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17 ago 2016

Diferencias entre ciencia y pseudociencia

Es una pena que cada cierto tiempo haya que recordar cosas como esta, pero últimamente parece que no sólo es necesario sino imperativo. Basta darse una vuelta por Internet para darse cuenta de ello. Estos dos párrafos pertenecen a Carl Sagan, de su obra “El mundo y sus demonios”, y sigue siendo necesario tenerlos presentes para que no nos den gato por liebre.

Ciencia
La ciencia […] plantea hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.
Pseudociencia
La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando la hipótesis de los pseudocientíficos no consigue cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla.


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21 abr 2015

La muerte de la razón


Desde sus orígenes, la humanidad ha sentido una atracción irrefrenable hacia lo sobrenatural. Augures y adivinos han aconsejado y dominado a millones de seres a lo largo de la historia. Nuestra época tiene los suyos. Los medios de comunicación son cajas de resonancia para cientos de creencias irracionales. Un vidente-echador de cartas, un especialista en fantasmas, un pobre hombre secuestrado por extraterrestres son prueba de la existencia de un mundo misterioso a nuestro alrededor. Son portadores de un algo indefinible que nos permite huir de los agobios de la vida cotidiana.

Existe toda una fauna y flora que crece y se multiplica a la sombra de revistas y libros que juegan con la esperanza humana: la esperanza de vida después de la muerte, la de curar esa enfermedad incurable, la de no encontrarnos solos en este inmenso universo. Pero si profundizamos más allá de las superficiales, sesgadas y pueriles informaciones que nos presentan, descubriremos en ellas los temas de siempre, las mismas consignas que los mercaderes de lo misterioso han vendido a la humanidad desde sus comienzos: ayer eran ángeles, hoy son extraterrestres; ayer eran pociones de hechicería, hoy son medicamentos naturales; ayer eran druidas escondidos en el interior de un árbol hueco para hacer oír la temible voz de Teutates, hoy son médiums en contacto con los espíritus gracias a las más rudimentarias técnicas psicológicas y de prestidigitación. Sin embargo, ¿Se pueden doblar cucharas con el poder de la mente? ¿Nos visitan los extraterrestres? ¿Las plantas tienen sentimientos? ¿Los embriones de pollo tienen poderes extrasensoriales? La respuesta es no. Por dos motivos: uno, porque no hay pruebas de ello y dos, porque algunas son estupideces declaradas. En más de un siglo de investigaciones aún no han presentado ni una sola prueba irrefutable, o cuando menos contundente. Los casos clásicos, considerados en su tiempo inapelables, se han demostrado explicables o falsos.

Ni los posos del té, ni el Tarot, ni los planetas, ni los extraterrestres van a mejorar nuestra calidad de vida. Las líneas de la mano tienen el mismo valor predictivo que las del trasero. Necesitamos una buena infusión de espíritu crítico. Necesitamos de toda nuestra capacidad racional para resolver los problemas que la sociedad tiene planteados. Dicen que contra la estupidez humana hasta los dioses luchan en vano, pero algunos creemos que si aprendemos a dudar, a no aceptar las ideas de otros sólo porque nos lo dicen y a admitir los hechos aunque no nos gusten, habremos impedido la muerte de la razón.

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8 mar 2015

Qué es un debate y cómo debatir




Debatir racionalmente es una excelente forma de aprender cosas nuevas, pero día a día nos encontramos con personas que no están dispuestas a debatir, sino que están convencidas de que lo que saben es cierto, y no aceptarán nunca cambiar de opinión.

Muchas veces estas personas somos nosotros mismos, y no nos damos cuenta que el debate no va a llevar a nada útil y que es una pérdida de tiempo total. También puede pasar que además de ser una pérdida de tiempo se transforme en una pelea personal, en la que está en juego el orgullo de cada uno.

Si queremos que nuestros debates y discusiones sean provechosos, debemos saber cómo hacerlo correctamente, con ciertas reglas que están universalmente aceptadas y que sí, también se pueden cuestionar, pero han demostrado ser las más eficientes. En muchas ocasiones, cuando se debate con una persona que sostiene una postura religiosa o pseudocientífica, es probable que el debate esté condenado desde el principio, porque las dos partes prácticamente hablan en distintos idiomas.

Cuando estamos convencidos de una idea, creemos que tenemos los fundamentos suficientes, y que estaríamos dispuestos a cambiar de opinión si la otra persona nos muestra una cantidad de pruebas suficientes de que está en lo correcto, podemos hacerle saber cuáles son los requisitos para proceder con el mismo, antes que se vuelva una lucha de orgullos.

José María Mateos tradujo el siguiente diagrama publicado en el blog escéptico Pharyngula, es realmente útil para aclararnos muchas cosas, y para explicar el tema a otras personas. Se relaciona mucho con la importancia de no caer en muchas falacias lógicas.



Clic en la imagen para verla en tamaño original


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16 sept 2014

“¿Alguien se ha acordado si habìa dinosaurios en el Arca?”

FOTOCOMPOSICIÓN (Noah's Ark II): Paloma Banderas.
  FOTOCOMPOSICIÓN (Noah’s Ark II)  
Esta pudo ser una trágica pregunta de Noé a sus ayudantes una vez comprobado en alta mar que los dinosaurios no estaban en el arca. ¡Se habían quedado en tierra! Esta posible pregunta de Noé podría resumir la posición de algunos creacionistas “pasados de moda” en cuanto a las explicaciones sobre la extinción de los dinosaurios no aviarios, no estaban en el arca. Para aquellos lectores poco avezados en las pseudociencias, plantearemos en qué consiste el creacionismo. En pocas palabras, los creacionistas creen que  nuestro planeta, incluida la biosfera (con los dinosaurios y los seres humanos, claro) y el resto del universo (es verdad, un mogollón de materia, energía,  espacio y tiempo) han sido diseñados y creados por un ser ultra natural, dios.
Parece un poco extraño que Noé y sus ayudantes se olvidaran de subir al Arca animales tan visibles como diplodócidos, braquiosaurios o tiranosaurios. De manera que el creacionismo moderno (el que pretende ser más “científico”) plantea que los dinosaurios fueron transportados en el arca. Esta nave de carga parece que era muy muy grande, pero… ¿tanto como para incluir cientos (quizás miles) de especies de dinosaurios no aviarios? La respuesta de algunos creacionistas es ingeniosa: Noé no metió a los dinosaurios adultos en el arca, sino a crías. Un ejemplo: en vez de incluir a una pareja  de Argentinosaurus , cada uno de 50 toneladas, subió al Arca un macho y una hembra de 100 kilos. Desde luego estos bebés ahorrarían espacio y recursos alimenticios. Pero, claro, desde el punto de vista del conocimiento científico da igual que el cuento creacionista  proponga dinosaurios adultos o crías. Podrían sugerirse incluso soluciones alternativas que serían tan (in)aceptables como la elección de crías. Por ejemplo, que Noé se decidiera a meter a los dinosaurios solitos en una segunda arca. Pero… ¡qué mala suerte! El arca fue destruida por el impacto de un meteorito. Esta sería una “buena” explicación para la extinción de los dinosaurios… pero los creacionistas niegan su desaparición en ese momento.
Creen que cuando bajaron del arca parejas de rinocerontes, moscas, ranas, chinches, leones, etc  (¿Cómo bajarían las ballenas por la rampa? ¿Y los lenguados?) descendieron también los dinosaurios. Luego, como el resto de los animales, se extendieron por la tierra. De manera que tiranosaurios y ceratopsios convivieron con los seres humanos durante unos pocos miles de años. ¿No os recuerda nada esta propuesta? Por supuesto, películas como “Hace un millón de años” (1966) o “Cuando los dinosaurios dominaban la tierra” (1970).
Según algunos creacionistas la relación histórica entre seres humanos y dinosaurios es un proceso violento, porque los humanos temían y odiaban a los dinosaurios. Nuestros antepasados trogloditas tuvieron que enfrentarse a ellos, pero no los extinguieron. Durante la antigüedad y la edad media la historia humana refiere a los dinosaurios como dragones (¡!??). Finalmente, la humanidad acabó (o casi) con los dinosaurios. De manera que, bajo esta interpretación, San Jorge tiene que ser considerado como un “Dinosaur Hunter” en sentido literal (“Dinosaur Slayer”).
En realidad, algunos creacionistas creen que todavía existen en la actualidad dinosaurios no aviarios vivos. Por ejemplo, el famoso “Mokele Mbembe” un saurópodo que  supuestamente habita la cuenca del río Congo (y nos vamos otra vez al cine ¿no habéis visto “Baby, el secreto de una leyenda perdida” de 1985?). En definitiva, esta es la propuesta de algunos creacionistas para entender  “científicamente” el mundo de los dinosaurios. Un supuesto estudio “serio” que se relaciona de forma directa con cuentos fantásticos, leyendas, mitos y desinformación.  Haganme un favor, no se lo crean.
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2 ene 2014

Pseudociencia e ideología

De Mario Bunge


Uno de los filósofos vivos más destacados es el argentino Mario Bunge, nacido en Buenos Aires en 1919. De entre su dilatada biografía, y al margen de su obra escrita, quizá lo más llamativo sea que con solo 19 años fundó la Universidad Obrera Argentina que duró hasta que la dictadura militar decidió terminar con ella en 1943.

Bunge es un intelectual imprescindible, un humanista englobado en el realismo científico, azote de las posturas que atacan al racionalismo, desde el psicoanálisis y la homeopatía a doctrinas filósoficas como el existencialismo. Sus más de cincuenta libros giran en torno a la filosofía de la ciencia y a la lucha contra las ideologías alejadas del rigor metodológico.
La española Editorial Laetoli, cuyo objetivo es "editar libros que formen con el tiempo un amplio fondo editorial, con especial hincapié en la divulgación científica, el pensamiento crítico y la reivindicación de la Ilustración" nos presenta la Biblioteca Bunge, en la que se están publicando los libros descatalogados, agotados y no traducidos del filósofo.


Uno de ellos es Pseudociencia e ideología, publicado por primera vez en 1985, cuya primera parte dedica a analizar qué es lo que se entiende por ciencia y por tecnología, para continuar con sus falsificaciones: psudociencias y pseudotecnologías, analizando algunas de ellas, como la parapsicología y el psicoanálisis. El siguiente apartado lo dedica a repasar algunas ideologías, sin olvidarse de ideologías políticas como el marxismo (al que reprocha haberse quedado anclado en el pasado, por lo que no tiene ya ninguna validez; con estas palabras termina su análisis: "Quien no ha pasado por el marxismo no ha llegado al siglo XIX, pero quien se ha quedado en el marxismo no ha llegado al XX").
La parte final del libro la dedica al presente y futuro de la ciencia y de la técnica, sin olvidar la relación entre estas actividades y "los males de nuestro tiempo" o a los modelos de desarrollo, alertando del peligro de no alimentar continuamente la investigación científica, lo que puede conducir a una nueva Edad Media ("La ciencia y la tecnología serán lo que decidamos que sean"). En definitiva, Bunge nos alerta de que #sinciencianohayfuturo.
En esta última parte hace una interesante revisión de los límites de la ciencia (físicos, biológicos, sociales), de la que les selecciono este fragmento:


"La ciencia moderna, que apenas tiene cuatro siglos, ha sido creada por cerebros que inicialmente (durante la infancia) tuvieron esencialmente la misma organización neuronal que los cerebros que inventaban mitos. Lo que hace el hombre está condicionado no sólo por lo que puede hacer, sino también por lo que cree y lo que decide hacer. Si decide fabricar mitos, porque cree en ellos, lo logra; si decide producir conocimiento científico o tecnológico, también lo logra. De modo que, en lugar de lamentar nuestras limitaciones biológicas, celebremos nuestras habilidades y decidamos hacer un buen uso de ellas".
Mario Bunge
Pseudociencia e ideología
320 páginas
ISBN 9-788492-422630
Editorial Laetoli
Pamplona 2013

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