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12 abr 2017

La delgada línea roja entre ilusión y realidad


Pensadores, filósofos y teólogos llevan siglos construyendo complejas teorías acerca de la religión, el cómo y su porqué, explicaciones que casi siempre implican apelar a nobles sentimientos y a etéreos conceptos, pero la realidad puede ser mucho más prosaica tal y como está desvelando la ciencia.
Lejos de las artificiales construcciones teóricas que se han ido desarrollando a lo largo de los siglos para justificar el hecho de que la religión es un elemento fundamental de sociedades de toda época, se puede observar que toda creencia espiritual (independientemente de los ritos particulares a los que cada grupo de acólitos rinda homenaje) pivota sobre el siempre insatisfecho deseo humano de ser un ente especial, dentro de este increíblemente complejo planeta, que orbita alrededor de una pequeña estrella de la periferia de una galaxia nada llamativa, que está ubicada en un insignificante rincón de un vastísimo y casi inconcebible universo.
Pero ¿cómo pueden unos seres dotados de un poderoso cerebro capaz de racionalizar, de entender y de desentrañar complejas relaciones científicas llegar a la conclusión de que existe un mundo alternativo a la percepción material cotidiana? Pues aunque pueda parecer sorprendente, por una mezcla de sugestión y malfuncionamiento de ese mismo cerebro.
El cerebro humano es un órgano perfectamente engrasado por la selección natural para la búsqueda de patrones. Así esta cualidad permitió a nuestros antepasados sobrevivir y prosperar en el entorno hostil de nuestra sabana ancestral al detectar esas muchas veces sutiles señales que relacionaban hechos aparentemente inconexos: ciertos ruidos podían indicar la presencia de un depredador o por el contrario de una presa, siguiendo a determinados animales se puede obtener agua en un paraje desértico, el movimiento de las estrellas sobre la bóveda celeste da cuenta del paso de las estaciones y por tanto de los diversos tipos de comida, etc. Por supuesto que este tipo de razonamiento no es infalible, pero en principio asociar algunos patrones erróneos no implica un gran problema siempre que estos fallos no pongan en riesgo la vida de los que los cometen, de tal manera que después de varios cientos de miles de años de prueba y error, los sapiens poseían un conjunto de comportamientos adaptativos para la supervivencia junto con otros no tan útiles.

Añádase ahora un segundo elemento característico del cerebro humano. Como animales sociales que son los sapiens, gran parte del desarrollo cerebral se ha especializado en reconocer caras y lo que es más importante, a reconocer expresiones osentimientos particulares en esas caras. Así numerosos experimentos científicos han demostrado que los bebes son unos grandes fisonomistas capaces de interpretar correctamente los gestos, primero de su madre y después de todos los adultos que les rodean. El valor evolutivo de esta adaptación es evidente, un niño pequeño que interpretara adecuadamente el miedo, el enfado o la alegría de sus progenitores tendría muchas más posibilidades de sobrevivir en un mundo ancestral plagado de peligros, en donde muchas veces no había tiempo para explicar las cosas y en donde tampoco existían los derechos de los niños y por tanto no sólo era factible, sino que muchas veces era además adaptativo, dejar de (mal)gastar esfuerzo y energías en seguir cuidando y alimentando a un vástago que se comportara incorrectamente. Es por ello que los humanos vemos caras en cualquier fenómeno u objeto que guarde unas mínimas proporciones, fenómeno denominado pareidolia o que tengamos la tendencia a extrapolar comportamientos humanos a los animales o a los fenómenos naturales en cuanto se asemejen mínimamente a nosotros. Y de ahí al animismo no hay más que un paso.
Pero para que aparezca la religión tal y como la conocemos en la actualidad falta todavía un elemento crucial: el mundo espiritual, resultado de la mezcla de dos fenómenos. El primero el sueño. Durante más de un siglo los antropólogos han documentado ampliamente la importancia del sueño como una fuente primaria para las ideas y prácticas de los pueblos tradicionales de todo el mundo. Así, en muchas de estas sociedades los sueños son considerados una evidencia directa y vivencial de un reino espiritual, de tal manera que los miembros de estos pueblos interpretan sus sueños como una prueba de que el alma del soñador deambula fuera del propio cuerpo y se relaciona con dioses y seres espirituales del mundo supernatural. Y el segundo elemento clave del mundo espiritual es la presencia de mediadores de lo divino. Es bien conocido que a lo largo de la historia diferentes profetas, santones y similares han presentado evidentes síntomas de enfermedad psiquiátrica: el Jesús cristiano que se creía hijo de una paloma y una zarza, la más que sospechosa conversión de Saulo de Tarso tras un accidente equino o esa pobre abulense llamada Teresa que mezcló delirios, alucinaciones y represión sexual en un cóctel más que explosivo.
Sin embargo lo que hasta ahora no quedaba claro es como esos pobres enfermos eran capaces de convencer a miembros mentalmente sanos de su especie, que vivían en sociedades mucho más estructuradas que las bandas animistas de cazadores-recolectores de esa increíble, y sobre todo invisible, patraña de espíritus o demonios. Pues bien, un estudio publicado hace un par de años en una prestigiosa revista de psiquiatría viene a poner un poco de luz sobre este tema.
Los autores del mencionado trabajo seleccionaron un extenso grupo de más de 31.000 personas provenientes de 18 países diferentes, individuos sin ningún historial previo de enfermedad psiquiátrica o de consumo drogas (ya que es ancestral el conocimiento de que numerosas sustancias naturales son capaces de alterar los estados de conciencia), y encontraron muy llamativamente que un nada despreciable 6% de estos individuos en principio sanos y normales indicaron que habían sufrido alguna vez episodios de severas alucinaciones que incluían el oír claramente voces dentro de sus cabezas u observar “seres o fenómenos” que nadie en su entorno era capaz de ver. Aunque de ellos un tercio solo habían tenido una de estas “experiencias” a lo largo de su vida, otro tercio de los estudiados reportaba entre dos y cinco de estos episodios y por tanto, el tercio restante de sujetos había tenido innumerables “contactos” con el más allá. Casi increíble, personas que en principio desarrollan una vida normal, luego resulta que pueden llevar años viendo, oyendo y quizás comunicándose con fantasmas, apariciones y espíritus varios sin haber sentido en ningún momento la necesidad de buscar consejo médico alguno. Y no olvidemos que esto ocurre en el civilizado siglo XXI, por lo que no es nada difícil de imaginar lo cotidiano que tenía que ser en épocas pretéritas el que las personas hablaran de sus “relaciones” con el más allá.
Entonces los datos de este estudio estarían indicando que no existe una línea definida entre la realidad y la ficción, sino que más probablemente existe un continuo psicológico: primero las personas totalmente sanas, a las que su cerebro nunca les juega malas pasadas y luego un conjunto de individuos que tienen cerebros cada vez más y más predispuestos a “detectar” entidades que no existen y a convivir con ellas en mayor o menor medida, parece ser que con total normalidad para sus vidas (y no lo olvidemos para la de sus más cercanos allegados) hasta llegar finalmente, por supuesto, a los clásicos enfermos mentales que pasan la mayor parte de sus vidas sino toda atrapados en el mundo virtual que ha creado su propio cerebro enfermo.
En resumen, a la vista de este estudio ahora es más fácil entender cómo, partiendo de un profeta claramente enfermo puede irse expandiendo el sustrato mágico-religioso entre una población más o menos susceptible, personas que por sus propias experiencias previas pueden estar ya predispuestas a ser más receptivas, tolerar, comprender o incluso ansiar esos más que infantiles cuentos sobre ángeles, demonios y espíritus varios.

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7 mar 2017

EL GEN EGOISTA

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué demonios hacemos aquí? Este vídeo de animación te lo explica en menos de tres minutos


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10 dic 2016

El mito del amor materno

“Deberían los hombres buscar otra manera de engendrar a la prole sin sexo femenino, y así no sufriría mal alguno el varón” (Euripides en boca de Medea).
madres-arrepentidas
Claro que una madre puede arrepentirse de haber sido madre
Todo el mundo sabe que el arquetipo materno contiene un tabú universal, la madre es un intocable cercano a lo sagrado y por eso, la maternidad es también un hecho que se supone arcangélico, algo más allá de lo humano. Pero la verdad es que también sabemos todos que las madres no solo aman a sus hijos sino que también les rechazan y muchas veces les odian. En casos extremos -como Medea- les asesinan.
Pensar otra cosa sería inhumano, ¿pues qué razones deberían tener las madres para amar y solo amar a sus hijos? ¿Por qué una mujer deberia acceder a una maternidad ideal sin tener en cuenta sus intereses?. Intereses que muchas veces se hallan lejanos con respecto a los del hijo.
Una de las razones por las que las madres aman a sus hijos y quizá la de mayor peso es que los hijos son suyos. La naturaleza ha previsto que la maternidad sea un hecho seguro, la madre sabe que sus hijos son sus hijos, una certeza que el hombre no tiene. es el nepotismo el principal aliado del amor materno. “Lo amo porque lleva mis genes” aunque lo más corriente es que “le amo porque es mio” y “depende absolutamente de mi”. Hay algo en el recién nacido que nos conmueve y nos moviliza la ternura. Son tan vulnerables.
Otra de las razones naturales por las que las madres aman a sus hijos es una tormenta de hormonas y neurotransmisores que se desencadenan durante el embarazo,parto y puerperio y que cambian la conectividad cerebral privilegiando el cuidado, la lactancia y la protección del pequeño. Una verdadera inundación de prolactina,oxitocina, hormonas de filiación y de estrés incluyendo a las beta-endorfinas acuden al rescate para favorecer el vínculo.
Por ultimo las madres aman a sus hijos porque existe una prescripción social para que asi sea.El amor materno es algo así como un mito al que se le supone por defecto a las mujeres como el valor a los reclutas. Y un mito ya se sabe que es una historia verdadera contada con un lenguaje equivocado.
Pero para decir toda la verdad,  existen conflictos de intereses entre madre e hijo y son transversales a toda la escala animal siendo más obvios entre los vivíparos sometidos a la “cruel atadura” es decir a la necesaria convivencia entre madre -portadora en su propio vientre de un feto- y la necesaria inversión de recursos más allá del destete.
Es por eso que algunos autores hablan de la relación madre-hijo como una competencia agonística.
El embarazo es un paradigma excelente (Haig, 1973) para las explicaciones evolutivas de cómo deriva y se reactivan los conflictos no resueltos de rivalidad de la madre En este sentido se ha señalado que más del 70% de los huevos fertilizados no llegarán a implantarse (Nesse y Williams 1994), se sabe que la madre aborta usualmente fetos con malformaciones o fetos a veces incompatibles con la vida o al menos con escasas
probabilidades de llegar a la edad adulta y reproducirse. El aborto espontáneo es pues un mecanismo fisiológico que la evolución ha preservado para reducir las inversiones maternas en la crianza de hijos con escasas posibilidades de supervivencia, se trata en este caso –contemplado desde la óptica evolutiva-de un triunfo de la madre en su conflicto agonístico con su feto, su inversión genética, en este caso superflua. Lo mismo sucede conel aborto voluntario, se trata en todos los casos de la hegemonía de la decisión de la madre que prevalece sobre los “intereses” del feto y del padre.

Los conflictos de intereses entre madres y sus crías son comunes en toda la escala animal, las “campañas de reducción de la natalidad”que organizan los estorninos en sus constantes y escandalosas reuniones antes de la época de reproducción tienen como propósito realizar periódicos censos de población, a fin de hacer balance entre los recursos alimentarios esperados, la densidad demográfica y el tamaño de las nidadas (Wynne-Edwards 1962).

El embarazo de la hembra humana no ha sido nunca contemplado en clave de un conflicto de intereses, quizá porque a la maternidad se le supone un origen divino que ha dejado en el tintero la evidencia de que la reproducción para la hembra humana tiene un coste adicional a la de cualquier otra hembra. Para empezar el parto es en la mujer doloroso a consecuencia de la estrechez de su canal del parto y de la bipedestación, por no hablar de los costos en vidas maternas ocasionados
por los partos y que actualmente y gracias a la moderna obstetricia han desaparecido por completo en los países desarrollados. Se ha pasado por alto que las
enfermedades de la gestación pueden contemplarse enclave evolutiva como un conflicto agonístico entre la madre y el hijo y en todo conflicto agonístico hay
alguien que gana y alguien que pierde. La eclampsia, la diabetes, o las malformaciones tumorales de la placenta no han sido jamás interpretadas en clave de este
conflicto de intereses, aunque algunos autores han señalado que:

1.- No sabemos como la madre “reconoce” o “sabe”que su feto contiene malformaciones graves que pueden poner en peligro su supervivencia, pero es evidenteque los abortos espontáneos y su frecuencia hacen presumir
que existe algún mecanismo de “reconocimiento” al menos celular de tal evidencia (Buss 1999). 

2.-Las mujeres que presentan hiperemesis del primer trimestre, es decir aquellas que desarrollan durante el embarazo aversiones o preferencias alimentarias (de
l 75-89% según autores) tienen un índice de abortos espontáneos menor que aquellas que no presentan esta curiosa enfermedad (Profet 1992). Es posible suponer
que la nausea o el vómito sean una manera fisiológica de desprenderse de posibles toxinas alimentariasteratógenas o a un fallo del reconocimiento de las
mismas especifico y muy activo durante la fase de formación de órganos.
3.-El feto también tiene estrategias de competir con la madre, por ejemplo puede segregar un exceso de gonatropina coriónica (HcG) para hacerle saber a la
madre que se encuentra bien fijado al útero y librarse así de un aborto espontáneo (Buss 1999).

4.-El feto absorbe sus nutrientes del torrente sanguíneo de la madre, muchas veces al precio de enfermarla, es el caso de la hipertensión o preeclampsia materna o de
la propia diabetes. El mecanismo para extraer nutrientes que utiliza el feto es liberar substancias que tienen efectos sobre la presión arterial de la madre, a través de la
vasoconstricción (Buss 1999), de hecho existe una correlación negativa entre hipertensión materna y el aborto espontáneo (Haig, 1993).

Pero existen más razones por las que una madre podria rechazar a su hijo. Al fin y al cabo tener un hijo supone aparcar los propios proyectos, carreras, trabajo, sexo y enredarse en una tarea hercúlea para la que se precisarán grandes apoyos sociales que pueden estar o no estar disponibles. La implicación y el compromiso de la pareja en esta tarea es una variable critica cuya ausencia, desinterés o falta de compromiso puede disparar una depresión post-parto.
La depresión es una de las máscaras en la que se oculta el rechazo, pues aquello que no puede ser verbalizado acaba en el inconsciente reprimido y vigilado no sólo por los mecanismos de censura individuales sino también con los grupales: los vigilantes de la norma y la norma es que las madres amen a sus hijos incondicionalmente y si no les aman es que algo anda mal en sus cabezas.
El periparto es un periodo crítico para la díada madre-hijo, en realidad puede pensarse como escaladas de rivalidad entre ambos protagonistas. El niño exige,llora, mama, defeca y mantiene la atención permanente de su madre que pierde horas de sueño, nutrientes, capacidad y autonomía física y muy frecuentemente menoscabos en su autoestima.
Es un periodo critico para la madre, porque en ella se han activado no solamente las pulsiones de nursing y de apego sino también las pulsiones agresivas derivadas de las exigencias de su hijo contra el que no puede luchar y del que no puede tampoco huir debido a la “cruel atadura”que prevalece en todos los vivíparos y con más
evidencia entre los humanos necesitados de cuidados durante un tiempo mucho mayor que el resto de las crías de toda la escala animal. Se conoce este periodo como
postpartum blues, un estado subdepresivo muy frecuente y que tiene que ver con las dificultades de la madre con respecto al manejo de su hijo.modelo que encuentra refrendo clínico en las teorías de Brown (Brown et alt 1986) y Goldberg (Goldberg 1991).

Por no hablar de la pobreza, de la ignorancia, de la falta de experiencia, de los embarazos forzados o de conveniencia. Todos ellos son pistas que nos ayudan a comprender que el amor de las madres por sus hijos no es algo que debieramos dar por descontado. La tarea que encuentro más importante de salud mental en este campo es ayudar a las madres a soportar las cargas de sus embarazos, asistirlas a través de las redes sociales que aun puedan mantenerse vivas y sobre todo mostrarles que los sentimientos negativos contra el feto son normales, que el amor y el odio van en un mismo paquete y que no es conveniente privilegiar a uno y desatender al otro. Ayudar a las madres a comprender que no hay un amor mítico sobrevolando los partos y que en cualquier caso la ambivalencia frente al hecho de ser madre es algo completamente natural, tan natural como el hecho de ser madre, algo que en cualquier caso supone el nacimiento de una subjetividad nueva no necesariamente en sinergia con la otra identidad de la mujer: la de ser mujer, persona o sujeto.
Y ayudarles a comprender que los hijos un dia u otro nos defraudarán.

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Evolución y urbanismo

evolution_projectUno de los más grandes errores de los creacionistas es objetar que como las especies, sus órganos y tejidos junto con todos sus intrincados mecanismos biológicos son altamente complejos, por tanto no han podido surgir de la mera autoorganización de la materia siguiendo unas leyes básicas más que simples.
Y por supuesto estas personas cometen un grave olvido, y es el de suponer que en la larga y compleja senda de la vida sobre la Tierra las ballenas, las secuoyas, el penetrante ojo de un halcón, la habilidad motora de los octópodos y el resto de maravillas biológicas que ha desplegado la Naturaleza han aparecido de golpe cuando, como muy bien ilustra el caso del más que llamativo ejemplo de la visión, el largo proceso comenzó de la manera más simple, con una humilde bacteria que cuando desarrolló la capacidad de detectar la presencia de unos pocos fotones y así poder orientarse hacia la luz se disparó, gracias a la parsimoniosa pero más que constante selección natural, todo un tortuoso y nunca terminado proceso que culminó miles de millones de años después en esas maravillas orgánicas capaces de detectar la luz ultravioleta o de distinguir el ligero movimiento de un presa en una noche más que oscura como muy didácticamente nos enseña David Attenborough en este breve video.



Quizás para que los no expertos empiecen a entender el proceso evolutivo un buen símil sería el del urbanismo. Si alguien comenta que no entiende como una ciudad como Madrid, Paris, Buenos Aires, Lima o el distrito federal de México ha llegado a contar con millones de habitantes que viven y trabajan en cientos de miles de edificios conectados entre sí por calles y avenidas, con sus semáforos, aceras, farolas y paradas de autobús simplemente hay que recordarle que estas grandes urbes no aparecieron de la nada en un par de semanas, sino que son el resultado de cientos de años de continuos y muchas veces imperceptibles cambios desde unos más que humildes inicios, cuando unos cuantos aventureros decidieron establecerse en la orilla de un rio y construir lo que inicialmente era poco más que un puñado de cabañas de madera y paja erigidas sobre un minúsculo terreno recién desbrozado de árboles y matojos, y que tras arduos esfuerzos (unas veces fructíferos pero otras muchas totalmente infructuosos cuando no directamente disparatados) de generaciones y generaciones de seres humanos, poco a poco el poblacho empezó a crecer sin orden ni concierto y sin por supuesto guía urbanística alguna para acabar teniendo palacios y catedrales, rascacielos y puentes, kilómetros y kilómetros de vías terrestres y hasta subterráneas, con un subsuelo lleno de una maraña de tuberías y cables y el resto de las más variadas y complejas estructuras que nadie realizó en su totalidad y que muchas veces ni los mismos que comenzaron algunas de sus partes llegaron a conocer su finalización. Ciudades por otra parte que ni ayer, ni hoy ni nunca estarán completamente terminadas porque seguirán cambiando por los siglos de siglos en una constante y perpetua remodelación sin principio ni final, creándose lentamente nuevas funciones y espacios pero siempre constreñidos por la propia estructura y características previas de esa misma ciudad.


Pues en algo parecido se podría resumir el fenómeno evolutivo: la acumulación de pequeños y grandes cambios (muchos de los cuales acabaron simplemente en callejones sin salida) a lo largo de los eones cuya propiedad clave fue que cada uno de ellos permitiera en su momento sobrevivir y sacar partido reproductor a los primeramente más que simples seres unicelulares que bajo la inexorable selección natural pudieron llegar a colonizar todos los ambientes de este inmenso planeta, desde la más profundas fosas abisales hasta los más remotos desiertos y montañas y diversificarse de la manera más increíble en multitud de formas, que dieron como resultado final la casi infinita variedad biológica que todavía en la actualidad ni siquiera hemos llegado a catalogar de manera científica en su totalidad estos tan particulares monos bípedos, simples primates con poco pelo y mucha cabeza, que acabamos de incorporarnos hace un instante geológico al gran teatro de la vida que lleva representándose desde el principio de los tiempos en este insignificante pero a la vez más que sorprendente planeta llamado Tierra.


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13 jul 2016

¿Es nuestro gusto musical innato o aprendido?

Sound

Un estudio con una tribu aislada del Amazonas sugiere que si nos gustan los sonidos consonantes frente a los disonantes es porque lo hemos aprendido y no por una cuestión biológica, como defiende una parte de los expertos.


12 abr 2016

El Primer Encuentro Sexual en el Planeta

UNA FASCINANTE HISTORIA: EN EL ORIGEN DE LA VIDA COMPLEJA ESTÁ EL MARAVILLOSO ACTO SEXUAL DE FUSIÓN



¿Puedes imaginar el primer acto sexual en el planeta? Tal vez imaginas a un prototípico Adán y a una Eva en el Edén, en un ardiente abrazo carnal bajo el árbol de la vida. No: en cambio, el abrazo informático y biológico de dos bacterias en un remoto origen. 

Así describe Jill Neimark el primer acto sexual (que además, para encender el candor biológico, fue sexo mutante) en un interesante artículo sobre la función evolutiva del sexo:

Alrededor de 2 mil millones de años atrás, dos procariontes --dos bacterias borboteando en la sopa primordial de la vida-- se unieron en lo que debió de haber sido el acto sexual original. Una invadió a la otra. Una comió, la otra fue comida, y ambas vivieron para contar la historia. Se fusionaron y con el tiempo, crearon algo asombrosamente nuevo. La invadida --la que fue comida-- evolucionó a ser una pequeña pero poderosa mitocoondria a lo largo de pocos millones de años. La otra evolucionó a ser un núcleo mucho más grande.

Esta es la endosimbiosis que está en el origen de la vida de los eucariontes. No sólo estamos conformados por un 90% de células bacteriales que forman nuestro microbioma; las células animales también tienen este origen dual bacterial. Las bacterias que ahora son las mitocondrias producen la energía que permite la explosión de la vida compleja en este mundo

Las mitocondrias, que son los motores biológicos, tienden a una serie de mutaciones erráticas, lo cual sin embargo es compensado por la reproducción sexual, que en un principio no parece ser una forma eficiente de reproducirse pero que permite la más rápida recuperación en los errores genómicos de las mutaciones. El sexo es un mecanismo de adaptación. El sexo y el amor son ciertamente dos cosas distintas, pero comparten tal vez un remoto origen, en un acto primero y en un deseo, luego, de convertirse en el ser que se desea, de hacer que dos sean uno. 


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23 sept 2015

El árbol de la vida

Crean un 'árbol de la vida' con 2,3 millones de especies


Un primer borrador de 'árbol de la vida' que incluye aproximadamente 2,3 millones de especies de animales, plantas, hongos y microbios ha sido publicado en la revista científica 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS, por sus siglas en inglés).
Elaborado por 11 universidades estadounidenses, el borrador contiene unos 500 árboles más pequeños que ya fueron publicados antes. El 'árbol de la vida' muestra las relaciones entre todas las especies vivas conocidas, arrojando luz sobre el origen de la vida tras 3.500 millones de años de evolución.
El nuevo 'árbol de la vida' consiste un diagrama que muestra las relaciones de evolución entre todos los organismos vivos e indica cómo diferentes especies descienden de un ancestro común.

Al entender cómo los millones de especies de la Tierra se relacionan entre sí ayuda, los científicos pueden descubrir nuevos antibióticos y seguir el origen y difusión de enfermedades infecciosas como el VIH, el Ébola y la gripe.

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6 jul 2015

¿Por qué los hombres somos superfluos?

mitomachos
Aunque lo políticamente correcto es pensar que el sexo femenino ha estado históricamente y sigue estando subordinada a esa entelequia que ha venido en llamarse “patriarcado” lo cierto es que ser hombre es muy poco deseable y lo será más cuando lector termine con la lectura de este post.
Utilizaré sobre todo argumentos de la psicología evolucionista e intentaré huir de los discursos políticos o de género salvo para señalar la sinrazón de los mismos. Lo cierto es que las creencias compartidas por gran parte de la población, los discursos de los mass media e incluso la neurociencia aplicada vienen siendo rehenes de la política como tan acertadamente ha escrito Pablo Malo en este post. Nuestra esperanza está pues en manos de las mujeres.
Sencillamente: algunas cosas no se investigan porque hacerlo seria ir en contra de ese ginecocentrismo rampante que se oculta a veces en el buenismo y otras veces en lo políticamente correcto. Hay cosas que no se pueden decir, ni pensar ni mucho menos investigar si uno no quiere ser exiliado del mundo de la ciencia y de sus incentivos que son siempre políticos.
No cabe ninguna duda de que nuestra especie evolucionó en una extrema competencia intrasexual de los hombres contra hombres y por las mujeres. Aunque posteriormente estas diferencias menguaron a raíz del éxito de la neotenia lo cierto es que aun nos quedan algunos rastros morfológicos de aquella rivalidad ancestral: el dimorfismo corporal. Los hombres somos por lo general más fuertes, veloces, grandes, y altos que las mujeres. Y aun a nivel psicológico perduran ciertos rasgos, somos más audaces, atrevidos, corremos más riesgos, somos más agresivos y nos orientamos mejor en el espacio que las mujeres. Y todas estas diferencias se enroscan en una hormona: la testosterona, una hormona “pensada” para competir y para luchar.
Pero la testosterona es a la vez un martirio para los machos y señala precisamente hacia el lado de nuestra vulnerabilidad. El lector interesado en saber más sobre esta cuestión, puede visitar este post que titula “La testosterona y los secretos”. La testosterona es una hormona que parece pensada para meternos en líos, mientras que el estradiol parece diseñado para evitarlos. Es bien sabido que las mujeres sienten aversión por los líos. La testosterona es la responsable de que los hombres las dejemos viudas, a ellas, claro.
Aquí hay otro articulo sobre las vicisitudes de la testosterona y las tropelías que protagoniza en el cerebro de los hombres..
Ser hombre es pues un problema que comienza a serlo ya en el parvulario, ese lugar hostil para los chicos (donde ya los niños agresivos comienzan a entrenar sus mordiscos) y más tarde en la escuela, mejor dicho en los patios de las escuelas, en ese espacio terrorífico que llaman “el recreo”, verdadero lugar de suplicio para los menos agresivos de nosotros. Alli es donde nos encontramos con los primeros “gallitos” de pelea con los que nos mediremos en nuestra vida y alli sufrimos nuestras primeras humillaciones masculinas, alli aprendemos también a defendernos y a administrar nuestras derrotas con distintas estrategias, algunos fracasan y entonces hablamos de fracaso escolar. La escuela no es un buen lugar para los chicos poco agresivos. Los campos de deporte posteriormente siguen esta misma linea: la masculinidad es rivalidad, autoafirmación e intrepidez.
De manera que el hombre es un individuo que ha de ganarse el derecho a reproducirse, algo que la mujer conseguirá sin hacer nada, pero no crean que les estoy hablando de una época cavernaria. Incluso hoy el éxito reproductivo de las mujeres ronda el 80% mientras que el de los hombres oscila entre el 50-60% a pesar o quizá a consecuencia de los anovulatorios. Dicho de otra manera sus ancestros femeninos son mas numerosos que los masculinos, eso sostiene Roy Baumeister.
Naturalmente no son los hombres más fuertes los que tienen más oportunidades de reproducción. La fuerza ha sido sustituida en nuestro mundo opulento por otras cosas, símbolos que la representan, el poder, la fama, el dinero, las capacidades artisticas o la inteligencia pueden resultar tan atractivos para la mujer como la “fuerza bruta” o la valentía de un macho. Es por eso que existe la selección sexual solapada con la otra;, la reproducción del más fuerte fue con el tiempo sustituyéndose por la del más adaptado.
Pero aun así sigue habiendo una brecha en tanto en cuanto las posibilidades reproductivas: las mujeres se reproducen más que los hombres. O dicho de otra manera, si usted es hombre tiene la mitad de posibilidades de dejar descendencia que su hermana.
La masculinidad tiene algo de paradoja, por una parte es cierto que tener hijos varones multiplica sus posibilidades de tener muchos nietos pues un hombre puede dejar embarazadas a muchas mujeres. Las mujeres solo pueden quedar embarazadas de un hombre por vez, mientras que el macho puede mediante escapadas puntuales ir dejando su semilla por todo el orbe. Es por eso que la hipótesis Trivers-Willard predice que después de una guerra y en otras circunstancias el numero de nacimientos de varones es superior al de las niñas.
Dicho de otra forma, en una sociedad primitiva donde existiera una libertad de oportunidades sexuales, ser varón daría una ventaja reproductiva, pero como todo el mundo sabe esto no es más que un ejercicio teórico, pues las mujeres también eligen e imponen sus propios gustos, solamente en un mundo de depredación sexual seria posible un resultado así.
La paradoja se resuelve espontáneamente por selección natural, la mayor parte de los machos son (somos) superfluos reproductivamente hablando.:
  • Los hombres mueren en las guerras a las que les lleva esos excesos de testosterona. Tomemos los datos de la Primera Guerra Mundial como ejemplo: 6.046 hombres muertos cada día en los 4 años que duró la guerra. Se calcula que la guerra produjo 8 millones de muertos y 6 millones de discapacitados. Datos como estos hacen pensar que a lo largo de la historia se ha visto a los hombres como desechables más que otra cosa.
  • Los hombres se suicidan más que las mujeres. El suicidio siempre ha sido más elevado en los hombres pero está aumentando actualmente de forma alarmante en los hombres.Más de 6.000 personas se suicidaron en el Reino Unido en 2013: el 78% eran hombres. En toda Europa es 4 veces más probable que los hombres mueran por suicidio que las mujeres. La tasa de suicidio de hombres de 45-59 años ha aumentado un 40% en una década. En Japón el suicidio también ha aumentado y ahora mismo el suicidio es la primera causa de muerte en hombres jóvenes de 20-44 años. Probablemente no hayas oído hablar de esto en los telediarios ni en ningún lado. De nuevo, imagínate que la situación fuera al revés -asegura Pablo Malo..
  • Es cierto que las mujeres suelen ser víctimas de homicidios causados por hombres más que al revés, pero hay otra verdad que abarca y completa a la anterior: la mayor parte de las víctimas de homicidios causado por hombres son hombres.
  • Y por último un dato definitivo: las mujeres viven más que los hombres, en España la expectativa de vida media para una mujer es de 3 años más que los hombres. Hay más viudas que viudos,  y aun: para un hombre quedarse viudo predice una muerte precoz, como todo el mundo sabe el matrimonio es protector para el hombre y es neutral para la mujer aunque es vital para la mujer fértil. Todo parece indicar que las vulnerabilidades de hombres y mujeres no suceden al mismo tiempo.
De manera que evolutivamente hablando ser hombre es un proyecto caro biológicamente hablando pero culturalmente hablando aun lo es más: la virilidad no viene de serie y ser un hombre se ha convertido en un bien que carece de incentivos, debe ser por eso que los hombres han abdicado del matrimonio o lo que es lo mismo de una relación a largo plazo con compromisos sobre la prole. El sexo fácil por otra parte complementa esta decisión.
Es verdad que el matrimonio se ha hecho menos atractivo tanto para hombres como para mujeres, pero el porcentaje de hombres que considera el matrimonio una cosa importante en su vida ha bajado más que el de mujeres. El porcentaje de hombres casados no hace sino disminuir mientras que el de mujeres solas con o sin hijos (hogares monoparentales) no hace sino aumentar. Una de las razones que se esgrimen para entender este fenómeno es que el sistema legal privilegia a las mujeres, la relación riesgos/beneficios del matrimonio, para los hombres, ha cambiado y los incentivos para casarse son menores. Casarse, para muchos hombres, es arriesgarse a perder su casa, sus hijos y su independencia económica.
Los hombres somos superfluos porque uno solo de nosotros puede dar cuenta de un harén de hembras, el problema es que para disponer de ese harén hace falta ser “muy hombre” y eso no está al alcance de cualquiera.
Bibliografía.- 
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