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21 nov 2014

La «felicidad paradójica» de Lipovetsky


Es difícil no estar de acuerdo con esto:


La inmensa mayoría se declara feliz, a pesar de lo cual la tristeza y la tensión, las depresiones y la ansiedad forman un río que crece de manera inquietante. La gente se declara mayoritariamente feliz pensando que los demás no lo son. Jamás se han dedicado tanto los padres a satisfacer los deseos de los hijos, jamás ha habido tantas conductas problemáticas (entre el 5% y el 9% de los jóvenes de quince años) ni tantas enfermedades mentales entre éstos: según estadisticas, uno de cada ocho niños padece algún trastorno mental. Si el PBI se ha multiplicado por dos desde 1975, el número de parados se ha multiplicado por cuatro. Nuestras sociedades son cada vez más ricas, pero un número creciente de personas vive en la precariedad y debe economizar en todas las partidas del presupuesto, ya que la falta de dinero se ha vuelto un problema cada vez más acuciante. Nos curan cada vez mejor, pero eso no impide que el individuo se esté convirtiendo en una especie de hipocondríaco crónico. Las incitaciones al hedonismo están por todas partes: las inquietudes, las decepciones, las inseguridades sociales y personales aumentan. Son estos aspectos los que hacen de la sociedad de hiperconsumo la civilización de la felicidad paradójica
En cambio es difícil estar de acuerdo con esto otro, en el mejor de los casos un tanto conformista, eurocéntrico, evolucionista, progresista, optimista e incluso mesiánico:
No habrá salvación sin avance del consumo, redefinido según nuevos criterios (...). El tiempo de las revoluciones políticas ha concluido; ante nosotros tenemos el de la reestabilización de la cultura consumista y el de la reinvención permanente del consumo y los estilos de vida. (...) Sólo estamos en el comienzo de la sociedad de hiperconsumo y por el momento no hay nada que permita detener, ni siquiera desacelerar la huida hacia delante de la comercialización de la experiencia y los estilos de vida. Sin embargo, antes o después se superará y será un momento que inventará formas nuevas de producir, de intercambiar, pero también de evaluar el consumo y de pensar en la felicidad. En un futuro lejano aparecerá una nueva jerarquía de bienes y valores. La sociedad de hiperconsumo habrá vivido su vida, cediendo el paso a otras prioridades, a un nuevo imaginario de la vida en sociedad y del vivir bien. ¿Para alcanzar un equilibrio mejor? ¿Para aumentar la felicidad de la humanidad?
Lipovetsky, Gilles. 2007. La felicidad paradójica: ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, Editorial Anagrama, Barcelona.

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17 jun 2014

Decrecimiento


¿Alguien se ha preguntado qué ocurriría si hiciéramos reiteradas huelgas de consumo? 

Me refiero, obviamente, a prescindir conscientemente de comprar o adquirir bienes y servicios absolutamente superfluos y, por tanto, prescindibles. Se prima la cantidad inundatoria, no la calidad de lo que compramos. E incluso se nos seduce y convence con sofisticadas triquiñuelas y envolventes tácticas de marketing y publicidad para que compremos, aunque sea a plazos y endeudándonos de por vida. Esta enervante carrera hacia la nada por las autopistas de la obsolescencia programada, endeudan a los individuos, a las familias y a los Estados. Hemos pasado del “Estado de bienestar intuido” al “Estado del derroche manirroto”; de la alpargata y de la albarca al smarphone y a la tableta. 

La tecnología es maravillosa, pero en manos de ciudadanos formados y críticos no fácilmente manipulables. Somos ahora ya deudores hipotecados de nuestra fragilidad, estupidez e inconsistencia y mentes facilmente manipulables.

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28 may 2013

La adicción a las compras


Igual que una droga

La compra provoca en el individuo un estado de excitación, placer o incluso de euforia, lo que significa que las endorfinas y la dopamina se activan. El comprador se siente bien y eso le hace repetir el comportamiento. Se trata de una conducta con refuerzo. Cuando la persona se da cuenta de que la compra realizada no le satisface, la excitación inicial se esfuma, dando paso a la ansiedad. Este estado de ansiedad necesita una solución rápida que produzca un placer instantáneo: la compra. Y vuelta a empezar. El mecanismo que provoca la adicción es exactamente el mismo que el que se presenta en el fumador, el cocainómano o el jugador empedernido.

Las mujeres son más propensas a ser adictas a las compras

El hecho manifiesto de que las mujeres son más propensas a comprar de forma compulsiva y a ser adictas a las compras viene de lejos. Durante el paleolítico, el período más largo de la historia del ser humano, los hombres eran cazadores y las mujeres eran recolectoras. Los hombres seguían a un animal con la intención de capturarlo, tenían ese único propósito. Las mujeres, sin embargo, buscaban bayas, frutas, raíces o cualquier otro alimento. Por tanto estas últimas buscaban varias cosas, es decir, tenían múltiples objetivos en lugar de uno específico como en el caso de los hombres. Claro que este instinto ancestral parece que no afecta a todos de la misma manera.

Curar la adicción a las compras

La mejor forma de aprender a no ensuciar es tomar una bayeta y un limpiahogar y dejar la casa como los chorros del oro. Cuando uno tiene que limpiar, cuida mucho de no ensuciar. La misma medicina se puede aplicar al deseo incontrolado de ir de compras, la medicina minimalista: deshacerse de lo innecesario. Cuando se adquiere el hábito de vender, tirar o donar lo que no sirve, de repente cada compra es objeto de deliberación ¿de verdad lo necesito? ¿no tengo ya algo parecido? ¿no podría vivir perfectamente sin este objeto?


A veces tengo èpocas de comprador impulsivo, me divierto, me distraigo, estoy actualizado en tendencias y libero tensiones ¿porque serà?.



6 ene 2013

La guerra de adbsuters contra el exceso de consumo

¿Es absurda la guerra que realiza Adbusters contra el sistema de consumo global?, ¿Se trata de una forma que tiene el mismo sistema para poder perpetuarse sin mayores sobresaltos?, ¿O es un genuino esfuerzo que debería encontrar réplicas y variaciones?



Para muchas personas resulta evidente que el consumismo presenta, como estilo de vida, un riesgo a la salud del planeta y el individuo. Pese a esto, son pocos los grupos que se han logrado organizar para oponerse a las grandes corporaciones y transmitir una ideología alternativa. Uno de los más reconocidos es sin duda Adbusters, la revista dedicada a a hacer parodias del mundo de la publicidad y las corporaciones con un mensaje crítico.
El líder de esta organización sin fin de lucro es Kalle Lasne, nacido en Estonia pero encuartelado en Vancouver, ciudad caracterizada por su liberalidad y desde donde se lanza la provocación global –como la de su más reciente manifiesto: “Buy Nothing Christmas” (No compre nada en Navidad).
Lasn mantiene que el estilo de vida que promueve la publicidad es insostenible: “Mientras nuestro planeta se calienta más, mientras los animales se extinguen, mientras los humanos se enferman, mientras las economías son rescatadas y nuestros políticos se vuelven cada vez más siniestros”, los estadounidenses y todo el mundo se mantienen comprando como si nada, y aunque este exceso de consumo destruye al planeta, ir de compras es “nuestro solaz, nuestro sedativo: el consumismo es el opio de las masas”.
Lasn utiliza términos un tanto apocalípticos para describir lo que sucede. En entrevista con el New York Times amenaza que de “no romper con este hábito” entraremos en una “nueva edad oscura”. Y señala que aunque venga como un shock, es necesario “cambiar de paradigma”.
Como sucede con los grandes bancos que cometen arteras irregularidades pero tienen demasiado peso en la economía para ser procesados jurídicamente, la cadena de consumo es demasiado importante para la economía para que una amenaza seria sea tolerada, algo que hace pensar que Adbusters poco efecto real tiene. El gasto realizado por consumidores significa el 70% del producto interno bruto de Estados Unidos ; un cambio abrupto en los hábitos de consumo alteraría de sobremanera la economía, algo que resulta muy interesante pero más lejano aún. 
Según el analista Marshal Cohen, del grupo NPD: “He visto que las personas o son compradores o no. Los compradores siguen comprando”. Cohen no nota ninguna tendencia significativa hacia una postura anti-consumo.
En más de dos décadas promoviendo memes en contra de las corporaciones, la campaña más exitosa lanzada por Lasne, sin duda fue Occupy Wall Street, la cual acuñó y convocó desde su revista, aunque ciertamente tomó su propia inercia y se convirtió en algo que supera a cualquier individuo. Para muchas personas Occupy Wall Steet es uno de los movimientos de protesta más interesantes de los últimos años y, sin embargo, también se puede argumentar que no son muchos los cambios significativos que ha podido lograr.
Lasne sin duda es una figura polémica. Para algunos un genio por haber “hackeado” la propia dinámica de comunicación de grandes marcas como Absolut o Camel para usarlas en su contra. (En un video un joven ve televisión en un sofá. Una voz grave dice “Tu sala de estancia es la fábrica. El producto que se está fabricando eres tú”. La cámara gira al cuello del joven revelando un código de barras. Esta es la tónica de la comunicación de Adbusters, como la de Greenpeace, bastante directa, a veces burda, pero bastante contundente). Para otros Lasne es solamente un “tonto útil” dentro del mismo sistema; y para otros más un antisemita (al parecer por su critica del estado de Israel y por supuestamente promover teorías de la conspiración).
Como revela el New York Times pese a sus críticas, Lasne no lleva a cabo una vida sustentable; tiene un auto que consume mucha gasolina, compra regalos de Navidad a su familia –aunque no tiene un iPhone, solamente un teléfono celular simple de generaciones pasadas.
Según Joseph Heath y Andrew Potter, autores del libro “Nations of Rebels”, Adbusters crea un mensaje confuso cuando pide que no compren cosas de marca pero pidiendo que compre productos de su propia marca. “Es obvio para todos que la rebelión cultural, del tipo ejemplificado por Adbusters, no es una amenaza al sistema”.
Una postura más moderada es la tomada por el profesor Haiven de la Universidad de Nueva York, quien aunque crítica a Adbusters, se alegra de que existan. ”Creo que la respuesta no es que deberían de estar haciendo las cosas de manera distinta sino que deberían de haber más alternativas allá fuera. No hay nada igual a a Adbusters”.

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