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29 sept 2017

Historias íntimas de los genes

Los genes no contienen planos son como recetas (Dawkins)
el gen
 Hola:
Soy u…no de tus genes, no im….porta cual, soy la míni…ma cantidad de materia que ….contiene información. Habi….to en una molécula muy grande conocida con el nombre de ADN y que tie…ne una forma muy curiosa: una doble hé….lice enroscada en sí misma y que se encuentra en los cromo….somas, que en nuestra especie son 46, 44 autosomas y dos cromo…somas sexuales XY.
Todos tus genes están empare….jados, contenemos dos co….pias de cada gen, puesto que somos una especie diploide y hereda….mos una parte de nuest…ro padre y otra serie de nuestra ma…dre. Todos están emparejados excepto el cromos…oma Y determinante de la mascul…inidad y que afecta a mi hermano SRY, el gen responsable de construir fetos varones.
Un gen es como la sucesión de perlas de un co…llar, cada perla es un nucle…otido y cada tres nucleotidos dirigen la genesis de un amino …acido. Otras perlas no hacen nada cono..cido y algunas de ellas componen un gen, siendo los puntos suspensivos…..intrones.
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20 jul 2016

El Maravilloso Surrealismo de Morski

Igor Morski, nacido en 1960, es un diseñador gráfico, ilustrador y escenógrafo de origen polaco. En la actualidad, se centra en el arte gráfico basado en técnicas mixtas. Igor se graduó con honores de la Arquitectura Interior y Diseño Industrial de la Facultad de la Escuela Estatal Superior de Bellas Artes de Poznan (ahora la Universidad de las Artes). Ha sido ganador de numerosos premios, incluyendo el premio de las Artes de la comunicación Excellence Award (2008, 2010) y el Premio de Artes Aplicadas (2010). Se interesa por las ciencias naturales en un sentido amplio, la genética, la cosmología y la física teórica.
Se pueden encontrar muchas más ilustraciones en su Instragram y en su página web personal.

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24 jun 2016

La ciencia de las elecciones

Ciencia y política: ¿qué nos influye a la hora de votar?


¿Qué nos influye a la hora de acudir o no a votar en unas elecciones generales? ¿Y a la hora de escoger un candidato? ¿La genética define la ideología política? ¿Hay cerebros de derechas y cerechos de izquierdas?  La ciencia tiene algunas respuestas. 

El tamaño del candidato 
La elección de candidatos físicamente corpulentos en unas elecciones puede ser un comportamiento desarrollado para asegurar la supervivencia, según concluye un estudio de la Universidad Tecnológica de Texas (EE UU) que publica la revistaSocial Science Quarterly

Los genes
La genética juega un papel clave en la identificación de un individuo con un determinado partido político. Un estudio con 12.000 gemelos realizado en la Universidad de Wire reveló que la tendencia a tener la misma ideología política es mayor en los gemelos idénticos que en mellizos. Todos podemos actuar contra las predisposiciones genéticas, pero es bueno saber que los genes nos influyen de una manera inconsciente en nuestras actitudes políticas? advierte John Alford, autor de la investigación. 

El cerebro
Científicos del University College de Londres (UCL), en Reino Unido, han encontrado una estrecha relación entre el grosor de dos áreas de materia gris del cerebro y la ideología política. En concreto, sus análisis con imágenes de resonancia magnética muestran que las personas que se declaran conservadoras o "de derechas" tienen mayor grosor en los tejidos de la amígdala cerebral -el área encargada de procesar las emociones-, mientras que las personas con ideología liberal o "de izquierdas" suelen tener más pronunciada la corteza cingulada anterior, un área del cerebro asociada con la anticipación y la toma de decisiones. 

La satisfacción
La gente satisfecha con su vida se muestra más predispuesta a participar en unas elecciones políticas acudiendo a votar que las personas insatisfechas, de acuerdo con una reciente investigación de la Universidad de Baylor (EE UU) publicada en la revista Journal of Happiness Studies

El ejercicio físico
Según un estudio publicado en la revista Psychological Science, las personas que realizan más actividad física y cuidan su salud tienen a participar más en la vida política que los sujetos más sedentarios. Los investigadores dicen que quizás se podría aprovechar el descubrimiento para pedir el voto y la participación ciudadana en contextos deportivos.

Decantarse por un partido político es una decisión más emocional que racional


La política “enciende” los ánimos. ¿Será porque nuestras inclinaciones políticas están vinculadas a nuestra propia fisiología? Así lo han determinado un equipo de investigadores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) quienes analizando lo que denominan el “sesgo partidista”, han descubierto que nuestras afiliaciones políticas están arraigadas a nuestras propias emociones y fisiología, independientemente del contenido o programa del partido. Esto es, ser de un partido u otro sería una decisión más emocional que racional.

Los investigadores quisieron averiguar si inclinarse hacia uno u otro partido tiene un origen más intuitivo del que pensamos. Así, los científicos realizaron un experimento que medía la actividad del sistema nervioso simpático (responsable de la excitación afectiva) así como varios electrodos, incluido uno en el dedo índice para comprender mejor las respuestas fisiológicas de un grupo de voluntarios mientras observaban imágenes de logotipos de partidosLos resultados revelaron que los participantes que se sentían partícipes de un determinado partido, tuvieron una reacción física medible al presentarles la imagen del partido en cuestión.

Es difícil de medir los sentimientos, ya que a menudo implican una serie de factores inconscientes, pero por el uso de electrodos adheridos a la piel, podemos medir las reacciones fisiológicas del cuerpo y por lo tanto determinar las reacciones afectivas de una persona - independientemente de si la persona es consciente de la reacción o no”, aclara Michael Bang Peterson, líder del estudio.

En una segunda parte del estudio, los expertos mostraron a los voluntarios ocho propuestas políticas en el lado izquierdo de una pantalla y otras ocho propuestas en el lado derecho. Sin embargo, “encontramos que los sujetos que tuvieron una reacción fisiológica durante la primera parte del estudio mostraron mayor sesgo partidista en la segunda parte. Por ejemplo, una gran cantidad de sujetos que dijeron haberse identificado con el partido de izquierdas tendían a ser comprensivos hacia las propuestas del partido. Sin embargo, el hallazgo sorprendente fue sólo a los que se les mostró el logotipo del partido junto a las propuestas, mostraron una fuerte respuesta fisiológica hacia las propuestas de su propio partido pero no sin el logotipo”.

Así, las reacciones físicas del cuerpo fueron las que determinaron el grado de sesgo de los participantes, evidenciando que nuestra parcialidad aparentemente se deriva de reacciones emocionales instintivas y no racionales.

"Nuestros resultados sugieren que no todas las personas son igualmente influidos por la persona que presenta el mejor argumento. Las reacciones afectivas con los candidatos de los partidos influirán en el grado de su acuerdo con las propuestas defendidas por partidos políticos específicos - independientemente de la calidad de los argumentos presentes”, concluye Peterson.

El estudio ha sido publicado en la revista Plos One.

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11 may 2016

¿Por qué tenemos tan pocos hijos?

Si los niños fueran traídos al mundo por un acto de razón pura solamente, 
¿seguiría existiendo la raza humana?
- Arthur Schopenhauer

Lesley Newson plantea en este artículo de This View Of Life un asunto verdaderamente interesante que es el de la reducción de la natalidad prácticamente en todo el mundo, fenómeno que viene ocurriendo desde hace unos dos siglos y que se conoce por el nombre de transición demográfica. También la revista Philosophical Transactions of the Royal Society  ha dedicado un número entero al tema del descenso de la tasa de fertilidad en el mundo desde un punto de vista evolucionista. El problema sería explicar por qué no estamos utilizando toda la riqueza que estamos generando para tener más hijos. Tradicionalmente, las familias más ricas han tenido más hijos que las pobres y han invertido su riqueza en prole. Actualmente, como se comenta en uno de los artículos de la revista, los super-ricos sólo tienen medio hijo más de media que el resto de la gente. Aparentemente esto es contrario a lo que dice la teoría de la evolución y necesitamos una explicación de este fenómeno.

Lesley plantea que en siglos anteriores la gente ha luchado por mejorar su fitness (traduzcámoslo libremente por éxito reproductivo) pero que ahora ya no lo hace y dedica su tiempo a otras muchas cosas que no es criar hijos. Revisa algunas explicaciones que se han dado de este fenómeno y las descarta, explicaciones como las siguientes:

  • antes no había tecnología para el control de la natalidad
  • antes las mujeres estaban oprimidas y se las obligaba a tener hijos
  • la religión enseñaba que había que tener hijos
  • antes los hijos eran necesarios para el trabajo en la granja, eran mano de obra y un bien, ahora son un gasto.
  • antes la mortalidad infantil era mayor..

Creo que Lesley hace bien en descartar algunas de estas explicaciones (por ejemplo, el descenso de la natalidad es anterior a la píldora) pero se precipita en otras. De todos modos, y aún reconociendo que hay muchos interrogantes y puntos oscuros sin aclarar en este tema, creo que Newson es demasiado pesimista y que con lo que sabemos acerca de la selección natural y la evolución cultural tenemos algunas ideas generales de por donde pueden ir los tiros. Aunque estamos lejos de haber explicado el fenómeno por completo, creo que no es tan misterioso. Voy a señalar varios aspectos que a mi modo de ver nos acercan a un entendimiento del problema.

El punto clave puede ser la confusión entre causas próximas y causas últimas o entre objetivos proximales y objetivos últimos. Creo que Lesley se equivoca cuando dice que la gente antes se dedicaba a mejorar la fitness y ahora no. La gente nunca se ha dedicado a mejorar la fitness directamente (salvo excepciones). Son los genes los que buscan su reproducción pero los individuos han buscado sexo, estatus, mano de obra, cuidadores para la vejez, etc. El efecto secundario de eso era una tasa de fertilidad más alta pero los individuos nunca han buscado directamente la fitness. Y lo que ha ocurrido en los últimos siglos es una desconexión entre los objetivos proximales (sexo y estatus por citar dos de los más importantes) y los fines últimos (la reproducción). Es más complicado explicar esta desconexión y luego hablaremos de ello, pero la gente sigue buscando sus objetivos proximales, como siempre, sólo que ahora esos objetivos no llevan a un aumento de la reproducción.

Una causa evidente de la desconexión de la que hablo es la píldora anticonceptiva. Ahora podemos buscar el sexo sin que vaya unido a la procreación. Pero coincido con uno de los lectores que comentan en el artículo de Newson que un sospechoso principal de esta situación es el estatus. El ser humano, al igual que otros primates, es una criatura ávida de estatus. El estatus se asocia a disponer de mejores recursos, mejores parejas, etc. y secundariamente lleva al éxito reproductivo. Ancestralmente señalábamos estatus de muchas maneras: siendo buenos cazadores, buenos cooperadores o altruistas, etc. Debido a los cambios culturales que hemos experimentado parece que la manera principal de señalar estatus es por medio del consumo y de la acumulación de riquezas. Ahora señalamos estatus con la casa, el coche, el iPhone, los tacones altos, la carrera universitaria, el número de países que hemos visitado en vacaciones, el cuerpazo que hemos trabajado en el gimnasio, etc. Y ocurre que todas esas cosas son incompatibles con los hijos. Hemos entrado en una especie de “carrera de armamentos” sin fin en la que cada vez hay que tener mas cosas para estar a la altura de los amigos y vecinos y nadie quiere ser menos que los demás. A este fenómeno se le llama “conspicuous consumption” (consumo ostentoso) y ya tiene antecedentes en época pre-industrial en lugares como Hawai y la Polinesia donde los jefes de tribu competían por ser el más generoso y hacer la fiesta más caras y costosas para sus súbditos  para demostrar así su prestigio.

Este problema es más claro en el caso de las mujeres. Quedarse en casa y criar hijos es algo que la sociedad, y las propias mujeres, valoran mucho menos que tener un trabajo o una carrera profesional y las mujeres se están encontrando con el problema de que perseguir una cosa implica renunciar a la otra. Todo nuestro estilo de vida y nuestro sistema económico hace que los hijos sean costosos, especialmente para las mujeres. Tan costosos que mucha gente no puede permitírselos. En las condiciones económicas actuales es muy complicado comprarse un piso y tener hijos. Si hacemos unas cuentas muy básicas vemos que los números para tener hijos no salen.

Una segunda explicación evolucionista puede venir de la mano de la llamada Life History Theory. Podemos tener muchos hijos e invertir poco en ellos o podemos tener pocos hijos e invertir mucho en ellos. Está claro que está ocurriendo lo segundo aunque la causa puede ser más oscura, de los hijos hoy en día ya no sólo esperamos que estudien una carrera sino también masters, varios idiomas, etc. y no salen al mundo hasta los 30 años. La explicación tradicional para escoger una de las dos estrategias es que el ambiente sea más o menos predecible. Cuando el ambiente no es predecible se aumenta la descendencia y se invierte menos en ella mientras que si es más seguro y predecible se reduce la descendencia y se invierte más. Creo que los datos de los últimos siglos indican un ambiente más predecible (por lo menos en Occidente). Desde la revolución industrial ha ido mejorando el acceso de la población a comida, servicios de salud, educación, servicios sociales, etc. así como una mayor estabilidad política y social en general. 

Por último, para explicar este desajuste entre las conductas próximales que eran adecuadas en un ambiente ancestral y no lo son ahora tenemos el concepto de estímulo supernormal, de Tinbergen. Es el caso de pintar unos huevos de color más azul que los huevos reales de una especie de pájaros y éstos se dedican a incubar esos huevos falsos en vez de sus propios huevos. Estamos rodeados de estímulos supernormales: los donuts de chocolate, la pornografía, programas de TV como Gran Hermano. En el caso que estamos hablando el estímulo supernormal puede ser el estatus, el trabajo y su consideración económica y social. Pero en el futuro puede que nos esperen otros como los robots sexuales. Podría ocurrir que unos robots sexuales muy atractivos capaces de ofrecernos no sólo placer sexual sino  cariño emocional sean más atractivos para la gente que las personas de verdad, y eso también llevaría a una reducción de la fertilidad.

Bueno, es un tema para debatir largo y tendido pero mi apuesta va por una desconexión entre los objetivos proximales y distales producida por el cambio cultural (un conflicto genes-memes), con el resultado de que los objetivos proximales están ganando la partida a los distales. El que quiera aportar sus puntos de vista puede hacerlo en los comentarios.

@pitiklinov


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18 feb 2016

Cuenta atrás para identificar los genes que nos hacen inteligentes

La inteligencia general es un rasgo humano complejo, heredable entre generaciones, y que cumple la llamada “cuarta ley” de la genética de la conducta. Es decir, hay bastantes variantes genéticas responsables de las variaciones entre individuos y grupos. Sólo recientemente disponen los científicos de los instrumentos de análisis adecuados para identificar el origen de estas diferencias humanas tan importantes.
designer-babyYa se han publicado estudios de asociación de genoma completo evidenciando que las diferencias individuales en inteligencia se heredan (Davies, G., et al, 2012). Según Panizzon M.S et al. (2014) –resumido por Roberto Colom– la inteligencia es una estructura “claramente jerárquica en la que se identifica un factor general de orden superior (g) y una serie de capacidades o dominios aptitudinales más específicos. Ese factor g presenta una alta heredabilidad (86%)”
Según Charles Murray, para muchos controvertido autor de The bell curve, no tendremos que esperar ni una década antes de que la ciencia despeje definitivamente dudas sobre la base genética de las diferencias en capacidades cognitivas humanas, y otros muchos rasgos. Este programa de investigación es descrito como “un tren imparable”.
El genetista de poblaciones y conocido blogger científico Razib Kahn es de la misma opinión: “En los próximos cinco años los componentes genéticos de rasgos como la inteligencia finalmente serán caracterizados. No es especulación, sino un anticipo en base a la investigación que está llevándose a cabo”.
Derbyshire saca dos grandes conclusiones, si esta anticipación se cumple: la primera es que una genética de los rasgos humanos y de la inteligencia, capaz de identificar las variantes que tienen un mayor impacto, permitirá realmente crear “bebés a la carta”, o en el lado más sombrío, disponer del conocimiento para impedir que nazcan bebés con habilidades genéticas consideradas inferiores; la segunda, más divertida, es observar cómo reacciona la comunidad de intelectuales que han hecho largas carreras sosteniendo exactamente la posición contraria.

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16 nov 2015

Memes y Vida



El concepto de Meme lleva dando vueltas por el mundo más de 30 años. Lo puso en circulación Richard Dawkins en su libro El Gen Egoista de 1976 y se define como una serie de   instrucciones para llevar a cabo determinada conducta que se almacenan en nuestros cerebros y otros lugares (libros, discos duros, etc) y que se transmiten por imitación. 

Un meme puede ser una melodía pegadiza, un chiste, una coletilla del lenguaje (“pues va a ser que no”, por ejemplo), un invento, un giro de la moda (enseñar los calzoncillos) o en general cualquier idea que aparece y se extiende como si fuera una auténtica epidemia. El meme sería la unidad de transmisión cultural. Algunos autores muy entusiastas como Daniel Dennett o Susan Blackmore han desarrollado la idea creando toda una disciplina, la Memética, que se ocupa de los diferentes aspectos relacionados con los memes. 

El eje del pensamiento sobre el que gira esta  teoría es que los memes son replicadores exactamente igual que los genes sujetos también a la selección natural. Las condiciones básicas sobre las que actúa la selección natural son herencia, variación y selección y estas tres condiciones se dan en el caso de los memes. Un chiste por ejemplo se transmite y hace copias de sí mismo que llegan a otros cerebros al contárselo una persona a otra o a una audiencia. Pero los chistes van variando al transmitirse de una persona a otra ya que no se cuentan exactamente igual siempre. Y, por último, existe selección porque existen miles de chistes que quieren ser transmitidos por nuestros cerebros y no hay sitio para todos (no hace falta decir que los que más éxito tienen son los de sexo y eso es porque la evolución de nuestra psicología ha hecho que el sexo nos interese mucho).  

En El Gen Egoista Dawkins nos enseñó que existen replicadores (genes) y vehículos (nosotros mismos) y que los que dirigen los hilos son los genes, los vehículos no somos más que una herramienta que utilizan los genes para hacer copias de sí mismos. Si a mí me gusta tener relaciones sexuales o comer es porque eso sirve a los  genes para hacer copias de sí mismo. Dicho gráficamente: una gallina no es más que la herramienta que utiliza un huevo para hacer más huevos. Pero aparecen los memes y se nos dice que la cultura se transmite y avanza debido a la selección de los memes y que tenemos que ver el mundo también desde el punto de vista de los memes que son los que llevan los hilos de la cultura. 

Dicho gráficamente también: un erudito no es más que la herramienta que utilizan las bibliotecas para hacer más bibliotecas. Lo mismo que la selección de los genes crea diseño (ojos elefantes, personas) a partir de proteínas y de elementos muy sencillos sin un diseñador, la selección de los memes crea también diseño (ordenadores, libros, religiones, teorías científicas o lenguas) sin que intervenga un diseñador.

Y aquí es donde se encuentra el meollo de la cuestión, y la explicación de que la Memética se siga paseando por  el limbo de la ciencia, en la dificultad para  entender que los memes son seres vivos a los que sólo les interesa su propia replicación. Esta idea es contraintuitiva y se resiste a entrar en nuestra cabeza. Pero tal vez tengamos que reconsiderar nuestra idea de la vida y de lo que es un ser vivo. Porque la vida es información, la vida no es más que un programa con una serie de instrucciones escrito con DNA en vez de estar escrito con COBOL o con C+++. Pero el DNA no es la única forma de transmitir instrucciones. Cualquier cosa que sea capaz de escribir las instrucciones para hacer copias de sí mismo debería ser considerado un ser vivo. 


Los priones, por ejemplo, responsables de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob son sólo proteínas y son capaces de infectar y de transmitirse. ¿Son seres vivos? Lo que parece claro es que los memes son trozos de información y los genes también. A partir de ahí tú decides...



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5 oct 2015

Lo que hay que saber sobre la inteligencia

Reseña de Intelligence. All that matters, de Stuart Ritchie, John Murray Learning. 2015. 

Hay algo peligroso en la ciencia del intelecto humano. Definir y cuantificar las capacidades mentales, tal y como pretende hacer la psicología diferencial, es algo farragoso para los antiguos, que ven el “alma racional” más bien como un préstamo divino, pero para los modernos la idea de que algo así como la inteligencia es medible, variable y heredable también choca con fuertes expectativas morales, dentro de una ya larga tradición de malentendidos, malevolencia y mitos sobre la psicología (Colom, 2000). Este pequeño libro de Stuart Ritchie, posdoctorado en la universidad de Edinburgo, es un buen remedio contra concepciones erróneas, pero muy extendidas, acerca de la inteligencia humana.
El “Factor G”
HELLOMOTO
Test de matrices de Raven
La ciencia moderna de la inteligencia está asociada con lo que llaman “análisis factorial”, una técnica estadística “usada para explicar las correlaciones entre las variables observadas en términos de un número menor de variables no observadas llamadas factores” cuyas bases fueron ideadas por un primo de Charles Darwin, Francis Galton (1822-1911), tal vez el primer científico social genuino.
Sin embargo, definir cualitativamente la inteligencia sigue sin ser sencillo, debido a que se trata de un concepto esencialmente matemático, como explica en detalle Arthur Jensen. Richtie recurre a una definición funcional de Linda Gottfredson: “La inteligencia es una capacidad mental general que, entre otras cosas, abarca la capacidad de razonar, planificar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia”.
La inteligencia no se reduce al aprendizaje libresco o a algún tipo de capacidad académica restringida. Por el contrario, es una “propiedad que permite a la gente hacerlo bien en una multitud de diferentes test cognitivos”, apuntando a la existencia de una organización jerárquica de la mente. Charles Spearman (1863-1945) llamó “Factor G” a esta cualidad más elevada que el resto –en el sentido de que explica más cosas–, y actualmente se piensa que es capaz de explicar hasta la mitad en las diferencias en inteligencia que exhibe una población. G no lo explica todo, pero según Richtie, tampoco hay “inteligencias múltiples”, la popular idea propuesta por Howard Gardner en los años 80, que sigue sin tener un respaldo empírico suficiente.
Los psicólogos suelen distinguir además otra subestructura del intelecto, separando entre la inteligencia fluída, que implica “operar con cosas que no requiere un conocimiento previo”, como los tiempos de reacción medidos típicamente por los test, y la inteligencia cristalizada, una estructura que “descansa en la información que recolectamos en el mundo real”, como en la adquisición de vocabulario o de “cultura”. Mientras que la parte cristalizada aumenta de forma sostenida a lo largo de los años, el progreso de la parte fluida suele detenerse en la veintena. El CI parece ser bastante estable en la vida de una persona a menos desde los 11 años (Deary et al., 2005).
Lo que importa en la vida
Quizás lo más interesante o inquietante –según se mire– de la inteligencia humana es que no se trata de una capacidad decorativa. Influye en multitud de resultados vitales. Ser más inteligente se asocia positivamente con el desempeño en la escuela y con los años de escolarización –aunque tener un CI alto no asegura éxito en la educación, influye en la eficacia en el trabajo (también lo hace aunque en menor medida la inteligencia emocional) e incluso en la clase social: la gente más inteligente tiende realmente a tener una clase social más alta, aunque la correlación es inferior que en el caso de la educación. Es más, la inteligencia también es buena para disfrutar de una mejor salud, sufrir menos problemas psiquiátricos e incluso tener menos accidentes mortales. También parece afectar la expectativa de vida: los inteligentes viven más.
En parte, heredamos la inteligencia de los padres. Los estudios de gemelos muestran una heredabilidad muy alta para gemelos idénticos (0.80) y significativa para gemelos fraternos (0.55). Aunque no se conocen todos los detalles sobre la genética de la inteligencia, con toda probabilidad un rasgo humano poligénico –es decir, en el que están implicados multitud de variantes genéticas– es muy probable que las nuevas técnicas de análisis de genoma permitan descubrir qué variantes genéticas son responsables. Existen ya algunos resultados preliminares (Davies, G., et al, 2011).
Por supuesto, el entorno también influye. Según Ritchie, la inteligencia puede comprenderse incluso como un indicador sobre la igualdad social. Al menos en países donde hay grandes desigualdades en el entorno educativo, se ha evidenciado que la heredabilidad de la inteligencia tiende a ser mayor en la parte superior del espectro social. Es decir, la inteligencia está genéticamente más determinada en los niños que disfrutan de más privilegios sociales. Se sabe también que una dieta deficiente y la vulnerabilidad a algunos parásitos también pueden deprimir la inteligencia de los niños.
¿Una ciencia lúgubre?
El problema es que, aunque el entorno y las desigualdades sociales explican parte de la variación entre personas y grupos, la inteligencia se muestra en general como un rasgo humano muy estable, altamente heredable, y difícilmente modificable. Ni tan siquiera experiencias humanas catastróficas, como las consecuencias de un Tsunami, parecen alterar significativamente la carga genética del rasgo (Tatsuta, N. et al, 2015). Escuchar música de Mozart por desgracia no parece hacernos más brillantes, y los entrenamientos al estilo “brain training” tampoco tienen efectos reseñables. Tampoco el “efecto Flynn”, según el cual el CI viene aumentando a ritmo de 3 puntos por década, es una panacea. Este efecto por una parte podría haber alcanzado un techo en el mundo occidental, y también podría estar impactando en la parte menos heredable de la inteligencia, en lo que llaman “fenotipo inteligente”: “Estamos mejorando en aquellas habilidades complejas que son más relevantes educacionalmente, pero no en otras capacidades”. En este sentido, el debate sobre la disgenesia de la población está más abierto de lo que pudiera parecer.
Finalmente, Ritchie dedica unas pocas páginas a tratar el oleaginoso asunto de las diferencias raciales y sexuales en inteligencia. En resumen: las diferencias existen. Los hombres y las mujeres no difieren significativamente en los lugares medios de la distribución. Pero los hombres son genéticamente más variables que las mujeres, por lo que hay más varones en la parte extrema positiva y negativa de la inteligencia. Por otra parte, existen diferencias en test cognitivos sobre habilidades específicas. Un clásico: las mujeres tienden a ser algo mejores en los test sobre razonamiento verbal y los hombres tienden a ser algo mejores en los test sobre razonamiento espacial. Las diferencias entre razas y países en inteligencia han sido sistemáticamente estudiadas, del mismo modo que las individuales, aunque Ritchie despacha el asunto en media página, con un apunte de moderado escepticismo: “Los genes influyen en la inteligencia, pero esto no implica necesariamente que influyan en las diferencias en inteligencia entre grupos”.

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