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11 may 2016

¿Por qué tenemos tan pocos hijos?

Si los niños fueran traídos al mundo por un acto de razón pura solamente, 
¿seguiría existiendo la raza humana?
- Arthur Schopenhauer

Lesley Newson plantea en este artículo de This View Of Life un asunto verdaderamente interesante que es el de la reducción de la natalidad prácticamente en todo el mundo, fenómeno que viene ocurriendo desde hace unos dos siglos y que se conoce por el nombre de transición demográfica. También la revista Philosophical Transactions of the Royal Society  ha dedicado un número entero al tema del descenso de la tasa de fertilidad en el mundo desde un punto de vista evolucionista. El problema sería explicar por qué no estamos utilizando toda la riqueza que estamos generando para tener más hijos. Tradicionalmente, las familias más ricas han tenido más hijos que las pobres y han invertido su riqueza en prole. Actualmente, como se comenta en uno de los artículos de la revista, los super-ricos sólo tienen medio hijo más de media que el resto de la gente. Aparentemente esto es contrario a lo que dice la teoría de la evolución y necesitamos una explicación de este fenómeno.

Lesley plantea que en siglos anteriores la gente ha luchado por mejorar su fitness (traduzcámoslo libremente por éxito reproductivo) pero que ahora ya no lo hace y dedica su tiempo a otras muchas cosas que no es criar hijos. Revisa algunas explicaciones que se han dado de este fenómeno y las descarta, explicaciones como las siguientes:

  • antes no había tecnología para el control de la natalidad
  • antes las mujeres estaban oprimidas y se las obligaba a tener hijos
  • la religión enseñaba que había que tener hijos
  • antes los hijos eran necesarios para el trabajo en la granja, eran mano de obra y un bien, ahora son un gasto.
  • antes la mortalidad infantil era mayor..

Creo que Lesley hace bien en descartar algunas de estas explicaciones (por ejemplo, el descenso de la natalidad es anterior a la píldora) pero se precipita en otras. De todos modos, y aún reconociendo que hay muchos interrogantes y puntos oscuros sin aclarar en este tema, creo que Newson es demasiado pesimista y que con lo que sabemos acerca de la selección natural y la evolución cultural tenemos algunas ideas generales de por donde pueden ir los tiros. Aunque estamos lejos de haber explicado el fenómeno por completo, creo que no es tan misterioso. Voy a señalar varios aspectos que a mi modo de ver nos acercan a un entendimiento del problema.

El punto clave puede ser la confusión entre causas próximas y causas últimas o entre objetivos proximales y objetivos últimos. Creo que Lesley se equivoca cuando dice que la gente antes se dedicaba a mejorar la fitness y ahora no. La gente nunca se ha dedicado a mejorar la fitness directamente (salvo excepciones). Son los genes los que buscan su reproducción pero los individuos han buscado sexo, estatus, mano de obra, cuidadores para la vejez, etc. El efecto secundario de eso era una tasa de fertilidad más alta pero los individuos nunca han buscado directamente la fitness. Y lo que ha ocurrido en los últimos siglos es una desconexión entre los objetivos proximales (sexo y estatus por citar dos de los más importantes) y los fines últimos (la reproducción). Es más complicado explicar esta desconexión y luego hablaremos de ello, pero la gente sigue buscando sus objetivos proximales, como siempre, sólo que ahora esos objetivos no llevan a un aumento de la reproducción.

Una causa evidente de la desconexión de la que hablo es la píldora anticonceptiva. Ahora podemos buscar el sexo sin que vaya unido a la procreación. Pero coincido con uno de los lectores que comentan en el artículo de Newson que un sospechoso principal de esta situación es el estatus. El ser humano, al igual que otros primates, es una criatura ávida de estatus. El estatus se asocia a disponer de mejores recursos, mejores parejas, etc. y secundariamente lleva al éxito reproductivo. Ancestralmente señalábamos estatus de muchas maneras: siendo buenos cazadores, buenos cooperadores o altruistas, etc. Debido a los cambios culturales que hemos experimentado parece que la manera principal de señalar estatus es por medio del consumo y de la acumulación de riquezas. Ahora señalamos estatus con la casa, el coche, el iPhone, los tacones altos, la carrera universitaria, el número de países que hemos visitado en vacaciones, el cuerpazo que hemos trabajado en el gimnasio, etc. Y ocurre que todas esas cosas son incompatibles con los hijos. Hemos entrado en una especie de “carrera de armamentos” sin fin en la que cada vez hay que tener mas cosas para estar a la altura de los amigos y vecinos y nadie quiere ser menos que los demás. A este fenómeno se le llama “conspicuous consumption” (consumo ostentoso) y ya tiene antecedentes en época pre-industrial en lugares como Hawai y la Polinesia donde los jefes de tribu competían por ser el más generoso y hacer la fiesta más caras y costosas para sus súbditos  para demostrar así su prestigio.

Este problema es más claro en el caso de las mujeres. Quedarse en casa y criar hijos es algo que la sociedad, y las propias mujeres, valoran mucho menos que tener un trabajo o una carrera profesional y las mujeres se están encontrando con el problema de que perseguir una cosa implica renunciar a la otra. Todo nuestro estilo de vida y nuestro sistema económico hace que los hijos sean costosos, especialmente para las mujeres. Tan costosos que mucha gente no puede permitírselos. En las condiciones económicas actuales es muy complicado comprarse un piso y tener hijos. Si hacemos unas cuentas muy básicas vemos que los números para tener hijos no salen.

Una segunda explicación evolucionista puede venir de la mano de la llamada Life History Theory. Podemos tener muchos hijos e invertir poco en ellos o podemos tener pocos hijos e invertir mucho en ellos. Está claro que está ocurriendo lo segundo aunque la causa puede ser más oscura, de los hijos hoy en día ya no sólo esperamos que estudien una carrera sino también masters, varios idiomas, etc. y no salen al mundo hasta los 30 años. La explicación tradicional para escoger una de las dos estrategias es que el ambiente sea más o menos predecible. Cuando el ambiente no es predecible se aumenta la descendencia y se invierte menos en ella mientras que si es más seguro y predecible se reduce la descendencia y se invierte más. Creo que los datos de los últimos siglos indican un ambiente más predecible (por lo menos en Occidente). Desde la revolución industrial ha ido mejorando el acceso de la población a comida, servicios de salud, educación, servicios sociales, etc. así como una mayor estabilidad política y social en general. 

Por último, para explicar este desajuste entre las conductas próximales que eran adecuadas en un ambiente ancestral y no lo son ahora tenemos el concepto de estímulo supernormal, de Tinbergen. Es el caso de pintar unos huevos de color más azul que los huevos reales de una especie de pájaros y éstos se dedican a incubar esos huevos falsos en vez de sus propios huevos. Estamos rodeados de estímulos supernormales: los donuts de chocolate, la pornografía, programas de TV como Gran Hermano. En el caso que estamos hablando el estímulo supernormal puede ser el estatus, el trabajo y su consideración económica y social. Pero en el futuro puede que nos esperen otros como los robots sexuales. Podría ocurrir que unos robots sexuales muy atractivos capaces de ofrecernos no sólo placer sexual sino  cariño emocional sean más atractivos para la gente que las personas de verdad, y eso también llevaría a una reducción de la fertilidad.

Bueno, es un tema para debatir largo y tendido pero mi apuesta va por una desconexión entre los objetivos proximales y distales producida por el cambio cultural (un conflicto genes-memes), con el resultado de que los objetivos proximales están ganando la partida a los distales. El que quiera aportar sus puntos de vista puede hacerlo en los comentarios.

@pitiklinov


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18 dic 2015

Pasiòn o Extinciòn (dice la ciencia :-))

besopeques  Sin pasión, nos habríamos quedado en la cueva y la glaciación, o un oso, se habría tragado al último Homo Sapiens. Todos los vivos hoy, somos descendientes de innumerables pasiones que acabaron con éxito. A otros, también apasionados, les aplastó un mamut (probablemente) y no andan ahora preocupados por los regalos de Reyes.
Pero todos los nuestros son los ancestros que bajaron del árbol, dejaron la cueva y se quitaron los calcetines para cortejar a machos y hembras, lloviera o tronara, hasta encontrar pareja…  De ahí que 16 millones de personas en este planeta sean todas de la misma familia que el bárbaro Genghis Khan. Bárbaro, sí, cruel, también. Pero hacía el amor todas las noches (cuentan), lo que ha hecho que su ADN se expanda apasionadamente hasta nuestros días. Si uno solo de los antepasados de nuestra línea evolutiva hubiera dicho: “¡Uff, qué pereza!”… no estaríamos aquí.
Pero la pasión es como una peli en la que no sabes si el prota es bueno o malo. Apasionados bailamos tango; corremos un maratón; estudiamos una ingeniería; subimos a la Luna y bajamos… También, apasionados, pegamos puñetazos, lloramos hiel por el abandono, o perseguimos a un ex amante por cada red social enviándole restos moribundos de nuestros gatitos compartidos.
Buena, o mala, pero es la pasión lo que nos saca de la cama. A los humanos, y a los osos panda. Así lo muestras científicos del Meghan Martin-Wintle del Instituto de Conservación del Zoo de San Diego.“Los osos panda necesitan más pasión en su vida amorosa”, titula el Huffington Post. Eso, o se exinguen.
Los científicos encontraron que el plácido devorador de bambú se reproduce solo si se lo trabaja. Cuando el panda corteja, se muestra interesado por la hembra, y le echa pasión al flirteo, se reproduce. Cuando no lo hace, y se deja los calcetines puestos, pues el éxito reproductivo es 0. ¡¡La ciencia ha hablado!!

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16 abr 2014

La vida empieza con Juno e Izumo

Los investigadores describen por vez primera cómo el óvulo abre paso al espermatozoide


La clave de la fecundación está en dos proteínas


  Un espermatozoide humano intenta fecundar un óvulo  

El mecanismo inicial por el que un óvulo reconoce a un espermatozoide y le despeja el camino de entrada para ser fecundado dando lugar al estallido en cadena de reacciones bioquímicas que desemboca en la formación de una nueva vida (primero un cigoto, luego un embrión, más tarde un feto) ha dejado de ser un misterio para los investigadores.
Científicos del Wellcome Trust Sanger Institute describen por vez primera en Nature cómo el hasta ahora desconocido receptor Juno, que han encontrado en la superficie del óvulo, identifica a su ligando en la capa exterior del espermatozoide (la proteína Izumo). Lo hace bajo un sistema de llave y cerradura en el que, cuando se encuentran ligando y receptor, el óvulo abre la puerta de entrada al espermatozoide, lo que desemboca en la fusión de ambos a la vez que se cierra el paso a nuevos gametos masculinos (y posibles lesiones cromosómicas)

La descripción del inicio 
de la fecundación era uno 
de los secretos que desconocía
 la ciencia hasta el momento
Este procedimiento de comunicación intercelular se ha observado en ratones, pero el hecho de que tanto Juno como Izumo se hallen en los gametos humanos permite pensar en futuras aplicaciones tanto en tratamientos de infertilidad como en nuevos métodos anticonceptivos.
El enigma de lo que sucedía en el primer instante del encuentro entre un espermatozoide y un óvulo era, en realidad, una incógnita a medias. Al menos, desde el año 2005. Entonces, un grupo de investigadores japoneses identificaron el ligando en los espermatozoides (la llave) y denominaron a esta proteína Izumo por el santuario sintoista japonés del mismo nombre vinculado al matrimonio.
Entonces comenzó la búsqueda del receptor. Una compleja tarea que nueve años después ha concluido con el hallazgo de Juno, la cerradura molecular de la superficie del óvulo que permite el acceso del espermatozoide. Se trata del receptor de folato 4 (Folr4), y que, en este caso, ha sido bautizado como Juno en honor a diosa romana de la maternidad.

Un mecanismo de llave y cerradura permite la fusión de gametos
La búsqueda no fue una tarea sencilla. Para dar con Juno, los investigadores diseñaron una versión artificial de la proteína Izumo que usaron para emparejarla con moléculas candidatas de la superficie del óvulo. De esta forma advirtieron que Juno interactuaba con la copia de Izumo en la fase inicial de la fertilización. Una vez identificado el objetivo, había que confirmarlo. El paso siguiente fue desarrollar ratones modificados a los que eliminaron la proteína Juno de los óvulos. Comprobaron que estos roedores de laboratorio eran infértiles y que no tenían capacidad de fundirse con los espermatozoides, por lo que advirtieron que se trata de una proteína esencial en la fecundación entre mamíferos. El mismo resultado obtuvieron cuando, a la inversa, anularon la presencia de Izumo en los gametos masculinos.

“Es un trabajo realmente bueno que nos muestra un mecanismo biológico desconocido, de elevada calidad y que aporta numerosas pruebas”, sostiene Carlos Simón, catedrático de ginecología de la Universidad de Valencia y responsable de investigación del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI). “De momento es verdad que se ha demostrado solo en ratones, y el hecho de que las dos moléculas estén en los gametos humanos no implica que funcione igual”, añade. “Habrá que ver si el procedimiento descrito es tan relevante en humanos, yo voy a tratar de reproducirlo en cuanto pueda”, comenta.“Hemos resuelto uno de los misterios que permanecía durante más tiempo oculto en la biología al identificar las moléculas del óvulo y el espermatozoide que deben asociarse en el momento en el que somos concebidos”, apunta Gavin Wright, del Sanger Institute y autor principal del trabajo.

José Antonio Castilla 
sostiene que la inyección 
microespermática ya resuelve
 los prosibles problemas de comunicación entre 
Juno e Izumo
Además, Simón destaca las posibles aplicaciones que puede tener en el conocimiento de la infertilidad. “En los tratamientos de reproducción tenemos un 15% de casos fallidos en los que el espermatozoide no fecunda al óvulo; este trabajo podría explicarlos”. Si el mecanismo descrito es trasladable a las personas, también podría emplearse para nuevos abordajes en la contracepción: “Se podrían diseñar antígenos para bloquear los receptores ováricos (Juno) e impedir así que los espermatozoides se abran paso y fecunden el gameto femenino”.
José Antonio Castilla, secretario general de la Sociedad Española de Fertilidad (SEC), es menos entusiasta. “No tenemos tan claro que la entrada del espermatozoide en el óvulo dependa solo de un receptor”, comenta el ginecólogo. Además, apunta que el hallazgo quizás sirva para conocer la causa que está detrás de algunos casos de infertilidad, pero detalla que ya existen herramientas para salvar la falta de comunicación entre espermatozoide y óvulo. El secretario general de la SEF relata que en buena parte de los tratamientos con fecundación in vitro se recurre a la microinyección espermática para fecundar al óvulo. Esta técnica consiste en introducir el espermatozoide en el óvulo con una inyección. Ni llave ni cerradura: una patada en la puerta del óvulo para forzar de forma expeditiva en el laboratorio la unión entre Juno e Izumo y su falta de entendimiento.
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7 may 2013

¿Por qué nos gusta besar?


la respuesta es más extraña y lógica de lo que crees

Los besos no sólo aportan placer: también información sobre la salud y aptitud para el apareamiento de la otra persona.


Los besos son una forma cultural del cariño, del afecto y del deseo. Besamos por las razones más extrañas –para hacerle saber al otro que lo queremos, que queremos tener sexo, o simplemente porque es divertido. Pero el acto de besar puede encerrar algunas claves de nuestra evolución como especie a través del cuidado que nuestras madres nos dan cuando nacemos, además de proveer información valiosa sobre nuestro estado de salud y nuestra aptitud para el apareamiento.
Los besos se sienten bien. Un buen beso quema entre 2 y 3 calorías por minuto, descargando epinefrina y noreprinefina haciendo que tu corazón lata más rápido, además de estar relacionado con la disminución del llamado “colesterol malo” y con una disminución de la percepción del estrés. Pero el beso no es solamente lo que ocurre durante el beso, sino también lo que el beso produce y comunica a pesar de nosotros mismos.
Los psicólogos evolucionistas han llegado a la conclusión de que lo que hoy conocemos como “beso” fue en algún momento una forma de alimentación, que consiste en masticar la comida y pasarla a otra boca, de los hijos, por ejemplo —muy parecida a la que vemos en los pájaros y algunos primates aún hoy en día. Algunos primates. Aquì un Vidèo que causo polèmica Alicia Silverstone:
Pero esta forma de alimentación no era extraña hace no mucho tiempo: antes de los alimentos procesados para bebés y las licuadoras, las madres podían ahorrar tiempo y alimentar de boca a boca a sus hijos, transmitiendo además una dosis extra de zinc, hierro y carbohidratos a través de la saliva.
Además, la saliva del adulto puede transferir generadores de anticuerpos, sumado a que la comida predigerida puede ser absorbida más fácilmente por los bebés. Los rostros, además, son el primer contacto que tienen los seres humanos con el mundo, pues durante los primeros meses no pueden enfocar a una distancia mayor de 25 cm., más o menos la distancia entre el rostro del infante y el de su madre durante la lactancia. 
La saliva además es una especie de huella digital: transfiere información a la otra persona sobre tu estado de salud, y los receptores de mucosa en nuestras bocas son sensibles a hormonas, como la testosterona. De hecho, un buen beso podría ser indicador del tipo de pareja potencial que el otro podría ser para ti –todo a nivel hormonal, recordemos. 
Pero no todas las culturas utilizan el beso como “muestra gratis” o atisbo de una pareja potencial. Algunas investigaciones creen que los besos pudieron haber sido favorecidos evolutivamente con recompensas para nuestro cuerpo como mecanismo para lidiar con la incertidumbre y la elección. Por decirlo así, la naturaleza nos fuerza a probar y descartar, de modo que encontremos una pareja apta para el apareamiento.
Y si todas estas explicaciones no bastaran, la más simple sigue siendo la más convincente: besar se siente bien.


[Digg]


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