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13 ene 2016

Visiòn de un futuro posthumano

Chips subcutáneos, métodos electromagnéticos para potenciar nuestro cerebro, prótesis externas. La incorporación de la tecnología a nuestro cuerpo y mente abre una nueva era



  Retrato de la atleta norteamericana Aimee Mullins. / HOWARD SCHATZ  

La ideología transhumanista –sobre la cual se ha debatido poco en nuestro país- pretende ofrecer a nuestras sociedades contemporáneas un relato futurista que dé una cobertura filosófica, moral e, incluso, espiritual a la dimensión tecnológica del proyecto neoliberal postmoderno en este siglo XXI.
Para esta corriente tecno-optimista, tenemos ante nosotros la responsabilidad de conducir el proceso evolutivo de la humanidad y de transformar radicalmente (mejorar) al ser humano, mediante la interacción e implementación en nuestro cuerpo y mente de tecnologías emergentes más allá de los condicionamientos y límites que nos impone la naturaleza, de la que somos parte inescindible.
Según el movimiento transhumanista, y tal como afirma uno de sus insignes oráculos, el ingeniero de Google Ray Kurzweil, la Singularidad será un acontecimiento que sucederá dentro de unos años con el aumento espectacular del progreso tecnológico, y debido al desarrollo de la inteligencia artificial y a la convergencia de las tecnologías NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Tecnologías de laInformación y de la Comunicación y Neuro-Cognitivas). Esa situación ocasionaría cambios sociales, culturales, políticos y económicos inimaginables, imposibles de comprender o predecir por cualquier humano anterior al citado acontecimiento. En esta fase de la evolución el transhumanismo predice que se producirá la fusión entre tecnología e inteligencia humana, dando lugar a una era en que se impondrá la inteligencia no biológica de los posthumanos. A lo largo de este proceso el transhumanismo quiere difundir una ideología y una cultura favorables al “mejoramiento humano” (del inglés “human enhancement”) a través de la adopción de unas mejoras artificiales en el ser humano (genéticas, orgánicas, tecnológicas) con el objetivo declarado de hacerlo más inteligente, más longevo, más perfecto, más feliz, incluso para que pueda llegar a alcanzar la inmortalidad cibernética y la conquista del universo. No obstante, esta cosmovisión puede comportar riesgos. ¿Estamos preparados para ese cambio radical o bien pensamos que hay que conservar nuestro patrimonio genético y seguir siendo personas humanas, con nuestras limitaciones, pero conservando nuestra libertad y dignidad inalienables?
Constatamos que la aspiración de perfeccionarse es intrínseca a la naturaleza humana, que ha aunado los mecanismos selectivos propios de la evolución con la transmisión del saber científico-técnico (desde el fuego, el hacha y la rueda al ordenador, el cohete y el automóvil) y cultural (como el lenguaje, las artes, la religión). Autores clásicos como Ovidio (Metamorfosis) ya soñaban en “mutaciones” de los seres humanos que hoy constituyen la pretensión de los transhumanistas, que auguran así un “humano mejorado” (o “transhumano”) primero y de un “posthumano” superior después. Como afirmaba Günther Anders, uno de los padres de la tecnoética, el ser humano actual padece de “envidia prometeica”: se descubre inferior a las máquinas que él mismo ha fabricado y aspira a transformarse radicalmente usando la tecnología a su alcance.

Se quiere difundir una 
ideología favorable al 
“mejoramiento humano” 
para hacerlo más 
inteligente, más longevo, 
más perfecto, más feliz, 
pero esta cosmovisión 
puede comportar riesgos
Así, podría definirse el mejoramiento humano como el intento de perfeccionamiento, transitorio o permanente, de las condiciones orgánicas y/o funcionales actuales del ser humano mediante la tecnología. No se trata ya de la loable curación de personas enfermas, sino de potenciar de tal modo a las personas sanas, mediante el impresionante arsenal tecnológico en desarrollo, de modo que se genere un abismo entre humanos mejorados y no mejorados. Tecnologías de uso dual como los chips subcutáneos que nos permiten abrir puertas sin usar llaves pero que también nos geolocalizan, prótesis externas e internas al estilo de Blade Runnerque nos doten de superpoderes, técnicas genéticas como el CRISPR que sirven tanto para acabar con peligrosos parásitos como para modificar nuestro ADN de forma eficiente y permanente, métodos farmacoquímicos o electromagnéticos de aumentar artificialmente –y sin esfuerzo- nuestras funciones cerebrales como la memoria, la agudeza sensorial o la capacidad de cálculo, o intervenciones con células troncales que regeneren nuestros tejidos viejos o dañados, son algunos de los ejemplos de aumento de nuestras capacidades que nos convertirían en transhumanos.
Para adelantar el advenimiento de la Singularidad, el transhumanismo nos propone tres elementos fundamentales: la Superinteligencia, la Superlongevidad y el Superbienestar.

Los transhumanistas 
auguran un 
“humano mejorado” 
(o “transhumano”) 
primero y un 
“posthumano” 
superior después
En relación con la Superinteligencia, esta corriente de pensamiento insiste en que la explosión predictiva de la capacidad de computación alumbrará una inteligencia artificial que, tal vez, llegue a adquirir incluso una consciencia simulada en silicio. Si al final los humanos nos integrásemos –voluntariamente- en las tecnologías convergentes podríamos, según ellos, llegar a estar en contacto directo con esa inteligencia artificial. El resultado sería que nos fusionaríamos efectivamente con ella y sus habilidades se convertirían en las nuestras. Eso impulsaría a la especie humana, en opinión del filósofo transhumanista Nick Bostrom, a un periodo de Superinteligencia
Respecto a la Superlongevidad, Aubrey de Grey, experto en investigación sobre el envejecimiento, sostiene, desde una visión transhumanista, que nuestras prioridades están fundamentalmente sesgadas y que tenemos que empezar a pensar seriamente en prevenir la enorme cantidad de muertes debidas al envejecimiento. Algunos transhumanistas van más allá y financian procesos criónicos, o incluso proyectos de una inmortalidad cibernética, que se nos antojan utópicos.
Finalmente, el filósofo transhumanista David Pearce expone que el Superbienestar tiene como objetivo, en primer lugar, investigar y eliminar el sufrimiento, y en segundo lugar, alcanzar la abundancia y la felicidad para todos, o sea, un nuevo “paraíso terrenal”.

Debemos evitar que las
 personas seamos 
transformadas en un 
sensor o en un producto 
tecnológico que sirva
 únicamente a intereses 
privados de mercado y/o 
de la guerra
Las propuestas del transhumanismo nos interpelan y no podemos ni debemos huir de nuestra responsabilidad, como seres humanos, de dar una respuesta coherente de acuerdo a nuestra naturaleza, libertad y dignidad. Urge evitar que el mejoramiento sea solo para ricos o para una elite perteneciente a una no-ocracia no democrática que domine el mundo, o que se haga sin tener en cuenta los riesgos asociados a las nuevas tecnologías y a nuestra propia ignorancia del ser humano y de la naturaleza. Debemos evitar que las personas seamos transformadas en un sensor o en un producto tecnológico del capitalismo neoliberal –le llamen transhumano o posthumano- que sirva únicamente a intereses privados y a las fuerzas desbocadas del mercado y/o de la guerra. Estos retos no dejan de ser los que han existido a lo largo de toda nuestra historia, pero asumen ahora una dimensión tal que, por primera vez, se plantea una intervención directa en el proceso evolutivo que puede llevar a nuestra desaparición como especie. ¿Qué hace al ser humano tan diferente del resto de seres vivos y, nos atrevemos a decir, tan único, tan singular? No es la ciencia y la técnica, sino la cultura, la educación, las humanidades, como afirma el biólogo Edward Wilson en su reciente libro The Meaning of Human Existence (2015). 
Un ser humano que posee la extraordinaria tarea de cuidar, de forma responsable, el planeta Tierra, y no de contribuir a su destrucción prematura, de proteger al más débil y vulnerable y no de menospreciarlo o eliminarlo, de orientar el innegable progreso científico-técnico hacia el bien de todos y no solo de algunos privilegiados. Sean o no ilusorias las aspiraciones del transhumanismo la sociedad debe tomar conciencia de las mismas, abrir un amplio debate interdisciplinar y ejercer, desde un pensamiento crítico, una auténtica democracia real favorable al interés colectivo y al bien común. Construyamos pues, mediante una ética global que respete la dignidad inalienable de las personas, y bajo los principios civilizatorios de Libertad, Igualdad y Fraternidad recogidos en la Declaración Universal de la ONU (1948), una auténtica Humanidad para el siglo XXI.

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19 oct 2015

El humano del futuro

Ni cíborgs ni replicantes de 'Blade Runner'. Lo que está por venir es mucho más inquietante y da miedo



Existe un icónico dibujo de cómo la especie humana evoluciona del simio encorvado al erguido y orgulloso homo sapiens, con los progresivos estadios caminando en fila india. Hay quien incluso dibuja al fin del camino a un nuevo hombre tecnológico encorvado, otra vez, sobre su ordenador.



La evolución biológica para los humanos parece haber llegado a la irrelevancia. Sucede por selección natural, pero hemos logrado que el medio se adapte a nosotros (el agua sale del grifo, el alimento está en la nevera y la calefacción combate el frío, cuando se dispone de todo esto, claro), y sucede en tiempos geológicos de millones de años, con lo que sería difícil de apreciar en nuestras cortas existencias.

Universo consciente, ¿futuro real?

Para Raymond Kurzweil, jefe de ingeniería de Google, el universo pasa por diferentes fases. Primero, la época de la física y la química, con la información contenida en estructuras atómicas. Después aparece el ADN que engloba la información creciente. Luego aparecen los cerebros, y los cerebros crean la tecnología: esta es la época en la que vivimos y que, según Kurzweil, llega a su fin. A partir de ahora, la tecnología, con inteligencia propia, dominará los métodos de intercambio de información de las épocas anteriores y las integra, incluyendo a la inteligencia humana. Finalmente todo el universo estará lleno de tratamiento de información y conocimiento. El universo despierta y emerge una inteligencia que emplea todo lo contenido en ella misma.
Pero la evolución continuará por otros derroteros: incorporaremos la tecnología a nuestros cuerpos o mentes. Además, experimentando un acelerón: los cambios pueden ocurrir en unos años o décadas.
Iremos más allá del cíborg, hasta el poshumano, un ser que todavía ni imaginamos. ¿Se parecerá más a un robot o a un inaprensible perfil de Facebook?
¿Será máquina o consciencia pura? Estamos ante el salto de la humanidad a la poshumanidad. Como periodo de transición, el transhumanismo. 

La utopía transhumanista

“Los transhumanistas creen que debemos usar la tecnología para superar nuestras limitaciones biológicas”, dice el filósofo David Pearce. “Usada sabiamente, la tecnología puede propiciar un futuro de superinteligencia, superlongevidad y superfelicidad. Sin embargo, abundan los escollos”. Junto con Nick Bostrom, Pearce fue cofundador de la Asociación Transhumanista Mundial (ahora Humanity Plus o H+) y hoy es director de BLTC Research, una organización que tiene el fin de promover lo que denomina “ingeniería celestial”. Es decir, “la abolición de los sustratos biológicos del sufrimiento y la creación de estados gloriosos de placer sublime”.
En la base de todo, la implosión tecnológica. Se ha bautizado la Singularidad Tecnológica como la confluencia de ramas como la nanotecnología, la biotecnología, la ingeniería genética, la inteligencia artificial, la clonación terapéutica, la farmacología o la ciencia espacial, que pronto, según futuristas como el ingeniero de Google Ray Kurzweil, cambiará el mundo tal como lo conocemos. Porque la tasa de avance tecnológico es exponencial y, gracias a ello, dice Kurzweil, el ser humano se librará de las cadenas biológicas.

Hay ‘softwares’ que superan a los humanos en el ajedrez o el diagnóstico médico
Pearce da ejemplos de los últimos pasos en la dirección poshumana: el software que supera a los humanos en cuestiones como jugar al ajedrez (la supercomputadora Deep Blue que en 1997 venció a Gary Kaspárov) o el diagnóstico médico (como la inteligencia artificial de Watson de IBM, que procesa la información más como un humano que como una máquina, aprende, responde preguntas o genera hipótesis).
La duración de la vida puede ser extendida en animales induciendo mutaciones, y en biotecnología, la revolución de la edición de los propios genes anuncia una era en la que la rápida edición de tu propio genoma puede ser la norma. Yéndonos a ejemplos más de andar por casa, en la película Her, de Spike Jonze, el protagonista se enamora de un sistema operativo de voz dulce parecido al actual asistente personal Siri que llevamos en nuestros smartphones. Y las Google Glasses y otros wearables nos hacen ver el mundo de otro modo, colocados en nuestro propio cuerpo. 

¿Evolución solo para ricos?

El urbanista y abogado Albert Cortina y el biólogo Miquel Ángel Serra creen que es hora de iniciar un debate abierto y multidisciplinar sobre el futuro de la humanidad. Por eso han coordinado el libro ¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano(Fragmenta Editorial), en el que 213 voces de diferentes disciplinas opinan sobre en qué se debería o no convertir el ser humano. “Existen posturas bioconservacionistas que opinan que la
vida debe permanecer inalterada. En el otro extremo están los tecno optimistas, a favor de cualquier avance tecnológico para mejorar la humanidad”, explican los coordinadores. Lo cierto es que el movimiento transhumanista genera críticas morales y religiosas (sobre todo, con respecto a la manipulación genética) o socioeconómicas. “Una consecuencia negativa es que solo las élites puedan acceder al mejoramiento tecnológico y se cree una humanidad que evolucione a dos velocidades”, manifiestan Cortina y Serra. Un escenario similar al que plantea la película Elysium, dirigida por Neill Blomkamp, donde los ricos aprovechan la tecnología para abandonar la Tierra y vivir cómodamente , dejando atrás a los demás. Sin embargo, para los más optimistas, como Kurzweil, hay una prueba de que eso no tiene que pasar: Internet y la telefonía móvil han llegado a todo el planeta, incluidos los países menos desarrollados.

Se ha avanzado muchísimo, pero no es nada comparado con lo que vamos a ver en adelante. En los próximos 20 años, experimentaremos más cambios que en los últimos dos milenios
José Luis Cordeiro, científico y profesor de la Universidad de la Singularidad de Silicon Valley
El panorama parece de ciencia ficción: “Tenemos la evolución de las máquinas, que pueden lograr alcanzar la inteligencia artificial y, cómo un hijo adolescente, querer emanciparse de sus creadores, los humanos”, relata Cortina. Da vértigo. “Se ha avanzado muchísimo, pero no es nada comparado con lo que vamos a ver en adelante. En los próximos 20 años, experimentaremos más cambios que en los últimos dos milenios”, explica el científico José Luis Cordeiro, cofundador de la Asociación Transhumanista Venezolana y profesor de la Universidad de la Singularidad de Silicon Valley, creada por instituciones como Google o la Nasa para “educar e inspirar” un cuadro de líderes que comprendan y guíen la Singularidad Tecnológica. Cordeiro cree que la inteligencia artificial alcanzará a la humana en menos de dos décadas y que los cerebros artificiales vendrán a complementar a los humanos, no a sustituirlos. En tres o cuatro décadas podremos prevenir todas las enfermedades. La humanidad está a punto de dar el salto a la poshumanidad; la tecnología, según Cordeiro, sustituirá a la biología: “Los poshumanos no dependerán solo de sistemas basados en la química del carbono, sino en el silicio y otras plataformas más convenientes para diferentes entornos, como los viajes espaciales”. 

Así es el futuro poshumano

¿Y qué aspecto tendrían los poshumanos del futuro? Los transhumanistas defienden la libertad morfológica, aclara Pearce: “El derecho de cada uno a tener el género, cuerpo e imagen que desee. Se pueden anticipar algunas elecciones corporales extraordinarias, tanto en la realidad virtual como el mundo de carne y hueso… Pero, sospecho que muchos elegiremos diseños corporales que expresen los cánones de belleza ideal adaptativa de nuestros ancestros de la sabana africana”.
¿Seremos cíborgs? “El futuro es más complejo que eso”, dice Cordeiro. “Veremos una explosión de nuevas formas de vida inteligentes”. Surgen términos como los bio-orgs (organismos modificados proteínicamente), los geborgs (modificados genéticamente), o los silorgs (organismos basados en silicio). Una nueva fauna…
Ya estamos asistiendo a la existencia de transhumanos. Neil Harbisson ve en blanco y negro, pero lleva un tercer ojo que, mediante vibraciones, le permite percibir colores. Al corredor sudafricano Oscar Pistorius le extirparon las piernas de niño pero, gracias a sus implantes biónicos de fibra de carbono, participó en los Juegos Olímpicos de Londres. O Tim Cannon, biohacker fundador de la compañía Grindhouse Wetware en Pittsburgh, implicada en mejorar al ser humano mediante la tecnología: él mismo se ha implantado chips y aparatos electrónicos en su cuerpo, mediante cirugía casera, para mejorar sus habilidades: “Ahora, gracias a la medicina moderna y la ciencia, somos por primera vez capaces de tomar control de la Evolución”.

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28 jun 2013

¿Estamos viviendo en una simulaciòn informàtica?


¿Alguna vez te has preguntado si eres una simple línea de código dentro de un ordenador gigante y superpotente? Claro, todos lo hemos hecho. Pero Nick Brostom, un filósofo transhumanista del Instituto del Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, le ha dado más vueltas que la mayoría de nosotros a esta posibilidad.
La idea de que solo existimos en una simulación informática de otro ser no entra tanto en el dominio de la ciencia ficción como se podría pensar. No sería como en Matrix, donde las personas estarían en la simulación sin saberlo. De hecho, la situación de una realidad alternativa más probable es que seamos bits de información en un algoritmo de un ordenador increíblemente potente que habría construido una civilización post-humana y superavanzada para comprender cómo vivió y evolucionó la sociedad de sus antepasados.

"Llegué a esta conclusión suponiendo que una de las siguientes hipótesis tiene que ser cierta: Uno: los humanos se extinguirán antes de ser capaces de diseñar un ordenador lo bastante potente para crear simulaciones capaces de crear mundos virtuales completos llenos de personas con inteligencia virtual. Dos: una civilización post-humana avanzada tendría estos ordenadores pero ningún deseo de hacer simulaciones sobre sus antepasados. O tres: estamos viviendo ya en una simulación, y esta página -al igual que tú- es solo una serie de unos y ceros".
Estas son las únicas opciones, y dado que no hay una razón para escoger a una de ellas sobre las demás, cada una tiene un tercio de posibilidades. "Sin embargo, a mí me da la sensación de que solo hay un 20% de posibilidades de que estemos viviendo en una simulación. Este presentimiento, no obstante, aumenta las posibilidades de las opciones uno y dos, lo cual es un poco decepcionante porque me gustaría pensar que los humanos no nos extinguiremos, y que somos lo suficientemente interesantes para merecer una simulación".
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