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15 oct 2016

El cine de los sueños

¿Son los sueños reducibles a productos audiovisuales? ¿Podremos “ver” algún día los sueños de otra persona?



¿Sería deseable que las palabras significaran exactamente lo mismo para todo el mundo, como le habría gustado a Aristóteles? Se evitarían muchos malentendidos, desde luego, pero ¿a qué precio?
El lenguaje tiene dos planos inseparables: el denotativo y el connotativo. En el plano denotativo -el de los significados literales- es relativamente fácil que dos o más personas entiendan lo mismo al oír las mismas palabras en el mismo contexto; pero las connotaciones que esas palabras tienen para cada cual son algo único e irrepetible, algo que define y expresa la singularidad de cada hablante, por lo que un mensaje de una cierta complejidad, que no sea meramente informativo, será entendido de tantas maneras distintas como personas lo oigan.
Para que dos personas se entendieran a la perfección, es decir, para que interpretaran todas las palabras –con todos sus matices y connotaciones– de idéntica manera, tendrían que ser prácticamente la misma persona. El plano connotativo es, en gran medida, un universo personal e intransferible (o de muy difícil transferencia: por eso existe la literatura, y muy especialmente la poesía). Eso nos causa numerosos problemas, así como una irreductible sensación de alteridad (que Kafka expresó magistralmente: “A mí me conozco, en los demás creo; esta contradicción me separa de todo”). Puede que sea muy alto, pero ese es el precio de la individualidad. Si las palabras significaran exactamente lo mismo para todos, sería como si solo hubiera un único individuo repetido millones de veces. No parece una perspectiva muy halagüeña (aunque puede que a algunos políticos no les disgustara la idea).
Sobre la famosa sentencia de Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” (o “de mi mente”, según otra versión), la polémica sigue abierta. Y también está lejos de haber sido zanjada la consiguiente discusión sobre los límites de la imaginación (si es que los tiene).
Y en cuanto a algunos acertijos, la primera respuesta que se nos ocurre es que no puede tratarse de una historia real, ya que si alguien muriera durante una pesadilla no podría contar lo que había soñado y por tanto nadie podría saberlo… ¿O sí? Aunque ahora mismo no sea posible, ¿podremos algún día, mediante el instrumental adecuado, “ver” los sueños de un durmiente?

El cine de las sábanas blancas

De manera nada casual, Muchos comentarios giran alrededor de la relación entre el cine y los sueños. Y es que no en vano la sabiduría popular llama a la cama “el cine de las sábanas blancas”, que es una forma poética de decir que soñar tiene algo en común con asistir a una proyección cinematográfica. Y, de hecho, el cine ha reconocido -y explotado- ampliamente esta relación mostrándonos de forma recurrente, con mayor o menor acierto, el mundo onírico.
Invito a mis sagaces lectoras/es de PLANETAFIOS a reflexionar sobre la relación del cine con los sueños y a ilustrar sus reflexiones con los ejemplos que consideren más significativos.
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18 jul 2016

¿Creer Saber Mucho es Autoengañarse?

CREER QUE SABES MUCHO SOBRE UN TEMA ES UNA FORMA DE AUTOENGAÑO


SUPONER QUE DOMINAS UN TEMA PUEDE HACERTE CAER EN TRAMPAS PSICOLÓGICAS COMO LAS QUE REVELA ESTE ESTUDIO.

No importa qué tan a fondo conozcamos un tema: nuestro cerebro puede engañarnos para hacernos creer que sabemos más de lo que sabemos realmente. Un equipo de psicólogos de la Universidad de Cornell realizaron un experimento acerca de un fenómeno llamado overclaiming, que podríamos traducir como la sobreestimación de los propios conocimientos, a menudo con el objetivo de demostrar que somos más listos de lo que somos en realidad...

Los participantes del estudio debían calificarse a sí mismos en una serie de temas, y luego debían calificar qué tan bien manejaban 15 términos especializados de los temas que --supuestamente-- conocían mejor. Lo que no sabían es que tres de estos términos eran falsos. La investigación hizo evidente que si un participante decía que conocía muy bien cierto tema, tenía más probabilidades de afirmar que conocía alguno de los tres términos falsos, es decir, de sobreestimar su propio conocimiento. 

En otro momento de la investigación, otros participantes tomaron las mismas pruebas pero fueron advertidos de que algunos términos eran falsos, lo que disminuyó la sobreestimación en general, pero no cambió la correlación entre lo que los participantes decían saber y la sobreestimación del conocimiento.

La conclusión de este estudio es que si crees que sabes mucho de algo, podrías sobreestimar tu propio conocimiento del tema --incluso afirmando que sabes cosas que no sabes por seguir la corriente, por inseguridad, o porque honestamente te engañas a ti mism@. Tal vez los verdaderos expertos también saben lo que no saben, en el sentido de que son conscientes de las limitaciones de sus conocimientos. Aquí podemos recordar a Sócrates, el hombre más sabio de su tiempo según el oráculo de Delfos, quien vivía bajo la frase "sólo sé que no sé nada." 

No hay nada de malo en estar admitir la propia ignorancia (después de todo el saber es inabarcable), pero cuidado con creer a ciegas en los expertos de cualquier tipo: podrían estarse engañando incluso a ellos mismos.


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7 feb 2016

Una técnica de sanación primigènica

Sat Nam Rasayan, una técnica de sanación a partir del silencio primigenio

TRAS ENTRAR EN UN ESTADO PROFUNDO DE MEDITACIÓN, EL SANADOR DISUELVE LOS BLOQUEOS ENERGÉTICOS QUE GENERAN ENFERMEDAD O CONFLICTO.

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Una mezcla entre conciencia del bienestar y el experimentar las consecuencias de haber acarreado en años recientes pésimos hábitos, ha volcado a la sociedad, o a buena parte de ella, a buscar técnicas y conductos para vivir mejor. Y en este contexto diversas tradiciones de sanación han emergido como herramientas especialmente útiles.
De entre el menú que hoy por fortuna tenemos a nuestra disposición –en cuanto a vehículos de sanación–, el Sat Nam Rasayan es, sin duda, una de las opciones destacadas. Se trata de una técnica de curación que florece en el silencio, ya que de este estado extrae lo necesario para liberar bloqueos energéticos dentro de una persona, en torno a un espacio u objeto, o alrededor de un evento.   
El Sat Nam Rasayan es una técnica que el Maestro Yogi Bhajan, quien trajo el Kundalini Yoga a occidente a final de la década de los 60s, enseñó a su alumno GuruDev Singh. Tras una intensa e impecable sadhana (disciplina espiritual) sostenida por años, el depositario logró la maestría de dicha técnica y  hoy es considerado como el maestro viviente del Sat Nam Rasayan.
1-2-24zero-220x300La práctica regular del Kundalini Yoga ayuda a desarrollar la mente Neutral, la cual es un elemento indispensable para manejar el Sat Nam Rasayan. Es a través de una practica constante de Kriyas y meditaciones de la tradición de Kundalini Yoga que logras  desarrollar la mente meditativa o mente neutral. Dicho estado tiene la capacidad de percibir un objeto, situación, paciente o evento desde una forma primaria. En otras palabras la idea de la mente neutral es percibir la realidad tal cual es, sin que la mente positiva o la mente negativa influencien la percepción.
GuruDev y Yogui Bhajan llaman a este proceso “la mente meditativa proyectiva”. Esto quiere decir que es proyectando la mente, tras alcanzar un estado de meditación profunda, que uno logra armonizar y sanar. La mente meditativa es neutral, como una especie de hoja en blanco que al ser expuesta al paciente se genera un impacto que queda impreso. Una vez percibida la resistencia esta se contempla sin intención alguna, lo cual finalmente permite diluirla. En pocas palabras al contemplar y permitir la resistencia entonces esta desaparece y así se reestablece el flujo continuo –como continuo es el flujo del universo mismo–.
Sat Nam Rasayan significa descanso, reposo o relajación profunda en el nombre de Dios, que básicamente es lo que uno hace al practicar la técnica. Uno descansa o reposa la mente en contemplación sin juicio ni opinión en el paciente u objeto permitiendo que cualquier sensación agradable o desagradable te atraviese sin reaccionar.
El sanador es el que siente en su cuerpo o conciencia las sensaciones o resistencias que aquejan al paciente. Y gracias a su entrenamiento previo, intensivo, en las técnicas de Kundalini Yoga es apto para tolerarlas y no reaccionar a ellas, permitiéndolas y dejándolas ser para así lograr una sanación exitosa.  
* Atrevidos y estimados lectores de Planetafios, que opinan sobre este artìculo.

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13 ene 2016

Visiòn de un futuro posthumano

Chips subcutáneos, métodos electromagnéticos para potenciar nuestro cerebro, prótesis externas. La incorporación de la tecnología a nuestro cuerpo y mente abre una nueva era



  Retrato de la atleta norteamericana Aimee Mullins. / HOWARD SCHATZ  

La ideología transhumanista –sobre la cual se ha debatido poco en nuestro país- pretende ofrecer a nuestras sociedades contemporáneas un relato futurista que dé una cobertura filosófica, moral e, incluso, espiritual a la dimensión tecnológica del proyecto neoliberal postmoderno en este siglo XXI.
Para esta corriente tecno-optimista, tenemos ante nosotros la responsabilidad de conducir el proceso evolutivo de la humanidad y de transformar radicalmente (mejorar) al ser humano, mediante la interacción e implementación en nuestro cuerpo y mente de tecnologías emergentes más allá de los condicionamientos y límites que nos impone la naturaleza, de la que somos parte inescindible.
Según el movimiento transhumanista, y tal como afirma uno de sus insignes oráculos, el ingeniero de Google Ray Kurzweil, la Singularidad será un acontecimiento que sucederá dentro de unos años con el aumento espectacular del progreso tecnológico, y debido al desarrollo de la inteligencia artificial y a la convergencia de las tecnologías NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Tecnologías de laInformación y de la Comunicación y Neuro-Cognitivas). Esa situación ocasionaría cambios sociales, culturales, políticos y económicos inimaginables, imposibles de comprender o predecir por cualquier humano anterior al citado acontecimiento. En esta fase de la evolución el transhumanismo predice que se producirá la fusión entre tecnología e inteligencia humana, dando lugar a una era en que se impondrá la inteligencia no biológica de los posthumanos. A lo largo de este proceso el transhumanismo quiere difundir una ideología y una cultura favorables al “mejoramiento humano” (del inglés “human enhancement”) a través de la adopción de unas mejoras artificiales en el ser humano (genéticas, orgánicas, tecnológicas) con el objetivo declarado de hacerlo más inteligente, más longevo, más perfecto, más feliz, incluso para que pueda llegar a alcanzar la inmortalidad cibernética y la conquista del universo. No obstante, esta cosmovisión puede comportar riesgos. ¿Estamos preparados para ese cambio radical o bien pensamos que hay que conservar nuestro patrimonio genético y seguir siendo personas humanas, con nuestras limitaciones, pero conservando nuestra libertad y dignidad inalienables?
Constatamos que la aspiración de perfeccionarse es intrínseca a la naturaleza humana, que ha aunado los mecanismos selectivos propios de la evolución con la transmisión del saber científico-técnico (desde el fuego, el hacha y la rueda al ordenador, el cohete y el automóvil) y cultural (como el lenguaje, las artes, la religión). Autores clásicos como Ovidio (Metamorfosis) ya soñaban en “mutaciones” de los seres humanos que hoy constituyen la pretensión de los transhumanistas, que auguran así un “humano mejorado” (o “transhumano”) primero y de un “posthumano” superior después. Como afirmaba Günther Anders, uno de los padres de la tecnoética, el ser humano actual padece de “envidia prometeica”: se descubre inferior a las máquinas que él mismo ha fabricado y aspira a transformarse radicalmente usando la tecnología a su alcance.

Se quiere difundir una 
ideología favorable al 
“mejoramiento humano” 
para hacerlo más 
inteligente, más longevo, 
más perfecto, más feliz, 
pero esta cosmovisión 
puede comportar riesgos
Así, podría definirse el mejoramiento humano como el intento de perfeccionamiento, transitorio o permanente, de las condiciones orgánicas y/o funcionales actuales del ser humano mediante la tecnología. No se trata ya de la loable curación de personas enfermas, sino de potenciar de tal modo a las personas sanas, mediante el impresionante arsenal tecnológico en desarrollo, de modo que se genere un abismo entre humanos mejorados y no mejorados. Tecnologías de uso dual como los chips subcutáneos que nos permiten abrir puertas sin usar llaves pero que también nos geolocalizan, prótesis externas e internas al estilo de Blade Runnerque nos doten de superpoderes, técnicas genéticas como el CRISPR que sirven tanto para acabar con peligrosos parásitos como para modificar nuestro ADN de forma eficiente y permanente, métodos farmacoquímicos o electromagnéticos de aumentar artificialmente –y sin esfuerzo- nuestras funciones cerebrales como la memoria, la agudeza sensorial o la capacidad de cálculo, o intervenciones con células troncales que regeneren nuestros tejidos viejos o dañados, son algunos de los ejemplos de aumento de nuestras capacidades que nos convertirían en transhumanos.
Para adelantar el advenimiento de la Singularidad, el transhumanismo nos propone tres elementos fundamentales: la Superinteligencia, la Superlongevidad y el Superbienestar.

Los transhumanistas 
auguran un 
“humano mejorado” 
(o “transhumano”) 
primero y un 
“posthumano” 
superior después
En relación con la Superinteligencia, esta corriente de pensamiento insiste en que la explosión predictiva de la capacidad de computación alumbrará una inteligencia artificial que, tal vez, llegue a adquirir incluso una consciencia simulada en silicio. Si al final los humanos nos integrásemos –voluntariamente- en las tecnologías convergentes podríamos, según ellos, llegar a estar en contacto directo con esa inteligencia artificial. El resultado sería que nos fusionaríamos efectivamente con ella y sus habilidades se convertirían en las nuestras. Eso impulsaría a la especie humana, en opinión del filósofo transhumanista Nick Bostrom, a un periodo de Superinteligencia
Respecto a la Superlongevidad, Aubrey de Grey, experto en investigación sobre el envejecimiento, sostiene, desde una visión transhumanista, que nuestras prioridades están fundamentalmente sesgadas y que tenemos que empezar a pensar seriamente en prevenir la enorme cantidad de muertes debidas al envejecimiento. Algunos transhumanistas van más allá y financian procesos criónicos, o incluso proyectos de una inmortalidad cibernética, que se nos antojan utópicos.
Finalmente, el filósofo transhumanista David Pearce expone que el Superbienestar tiene como objetivo, en primer lugar, investigar y eliminar el sufrimiento, y en segundo lugar, alcanzar la abundancia y la felicidad para todos, o sea, un nuevo “paraíso terrenal”.

Debemos evitar que las
 personas seamos 
transformadas en un 
sensor o en un producto 
tecnológico que sirva
 únicamente a intereses 
privados de mercado y/o 
de la guerra
Las propuestas del transhumanismo nos interpelan y no podemos ni debemos huir de nuestra responsabilidad, como seres humanos, de dar una respuesta coherente de acuerdo a nuestra naturaleza, libertad y dignidad. Urge evitar que el mejoramiento sea solo para ricos o para una elite perteneciente a una no-ocracia no democrática que domine el mundo, o que se haga sin tener en cuenta los riesgos asociados a las nuevas tecnologías y a nuestra propia ignorancia del ser humano y de la naturaleza. Debemos evitar que las personas seamos transformadas en un sensor o en un producto tecnológico del capitalismo neoliberal –le llamen transhumano o posthumano- que sirva únicamente a intereses privados y a las fuerzas desbocadas del mercado y/o de la guerra. Estos retos no dejan de ser los que han existido a lo largo de toda nuestra historia, pero asumen ahora una dimensión tal que, por primera vez, se plantea una intervención directa en el proceso evolutivo que puede llevar a nuestra desaparición como especie. ¿Qué hace al ser humano tan diferente del resto de seres vivos y, nos atrevemos a decir, tan único, tan singular? No es la ciencia y la técnica, sino la cultura, la educación, las humanidades, como afirma el biólogo Edward Wilson en su reciente libro The Meaning of Human Existence (2015). 
Un ser humano que posee la extraordinaria tarea de cuidar, de forma responsable, el planeta Tierra, y no de contribuir a su destrucción prematura, de proteger al más débil y vulnerable y no de menospreciarlo o eliminarlo, de orientar el innegable progreso científico-técnico hacia el bien de todos y no solo de algunos privilegiados. Sean o no ilusorias las aspiraciones del transhumanismo la sociedad debe tomar conciencia de las mismas, abrir un amplio debate interdisciplinar y ejercer, desde un pensamiento crítico, una auténtica democracia real favorable al interés colectivo y al bien común. Construyamos pues, mediante una ética global que respete la dignidad inalienable de las personas, y bajo los principios civilizatorios de Libertad, Igualdad y Fraternidad recogidos en la Declaración Universal de la ONU (1948), una auténtica Humanidad para el siglo XXI.

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9 nov 2015

Neuroingeniería y la ética de la mente del futuro

EL FUTURO DE LA MENTE HUMANA PODRÍA ESTARSE FRAGUANDO EN LABORATORIOS ALREDEDOR DEL MUNDO, EN DONDE LOS “ERRORES“ HUMANOS PODRÍAN SER COSA DEL PASADO --AL IGUAL QUE LA NOCIÓN DE “HUMANIDAD“ COMO LA CONOCEMOS

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El cerebro humano ha evolucionado durante miles de años para llegar a un equilibrio bioquímico y conductual que nos ha permitido… bueno… ser lo que somos. Pero la fantasía siempre dicta que “ser lo que somos” es menos deseable que lo que podríamos ser: el mito de que sólo usamos un 10% de nuestra capacidad cerebral y los constantes desarrollos de fármacos y tecnologías para mejorar “artificialmente” las funciones naturales de nuestro cerebro permiten alimentar la expectativa de un futuro de supermentes, donde las viejas limitaciones del Homo sapiens quedarían sepultadas para siempre.
Existen desde hace tiempo foros y páginas dedicados a los nootrópicos, sustancias sintéticas que mejoran a pedido capacidades como la memoria, la creatividad o el rendimiento bajo privación de sueño, sin tener en apariencia graves efectos secundarios sobre el organismo; el modafinilo es una de las sustancias más prometedoras para el título de “pastilla mágica de la inteligencia”, e incluso existen tratamientos experimentales que prometen mejorar la inteligencia y las capacidades intelectuales al remover una simple molécula presente en el cuerpo. Una píldora más y recuperaríamos la capacidad de aprender como esponjas, como cuando éramos niños. Un cóctel de píldoras cada mañana y la vieja taza de café sería cosa del pasado.
¿Qué pasaría si además de estos químicos (re)aprendiéramos a utilizar de manera terapéutica la psilocibina (hongos mágicos) para superar eventos traumáticos del pasado? Probablemente aquí entrarían consideraciones de tipo legal, pero finalmente se trata de otro ingrediente que desde una perspectiva objetiva podría tener efectos benéficos para el cerebro y la capacidad cerebral.
También se encuentran en fase de desarrollo tratamientos un poco más invasivos del tejido cerebral para, por ejemplo, hacerte dejar de creer en Dios o cambiar radicalmente tu ideología política, al menos por un breve período de tiempo. Anders Sandberg, del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, está desarrollando un proyecto para implantar un chip en el cerebro que nos permitiera tener acceso a Internet con un pensamiento o, por qué no, directamente a otras mentes conectadas en red. Otra tecnología pretende editar directamente el genoma como si fuera un CSS para modificar ciertas características desde la fase embrionaria, lo que nos pondría en una nueva relación con respecto a la evolución natural (“evolución asistida” podría ser), además de alentar debates de bioética y política cerebral.
Esto nos lleva a pensar que la investigación neuronal y genómica parece seguir las pautas de personalización de nuestros aparatos electrónicos: así como podemos cambiar el fondo de pantalla de nuestro teléfono o la lista de reproducción musical, en el futuro podríamos “decidir” qué partes del cerebro nos sirven y por qué. Pero a diferencia del funcionamiento de nuestros gadgets, la ciencia todavía no entiende completamente el funcionamiento de nuestro cerebro, para empezar, porque la misma metáfora de “funcionar” coloca al cerebro y al organismo humano en la posición de la máquina que presenta una conducta o un desarrollo más o menos previsible y esperable en función de ciertos rendimientos. Sin embargo, los efectos a largo (y a muy largo) plazo que estos cambios pudieran tener sobrepasan por mucho la actualidad de los debates sobre ciencia y filosofía, simplemente porque no sabemos y no sabemos cómo plantearnos una humanidad transformada por la acción humana. La evidencia más sencilla de esto es que ni siquiera sabemos cómo enfrentarnos a retos medioambientales como el calentamiento global de manera coordinada como especie. ¿No sería deseable que en la ecuación del mejoramiento neuronal estuviera presente la cláusula de cómo enfrentar los retos de la existencia tal cual es en este momento pensando como colectividad global antes de ampliar (ahora en un nuevo terreno) la brecha de desigualdad que divide a las personas según su clase, raza y otros constructos sociales que aún no hemos resuelto?
Y es que, ¿qué pasaría si una o más de estas sustancias fuesen utilizadas en las poblaciones para mejorar su rendimiento laboral, apagar ciertas capacidades críticas, rediseñar aquí y allá ciertas áreas que nos permitan cuestionar a los gobiernos o empresas, y volvernos perfectos trabajadores al servicio de la máquina capitalista? Probablemente pueda sonar paranoico, pero desde un punto de vista de gobernabilidad, el diseño artificial de un cerebro dócil y masificado pondría fin a toda forma de disidencia y a todo malestar social –el mundo del soma, tal como lo describió Huxley en Un mundo feliz, se dividiría en sistemas de castas de quienes cuentan con todas las mejoras cognitivas y quienes reciben solamente las cargas más pesadas de la productividad laboral, como abejas obreras en una colmena.
Ni siquiera se trata de un debate filosófico (del hecho, por ejemplo, de que el libre albedrío y valores como el esfuerzo individual sigan vigentes de aquí a unos años), sino de una cuestión práctica de control de masas. La tecnocracia que se apropió del mundo desde los albores del siglo XXI podría nutrirse de una nueva rama de la investigación genética y neurológica con maravillosas ventajas para algunos y considerables desventajas sociales para grupos sin acceso a dicha tecnología. La superioridad y el control de los recursos podría jugarse ya no en la arena militar, económica o política, sino en la del mejoramiento cognitivo.
Pero volviendo un poco a tierra, lo cierto es que sería una lástima desaprovechar las enormes ventajas que nuestra época aporta para la investigación de la forma en que funciona nuestro cerebro, y el potencial terapéutico siempre es alentador cuando se trata de evaluar la pertinencia de cuestiones espinosas. Si a ello sumáramos los excelentes negocios las investigaciones sobre criogenia, extensión artificial de la vida y rejuvenecimiento podemos entrever que nuestra época está obsesionada con la creación de un modelo de ser humano hiperinteligente e inmortal –un pequeño Dios a escala de nuestros aparatos electrónicos, de los que terminaríamos siendo extensiones, aún más de lo que ya somos. La novela La posibilidad de una isla del francés Michel Houellebecq pinta un mundo habitado sólo por aquellos seguidores de una secta procriogenia que sobrevivieron a un proceso de desgaste civilizatorio que los ha sumido en una soledad total, y donde cada “nuevo” ser humano que aparece es un clon del antecesor que hace muchos siglos firmó una póliza para seguir produciendo versiones suyas por tiempo indefinido.
Mientras tanto seguiremos lidiando con los olvidos momentáneos, los lapsos, los errores, las formaciones parciales del conocimiento y en fin, el azar con el que la mente ha tenido que lidiar desde su aparición en el panorama evolutivo.

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16 oct 2015

La risa como ejercicio físico

POR SUERTE, REÍR ES UNO DE LOS MEJORES EJERCICIOS FÍSICOS A LOS QUE TENEMOS ACCESO, pero reìr a carcajada abierta y libre.

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La risa, como la virtud, tiene en sí misma su propia recompensa. Y aunque por esto mismo podría decirse que no hacen falta razones para reír, un experimento reciente encontró que esta acción también puede considerarse un tipo de ejercicio físico por los efectos que tiene sobre nuestro cuerpo y nuestras emociones.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford dirigidos por Robin Dunbar, profesor de psicología evolucionista en esta institución, llevaron a cabo un estudio en el que tomaron la risa en su condición más elemental, como una acción física.
Teniendo en cuenta que reír implica exhalar repetida e intensamente y que por esta razón los músculos en torno a los pulmones realizan un enorme esfuerzo que incluso puede llevar a la fatiga y el dolor, los investigadores quisieron saber si esta misma dinámica genera, psicológicamente, los efectos asociados con el ejercicio.
Para esto, un grupo de voluntarios inició el experimento sometiéndose a una prueba que determinó su umbral de dolor, esto es, cuánto dolor eran capaces de resistir (en este caso, con un torniquete para la presión sanguínea o una manga de refrigeración). Este primer requisito se relacionó con el hecho ya ampliamente comprobado de que ejercitarse provoca una liberación de endorfinas, opiáceos naturalmente generados en nuestro cuerpo que actúan como analgésicos.
Una vez puestos en la situación dolorosa los voluntarios comenzaron a ver primero videos documentales y después videos graciosos, midiendo sus risas con dispositivos auditivos, así como sus niveles de endorfinas.
Curiosamente, conforme reían, las personas reportaron un aumento simultáneo tanto en su umbral de dolor como en su sensación general de regocijo. Asimismo, se reveló el carácter viral de la risa, mucho más ruidosa y fácil cuando una persona se encontraba en compañía que estando sola (fenómeno también presente en el ejercicio: hacerlo acompañado es más fácil que individualmente).
Al final los investigadores encontraron que el nivel de endorfinas liberado durante un acceso de risa puede encontrar comparación con lo que sucede cuando alguien se ejercita físicamente, e igualmente similar es el hecho de que los posibles beneficios físicos de la risa, como los del ejercicio, vienen acompañados de cierta dosis de dolor.
Reìr a carcajada abierta y libre, hasta sentir dolor en el abdomen es la idea, es como practicar abdominales o aeròbicos.

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20 sept 2015

La revolución en salud

La siguiente revolución en salud se encuentra en tus actuales decisiones



LA CRISIS DE LOS SISTEMAS DE SALUD PLANTEA LA POSIBILIDAD DE TOMAR LAS RIENDAS DEL BIENESTAR PROPIO Y ASÍ DEPENDER DE TU FORMA DE VIDA Y NO DE UNA INSTITUCIÓN

En términos generales, nunca en nuestra historia la población humana había sido tan sana. Es cierto que esta situación no es general y todavía hay graves enfermedades que asolan a muchísimas personas en el mundo, pero en rubros como la esperanza de vida, la cobertura de salud pública, la medicina preventiva y otros, los avances han sido notables.
Por otro lado, también el conocimiento práctico sobre un estilo de vida saludable ha permeado en casi todas las sociedades, preceptos básicos que, cuando se siguen, aseguran el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.
Paradójicamente, un mayor conocimiento sobre el hecho no se refleja siempre en las mejores decisiones individuales respecto a nuestra salud. En una época caracterizada por la abundante y a veces excesiva cantidad de información a nuestro alcance, no siempre optamos por la alternativa que en alimentación, actividad física, entretenimiento, etc., redundará en un beneficio para nuestro cuerpo.
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Para Nick Crocker, fundador de Sessions, una red de entrenadores enfocada en inspirar a que las personas tomen las riendas de su propio bienestar, la siguiente revolución en este ámbito se generará en las decisiones personales e informadas que cada quien tome sobre su estado de salud.
Los problemas con nuestro sistema de salud existente presentan una oportunidad. Libres de las limitaciones regulatorias del gobierno o de las limitaciones de recursos de los desarrollos farmacéuticos y de dispositivos, un nuevo tipo de compañías está ayudando a los individuos a conseguir ser saludables. Genuina innovación está emergiendo en tres áreas principales: captura de data, software y servicios humanos escalables.
Crocker alude a una amplia gama de productos que tienen en común responsabilizar al usuario de lo que hace con su cuerpo, ofrecerle la oportunidad de tomar conciencia tanto de su presente como de su porvenir y hacerle ver que las decisiones que tome ahora tendrán consecuencias directas sobre su estado de salud.
Se trata de alejarnos del inmediatismo cotidiano, de apostar por hábitos que nos beneficien a corto, mediano y largo plazo, asumiendo con responsabilidad y, por qué no, con disfrute los sacrificios que este camino implicará y sobre todo, asumirnos como los responsables directos de lo que ocurre con nuestra salud. El punto aquí es si estamos dispuestos a hacer lo que se necesite para realmente embalsamarnos en un estilo de vida sano o si preferimos ir posponiendo nuestra sanación integral consumiendo fármacos que mitiguen nuestras deficiencias en salud pero que, en algún punto, nos cobrarán monumentales facturas.
¿Tú estás tomando buenas decisiones ahora mismo?


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Los peores hábitos para tu salud mental


MÁS DE UNO PENSARÁ QUE ESTOS HÁBITOS SON DE LO MÁS NORMAL, PERO LO CIERTO ES QUE SE TRATA DE UN PROTOCOLO DESCRIPTIVO DE AUTOSABOTAJE

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La depresión es parte del acervo cotidiano de hábitos; parece ser ya una forma constante en la máquina contemporánea que nos aliena. La rutina de las redes sociales, la movilidad corporal y el estado anímico son comportamientos que, si adquieren formas inconscientes, sabotean tu estilo de vida.
Estas son las 12 formas en que ejerces ese autosabotaje, según Health.com:
1. Caminar encorvado
La personalidad, la composición física y el estado de ánimo afectan la postura considerablemente, según indican investigaciones del Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry. Los experimentos observaron que las personas que caminan agachadas experimentaron peores estados que las que tenían una postura más erguida. El lenguaje corporal decaído mostraba el pensamiento negativo bajo el que se encontraban.
Cómo mejorarlo: Levanta el mentón, evita las posturas encorvadas frente a la computadora. Camina erguido, alinea la columna y los hombros. Te sentirás extraño al principio, pero puedes llegar a una corrección total de la postura. Si no la recuerdas, acuéstate en el piso y levanta la frente, coloca los hombros en el suelo y sujeta un poco el abdomen.
2. Ser adicto a las fotos
“El lente de la cámara es un velo ubicado frente a los ojos de las personas y estas no se dan cuenta de que está posado delante de ellas”, dice la doctora Diedra L. Clay, profesora del Departamento de Consejería y Salud Psicológica de la Bastyr University en Kenmore, Washington. Ya sea una selfie o para Instagram, sacar fotos de todo lo que se vive y hace va logrando que se obstaculice la forma en que se percibe y recuerda el mundo, según la revista Psychological Science. En un estudio se observó a un grupo de participantes en un paseo por un museo en el cual se dedicaron a tomar fotos de algunos objetos, mientras otras personas sólo presenciaban el tour. A los que fotografiaron los objetos se les hizo más difícil recordar el contexto y las características relacionadas con ellos, mientras que los que los miraron directamente sí pudieron fácilmente recordar información relacionada con los objetos.
Qué hacer: Observa las cosas alrededor para contextualizar foto, o deja de tomar tantas fotos.
3. Permitir que un bully desgaste lo mejor de ti
El bullying existe en todos lados, escuela, trabajo, casa, calle y hasta en el propio hogar. -Más de 70% de las personas han reconocido haber tenido que lidiar con colegas abusivos en su trabajo, según explica la doctora Erin K. Leonard, psicoterapeuta en ejercicio y autor del libro Terrorismo emocionalRompiendo las cadenas de una relación tóxica. Aproximadamente 35% de la fuerza laboral de Estados Unidos (54 millones de trabajadores) es objeto de abusos cometidos por colegas en algún punto de su carrera profesional, según indica el Instituto de Supervisión de Abusos en el Trabajo de EE.UU:
Cuando las personas sufren ataques maliciosos continuos dentro de los lugares en los que deben preservar su dignidad y autoestima puede ser una situación devastadora para ellas. Los abusos constantes hacen que se vuelva volátil tu salud emocional y pueden ponerte en una situación en la que incluso algo tan sencillo como levantarte en las mañanas para ir a trabajar se convierta en una tarea difícil de realizar.
Cómo salir del bullying: El Workplace Bullying Institute recomienda que, primero, visites a tu doctor para discutir tu salud física y mental. Después, cuando hayas documentado la mayor cantidad posible de interacciones con el bully, sigue el plan de acción de tres pasos de la organización.
* Planetafios recomienda combatir el bullying con estrategias, caracter, personalidad e inteligencia por parte de los atacados hacia los atacantes y denunciarlo enseguida.
4. No hacer ejercicio
De acuerdo con un nuevo estudio de JAMA Psychiatry, si te haces más activo al menos 3 días a la semana, tu riesgo de estar deprimido disminuye en un 19%. Después de estudiar a más de 11 mil personas nacidas en 1958 y grabar sus síntomas depresivos y niveles de actividad física en intervalos regulares, investigadores del University College London encontraron una clara correlación entre la actividad física y la depresión. Las personas que estaban deprimidas eran las menos activas, mientras que aquellas más activas tenían una menor tendencia a deprimirse. De hecho, por cada vez que se encontraban activas, el riesgo de deprimirse disminuía en un 6%.
Cómo solventarlo: Haciendo ejercicio. Cualquier actividad física al menos cuatro veces a la semana, correr, nadar, practicar bicicleta, ir al gimnasio o practicar algún deporte, puede bajar tu nivel de depresión.
5. Postergas las cosas o Procrastinaciòn
Dejar para después lo que puedes hacer hoy (procrastinar) es una de las formas de no hacer lo que no nos gusta hacer, lo cual genera ansiedad, miedo al fracaso y destruye los nervios.
Hazlo ahora: Practica ejercicios antiestrés, terapia ocupacional, de gritos o escucha un poco de música, trota, ve al parque o a la lucha libre, ya que es importante que las actividades en las que te involucres puedan desintegrar la ansiedad. Incorpora diversión a tus hábitos.
6. Tomarse la vida demasiado en serio
Si te enoja que las cosas no se hagan como tú crees o cualquier cosa puede destruir tu día, por lo más mínima que sea, la solución es: ríete de las cosas. La risa es un remedio infalible para la ansiedad y la depresión.
Cómo reírse: Promueve y exponte a diario a la hilaridad, no es sólo que dejes de tomarte en serio las cosas o que te rías; lee libros de picaresca, y pasa el tiempo con amigos risueños o que hagan tu vida más risible.
7. Estar en una relación tóxica
“Yo tengo muchos clientes que sufren de ansiedad y depresión sin saber que eso obedece a que están inmersos en una relación sentimental tóxica para ellos”, explica Leonardo:
Ese tipo de relaciones devoran la autoestima de las personas. Sus compañeros sentimentales les hacen creer que son incompetentes o egoístas. Algunas veces, a las personas les toma varios años percatarse de que su depresión y ansiedad se originan en las relaciones sentimentales que sostienen, las cuales con el tiempo pueden llegar a desmantelar su seguridad personal por completo.
Cómo enfrentarlo: Es posible que necesites ayuda. Primero, lee las señales que tienes a tu alcance para determinar si tu pareja está siendo abusiva contigo. Luego pídele a un profesional, a un familiar o a un amigo cercano que te ayude a corroborar si los símbolos que has detectado son reales. De ser así, toma cartas en el asunto.
8. No dormir lo suficiente
Dormir es un recurso indispensable para poder restituir la energía. “Dormir afecta todo”, dice Clay.Los sueños pueden ayudar a resolver problemas.
Sin el sueño nuestro sistema biológico no podría funcionar correctamente, ya que es el mecanismo bajo el cual nuestros organismos se regeneran del desgaste sufrido por la actividad diaria.
Duerme bien: Toma las medidas necesarias: usa tapones para los oídos, no pienses en nada al acostarte, medita, descansa el tiempo necesario, promueve la oscuridad, no comas mucho antes de acostarte y anota cualquier preocupación o pendiente.
9. No poder estar solo
Entre los amigos, el novio, los compañeros de trabajo, tu mascota o tu hijo, no te es posible encontrar un momento para estar solo. Es importante contar con al menos 10 minutos para uno mismo, y que no sean en la ducha o en el baño.
Registra tu tiempo: Agenda también el tiempo a solas. Aprende a disfrutarlo y a evitar la ansiedad de estar solo, y cumple con ese compromiso.
10. No hablar con nadie
Si eres asiduo a las redes sociales para mantenerte en contacto con tus conocidos, no estás teniendo un contacto significativo con ellos. “Las páginas de Facebook son de entretenimiento“, dice Clay, “no son conversaciones reales que nos permitan entender a las personas. Al contrario, disminuyen nuestras experiencias y sentimientos”. Michael Mantell, profesor de ciencias de la conducta de San Diego, California, está de acuerdo con Clay: “Los electrónicos personales (como los celulares) también impactan en la atención, en la necesidad de tener una gratificación inmediata, y en las expectativas que tiene una persona de que, al oprimir un botón, puede tener una conexión instantánea con alguien“, menciona Mantell. “También hemos descubierto que tener únicamente interacciones virtuales impacta en nuestra habilidad e interés para sentarnos en un mismo lugar con alguien y tener conversaciones cara a cara”.
Cómo cambiar: Recuerda que los amigos reales son más importantes que los likes.
11. No poder vivir sin teléfono móvil
¿Recuerdas cuando no dependías de los gadgets? Si no lo puedes hacer, estás en problemas. “Todos los dispositivos que tenemos tienden a sobreestimularnos“, dice Clay, “y, si siempre estamos en línea, entonces nunca descansamos realmente y no regeneramos nuestros cuerpos y nuestras mentes”, lo cual desemboca en depresión y ansiedad, pues en realidad no hablas con nadie.
Cómo modificarlo: Cambia tus hábitos; crea un día a la semana de descanso de los aparatos electrónicos (aunque sea sólo medio día). Si Dios descansó un día, ¿por qué tú no?
12. Estar haciendo mil cosas al mismo tiempo
Como escribió Ray Bradbury, es más fácil hacer una buena novela que escribir mil cosas malas al mismo tiempo. En la contemporaneidad, realizamos más de una labor simultáneamente: comemos revisando Facebook, vamos al baño y leemos, nos vamos a acostar mientras estamos en WhatsApp o sacamos fotos para Instagram en una fiesta.
Alégrate ahora: Hacer muchas tareas no es ser más productivo, tampoco hacerlas aceleradamente. Suelta el teléfono y presta atención a tu alrededor.

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8 may 2015

Ilusión en línea: internet te hace sentirte más inteligente de lo que eres

CUANDO ALGUIEN BUSCA INFORMACIÓN OCURRE UN FENÓMENO EN EL QUE CREES QUE LO QUE CONOCES SE FUNDE CON LA INFO DISPONIBLE EN LA FUENTE EN LA QUE BUSCAS

Server-Brain_YaleNews
Hace un par de décadas se abrió al mundo un inédito arcón de “preconocimiento”, es decir de información. De pronto una infinita enciclopedia actualizada en tiempo real se hizo disponible, internet, y con esta explosión de información el nivel popular de sapiencia creció de forma literalmente espectacular –no solo por la dimensión sino por que también remite a una especie de ilusión. Hoy todos sabemos más de lo que en realidad sabemos, gracias a la red. 
Disponer de tal cantidad de data nos empodera, fenómeno que implica un doble filo. Por un lado estimula la sed de conocimiento y hace de muchos de nosotros potenciales exploradores informativos, pero por otro nos genera la ilusión de que sabemos más de lo que en realidad sabemos. 
Recientemente se publicó un estudio realizado por la Universidad de Yale que demuestra lo anterior. En una serie de nueve experimentos los investigadores comprobaron que aquellas personas que disponían de información proveniente de internet –el cual es un cauce casi infinito–, consideraban saber más que aquellas que recibían la info de otros lugares. 
Al respecto Matthew Fisher, quien encabezó el estudio, afirma:
Este efecto demostró ser bastante robusto, y se replicó cada vez. Las personas que buscan información tienden a combinar o confundir su propio conocimiento con aquel que tienen disponible. 
Por ejemplo, en uno de los experimentos una parte de los voluntarios buscó en la red la respuesta a la pregunta “¿Qué es un zipper?”, y el grupo control recibió directamente la respuesta sin haberla buscado. Posteriormente, cuando se preguntó a ambos grupos qué tan bien entendían el concepto, aquellos que obtuvieron la respuesta buscando en línea demostraban mucho mayor confianza que aquellos que accedieron a exactamente la misma información pero sin internet de por medio. Esto ocurrió incluso en los casos en que algunos del último grupo ni siquiera habían hallado una respuesta precisa a la pregunta. 
“Los efectos cognitivos de ‘estar en estado de búsqueda’ en internet pueden ser tan poderosos que las personas se sienten más inteligentes aun cuando sus búsquedas en línea no revelan nada”, advierte el psicólogo y lingüista Frank Keil, quien además confiesa que cuando no dispuso de internet durante días a causa de un huracán, tuvo la sensación de hacerse cada vez más estúpido.   

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25 mar 2015

¿Qué dice tu cara sobre tu personalidad y tu salud?

El rostro de una mujer bonita
Una ventana a los secretos más ocultos..

Desde pequeños nos han enseñado a no juzgar un libro por su portada. Y esto se ha hecho más relevante desde que los psicólogos vienen descubriendo que la cara es una ventana hacia nuestros secretos más ocultos.
Incluso si estás acostumbrado a poner cara de póquer, tus rasgos revelan información importante sobre tu personalidad, salud, inteligencia y sexualidad.
Así que cuando vemos el rostro de una persona, ¿qué nos dice?

La cara según los griegos

Los antiguos pensadores griegos estaban claramente preocupados por su apariencia, y por cómo ésta reflejaba el espíritu, al punto que Aristóteles y sus seguidores llegaron a desarrollar un manuscrito al respecto.
Cuenta el manuscrito que "el cabello suave indica cobardía y el grueso valor". La nariz ancha, como la del ganado, indicaba pereza. Los labios carnosos y sensuales eran vistos por los filósofos como una señal de locura, y les daba la impresión de ser un ano. Las personas de labios delgados eran percibidas como orgullosas, como leones.

La forma y el carácter

En nuestra época las reflexiones de los griegos se han llevado a otro plano.
"La idea es que nuestra biología, como los genes y los niveles hormonales, influye en nuestro crecimiento, y los mismos mecanismos también dan forma a nuestro carácter", explica Carmen Lefevre, de la Universidad de Northumbria, en Reino Unido.




Lefevre encontró que las personas con altos niveles de testosterona tienden a tener la cara más ancha y pómulos más grandes, así como también tienden a tener una personalidad asertiva, y algunas veces agresiva.
El vínculo entre la forma de la cara y la capacidad de ser una figura dominante es sorprendentemente generalizado: mientras más ancha es la cara, mayor es el rango en la jerarquía del grupo.
Keith Welker, de la Universidad de Boulder, en Estados Unidos, recientemente demostró que el promedio del ancho y el largo de la cara de los jugadores de la Copa Mundial de Futbol del 2010 permitían predecir tanto el número de faltas que cometerían los mediocampistas como los goles de los delanteros.
Para hacer esta medición puedes comparar la distancia entre las orejas con la distancia entre el tope de tus ojos (debajo de las cejas) y tu labio superior. La proporción promedio es de dos (el ancho es el doble del alto). Como referencia incluimos una foto de Abraham Lincoln que tenía una proporción de 1,93.



Abraham Lincoln con la proporción ancho-alto del rostro dibujada
Lincoln se acercaba al promedio del rostro, con dos veces más ancho que largo.

Mejillas regordetas

Como te podrás imaginar, tu salud y tu historial médico también se encuentran descritos detalladamente en la superficie de tu cara.
La cantidad de grasa en el rostro indica claramente tu condición física, incluso mejor que indicadores como índice de masa corporal.




Aquellos con caras delgadas son menos propensos a sufrir de infecciones, y cuando las tienen, la enfermedad es menos severa que en otras personas. También tienden a padecer menos de depresión o ansiedad, probablemente porque la salud mental está usualmente vinculada con la condición física en general.
Para Benedict Jones, de la Universidad de Glasgow, en Escocia, hay que tener un nuevo entendimiento del papel de la grasa en el cuerpo humano.
"Qué tan sano estás no tiene que ver con cuánta grasa tienes en tu cuerpo, sino dónde tienes esa grasa", explica Jones.
En su opinión, las personas con figura de pera, con mayor peso en las caderas y el trasero pero con torsos planos, tienden a ser más saludables que los que parecen manzanas, con cauchos de repuesto alrededor de la barriga.
Esto se debe a que el tejido adiposo alrededor del pecho libera moléculas inflamatorias que pueden afectar órganos vitales.



Una persona inflando un globo
Es posible que la amplitud de tu cara revele acumulación de grasa en las áreas más dañinas

Es posible que la amplitud de tu cara revele acumulación de grasa en las áreas más dañinas, opina Jones, o de hecho, puede ser que tener grasa en la cara sea en sí peligroso por alguna razón.

El color importa

Además de los rasgos mencionados, el color de tu rostro también revela secretos sobre qué tan saludable estás.
Tanto Jones como Lefevre enfatizan que esto no tiene que ver con el color de una raza, sino con tonos que pueden suministrar información sobre el estilo de vida.
Según Lefevre, se cree que una persona es muy saludable si tiene un leve tono dorado en la piel. Los pigmentos llamados carotenoides pueden encontrarse en vegetales y frutas, y contribuyen a fortalecer el sistema inmunológico.
"Cuando hemos comido suficiente, los carotenoides se acumulan en la piel y adquiere una tonalidad dorada. Los podemos exhibir porque no los hemos utilizado para combatir enfermedades", dice la investigadora.



Rostro sin broncear y bronceado
Cuando hemos comido lo suficiente la piel y hemos estado libres de enfermedad, los carotenoides se acumulan en la piel, que adquiere una tonalidad dorada.

De hecho, el brillo saludable contribuye significativamente con tu atractivo físico, mucho más que una visita a un salón para broncearse.
Por otra parte, una tonalidad rosada es una señal de buena circulación producto de un estilo de vida activo, e incluso puede ser una señal de la fertilidad de una mujer. Las investigaciones de Jones demuestran que ellas alcanzan un ligero rubor cuando se encuentran en el pico de su ciclo menstrual, quizás porque el estradiol, la hormona del sexo, hace que se dilaten los vasos sanguíneos en las mejillas.
Esto puede ser uno de los pequeños cambios que se suceden en la apariencia y el comportamiento de una mujer que, al juntarse, hacen que se vea más atractiva cuando es más propensa a quedar embarazada.

Genes y personalidad

Nuestra apariencia es mucho más que huesos y color de piel. Y para corroborar esta idea, en un reciente estudio un grupo de científicos pidieron a unos voluntarios que vistieran sus ropas favoritas, y que luego se tomaran una foto de la cara.




Aun cuando la ropa no era visible en la foto, jueces imparciales consideraron que se veían más atractivos que en otras fotos de los participantes.
El resultado es más impactante si se tiene en cuenta que les pidieron mantener expresiones faciales neutras. De alguna manera, su autoestima repotenciada salió a relucir.
Nuestras caras no solo son producto de la biología. No podemos cambiar nuestros genes o nuestras hormonas, pero si cultivamos nuestra personalidad y sentido de autoestima, pueden ser el espejo de cosas más importantes.


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