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2 ago 2013

¿Qué es la “Ilustración oscura”?


“Ilustración oscura” (“Dark enlightenment”) es -que yo sepa- un término de acuñación reciente e informal en internet que designaría una especie de “nube” de posiciones ideológicas distribuídas de modo difuso. Abarcaría un conjunto muy heterogéneo de pensadores, científicos, “bloggers”, etc, en general del entorno angloparlante, que comparten un creciente escepticismo o una abierta actitud de reacción frente a lo que podríamos llamar “síntesis progresista” de la Ilustración y la modernidad. Esta nueva taxonomía reaccionaria es, en realidad, muy compleja, incluyendo desde tradicionalistas cristianos a futuristas de la singularidad. Se ha vinculado con la Ilustración oscura, para poner algunos ejemplos, a Razib Kahn, Peter Frost, Steve Sailer, Gregory Cochran y Henry Harpending, Charles Murray, Eliezer Yudkowsky, entre otros.

Dado que yo mismo soy un seguidor de la ilustración oscura, aunque de una parte radicalmente naturalista y secular (soy darwinista en general, no a la carta), lo cual me aleja de algunos puntos de la nube y me acerca más a otros, voy a aprovechar para proponer una versión personal con puntos básicos. Todo es un poco de brocha gorda, debido a la brevedad con la que se trata un asunto tan extenso y difuso (es posible que vaya añadiendo nuevos puntos a medida en que se me ocurran). En cursiva, he intentado resumir la opinión de la “síntesis progresista”.


Escepticismo hacia el cosmopolitismo y el humanitarismo

Los estados y las identidades nacionales son fronteras arbitrarias del pasado que es necesario eliminar para llegar, en el porvenir, a la ciudadanía universal y a un gobierno mundial regido por la ética de los derechos humanos. 

La humanidad está dividida de facto en grupos étnicos y nacionales con intereses heterogéneos. Probablemente nunca existirá un gobierno mundial y, en consecuencia, tampoco una “Paz perpetua” kantiana entre naciones. De hecho este “particularismo” nacional es lo único que asegura unos niveles aceptables de paz, seguridad, libertad y prosperidad.

Aunque no hay nada negativo en sí en la amabilidad con los extranjeros o en la solidaridad voluntaria, el altruísmo puede volverse de hecho patológico cuando la gente sacrifica sus intereses persiguiendo un ideal humanitario exótico. Por otra parte, se han esgrimido en distintas ocasiones argumentos económicos que discuten los efectos benéficos de la cooperación y la llamada “ayuda al exterior”.  


Escepticismo hacia la igualdad de “género” 

Las diferencias entre hombres y mujeres son moderadas, inexistentes o debidas a las normas sociales (por ejemplo, el “patriarcado”). Las políticas de la igualdad conseguirán una igualdad de oportunidades y de resultados entre sexos. 

Hombres y mujeres difieren notablemente en una multitud de rasgos físicos y cognitivos. Estas diferencias son insoslayables y no es posible atribuirlas en exclusiva a “roles de género” construídos socialmente. Más bien, son un efecto natural de la evolución humana y en particular de la selección sexual. No apoyamos la discriminación sexual, pero la razón por la que hay menos físicas o filósofas, pongamos por caso, no es la opresión y las “amenazas de estereotipo”. Tampoco se debe a la opresión que haya menos hombres estudiando la carrera de humanidades o psicología o sociologìa.

Cabe decir también que las políticas de “igualdad de género” apoyadas en medidas de “discriminación positiva” tienen efectos adversos al dañar la igualdad de oportunidades, e incluso algunas consecuencias inesperadas, como de hecho aumentar las diferencias de personalidad básica entre hombres y mujeres.


Escepticismo hacia la revolución sexual 

La reforma de las costumbres sexuales y la retirada de las restricciones tradicionales aumenta nuestra libertad de elegir. Todas las opciones sexuales, liberadas del imperativo reproductivo biológico, son respetables e iguales en valor. 

Los costes de la llamada “revolución sexual” son, en realidad, muy altos. La normalización, no sólo de la homosexualidad, sino de comportamientos heterosexuales fuera de la norma tradicional y en su conjunto una cruenta revolución de las costumbres sexuales es en parte responsable de la decadencia de la familia biológica. Esta decadencia es apreciable desde los años sesenta del siglo pasado en el aumento de las enfermedades de transmisión sexual, en la tasa de divorcios, en el crecimiento de los hogares con personas solteras (“una nación decadente se llena de solteros”, decía el ilustrado radical Holbach), o en el aumento exponencial de hogares monoparentales con consecuencias socialmente catastróficas. Que haya un 40% más de infidelidad femenina sólo en los últimos 20 años, por ejemplo, no significa que estemos entrando en un Edén hippy, sino mucho más probablemente que hay menos restricciones para la hipergamia femenina y mas desigualdad reproductiva.


Reconocimiento de la biodiversidad humana

Las razas humanas no son una realidad biológica sino una construcción social. De existir, las diferencias raciales son superficiales y no afectan a los aspectos profundos de la “humanidad” subyacente. En todo caso, las diferencias visibles se deben a la opresión (normalmente de los europeos)

La especie humana, como explicaba nada menos que el biólogo darwinista Theodosius Dobzhansky,  es una especie politípica, lo que significa que las variedades raciales humanas son una realidad biológica insoslayable y no únicamente una “construcción social”. Hay varias "naturalezas humanas". Estas diferencias reflejan historias evolutivas diferentes y afectan rutinariamente aspectos tan heterogeneos como la inteligencia general, las habilidades físicas o las estrategias reproductivas. Ninguna raza es esencialmente superior a otra y todos cabemos en el planeta, pero cualquier visión realista y científica del comportamiento humano ha de tomar en cuenta la biodiversidad humana.


Defensa de la libre investigación y expresión

La libertad de expresión está limitada cuando se suponen afectados grupos o minorías protegidas.

Controlar al científico es un suicidio intelectual y no deben existir temas especialmente protegidos, como las diferencias de género o raciales, las diferencias nacionales en inteligencia general, etc. No está justificado el acoso académico, el desprecio intelectual ni el apagón mediático por razones ideológicas. El único modo válido de refutar un argumento científico o racional consiste en presentar evidencias y argumentos en sentido contrario, y no en apelar a supuestas consecuencias morales.


revoluciòn naturalista

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10 jul 2013

Un siglo de inteligencia general (CI)


La inteligencia, o inteligencia general, se puede definir de forma básica como “la capacidad para razonar deductiva o inductivamente, pensar de forma abstracta, emplear analogías, sintetizar información, y aplicarlo a nuevos dominios (Kanazawa).”

El descubrimiento de que existe inteligencia general, y que de hecho se puede medir, se ha encontrado históricamente con resistencias basadas sobre todo en dos premisas ideológicas igualitaristas: 1) la premisa de que las habilidades relacionadas con la inteligencia son más sensibles al ambiente y la educación que a la “naturaleza” y 2) la premisa de que las habilidades relacionadas con la inteligencia general están repartidas equitativamente entre individuos, con independencia de cuál sea su sexo o grupo racial.

Ambas premisas, aunque suaves y bonancibles, con toda probabillidad son erróneas. La inteligencia general no es un rasgo de personalidad típicamente­ distribuí­do al 50% entre los genes y el ambiente. Se considera que hasta el 80% de la inteligencia está genéticamente determinada en los adultos. Es más, la inteligencia que heredamos es significativamente responsable del desempeño de los individuos en su vida, determinando parte de sus ingresos, su salud o su expectativa de vida. Sí, está en los genes.

La otra premisa es aun más peliaguada y la que más perturba al clima "progresista" de opinión. La realidad es que desde 1918 se han encontrado diferencias consistentes en el reparto de la inteligencia general entre grupos raciales. Richard Lynn resume el caso en un artículo publicado hace poco en The Salisbury Review, conmemorando los 100 primeros años del CI (cociente intelectual):



Más desconcertante para la izquierda liberal resultó la evidencia de que existían diferencias raciales en el CI. Se descubrió por primera vez en los Estados Unidos en 1918, cuando se analizaron los test de los reclutas y se vio que los negros poseían un CI medio de 84 y los blancos un CI medio de 100. Estas diferencias han sido confirmadas en estudios numerosos hasta el presente. 
En 1994 Richard Herrnstein y Charles Murray argumentaron en su libro The bel curve que estas diferencias en el CI explicaban en buena parte por qué los negros tienen resultados más pobres en la educación y el empleo y poseen tasas más altas de dependencia del bienestar y de madres solteras. 
La izquierda liberal aún se ha molestado más en la última década durante la cual se han calculado los CI para todas las razas y naciones, mostrando grandes diferencias entre diferentes pueblos. Los judíos askenazíes poseen el CI más alto con una media de 110. Esta es una de las razones por las que tienen tanto éxito y son tan prominentes en sus profesiones, negocios o en la academia, o por qué reciben tantos premios y galardones por su impresionante trabajo intelectual, tales como el premio Nobel. 
Seguidamente los chinos, japoneses y otros asiáticos del noreste poseen los CI mayores. Esto explica por qué Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur lo han hecho también económicamente durante el último medio siglo y por qué China ha logrado tasas tan altas de crecimiento económico en los años recientes a que se introdujeran en la economía de mercado. Las naciones europeas poseen una media de Ci de 100, lo que hace que sea difícil para ellos competir económicamente en contra de los del noreste asiático. 
Los CIs más bajos son los de los Bushmen del desierto de Kalahari y los pigmeos de las selvas lluviosas del oeste de África con una medida de 53, y los australianos aborígenes con una media de 62. Los Ci en el África subsahariana son aproximadamente de 70 y esto hace que su desarrollo económico se detenga. 
El cálculo del CI para todas las naciones del mundo ha mostrado que las diferencias en el CI contribuyen de forma significativa en las diferencias del desarrollo económico y en nuestra comprensión sobre por qué algunas naciones son ricas y otras siguen pobres.

Un problema básico con estas afirmaciones, y que no pasará desapercibido, es que suelen rechazarse por razones morales más que por razones empíricas y "científicas", por lo que se enfrentan rutinariamente con una cantidad de críticas, digamos, "extra". Para poner un ejemplo, en la página de Wikipedia del profesor Richard Lynn se avisa píamente de que se trata de alguien "controvertido", como si alguna área de la psicología, o para el caso de la ciencia, no lo fuera.

Es posible que a los europeos les cueste aceptar que una de las razones por las que están fracasando en la competencia económica con las naciones asiáticas radique simplemente en la distribución natural de la inteligencia, pero esta podría ser una de las razones: sí, también hay naciones más inteligentes que otras. Aunque esto no lo explique todo. Anecdóticamente el reparto de la inteligencia por naciones no explica, por ejemplo, cómo se están comportando las naciones europeas en esta crisis económica. España de hecho ocupa un excelente puesto número 16 mundial (con una media de CI de 99) en el conjunto de los países occidentales, por delante de Australia, Estados Unidos, Francia, Dinamarca o Noruega.




Richard Lynn (1930) es profesor emérito de la universidad de Ulster conocido por su estudio de la inteligencia general y de las diferencias raciales, étnicas y nacionales de esta capacidad. Es miembro del consejo editorial de revistas como Intelligence y Personality and individual differences. Su último libro publicado,DysgenicsGenetic deterioration in modern populations, trata sobre el hipotético declive genético de las poblaciones humanas modernas.




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