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16 ene 2020

Más que dioses

No es difícil ser más que los dioses que creó la imaginación de nuestra infancia cultural, hacer realidad las promesas de nuestras fantasías de seres superpoderosos. Lo difícil es ser mejores que nosotros mismos día a día.



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23 feb 2018

Nuestras manos y pies


Traducimos el inicio del artículo "From four hands to two feet" de Tetsuro Matsuzawa en la revista Primates (link), tal y como ha sido publicado en un tweet por‏ @SteveStuWill. La traducción rápida y simple.

Acerca de ese error común en el que se representa la evolución humana como una historia en la que ponerse de pié permitió el desarrollo de las manos, y estas supusieron el "boom" de nuestra inteligencia.

Cleo muestra su pie cual Bruce Lee

"Hay una creencia común e ingenua con respecto a la evolución humana: suele representarse como animales cuadrúpedos que se ponen de pie, de forma que liberan dos de sus extremidades de la tarea de locomoción, dando lugar así a dos manos para manipular objetos, resultando eventualmente en un uso de herramientas muy avanzado y un agrandamiento cerebral. Pero esto es incorrecto en lo que respecta a la evolución de los primates. La interpretación correcta es la siguiente. Los antepasados comunes de todos los mamíferos de hoy eran pequeños mamíferos terrestres con cuatro patas. El antepasado común para todos los primates se movía por las copas de los árboles y esto le llevó a desarrollar cuatro manos. Esta fue una adaptación a la vida arbórea; las cuatro manos le permitían el agarre eficiente de ramas y troncos. Después de eso, nuestros antepasados dejaron los árboles para comenzar a caminar largas distancias a través de la tierra. Así, creamos dos pies a partir de cuatro manos"

Tetsuro Matsuzawa



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29 sept 2017

Historias íntimas de los genes

Los genes no contienen planos son como recetas (Dawkins)
el gen
 Hola:
Soy u…no de tus genes, no im….porta cual, soy la míni…ma cantidad de materia que ….contiene información. Habi….to en una molécula muy grande conocida con el nombre de ADN y que tie…ne una forma muy curiosa: una doble hé….lice enroscada en sí misma y que se encuentra en los cromo….somas, que en nuestra especie son 46, 44 autosomas y dos cromo…somas sexuales XY.
Todos tus genes están empare….jados, contenemos dos co….pias de cada gen, puesto que somos una especie diploide y hereda….mos una parte de nuest…ro padre y otra serie de nuestra ma…dre. Todos están emparejados excepto el cromos…oma Y determinante de la mascul…inidad y que afecta a mi hermano SRY, el gen responsable de construir fetos varones.
Un gen es como la sucesión de perlas de un co…llar, cada perla es un nucle…otido y cada tres nucleotidos dirigen la genesis de un amino …acido. Otras perlas no hacen nada cono..cido y algunas de ellas componen un gen, siendo los puntos suspensivos…..intrones.
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26 abr 2017

La Evolución de la Teodependencia

"Argumentar con una persona que ha renunciado a la 

lógica, es como dar medicina a un hombre muerto" 

Thomas Paine.

                       Habiendo miles de millones de creyentes en dioses en este planeta, resulta que convertir a uno de ellos en ateo es una misión imposible, pero ¿Por qué razón es imposible convertir un creyente en dios a ateo? Veamos el origen de la teodependencia y porqué está tan arraigada esa necesidad de dioses.

                     He acuñado la palabra teodependiente para describir a una persona que cree y necesita a cuando menos un dios en su vida.

                    Entendemos por instinto de supervivencia a todas esas acciones automáticas que nos permiten continuar vivos o sobrevivir en este planeta. 
 
                    El término evolución significa desarrollo o desenvolvimiento, la transformación gradual de un estado a otro. La evolución del ser humano lo ha llevado al perfeccionamiento físico, pero además conlleva un rasgo intelectual genético, fundamental en la supervivencia, EL TEMOR, por lo tanto el temor o el miedo a la muerte son emociones innatas que activan y disparan al instinto de supervivencia.

                    En un principio los seres humanos vivían en cuevas en donde la competencia por la supervivencia era extrema, al grado que los más débiles como ancianos mujeres y niños se quedaban en la cueva y los demás salían a cazar para alimentar al grupo. En estas excursiones diarias para conseguir alimento se enfrentaba a la muerte y se producían bajas, ante estas bajas el temor se transformaba en miedo y entonces solo unos cuantos cuyo temor era menor salían a cazar, porque eran los más audaces y valerosos, pero los que se quedaban tenían mucho más probabilidades de sobrevivir con esta estrategia de supervivencia de estar menos expuestos a los riesgos de la cacería, así fue aumentando lentamente una generación de personas con un mayor rasgo intelectual genético de temor, pero el temor no solo se circunscribía a los animales de cacería, sino también a los depredadores, rayos, fuego, enfermedades, accidentes, lluvias torrenciales y desastres naturales, etc. a los cuales se les adjudicaba un dios que los producía y al que debían venerar u honrar e incluso ofrecer sacrificios humanos para evitar su terrible furia, de esta manera cambiaban la dependencia de los valerosos del grupo a una dependencia de un ser imaginario, esto es teodependencia. 

                    Desgraciadamente la generación de personas con un bajo nivel de temor o con un alto nivel de valor quedó en una minoría respecto a los que tenían un alto nivel de temor y en la época de la Grecia Antigua se les llamó ATEOS, porque su valor superaba su temor y esto les permitía vivir sin dioses de ningún tipo. Una consecuencia o implicación inevitable de este origen o génesis de esta evolución, es que también resulta imposible para los ateos el que se puedan convertir en teodependientes, por esa razón es imposible que a un ateo lo puedan convencer para tener un dios, quedando así marcada la diferencia y su condición de ateos o teodependientes para toda la vida. Eso explica el porqué a pesar de la poderosa red de comunicación de Internet, los intentos de convencerse entre ateos y creyentes es infructuoso.

En la actualidad se estima que solo el 4% de la población mundial, es decir una de cada 25 personas puede vivir sin dioses, es decir son los ateos. Así mismo, el 80% de la población son teodependientes .


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7 mar 2017

EL GEN EGOISTA

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué demonios hacemos aquí? Este vídeo de animación te lo explica en menos de tres minutos


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10 dic 2016

Evolución y urbanismo

evolution_projectUno de los más grandes errores de los creacionistas es objetar que como las especies, sus órganos y tejidos junto con todos sus intrincados mecanismos biológicos son altamente complejos, por tanto no han podido surgir de la mera autoorganización de la materia siguiendo unas leyes básicas más que simples.
Y por supuesto estas personas cometen un grave olvido, y es el de suponer que en la larga y compleja senda de la vida sobre la Tierra las ballenas, las secuoyas, el penetrante ojo de un halcón, la habilidad motora de los octópodos y el resto de maravillas biológicas que ha desplegado la Naturaleza han aparecido de golpe cuando, como muy bien ilustra el caso del más que llamativo ejemplo de la visión, el largo proceso comenzó de la manera más simple, con una humilde bacteria que cuando desarrolló la capacidad de detectar la presencia de unos pocos fotones y así poder orientarse hacia la luz se disparó, gracias a la parsimoniosa pero más que constante selección natural, todo un tortuoso y nunca terminado proceso que culminó miles de millones de años después en esas maravillas orgánicas capaces de detectar la luz ultravioleta o de distinguir el ligero movimiento de un presa en una noche más que oscura como muy didácticamente nos enseña David Attenborough en este breve video.



Quizás para que los no expertos empiecen a entender el proceso evolutivo un buen símil sería el del urbanismo. Si alguien comenta que no entiende como una ciudad como Madrid, Paris, Buenos Aires, Lima o el distrito federal de México ha llegado a contar con millones de habitantes que viven y trabajan en cientos de miles de edificios conectados entre sí por calles y avenidas, con sus semáforos, aceras, farolas y paradas de autobús simplemente hay que recordarle que estas grandes urbes no aparecieron de la nada en un par de semanas, sino que son el resultado de cientos de años de continuos y muchas veces imperceptibles cambios desde unos más que humildes inicios, cuando unos cuantos aventureros decidieron establecerse en la orilla de un rio y construir lo que inicialmente era poco más que un puñado de cabañas de madera y paja erigidas sobre un minúsculo terreno recién desbrozado de árboles y matojos, y que tras arduos esfuerzos (unas veces fructíferos pero otras muchas totalmente infructuosos cuando no directamente disparatados) de generaciones y generaciones de seres humanos, poco a poco el poblacho empezó a crecer sin orden ni concierto y sin por supuesto guía urbanística alguna para acabar teniendo palacios y catedrales, rascacielos y puentes, kilómetros y kilómetros de vías terrestres y hasta subterráneas, con un subsuelo lleno de una maraña de tuberías y cables y el resto de las más variadas y complejas estructuras que nadie realizó en su totalidad y que muchas veces ni los mismos que comenzaron algunas de sus partes llegaron a conocer su finalización. Ciudades por otra parte que ni ayer, ni hoy ni nunca estarán completamente terminadas porque seguirán cambiando por los siglos de siglos en una constante y perpetua remodelación sin principio ni final, creándose lentamente nuevas funciones y espacios pero siempre constreñidos por la propia estructura y características previas de esa misma ciudad.


Pues en algo parecido se podría resumir el fenómeno evolutivo: la acumulación de pequeños y grandes cambios (muchos de los cuales acabaron simplemente en callejones sin salida) a lo largo de los eones cuya propiedad clave fue que cada uno de ellos permitiera en su momento sobrevivir y sacar partido reproductor a los primeramente más que simples seres unicelulares que bajo la inexorable selección natural pudieron llegar a colonizar todos los ambientes de este inmenso planeta, desde la más profundas fosas abisales hasta los más remotos desiertos y montañas y diversificarse de la manera más increíble en multitud de formas, que dieron como resultado final la casi infinita variedad biológica que todavía en la actualidad ni siquiera hemos llegado a catalogar de manera científica en su totalidad estos tan particulares monos bípedos, simples primates con poco pelo y mucha cabeza, que acabamos de incorporarnos hace un instante geológico al gran teatro de la vida que lleva representándose desde el principio de los tiempos en este insignificante pero a la vez más que sorprendente planeta llamado Tierra.


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29 oct 2016

La revolución científica del desconocimiento

cienciaLa revolución científica no ha sido una revolución de conocimiento sino de ignorancia
Después de varios siglos, en donde la ciencia ha transformado radicalmente nuestro mundo y ha expandido la visión de la Humanidad hasta límites insospechados, cualquiera podría afirmar sin temor a equivocarse que en la actualidad vivimos en la era del conocimiento. Sin embargo, analizada desde un punto de vista más profundo, la realidad es que la revolución científica es más bien la revolución de la ignonancia.
El historiador Yuval Harari explica muy didácticamente esta aparente paradoja en un capítulo de su más que interesante libro “Sapiens”:
La revolución científica no ha sido una revolución del conocimiento. Ha sido, sobre todo, una revolución de la ignorancia. El gran descubrimiento que puso en marcha la revolución científica fue el descubrimiento que los humanos no saben todas las respuestas a sus preguntas más importantes.
Las tradiciones premodernas del conocimiento, como el islamismo, el cristianismo, el budismo y el confucianismo, afirmaban que todo lo que era importante saber acerca del mundo ya era conocido.
Los grandes dioses, o el único Dios todopoderoso, o los sabios del pasado, poseían la sabiduría que lo abarca todo, que nos revelaban en escrituras y tradiciones orales. Los mortales comunes y corrientes obtenían el saber al profundizar en estos textos y tradiciones antiguos y comprenderlos adecuadamente. Era inconcebible que la Biblia, el Corán o los Vedas fallaran en un secreto crucial del universo, y que este pudiera ser descubierto por criaturas de carne y hueso.
Las antiguas tradiciones del conocimiento solo admitían dos tipos de ignorancia. Primero, un individuo podía ignorar algo importante. Para obtener el conocimiento necesario, todo lo que tenía que hacer era preguntar a alguien más sabio. No había ninguna necesidad de descubrir algo que nadie sabía todavía. Por ejemplo, si un campesino de alguna aldea de la Castilla del siglo XIII quería saber cómo se originó la raza humana, suponía que la tradición cristiana poseía la respuesta definitiva. Todo lo que tenía que hacer era preguntarle al sacerdote local.
Segundo, toda una tradición podía ser ignorante de cosas sin importancia. Por definición, todo lo que los grandes dioses o los sabios del pasado no se preocuparon de decirnos carecía de importancia. Por ejemplo, si nuestro campesino castellano quería saber de qué manera las arañas tejen sus telarañas, no tenía sentido preguntarlo al sacerdote, porque no había ninguna respuesta a esta pregunta en ninguna de las Escrituras cristianas. Esto no significaba, sin embargo, que el cristianismo fuera deficiente. Significaba más bien que comprender de qué manera las arañas tejen sus telarañas no era importante. Después de todo, Dios sabía perfectamente bien la manera en que las arañas lo hacen. Si esta fuera una información vital, necesaria para la prosperidad y la salvación humanas, Dios hubiera incluido una amplia explicación en la Biblia. El cristianismo no prohibía que la gente estudiara las arañas. Pero los estudiosos de las arañas (si acaso había alguno en la Europa medieval) tenían que aceptar su papel periférico en la sociedad y la irrelevancia de sus hallazgos para las verdades eternas del cristianismo. Con independencia de lo que un estudioso pudiera descubrir acerca de las arañas, o las mariposas, o los pinzones de las Galápagos, este conocimiento era trivial, sin relación con las verdades fundamentales de la sociedad, la política y la economía.
En realidad, las cosas no eran nunca tan sencillas. En cualquier época, incluso las más piadosas y conservadoras, hubo personas que argumentaron que había cosas importantes que toda su tradición ignoraba. Pero estas personas solían ser marginadas o perseguidas, o bien fundaron una nueva tradición y empezaron a afirmar que ellos sabían todo lo que hay que saber. Por ejemplo, el profeta Mahoma inició su carrera religiosa condenando a sus conciudadanos árabes por vivir en la ignorancia de la divina verdad. Pero el propio Mahoma muy pronto empezó a decir que él conocía toda la verdad, y sus seguidores empezaron a llamarle «el sello de los profetas». A partir de ahí, no había necesidad de revelaciones más allá de las que se habían dado a Mahoma.
La ciencia moderna es una tradición única de conocimiento, por cuanto admite abiertamente ignorancia colectiva en relación con las cuestiones más importantes. Darwin no dijo nunca que fuera «El sello de los biólogos», ni que resolviera el enigma de la vida de una vez por todas. Después de siglos de extensa investigación científica, los biólogos admiten que todavía no tienen una buena explicación para la manera en que el cerebro produce la conciencia. Los físicos admiten que no saben qué causó el Big Bang, o cómo reconciliar la mecánica cuántica con la teoría de la relatividad general.
En otros casos, teorías científicas en competencia son debatidas ruidosamente sobre la base de nuevas pruebas que aparecen constantemente. Un ejemplo básico son los debates acerca de cómo gestionar mejor la economía. Aunque individualmente los economistas pueden afirmar que su método es el mejor, la ortodoxia cambia con cada crisis financiera y con cada burbuja del mercado de valores, y se acepta de manera general que todavía tiene que decirse la última palabra en economía.
En otros casos, las teorías concretas son respaldadas de manera tan consistente por las pruebas de que se dispone que hace tiempo ya que todas las alternativas han sido descartadas. Dichas teorías se aceptan como ciertas, pero todo el mundo está de acuerdo en que, si aparecieran nuevas pruebas que contradijeran la teoría, esta tendría que revisarse o desestimarse. Un ejemplo de ello son las teorías de la tectónica de placas y de la evolución.
La buena disposición a admitir ignorancia ha hecho que la ciencia moderna sea más dinámica, adaptable e inquisitiva que cualquier otra tradición previa de conocimiento. Esto ha expandido enormemente nuestra capacidad de comprender cómo funciona el mundo y nuestra capacidad de inventar nuevas tecnologías.

9 sept 2016

Infinitude, el vídeo de la evolución del universo

Infinitude, un vídeo artístico de Scott Portingale:

"Una meditación sobre la evolución cósmica de la materia y la energía.
Se ha utilizado técnicas como time-lapse y fotografía de stop-motion y alta velocidad para filmar elementos hechos a mano, dinámica de fluidos y momento angular.
Infinitude es un proyecto artesanal para reflejar el crecimiento exponencial de la complejidad del cosmos".



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31 ago 2016

Todo lo que se nombra existe

Si el universo es infinito, ¿existen caballos voladores como Pegaso y niños de madera como Pinocho?




Si el universo fuera infinito y homogéneo, la materia agotaría sus posibilidades combinatorias y las repetiría sin fin. La perogrullada filosófica “todo lo que es, es posible” sería cierta también a la inversa: “todo lo que es posible, es”, y además es infinitas veces. Pero ¿tenemos claro lo que es posible y lo que no? Nos preguntamos a veces si podría haber caballos voladores como Pegaso, niños de madera como Pinocho…
No es verosímil que la evolución produzca caballos voladores en un planeta parecido a la Tierra, con una atmósfera y una gravedad similares a las nuestras, ya que desarrollar alas no sería una ventaja evolutiva para los caballos, sino todo lo contrario, puesto que no podrían volar. Menos verosímil aún es que aparezcan espontáneamente niños de madera. Sin embargo…
Entonces el viento sopló con fuerza y abrió las ventanas de la casa, se apagaron los candiles y una bella mujer vestida de rojo apareció en la puerta y dijo: “Todo lo que se nombra existe”. La bella mujer vestida de rojo es la diosa vasca Mari, y con su sobrecogedora sentencia termina un cuento tradicional sobre un niño que asegura haberla visto y al que nadie cree.
No es verosímil que la evolución produzca caballos voladores en un planeta parecido a la Tierra, con una atmósfera y una gravedad similares a las nuestras
Lo que no se nombra no existe, dice George Steiner. Pero ¿existe todo lo que se nombra, como afirma categóricamente la diosa Mari? Por una vez, el pensamiento mágico confluye con el racionalismo más estricto, pues nada menos que el gran apóstol literario de la ciencia, Jules Verne, dijo que todo lo que una persona puede imaginar, otras pueden hacerlo realidad.
Volviendo a nuestro Pegaso, no es verosímil que un caballo con alas surja de la mera evolución, pero sí de la ingeniería genética. Y podría volar, bajo una gigantesca cúpula, en un parque temático construido en la Luna, donde la gravedad es seis veces menor que en la Tierra. Unas personas lo imaginaron hace tres mil años y otras podrían hacerlo realidad en un futuro no muy lejano.
Y si Collodi imaginó un niño de madera y nosotros podemos discutir sobre su existencia, no es imposible que un Gepetto dotado de instrumentos más sutiles que la gubia y el formón pueda engendrarlo algún día, o lo haya engendrado ya en un planeta similar al nuestro pero más avanzado tecnológicamente.

¿Dónde está el límite?

Si hubiera múltiples universos regidos por distintas leyes, en principio, nada sería imposible (¿o sí?). Pero en el marco de nuestro universo y de sus leyes tal como las conocemos, ¿dónde está el límite de lo posible? ¿Qué es lo que podemos asegurar que no existe, aunque el universo sea infinito?
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23 jul 2016

Costumbres innatas y adquiridas


Muchas veces no somos capaces de saber si algo nos gusta de forma innata o de forma adquirida. Una vez que lo hemos asimilado nos cuesta diferenciar las cosas y pensamos que si algo nos gusta a nosotros tiene que gustar a todo el mundo. Y una de las costumbres que ha ido evolucionando con el tiempo ha sido las relaciones matrimoniales y sexuales.


Determinar cuál de los hábitos que tenemos es adquirido y cuál es innato no es fácil. Por ejemplo, un niño no necesita desarrollar gusto por la leche, el agua o los caramelos, ya que automáticamente lo recibe como algo placentero. Podríamos preguntarnos, ¿es innata la forma que tenemos de hacer parejas o es una costumbre adquirida? ¿son innatas nuestras costumbres sexuales?

Las expresiones del amor han ido cambiando a lo largo de la historia. Durante muchos años la mayor parte de los matrimonios se acordaban entre familias por razones prácticas, aunque también ha habido algunos casos  de romanticismo. Sucede que el amor romántico no tenía aceptación social y fue así hasta el siglo XII. En aquel momento, las relaciones románticas se daban entre un hombre soltero y una mujer casada.

Y no sólo han cambiado las relaciones matrimoniales, sino también los gustos sexuales. No los tenemos programados, como pudiera parecer, sino que han ido cambiando a lo largo de la historia. Todos conocemos las bellezas de Rubens: hoy diríamos que eran gordas. Por otro lado, la fotografía central de la revista Playboy también ha cambiado: al principio eran modelos voluptuosas y hoy día son totalmente diferentes. También en este aspecto cabe destacar que está influido por la la cultura y la experiencia que son adquiridos, no innatos.

Hoy día tenemos perfumes y aromas sintéticos para enmascarar nuestros olores personales, pero en la Inglaterra isabelina las parejas de enamorados sentían tal atracción por sus olores corporales respectivos que era habitual que una mujer llevara una manzana pelada bajo la axila hasta que ésta se hubiera impregnado de su sudor y su aroma. Entonces hacía entrega de esta manzana del amor a su amante, que la olía en su presencia.

Se dice que al finalizar Napoleón Bonaparte una campaña envió un mensaje a su mujer Josefina antes de llegar: “No te laves que llego”.

Todavía hoy día hay situaciones extrañas para nosotros. La orina de vaca es empleada por los masai de África Oriental como loción para el cabello. Cabe destacar la importancia que tiene la vaca en esa cultura.

La pornografía también parece algo puramente instintivo, pero si eso fuera así siempre sería la misma. Hace 30 años el porno consistía en mostrar de forma explícita el acto sexual entre una pareja mostrando sus genitales. Entonces se decía que era “porno duro”. Y realmente lo era hace unas décadas, pero hoy día diríamos que es “porno blando”.

Así que hemos de pensarlo dos veces antes de afirmar que algún hábito que tengamos lo hagamos porque es innato o sea adquirido.

Norman Doidge, El cerebro se cambia a sí mismo.


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11 may 2016

Epistemología evolucionista

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Antes de nada, tenemos tres posturas sobre el origen evolutivo de la mente:
  1. La mente como fruto de la evolución constituye una adaptación al medio. Grave problema: podemos explicar nuestro conocimiento y forma de actuar ordinarias, pero nos sería muy difícil explicar el conocimiento avanzado (el científico) ¿Descubrir las ondas gravitacionales es algo que va a aumentar claramente la eficacia biológica de sus investigadores? Tener un gran conocimiento del mundo a escala mesoscópica parece una gran adaptación pero, ¿para qué a escala cósmica o microscópica? En fin, que si parece que es más fácil y económico conseguir el éxito reproductivo en una discoteca que en un acelerador de partículas… ¿para qué un acelerador de partículas?
  2. La mente es un efecto colateral o epifenómeno de otras adaptaciones al medio. Problema: parece que gran parte de las habilidades cognitivas de un sujeto sí que son adaptaciones… ¿no sería un tanto extraño que la evolución hubiera premiado tanto tener un cerebro tan grande si no tuviera utilidad adaptativa alguna?
  3. La mente es algo bastante complejo y chapucero (realmente son muchas cosas) por lo que contendrá adaptaciones y efectos colaterales de esas adaptaciones y de otras que no tendrán nada que ver con la mente. Problema: es muy difícil diferenciar qué es una adaptación, qué lo fue y ya no lo es, qué lo fue pero ahora lo sigue siendo aunque para otra cosa, etc, etc. No obstante, es el camino a seguir. Ingeniería inversa, historia biológica y adelante.
Aceptando 3, llegamos a tres nuevas posturas con respecto al conocimiento:
  1. Realismo: La mente como fruto de la evolución nos proporciona un conocimiento, cómo mínimo, lo suficientemente válido para que hayamos podido sobrevivir. El argumento clásico a favor es decir que si no conociéramos correctamente el mundo no hubiéramos sobrevivido como especie. Parece evidente que si confundes un depredador con una presa, poco durarás en la lucha por la supervivencia. Además, habría cierta evidencia empírica a favor, a saber, comprobar que, en general, tanto nuestros sistemas perceptivos como de toma de decisiones (tanto a nivel consciente como inconsciente) suelen acertar. A pesar de cometer errores, solemos movernos bastante bien en nuestro entorno. Problema: realmente, para sobrevivir, no hace falta tener una información ni completa ni siquiera fidedigna de la realidad (ahora veremos en qué sentido), tan solo la que sea útil para sobrevivir.
  2. Ficcionalismo: La mente como fruto de la evolución nos proporciona un conocimiento fundamentalmente falso acerca de la realidad porque, en general, la mentira es más rentable que la verdad.  Por ejemplo, suele argüirse que las religiones o los patriotismos nacionalistas son teorías falsas que sirven muy bien para cohesionar un grupo y, en consecuencia, mejorar las posibilidades de supervivencia de sus miembros. Problema: la evidencia parece ir al lado contrario: a pesar de que la mentira pudiese ser rentable en casos puntuales, más rentable será la verdad.  No obstante, entendiendo el ficcionalismo tal y como lo entiende Nietzsche, en el sentido de que el conocimiento no es verdadero ni falso, sino como algo diferente, un instrumento al servicio de la vida, es decir, una especie de ficción útil, la cosa no va tan desencaminada y nos lleva a una tercera opción…
  3. Pragmatismo: La mente como fruto de la evolución nos proporciona un conocimiento, únicamente, útil para sobrevivir. Parece una imperdonable pérdida de recursos diseñar organismos para conocer toda la realidad. Y, en este sentido, parece más económico hacer un sistema simbólico que impulse a pautas de acción adecuadas para la supervivencia que un sistema que replique la totalidad de lo real. Por ejemplo, parece más barato tener una luz roja que se encienda cuando hay peligro, como puede ser el dolor de garganta ante una infección vírica, que no  un informe detallado de todos y cada uno de los millones de virus presentes en la faringe. El dolor no tiene ninguna similitud, no tiene parecido alguno a un virus y, sin embargo, de un modo biológicamente barato (no hay un gran procesamiento de información) me informa de la presencia del patógeno (o, al menos, de que algo va mal) y, además, me impulsa con mucha urgencia a hacer lo posible por reducirlo.
El pragmatismo, no obstante, tiene que hacer cierta concesión al realismo. Si seguimos con el ejemplo del dolor de garganta, el símbolo “dolor” debe activarse tras la detección veraz de la amenaza, es decir, realmente deben existir virus en mi garganta. Mi organismo, en un principio, debe percibir correctamente lo que le pasa para que “la transformación simbólica” tenga sentido evolutivo.  Aunque a mi consciencia solo llegue un símbolo sin relación alguna con la realidad, mi organismo tiene que “conocer” o interactuar de algún modo con lo real para que tenga sentido mandar la información simbólica.
Objeción: ¿no parece que la cantidad de información que manejamos es muchísimo más alta que la necesaria para la eficacia biológica? El impresionante detalle con la que se nos presenta la información visual… ¿para qué tanta? ¿No hay una enorme inflación informacional?
Posible respuesta 1 : en la clásica carrera armamentística entre organismos luchando por sobrevivir, se perfeccionaron los sistemas perceptivo-cognitivos mucho más de lo que, a priori, pueda parecernos necesario. Si quiero transmitir mis genes, compito con otros, por lo que tanto al combatir con ellos como al competir por pareja he de ser el mejor, por lo que no hay techo en la mejora de cualquiera de mis facultades.
Pero no nos convence: ¿realmente otorga ventaja con mis competidores la nitidez  y riqueza de detalles con la que contemplo la realidad? ¿Qué ventaja me da ante otro tipo con el que me peleo por una hembra distinguir tres tonos de rosa más que él? Está muy bien saber calcular un poquito para sobrevivir pero… ¿para qué sistemas de ecuaciones no lineales? Está muy bien tener visión espacial pero… ¿resolver un cubo de Rubik? Está muy bien tener buena memoria pero… ¿memorizar más de cien mil dígitos de pi?
Posible respuesta 2: Como dijimos al principio de la entrada, mucho de este excedente podría deberse a efectos secundarios de adaptaciones. Por ejemplo, si tengo facultad para imaginar diversos futuros alternativos para escoger la mejor planificación de una acción determinada, también podré imaginar mundos fantásticos sin ninguna utilidad.
Algo mejor pero nos sigue rechinado: parece que en algunos caso podría ser esa la causa pero parece mucha causalidad que, prácticamente, todas nuestras capacidades cognitivas sean muchísimo más avanzadas que lo necesario para sobrevivir y reproducirse: demasiado léxico, demasiada gramática, demasiado cálculo, demasiada imaginación, demasiada cultura…
Creo que la psicología evolucionista todavía no tiene una explicación sólida al excedente de facultades cognitivas propio del ser humano. Recuerdo una entrada en la que hablábamos de cómo el psicólogo Geoffrey Miller intentaba explicar el tema referido al lenguaje humano, y que, al igual que ahora, no nos terminamos de convencer.

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¿Por qué tenemos tan pocos hijos?

Si los niños fueran traídos al mundo por un acto de razón pura solamente, 
¿seguiría existiendo la raza humana?
- Arthur Schopenhauer

Lesley Newson plantea en este artículo de This View Of Life un asunto verdaderamente interesante que es el de la reducción de la natalidad prácticamente en todo el mundo, fenómeno que viene ocurriendo desde hace unos dos siglos y que se conoce por el nombre de transición demográfica. También la revista Philosophical Transactions of the Royal Society  ha dedicado un número entero al tema del descenso de la tasa de fertilidad en el mundo desde un punto de vista evolucionista. El problema sería explicar por qué no estamos utilizando toda la riqueza que estamos generando para tener más hijos. Tradicionalmente, las familias más ricas han tenido más hijos que las pobres y han invertido su riqueza en prole. Actualmente, como se comenta en uno de los artículos de la revista, los super-ricos sólo tienen medio hijo más de media que el resto de la gente. Aparentemente esto es contrario a lo que dice la teoría de la evolución y necesitamos una explicación de este fenómeno.

Lesley plantea que en siglos anteriores la gente ha luchado por mejorar su fitness (traduzcámoslo libremente por éxito reproductivo) pero que ahora ya no lo hace y dedica su tiempo a otras muchas cosas que no es criar hijos. Revisa algunas explicaciones que se han dado de este fenómeno y las descarta, explicaciones como las siguientes:

  • antes no había tecnología para el control de la natalidad
  • antes las mujeres estaban oprimidas y se las obligaba a tener hijos
  • la religión enseñaba que había que tener hijos
  • antes los hijos eran necesarios para el trabajo en la granja, eran mano de obra y un bien, ahora son un gasto.
  • antes la mortalidad infantil era mayor..

Creo que Lesley hace bien en descartar algunas de estas explicaciones (por ejemplo, el descenso de la natalidad es anterior a la píldora) pero se precipita en otras. De todos modos, y aún reconociendo que hay muchos interrogantes y puntos oscuros sin aclarar en este tema, creo que Newson es demasiado pesimista y que con lo que sabemos acerca de la selección natural y la evolución cultural tenemos algunas ideas generales de por donde pueden ir los tiros. Aunque estamos lejos de haber explicado el fenómeno por completo, creo que no es tan misterioso. Voy a señalar varios aspectos que a mi modo de ver nos acercan a un entendimiento del problema.

El punto clave puede ser la confusión entre causas próximas y causas últimas o entre objetivos proximales y objetivos últimos. Creo que Lesley se equivoca cuando dice que la gente antes se dedicaba a mejorar la fitness y ahora no. La gente nunca se ha dedicado a mejorar la fitness directamente (salvo excepciones). Son los genes los que buscan su reproducción pero los individuos han buscado sexo, estatus, mano de obra, cuidadores para la vejez, etc. El efecto secundario de eso era una tasa de fertilidad más alta pero los individuos nunca han buscado directamente la fitness. Y lo que ha ocurrido en los últimos siglos es una desconexión entre los objetivos proximales (sexo y estatus por citar dos de los más importantes) y los fines últimos (la reproducción). Es más complicado explicar esta desconexión y luego hablaremos de ello, pero la gente sigue buscando sus objetivos proximales, como siempre, sólo que ahora esos objetivos no llevan a un aumento de la reproducción.

Una causa evidente de la desconexión de la que hablo es la píldora anticonceptiva. Ahora podemos buscar el sexo sin que vaya unido a la procreación. Pero coincido con uno de los lectores que comentan en el artículo de Newson que un sospechoso principal de esta situación es el estatus. El ser humano, al igual que otros primates, es una criatura ávida de estatus. El estatus se asocia a disponer de mejores recursos, mejores parejas, etc. y secundariamente lleva al éxito reproductivo. Ancestralmente señalábamos estatus de muchas maneras: siendo buenos cazadores, buenos cooperadores o altruistas, etc. Debido a los cambios culturales que hemos experimentado parece que la manera principal de señalar estatus es por medio del consumo y de la acumulación de riquezas. Ahora señalamos estatus con la casa, el coche, el iPhone, los tacones altos, la carrera universitaria, el número de países que hemos visitado en vacaciones, el cuerpazo que hemos trabajado en el gimnasio, etc. Y ocurre que todas esas cosas son incompatibles con los hijos. Hemos entrado en una especie de “carrera de armamentos” sin fin en la que cada vez hay que tener mas cosas para estar a la altura de los amigos y vecinos y nadie quiere ser menos que los demás. A este fenómeno se le llama “conspicuous consumption” (consumo ostentoso) y ya tiene antecedentes en época pre-industrial en lugares como Hawai y la Polinesia donde los jefes de tribu competían por ser el más generoso y hacer la fiesta más caras y costosas para sus súbditos  para demostrar así su prestigio.

Este problema es más claro en el caso de las mujeres. Quedarse en casa y criar hijos es algo que la sociedad, y las propias mujeres, valoran mucho menos que tener un trabajo o una carrera profesional y las mujeres se están encontrando con el problema de que perseguir una cosa implica renunciar a la otra. Todo nuestro estilo de vida y nuestro sistema económico hace que los hijos sean costosos, especialmente para las mujeres. Tan costosos que mucha gente no puede permitírselos. En las condiciones económicas actuales es muy complicado comprarse un piso y tener hijos. Si hacemos unas cuentas muy básicas vemos que los números para tener hijos no salen.

Una segunda explicación evolucionista puede venir de la mano de la llamada Life History Theory. Podemos tener muchos hijos e invertir poco en ellos o podemos tener pocos hijos e invertir mucho en ellos. Está claro que está ocurriendo lo segundo aunque la causa puede ser más oscura, de los hijos hoy en día ya no sólo esperamos que estudien una carrera sino también masters, varios idiomas, etc. y no salen al mundo hasta los 30 años. La explicación tradicional para escoger una de las dos estrategias es que el ambiente sea más o menos predecible. Cuando el ambiente no es predecible se aumenta la descendencia y se invierte menos en ella mientras que si es más seguro y predecible se reduce la descendencia y se invierte más. Creo que los datos de los últimos siglos indican un ambiente más predecible (por lo menos en Occidente). Desde la revolución industrial ha ido mejorando el acceso de la población a comida, servicios de salud, educación, servicios sociales, etc. así como una mayor estabilidad política y social en general. 

Por último, para explicar este desajuste entre las conductas próximales que eran adecuadas en un ambiente ancestral y no lo son ahora tenemos el concepto de estímulo supernormal, de Tinbergen. Es el caso de pintar unos huevos de color más azul que los huevos reales de una especie de pájaros y éstos se dedican a incubar esos huevos falsos en vez de sus propios huevos. Estamos rodeados de estímulos supernormales: los donuts de chocolate, la pornografía, programas de TV como Gran Hermano. En el caso que estamos hablando el estímulo supernormal puede ser el estatus, el trabajo y su consideración económica y social. Pero en el futuro puede que nos esperen otros como los robots sexuales. Podría ocurrir que unos robots sexuales muy atractivos capaces de ofrecernos no sólo placer sexual sino  cariño emocional sean más atractivos para la gente que las personas de verdad, y eso también llevaría a una reducción de la fertilidad.

Bueno, es un tema para debatir largo y tendido pero mi apuesta va por una desconexión entre los objetivos proximales y distales producida por el cambio cultural (un conflicto genes-memes), con el resultado de que los objetivos proximales están ganando la partida a los distales. El que quiera aportar sus puntos de vista puede hacerlo en los comentarios.

@pitiklinov


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