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26 abr 2017

La Evolución de la Teodependencia

"Argumentar con una persona que ha renunciado a la 

lógica, es como dar medicina a un hombre muerto" 

Thomas Paine.

                       Habiendo miles de millones de creyentes en dioses en este planeta, resulta que convertir a uno de ellos en ateo es una misión imposible, pero ¿Por qué razón es imposible convertir un creyente en dios a ateo? Veamos el origen de la teodependencia y porqué está tan arraigada esa necesidad de dioses.

                     He acuñado la palabra teodependiente para describir a una persona que cree y necesita a cuando menos un dios en su vida.

                    Entendemos por instinto de supervivencia a todas esas acciones automáticas que nos permiten continuar vivos o sobrevivir en este planeta. 
 
                    El término evolución significa desarrollo o desenvolvimiento, la transformación gradual de un estado a otro. La evolución del ser humano lo ha llevado al perfeccionamiento físico, pero además conlleva un rasgo intelectual genético, fundamental en la supervivencia, EL TEMOR, por lo tanto el temor o el miedo a la muerte son emociones innatas que activan y disparan al instinto de supervivencia.

                    En un principio los seres humanos vivían en cuevas en donde la competencia por la supervivencia era extrema, al grado que los más débiles como ancianos mujeres y niños se quedaban en la cueva y los demás salían a cazar para alimentar al grupo. En estas excursiones diarias para conseguir alimento se enfrentaba a la muerte y se producían bajas, ante estas bajas el temor se transformaba en miedo y entonces solo unos cuantos cuyo temor era menor salían a cazar, porque eran los más audaces y valerosos, pero los que se quedaban tenían mucho más probabilidades de sobrevivir con esta estrategia de supervivencia de estar menos expuestos a los riesgos de la cacería, así fue aumentando lentamente una generación de personas con un mayor rasgo intelectual genético de temor, pero el temor no solo se circunscribía a los animales de cacería, sino también a los depredadores, rayos, fuego, enfermedades, accidentes, lluvias torrenciales y desastres naturales, etc. a los cuales se les adjudicaba un dios que los producía y al que debían venerar u honrar e incluso ofrecer sacrificios humanos para evitar su terrible furia, de esta manera cambiaban la dependencia de los valerosos del grupo a una dependencia de un ser imaginario, esto es teodependencia. 

                    Desgraciadamente la generación de personas con un bajo nivel de temor o con un alto nivel de valor quedó en una minoría respecto a los que tenían un alto nivel de temor y en la época de la Grecia Antigua se les llamó ATEOS, porque su valor superaba su temor y esto les permitía vivir sin dioses de ningún tipo. Una consecuencia o implicación inevitable de este origen o génesis de esta evolución, es que también resulta imposible para los ateos el que se puedan convertir en teodependientes, por esa razón es imposible que a un ateo lo puedan convencer para tener un dios, quedando así marcada la diferencia y su condición de ateos o teodependientes para toda la vida. Eso explica el porqué a pesar de la poderosa red de comunicación de Internet, los intentos de convencerse entre ateos y creyentes es infructuoso.

En la actualidad se estima que solo el 4% de la población mundial, es decir una de cada 25 personas puede vivir sin dioses, es decir son los ateos. Así mismo, el 80% de la población son teodependientes .


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2 jul 2016

Una breve historia de los libros


Cuatro minutos acerca de cómo los libros han ido evolucionando hasta ser lo que son hoy, aunque por supuesto ahora nos toque enfrentarnos a la pregunta de si un libro electrónico es un libro.
Como dice la autora de la charla: «Mientras los libros siguen evolucionando y reemplazamos los textos encuadernados por pantallas planas y tinta electrónica, ¿siguen siendo libros esos objetos? ¿Añaden el tacto de la portada o el olor de las hojas algo crucial a la experiencia? ¿O la magia vive sólo en las palabras?»
(Vía Ana Ribera).

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26 mar 2016

¿Cómo llegamos al ciberespacio?

Desde el cibercrimen y la ciberseguridad hasta actividades más improbables como ciberbesuqueo, el sustantivo cíber, que usamos como prefijo para indicar que estamos hablando de algo que ocurre o tiene que ver con internet o la realidad virtual, parece un término nuevo. Sin embargo, su historia es larga.
Recorrió un memorable camino para llegar a nosotros.
En el antiguo griego, kubernao significaba "gobernar un barco" y kubernetes era el timonel.
El poeta Homero cuenta que los dioses batieron el barco de Ulises para que al caer el mástil le destrozara la cabeza al timonel (kuberneteo kephalen).
La transliteración de kubernetes en latín normal nos dio cibernetes, aunque a los marineros romanos, a quienes les preocupaban menos las reglas del lenguaje, fueron más prácticos y tornaron kubernao en goberno, de donde viene la palabra gobernar.
El filósofo Platón usó el término kubernetika para indicar habilidad para conducir o manejar y de esa palabra, en los años 40, el matemático estadounidense Norbert Wiener acuñó cibernética, para denominar "la teoría de control y comunicación, ya sea en la máquina o en el animal".

Lo hicimos nuestro

En la imaginación popular, el término "cibernética" y por ende "cíber" se empezó a asociar principalmente con robots humanoides o criaturas controladas de una forma similar, como los Cybermen que aparecieron por primera vez -pero no última- en la serie de tv "Doctor Who", en 1966.
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Image captionLos cibermen solían ser personas, "hasta que les quitaron toda la humanidad de adentro", explica Dr Who. Para los cibermen, ese proceso es una "actualización".
La progresión de antiguo timonel a robot cómico es clara, y el tema común es control.
Pero, ¿cómo llegó cíber a su asociación actual con internet?
El vínculo es el término "ciberespacio", el mundo electrónico virtual en el que exploramos, jugamos, aprendemos y compartimos información.
Teóricos del ciberespacio como Howard Rheingold admiten que la palabra viene de las novelas de ciencia ficción de William Gibson, particularmente la primera que publicó: "Neuromante", de 1984.
En ella, el héroe añora retornar al mundo online del cual fue expulsado, y el libro describe con un tono lírico cómo la realidad virtual "empezó a doblarse en una docena de ángulos imposibles, cayendo por el espacio como una garza de origami".
Image copyrightTHINKSTOCK
Image captionLlegamos al ciberespacio porque a un escritor le pareció chévere.
Sin embargo, la historia que cuenta el mismo Gibson sobre cómo acuñó el término "ciberespacio" contiene una lección para quienes le buscan mucho significado a las derivaciones de las palabras.
Según dice, necesitaba un "nombre bien chévere" para el escenario en el que sus historias se desarrollarían y ciberespacio "sonaba como que significaba algo o que podría significar algo, pero entre más la miraba, lo que más disfrutaba es que no significaba absolutamente nada".
Si él se hubiera enamorado de, por ejemplo, "infoesfera" o "digimundo", otra sería la historia.

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9 mar 2016

Diccionario del Diablo


Selección:

Carnívoro, adj. Adicto a la crueldad de devorar a los tímidos vegetarianos, a sus primogénitos y descendientes.
Clérigo, s. Hombre que se dedica a administrar nuestros asuntos espirituales como modo de mejorar los suyos temporales.
Conferenciante, s. Persona que tiene la mano en tu bolsillo, la lengua en tu oreja y la fe en tu paciencia. 
Conservador, adj. Hombre de estado al que los males presentes le agradan y que por tanto difiere del Liberal, quien desea sustituirlos por otros nuevos.
Corán, n. p. Libro que los mahometanos creen estúpidamente haber sido escrito por inspiración divina, pero que los cristianos saben que es sólo una mentira perversa, ya que contradice las Sagradas Escrituras. 
Corporación, s. Ingenioso recurso utilizado para obtener beneficios personales sin tener una responsabilidad personal.
Cura, s. Caballero que manifiesta ser dueño del camino más corto hasta el Paraíso, y desea cobrar peaje por pasar por el mismo. 
Deuda, s. Ingenioso sustituto para la cadena y el látigo del traficante de esclavos.
Elector, s. Persona que goza del privilegio sagrado de votar por un hombre que otro hombre ha elegido. 
Fe, s. Creencia sin evidencia alguna, en lo que dice alguien que habla sin conocimiento, de cosas sin parangón.
Finanzas, s. El arte o la ciencia de administrar los ingresos y recursos para incrementar los beneficios del jefe. (…).
Frontera, s. En geografía política, una línea imaginaria entre dos naciones que separa los derechos imaginarios en una de ellas de los derechos imaginarios en la otra.
Historia, s. Relato, predominantemente falso, de hechos mayormente triviales que ocurren debido a gobernantes generalmente deshonestos y soldados en su mayoría estúpidos.
Hombre, s. Un tipo de animal tan sumido en la entusiasta contemplación de lo que piensa que es, que a veces se le olvida considerar lo que debiera ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie, la cual, sin embargo, se sigue procreando con tanta rapidez como para poblar y destruir toda la tierra habitable del planeta y Canadá.
Homeópata, s. El humorista de la profesión médica.
Juicio, s. Investigación formal con el objeto de demostrar y poner por escrito la inocencia de los jueces, abogados y miembros del jurado. Para conseguir este objetivo, es necesario ofrecer un claro contraste con respecto a la persona a la que se llama reo, prisionero o acusado. Si el contraste resulta lo suficientemente claro, esta persona recibe una pena tal como sea necesaria para producir en estos virtuosos caballeros un grato sentimiento de su inmunidad añadido al de su valía. (…).
Lameculos, s. Un funcionario de gran utilidad que encontramos con frecuencia como editor de un periódico. (…). 
Legal, adj. Compatible con la voluntad de un juez que tiene jurisdicción.
Legislador, s. Persona que se traslada a la capital del país para incrementar el suyo propio. Alguien que hace las leyes y buen dinero. 
Mammon, s. El dios de la religión más extendida en el mundo. Su templo principal se halla en la ciudad santa de Nueva York. 
Obligación, s. La elocuencia del poder.
Occidente, s. La parte del mundo que se encuentra al oeste (o al este) del Oriente. Está poblado en su mayor parte por Cristianos, una poderosa subtribu de los hipócritas, cuyas principales ocupaciones son el asesinato y el engaño, aunque a ellos les gusta llamarlos «guerra» y «comercio». Estas son también las principales ocupaciones en el Oriente. 
Orar, v. Pedir que las leyes del universo queden anuladas para beneficiar a un único peticionario que se confiesa indigno. 
Patriota, s. Alguien para quien los intereses de una parte le parecen más importantes que los de todos. Aquel a quien engañan políticos y se convierte en instrumento de conquistadores. 
Política, s. Un conflicto de intereses que se enmascara como una discusión de principios. La dirección de asuntos públicos para obtener beneficios privados. 
Realidad, s. El sueño de un filósofo loco.
Religión, s. Una hija de la Esperanza y del Miedo que explica a la Ignorancia la naturaleza de lo Inefable. 
Renta, s. La medida y el calibre natural y racional de la respetabilidad de uno (…).
Trabajo, s. Uno de los procesos por los que A adquiere bienes para B.
Verdad, s. Mezcla ingeniosa de los deseos de uno y la apariencia de las cosas. (…).
Voto, s. El instrumento y símbolo del poder que un hombre libre tiene de convertirse en un idiota y destrozar su país. 

Ambrose Bierce, 1881
Relatos - Diccionario del Diablo (ed. Aitor Ibarrola)
Ediciones Cátedra, Madrid, 1999.



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7 mar 2016

La lucha de clases


Izquierda frente a derecha, proletarios frente a capitalistas, pobres frente a ricos, los de abajo frente a los de arriba, desposeídos frente a propietarios. ¿Cómo no reconocer estas diferencias en la población? Las diferencias de intereses, de ideología y de necesidades son evidentes. Pero esto no es la lucha de clases. O, mejor dicho, reconocer estas diferencias no es lo que define lo que se conoce como lucha de clases desde la perspectiva marxista.


La lucha de clases como explicación de la historia


En principio, la lucha de clases se refiere a que estas diferencias entre clases son el motor de la historia. La lucha de la burguesía frente a la aristocracia nos saca del sistema feudal y nos encamina al capitalismo. La del proletario frente al capitalista nos lleva al comunismo. Esta lucha de clases está en el centro del materialismo histórico. El problema es que los hechos no encajan con la teoría. Para empezar, no todos los grandes acontecimientos históricos se explican como lucha de clases. Segundo, la evolución seguida por los países europeos, que sirvió de referencia a los marxistas, por comenzar ahí la revolución industrial, no es la seguida por el resto del mundo. Tercero, y para desconcierto de los marxistas de la época, las revoluciones comunistas surgieron donde ellos decían que no deberían haber ocurrido, en países sin industrializar o poco industrializados. Por supuesto, para todas las excepciones hubo explicaciones ad hoc y hubo reinterpretaciones de la historia y de la teoría para conseguir encajar las cosas. Y si hubo problemas para entender que el comunismo surgiera en esos países, todavía era peor observar a los países industrializados pasar a ser sociedades con economía de servicios donde toda la teoría se diluía.

Y todo esto sin contar con la propia definición de clase, que no podía ser objetiva, porque tampoco cuadraban los hechos, sino subjetiva: un obrero es de clase obrera y participará en la lucha de clases cuando sea consciente de la explotación a que está sometido. Con esta manera de dar la definición evitamos problemas a costa de no ser falsables. Las clases existen y tú perteneces a esta clase. ¿Dices que no? Es que estás alienado.


La lucha de clases como estrategia política

Vale, la historia realmente existente no encaja con el materialismo histórico, pero podemos proponer la lucha de clases como acción política. Existen los que tienen los medios de producción y los que no. Concienciemos a estos últimos para formar un frente común y cambiar el sistema económico hacia el ¿comunismo? de manera que haremos que se cumpla la profecía de la lucha de clases como motor de la historia. Ahí ya está la opinión de cada cual y sus esperanzas, pero la historia política del último siglo no parece que dé mucha razón a esta política como estrategia, que con sus altibajos cada vez a tenido menos adeptos. Habrá quien extrapole los casos de Syriza en Grecia y Podemos en España en el último par de años como una tendencia que les da la razón. Se olvidan del resto del mundo y de lo que significa una tendencia.

Entonces, ¿no hay clases? Las hay, pero no en el sentido marxista y con las consecuencias referidas por ellos. Hay ricos y pobres, propietarios y desposeídos, desde luego. Pero en medio hay demasiadas cosas que no sabemos de qué lado están, y en los extremos también hay diferencias de intereses. Difícilmente habrá un choque revolucionario en las sociedades modernas como el requerido por el marxismo. Más fácilmente se continuará la evolución hasta sociedades más igualitarias con las adecuadas políticas económicas. Para el estudio de esa evolución otros conceptos como grupos de intereses o de presión serán más útiles.




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4 ago 2015

La historia de la música

MÁS DE 50 MIL AÑOS DE HISTORIA MUSICAL CONDENSADOS AUDAZMENTE EN ILUSTRACIONES A LO LARGO DE 7 MINUTOS

antique
El artista español Pablo Morales de los Ríos presenta un video de 7 minutos en el que resume la historia de la música, la cual consta de por lo menos 50 mil años de experiencia sonora. El trabajo audiovisual –parecido a los videos realizados por RSA– comprime una historia que se desarrolla poco a poco entrada la Edad Media y se acelera a pasos gigantes durante el siglo XX.
El video comienza con el nacimiento de la música en la antigüedad, hace unos 50 mil años, siguiendo con la invención de las primeras siete notas musicales por los griegos y los romanos.
En la Edad Media se practica el canto trovador y gregoriano, culminando con Guido de Arezzo.
Durante el Renacimiento comienza el Ars Nova que, con voces femeninas y masculinas, genera un estilo parecido a la música clásica. En ese período comienza la polifonía, con la utilización de órganos y violines.
La época barroca introduce un sistema tonal de bajo continuo, se incorpora el canto de los castrati, nace la ópera y grandes músicos como Vivaldi, J. S. Bach, Mozart y Beethoven revolucionan la música.
El Romanticismo trae consigo genios musicales históricos, así como el postromanticismo, marcado por el nacionalismo.
Por último el video describe la explosiva aceleración musical generada en el siglo XX. Fenómenos musicales como el jazz, el soul, el swing, el blues y el rock, todos ellos originados en un mismo centenar de años. El mundo jamás había experimentado tantos cambios musicales en un solo período de tiempo: los nuevos instrumentos y sonidos, además de la masificación de la música como nunca antes, generaron un inédito escenario.
Sin lugar a dudas, este video constituye un gran aliado para aquellos momentos en que perdemos sentido respecto a lo que se vive actualmente en el mundo sonoro. Recordemos que, sin la comprensión del pasado, resulta imposible el entendimiento del presente y menos aún la predicción de un futuro panorama.
Vìdeo



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21 jul 2015

¿Somos el centro del Universo?

Desde tiempo inmemoriales el hombre ha supuesto, con pocas pruebas por cierto, que nuestra especie es el culmen de la creación y que todo en este vasto universo pivota alrededor de nuestra existencia. 

Pero para descubrir cuan de insignificante es el hombre se puede hacer el siguiente ejercicio mental, ajustar la existencia de la Tierra a un día de 24 horas y ir introduciendo los diferentes protagonistas en relación con los datos que hemos ido obteniendo del registro fósil.

Así en primer lugar podemos poner en hora el reloj a las 00:00 con la formación de la Tierra



A las 04:10 de la madrugada aparecen los primeros vestigios de la vida, los procariotas.


Hay que esperar hasta las 07:23 para poder observar a los primeros organismos fotosintéticos.


Los primeros eucariotas, similares a nuestras células aparecen bien avanzado el día, sobre las 13:34 horas.


Los primeros seres pluricelulares comienzan su existencia avanzada ya la tarde, a las 18:47.


La famosa explosión cámbrica, con su multitud de formas de vida complejas ocurre ya de anochecida, a las 21:14 horas.


Los primeros vertebrados que colonizan el suelo seco, anfibios y reptiles sólo aparecen a las 22:07 horas de la noche.


Nuestros primeros antepasados directos, los mamíferos surgen sobre las 23:40 de la noche.


Para poder observar a los Australopitecos, tenemos que esperar casi hasta el fin de la jornada, exactamente hasta las 23:58:07.


Nuestro tatara-tatara-tataraabuelo el Homo Habilis aparece en el último minuto del día, exactamente a las 23:59:04 cuando faltan sólo 56 segundos para las campanadas de media noche.


Su descendiente directo y todavía lejano ancestro humano, el Homo Erectus surge a las 23:59:41.


Y ya finalmente el supuesto centro del Universo, nuestra especie, el Homo Sapiens únicamente comienza a vivir en la Tierra  a las 23:59:59, es decir cuando falta únicamente 1 miserable segundo para que termine el día.



Pero eso sí intenten convencer a ulemas, rabinos, sacerdotes, predicadores, santones, pastores, monjes, imanes y demás pobres ignorantes carcomidos por el virus de la fe de esta incuestionable realidad, que lo más probable es que acaben siendo considerados en el mejor de los casos como unos intolerantes, maleducados, intransigentes y agresivo ateos; eso sí no terminan frente a un juez por graves ofensas a la imbecilidad religiosa, o mucho peor, lapidados por su intolerable blasfemia en según qué paises.


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22 jun 2015

Contra la modernidad

El interés que guía al filósofo moralista es, más que rastrear el paso de la humanidad de un tipo de civilización a otro, distinguir en cada tipo de civilización lo bueno y lo malo que comporta.
Jorge Santayana, 1951
Dominaciones y potestades



Conviene dilucidar y reconocer llegado el caso qué ideas e instituciones modernas, y en qué medida, podemos aprovechar y reutilizar después de una criba antimoderna o posmoderna equilibrada (si se me pide podría proponer algunas, por aquello de concretar; valga de momento una rápida referencia al materialismo y al anarquismo, fuente de conocimiento el primero y de justicia el segundo; también entendidos como maneras, si bien parciales y matizables ad infinitum, de comprender y estar en el mundo respectivamente), es decir, un análisis que, al menos en la intención, sea imparcial y saque lo positivo de cada época y lugar de la Tierra (o dicho al revés, una crítica que también recuerde lo negativo que se ha dejado atrás y a los lados, que puede ser mucho o poco, pero algo en cualquier caso). Lo digo porque una omisión de estas características por nuestra parte -especialmente por la mía, dado mi conflicto de interés al sentirme identificado con gran parte de los ideales románticos, pesimistas y críticos con la idea de progreso- podría interpretarse como un anhelo o nostalgia desmedida por un mundo y un paradigma tradicionales, a mi juicio y hechas todas las cuentas, igualmente problemáticos en términos políticos y metafísicos. Tal vez no tan problemático como el actual, quién sabría decirlo con seguridad matemática, pero en algo probablemente sí: ¿acaso debe ser recuperada formalmente, tal como proponen desde la Revista Raigambre, aquella prescripción autoritaria de Federico II de Prusia, apodado el Grande y para los nazis el predecesor de Hitler: "Razonad sobre lo que queráis y tanto como queráis, pero obedeced"?

No somos pocos quienes pensamos y sentimos ahora y siempre que, de ser algo, fue más bien lo contrario de Grande (en lugar de enfrentarse al maltrato de su padre, lo cual, bien lo saben las víctimas, requiere más valor que mil hazañas de guerra, prefirió reprimir y disociar su odio primigenio y enfrentarse al mundo empezando por Austria y terminando por Polonia, igual que el niño asustado Nietzsche, igual que el niño herido Hitler, aunque cada uno a su manera y desde roles diferentes; no por casualidad el filósofo demostraba siempre que podía su aprecio y afinidad por otro célebre Federico II, en este caso de Hohenstaufen, "ese gran espíritu libre, ese genio entre los emperadores alemanes", así como por otros "hombres de mando" como "Alcibíades y César"). Tampoco somos pocos quienes ante propuestas como la deltradicionalista -por decirlo con amabilidad- Manuel Fernández Espinosano podemos menos que disentir con la razón de los ilustrados y con el corazón de los niños maltratados que un día también fuimos: "El hombre moderno ha despreciado la autoridad y la tradición (sus motivos habría que irlos a buscar en profundos desarreglos del alma, en lo que la religión ha llamado pecados capitales). (...) La tradición, cuando lo es, forma un tipo humano mejor definido, con menos dubitaciones, con mayor seguridad (...), un individuo mucho más eficaz que cualquier filosofante que todo lo quiere someter a examen minucioso con su razón abstracta, en debates interminables que nada resuelven y más bien complican". Un individuo, en resumen, que obedezca a los que filosofan en su nombre. Debatir o dominar, dudar u obedecer, en casa o en el trabajo, he ahí el dilema irresoluble de la humanidad. Todo crítico debe abstraerse de la realidad visible, si bien parcialmente, para percibir el conjunto, para pasar de ver solo el territorio a ver el mapa y también el territorio (el capitalismo se mostró ante nosotros más fácilmente desde que los marxistas nombraron sus mentiras que no por abstractas dejan de ser materiales y medibles), y el que le niega esa capacidad a los demás por considerarlos inferiores en juicio mientras él la exprime en su beneficio de clase (jerga marxista, lo sé, pero no por ello dejan de existir las clases), no es un crítico de fiar, al menos no uno que nos considere sus iguales, uno que cuando nos mira vea personas libres en lugar de fichas en un tablero cuyas reglas, heredadas acríticamente de sus padres, ha impuesto él.  

En otras palabras, ¿hasta qué punto debemos "desmarcarnos definitivamente" y adoptar posturas "radicalmente ajenas al paradigma moderno", como propone Esaúl? Mucho hemos de alejarnos de la modernidad, sin duda, pero cuánto exactamente y en qué dirección, no estoy seguro. La obra del místico René Guénon es valiosa, y "la noción de alma" también, pero por sí solas o como hincapié intelectual me recuerdan, tal vez equivocadamente o sin motivo, a eso que se dice del efecto péndulo: un excesivo modernismo puede producir, por reacción natural, un igualmente excesivo antimodernismo. El exceso de racionalismo no se cura con exceso de tradicionalismo, y viceversa. Los crímenes -no solo físicos- en nombre de la Ilustración y del Progreso no deben hacernos minimizar los crímenes en nombre de la Tradición. Toda reacción, en un sentido o en otro, tiene algo de razón y algo de sinrazón, de luz y de oscuridad, aunque no siempre sea fácil distinguir lo uno de lo otro (he aquí, por cierto, una tesis pesimista: cuantificar u observar con los ojos y fabricar con las manos siempre será más sencillo para nuestra especie que demostrar con la razón, de ahí que este último modo de conocimiento aplicado, más abstracto que el empirismo y la tecnociencia, requiera una dedicación y precaución especiales).

Por ejemplo, el falangismo de José Antonio Primo de Rivera tenía razón en su reacción al liberalismo y a aquel socialismo que, siendo "justo su nacimiento" y "una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal", desgraciadamente "vino a descarriarse" (en sus propias palabras), ¡pero es que a renglón seguido no escatima en gastos, pues defiende sin tapujos ni empatía lo mismo pero en sentido opuesto, esto es, "un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden", un "Estado totalitario" que "alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes" y "la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria"! ¡Menuda tercera posición la suya! Para eso... para eso más vale una falsa democracia como la nuestra que una real dictadura como la suya. Antes la decadencia, el nihilismo y la alienación burguesas que una salvación impuesta y hecha a medida del que la propone. Tal vez el socialismo trajera, "lo mismo que el liberalismo económico", "la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres", pero ¿acaso no trajo lo mismo o peor el falangismo de Primo de Rivera primero y de Franco Bahamonde después? Si algo creo haber aprendido en estos últimos años y meses es que el moralismo llama a las puertas de los críticos sociales con tanta insistencia que no es fácil, aunque tampoco imposible, resistirse a sus cantos de sirena, al consuelo que da sentirse en posesión de la verdad, y tomar distancia de nuestras propias creencias morales y proponerlas con cuidado (siempre es mejor practicarlas uno mismo que recomendarlas, aunque esto último vaya implícito hasta cierto punto en nuestra naturaleza). La ética es una ciencia, lo mismo que la ciencia es una ética. Verlo de esa manera, lejos de hacernos más dogmáticos (¡bastante tenemos ya con lo nuestro!), ayuda a no dar nada por sentado durante más tiempo del debido (¿y quién dice cuánto es lo debido? Buena pregunta), a amar el Conocimiento por encima de nuestros conocimientos, a no tener nada por irrenunciable, salvo en mi caso la premisa sobre la que se sostiene todo lo anterior: libertad, siempre libertad. Ante la duda, ante el miedo y ante la angustia, libertad. ¿Queréis orden? Dejad de temer al desorden. 

¿Amas al prójimo, amigo católico? No me lo digas y enséñamelo. ¿Cómo? Deja que me pose en la copa más alta o que corra por las tierras más enfangadas. Fiat iustitia, et pereat mundus. Demuéstrame con tus manos de carpintero del mundo que no es cierto que el último cristiano muriera en la cruz. Porque aun en los tiempos más liberales ymodernos que hayan visto nuestros ojos de pequeños historiadores, la obediencia y el miedo a dioses viejos y nuevos han gobernado el mundo en sucesión. Por esa vía, con ropas tradicionales unas veces y progresistas otras, el mal no ha hecho más que acumularse mientras se arañaban algunos bienes (¿hace falta recordar el siglo veinte, o el diecisiete, aquel de las guerras civiles por antonomasia?), de manera que... ¿qué mal puede hacernos intentar lo contrario?, ¿acaso la solución, si es que existe, pasa por más autoridad y yo no me he enterado? No sería la primera vez :P


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