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............................................................................................... DONDE LOS PLANETAS SE ALINEAN.
Con reacciones contrarias y a favor del sexo con robots, la robofilia se presenta ante nosotros como una posibilidad que va ganando realismo y con un mercado potencial más que suculento.
La robofilia puede sonarnos a palabra o incluso a tema de ciencia ficción pero representa una respuesta efectiva a una sociedad cada vez más avanzada tecnológicamente.
¿ Sexo con robots? El mundo de la robótica nos ofrece mejores soluciones a los más variopintos problemas u obstáculos de los seres humanos, por lo que, ¿por qué no exprimir su potencial a nivel sexual?
Las relaciones sexuales con robots serán algo habitual en 2050 – David Levy
Qué duda cabe que el mercado latente del placer con un compañero robótico existe y probablemente se convierta en una necesidad con mayor realismo en el futuro. Según David Levy, experto en inteligencia artificial y autor del libro “Amor y sexo con robots”, las relaciones sexuales con robots serán algo habitual en 2050. Puede que nos resulte extraño en estos momentos, pero... ¿lo será en el futuro?
Está claro que para los seres humanos tener relaciones sexuales no es únicamente un instinto biológico. Es algo que va más allá de la mera satisfacción física. Entran en juego factores mucho más complejos que si los robots desean cubrir, tendrán que ser capaces de estar programados para algo más que para guiñar, abrir la boca o mantener una pequeña conversación previamente almacenada en su disco duro.
El Senado del estado de Maryland, por ejemplo, acaba de legislar limitaciones a estos programas de grabación de conversaciones, que hasta el momento se estaban desarrollando de manera completamente indiscriminada como es el caso en otros estados. Tras la promulgación de la ley, las escuchas solo pueden ser llevadas a cabo en la zona próxima al conductor, cuando el conductor active el sistema ante un incidente, o por activación automática tras un frenazo brusco o un impacto, además de imponer límites a la posible difusión de las conversaciones recogidas. En este estado, las actividades de grabación venían desarrollándose desde el año 2012 sin ningún tipo de restricción, y en la actualidad, el 65% de los autobuses y el 82% de los vagones de metro poseían la infraestructura para llevarlas a cabo, aunque en muchos casos no estaba en uso.
La idea se asemeja enormemente a los escenarios distópicos recogidos en esa gran novela de George Orwell escrita en 1949 que cada día parece más premonitoria,1984, en la que el protagonista, Winston Smith, solo contaba con un pequeño rincón en su casa que quedaba fuera del ángulo cubierto por las cámaras y en el que podía aspirar a que, si susurraba de manera muy tenue, no le captasen los micrófonos colocados estratégicamente por el estado. Unos micrófonos cuyo poder no solo está en la capacidad de grabar, sino también el que el ciudadano sepa que existen y no sea capaz de saber cuándo están o no están en uso, dando lugar a una sensación de vigilancia permanente y ubicua.
Las legislaciones restrictivas de este tipo de actividades de vigilancia o la cancelación completa de las mismas está teniendo lugar únicamente en aquellos estados en los que surge un activismo ciudadano o protestas reclamando su control. En aquellos estados donde no son controladas, las autoridades saben que cuentan con la posibilidad de reclamar, además de las ya habituales grabaciones de cámaras de seguridad, las grabaciones de audio de momentos concretos en los que un sospechoso pudiese estar utilizando el espacio público.
La próxima vez que subas a un medio de transporte público y vayas hablando con alguien, plantéate lo que podría ser que, del mismo modo que hemos ya pasado a considerar las cámaras de grabación de vídeo como una parte habitual del paisaje, comencemos a aceptar como normal que las paredes tengan oídos y nuestras conversaciones estén siendo grabadas de manera sistemática como parte de un programa que pretende incrementar nuestra seguridad. Simplemente plantéatelo, a ver cómo te sientes. ¿Pronto, en un vagón o autobús cercano?…
This article is also available in English in my Medium page, “Walls have ears“
"Mucha gente opina que la tecnología es un problema porque deshumaniza a las personas. Sin embargo, yo creo que es una gran cosa porque humaniza los objetos".
Desde el cibercrimen y la ciberseguridad hasta actividades más improbables como ciberbesuqueo, el sustantivo cíber, que usamos como prefijo para indicar que estamos hablando de algo que ocurre o tiene que ver con internet o la realidad virtual, parece un término nuevo. Sin embargo, su historia es larga.
Recorrió un memorable camino para llegar a nosotros.
En el antiguo griego, kubernao significaba "gobernar un barco" y kubernetes era el timonel.
El poeta Homero cuenta que los dioses batieron el barco de Ulises para que al caer el mástil le destrozara la cabeza al timonel (kuberneteo kephalen).
La transliteración de kubernetes en latín normal nos dio cibernetes, aunque a los marineros romanos, a quienes les preocupaban menos las reglas del lenguaje, fueron más prácticos y tornaron kubernao en goberno, de donde viene la palabra gobernar.
El filósofo Platón usó el término kubernetika para indicar habilidad para conducir o manejar y de esa palabra, en los años 40, el matemático estadounidense Norbert Wiener acuñó cibernética, para denominar "la teoría de control y comunicación, ya sea en la máquina o en el animal".
Lo hicimos nuestro
En la imaginación popular, el término "cibernética" y por ende "cíber" se empezó a asociar principalmente con robots humanoides o criaturas controladas de una forma similar, como los Cybermen que aparecieron por primera vez -pero no última- en la serie de tv "Doctor Who", en 1966.
Image copyrightImage captionLos cibermen solían ser personas, "hasta que les quitaron toda la humanidad de adentro", explica Dr Who. Para los cibermen, ese proceso es una "actualización".
La progresión de antiguo timonel a robot cómico es clara, y el tema común es control.
Pero, ¿cómo llegó cíber a su asociación actual con internet?
El vínculo es el término "ciberespacio", el mundo electrónico virtual en el que exploramos, jugamos, aprendemos y compartimos información.
Teóricos del ciberespacio como Howard Rheingold admiten que la palabra viene de las novelas de ciencia ficción de William Gibson, particularmente la primera que publicó: "Neuromante", de 1984.
En ella, el héroe añora retornar al mundo online del cual fue expulsado, y el libro describe con un tono lírico cómo la realidad virtual "empezó a doblarse en una docena de ángulos imposibles, cayendo por el espacio como una garza de origami".
Image copyrightTHINKSTOCKImage captionLlegamos al ciberespacio porque a un escritor le pareció chévere.
Sin embargo, la historia que cuenta el mismo Gibson sobre cómo acuñó el término "ciberespacio" contiene una lección para quienes le buscan mucho significado a las derivaciones de las palabras.
Según dice, necesitaba un "nombre bien chévere" para el escenario en el que sus historias se desarrollarían y ciberespacio "sonaba como que significaba algo o que podría significar algo, pero entre más la miraba, lo que más disfrutaba es que no significaba absolutamente nada".
Si él se hubiera enamorado de, por ejemplo, "infoesfera" o "digimundo", otra sería la historia.
EL OPEN SOURCE ESTÁ CAMBIANDO LA MANERA EN QUE CONCEBIMOS LA RENTABILIDAD, LA CUAL PUEDE INCREMENTARSE Y ENRIQUECERSE COMPARTIENDO
Aunque el Open Source (traducido al español como código abierto), nació más por razones prácticas que por una filosofía ética. En pocas palabras se trata de tecnologías que pueden ser accederse libremente y ser modificadas, colectivamente, por cualquiera –lo cual acelera su evolución ya que todo usuario puede aportar mejoras a la estructura original.
El internet por sí mismo representa un mundo de apertura informativa. ¿Pero, qué pasará si este fenómeno trasciende a otros aspectos como la propiedad intelectual? Transformar la ideología en torno a la noción de poseer, sustituyéndola por un modelo fundamentado en la cooperación, alienta la participación creando sociedades más activas, receptivas y unidas. Lo anterior se traduce en respuestas efectivas frente a algunos de los mayores retos que tenemos.
Para los creadores de la empresa Open Tech Forever, la libertad en el acceso al conocimiento en el campo creativo y tecnológico, representa una alternativa al convencional “main stream” del sistema capitalista, no mediante fines subversivos, sino como una opción viable y proactiva.
Esta empresa empleará la investigación, producción, documentación y enseñanza como una fuente abierta de información tecnológica. Aaron Makaruk, quien es cofundador de la empresa, cree que la apertura permitirá a las empresas mejorar su propia tecnología, e inspirará nuevas posibilidades. Implementando esta filosofía, la empresa planea vender desde artículos de jardinería, hasta sillas de ruedas.
Más allá de los beneficios culturales, esta filosofía ha probado ser tan eficiente que llama la atención de diversos mercados. Su énfasis en la ‘multidisciplenariedad’, ha inspirado el desarrollo de equipos empresariales integrados por profesionales diversos, y creados para combinar puntos de vista a favor de potenciales soluciones. El Open Source integra elementos no solo para resolver con éxito los retos que se presentan, también está orientado al perfeccionamiento de las ideas. Gracias a lo anterior, el intercambio de conocimiento pronto podría consagrarse como el principal cause para rentabilizar buenas ideas, colectivamente forjadas.
EL FUTURO DE LA MENTE HUMANA PODRÍA ESTARSE FRAGUANDO EN LABORATORIOS ALREDEDOR DEL MUNDO, EN DONDE LOS “ERRORES“ HUMANOS PODRÍAN SER COSA DEL PASADO --AL IGUAL QUE LA NOCIÓN DE “HUMANIDAD“ COMO LA CONOCEMOS
El cerebro humano ha evolucionado durante miles de años para llegar a un equilibrio bioquímico y conductual que nos ha permitido… bueno… ser lo que somos. Pero la fantasía siempre dicta que “ser lo que somos” es menos deseable que lo que podríamos ser: el mito de que sólo usamos un 10% de nuestra capacidad cerebral y los constantes desarrollos de fármacos y tecnologías para mejorar “artificialmente” las funciones naturales de nuestro cerebro permiten alimentar la expectativa de un futuro de supermentes, donde las viejas limitaciones del Homo sapiens quedarían sepultadas para siempre.
Existen desde hace tiempo foros y páginas dedicados a los nootrópicos, sustancias sintéticas que mejoran a pedido capacidades como la memoria, la creatividad o el rendimiento bajo privación de sueño, sin tener en apariencia graves efectos secundarios sobre el organismo; el modafinilo es una de las sustancias más prometedoras para el título de “pastilla mágica de la inteligencia”, e incluso existen tratamientos experimentales que prometen mejorar la inteligencia y las capacidades intelectuales al remover una simple molécula presente en el cuerpo. Una píldora más y recuperaríamos la capacidad de aprender como esponjas, como cuando éramos niños. Un cóctel de píldoras cada mañana y la vieja taza de café sería cosa del pasado.
¿Qué pasaría si además de estos químicos (re)aprendiéramos a utilizar de manera terapéutica la psilocibina (hongos mágicos) para superar eventos traumáticos del pasado? Probablemente aquí entrarían consideraciones de tipo legal, pero finalmente se trata de otro ingrediente que desde una perspectiva objetiva podría tener efectos benéficos para el cerebro y la capacidad cerebral.
También se encuentran en fase de desarrollo tratamientos un poco más invasivos del tejido cerebral para, por ejemplo, hacerte dejar de creer en Dios o cambiar radicalmente tu ideología política, al menos por un breve período de tiempo. Anders Sandberg, del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, está desarrollando un proyecto para implantar un chip en el cerebro que nos permitiera tener acceso a Internet con un pensamiento o, por qué no, directamente a otras mentes conectadas en red. Otra tecnología pretende editar directamente el genoma como si fuera un CSS para modificar ciertas características desde la fase embrionaria, lo que nos pondría en una nueva relación con respecto a la evolución natural (“evolución asistida” podría ser), además de alentar debates de bioética y política cerebral.
Esto nos lleva a pensar que la investigación neuronal y genómica parece seguir las pautas de personalización de nuestros aparatos electrónicos: así como podemos cambiar el fondo de pantalla de nuestro teléfono o la lista de reproducción musical, en el futuro podríamos “decidir” qué partes del cerebro nos sirven y por qué. Pero a diferencia del funcionamiento de nuestros gadgets, la ciencia todavía no entiende completamente el funcionamiento de nuestro cerebro, para empezar, porque la misma metáfora de “funcionar” coloca al cerebro y al organismo humano en la posición de la máquina que presenta una conducta o un desarrollo más o menos previsible y esperable en función de ciertos rendimientos. Sin embargo, los efectos a largo (y a muy largo) plazo que estos cambios pudieran tener sobrepasan por mucho la actualidad de los debates sobre ciencia y filosofía, simplemente porque no sabemos y no sabemos cómo plantearnos una humanidad transformada por la acción humana. La evidencia más sencilla de esto es que ni siquiera sabemos cómo enfrentarnos a retos medioambientales como el calentamiento global de manera coordinada como especie. ¿No sería deseable que en la ecuación del mejoramiento neuronal estuviera presente la cláusula de cómo enfrentar los retos de la existencia tal cual es en este momento pensando como colectividad global antes de ampliar (ahora en un nuevo terreno) la brecha de desigualdad que divide a las personas según su clase, raza y otros constructos sociales que aún no hemos resuelto?
Y es que, ¿qué pasaría si una o más de estas sustancias fuesen utilizadas en las poblaciones para mejorar su rendimiento laboral, apagar ciertas capacidades críticas, rediseñar aquí y allá ciertas áreas que nos permitan cuestionar a los gobiernos o empresas, y volvernos perfectos trabajadores al servicio de la máquina capitalista? Probablemente pueda sonar paranoico, pero desde un punto de vista de gobernabilidad, el diseño artificial de un cerebro dócil y masificado pondría fin a toda forma de disidencia y a todo malestar social –el mundo del soma, tal como lo describió Huxley en Un mundo feliz, se dividiría en sistemas de castas de quienes cuentan con todas las mejoras cognitivas y quienes reciben solamente las cargas más pesadas de la productividad laboral, como abejas obreras en una colmena.
Ni siquiera se trata de un debate filosófico (del hecho, por ejemplo, de que el libre albedrío y valores como el esfuerzo individual sigan vigentes de aquí a unos años), sino de una cuestión práctica de control de masas. La tecnocracia que se apropió del mundo desde los albores del siglo XXI podría nutrirse de una nueva rama de la investigación genética y neurológica con maravillosas ventajas para algunos y considerables desventajas sociales para grupos sin acceso a dicha tecnología. La superioridad y el control de los recursos podría jugarse ya no en la arena militar, económica o política, sino en la del mejoramiento cognitivo.
Pero volviendo un poco a tierra, lo cierto es que sería una lástima desaprovechar las enormes ventajas que nuestra época aporta para la investigación de la forma en que funciona nuestro cerebro, y el potencial terapéutico siempre es alentador cuando se trata de evaluar la pertinencia de cuestiones espinosas. Si a ello sumáramos los excelentes negocios las investigaciones sobre criogenia,extensión artificial de la vida y rejuvenecimiento podemos entrever que nuestra época está obsesionada con la creación de un modelo de ser humano hiperinteligente e inmortal –un pequeño Dios a escala de nuestros aparatos electrónicos, de los que terminaríamos siendo extensiones, aún más de lo que ya somos. La novela La posibilidad de una isla del francés Michel Houellebecq pinta un mundo habitado sólo por aquellos seguidores de una secta procriogenia que sobrevivieron a un proceso de desgaste civilizatorio que los ha sumido en una soledad total, y donde cada “nuevo” ser humano que aparece es un clon del antecesor que hace muchos siglos firmó una póliza para seguir produciendo versiones suyas por tiempo indefinido.
Mientras tanto seguiremos lidiando con los olvidos momentáneos, los lapsos, los errores, las formaciones parciales del conocimiento y en fin, el azar con el que la mente ha tenido que lidiar desde su aparición en el panorama evolutivo.
Prepárense para las profesiones que aún no existen: estos son los empleos del futuro
El mundo vive en una constante mutación en todos los ámbitos y el mercado laboral no es ajeno a ello. Una serie de nuevas profesiones se avecinan. ¿Quiere conocer en qué consistirán y por qué la humanidad las necesitará en las próximas décadas?
Hoy vemos cómo la humanidad está experimentando una fuerte revolución técnica y un 'boom' innovador. La realidad de nuestros días hubiera parecido inimaginable hace solo dos décadas. Por ello resulta aún más difícil imaginar cómo será nuestra vida en las próximas décadas. El futurólogo Thomas Frey se ha atrevido a reunir 136 nuevas profesiones que podrían ocupar nuestros hijos.
1.Transicionistas ('Transitionists'). Son especialistas que ayudarán a culminar la transición a una era totalmente digital para el conjunto de la humanidad.
2. Expansionistas ('Expansionists'). Se trata de especialistas que se dedicarán a la adaptación de la humanidad a un nuevo medio ambiente.
3. Maximizadores ('Maximizers'). Son profesionales capaces de construir procesos, situaciones y oportunidades.
4. Optimizadores ('Optimizers') Se trata de profesionales dotados de persistencia y preparados para ajustar los datos variables para obtener mejores resultados.
5. Inflexionistas ('Inflectionists'). Son especialistas capaces de encontrar el punto de inflexión en un sistema. Los futuristas predicen que esta habilidad será muy valorada.
5. Especialistas en desmontaje ('Dismantlers'). Puesto que que el desarrollo de cada industria tiene un final, se necesitarán especialistas capaces de liquidar la producción.
6. Contraatacantes ('Backlashers'). Cada nueva tecnología tiene adversarios, por lo que se necesitarán personas que puedan responder a lo negativo de manera adecuada.
7. Especialistas 'last milers'. Las compañías suelen reducir los rendimientos para satisfacer mejor al usuario final. Por ello serán necesarios expertos capaces de gestionar este proceso.
8. Contextualistas ('Contexualists'). Entre una idea innovadora y su realización real siempre suele haber un gran trabajo rutinario. Los contextualistas participarán en el proceso de la aplicación del producto final.
9. Expertos en ética('Ethicists'). Con el paso de tiempo solo aumentará la necesidad de especialistas que puedan resolver cuestiones morales complejas. Teniendo en cuenta el creciente impacto de la tecnología en la vida de la gente estos especialistas serán muy demandados.
10. Filósofos ('Philosophers'). En un mundo en el que existe una lucha constante entre las empresas que buscan la supremacía en la esfera intelectual, la teoría filosófica que es la base de los procesos de negocio se convirtirá en algo común.
¿Incomprendidos? Los talentos disruptivos suelen generar antagonismo en el lugar de trabajo.
Son comúnmente calificados de empleados "difíciles". Sus jefes no saben cómo manejarlos y sus compañeros se sienten incómodos ante su presencia.
Sin embargo, son aquellos que -gracias a sus mentes voladoras, sus ideas que rompen reglas y su tenacidad- pueden convertir a una compañía en una fuerza innovadora.
Bienvenidos al mundo del llamado "talento disruptivo", un concepto que se está poniendo de moda en el mundo empresarial y del trabajo en todo el mundo.
Richard Branson, uno de los emprendedores más ricos de Reino Unido y dueño de la aerolínea Virgin, tiene claro de qué se trata.
Branson se considera a sí mismo un talento disruptivo y dice que si trabajase como empleado en otra compañía, su jefe tendría que aceptar que él podría no hacer las cosas exactamente como se esperaría que las hiciera.
"De todas maneras tendría que ser amable conmigo, cuidarme, respetarme. Porque, si no, yo podría crear mi propio negocio, y mi compañía quizás termine compitiendo con la suya".
Inconformistas, irreverentes
Branson y otros grandes empresarios internacionales creen que las empresas -sean grandes o pequeñas- deberían contratar a más empleados de mente independiente, inconformistas e irreverentes, por más que sean un dolor de cabeza para los jefes de personal.
Están convencidos de que las nuevas ideas que pueden aportar los talentos disruptivos a los negocios compensan con creces los problemas que pueden surgir de la dificultad de trabajar con ellos.
En el mundo de los negocios hay numerosas palabras y frases de moda, pero hasta ahora no había ninguna que describiera a este tipo particular de empleados.
El concepto de talento disruptivo fue acuñado por la consultora psicológica empresarial OE Cam, con sede en la ciudad británica de Cambridge.
Contribución a los negocios
Martyn Sakol, socio de OE Cam, explica que un individuo con talento disruptivo posee muchos atributos positivos que pueden realizar un gran aporte a los negocios.
"Yo lo definiría como un sujeto que piensa y actúa de forma diferente, es innovador, cuestiona el saber convencional, descubre tendencias, ve oportunidades comerciales y, de un modo tenaz, trata de encontrar caminos para alcanzar el éxito", precisa.
No obstante, afirma que esa persona debe ser manejada por los gerentes de manera enérgica -no autoritaria-, para evitar que las cosas salgan mal.
"El talento disruptivo puede descarrillarse fácilmente. La empresa debe asegurarse de que cuente con el apoyo adecuado tanto en el trabajo individual como en el grupal".
Preparados para discutir
Una de las compañías que ha adoptado con entusiasmo el concepto de talento disruptivo es la firma británica AB Agri (ABA), dedicada a los alimentos para animales.
Su director ejecutivo, David Yiend, cuenta que en el último año han reclutado activamente a este tipo de empleados.
Pero, ¿qué dice ABA en sus anuncios de empleo?
"Nosotros insistimos en que buscamos candidatos que sean provocadores, resueltos e incansables en la búsqueda de un objetivo", explica Yiend.
"Deben estar preparados para discutir y debatir, no simplemente aceptar las normas".
Pero una vez que se contrata a un talento que es consciente de sus capacidades idiosincráticas, ¿cómo se lo integra al resto de la fuerza laboral?
Y más importante aún: ¿cómo se garantiza que los otros empleados no se sientan molestos o amargados por el ingreso de esa gente tan incómoda?
Yiend explica que simplemente se mantiene aparte a los talentos disruptivos.
"Uno no los integra de la manera tradicional", precisa. "Estos individuos se gerencian de una manera diferente, aunque ellos y el resto del personal deben trabajar juntos para alcanzar una meta común".
"Es crucial que todos tengan una visión clara de la compañía. Sólo así el equipo podrá salir adelante".
El riesgo del antagonismo
¿Pero si, por el contrario, las personas con talento disruptivo terminan generando más problemas que beneficios para una compañía?
El psicólogo Stuart Duff, que asesora al mundo de los negocios, cree que este es un riesgo que las empresas deberían tener bien en cuenta.
Según los expertos, es reto de los gerentes es asegurarse de que todos trabajen por un mismo objetivo.
"El término talento disruptivo es una nueva forma de etiquetar a personas con una forma de ser muy identificable, gente con la que en realidad hemos trabajado durante muchos años para tratar de entender el impacto que tienen en los otros", dice Duff, de la consultora británica Pearn Kandola.
"Nosotros damos asesoramiento en muchos casos relacionados con estos empleados. Son individuos brillantes en un rol particular, muy ingeniosos y creativos, pero que no tienen ninguna posibilidad de encajar en la cultura de negocios más amplia".
"Lo que comúnmente sucede es que otras personas en la organización no pueden lidiar con el antagonismo y la disrupción que provocan esos empleados perturbadores", advierte Duff.
Y muchas empresas no saben cómo lidiar con este conflicto y simplemente terminan no haciéndolo.
Pero eso, muchos individuos que tienden a ser clasificados como talentos disruptivos suelen iniciar sus propios negocios e imponer, como lo hizo Richard Branson, su propia cultura empresarial en su propia compañía.
"The Uncanny Lover" es un reportaje en vídeo realizado por el equipo de The New York Times sobre el trabajo de Matt McMullen, el creador de las muñecas sexuales Real Doll. Este pionero de la industria sexual trabaja ahora en un proyecto más ambicioso: quiere animar las muñecas y que actúen con el usuario, el primer paso para crear un auténtico robot sexual. El vídeo del NYT se mueve entre lo artístico y lo periodístico, no es nada burdo ni explícito y explora uno de los aspectos más interesantes de nuestra futura convivencia con los robots: ¿nos producirán rechazo cuando se parezcan demasiado a nosotros? ¿Serías capaz de mantener relaciones sexuales con un robot en el futuro?
SI EL IDIOMA INFLUYE SIGNIFICATIVAMENTE EN LA PERSONALIDAD, ¿CUÁLES SON Y SERÁN LAS MAYORES PERSONALIDADES SEMÁNTICAS DEL PLANETA?
Incontables pensadores a lo largo de la historia han señalado el determinante rol que juega el lenguaje en la construcción de nuestra realidad. Desde Lacan hasta McKenna, pasando por Korzybski y muchos otros, han enfatizado en los cimientos semánticos de lo que consideramos como realidad. Y en este sentido los aspectos de una lengua, sus alcances y limitaciones, terminan incidiendo significativamente en nuestra existencia.
Si tomamos en cuenta su árbol genealógico, rápidamente concluimos que son pocas las raíces que hoy comparten decenas de idiomas alrededor del mundo. Esto nos reafirma la noción de ancestros comunes que fueron fragmentándose quizá en un inicio por segregaciones geográficas y, por ende, ambientales y climatológicas, y luego está separación se fue autonutriendo a partir de particularidades culturales (y conductuales) que fueron arraigándose.
De acuerdo con lo anterior, resulta por lo menos apasionante tratar de rastrear algunos de los aspectos más distintivos de las diferentes sociedades en relación con las particularidades de sus idiomas. Así nos damos cuenta de que las lenguas germánicas son mucho más proactivas y sintéticas, mientras que las latinas son más redundantes, “románticas”, y las orientales, mediante la evocación de ricos escenarios o complejos fenómenos naturales, propician la contemplación. También, entre otras determinantes, un idioma refleja la actitud anímica ante la vida, o al menos eso sugiere el extenso estudio sobre el “estado de ánimo” de las palabras en distintas culturas, realizado por Peter Sheridan Dodds del Computational Story Lab de la Universidad de Vermont.
pedir a adultos bilingües que crearan dos historias (cada una en un idioma diferente) tomando como inspiración una misma imagen. Los temas abordados por los sujetos mostraron diferencias significativas en los textos en inglés y en francés. El éxito, por ejemplo, fue uno de los temas comunes en las historias en inglés, mientras que la autonomía y el aislamiento fueron más comunes en las historias en francés de una misma persona.
Tomando en cuenta todo lo anterior, parece pertinente entender cuáles son hoy los idiomas más hablados del mundo y cuáles serán en un futuro próximo. Una vez teniendo ese dato entonces podemos especular, de acuerdo con las particularidades de los idiomas imperantes, cuáles son las tendencias conductuales, incluso las filosofías de vida, que dominarán las próximas décadas.
A continuación te compartimos un infográfico creado por Alberto Lucas López para el diario South China Morning Post, que muestra la distribución de 4 mil 100 millones de personas (aproximadamente 60% de la población mundial) entre los 23 idiomas más hablados alrededor del mundo.
*Clic en la imagen para verla más grande
Es evidente que el chino es, por mucho, el idioma más hablado en el mundo, con casi mil 200 millones de hablantes. El español aparece en segundo lugar, con 400 millones y el inglés en tercero, con 355. También resulta interesante consultar la tabla de abajo que indica cuáles son los idiomas que más se están aprendiendo como segunda lengua (un indicador que también resulta significativo con miras al futuro), rubro que encabeza, también por mucho, el inglés.
La llamada ciencia transformadora trata de fomentar proyectos de investigación arriesgados que pueden suponer un cambio importante desde el...
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