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2 jun 2015

Efectos físicos del enamoramiento (INFOGRÁFICO)

TE COMPARTIMOS UN LISTADO CON 8 CONSECUENCIAS FÍSICAS QUE CONLLEVA ESTAR ENAMORADO

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El acto de enamorarse es, sin duda, uno de los fenómenos más intrigantes de la naturaleza humana. El hecho de que en el enamoramiento confluyan aspectos emocionales, mentales, físicos y, por qué no, metafísicos, hace de él un fascinante misterio, un estado que bien puede encumbrarnos en paradisíacas estepas o, por el contrario, sumergirnos en épica psicosis. 
Dentro de las múltiples manifestaciones del enamoramiento en distintos planos, el físico es particularmente enigmático. Que algo tan “etéreo” pueda tener efectos tan puntuales a nivel físico y bioquímico no sólo nos sugiere que el modelo bajo el cual operamos es esencialmente unitario y no fragmentado, sino que la somatización de lo que sentimos o pensamos es un proceso no exclusivamente natural sino ineludible. 
Por otro lado esta dinámica, la somatización del enamoramiento, nos invita a reflexionar sobre que tal vez la intensidad de ciertos fenómenos que alojamos provoca que estos se desborden, ocupando absolutamente todos los cauces que encuentren en su camino de florecimiento, con el fin categórico de manifestarse. Y quizá por esto cuando estamos enamorados ello se refleja no sólo en nuestro aspecto físico o nuestro cerebro sino también, por ejemplo, en tu perfil de Facebook, e inclusive tiene efectos que van más allá del modelo de tiempo-espacio lineal y actúan en un plano cuántico. 
Pero regresando a lo corpóreo, a continuación te presentamos un infográfico (publicado en Mic) que mapea la manifestación del enamoramiento en diversos aspectos de nuestro cuerpo y mente. Se trata de un recordatorio visualizado no sólo de la intensidad propia de este fenómeno, sino también de la íntima unión que nos rige como una unidad (y no como un cuerpo separado de un corazón y una mente). 
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Concentración: Contrario a la distracción que popularmente asociamos al enamoramiento, cuando nos encontramos en este estado liberamos dopamina, sustancia que favorece la concentración mental, la determinación y la creatividad.
Ojos: Cuando miramos a alguien de quien estamos enamorados, nuestras pupilas literalmente se dilatan. 
Temperatura: Testimonios de personas enamoradas apuntan a que, en el clímax del enamoramiento, la temperatura corporal aumenta. 
Dolor: El enamoramiento actúa como analgésico contra el dolor físico (y emocional), pues activa el sistema de recompensas gratas en nuestro cerebro. 
Piel: Los capilares subcutáneos se expanden (por eso es fácil que nos ruboricemos).
Problemas cardíacos: El enamoramiento puede reducir la presión sanguínea y por lo tanto, reducir la posibilidad de un paro cardíaco. 
Estómago: El contacto con la persona a quien amamos envía señales a nuestra corteza insular  y hace una conexión entre nuestro cerebro y vientre (por eso lo de “mariposas en el estomago”).
Estrés: Estar junto a “esa persona” ayuda a reducir el estrés y disminuye nuestros ritmos cardíaco y respiratorio. Además, su abrazo disminuye la presencia de cortisol, la hormona del estrés. 

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25 jun 2014

Narcisismo, envidia y amor

“El que ama se vuelve humilde. Aquellos que amor tienen, por así decirlo, empeñaron una parte de su narcisismo”. (Sigmund Freud)


De la frase de Freud ya podemos deducir que amor y narcisismo son conceptos opuestos: el amor (hacia otros) socava el amor propio por asi decir. En efecto el amor nos vincula con el otro, algo que tiene sus riesgos, mientras que el narcisismo es un repliegue sobre nosotros mismos.
El narcisismo es efectivamente un espejo, como lo es la mirada del que nos mira y lo es el oído del que nos habla y escucha. A través de la mirada ese otro nos sostiene y nos transforma: mirar es pues nutritivo, tan nutritivo como mamar o alimentar.

La mirada rebota en el espejo del otro y le incita a través de la seducción a abandonar esa especie de nihilismo que es el amor encapsulado en uno mismo (narcisismo) y que no tiene más resultado que un engorde sistemático del Yo, que pierde así su condición reparadora y se transforma en una especie de cáncer emocional.
Y es por eso que los narcisistas no puede amar, el amor no les interesa, más que eso: han renegado del amor. Pero el narcisismo tiene otros efecto secundarios y que dependen de la grandiosidad del Yo narcisista. Uno de ellos es la envidia.
Usualmente solemos pensar que la envidia es un sentimiento que afecta sobre todo a los deprivados de afecto. Identificamos la deprivación afectiva con la comprensión de la envidia.
La envidia es un sentimiento muy complejo y mal comprendido, se trata de algo retorcido y que afecta tanto al envidioso como al envidiado.
La primera confusión procede del hecho de confundir envidia con codicia. El codicioso anhela lo que el otro posee y trata de robárselo para apropiárselo. Tanto la codicia como la envidia son comparativas, es decir necesitan un principio de realidad que dirija el deseo hacia aquello que no tenemos o que tememos perder.
Efectivamente la envidia afecta sobre todo a los narcisistas, a los egocéntricos, a los orgullosos o a los soberbios. ¿Cómo es posible que algunas personas que parecen que vayan “sobrados” sean a la vez tan envidiosos? Lo cierto es que todos tenemos ejemplos en nuestro entorno para ponerles cara a este tipo de personas que combinan el orgullo con la envidia. Vamos a retomar aqui el texto de un comentario de una lectora que dejó aqui despues de visionar el video en un ultimo post:

¿De qué tiene envidia Cain?

Caín mató a Abel por envidia, porque aún siendo Caín el primogénito y el que heredaría la autoridad de ser el cabeza de familia junto con el legado patrimonial … llevaba realmente mal que el padre tuviera predilección por su hermano, por Abel. Y la envidia, a veces, más que una carencia o falta sufrida por algo que no se tiene y que conocemos como codicia, contiene otros elementos más subterráneos y quizás más poderosos como influencias que empujan mucho más que esa carencia o falta observada. Y estos elementos bien pudieran ser la soberbia y la codicia, pues el orgullo del que se estima grandioso, que lo quiere todo para sí, llega a desear incluso lo que no tiene o concibe como estimable o apreciable, y de esa soberbia nace la envidia, la acaparación, el goce de sustraerle a ese otro que sí sabe apreciarlo, sólo por el goce de arrebatárselo para seguramente repudiarlo y despreciarlo una vez obtenido. Es el goce en el robo, en la sustracción, y ojo, en un robo con violencia, y cuando no se puede robar el cariño, se quita del horizonte al sujeto que era ese objeto de predilección, y el hecho está consumado.

Dicho de otro modo: la envidia de Cain se parece mucho a la codicia, puesto que en ella puede observarse una carencia: el amor del padre se ha decantado definitivamente por Abel. Cain odia y mata a Abel precisamente por esta razón: cambia muerte por un cariño, el del padre al que no puede acceder.
La envidia de Kevin.-

 La envidia de Kevin no tiene nada que ver con la envidia de Cain. Kevin asesina a Celia porque a sus ojos es un ser débil, porque tiene afectos, sentimientos, todo eso que él no tiene ni desea de lejos tener, pero que sí envidia, no para poseerlos él subjetivamente, porque si los deseara por si mismos, haría o lucharía por ellos … sino que por el efecto del orgullo y la codicia no tolera que otros a quienes considera inferiores, disfruten de algo que él no puede disfrutar, y por eso comienza con la manipulación y el sadismo con su hermana, que es una aniquilación cotidiana, como a plazos y que tendrá una consumación final.

A su padre lo asesina por pusilánime, pues estos guerreros odian lo tibio, y en cambio admira sin que lo sepa a su madre, porque sólo se ama lo semejante, y la falta de afectividad de Eva, por afinidad, es para él admirable, alguien a quien considera un igual y a quien desde que nace va a configurar con ella un círculo interesante de lucha de poder, pero de poder en términos de fuerza, como dos machos alfas escorándose ….Fíjense que es Kevin quien gana, pues en esos asesinatos difusos, anónimos y masivos, él está matando a su madre, pues en sí mismo, realmente consigue con esos asesinatos en masa, matar a su contrincante, la deja estigmatizada, muerta en vida, muerta socialmente y no sé si ya profesionalmente, y así puede que ya no viaje tanto … La maza, el tiro con arco ha alcanzado el centro de la persona, ha hecho diana, pues es un garrotazo, un mazazo en todos los ámbitos del ser, pues asesina y rompe el vínculo familiar, pues no sólo la deja viuda, sino también la despoja de la maternidad del segundo hijo, de la niña, y ya sólo quedan ellos dos, ya para siempre estará disponible. La aferra a él, pues su vida pasará a girar sólo en torno a esas visitas de los sábados como la de algunas viudas que sólo viven y respiran para visitar el cementerio una vez a la semana. y después pasar a off hasta el sábado siguiente …

La envidia para San Agustín.-

“La “Superbia”, la “arrogantia” tiene su consecuencia en la “invidia”, que es la aniquilación de los éxitos y alegrías de los demás, eran casi sinónimos en la antigüedad, y se oponían a su antídoto la “humilitate”, que no implicaba la anulación de la propia personalidad, sino respeto por la ajena.

En absoluto la envidia es hija del fracaso o deficiencia, de un sentimiento carencial, sino todo lo contrario, de ahí que sea tan difícil identificarla, tanto en uno mismo como en el prójimo. La envidia parte de la excelencia, de un elevado estatus (intelectual, social) cuya exclusividad el envidioso está dispuesto a sostener a casi cualquier precio, porque en ella radica su esencia, su ego, el origen inconfesable de su oscura felicidad. Sin tener esto presente es imposible acercarse al retorcido sentimiento de la envidia.

El envidioso no está contento con lo que tiene, que es mucho o bastante, quiere que el otro no tenga, eso forma parte de su placer. En cierto modo el envidioso es un sádico al que le divierte ser envidiado.

Lo que resulta abominable, y no estamos hablando de un simple pecado de catálogo de moralista cristiano, es interponerse, actuar para mantener forzadamente en la perpetua tiniebla a todos para así aumentar nuestro brillo, no querer el progreso ajeno porque atenuaría nuestra luz.

Con su “chinchate”- el afortunado envidioso siente alegría por la desgracia ajena, o lo que es lo mismo, tristeza por la alegría de otros, por su progreso, por la simple razón de que disminuye su gloria y excelencia al acortar la distancia que los separa de él.

Era este el parecer de San Agustín, que sabía muy bien lo difícil que es sustraerse del innoble sentimiento de soberbia que suelen experimentar las personalidades que destacan y son excelentes; pero mucho más grave que la soberbia consideraba a su hija la envidia, pues con ella el soberbio daba un paso hacia el abismo, pues comenzaba a medir su gloria por la infelicidad de los demás. “Cum igitur superbia sit amor por excellentiae propiae, invidia sit odium felicitatis alienae”.

El soberbio, amando su propia excelencia, envidia a sus iguales, porque se alinean con él, o a los inferiores, temiendo que se puedan equiparar con él, o a los superiores, viendo que no se puede equiparar con ellos. De este modo, siendo soberbio se convierte en envidioso.
De todo esto se puede deducir facilmente que los envidiosos fueran aquellos afortunados con dones y habilidades que tendían a exhibir y a complacerse al máximo y en esa situación de crédito ajeno temían ser desplazados por otros de igual o mayores dones y esplendores”.

Dicho de otra forma: la envidia es hija de la soberbia. Su subproducto.

La envidia según Melanie Klein.-

La envidia, según la analista de niños Melanie Klein, se desarrolla durante el período que va desde el nacimiento hasta el primer año de vida y es una respuesta a la dependencia e indefensión totales del niño respecto de la madre. “Desde el comienzo de su vida el niño acude a la madre para satisfacer todas sus necesidades”, escribió Melanie Klein. El pecho materno, hacia el cual están dirigidos los deseos del niño, es sentido instintivamente no sólo como una fuente de nutrición sino como la fuente de la vida misma.

No obstante, en la primera relación del bebé con la madre se introduce inevitablemente un elemento de frustración, porque “aun en el caso de que se sienta satisfactoriamente alimentado, ello de ninguna manera reemplaza la unidad prenatal con la madre”. La frustración e indefensión que el niño hambriento experimenta son las raíces de la envidia. El bebé “envidia” a su madre por el poder que ella tiene de alimentarlo o privarlo del alimento. En su frustración, quiere devorar la fuente de su alimento y del poder de ella: el pecho.

Aun en el caso de que no aceptemos la idea de Melanie Klein de que el bebé “envidia” el poder que su madre tiene de alimentarlo, podemos sí aceptar la idea de que ese primer vínculo con la madre contiene los elementos fundamentales de la futura relación del bebé con el mundo. Si el vínculo es amoroso y satisfactorio, el bebé desarrollará un sentido básico de seguridad y confianza hacia la gente. Si el vínculo no es ni amoroso ni satisfactorio, se desarrollarán una inseguridad y una envidia profundamente arraigadas y el bebé se convertirá con el tiempo en un adulto envidioso. Cada vez que la envidia se desencadena en un adulto de esas características, las heridas de la primera infancia se reabren con todo su poder destructivo.

Melanie Klein piensa que los celos se basan en la envidia, pero que de todos modos son muy diferentes de ella. La distinción que ella establece entre ambos es similar a la que planteamos aquí: “La envidia es el sentimiento de enfado porque otra persona posee y disfruta algo deseable, y el impulso envidioso apunta a despojarla de ese algo o echarlo a perder”. Los celos, por su parte, conciernen a la relación de la persona con por lo menos otras dos personas, “y se relacionan principalmente con un amor que el individuo siente que le corresponde y le ha sido arrebatado, o bien está a punto de serle arrebatado”.

La envidia, según la describe Melanie Klein, es una emoción anterior, más primitiva y más destructiva que los celos. Es diferente del deseo que impulsa a los celos, en el que se trata de proteger la relación o de recuperar al ser amado. Cuando en una situación de celos hay un componente de envidia éste se manifiesta como impulso de destruir a la persona que goza de la ventaja envidiada, sea ésta el rival o el amado, que tiene el poder de hacernos felices y prefiere no ejercerlo. (Ultimo epígrafe extraido de esta web)

Personalmente no creo demasiado en la hipótesis de Melanie Klein en el sentido de una envidia primaria por parte del bebé, de existir algo asi no mereceria la pena llamarlo envidia sino más bien ” una consciencia de dependencia por parte del bebé” o "inconsciencia por parte de los padres" y que está bastante bien explicada en el concepto de narcisismo, esa etapa donde el niño ya reconoce a la madre pero no sabe que la madre es un individuo diferente y separado de él mismo. Si la vivencia del bebé narcisista es esa es muy poco probable que podamos hablar aqui de envidia.
En realidad el niño comienza a darse cuenta de que su madre es un sujeto diferente a él mismo cuando supera la fase de angustia de separación. Antes de eso el niño sigue suponiendo que él y su madre son un único organismo.

Del mismo modo me resulta discutible el pensar la gratitud como un derivado del rencor o la admiración como un derivado de la envidia. La envidia sería primaria y la admiración como resto afectivo seria un derivado sublimatorio. Pero por experiencia profesional creo que la gratitud puede ser primaria con más frecuencia que el rencor. Ambas, envidia y admiración seria los subproductos de esa escisión original con la que venimos los humanos de serie, unos -los humildes- suprimirían la envidia mientras los envidiosos suprimirían la capacidad de admirar (sublimar).
Lo que es cierto es que algunas personas en la clinica nos han enseñado que las pulsiones de devaluación (envidia) y las de idealización configuran dos polos bien definidos de la fluctuación en determinados sujetos. Los TLPs por ejemplo son personas que ahora devaluan y después idealizan, señalando con su fluctuación la incapacidad para integrar las dos pulsiones en una. La envidia seria el sentimiento que neutralizaría la excesiva idealización del otro siempre y cuando ambas pulsiones puedan vivirse en una nueva síntesis. Una imposibilidad que se conoce con el nombre de difusión de la identidad.

Para mi la envidia es un sentimiento muy complejo y abigarrado, de origen arcaico ciertamente pero no necesariamente primario. Más bien lo veo como un subproducto de la grandiosidad narcisista y de la rabia y miedo vivenciados en las primeras experiencias.
No hay envidia sin maledicencia y sin erosión de los logros del otro y tampoco podemos hablar de envidia sin grandiosidad (soberbia). Dicho de una manera más fácil de entender: yo puedo sentirme mal con los éxitos del otro y puedo sentirme alegre por sus fracasos. Se trata de dos clases distintas de envidia.

Hay algo en la manzana que impide ver el rostro de este hombre.

O lo que es lo mismo: hay algo en la manzana que impide mirar y ver y ser visto.

Neurociencia / Cultura

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8 dic 2013

Corazón o Cerebro: ¿Dónde se encuentra el amor?

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A muchos de nosotros nos resulta difícil entender la idea general del por qué el amor nace en el corazón, cuando hemos aprendido que la mayoría de nuestras emociones son un proceso que empieza por la percepción de nuestros sentidos y las reacciones que se generan en nuestro cerebro a partir de tales estímulos. Pero existen algunas razones por las que tiene un sentido lógico que el amor surja desde el corazón, y estás razones tienen premisas históricas y prácticas.

Desde las épocas más remotas el corazón ha sido un profundo símbolo del pensamiento emocional y el centro espiritual del hombre. La palabra latina “cor” es la base de la palabra castellana “corazón” definida como la parte central de un objeto (en inglés core, núcleo en español). Muchas filosofías y doctrinas como los Upanishads, Judíos, Cristianos, Budistas, etc consideran al corazón como el núcleo del ser que se conecta directamente con la divinidad, tal como el anahatha o chakra corazón en el kundalini yoga. La base física real para esta repetida conexión entre el corazón humano y la fuente de la vida es el propio latido, el pulso rítmico que lleva la sangre vivificante por todo el cuerpo, es la manifestación más clara de la fuerza vital en el organismo humano, la pulsación rítmica caracteriza todas las cosas vivas tal como en el sonido y la luz se transportan en ondas en nuestro universo físico.

Al igual que con muchas de nuestras creencias comunes, una mejor comprensión del por qué amamos desde el corazón requiere mirar atrás en la historia de nuestros antepasados ​​en la antigua Grecia. Ellos creían que el corazón era la sede de todo, de la misma manera que ahora concebimos a nuestro cerebro como la sede de todo lo que nos rodea. Aristóteles enseñó que el corazón controla toda la razón, nuestra emoción, e incluso nuestros pensamientos discursivos. Así que para un griego antiguo como Aristóteles, sólo tendría sentido que el amor surge del corazón y de la misma forma ésta enseñanza se transmitió a los romanos. El médico Galeno, que sentó las bases para gran parte de la medicina moderna en el oeste, tenía toda una teoría del sistema circulatorio. En esta teoría, el corazón es donde las emociones se llevaban a cabo, mientras que el pensamiento racional se llevaba a cabo en el cerebro, y las pasiones se originaban en el hígado.

Los egipcios también centraban una gran importancia en el corazón como órgano y como motor del amor. En la mitología egipcia, se decía que el corazón contiene una esencia vital del alma, de modo que al morir se pesaba contra una pluma para decidir si una persona iría al paraíso.

Se nos ha enseñado con tanta insistencia que el cerebro es donde se procesa todo lo que nos sucede, que es difícil de imaginar, en un sentido literal, que el amor se procese en el corazón. Pero cuando lo analizamos, podemos observar que la mayoría de nuestras emociones se asocian con los otros órganos. Sentimos mariposas en el estómago cuando estamos nerviosos, el miedo y las decisiones radicales las ubicamos en sensaciones en nuestros intestinos (el sentimiento visceral), y el dolor profundo lo cargamos en nuestro pecho. Todo esto hace sentido, si nos fijamos en las respuestas fisiológicas a las emociones, y el hecho de que las sentimos más agudamente en órganos que nada tienen que ver con nuestro cerebro.

De hecho, para entender el amor desde el corazón, no es necesario mirar más allá de las reacciones fisiológicas más básicas que la mayoría de nosotros hemos experimentado personalmente, y en las que los mismos griegos basaban sus creencias. El estado de emoción, un estado definitivamente conectado tanto al amor como a la atracción sexual, se siente, ante todo, en el corazón. A medida que el cuerpo se prepara para algo interesante, la frecuencia cardiaca aumenta para aumentar el flujo de sangre por todo el cuerpo. El aceleramiento del corazón, más que cualquier pensamiento que pudiera cruzar el cerebro, es sin duda, lo que se ha asociado siempre a este órgano como el órgano del amor.

La asociación del corazón con el amor es ampliamente aceptada en nuestra cultura, debido a que no solo podemos asociar a los sentimientos como vuelos de nuestra imaginación, si no que también los podemos ubicar como procesos reales del cuerpo que los ocasionan. Cuando nos sentimos abatidos o alegres, indiferentes o afectuosos, algo ocurre en el cuerpo que nos hace sentir así. Lo que ocurre podemos describirlo como un aumento o una disminución de la excitación del cuerpo, es decir, diferentes frecuencias de vibración producidas por la pulsación básica del corazón. El movimiento de la sangre y los fluidos corporales hacia la superficie o hacia el centro del cuerpo representan la reacción de una persona ante su medio. Si éste es acogedor, positivo y vitalista, la sangre se precipitará hacia la superficie y la persona se lanzará a establecer contacto y estos movimientos terminarán por engendrar en sentimientos de afecto y placer o si la excitación es más intensa, de amor y alegría. En el dolor, la angustia hace que la sangre se retire de la superficie del cuerpo hacia el centro, sobrecargando al corazón y produciendo una sensación de pesadez y desesperanza.

En cuanto a la excitación sexual el contacto íntimo tiene lugar en partes del cuerpo en que la sangre llega muy cerca de la superficie, a estos puntos se le conoce como zonas erógenas. Cuando las zonas erógenas entran en contacto, la excitación corporal se eleva a los más altos niveles humanamente posibles debido al incremento de intensidad del flujo de sangre por la superficie del cuerpo, por ésta razón a la sangre se le considera la portadora de eros y al corazón se le considera el hogar de eros.

Por otro lado, los psicólogos definen las emociones como una combinación de procesos cognitivos, sensaciones y acciones, esto significa que el amor, no solo incluye lo que sentimos, sino también como lo procesamos y como respondemos ante este sentimiento. Aunque la fisiología del amor romántico no se ha estudiado ampliamente, los científicos han realizado un estudio donde se muestra al amor como una emoción compleja catalizada por 12 áreas específicas del cerebro, la red del amor de la cual pueden rastrear los síntomas de la atracción profunda proveniente de fuentes lógicas y de la producción de químicos en el cerebro.

Para entenderlo, antes debemos considerar cual es el propósito de las emociones. Desde 1872 Charles Darwin estableció que las emociones sirven al propósito de la evolución, para que una especie pueda sobrevivir, debe transmitir su información genética, las emociones como el amor y el deseo nos dan el impulso para reproducirnos. Por está razón, el cerebro adquiere la función de evaluar los estímulos para conocer la mejor forma de responder para sobrevivir y reproducirse, usa las emociones como motores para convencer al resto del cuerpo de actuar de acuerdo con ello.

La parte del cerebro responsable de procesar emociones como el amor es el sistema límbico, al que llaman “el cerebro emocional”, una parte del sistema límbico llamada la amigdala calcula el valor emocional de los estímulos, el hipotálamo se encarga de regular la forma en que respondemos a las emociones y el hipocampo de almacenar los registros de emociones de corto a largo plazo. “Una parte de todo el proceso de la atracción está fuertemente ligada a la activación fisiológica en su conjunto”, dijo Timothy Loving (si, es su nombre real), profesor de ecología humana en la Universidad de Texas. “Por lo general, la atracción comienza con cosas como el aumento del ritmo cardíaco, sudoración, etc”.

Cuando observas a la persona deseada, tu corazón comienza a acelerarse, esto es debido a una descarga de adrenalina, dijo el Dr. Reginald Ho, un electrofisiólogo cardíaco del Hospital de la Universidad Thomas Jefferson en Filadelfia, EUA. He aquí cómo funciona: El cerebro envía señales a la glándula adrenal, que segrega hormonas como la adrenalina, la epinefrina y la norepinefrina, éstas fluyen a través de la sangre y hacen que el corazón lata más rápido y más fuerte.

También es probable que la norepinefrina, una hormona del estrés que regula la atención y las acciones de respuesta, sea la que te hace sentir debilidad en las rodillas, dijo Helen Fisher, profesora de la Universidad Rutgers  El equipo de investigación de Fisher tomó imágenes cerebrales de personas que decían estar  “locamente enamoradas” y encontró la actividad en el área del cerebro que produce el neurotransmisor de la dopamina y la norepinefrina que están estrechamente relacionadas. “Lo que hace la dopamina es que genera la atención enfocada, el ansia, la euforia, el deseo y la motivación, en este caso la motivación de ganar el premio más grande de la vida”.

También es probable que estén involucrados el sistema de la serotonina y el del cortisol. Algunos de los datos de un estudio italiano indican que una caída en los niveles de serotonina se asocia con el pensamiento obsesivo y en el caso del cortisol que se segrega en momentos de recordar a seres que hayan causado un impacto en nuestra vida sentimental.

En general, existen tres sistemas cerebrales implicados en el amor romántico: el impulso sexual, el amor y el apego, dijo Fisher. El impulso sexual evolucionó en el ser humano para que buscara conseguir la mayor cantidad de parejas, la parte de “amor” es para enfocar la energía de apareamiento en una persona en específico a la vez, y el “apego” es lo que nos permite tolerar a nuestras parejas, el tiempo suficiente como para poder tener hijos con él o ella.

Estos sistemas normalmente están conectados, pero pueden funcionar por separado. Eso significa que podemos comenzar con uno de ellos – el sexo casual, o un intenso sentimiento de amor, o una conexión emocional – y pasar a los demás. Por ejemplo, lo que pudo comenzar como una aventura de una noche se puede sentir como algo más si la  producción de las hormonas oxitocina y vasopresina fue mayor durante el orgasmo, de tal manera que nos dejarían sintiendo profundamente apegados a la otra persona. Es muy probable sentirse enamorado después de ese encuentro, o sentirse responsable por la persona, a causa de estas hormonas.

El equipo de Fisher descubrió que el amor romántico no necesariamente muere en términos de producción de hormonas, ya que se encontraron con la misma actividad en el área del cerebro que produce dopamina de las personas que dijeron estar enamoradas después de 20 años de matrimonio como en la gente que acababa de enamorarse.

En conclusión, los estudios científicos sobre el amor sugieren que la frase “te amo con todo mi corazón” es prácticamente una mentira. Es imposible amar con todo el corazón, ya que la función del corazón es bombear sangre a todos los órganos del cuerpo, incluyendo el cerebro. Sin embargo, se podría argumentar que sin sangre, el cerebro no funciona y por lo tanto nos sería físicamente imposible amar desde el cerebro. Por lo tanto, los dos órganos tienen una relación simbiótica cuando se trata de esta emoción popular que llamamos amor, tal vez sea el momento de unirlos en nuestras siguientes creaciones y manifestaciones románticas.

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Con Info de:
-“El Amor, el Sexo y la Salud del Corazón” de Alexander Lowen

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21 sept 2013

¿Por qué nos enamoramos?

Por qué una persona se enamora precisamente de tal o cual persona, Y no de cualquier otra de las miles de parejas potenciales que encuentra, sigue siendo un profundo misterio. El azar, la química y la probabilidad de que dos pequeñas ventanas de receptividad se abran en el preciso momento de conocerse son garantía de impredecibilidad. Pese a todo, la ciencia ha hecho algunos modestos avances en el camino para comprender por qué nos enamoramos y por qué nos desenamoramos.


En un estudio de 168 culturas diferentes, el antropólogo Bill Jankowiak halló una fuerte evidencia a favor de la presencia de amor romántico en casi el noventa por 100 de ellas. Para el diez por 100 restante, la evidencia antropológica era demasiado imprecisa para extraer conclusiones definitivas. Mucha gente en todo el mundo dice también sentirse actualmente enamorada. La socióloga Sue Sprecher y sus colaboradores entrevistaron a 1.667 mujeres y hombres de Rusia, Japón y Estados Unidos. Lo que hallaron fue que el 61 por 100 de los hombres rusos y el 73 por 100 de las mujeres rusas decían estar en aquel momento enamorados. Las cifras para los japoneses eran del 41 por 100 de los hombres y el 63 por 100 de las mujeres; y, entre los norteamericanos, el 53 por 100 de los hombres y el 63 por 100 de las mujeres. Pero lo más sorprendente para los científicos sociales fue el descubrimiento de diferencias universales entre los sexos. 

Los hombres de todo el mundo dan más importancia a la juventud y al atractivo físico, cualidades reconocidas como importantes signos de fertilidad y futuro potencial reproductor de la mujer. Las mujeres de todo el mundo desean hombres ambiciosos, que gocen de una posición social decente, posean recursos o el potencial para adquirirlos y que sean unos años mayores que ellas. Durante toda la vasta historia evolutiva humana, los hijos de una mujer han sobrevivido y prosperado mejor cuando la mujer ha elegido a un hombre rico en recursos y comprometido a invertirlos en su pareja.

Entonces, ¿es el amor únicamente una fría evaluación de las especificidades de una persona? ¿Acaso no es una emoción que nos ciega hasta la quiebra?, algunos dicen es un estado inconsciente del ser humano, Un poco de ambas. La gente no suele enamorarse de personas que carezcan de las cualidades que desean. En un estudio de las respuestas de hombres y mujeres a anuncios personales se halló que era más probable que los hombres iniciaran un contacto con una mujer cuando ésta mencionaba sus atractivos físicos y una edad joven en la descripción de su persona. De otro lado, era más probable que las mujeres iniciaran un contacto con un hombre cuando éste mencionaba unos ingresos razonables y un nivel de educación respetable.

Las personas inteligentes y cultas tienden a casarse con personas con las que puedan compartir sus ideas y erudición. Las personas atractivas y seductoras buscan pareja igualmente atractiva. Aunque los opuestos ocasionalmente se atraen, en el amor duradero los 8 generalmente se casan con los 8, y los 6, con los 6.

El economista evolutivo Robert Frank afirma que el amor es la solución al problema del compromiso. El amor es más fuerte que la racionalidad. Es la emoción que nos asegura que no dejaremos a nuestra pareja cuando tropecemos con alguien más deseable, al tiempo que indica a nuestra pareja nuestra intención y determinación de estar siempre con ella. Desafortunadamente, la historia evolutiva no acaba aquí. Donde existe el deseo de amor, existe el deseo de manipularlo. Los hombres engañan a las mujeres acerca de la intensidad de su amor para conseguir recornpensas sexuales a corto plazo. Las mujeres, por su parte, han desarrollado por coevolución defensas contra la explotación sexual, por ejemplo imponiendo un largo proceso de cortejo antes de consentir en el sexo, intentando detectar el engaño y desarrollando una capacidad superior para interpretar señales no verbales.


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