en el que me siento fuerte, segura y plena. Lo que no me gusta tanto es meter la ternura en la cama. Para eso hay otros momentos... El sexo es sexo", afirma categórica.
No opina de la misma forma Alfredo (nombre ficticio, como el del testimonio anterior), de 46 años y de profesión liberal. "Para mí, el sexo es importante y le concedo valor en la relación de pareja. Me gusta que ella tome la iniciativa algunas veces, pues me hace pensar que para ella también es valorable. Además, así eleva mi autoestima. Creo que es una demostración de amor. Me gusta el sexo, pero valoro casi más las caricias y los abrazos de mi mujer. A veces necesito demostraciones extremas de ternura".
Y es que las cosas no siempre son lo que parecen. Porque ellas están más satisfechas con el sexo y ellos, con su felicidad en pareja. En contra de los viejos estereotipos, curiosamente, los abrazos, las caricias y los besos son ingredientes importantes para la complacencia de una relación estable, pero esta sensibilidad tiene más valor para los hombres que para las mujeres. Es más, los que reciben mimos son hasta tres veces más felices que los que tienen parejas más 'secas'. En definitiva: ellas quieren sexo; ellos, arrumacos, al menos pasados los 40.
Datos curiosos y sorprendentes como éstos son los que se desprenden de un nuevo estudio internacional que analiza la relación marital y la satisfacción con el sexo en parejas con convivencias largas: una media de 25 años.

Resultados reveladores

Julia Heiman, directora del Instituto Kinsey de Investigación en Sexo, Género y Reproducción de la Universidad de Indiana (EEUU), es la autora principal de la investigación. En declaraciones a PLANETARIOS asevera: "Este trabajo plantea nuevas preguntas sobre qué hace a las personas estar satisfechas con su relación y el papel que juega el sexo. Nos dimos cuenta de que, contrariamente a lo que siempre hemos creído, ellos comunican sentirse más felices con su pareja si ésta es cariñosa mientras que ellas expresan estar más contentas con su vida sexual".
Es más, el estudio "documenta que conforme pasan los años, y no al principio del matrimonio, es cuando las esposas disfrutan más en la cama. Y, posiblemente, se deba a que sus expectativas cambian o su vida se modifica a medida que los hijos crecen. También porque conocen mejor su sexualidad", agrega la experta.
Matrimonios de cinco países (Brasil, Alemania, Japón, EEUU y España), han participado en el trabajo que ha visto la luz en el último 'Archives of Sexual Behavior'. En total: 1.009 parejas (200 nacionales, residentes en Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Vigo).
Javier Gómez-Zapiain es del Departamento Personalidad, Evaluación y Tratamientos psicológicos de la Universidad del País Vasco y lidera la investigación de la interacción entre el deseo sexual y la vinculación afectiva en nuestro país. "Julia Heiman es una científica que goza de un gran reconocimiento internacional. Para mí es una satisfacción que, desde un marco teórico diferente al que nosotros estudiamos, llegue a conclusiones muy parecidas a las nuestras. En su estudio subyace la importancia de la vinculación afectiva en su interacción con el deseo sexual, entendido este como una emoción".
Insiste este experto en que "para lograr el bienestar, todo ser humano necesita satisfacer sus necesidades más básicas. Sin duda la más importante es la seguridad que ofrece el vínculo afectivo. La persona con la que nos vinculamos cumple dos funciones respecto a uno mismo: ser una base de seguridad y un puerto de refugio en situaciones de precariedad emocional, física, psíquica... A lo largo de la vida necesitamos gestionar adecuadamente las necesidades afectivas, sentirnos queridos y tener a quien querer y las necesidades eróticas, satisfacción de la necesidad de placer sexual. La importancia y la prioridad de estas necesidades cambian con la edad. En términos de supervivencia, es decir, de estabilidad emocional, en ocasiones, el deseo sexual se pone al servicio de otras necesidades, por ejemplo las eróticas, y viceversa".
Cree, por todo ello que "el estudio de Heiman subraya esta realidad. Las mujeres pueden sentirse muy satisfechas por el sexo, no tanto por el rendimiento sexual, como por la calidad de la experiencia emocional en torno a la actividad erótica. Los hombres, por otro lado, podrían desmitificar el rendimiento sexual, haciendo de éste algo más realista y dotándole de un significado más próximo a las necesidades de seguridad emocional".
Miren Larrazábal, presidenta de la Federación de Sociedades de Sexología y psicóloga clínica, defiende la curiosidad de los datos recién aportados por el Instituto Kinsey. "Son llamativos y, realmente, me han sorprendido. En las parejas se constata que está funcionando el sistema de apego (los vínculos de pareja implican la interacción entre tres sistemas; el de apego, el sexual y el de cuidados, tal y como han demostrado las investigaciones de Gómez-Zapiain). El sistema sexual interfiere con el de apego y viceversa. Porque cuando en una relación uno de los dos no está satisfecho con el sexo, entonces empiezan los problemas. Si el matrimonio es largo, la pasión surge de la intimidad. Los matrimonios duraderos suelen tener una sexualidad de calidad".

Buscar el placer

Sobre todo si, como dice Rosario Castaño, sexóloga de la Unidad de Disfunción Sexual, del Instituto Palacios de Salud y Medicina de la Mujer, y coordinadora del Grupo de Sexualidad de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, "ninguno de los dos miembros renuncia a nada y se mantiene la espontaneidad en los encuentros sexuales. Es así cuando también se preserva el deseo. Incluso puede enriquecerse, porque la mujer conoce mejor su cuerpo y toma la responsabilidad de su propio placer y su excitación".
Pero en el caso contrario, cuando "uno de los dos siente que el otro toma el control y sólo conecta con sus propias necesidades, sin tener en cuenta a la pareja, el sexo deja de ser algo lleno de matices, sabores y colores y se convierte en algo aburrido y mecánico".



Tópicos

Defiende, también, la coherencia de los datos de la nueva investigación. "Que a la mujer no le guste el sexo tanto como al hombre es un auténtico topicazo. El problema es que cultural y socialmente todavía existen muchas barreras. Que un hombre se entregue no es reprochable, no está mal visto y cuando quiere sexo lo busca sin descanso. Sin embargo, todavía ellas piensan que demandarlo está mal visto. Aún no hemos conseguido la igualdad en la intimidad de la pareja".
El nuevo estudio, el primero en examinar los parámetros sexuales y la relación de las parejas de mediana edad o mayores (los varones tenían una media de 55 años y las féminas de 52) con hijos (un 99% tenía descendencia), se llevó a cabo con encuestas.
Un total de 125 preguntas sobre satisfacción en las relaciones sexuales, el estado de salud, la frecuencia en el contacto íntimo (caricias, abrazos, besos...), importancia del orgasmo, felicidad en la pareja, frecuencia del sexo, entre otras cuestiones. "Los esfuerzos en la investigación para entender el papel de la sexualidad en la vida de los humanos rara vez involucran relaciones de parejas intactas a lo largo de los años. Se menciona constantemente en los trabajos realizados comentarios sobre el divorcio, pero es importante señalar que, aunque las tasas son altas, por ejemplo en Estados Unidos, las parejas tienden a permanecer casadas (más del 50% de ellas), una cifra que asciende al 90% en España", comenta la doctora Heiman.
Contribuye con su investigación a aumentar también la evidencia científica de que la salud física y mental en los hombres y las mujeres de mediana edad marca la diferencia entre tener o no buen sexo. "Estar en buena forma eleva la funcionalidad y la frecuencia sexual. Los dos miembros necesitan de sexo habitual para manifestarse satisfechos. Ellos requieren, además, que sus parejas alcancen el orgasmo para sentirse bien en la cama".

Los más satisfechos

Otro dato llamativo: "Aquéllos que han tenido más parejas a lo largo de su vida son los que menos gozan de su vida erótica", documentan las conclusiones. A la luz también se exponen las diferencias entre países. Así, los varones japoneses y las mujeres niponas y brasileñas son los que más gozan del sexo.
"No sé por qué existen estas diferencias, pero ahora sí conocemos que la complacencia con la vida sexual o con la vida en pareja son hasta cierto grado dos cosas independientes y con distinto impacto de género. Y los años de una relación son útiles como marco inicial para comenzar a examinar con mayor profundidad, cómo variables como el sexo y la convivencia interactúan en las distintas etapas de la vida", determina Julia Heiman.
Ningún estudio "da una respuesta definitiva sobre las claves de la excitación y el deseo, pero está claro que hay mitos que van cayendo como el hecho de que los hombres sólo quieren sexo y las mujeres, únicamente amor. Una relación de larga duración no significa menos sexo y menos placentero", determina la psicóloga Castaño



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