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23 jul 2016

Costumbres innatas y adquiridas


Muchas veces no somos capaces de saber si algo nos gusta de forma innata o de forma adquirida. Una vez que lo hemos asimilado nos cuesta diferenciar las cosas y pensamos que si algo nos gusta a nosotros tiene que gustar a todo el mundo. Y una de las costumbres que ha ido evolucionando con el tiempo ha sido las relaciones matrimoniales y sexuales.


Determinar cuál de los hábitos que tenemos es adquirido y cuál es innato no es fácil. Por ejemplo, un niño no necesita desarrollar gusto por la leche, el agua o los caramelos, ya que automáticamente lo recibe como algo placentero. Podríamos preguntarnos, ¿es innata la forma que tenemos de hacer parejas o es una costumbre adquirida? ¿son innatas nuestras costumbres sexuales?

Las expresiones del amor han ido cambiando a lo largo de la historia. Durante muchos años la mayor parte de los matrimonios se acordaban entre familias por razones prácticas, aunque también ha habido algunos casos  de romanticismo. Sucede que el amor romántico no tenía aceptación social y fue así hasta el siglo XII. En aquel momento, las relaciones románticas se daban entre un hombre soltero y una mujer casada.

Y no sólo han cambiado las relaciones matrimoniales, sino también los gustos sexuales. No los tenemos programados, como pudiera parecer, sino que han ido cambiando a lo largo de la historia. Todos conocemos las bellezas de Rubens: hoy diríamos que eran gordas. Por otro lado, la fotografía central de la revista Playboy también ha cambiado: al principio eran modelos voluptuosas y hoy día son totalmente diferentes. También en este aspecto cabe destacar que está influido por la la cultura y la experiencia que son adquiridos, no innatos.

Hoy día tenemos perfumes y aromas sintéticos para enmascarar nuestros olores personales, pero en la Inglaterra isabelina las parejas de enamorados sentían tal atracción por sus olores corporales respectivos que era habitual que una mujer llevara una manzana pelada bajo la axila hasta que ésta se hubiera impregnado de su sudor y su aroma. Entonces hacía entrega de esta manzana del amor a su amante, que la olía en su presencia.

Se dice que al finalizar Napoleón Bonaparte una campaña envió un mensaje a su mujer Josefina antes de llegar: “No te laves que llego”.

Todavía hoy día hay situaciones extrañas para nosotros. La orina de vaca es empleada por los masai de África Oriental como loción para el cabello. Cabe destacar la importancia que tiene la vaca en esa cultura.

La pornografía también parece algo puramente instintivo, pero si eso fuera así siempre sería la misma. Hace 30 años el porno consistía en mostrar de forma explícita el acto sexual entre una pareja mostrando sus genitales. Entonces se decía que era “porno duro”. Y realmente lo era hace unas décadas, pero hoy día diríamos que es “porno blando”.

Así que hemos de pensarlo dos veces antes de afirmar que algún hábito que tengamos lo hagamos porque es innato o sea adquirido.

Norman Doidge, El cerebro se cambia a sí mismo.


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18 may 2015

La evolución etílica del hombre

Las edades del hombre (a través del alcohol)



Todo hombre que se precie nace, crece, bebe, se reproduce, sigue bebiendo y al final del cuento, acaba pasando a mejor vida según el consumidor. Ahora les traemos la evolución etílica del hombre. 

Desde los pequeños escarceos en celebraciones familiares hasta las selectas copas de juventud pasando por el gusto reposado de la madurez. Una breve síntesis de las etapas del hombre a través del alcohol. 
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Somos sinceros, las copas forman parte de nuestro día a día incluso antes de nacer cuando a nuestros padres les da por brindar ante nuestra inminente llegada. Cuando somos más jóvenes nos limitamos a esas reuniones familiares donde algún tío al que ves tres veces al año dice ‘sólo para que se moje los labios’. Esa frase ha contribuido a vender más alcohol de lo que harían varias campañas publicitarias. 

Pero no nos quedamos sólo en ese tierno momento donde pones una cara que ronda entre el miedo y el asco cuando das los primeros sorbos. Empiezas a dar vueltas en la cabeza a la gran duda existencial de la adolescencia. ‘¿Pero cómo les puede gustar la cerveza, si es amarga’? 

Años después ya supiste la respuesta por tus propios medios. No será esa la única duda que te surja entre copa y copa, sobre todo en esas grandes bodas donde papá y mamá están dedicándose a los más desenfrenados bailes. Merengue, salsa y algún lento harán que tus progenitores estén muy lejos de ti. Ese es el momento clave en el que tú, cual depredador, te acercarás a las copas de la fiesta. 

En ese primer gran contacto te importa entre cero y nada cuál sea la víctima. Como buen joven cazador lo importante es tantear el terreno y puede caer ron, pisco, whisky, vodka o chela que pondrás la misma cara de estupor. Una cara que compartirás con primos hermanos y otros algo más lejanos, pero lejanos en todos los sentidos. Ese tipo de primos al que también ves sólo tres veces al año. 

De las copas sustraídas pasamos a las primeras fiestas con amigos. Todo se sumerge en un mar de dudas a la hora de cómo comprar la bebida y sobre quién recaerá la tarea. Siempre alguna persona más menudita dirá eso de ‘Que vaya Fulanito que es más alto y aparenta más’. Fulanito siente al mismo tiempo sobre sus hombros la responsabilidad de conseguir el preciado licor pero también el miedo a ser repudiado. Una tarea hercúlea que Fulanito está dispuesto a realizar cueste lo que cueste, generalmente menos de diez dolares. Es que la paga no da para más. 

Y es que cuando llega con la primera botella, las posibilidades de que sea de baja graduación son altísimas, o peor aún, una marca blanca. Claro que a estas alturas, el bolsillo no permite grandes alardes así que cualquier vodka que acabe en ‘off’ o un ron que se autodenomine ‘capitán algo’ servirá para saciar estas primeras experiencias. Experiencias que no suelen salir del todo bien pero que te enseñan una valiosa lección para el futuro: no es oro todo lo que reluce. 

Pero si hablamos de oro, cuando ya empiezas a tener una independencia económica, eso de beber en la calle o bebidas de menos de diez dolares ya no va contigo. Tus salidas a discotecas serias te abren un abanico de posibilidades etílicas ante tus ojos que creías desconocido. Cómo era posible que vivieras aislado de semejante variedad. El lujo te deslumbra y claro, pruebas todo lo que haya por medio. Tampoco discriminas hasta encontrar ‘la bebida’. 

Rones importados, Piscos variados y de mejor calidad, ginebras con más botánicos que un libro de biología o whiskys que podrían ser de tu quinta se convierten en objetos de deseo. El precio, prohibitivo, pero haces un esfuerzo. Compras y bebes demostrando mesura pero poco conocimiento. De vez en cuando cometerás el sacrilegio de mezclar algunas de estas bebidas. Sólo un consejo, si vas a Irlanda o Escocia y mezclas un whisky de calidad procura que nadie te vea. Se considera delito. 

Esta fase de experimentalidad no dura mucho. Sólo hasta que empiezas a ver más anuncios de destilados en prensa o televisión. O viendo a algún famoso promocionarlo. Entonces lo importante no será lo que bebas sino que te vean beberlo. Instagram estará de tu lado guiándote en estos momentos, siempre dispuesto a sacar tu mejor cara, incluso llevando media botella. Una época breve pero intensa de la cual tus redes sociales darán buena cuenta en el futuro. 

Entonces aparentemente, sin comerlo ni beberlo (bueno, beberlo sí, hasta el agua de los floreros), te plantas en los treinta años. La etapa de tu madurez ha llegado y sabes lo que no quieres. Lo sabes pero a veces lo pides, es el gran problema querido amigo. Dejas de lado las marcas blancas que te llevan al recuerdo de malos tragos. Intentas no gastarte más dinero del necesario en una ginebra pero también caes en la tentación. Es que esa etiqueta y esa forma tan chula tiene que estar en el mueble de tu salón. 

Porque sí, a partir de los treinta es imprescindible que una casa que se precie tenga un mueble bar. Es inapelable. Ha llegado la época del confort y eso de salir a tomar copas fuera cada día se vuelve más cansado. Llegas a casa, te preparas una copa de tu mezcla favorita y a disfrutarlo con calma. El placer se vuelve más pausado pero más frecuente. 

Eso sí, no tendrá nada que ver con los años que esperan después. Una vez pasados los treinta, tu paladar sentirá un ligero adormecimiento. Distinguirá perfectamente la calidad de los alcoholes pero eso no impide que tu cerebro diga ‘No te pongas tiquismiquis, que un día es un día’ y entonces volverás a combinar bebidas raras. Mezclas azucaradas de las que te arrepentirás al día siguiente. Entonces todo se volverán promesas. 

La gran promesa. Esa que nos hemos hecho todos alguna vez en la vida y bueno, quien dice vida dice una vez al mes. Esa de ‘no vuelvo a beber nunca más’. Lo sentimos querido amigo pero sabemos que no es verdad y que volverás por estos derroteros. Pero no te preocupes, que estaremos aquí para echarte una mano y que quizá, nos invites a una copa. 

Salud

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28 feb 2015

COMO LA LECTURA DEJA HUELLA EN TU CEREBRO

Estimulan nuestra materia gris e incluso
modifican nuestra conducta




"¿Qué sientes cuando lees?" Mi amigo, conocedor de mi feroz adicción a la lectura y escondido ya tras su sonrisa y su copa de vino, se veía venir que lo inoportuna no iba a ser su pregunta, sino mi respuesta. Describir qué se siente cuando uno abre un libro y se sumerge en una buena historia literaria es uno de esos placeres de la vida tan delicioso que resulta casi indescriptible. Posiblemente, podría compararse con la sensación de lanzarse dentro de un agujero negro o incluso con un gracioso y emocionante salto a otra dimensión. Es como sumergirse en un reino desconocido y transitorio, un bolsillo secreto dónde ver el mundo en solitario desde otra perspectiva a sabiendas que, en el mundo de la imaginación, todos los sueños están permitidos y a nuestro alcance. No sabes cómo llegaste hasta allí, cómo te convertiste en un devorador de libros. Sólo sabes que quieres sumergirte una y otra vez a través de ese maravilloso portal resbaladizo de palabras y metáforas.
La caída a este mundo imaginario, si la historia es buena y bajo tu piel hay sangre caliente, puede incluso hacerte olvidar quién eres o cuántas horas llevas anonadado tras las páginas en tu sofá. Recuerdos, miedos, dolores, angustias y todo tipo de sentimientos se desvanecen al igual que la tinta desaparece con el agua. A partir de ese momento te conviertes en el observador de un mundo imaginario, abstracto y tan real o irreal como el tuyo propio: estás mirando la vida a través de los ojos de otro. Eres como un espía invitado. La facultad de algunos autores para narrar historias te hace desarrollar nuevos miedos, alegrías o anhelos, así como llegar a querer o detestar a los personajes que desfilan a lo largo de la narración. Podría compararse a estar en una tierra extraña rodeado de nativos.

Nuestro cerebro en la ficción

Es imposible que esta intensidad de emociones que puede causar la buena literatura no deje huella en nuestro cerebro. El devorador de páginas sabe que leer un libro no es sólo un pasatiempo, sino un estilo de vida.
En un artículo publicado por la divulgadora Annie Murphy Paul en el New York Times, la autora narra como una nueva investigación ha demostrado que las historias no sólo estimulan nuestro cerebro, sino que modifican la forma en la que actuamos en nuestra vida.
Siempre se ha afirmado que los viejos medios de comunicación, a diferencia de los nuevos como Internet, no facilitan la interactividad. Pero esta afirmación no es del todo cierta: los libros tejen vínculos con nuestra soñadora materia gris. El lector no es un vulgar receptor al uso, sino que entra en un proceso que poco a poco va cambiando su vida. Y tiene efectos secundarios.

Podemos ver y oler cosas que no están ante nosotros

¿Hay algo más excitante que una descripción perfecta? Patrick Süskind sabía con qué emociones jugaba cuando describía el putrefacto olor del pescado en El Perfume, una escena que aún hoy aparece de vez en cuando a visitarme en mis pesadillas. La buena escritura tiene el poder de estimularnos sensorialmente con el fin de dejarnos oler las rosas de un jardín o sentir los golpes en nuestra propia piel. George Lakoff y Mark Johnson, autores de Metaphors We Live By, examinaron el poder de las metáforas. Estas tienen el privilegio de poder activar distintas áreas de nuestra conciencia debido a su significado. La metáfora está presente en nuestra vida de forma permanente, ya sea de pequeños a través de las fábulas o los cuentos de hadas o de mayores, cuando las usamos de forma recurrente para expresarnos. 
Cuando leemos una buena metáfora, áreas de nuestro cerebro asociadas con el olfato y el tacto se 'iluminan' de la misma forma que lo harían si fuéramos a oler una prenda de cuero o a poner nuestras manos sobre un cazo hirviendo. Todo esto es posible gracias a que tenemos un bagaje sensorial previo que nos permite oler, saborear o sentir cosas que realmente no están allí presencialmente.

Personajes, ¿amigos imaginarios?

Otra de las características de un devorador de libros es que siempre tiene un amigo imaginario cerca. Los personajes de ficción cobran vida en nuestro cerebro y los llevamos con nosotros de la misma manera que nos acompaña el recuerdo de nuestros seres queridos. Cuando uno intenta comprender una historia y a sus personajes, se sumerge por completo en su manual emotivo. Somos él y sus circunstancias. Sentimos ira, temor, dolor o felicidad, según se desenvuelva la trama de nuestro amigo imaginario en cuestión. Página a página experimentamos esas sensaciones, sacándolas del libro y haciéndolas nuestras. Las luchas o triunfos de nuestros personajes de ficción nos afectan o nos alientan y tienen el poder de hacernos comprender nuestras propias barreras o anhelos, así como los de aquellos que nos rodean.
Además, a través de la lectura desarrollamos una mejor intuición y conocimiento sobre nuestro entorno, permitiéndonos entender mejor las señales emocionales de los demás y ponernos en su pellejo de una forma real y no meramente solidaria. Según Lakoff y Johnson, nuestro cerebro no sólo responde a las representaciones de los olores, texturas o movimientos como si fuesen reales, sino que también siente las interacciones con personajes de ficción tan intensas como nuestros encuentros sociales en la vida real.

Nuestra conducta se modifica

La lectura es el sitio dónde aprendemos el significado de la palabra empatía. Es el lugar donde nos convertimos en mejores seres humanos. Es el espacio donde vidas imaginarias nos enseñan sobre la moraleja del mundo real, algo muy recurrente en géneros como la ciencia ficción. Según afirmaba Keith Oatley, profesor de psicología cognitiva de la Universidad de Toronto, leer un buen libro de ficción, "gracias a sus descripciones detalladas y ricas metáforas produce una sensación de realidad vivida. Esta simulación se ejecuta en la mente de los lectores así como las simulaciones informáticas se ejecutan en los ordenadores". 
Oatley también piensa que los adictos a la lectura son "personas más comprensivas y con mayor capacidad para entender a los demás. Aprendemos cómo hacer frente a ciertas situaciones en base a lo que hemos leído.". Si te parece una afirmación algo abstracta pregúntate: ¿qué pasaría si todo el mundo leyese un poquito más? ¿Podríamos vencer las barreras del sexismo, el racismo o el odio? y nos enterarìamos de tantas verdades ocultas y nos desepcionarìamos de otras tantas mentiras.
En un estudio similar publicado en el Annual Review of Psychology, Raymond Mar utilizó un escáner de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) para demostrar que existe una superposición, es decir, una notable coincidencia entre las conexiones neuronales usadas para comprender las historias de los libros y las que se utilizan para interactuar con otros seres humanos.

"Un dólar por tus pensamientos"

Según otro estudio realizado por los mismos investigadores en la Universidad de Emory, los cambios neuronales registrados por las buenas metáforas y las interacciones con nuestros personajes literarios sugieren que leer una novela puede convertirte en el protagonista, con todo lo que eso conlleva. Según explica Oatley: "los narradores ofrecen una experiencia única, la oportunidad de entrar de lleno en los pensamientos y sentimientos de otra persona".
Sólo la buena literatura puede modificar tanto tu cerebro que, literalmente, sientas que estás en otro mundo. Sólo la ficción tiene el poder de cambiar sin hecho aparente tu estado de ánimo. Sólo un buen libro puede hacerte cambiar tus barreras, tus anatemas y convertirte en un explorador de otra dimensión. Sólo los libros nos dejan soñar sin levantar los pies del suelo.

Échale literatura a la vida

¿Qué es lo que siento cuando leo, querido amigo? Que puedo ser un temible pirata, un villano, un viajero del tiempo, uno de los adorables personajes de las novelas de Jane Austen, ayudar a Ender a terminar su complicado juego, tomar el té con los Niños Perdidosdibujar un elefante con El Principito o perseguir durante toda mi eternidad al Conejo Blanco y al Gato de Cheshire por el País de las Maravillas. No sólo lo imagino, lo siento como si fuese el colofón de los poros de mi piel. El tacto de una buena prosa es como una pluma haciendo cosquillas a nuestro cerebro. Puedes amar, odiar o sacar tu lado más revolucionario en toda su intensidad sin que nadie venga a preguntarte por qué le echas tanta pasión a todo lo que haces. Aunque no haya comprobación científica de esto, estoy segura, querido amigo, que las páginas de un libro deben dejar alguna clase de huella en nuestro código genético. Metafóricamente hablando, claro.
Saludos cordiales
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21 jun 2013

La mudanza como un ritual

El acto de mudarse de casa representa una catártica oportunidad para repensar tu vida y rediseñar tu cotidianidad.




Me he mudado aproximadamente 21 veces a lo largo de mis 34 años. Es una actividad con la que me he encariñado a lo largo de mi vida. La disfruto como ritual y la vivo como terapia.
Cuando te mudas, no solo te mudas de casa, reinicias –empiezas de nuevo en un espacio vacío que no te conoce. Todo es posible, las estructuras se flexibilizan, puedes ser quién tú quieras. Tienes la oportunidad de empezar de cero.
Antes de llegar a un nuevo espacio tienes que haber dejado otro.  Tuviste que pasar tiempo reencontrando, seleccionando, tirando, metiendo en cajas, procesando los fantasmas que fuiste dejando en él a lo largo de tu residencia. Pudiste re-encontrarte con la historia vivida en él, quizá entendiendo un poco más de donde vienes. El espacio que habitas es una entidad que se une a tu ser, se vuelve reflejo de tu esencia presente; va absorbiendo emociones, experiencias, olores, va guardando registro… Es escenario de tus  momentos más íntimos –probablemente la entidad que más honestamente te conoce.
Es importante cerrar bien los ciclos, despedirte de los recuerdos, tomar conciencia de los fantasmas que estás dejando atrás y de los que decides seguir cargando contigo. Es necesario desempolvar, limpiar, observar y escoger únicamente lo que crees que te va a ser útil en tu próxima etapa –no sólo eres el creador también eres el editor de tu realidad. Es un proceso intenso que afecta todos los niveles de tu ser, que reconfigura tu realidad desde lo más básico. Es importante agradecer al techo que te cobijó, rendirle tributo al papel que jugaron esas cuatro paredes en el hecho de que hoy eres quién eres, listo para ocupar un nuevo espacio.
Dice un proverbio español “No hay mudanza que pueda bien hacerse sin dosis buena de templanza.”
Te estás mudando todo tú –mente, cuerpo, espíritu y pertenencias. Es un terapia intensa y profunda, se establece un dialogo abierto con todos tus yos en diferentes tiempos y dimensiones. Palpas todo lo que has ido acumulando y decides que sigue contigo y que quieres quemar. Es ritual, es alquimia –estás preparándote para empezar un nuevo ciclo con nuevos elementos. 
Y una vez transmutado te encuentras listo para llegar a las cuatro paredes que a partir de ahora te permitirán empezar a acumular vida otra vez. Construirás y verás la vida desde un nuevo escenario, experimentarás con nuevos caminos, vecinos, sensaciones y olores. Empiezas de cero, de ti depende como se irán acomodando los elementos.   
Es magia pura ­–deberíamos de jugar a mudarnos*

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25 jul 2012

Algunos curiosos datos sobre el uso del teclado y mouse


Divertido video de “VSauce”, quien comparte algunas sorprendentes cifras de las tareas que realizamos a diario.
Sabían que, si trabajan en una oficina frente a una PC, podrían estar escribiendo presionando las teclas que tienen frente suyo entre 5,000 a 10,000 veces por día? O que clickeamos, en promedio, 1,500 a 3,000 veces por día?
Incluso estar sentados, escribiendo y trabajando en la PC, gastamos 20 calorías por hora. Entre otros datos compartidos, nos enteramos, por ejemplo, que son enviados 6,000,000,000 de mensajes de texto alrededor del mundo, que equivale a la cantidad de texto dentro de todas las obras de William Shakespeare juntas, multiplicadas por 18,000 veces.
Otro dato interesante? La tecla más “popular”, debido al número de veces que es presionada, es la letra “e”, que ha sido graficado en esta imagen:




Esto varía de acuerdo al idioma, por supuesto, pero la “E” sigue siendo la más común en casi todos los idiomas en los que, bueno, la letra “e” existe. Pero la tecla más popular de todas? La barra espaciadora. De hecho, alrededor del mundo, la barra espaciadora es presionada 6 millones de veces por segundo!
Aquí el video completo!


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Bueno, esta relatado en ingles, pero poniendole atenciòn se comprende.
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