Mostrando entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas

16 sept 2014

“¿Alguien se ha acordado si habìa dinosaurios en el Arca?”

FOTOCOMPOSICIÓN (Noah's Ark II): Paloma Banderas.
  FOTOCOMPOSICIÓN (Noah’s Ark II)  
Esta pudo ser una trágica pregunta de Noé a sus ayudantes una vez comprobado en alta mar que los dinosaurios no estaban en el arca. ¡Se habían quedado en tierra! Esta posible pregunta de Noé podría resumir la posición de algunos creacionistas “pasados de moda” en cuanto a las explicaciones sobre la extinción de los dinosaurios no aviarios, no estaban en el arca. Para aquellos lectores poco avezados en las pseudociencias, plantearemos en qué consiste el creacionismo. En pocas palabras, los creacionistas creen que  nuestro planeta, incluida la biosfera (con los dinosaurios y los seres humanos, claro) y el resto del universo (es verdad, un mogollón de materia, energía,  espacio y tiempo) han sido diseñados y creados por un ser ultra natural, dios.
Parece un poco extraño que Noé y sus ayudantes se olvidaran de subir al Arca animales tan visibles como diplodócidos, braquiosaurios o tiranosaurios. De manera que el creacionismo moderno (el que pretende ser más “científico”) plantea que los dinosaurios fueron transportados en el arca. Esta nave de carga parece que era muy muy grande, pero… ¿tanto como para incluir cientos (quizás miles) de especies de dinosaurios no aviarios? La respuesta de algunos creacionistas es ingeniosa: Noé no metió a los dinosaurios adultos en el arca, sino a crías. Un ejemplo: en vez de incluir a una pareja  de Argentinosaurus , cada uno de 50 toneladas, subió al Arca un macho y una hembra de 100 kilos. Desde luego estos bebés ahorrarían espacio y recursos alimenticios. Pero, claro, desde el punto de vista del conocimiento científico da igual que el cuento creacionista  proponga dinosaurios adultos o crías. Podrían sugerirse incluso soluciones alternativas que serían tan (in)aceptables como la elección de crías. Por ejemplo, que Noé se decidiera a meter a los dinosaurios solitos en una segunda arca. Pero… ¡qué mala suerte! El arca fue destruida por el impacto de un meteorito. Esta sería una “buena” explicación para la extinción de los dinosaurios… pero los creacionistas niegan su desaparición en ese momento.
Creen que cuando bajaron del arca parejas de rinocerontes, moscas, ranas, chinches, leones, etc  (¿Cómo bajarían las ballenas por la rampa? ¿Y los lenguados?) descendieron también los dinosaurios. Luego, como el resto de los animales, se extendieron por la tierra. De manera que tiranosaurios y ceratopsios convivieron con los seres humanos durante unos pocos miles de años. ¿No os recuerda nada esta propuesta? Por supuesto, películas como “Hace un millón de años” (1966) o “Cuando los dinosaurios dominaban la tierra” (1970).
Según algunos creacionistas la relación histórica entre seres humanos y dinosaurios es un proceso violento, porque los humanos temían y odiaban a los dinosaurios. Nuestros antepasados trogloditas tuvieron que enfrentarse a ellos, pero no los extinguieron. Durante la antigüedad y la edad media la historia humana refiere a los dinosaurios como dragones (¡!??). Finalmente, la humanidad acabó (o casi) con los dinosaurios. De manera que, bajo esta interpretación, San Jorge tiene que ser considerado como un “Dinosaur Hunter” en sentido literal (“Dinosaur Slayer”).
En realidad, algunos creacionistas creen que todavía existen en la actualidad dinosaurios no aviarios vivos. Por ejemplo, el famoso “Mokele Mbembe” un saurópodo que  supuestamente habita la cuenca del río Congo (y nos vamos otra vez al cine ¿no habéis visto “Baby, el secreto de una leyenda perdida” de 1985?). En definitiva, esta es la propuesta de algunos creacionistas para entender  “científicamente” el mundo de los dinosaurios. Un supuesto estudio “serio” que se relaciona de forma directa con cuentos fantásticos, leyendas, mitos y desinformación.  Haganme un favor, no se lo crean.
.

8 jul 2014

La Segunda Guerra Mundial desde el Espacio


Esta espectacular producción revela los aspectos clave de la Segunda Guerra Mundial como nunca antes se habían visto. Gracias a un satélite ficticio que sobrevuela la Tierra, creado por ordenador, obtendremos una nueva visión sobre el mayor conflicto de la Historia.

Este viaje en el espacio y el tiempo desde las alturas nos hará ver aquellos grandes momentos en su contexto global, y traerá al primer plano datos e información hasta hoy desconocidos.

Ahora, podremos reinterpretar la Segunda Guerra Mundial colocando los hechos clave en perspectiva, mostrando la importancia de la simultaneidad y recreando acontecimientos que nunca podrían haberse captado con una cámara.

.

28 nov 2013

Evoluciòn humana



Fue el bipedismo el que originó una serie de cambios físicos y mentales que nos separaron de los primates y que ocasionaron la cascada de acontecimientos que permitieron la aparición de nuestra especie.
Desarrollamos un pie que permitía sostenernos erguidos, dejando el pulgar de ser oponible, y nuestras piernas se enderezaron.
La pelvis y la cadera cambiaron su forma  y tamaño, y la espina dorsal adopto forma curvada.
El ritmo respiratorio se independizó del  paso, permitiendo la regulación de la respiración y del habla.
La lengua y la faringe se hundieron más abajo y los cambios en la laringe permitieron una gran variedad de sonidos
Quedaron las manos libres para llevar comida y palos, el pulgar oponible, más largo y con mucha movilidad, permitiendo el movimiento de pinza con todos los demás dedos. También se desarrolló una gran sensibilidad en las yemas de los dedos que facilitaron una coordinación motora extraordinaria.
Con las manos plenamente funcionales para el manejo y el transporte de utensilios, se favoreció el aumento progresivo del cerebro y especialmente de la corteza frontal.
Como el canal del parto era más estrecho a causa del bipedismo  el parto se hizo más difícil y los bebes humanos nacieron muy poco desarrollados e indefensos, lo que obligaba a ocuparse de ellos durante mucho tiempo -el cerebro de un bebé es menos de la cuarta parte del cerebro adulto-, favoreciendo la formación de parejas estables.

Los primeros homínidos no disponían de capacidades físicas especialmente adaptativas para el medio en que se desarrollaron, sino que eran, en muchos sentidos, inferiores a muchos animales. No eran especialmente rápidos  ni poseían alas para huir, tampoco eran corpulentos para la defensa o la depredación. No tenían una pigmentación que lo camuflara en su hábitat. Tampoco un caparazón como las tortugas, ni una capa de grasa que lo proteja en los ambientes más fríos; su olfato o su oído no eran especialmente agudos.   
Sin embargo, frente a estas desventajas los homínidos desarrollaron un extenso y complejo sistema nervioso con el cerebro como centro integrador de la relación entre el organismo y el entorno. Gracias a este cerebro el ser humano puede dar respuestas diferentes a una gran variedad de condiciones exteriores. La previsión de acontecimientos futuros, el uso de herramientas, el lenguaje  o el pensamiento religioso irían incorporándose a las capacidades de las distintas especies del género Homo. 


  El descubrimiento del fuego y la progresiva habilidad para la caza convirtieron a nuestros antepasados en organismos que dominaban el medio en el que vivían y consiguieron adaptarse con facilidad a él. No solo utilizarán a las demás especies para comer y sobrevivir, sino que se servirán de sus pieles para taparse, colmillos para adornarse o huesos y pieles para producir sonidos que les aportaran ventajas en el cortejo y el apareamiento. El lenguaje como un poderoso instrumento de intercambio de información que facilita el trabajo en grupo marcaría un desarrollo cultural que, definitivamente, le haría creerse dueño de una conciencia que le hacía dominador de la naturaleza y de un  alma que lo conectaba con los dioses. 

La comunidad científica continúa debatiendo sobre el relato pormenorizado de las diferentes especies de homínidos y, aunque algunos detalles continúan cambiando con los años, los protagonistas principales de nuestra historia reciente serian los siguientes: 

 Ardipithecus ramidus, vivió hace 4.4 m.a. y parece ser uno de los primeros en bajar de los árboles y aventurarse en el bipedismo. Su conocido fósil, Ardi, representa el momento en el que nuestra rama evolutiva se separó de la de los simios y el inicio de los importantes cambios que vendrían a continuación. 



 Australopithecus La muy conocida Lucy (casi4 m.a.) pertenece a este género, y los científicos le atribuyen con bastante seguridad las características singulares asociadas al bipedismo.
El tamaño del cerebro es similar al de los grandes simios actuales. Vivían en las zonas tropicales de África, alimentándose de hojas y frutos. Existe consenso en que una de las especies de australopitecos dio origen al género Homo en África 


hace unos 2 millones de años.


Homo habilis (1,9 -1,6 millones) Con un cuerpo parecido a los autralopitecos – brazos largos en relación a las piernas- sin embargo, ya han experimentado una expansión del cerebro (entre 500 y 750 cc.) y se le atribuye la capacidad técnica para  elaboración de las primeras industrias líticas. Son los primeros que no están ligados a un medio forestal y habrían habitado paisajes con espacios más abiertos. La posición bípeda en las hembras provoca una reducción de la pelvis que tiene como consecuencia un adelanto de los partos (lo cual implica neonatos prematuros, un mayor tiempo dedicado a la crianza y así la necesidad de mantener vínculos sociales fuertes que potencialmente coadyuvan al desarrollo de una cultura.

Homo ergaster (1,75-1 millón de años). Capacidad craneal de alrededor de 800 cc.
 Se estima que es básicamente la versión africana de Homo erectus, del que es antecesor. Algunos especialistas consideran que pueden haber sido una única especie. Es posible que los Homo ergaster pueden haber sido los primeros en establecer relaciones sociales complejas precisamente facilitadas por un protolenguaje oral articulado que se veía acompañado por un gran cerebro capacitado ya para elaborar rudimentarias abstracciones. Puede que incluso pudieran establecer una primitiva teoría de la mente por la cual podría intuir los estados afectivos o "anímicos" de sus congéneres a través de las miradas. Este tipo de capacidades facilitarían la fabricación de armas, la transmisión de habilidades, reconocimiento de huellas, etc., que en definitiva les convertiría en expertos cazadores.
Homo erectus (1,8 millones de años y 300.000 años) habitaron en Asia oriental. En África se han hallado restos de fósiles afines que con frecuencia se incluyen en otra especie,Homo ergaster.
Era muy robusto y tenía una talla elevada, hasta 1,80 m de medida. El volumen craneal era muy variable, pero fue aumentando paulatinamente desde los 800 hasta los 1200 c.c. Usaba el fuego para cocinar, pues en sus cuevas han encontrado cenizas y carbón vegetal asociados a huesos de animales y a semillas quemadas


Homo antecessor.  Vivió hace 750 a850 mil años y es una especie fósil perteneciente al género Homo, considerada la especie homínida más antigua de Europa. En la actualidad, aún hay debate sobre su relación con otras especies, pero sus descubridores en la sierra de Atapuerca al frente del español Juan Luis Arsuaga defienden que son antepasados de  H. heidelbergensis y de H. neanderthalensis;


Hombre de Neandertal (Homo neanderthalensis) habitó Europa y partes de Asia occidental desde hace 230.000 hasta 28.000 años atrás, se cree convivió paralelamente en los mismos territorios europeos con los primeros homo sapiens en Europa. Tenían un cerebro con mucha capacidad para dominar  los símbolos, enterrar a sus muertos y preguntarse por los misterios que esconde la naturaleza y el cielo. Vivían en cavernas, utilizaban ropa para combatir el frío y cazaban animales; pero desaparecieron por causas desconocidas.

Homo sapiens. Con una capacidad craneal de 1000-1500cc., los fósiles más antiguos de Homo sapiens proceden del sur de Etiopia.  
Las aportaciones de la genética molecular permiten concluir que toda la humanidad actual tiene una antecesora común que habría vivido en el noreste de África (en territorios que corresponden a los actuales estados de Etiopía y Kenia) hace casi 200.000 años.


Esta fascinante historia está perfectamente contada en el documental "La odisea de la especie"  y en su continuación " Homo sapiens", cuya visión recomiendo a todo aquel que quiera comprender la naturaleza humana.


memoriasdesoledad

.

26 feb 2013

El Pasado era una Porquerìa

Nunca existió una Arcadia feliz.




No es poca la gente –incluso gente muy joven– que sustenta la idea de que existió un tiempo en el pasado donde la gente vivía felizmente, hasta libremente, en una especie de mundo bucólico y sencillo sin las preocupaciones, presiones y condicionantes del presente. Unos pocos (cada vez menos) siguen creyendo que todo tiempo pasado fue mejor, mientras otros consideran que en algún punto de nuestra historia existió una época dorada, un paraíso terrenal estropeado por nosotros mismos, por nuestra codicia, nuestra cerrazón o nuestra maldad. Algunos aprovechan para arrimar el ascua a su sardina política, tratando de asimilar ese periodo arcádico a algún momento del pasado en que sus ideas eran dominantes; la mayoría, se limitan a referirse a él como un modelo ideal hacia donde deberíamos caminar, pero no lo hacemos por ambición, ceguera y orgullo.

Disiento profundamente de todos ellos. Más allá de vanos idealismos, el pasado era un lugar donde ni tú ni yo querríamos permanecer más de una semana, en plan turista temporal, ni por asomo. Ni por broma, vamos. El pasado era un lugar horrible para vivir, un tiempo de mugre, piojos, dolor de muelas, tiranía, superstición, ignorancia, plagas, niños muertos y mamás adolescentes muertas con ellos. El pasado era una mierda.

Vidas breves.


Hasta la llegada de la medicina moderna, la tasa de mortalidad infantil en todo el mundo oscilaba entre el 20% y el 30%, llegando al 40% en épocas de hambruna, guerra o plaga. Estas cifras se mantuvieron así hasta entrado el siglo XX en lugares de orden social tradicional donde la ciencia médica tardó en penetrar. Las causas más frecuentes eran las infecciones otorrinolaringológicas, la difteria, el sarampión, la viruela y la rubéola, con ayuda de la anemia. Me gustaría que reflexionaras un instante sobre esta cifra. Uno de cada cinco niños nacidos vivos no llegaba a la adolescencia en el mejor de los casos, y normalmente uno de cada tres. Esta es una cifra peor que la del peor infierno del Tercer Mundo presente, donde al menos llega algo de penicilina y algunas vacunas de vez en cuando.

Vamos a expresarlo gráficamente. Toma una hoja de papel y escribe en ella los nombres de diez niños que conozcas. Ahora tacha dos. O tres. O hasta cuatro, en un año malo. Ese era el riesgo de nacer hasta aproximadamente la segunda mitad del siglo XIX en el mundo más desarrollado, y mediados del XX en el resto. Un motivo central de la tendencia a tener muchos hijos presente en todas las culturas es que al menos un porcentaje de ellos sobrevivieran para mantenerte cuando fueras viejo, antes de que existieran las pensiones de la Seguridad Social.

pasado A3
Si lograbas sobrevivir a estas tasas de mortalidad infantil, causadas por la poca diversidad y seguridad alimentaria, la falta de higiene y asepsia y la ausencia de antibióticos y vacunas, entonces era posible que llegaras a vivir hasta los 60 o 70 años; incluso, en algunos casos, hasta avanzada edad. Pero si eras chica, tus probabilidades de que tal cosa sucediera sufrían un nuevo hachazo: las probabilidades de morir en el parto oscilaban entre el 1% y el 40%, normalmente de hemorragia, obstrucción o fiebre puerperal, cuando no de aborto casero. Esto es, a partir de los 12 o 13 años, en cuanto llegaba la pubertad, porque eso de empezar a reproducirse con 18 o más años es otra modernez, una excepción en la historia humana que habría hecho mearse de risa a nuestros antepasados. Menudas viejas, dirían.

Hablando de chicas, el pasado fue un mal momento para nacer con una raja entre las piernas. Ya te digo yo que esas idílicas sociedades matriarcales bajo la tutela de la diosa Gaia que pretenden algunas (y algunos) jamás existieron. En las menos patriarcales y machistas de todas, a lo mejor que podías aspirar era a pudrirte a la misma velocidad que tus hermanos, pero además, pariendo hijos. Lo más normal es que fueses alguna clase de propiedad de los hombres de tu familia, en distintos grados de sumisión. No hay ningún indicio de que las amazonas fuesen mucho más que una fantasía erótica de los escritores griegos, inspirada en mujeres guerreras –de eso siempre ha habido en mayor o menor medida–, pero jamás hubo ninguna sociedad amazónica. Y la diosa esa tan enrollada, según donde te pillase, igual esperaba que le sacrificases algún hijo. O hija.

Si sobrevivías a la infancia y no te mataba la guerra o la peste o la fiebre puerperal o cualquier mal aire, es posible que vivieras un buen puñado de años. Cómo los vivirías es otra cuestión.

Piojos, malaria, tos sangrienta y dolor de muelas.

pasado A4
Se oye con frecuencia que la caries es una enfermedad de la civilización, vinculada a las dietas que asumimos cuando inventamos la agricultura y nos sedentarizamos. Es cierto que la agricultura y la sedentarización, aunque dieron lugar a las civilizaciones, fueron una muy mala idea para quienes las padecieron: la esperanza de vida media de 33 años que habíamos gozado cuando éramos nómadas, en el Paleolítico Superior, colapsó a menos de 30, más bien 25 o 28 y a veces 18, como en la Edad del Bronce. Es incluso probable que las poblaciones nómadas tuvieran que ser sometidas y sedentarizadas por la fuerza, como siervos o esclavos agrícolas, a manos de los aspirantes a convertirse en reyes y emperadores. Otros creen que el proceso pudo ser más voluntario, cambiando una mayor seguridad en el suministro alimentario por un empobrecimiento se su variedad y una menor esperanza de vida. Ocurriera como ocurriese, hacinarse en esas marismas insanas que llamamos tierras fértiles empeoró la mortalidad y la calidad de vida de casi todo el mundo, hasta aproximadamente el siglo XX.

Pese a ello, la caries no es estrictamente una enfermedad de la civilización relacionada con esta menor variedad alimentaria de las comunidades sedentarizadas, como se ha dicho muchas veces. Y no lo es porque está presente en numerosos cráneos recuperados de periodos anteriores, como el Paleolítico; incluso se ha encontrado en dientes del neandertal. Sin embargo, su incidencia era mucho menor. La caries, ciertamente, se multiplicó y agravó enormemente durante el Neolítico, con la agricultura y la sedentarización.Y nadie sabía cómo combatirlas, porque para comprender la necesidad de la higiene bucal (en realidad, de cualquier clase de higiene) hay que comprender primero la teoría de los gérmenes. La única posibilidad era arrancar el diente, pero quedarse desdentado en aquellos tiempos tampoco era una idea muy buena, así que muchas veces se retrasaba hasta que dejaba de doler, conduciendo a infecciones maxilares mucho más severas. La historia de la humandidad es una historia de gente desdentada, con constantes dolores de muelas y graves abscesos faciales, a la que el aliento le olía peor que una alcantarilla. Sin analgésicos, ni antibióticos, ni nada parecido a la cirugía dental y maxilofacial contemporánea.


Nómadas o sedentarios, los piojos vienen acompañándonos desde que surgimos, y despiojarse mutuamente ha sido una de las actividades familiares y sociales más corrientes hasta el surgimiento de los actuales tratamientos quimicos. La familia que se despioja unida permanece unida, o algo así. El caso es que hemos vivido siempre comidos por los piojos, al menos en los lugares con pelo abundante; llamamos ladillas a los que se dan en el vello púbico. Para terminar de arreglarlo, la invención de la ropa permitió la evolución y especialización de una tercera clase de estos parásitos, el piojo corporal, que se nos come de cuello a pies. A diferencia de los dos primeros, incapaces de transmitir ninguna enfermedad en particular más que las molestias cutáneas asociadas a su presencia (picor, irritación, con consecuencia de insomnio y debilidad), este último es un vector conocido del tifus, la fiebre de las trincheras y la borreliosis. Las pieles y ropas resultaron ser un gran avance para... las epidemias.

Otra consecuencia perversa de la sedentarización fue el surgimiento de la tuberculosis, en este caso gracias a un bacilo frecuente en la ganadería. Probablemente se trate de la primera enfermedad de que tuvimos consciencia como un estado específico: en Egipto ya tenían hospitales especializados en su tratamiento allá por el 1.500 a.C. Con dudoso éxito, pues parece que tanto el faraón Akenatón como su esposa Nefertiti murieron por causa de la tisis, su nombre tradicional en castellano; si unos emperadores considerados como dioses morían así, puede imaginarse lo que esperaba al pueblo llano. En la India, los brahmanes tenían prohibido casarse con ninguna mujer cuya familia tuviera un historial de tuberculosis, lo que tampoco resultaba muy eficaz. En Europa, el tratamiento más avanzado consistía en una imposición de las manos del rey, con el resultado que cabe suponer. Paracelso, en otra de sus chaladuras –el mérito de Paracelso no está en lo que creó, sino en lo que destruyó: las supercherías aún mayores de su antepasado Galeno, el de las sangrías–, opinaba que la tuberculosis se debía a algún órgano incapaz de cumplir adecuadamente sus funciones alquímicas, ni más ni menos. Durante el siglo XIX, la llamada Peste Blanca se comía a las jovencitas y no pocos jovencitos y no tan jovencitos por millones, dando lugar a uno de los temas más característicos en el Romanticismo. Tuvo que venir Robert Koch a decirnos que se trataba de un microbio, y únicamente entonces fuimos capaces de combatirla.

pasado A6
La malaria es otra vieja compañera, sólo recientemente erradicada en los países desarrollados, vinculada también a las aguas estancadas y sus mosquitos, los campos de cultivo y la sedentarización. En la Roma clásica, la malaria, la tuberculosis, el tifus y la gastroenteritis se ventilaba cada año a unos 30.000 ciudadanos en los meses enfermizos de julio a octubre. Por no mencionar la tiña (foto de la derecha) u otros males comunes (e incurables) en su tiempo, incluyendo, por supuesto, las enfermedades venéreas de la Antigüedad, que ya te puedes imaginar cómo iba el tema.

Las alternativas para nuestros antepasados eran simples. O permanecer como nómadas cazadores-recolectores, atrapados en el primitivismo Paleolítico y cada vez más rechazados y expulsados por las comunidades sedentarizadas, o sumarse a la sedentarización total o parcialmente, convirtiéndose en súbditos, cuando no siervos y esclavos, de las civilizaciones agrícolas y ganaderas en ascenso.

Inseguridad alimentaria.

pasado A7
Por otra parte, ni nómadas ni sedentarizados tenían garantía alguna sobre la seguridad de su comida y su agua. Las comunidades nómadas eran pequeñas y dispersas porque dependían de lo que la tierra quisiera dar, imposibilitadas para evolucionar y desarrollarse. Las comunidades sedentarias no sólo produjeron durante largo tiempo comida abundante pero poco variada y de ínfima calidad, sino que estaban sometidos a toda clase de plagas y putrefacciones. Esas estupendas mazorcas de maíz, ese trigo perfectamente seguro o esa carne con garantías veterinarias son el resultado de generación sobre generación de hibridaciones, cultivo selectivo y progresos en las ciencias agropecuarias y médicas. En el pasado tenían que apañarse con cosas más parecidas al farro, la escaña y la cebada, que son básicamente un asco como alimentos (cuando no lo que ahora llamamos mala hierba), y con carnes y pescados obtenidos y conservados de maneras realmente creativas. En la imagen puedes ver cómo era el trigo antiguo (derecha) en comparación con el moderno (centro e izquierda).

Hoy en día nos quejamos de que a la comida y al agua le echan cosas y de que es todo artificial. Lamentablemente, las alternativas son el cólera, la gastroenteritis, el carbunco (ántrax), la triquinosis, la salmonelosis, la listeriosis, el botulismo, el síndrome de Guillain-Barré, la gangrena gaseosa, la hepatitis, la diarrea mataniños y otras delicias por el estilo que en el pasado constituían una permanente ruleta rusa. Las epidemias de los cultivos y el ganado no sólo los mataban, provocando constantes hambrunas, sino que incluso cuando no los mataban podían contaminarlos de manera invisible para un mundo sin microscopios. Son especialmente curiosos los casos de ergotismo, un hongo de los cereales con efectos muy parecidos al LSD, que además pasa a los bebés mediante la leche materna.

Pasado A8La potabilidad del agua merece párrafo aparte. Antes de que aprendiéramos a separarla de las aguas fecales y echarle cloro y otros productos químicos, beber agua era tan peligroso como una caja de bombas. De hecho, la gente, si podía evitarlo, no bebía agua. Ni tampoco mucha leche, excepto la materna, pues antes de que aprendiéramos a pasteurizarla (por si no te has dado cuenta, pasteurizar viene de Luis Pasteur, el padre de la microbiología moderna) provocaba masivamente tuberculosis bovina, neuropatía inflamatoria desmielinizante, enteritis, carbunco (ántrax) y demás. Así pues, hasta los niños bebían vino, cerveza o aguardientes si podían permitírselo, que no eran mucho más seguros pero un poquito sí, por la presencia de alcohol: el alcohol es un conocido antiséptico.

Pasado A9
Por cierto. Para comer mínimamente bien había que ser rico. Pero rico, rico de narices. La comida era muy cara de producir, conservar, transportar y comercializar, y estaba sujeta a numerosos imprevistos. El precio del pan fue una cuestión de estado durante milenios, sabiendo que un aumento excesivo debido a la escasez o la especulación podía ocasionar revueltas y subversión, dado que la gente no tenía mucho más para comer. Libros revolucionarios clásicos como La Conquista del Pan del anarquista Pyotr Kropotkin, o incluso textos como el Lazarillo de Tormes, Rinconete y Cortadillo o el mismo Sancho Panza en el Quijote nos transmiten una idea de lo muy complicado que era alimentarse para la gente de a pie, y la miseria general en que vivían. Con frecuencia, una familia no podía pagarse las calorías necesarias para alimentar a todos sus miembros; hacerlo de forma saludable o al menos variada era una fantasía de aristócratas, arzobispos, reyes y papas. Estar gordo era la moda y el referente estético de belleza y éxito social, porque sólo los muy adinerados y poderosos podían permitírselo; las personas corrientes estaban flacas como espartos por simple desnutrición y exceso de trabajo físico. Estar flaco era cosa de pobres. Ahora son los pobres los que están gordos, al menos en el mundo desarrollado, debido a la mala nutrición pese al exceso de calorías; y los más acomodados pueden permitirse alimentos, cuidados y tratamientos que les permiten... estar delgados.

Mugre, ignorancia, superstición, tiranía.


El pasado era un sitio sucio y maloliente, con ratas y parásitos por todas partes. Donde había alcantarillado, solía estar abierto; sólo los ricos podían pagarse termas, baños y cosas por el estilo. En la mayor parte de lugares, la higiene era un concepto desconocido e innecesario, porque no sabíamos nada de microbios.

Qué demonios. Éramos ignorantes como piedras: una turba vil y analfabeta presa de tiranos, demagogos, clérigos, santones y toda clase de supersticiones. La alfabetización era un secreto gremial de escribas, monjes y sabios; la mayor parte de la gente no sabía leer o escribir ni su propio nombre y no digamos ya cualquier rudimento de cultura general. Los niños no comenzaron a ir a la escuela sistemáticamente hasta mediados del siglo XIX. Hasta los nobles, y a veces los reyes, eran más brutos que sus caballos. El príncipe del cuento era un asno palurdo y brutal. Y el venerable sabio local, un analfabeto desdentado y maloliente, supersticioso y machista hasta el ridículo que se lo pasaba pipa cuando mandaban brujitas guapas a la hoguera. Las brujitas y en general cualquier hembra, por su parte, tenían exactamente las mismas luces que un trozo de carbón en una habitación a oscuras. En cuanto a los niños, no eran más que una boca que alimentar, una carga tratada a palos que ocupaba el último lugar de la casa, frecuentemente por debajo del ganado en el orden social. Eso de protejamos a los niños es otra modernez buenista; en el pasado, nadie habría puesto a un niño por encima de un adulto capaz de ganarse su propio pan. En cuanto a las niñas, si no te violaban de pequeña era sólo por respeto al honor de tu padre, suponiendo que tu padre fuera hombre libre y ya hubiéramos llegado a ese grado de civilización. Si naciste esclavita, o en una sociedad que no hubiera alcanzado ese punto, mejor no te lo cuento.

En un mundo así, toda clase de supercherías, miedos, religiones y tiranías calaban sin más en amplias masas sociales, desprovistas de las más tenues bases intelectuales para desafiarlos. La forma común de gobierno era garrotazo y tentetieso. No existía nada parecido a la justicia; la idea de que tuvieran que juzgarte con un juez imparcial y un abogado defensor bajo el imperio de la ley sólo se extiende al pueblo a partir de los procesos revolucionarios del siglo XVIII. La vendetta y la ordalía eran formas de justicia común, así como castigar hasta los delitos más leves con tormentos infames. Para los partidarios de volver al endurecimiento de las penas, recordaré que hubo un tiempo en que podían desmembrarte en la rueda hasta por robar gallinas, sobre todo si el dueño de la gallina pertenecía a las castas superiores, y nunca dejó de haber ladrones, violadores o asesinos. De hecho, había muchos más que ahora: la miseria, el hambre, la opresión y la incultura propulsaban constantemente a grupos de población hacia la delincuencia, desde el pequeño robo hasta el bandolerismo y la piratería. En realidad, no había justicia ninguna, en el sentido actual del término: sólo la voluntad de los poderosos.

Hay quienes, por absurda idealización, creen que estos mundos del pasado podían ser mejores que el mundo presente. No lo fueron, jamás lo fueron: para la inmensa mayoría de quienes vivieron allí, constituían un infierno sólo aceptable porque no conocían nada mejor y porque creían a machamartillo en paraísos religiosos. Pero si a cualquier padre o madre del 300.000 a.C., del 30.000 a.C., del 3.000 a.C., del 300 a.C., del 300 d.C., y hasta del 1.900 d.C., le hubiesen dicho que llegaría un tiempo en que podría llevar a su hijo enfermo a un hospital con médicos científicos, antibióticos, TACs, analgésicos, de todo, y que luego se lo podría llevar curado a casa para bañarlo con agua calentita que sale de un grifo a precio ridículo –sí, ridículo: la leña y el carbón costaban el sueldo de un mes–, meterlo en una cama sin piojos, chinches o pulgas y darle de comer toda clase de alimentos y agua que no lo pone más enfermo... si hubiera podido comprenderlo, si hubiera podido vislumbrarlo, habría pensado que éste debía ser el paraíso de los dioses benevolentes prometido en sus profecías. Y desde luego habría firmado cualquier cosa con tal de estar aquí, no allí. Aunque no podía. No sabía firmar.

Pese al fatalismo de los pesimistas, la humanidad ha demostrado constantemente su capacidad de mejorar, de evolucionar, de progresar hacia un futuro mejor. Para ello tuvimos que deshacernos de un montón de rémoras del pasado, estudiar profundamente y transformar la realidad de maneras radicales, a veces pacíficas y a veces violentas. Y tendremos que seguir haciéndolo si queremos ir aún a mejor. En todo caso, mereció la pena y sigue mereciendo la pena. Puestos a malas, yo prefiero morir con morfina en el más infame hospital de nuestro tiempo que sin morfina en cualquier palacio de aquella Arcadia infeliz. ¿Y tú?






.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Quizás También Te interese

ANUNCIA AQUI / PUBLICIDAD PERSONALIZADA WEB 3.0

CONTAMOS CON UN SISTEMA INTEGRAL DE PUBLICIDAD PERSONALIZADO POR INTERNET WEB - 3.0,..... MÁS DE 270 MIL VISITANTES O LECTORES MENSUALES AL BLOG, BASES DE DATOS DE E-MAILS O CORREOS ELECTRÓNICOS, SOFTWARE / ROBOT PARA ENVÍOS DE MENSAJES DE TEXTO A TELÉFONOS MÓVILES, ENLACES Y ANEXOS A REDES SOCIALES Y CHATS SOCIALES, USO DE APLICACIONES COMO WHATSAPP Y OTROS.

Contactarse a: - planetainformes@gmail.com

Móvil: +51 - 959567777 , +51 - 977851768 ,
Arequipa - Perú


ESPACIO DISPONIBLE - ANUNCIA AQUI

ESPACIO DISPONIBLE - ANUNCIA AQUI
GARANTIA DE IMPACTO VISUAL