Mostrando entradas con la etiqueta sicologia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sicologia. Mostrar todas las entradas

17 oct 2012

la neurociencia del poder de la voluntad: glucosa, ejercicio… y ¿magia?

Investigación científica sugiere que la voluntad es un recurso limitado que se agota en el cerebro –y no una fuente renovable–, ligada al consumo de glucosa; la filosofía y el ocultismo difieren en tanto que señalan que la voluntad, como la mente, se encuentra diseminada en el universo.



Algunas películas –quién no recuerda a Rocky Balboa levantándose de la lona y siempre reaccionando en el último round–  nos han hecho ver la voluntad humana como un recurso inagotable, que entre más se usa más se manifiesta –en una especie de lucha épica con nosotros mismos. Y aunque esta visión no necesariamente esté equivocada, neurocientíficos han propuesto una teoría que sugiere que la voluntad es un recurso cerebral limitado, ligado al consumo de glucosa.
En su libro Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength, coescrito con John Tiernet, el psicólogo Roy Baumeister plantea que la voluntad se alimenta de un suministro limitado de químicos que se acumulan en el cerebro:  es “una forma medible de energía mental que se consume al usarla, igual a la gasolina en un auto”. Baumeister llama a esto “agotamiento del ego” y se basa en un experimento realizado con estudiantes y galletas con chispas de chocolate. A algunos estudiantes se les permitió comer estas dulces tentaciones sin espera; a otros se les ordenó que se abstuvieran. Después, ambos grupos tuvieron que completar una serie de rompecabezas. Los estudiantes que habían sido forzados a resistirse a las crujientes galletas tiraron la toalla rápidamente y dejaron de resolver los rompecabezas. Los come-galletas, en cambio, se mantuvieron en el reto.
Existen numerosos estudios científicos, hasta 1000, en los que se sugiere que la voluntad está alimentada por la glucosa. De aquí surge la dificultad de bajar de peso, la paradoja de que para no comer se necesita voluntad, pero para tener voluntad se necesita comer (glucosa).
Tierney y Baumeister esbozan  una teoría de la administración de la voluntad: es importante llevarsela leve. Por ejemplo, si una persona logra no fumar una semana, se recomienda darle un descanso a la voluntad, dejar de apretar los controles, tal vez con una buena cena o consentirse de alguna forma. También se recomienda outsourcear la voluntad, encontrando, por ejemplo, a alguien que te motive a ir al gimnasio –cuando no tienes glucosa o los químicos de tu cerebro vuelan bajo tal vez él tenga una reserva. “Las personas con el mejor autocontrol no son los que lo usan todo el día. Son personas que estructuran sus vidas para conservarlo”. Uno pensaría, según dice Tierney, que las personas de gran voluntad  libran una lucha permanente, forzándose a levantar su puño de hierro (inflaqueable) pero: “Eso no es correcto. Lo que parece es que las personas con mucho autocontrol minimizan los problemas”.
¿Los niños que se resisten a los malvaviscos tienen mayor éxito en la vida?
El experimento seminal de la voluntad fue realizado en Stanford hace 40 años. 300 niños de 4 y 5 años fueron expuestos a ricos malvaviscos; podían tener uno inmediatamente o dos en 15 minutos. Se les dejó solos con los dulces y se les observó. Un pequeño grupo de los niños no pudo resistirse y tomó el dulce inmediatamente, otros aguantaron unos tres minutos y la tercera parte del grupo logró esperar los 15 minutos de la prueba. Aquellos que esperaron más, pruebas posteriores demostraron, tuvieron mejor desempeño en la escuela y lograron mejores resultados en pruebas psicométricas –incluso resultaron ser más populares y sanos. La voluntad es ciertamente una cualidad valiosa en múltiples formas, hasta más que uno de esos irresistibles dulces de todos los colores.
El dúo de Tierney y Baumeister, sin embargo, señala que la voluntad puede ejercitarse como si fuera un músculo. Baumeister hizo un experimento con un grupo de adultos a los que les pidió que hicieran una serie de ejercicios, como lavarse los dientes  o controlar una computadora con su mano menos diestra. Midió su “agotamiento de ego” antes y después y realizó una serie de pruebas de resistencia resolviendo anagramas: realizar los ejercicios aumento la voluntad de los participantes. “El comportamiento habitual trabaja en piloto automático. Para incrementar el poder de la voluntad, debes de sobreescribir el piloto automático y tomar control deliberado”, dice el psicólogo Baumeister. La voluntad en cierta forma es un juego oscilatorio entre saber obtener la fuerza del exterior –como quien surfea en el mar y cansado deja que las olas lo lleven a la playa– y detener ese dejarse ir cotidiano, para controlar con creatividad el timón.
La teoría de que la voluntad es un recurso limitado, que se alimenta de glucosa y no de un mar ilimitado  –y ubicuo– de energía mental  que solo hay que saber liberar, ha sido disputada por el investigador Greg Walton de Stanford, quien cree que se trata en alguna medida de una profecía autocumplida. “Entre más personas creen que el poder de la voluntad es un recurso fisiológico limitado, es más fácil de encontrar evidencia ostensible de que este es el caso”.
Michael Inzlicht, psicólogo de  la Universidad de Toronto, argumenta que, aunque es evidente que la glucosa mejora el autocontrol, también se sabe que estar en un estado de ánimo de felicidad, tener opciones en una situación o el hecho de estar poniendo atención, todo esto, puede mejorar el poder de la voluntad.
¿La panacea de la neurociencia o la conciencia más allá de la máquina?
Existe una tendencia en la neurociencia a encontrar una explicación directamente relacionada a la química del cerebro para todo tipo de fenómenos, desde la voluntad hasta Dios o la maldad. Sin embargo, esta visión de la realidad parece exhibir un reduccionismo, al concebir a la conciencia como un fenómeno enteramente localizado en el cerebro, un subproducto de la materia cerebral o de las conexiones neurales, limitado a este complejo órgano. Es decir todo lo psicológico tiene una explicación meramente fisiológica. Aunque todo fenómeno psíquico pueda tener una contraparte física, esto no significa necesariamente que lo físico es la causa y realidad única de lo que sucede.

Una concepción distinta a la que propone la neurociencia, se encuentra en la filosofía y en la magia. En la obra de Arthur Schopenhauer, tenemos una oposición entre el mundo de la voluntad y el mundo de la representación: la voluntad siendo una especie de realidad metafísica que se desobla en el mundo material y la representación una ilusión , una pobre manifestación de esa misma voluntad en el mundo cotidiano. “La voluntad es el fondo en sí de la naturaleza fenomenal…  es la esencia íntima de todas las cosas… la voluntad como cosa en sí no es su causa sino la esencia misma de las cosas”, escribió el filósofo alemán que incursionó profundamente en los Vedas.  La voluntad es la unidad de la naturaleza que “se objetiva en el  mundo entero” y es “la esencia de toda energía latente”. Es decir, según Schopenhauer, aunque su definción de voluntad es algo distinta del autocontrol que en ocasiones usan como sinónimo algunos neurocientíficos, la voluntad existe en el mundo –es en realidad la cara última y primera del mundo– de manera inagotable, como si el vacío (que se torna sinónimo de una dimensión de potencia) tuviera energía infinita. Aquí Schopenhauer encuentra parangón en el trabajo  del físico David Bohm, para quien el mundo de la voluntad es equivalente a un Orden Implicado, una totalidad holográfica y el mundo de la representación al orden explicado. “Cuando los físicos calculan la mínima cantidad de energía que una onda puede tener, encuentran que cada centímetro cúbico de espacio vacío contiene más energía que toda la energía de la materia en el universo conocido” (Will Keepin, David Bohm, Noetic Science Journal).
Un sistema similar al que estructuró Schopenhauer fue delineado por Carlos Castaneda en su saga  de antropología y brujería (que algunos consideran literatura fantástica). El brujo yaqui Don Juan Matus expone la existencia de dos mundos: el tonal (el mundo de la representación) y el nagual (el mundo de la intención o voluntado).  El nagual es una especie de energía insondable, mística a la manera de Wittengstein, y por lo tanto del dominio del silencio. El hombre de conocimiento, en ocasiones, llega a ser poseído por esta energía, por esta intención cuya raíz horada el mundo del tonal, encontrando una fuente magnifica de poder: tal que se convierte en el nagual: en la voluntad del mundo. Algunos pensaran que argumentar desde la trinchera de Castaneda un tema que ha sido traído a la mesa por la neurociencia es caer en un batidillo new age que reduce la seriedad de la discusión. Mi intención con esto no es adoptar un argumento que pretenda tener la verdad o responder a una pregunta, sino encontrar un contrapunto para romper la piñata y ampliar la discusión: el único conocimiento sólido me parece es que los conocimientos que tenemos sobre las cosas no suelen ser mucho más que perspectivas formuladas desde cierta visión del mundo –desde cierto promontorio–, reflejos de una realidad mental parcial.  A vees unos más útiles que otros (pero el arte es inútil, entonces…). Incluir a la magia en la misma frase interrogatoria que la ciencia es un ejercicio muy sano desde el punto de vista epistemológico.
Que uno se pueda convertir en el nagual, en la voluntad, o servir de la intención que fluye por el universo como un río silencioso de energía, parece contradecir la teoría de que la voluntad es un recurso limitado (aunque quizás sea necesario comer algo de fruta  y chocolates para que el  Tao te sobrecoga). Sugiere que, en cambio, la voluntad se alimenta de algo imperecedero e ilimitado y el ejercicio fundamental para aumentar nuestra reserva sería básicamente sincronizarse con ese cauce. Sincronizarse con una energía supuestamente infinita que incluso podría tener una inteligencia inscrita en su flujo (“en este fujo la mente y la materia no son sustancias separadas, sino más bien son aspectos deiferentes de un movimiento único y continuo”, escribió Bohm )  o dejarse poseer por un dios dinámico –usando el entendimiento de Roberto Calasso de la manía, y de la energía de los espíritus de la naturaleza: las ninfas y la serpiente. ¿Cómo entrar en este ritmo cósmico que nos arrastra con el élan vital de lo divino? Eso es algo obedece a otro ámbito –¿al de los maestros espirituales?–  y que requiere posiblemente toda una serie de ejercicios y prácticas que no estoy seguro de conocer y menos poder comunicar, solamente intuyo una veta que podría tener que ver con una visón de lo dionisiaco –”la luz plena de verano” era el epiteto de esta divinidad–, del pánico que se libera en el bosque, o del fauno, que encarna al espíritu de la naturaleza animal (la fauna) y gusta divertirse solo por el hecho de ser (have fun).
Usando la técnica dada por Tierney, de apoyarse en alguien más cuando la propia voluntad amenaza con cejar, el famoso novelista gráfico Alan Moore, nos dosifica un poco de glucosa metafísica:
Cuando hacemos la voluntad de nuestro Ser verdadero, inevitablemente estamos haciendo la voluntad del universo. En la magia esto es visto de manera indistinta: que cada alma humana es de hecho el alma del universo en sí mismo. Y siempre y cuando estés haciendo lo que el universo quiere, entonces será imposible hacer algo mal.
Una última reflexión sobre el poder del voluntad. Moore ciertamente se inspira aquí en la filosofía de Thelema (o voluntad) de Aleister Crowley. Crowley escribió que “todo acto intencional es un acto mágico”, si nos tomamos la libertad de substituir voluntad por intención, descubrimos que la voluntad es un acto esencialmente mágico –magia definida como “la ciencia Ciencia y el Arte de hacer que un Cambio ocurra en conformidad con la Voluntad” (Crowley), es decir voluntad y magia son intercambiables.  ¿Pero por qué tiene tanto poder la voluntad, tal que se dice que mueve montañas o que es mágica? Quizás justamente porque es un recurso que se alimenta del universo en su cauce inagotable –y misterioso. Aunque no habría que olvidar que el universo (o la vida) es como una caja de chocolates y nunca sabes cuánta glucosa te va a tocar.

Con información de Disinfo, Wired y BBC


.

9 sept 2012

Sobre el amor entendido como imbecilidad transitoria

Los enamorados ignoran la abrumadora evidencia de que su pasión es perecedera, efímera y volátil. Esta es la prueba más concluyente de que estamos ante una formidable arma de idiotización masiva


En nuestra sociedad, cuando uno es requerido a hablar del amor, se diría que resulta poco menos que obligado hacerlo en términos elogiosos, cuando no abiertamente entusiastas. Parece como si constituyera una contradicción conceptual (que colocaría además en el lugar de un antipático aguafiestas al que se atreviera a sostenerla) referirse a dicho sentimiento de manera crítica, señalando sus limitaciones, sus contradicciones y ya no digamos la función oscurecedora o directamente engañosa que a menudo cumple la apelación a lo amoroso en el mundo actual. No resulta difícil comprender tan generalizada prevención: ¿cómo hablar en clave negativa de una de las experiencias que mejor ha representado en nuestra cultura el ideal de felicidad, con la que incluso se ha asociado en múltiples ocasiones a la misma bondad?
Pero de una tal constatación cabe extraer conclusiones de diverso tipo. Una, que puede contar sin duda con buenas razones a su favor, es la de que la consideración inequívocamente positiva del amor constituye una de las columnas básicas sobre las que se sostiene la visión del mundo hegemónica en nuestra sociedad. Cumple dicha función precisamente porque se imbrica con un conjunto de convencimientos fuertemente arraigados en la mente de los individuos, de manera que mucha gente barrunta o intuye que cuestionar la importancia de aquél arrastraría en su caída a éstos, dejándonos en una situación de incertidumbre y desamparo extremos. Además, cabría añadir en nombre de un presunto sentido común bastante extendido, ¿para qué tocar aquello que funciona? ¿No parece mayoritariamente aceptado que un gran amor constituye el ideal de la plenitud de sentido para una vida? ¿O que, entretanto éste no se alcanza, los diversos grados de la felicidad o el bienestar imaginables vienen indisolublemente ligados a una proporcional presencia de lo amoroso? Dicho de una forma extremadamente simplificadora, por la que me disculpo de antemano, ¿acaso alguien, cuando fantasea unas maravillosas vacaciones, se representa unos días en un paraje idílico, pero en estricta y rigurosa soledad?

Es difícil hablar en clave negativa de lo que mejor representa en nuestra cultura el ideal de felicidad
Sin embargo, la conclusión anterior no es la única, como ya anticipábamos. A partir de idénticas premisas, también los ha habido que han extraído una conclusión, de signo bien distinto, acerca de la urgente necesidad de combatir la forma dominante de entender el amor a la que nos venimos refiriendo. En efecto, lo arraigado y difundido de la misma, lejos de constituir un argumento incontestable para aceptarla, estaría informando precisamente de la gravedad de nuestra situación. Porque si un tal amor no pasa de ser, como así mismo se ha dicho más de una vez, una variante particular de imbecilidad transitoria, su abrumadora generalización no resultaría un argumento en contra sino a favor de la necesidad de combatir decididamente lo que en última instancia no habría resultado ser otra cosa que una formidable arma de idiotización masiva.
Acerca de la primera conclusión no hay mucho que añadir. Para ella el amor ya está bien como está o, lo que viene a ser lo mismo, alcanzarlo representa una aspiración válida cuando no directamente deseable como horizonte regulador para nuestras vidas. La segunda, en cambio, en la medida en que impugna el imaginario colectivo dominante en uno de sus aspectos vertebrales, implica toda una invitación no sólo a la crítica, sino también a la elaboración de una alternativa existencial adecuada (excepto para quienes pudieran considerar que vivir sin amor ya constituye, por sí sola, la alternativa).
¿De qué rasgos, según esto, debería desprenderse nuestra idea de amor para empezar a resultar, como mínimo, aceptable? ¿Qué nuevas determinaciones debería asumir para que empezara a abandonar su condición de intolerable espejismo engañoso? Para algunos, que dicen saber de la cosa, el hecho de que la beatitud alcanzada por los enamorados sea, de acuerdo con la estadística y el cálculo de probabilidades, perecedera y volátil, pero que, a pesar de tan abrumadora evidencia, sea considerada por sus protagonistas como imperecedera y eterna representa la prueba más concluyente de hasta qué punto el amor constituye el territorio privilegiado de la estupidez humana.

Cuando perdemos a la persona amada sentimos que solo queda darse por muerto en vida y añorarla
Siguiendo con el razonamiento, una perspectiva adecuada (¿o deberíamos decir, directamente, postmoderna?)del amor sería aquella en la que los amantes asumieran sin conflicto ni desgarro alguno la condición efímera de su pasión, abandonando tópicos que corresponderían a una concepción anacrónica de la misma, como el tópico de la irrepetibilidad de la persona amada (canónicamente expresada en el verso nerudiano “a nadie te pareces desde que yo te amo”). En su lugar, lo procedente sería interiorizar sin complejos (sobre todo de culpa) la actitud descrita por la cantautora británica Adele en su éxito Someone like you, en el que, dirigiéndose a un antiguo amante, le manifiesta su convencimiento de que encontrara a alguien que ocupe su lugar, esto es, alguien en cierto sentido intercambiable. No puede decirse que en esta perspectiva se esté renunciando por completo a la idea del amor, sino más bien que se la está adaptando convenientemente a la liquidez de los tiempos. Hasta el punto de que uno de estos enamorados de nuevo cuño podría hacer suya la vieja retórica amorosa, sólo que introduciendo un pequeño matiz diferencial, y afirmar “uno se enamora una sola vez en la vida, sólo que de diferentes personas”. En el fondo, a poco que se piense, la expuesta resulta una actitud bastante acorde con la época que nos ha tocado vivir. En efecto, ¿cómo creer, en tiempos de disolución del sujeto, que una determinada persona, y sólo ella, está predestinada a ser el hombre o la mujer de nuestra entera vida?
Aunque tal vez, pensándolo mejor, el problema no sea tanto de la otra persona como de uno mismo. Encuentro en el libro de Miquel Bassols Tu yo no es tuyo una frase del escritor Julián Ríos que tal vez proporcione la clave de la dificultad. Frente a la máxima bíblica “yo soy el que soy”, acaso lo único que en el presente podamos afirmar acerca de nosotros mismos sea “yo soy el que es hoy”. Escaso bagaje, ciertamente, para andar en búsqueda de un otro del que es de suponer que no estamos en condiciones de esperar mayor entidad que la nuestra, tan liviana ella. Probablemente la única pregunta posible, llegados a tal punto, sea la siguiente: ¿consideramos que éste es un lugar para quedarse a vivir?
Porque la propia Adele —a la que alguno opinará que estoy citando como si se tratara del mismísimo Hegel: secuelas del verano, que reblandece las neuronas— señala en otros pasajes de su canción algo particularmente relevante. Encontraré a alguien como tú, proclama, pero eso significa que ese amor perdido ha pasado a convertirse en un punto de referencia y, curioso, no sirve de consuelo para el espíritu ni de bálsamo para el corazón pensar que esa persona ya no es ahora la que uno amó tiempo atrás y ha pasado a ser otra distinta (tan volátil como uno mismo). Acaso esté revelando algo mucho más importante que una mera debilidad el hecho de que cuando se pierde a la persona amada —a ese hombre o a esa mujer que pudieron llegar a ser percibidos en un determinado momento como un auténtico destino— luego ya sólo queda o darse por muerto en vida o añorarla para los restos, y errar como alma en pena, buscándola, en vano, en otras personas.
Muy probablemente lo que todo lo anterior esté mostrando es que en materia amorosa no hemos conseguido escapar de los territorios del posibilismo, más allá de unos cuantos aditamentos ocasionales. Me atrevería a afirmar, con escaso temor a equivocarme, que si hiciéramos una encuesta preguntando a la gente acerca de su opinión sobre ese tópico ideal de relación amorosa en el que una persona colma por completo y para siempre las expectativas de todo orden que cualquiera pudiera plantearse, la inmensa mayoría declararía su radical escepticismo respecto a la probabilidad de dar con dicha persona. Pero si, pertinaces, perseveráramos en la pregunta inicial añadiéndole la puntualización: “en el caso de que Vd. tuviera la insólita fortuna de encontrarla, ¿suscribiría el modelo heredado de relación amorosa?”, albergo pocas dudas de que la inmensa mayoría respondería afirmativamente. Lo cual, por si no ha quedado claro, en modo alguno pretende constituir un elogio indirecto de dicho modelo, sino una constatación de nuestra incapacidad —hasta el momento— para elaborar otro mejor.

.

8 may 2012

La nueva tecnología: ¿El mejor amigo del Hombre?

La tecnología tiene como fin el hacer mucho más práctico lo que comúnmente solemos realizar: nos permite grandes comodidades. Cada vez se vislumbra más estrecha la brecha entre el hombre y esta tecnología revolucionaria, que encuentra -tiene permanentemente- un espacio, donde encaja a la perfección, y hace que su presencia sea imprescindible en tu vida, en la mía y en la de todos. 

No obstante, ocurre que en muchas oportunidades estos avances dejan de ser nuestra 'extensiones' y se humanizan; toman nuestros lugares y además, implícitamente se le asignan responsabilidades y acciones. Este tema se puso de relieve, nuevamente, hace unos meses, tras un posteo en YouTube, en EEUU, en el cual se evidencia lo que líneas anteriores se ha señalado.





El vídeo muestra a una niña desorientada ante la revista, puesto que no se asemeja nada a algo que con ella se entretiene: un Ipad. Parece un poco satírico, pero en un hogar como este se podría estar hablando de "nativos digitales". Estas tablets son consideradas por los padres, e incluso por los niños, compañeros de juego, profesores o niñeras a la hora de entretener a los más pequeños. 

Es así que un estudio de Nielson catalogó a estos dispositivos digitales como «un nuevo y excelente aliado tecnológico a la hora de entretener a los hijos». Las cifras son contundentes, puesto que el 70% de los hogares con tablets confirman estos usos por parte de los más pequeños de la casa.

De las familias con hijos menores a doce años, el 77% los utiliza para entretenerlos en juegos; el 57%, para entretenerlos en aplicaciones educativas; 55%, para entretenerlos durante los viajes; 43%, para ver TV o películas; 41%, en restaurantes; y 15% para comunicarse con amigos.

Ante las cifras se podría formular ciertas preguntas: ¿Hasta qué punto son buenas para ellos? ¿Es necesario establecer límites a su uso?

Quizá las generaciones posteriores disfrutarán a plenitud de esta tecnología y puesta en práctica, que al parecer reemplazará al hombre en el entretenimiento, en la formación de otras personas, como se ha evidenciado, y/o en otras facultades.





Infomanos (UNMSM)





.

7 may 2012

Los seres humanos hablan de sí mismos por la satisfacción que les produce

Los humanos dedican del 30% al 40% de sus conversaciones a hablar de sí mismos (casi el 80% en las redes sociales) por la sencilla razón de que es "intrínsecamente gratificante", según un estudio que publica 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.




"Lo que queríamos saber es por qué, de manera constante, las personas divulgan información acerca de sí mismas en las conversaciones, por internet, con conocidos o desconocidos, con quien quiera que les escuche", señala la investigadora Diana Tamir, del Departamento de Psicología en la Universidad de Harvard (Massachusetts).
El equipo de Tamir y Jason Mitchel ha puesto a prueba las teorías recientes de que los individuos asignan un elevado valor subjetivo a las oportunidades de comunicar sus pensamientos y sentimientos a otras personas, y de que el hacerlo activa mecanismos neurales y cognitivos asociados con la gratificación.
"La oportunidad de compartir la información sobre sí misma activa las áreas previamente identificadas con la gratificación", resume Tamir. "El hablar de ti misma te hace sentir bien. Nos gusta pensar acerca de nosotras mismas, nos gusta compartir información sobre nosotras mismas".
"Y también sabemos que el no compartir la información, especialmente la emocional, puede tener efectos negativos para la salud", subraya. Los investigadores consideraron cinco estudios, realizados con grupos de 20 y hasta 200 sujetos.

Llamar la atención

Aunque otros primates, en general, no intentan comunicar a sus pares lo que saben (como señalando cosas interesantes o comportamientos para que otros los imiten), ya desde los nueve meses de edad los humanos intentan atraer la atención ajena a aspectos del ambiente que encuentra interesantes, apunta el artículo.
"Y los adultos en todas las sociedades hacen, de manera coherente, intentos de impartir su conocimiento a otros", agrega Tamir, quien explica que para su estudio se combinaron imágenes funcionales por resonancia magnética (fMRI) y métodos cognitivos.
Otras investigaciones anteriores han identificado las áreas del cerebro involucradas en la gratificación, y el equipo de Tamir ha empleado los fMRI al tiempo que los individuos hablaban sobre sus creencias y opiniones o especulaban acerca de las opiniones y creencias de otra persona.

Remuneración

También estos investigadores han recurrido a una versión modificada de experimentos con tareas remuneradas que miden hasta qué punto los sujetos están dispuestos a pagar algo que les gratifica.
En los experimentos originales hechos con animales se ha encontrado, por ejemplo, que los monos eligen entre diferentes cantidades de una gratificación primaria (jugos) y la oportunidad de ver a un macho dominante.
Otros experimentos del mismo tipo hechos con humanos han cuantificado la recompensa asociada con la belleza y el atractivo sexual, midiendo la cantidad de dinero a la que estudiantes universitarios estaban dispuestos a perder a cambio de ver, brevemente, imágenes de miembros atractivos del sexo opuesto.

elmundo


.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Quizás También Te interese

ANUNCIA AQUI / PUBLICIDAD PERSONALIZADA WEB 3.0

CONTAMOS CON UN SISTEMA INTEGRAL DE PUBLICIDAD PERSONALIZADO POR INTERNET WEB - 3.0,..... MÁS DE 270 MIL VISITANTES O LECTORES MENSUALES AL BLOG, BASES DE DATOS DE E-MAILS O CORREOS ELECTRÓNICOS, SOFTWARE / ROBOT PARA ENVÍOS DE MENSAJES DE TEXTO A TELÉFONOS MÓVILES, ENLACES Y ANEXOS A REDES SOCIALES Y CHATS SOCIALES, USO DE APLICACIONES COMO WHATSAPP Y OTROS.

Contactarse a: - planetainformes@gmail.com

Móvil: +51 - 959567777 , +51 - 977851768 ,
Arequipa - Perú


ESPACIO DISPONIBLE - ANUNCIA AQUI

ESPACIO DISPONIBLE - ANUNCIA AQUI
GARANTIA DE IMPACTO VISUAL