21 ene 2014

Yo tengo razón, tú estás equivocado

Somos adictos a "tener razón", pero quedar cautivos de nuestras opiniones es una trampa

Escuchar a los demás es prueba de empatía y respeto, claves para crecer y estar en paz



La mayoría de nosotros creemos que podemos cambiar lo que los demás piensan; de otro modo, no pasaríamos tanto tiempo en la vida dándole vueltas a “qué opinan los demás de nosotros” y tratando de mejorar su juicio sobre nuestra persona. Eleanor Roosevelt dijo: “Nadie puede hacer que te sientas inferior si tú no lo permites”. Esta afirmación pone el foco de atención hacia nosotros mismos y no en los demás; por ello, quizá el único pensamiento que precisa ser cambiado es la creencia de que “los demás deberían pensar diferente”.
Querer tener razón es la enfermedad crónica de la humanidad, seguramente una de las causas que han enfrentado más a las personas, las naciones y las religiones organizadas del planeta. La posesión de las personas por sus propias ideas es siempre una causa de sufrimiento. El problema, al consistir las creencias en “posesiones mentales” no visibles, ha sido buscar la solución a nuestras diferencias tratando de cambiar a los demás antes que examinar la causa real de los conflictos (la necesidad de tener razón).
En demasiadas ocasiones comprobamos cómo querer imponer nuestras razones y opiniones a los demás nos cuesta caro. Tal vez logremos desautorizar las ideas de alguien, pero al final acabamos con una razón más y un amigo menos. ¿Vale la pena? Seguramente no. El resultado es que querer estar siempre en posesión de la verdad consume una gran cantidad de energía y tiempo que nos impide disfrutar de los demás y de la paz mental de saber que en el fondo todos tenemos nuestra propia lógica.
¿Es mejor tener razón a toda costa antes que ser feliz? Que cada uno responda esta pregunta con sinceridad.
Una creencia es algo a lo que te aferras
porque crees que es verdad”
Deepak Chopra
La perspectiva materialista o newtoniana del universo nos conduce a cosificar todo con lo que entramos en contacto, ya sea algo material o inmaterial. Incluso lo no material, como un pensamiento, acaba tomando forma y se convierte en objeto de conflicto. Así, una idea o una creencia se acaban convirtiendo en una posesión, una propiedad, algo que debe ser defendido para que no perezca.
Todo pensamiento consciente, repetido durante un tiempo, se convierte en un programa mental invisible. Con el tiempo acumulamos opiniones, creencias, que pasan a conformar lo que llamamos identidad construida o ego. Si alguien agrede esas posesiones mentales, en realidad es como si lanzara un ataque personal, porque confundimos pensamiento e identidad. No parece sensato confundir lo que somos con lo que pensamos, pero esto no lo tienen tan claro quienes se aferran a sus creencias con desesperación.
Tener opiniones es normal, también tener gustos y preferencias… pero que esas ideas y predilecciones le tengan a uno cautivo o secuestrado es una trampa. El libre pensamiento es una conquista humana, pero la libertad de opinión se convierte en una desventaja cuando las posiciones mentales impiden abrirse a nuevas perspectivas o puntos de vista que no concuerdan con las propias.
La pregunta ¿somos nuestras creencias? se responde con un rotundo no. Desde luego, tenemos convicciones, pero en esencia no somos lo que pensamos; a un nivel profundo y esencial, nuestras opiniones no pueden definirnos. Pero llegar a esta claridad no es sencillo ni rápido. De hecho, los conflictos del mundo son tanto disputas por pertenencias materiales (cosas) como por posesiones inmateriales (ideales). Cuando entendemos que tenemos una mente y la usamos, pero que no somos esta, nos liberamos de su contenido y nos autoexcluimos de cualquier conflicto y, por tanto, sufrimiento.
Todos mantenemos un diálogo interior que reafirma continuamente lo que creemos, y después nos pasamos la vida buscando personas y situaciones en las que encajen nuestras creencias para poder así reafirmarlas. El objetivo de toda creencia no es, como debería ser, contrastarse, sino validarse una y otra vez aunque sea a la fuerza. Estas creencias o historias mentales no cuestionadas acaban por suponer un problema: no tienen ninguna relación con la realidad. ¿Qué pasaría si no tuviéramos ningún criterio mental no validado que contarnos? Seríamos libres de la necesidad de dividir el mundo entre los que están de acuerdo y los que no lo están. Y sobre todo, no estaríamos condicionados por cosas que creemos, pero no son verdad.
O bien nos apegamos a los pensamientos, sin más examen, o bien los cuestionamos en busca de la verdad. No hay más opciones.
Cuando una creencia nos domina, llegamos a pensar que todo el mundo piensa, o debería pensar, lo mismo. Pero hay opiniones para todos los gustos, la diversidad construye el mundo, y aunque parezca extraño, hay personas que creen cosas muy diferentes a las que nos parecen normales. Ver las cosas desde distintas perspectivas no es fruto de un lavado de cerebro, sino de preferencias, cultura, contextos… Sin duda, aquellos que no esperan que todo el mundo esté de acuerdo con ellos gozan de una mayor tranquilidad mental, que es de lo que va la vida.
¿Pero cómo liberarse del apego a las creencias? No es el apego el problema real, sino la identificación. Pelear contra una creencia o un hábito no tiene sentido, es una lucha perdida. En cambio, dejar de identificarse con esa forma de pensar, cuestionarla, examinarla, soltarla, incluso sacrificarla, es el principio de la libertad o de cómo librarse de esta par­ticular tiranía.
No reaccionar con hostilidad a las ideas de los demás es una de las maneras más sencillas de superar el apego a las propias. Pero solo se puede no reaccionar a sus creencias si se entiende que estas no son su identidad, sino una posesión mental, que además siempre se puede cambiar por otra. Una vez más, todos tenemos opiniones y criterios, pero eso no significa que sean lo que somos. Cuando lo comprendemos, la distancia entre las personas es exactamente… cero.
Aceptar las ideas de otros es en realidad más sencillo de lo que parece. Basta con tener presente que aceptarlas no significa adoptarlas o validarlas (no significa estar de acuerdo). Es más bien aceptar que no entendemos a todo el mundo, ni que todo el mundo nos entenderá. Es más sencillo aceptarlos a ellos (aunque tal vez no sus ideas) porque no hacerlo complica la vida de todos. Resistirse, negarlos, es luchar, y vivir así es verdaderamente muy, muy difícil.
Una de las mejores maneras de persuadir
a los demás es escuchándolos”
Dean Rusk
El disgusto que sentimos ante las ideas que no nos son afines es proporcional al grado de apego que tenemos a las propias (o la poca disponibilidad para cambiarlas por otras). Cuanto más apego tenemos a una creencia, más disgusto sentiremos cuando nos enfrentemos a las contrarias. Es fácil deducir que no es la idea del otro lo que nos causa molestia, sino nuestro rechazo a aceptar puntos de vista diferentes. No es su creencia el problema, sino nuestra posición contraria a ella.
Para llevar todo lo anterior a la práctica sirve recordar que cada vez que alguien exprese una creencia alejada de las propias, y ello genere un cierto disgusto, podemos preguntarnos: “¿qué está sucediendo ahora en mi mente?”. Y “¿en qué parte de mi cuerpo siento el rechazo?”. No se trata de cambiar nada, sino simplemente de observar lo que sucede. La observación desapegada y neutral hará posible la aceptación.
Disponemos de una técnica para aceptar comportamiento y creencias ajenas, y se llama asertividad. Consiste en no reaccionar al pensamiento o comportamiento de los demás de forma vehemente, pero sí con autorrespeto y autoestima. Es decir, no adoptando una actitud defensiva o agresiva (ambas son el mismo error), sino reafirmando y expresando la posición personal sin tratar de imponerla al otro.
Y una palabra final: escuche. Escuchar con interés a las personas, aunque lo que digan esté en contra de la propia opinión, es la prueba máxima de la empatía, el respeto y la aceptación, claves todas ellas para la paz en el mundo. Escuchar a los demás les hace sentir valorados, entendidos, importantes. Tal vez eso sea todo lo que necesitan de verdad, y al conseguirlo podría ser que renunciaran a imponer sus opiniones y creencias.
* Claro, dicen que es bueno escuchar y escuchar, es buen conversador aquel que escucha, me pregunto a titulo personal, ¿y en que momento debemos ser escuchados o hablar?

No somos nuestras historias

“Con frecuencia utilizo la palabra historia para referirme a los pensamientos o secuencias de pensamientos que tenemos el convencimiento de que son reales. Una historia puede ser sobre el pasado, el presente o el futuro; sobre cómo deberían ser las cosas, como podrían ser o por qué son. Las historias aparecen en nuestra mente cientos de veces al día. Las historias son teorías que no han sido probadas ni investigadas y que nos explican el significado de estas cosas. Ni tan siquiera nos damos cuenta de que son teorías. ¿En qué medida tu mundo está construido por historias que no has examinado?”.
Amar lo que es, Byron Katie
LIBROS
‘Amar lo que es’ Byron Katie. (Ediciones Urano)
‘El combustible espiritual: cómo dejar de querer tener razón y empezar a tener paz’, Ari Paluch. (Planeta)

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¿A dónde van las palabras?

¿CREEMOS ACASO QUE LEER ES LEER PALABRAS IMPRESAS EN PÁGINAS ENCUADERNADAS Y CON PORTADAS DE CARTULINA O PASTA…? ¿SEREMOS TAN INGENUOS?

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¿A dónde van las miles de millones de palabras que leen cada hora las miles de millones de personas no lectoras? ¿A dónde van, que no quedan en el hábito de la lectura? ¿O es que quedan? ¿O es que tenemos que revisar la noción de “lector”?
El problema es complejo, pero tal vez comprenderlo sea menos importante que analizarlo. Comprender, a veces, sólo es domesticar. Periódicos, publicidades, mensajes telefónicos de texto, publicaciones gráficas de toda índole, libros, cómics, mails, webs, blogs y otras interjecciones, etc., etc.
¿Acaso leer significa leer cualquier cosa? ¿Cuánto lee realmente el que no lee? ¿Y cuánto lee el lector? ¿Los diferencia una cantidad? ¿O una calidad? ¿O una postura ante lo leído, o ante el mismo acto de leer?
¿Qué leen los que no leen? ¿Realmente no leen los que no leen? A cada rato nos invade el pesar por la escasa penetración de la lectura en los países de la región.
Sin embargo –aún sin cifras en la mano–, todos sabemos que la cantidad de palabras leídas por individuo en los mismos países (y en todo el mundo) crece exponencialmente. Pero en materia de lectura algo está mal, decimos. ¿Qué es lo que está mal?, estrictamente hablando. Resulta que parece que no todo lo que se lee es lectura. Está bien, me parece bien ese matiz, y me parece útil porque desprende el acto psicológico –o mejor, metafísico– de leer, de la mera acción física de leer. ¿Será que leer es adentrarse en algo? Tal vez no… pero leer debería ser quedarse adentro. ¿Adentro de qué? Adentro de esos espacios donde no se estaba. Leer, entonces, sería transportarse. ¿O es que creemos que leer es simplemente leer libros?
¿Creemos acaso que leer es leer palabras impresas en páginas encuadernadas y con portadas de cartulina o pasta…? ¿Seremos tan ingenuos? Tal vez sí. O no ingenuos, pero sí imaginativos y fetichistas. ¿O tendrá que ver con la lectura corrida, no fragmentaria? No creo, porque hay miles de millones de libros fragmentarios, ¿no?; cada vez más.
En cualquier ámbito, decimos “leer”, “lectura”, o “lectores” y sentimos que de inmediato todos estamos de acuerdo; sentimos que sabemos de lo que hablamos, sobre todo si a la enunciación le sigue un gesto de pesar, de luto por la involución. No percibo que los matices a los que aludo se reflejen en el debate sobre la lectura y los lectores. ¿Por qué?
Desde hace algún tiempo tengo la sospecha de que, tal vez, todo pueda ser al revés; y que somos nosotros, los lectores y sobre todo los actores políticos de la lectura como cuestión social, quienes insistimos en no ver los matices. ¿Por qué? Al menos por dos cosas. Porque por más lectores que nos consideremos, nos embarga, a veces, la pereza intelectual. Y porque el status quo actual tiene créditos significativos en materia de narcisismo social para nosotros. Somos los elegidos, los dueños de la llave para pasar al mundo revelado por la lectura. Y cobramos caro ese pasaje.
¿A dónde van las miles de millones de palabras que escriben a cada hora las miles de millones de personas no escritoras? ¿Se trata de una cuestión similar?
Sitio del autor: pablodoberti.com
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Planetafios al respecto.
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19 ene 2014

Un simple test de visión podría predecir el QI

Los cerebros eficientes pueden ser mejores a la hora de filtrar info visual irrelevante, y esa eficiencia podría operar a través de un gran rango de faenas.
Un simple test de visión es sorprendemente preciso a la hora de medir el QI, según nuevas investigaciones.
El estudio, publicado en la revista Current Biology, descubrió que la habilidad de otros de eficientemente filtrar información visual en el trasfondo y concentrarse en el primer plano está fuertemente ligada a la IQ. Las descubiertas podrían ayudar a los científicos a descubrir los procesos del cerebro responsables de la inteligencia.
Esto no quiere  decir que el procesamiento visual rápido y eficiente lleve a ser listo, dice el co-autor del estudio Duje Tadin, un neuro-científico en la Universidad de Rochester en NYC. En su lugar, los procesos comunes del cerebro pueden subyacer la inteligencia y el procesado visual eficiente.
Cacería de QI
Desde los 1800s, los antepasados de testeo QI, incluyendo Sir Francis Galton (que empezó la ciencia de las huellas digitales), sospechó que las personas altamente inteligentes tenían discriminación super-sensorial.
Pero los estudios en las décadas subsiguientes sólo hallaron una conexión modesta entre puntuación del test QI y la habilidad de la gente de pescar moción rápidamente o precisamente en las imágenes.
Tadin y sus colegas estaban estudiando un tema aparte de percepción visual en 12 participantes cuando descubrieron algo sorprendente: el QI pareció estar fuertemente co-relacionado con el rendimiento en una tarea visual.
El test pedía que marquen la dirección de moción en una serie de rayas blancas y negras en una pantalla. A veces formaban un pequeño círculo central dentro y otras eran largas rayas que ocupaban toda la pantalla. También completaban un pequeño test QI.
Un simple test de visión podría predecir el QI
El equipo se dio cuenta que aquellos con QIs altos se les daba bien detectar moción en los círculos chicos pero mal a detectarla en las rayas blancas y negras grandes.
Dado que habían examinado a muy pocas personas, Tadin & co. se preguntaron si sus resultados habían sido una chiripa, así que probaron con 53 personas y les hicieron el test.
La habilidad de filtrar la moción visualmente fuertemente predecía QI – de hecho, la supresión de moción (la habilidad de concentrar en la acción e ignorar los movimientos de fondo) era una porción predictible del QI total además de sub-secciones individuales del test QI.
Información relevante
Mientras se camina, el trasfondo está en cambio constante, así que cerebros buenos se les puede dar mejor filtrar la info visual irrelevante. Y esa eficiencia podría estar operando a través de un rango de tareas amplio, dice Tadin.
“Lo que ocurre en los cerebros de personas con alto QI es que están automáticamente procesando mociones de pequeños objetos en movimiento eficientemente mientras que suprimen el trasfondo.”
Los descubrimientos dan nueva forma a la visión convencional que pensar rápido conlleva inteligencia.
“El procesado veloz importa pero es sólo la mitad del cuento. Es como filtras cosas innecesarias y concentras tus recursos rápidos en lo importante.”
Diferencia grande
El estudio revela nuevas penetraciones en eficiencia del cerebro y los listos, dise Kevin McGrew, director del Instituto para Psicométrica Aplicada y dueño de www.themindhub.com.
A pesar de que el link entre QI y filtrado visual era muy fuerte, los tests QI no serán reemplazados por seguimiento de moción pronto.
“Su tarea explica o detalla un 50% de los puntajes QI. Eso es impresionante en psicología, pero significa que todavía hay un 50% de los puntajes que no se explican.”
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Los 7 Pecados Capitales

Gula, ira, lujuria, avaricia, pereza, soberbia, envidia... Dinos cuál es tu pecado y te diremos si hay alguna excusa científica que te libre del infierno. La genética de la conducta es una guìa

pecados capitales

Lujuria. No basta con cerrar los ojos


Ya sabemos que el cerebro es el órgano  sexual clave. Pero eso no quiere decir que seamos conscientes de lo que nos pasa cuando nos excitamos. Más bien ocurre todo lo contrario. Hay dos caminos biológicos por los que viaja “el deseo”. En el primero, (flechas azules), se produce la erección, o la inflamación del clítoris, y después llega a nuestro cerebro la información de que algo está pasando. En el segundo, el bautizado como inconsciente (flecha roja), es cierto que el primero en recoger la información del exterior es el cerebro, pero esta no llega precisamente a las áreas relacionadas con la consciencia. Si a esto le añadimos que en todo el proceso intervienen cuatro sistemas fisiológicos distintos, al menos dieciséis moléculas de nombres endiablados (las únicas populares son la testosterona y los estrógenos) y 11 áreas de nuestro cerebro, parece complejo manejar todo ese follón a voluntad. Así, en el pi­rotécnico camino a la excitación, el cuerpo va por libre y nosotros somos los últimos en enterarnos. 

Consciente
1.- Los estímulos visuales, auditivos y táctiles llegan al cerebro desde los órganos de los sentidos. Para el tacto, el sistema nervioso que recorre la médula lleva la información al cerebro.
2.- El hipotálamo informa a los genitales de que la vecina del cuarto o el conductor de autobús está de “bocao”. Es decir, esta minúscula estructura cerebral procesa la información e identifica lo que es excitante y lo que no. Una vez que esto queda claro, la información llega a los genitales para que se preparen.
3.- Ovarios y testículos se disparan.  
La información del hipotálamo hace que ovarios y testículos empiecen a fabricar las hormonas relacionadas con  la excitación: estrógenos y progesterona entre otras muchas (son, al menos, 16). Estas se encargarán, además de generar cambios fisiológicos en el pene y en la vagina, de las emociones que identificamos como deseo. 
4.- Las hormonas del sexo regresan al cerebro. 
Una vez puesta en marcha la fábrica de hormonas, nuestro organismo se llena de ellas, como burbujas en una botella de champán. Emprenden su camino y regresan al cerebro, donde afectan nada menos que a 11 áreas cerebrales. Como un verdadero ataque nuclear, nos ponemos como una moto.


Inconsciente
1.- Roce genital.
Todo comienza con una caricia o un roce en el pene o en el clítoris. Es como cuando el médico golpea con el martillo en la  rodilla y la pierna se mueve. Un acto reflejo.
2.- La cavidad oculta.
Los nervios que recorren el pene y el clítoris informan de esa caricia a una cavidad situada bajo la base de nuestra médula espinal, que recoge la información, la procesa y la devuelve al pene o al clítoris sin informar al cerebro. Ambos reciben mayor flujo sanguíneo: el pene se pone erecto y el clítoris se inflama.
3.- Esto no hay quien lo pare. 
Los mensajes de esa cámara se envían a determinados músculos, que controlan las paredes de los pequeños vasos sanguíneos del pene y del clítoris, lo que permite un mayor flujo sanguíneo. A partir de entonces, la sangre hace que se hinche el pene o el clítoris automáticamente. Así, la excitación se ha producido sin que intervenga el cerebro.
4.- Actuar de espaldas al cerebro
Esta vía describe una respuesta sexual totalmente automática, fuera de nuestro control consciente. Sólo después de que se haya producido lo inevitable, nuestro cerebro interviene. Es decir, para mantener el deseo, si es que no queremos que todo quede en un “gustirrinín” efímero, se activará la vía consciente (véase el recorrido azul).

18 ene 2014

Cómo el dinero cambia a las personas

NUMEROSOS ESTUDIOS SE HAN DEDICADO A TRAZAR LOS PEQUEÑOS Y GRANDES CAMBIOS QUE DIFERENCIAN A LAS PERSONAS RICAS DE LAS DE BAJOS RECURSOS. aqui ALGUNOS RESULTADOS.

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Todos sabemos que el dinero puede alterar nuestras vidas; para algunos es la cumbre del deseo mientras otros, siguiendo principios morales o religiosos lo consideran “la raíz del mal”. Sabemos también que las clases sociales altas se ven a sí mismas muy diferentes a los demás (con un aire de superioridad) y que en algunos casos las clases de menores recursos desarrollan complejos de inferioridad o resentimiento. Pero no necesariamente sabemos de qué maneras específicas el dinero puede cambiar la mentalidad y el comportamiento de quien lo tiene. Los psicólogos que estudian el impacto de la riqueza económica y la desigualdad en el comportamiento humano han encontrado que el dinero puede influenciar poderosamente nuestros pensamientos y acciones en maneras que a veces pasamos por alto. Sobre todo, lo que estos estudios concluyen es que el dinero provoca aislamiento, y ese aislamiento hace que las personas desvíen su moral y su concentración de lo que realmente importa en la vida, y que sufran toda clase de desórdenes mentales.
Aquí hay siete cosas que deberías saber acerca de la psicología de la riqueza. 

Más dinero, menos empatía
Varios estudios han mostrado que el dinero no se lleva muy bien con la empatía y la compasión. Investigaciones publicadas en el diario Ciencia y Psicología también encontraron que las personas con estatus económico menor son mejores para leer las expresiones faciales –un marcador importante de empatía–, que las personas más ricas. Otro estudio, publicado en el TIME, Encontró que “los ambientes de clases sociales bajas son muy distintos a los ambientes de clases sociales altas. Los individuos de clase social baja tienen que responder crónicamente a un número de vulnerabilidades y amenazas sociales. Realmente tienes que depender de otros y eso te hace más perceptivo a las emociones.
Estas respuestas se reflejaron también en el juego de Monópoly: el jugador más rico comenzó a actuar más agresivamente, acaparando más espacio y moviendo las fichas ruidosamente, e incluso a tratar mal al jugador con menos dinero. Así, imaginario o no, el dinero hace que perdamos empatía por el otro.

El dinero puede nublar el juicio moral
Un estudio de UC Berkeley encontró que en San Francisco –en donde las leyes requieren que los autos se paren en cruces peatonales—los conductores con autos de lujo fueron cuatro veces menos respetuosos con los peatones que aquellos con autos menos caros. También fueron más proclives a meterse en las filas de autos en el tráfico. Esto ilustra muy bien el empañamiento ético que sufren algunas personas con mucho dinero.

El dinero en sí puede volverse adictivo
La persecución de dinero puede volverse adictiva e incluso puede volverse un comportamiento compulsivo. Además, mientras estás buscando dinero a como dé lugar, estás olvidando cosas mucho más importantes como tu comportamiento con otras personas o tu propio bienestar. Este tipo de compulsión y adicción, que no es química, involucra una adicción a sentirte bien cuando recibes dinero o posesiones, y a sentirte mal todo el resto del tiempo.

Los niños ricos podrían tener mucho más problemas psicológicos
Los niños que crecen en familias ricas parece que lo tienen todo, pero tenerlo todo puede ser a un costo muy alto. Los niños más ricos pueden están más afligidos que los niños de bajos recursos, y tienen alto riesgo a la ansiedad, depresión, abuso de substancias, desórdenes alimenticios, ser tramposos y robar. Las investigaciones también han encontrado que el aislamiento de otras personas (ya que no las necesitan) causa todo tipo de perturbaciones mentales.

Tendemos a percibir a los ricos como “malignos”
Del otro lado de la moneda, los individuos de menos recursos tendemos a juzgar y estereotipar a los ricos como “fríos”, “idiotas”, “malignos”. Las personas ricas tienden a ser fuente de envidia y desconfianza. Esto, aunado a que no necesitan de nadie para sobrevivir, los aísla aún más de otras personas, y les genera más problemas psicológicos.

Asociamos el dinero con la felicidad y ése es realmente el problema
No hay una relación directa entre el dinero y la felicidad (aunque es verdad que las penas con pan son menos). Después de cierto nivel de ingresos, el dinero no hace diferencia en el bienestar general de una persona, y si hace algo, lastima nuestro bienestar. Las personas realmente ricas, de hecho, sufren de índices mayores de depresión. El caso es que el dinero, per se, no causa insatisfacción, sino que la búsqueda constante de dinero y posesiones materiales puede llevar a la depresión. Las personas que tienden a poner su energía en el dinero. por fuerza están quitando esa energía de elementos vitales más importantes como los placeres sencillos, las relaciones respetuosas, la inspiración en la naturaleza o la música, inhalar y exhalar con tranquilidad.

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17 ene 2014

Imagen Oculta Expuesta en la pintura "La Última Cena" de Da Vinci


Mirando a la famosa imagen de Da Vinci, "La Última Cena" , reflejando(opacando)  o invirtiendo la imagen de la manera correcta, invertirla por la mitad se obtiene una imagen oculta que es increíble. Lo que se revela es absolutamente interesante! 

Wikipedia


Original

Imagen cambiada



La pregunta es , ¿qué nos está tratando de revelar?


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Enganchados a los humanos

No estamos enganchados a Facebook, Twitter, Youtube o el mail; estamos enganchados a que una emoción nos haga sentir vivos, nos estimule, y a compartir esa sensación con los demás. Estamos enganchados a ser humanos.

La ciencia no es difícil

La ciencia no es una profesión, es una manera de afrontar el conocimiento de la realidad. […] La ciencia es una actitud, no un título, y cualquier persona puede dedicarse a ella si se enfrenta al conocimiento de la naturaleza desde una perspectiva racional, escéptica, rigurosa y metódica.


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14 ene 2014

Curiosas leyes sexuales de los USA

Que el sexo humano trasciende, y mucho, de la mera biología, es más que sabido. Que en los Estados Unidos de América el sexo ha sido visto tradicionalmente desde una óptica puritana, también. Si a eso añadimos que cada estado tiene sus propias leyes, que algunas datan de la época de la conquista del Oeste y que muchas perduran desde entonces sin que nadie las derogue, nos queda una lista de leyes sobre el sexo tan curiosa como la que ponemos a continuación y que encontré en Observation Deck:


Alabama: El matrimonio incestuoso es legal.
Alaska: En la ciudad de Fairbanks es ilegal que los alces mantengan relaciones sexuales en la calle.
Arizona: En una casa no puede haber más de dos vibradores.
Arkansas: En Little Rock, coquetear y hacer bromas sexuales se condena con 30 días de prisión.
California: Es ilegal vender pechos de peluche a menos de 1000 pies de una carretera. En Walnut ningún hombre puede disfrazarse de mujer sin permiso escrito del Sheriff.
Colorado: En Adams, los trabajadores varones de los salones de masajes deben llevar toda la ropa blanca. Al dueño de una casa se le prohíbe permitir relaciones relaciones sexuales entre personas no casadas.
Florida: Las parejas casadas y las personas solteras no pueden mantener conductas lascivas en público.
Georgia: El término "abuso sadomasoquista" se define de una manera tan amplia que podría aplicarse a quien espose a alguien disfrazado de payaso. Se prohibe todo tipo de juguete sexual.
Illinois: Cuando se vende un reptil, hay que advertir por escrito que está prohibido acariciarlo y besarlo. Está prohibido hacer sufrir a las putas y a las perras.
Indiana: Es ilegal que un hombre se excite en público.
Iowa: Los besos no pueden durar más de cinco minutos.
Kansas: El sexo oral se considera sodomía, lo que es ilegal. Sin embargo, en determinadas circunstancias se permite la penetración anal con un dedo.
Kentucky: Hasta 1975, para llevar traje de baño en la calle se requería escolta policial.
Luisiana: La necrofilia es legal. Sin embargo, en Nueva Orleans es ilegal hacer uso de astrología, adivinación y quiromancia para solucionar las peleas entre enamorados.
Massachusetts: Hacer ruido en una biblioteca pública es un delito en contra de la castidad , la moral, las buenas costumbres y el orden.
Michigan: Un hombre que corrompe a una mujer soltera se enfrenta a cinco años de prisión. En Flint, llevar pantalones que permiten que se vea la ropa interior es un delito de tipo B, pero si se muestra la raja del culo es de tipo A.
Mississippi: Es ilegal enseñar qué es la poligamia. El adulterio y las relaciones extramatrimoniales se castigan con 500 $ o seis meses de prisión.
Montana: La prostitución es un crimen contra la familia.
Nebraska: Está prohibido contraer matrimonio si se tiene gonorrea.
Nevada: Es ilegal la venta de juguetes sexuales.
New Hampshire: En Kidderville no se puede tender ropa interior cerca del aeropuerto, salvo que se oculte tras una pantalla.
Nueva Jersey: En Haddon Township el coqueteo es ilegal.
Nuevo Mexico: La desnudez no es ilegal si se cubren los genitales y los pezones femeninos.
Nueva York: El adulterio es ilegal.
Carolina del Norte: El adulterio es ilegal. También fingir que se es matrimonio para compartir una habitación de hotel.
Dakota del Norte: En Fargo era ilegal a nadar desnudo en el río Rojo de ocho de la mañana a ocho de la tarde. En Grand Forks es ilegal no confinar un perro o un gato en celo.
Ohio: Nadie puede solicitar sexo a otra persona del mismo sexo si eso le ofende.
Oklahoma: Es ilegal que el dueño de un bar permita que en su interior alguien participe en actos reales o simulados de coito, masturbación, sodomía, bestialidad, sexo oral y flagelación.
Oregón: Es ilegal tumbarse en un baño público, o que dos personas entren juntas al servicio.
Pensilvania: El sexo oral y anal son ilegales. No se puede convivir con un ascendiente o con un descendiente.
Carolina del Sur: Si un hombre se compromete a casarse con una mujer y se acuestan juntos el matrimonio es obligatorio.
Dakota del Sur: Se prohíbe tener una erección en público.
Tennesse: Los estudiantes no pueden cogerse de la mano en la escuela.
Texas: Es ilegal poseer más de seis vibradores.
Utah: Es ilegal casarse con su primo hermano antes de los 65 años, o de los 55 si se demuestra que ambos son estériles. En Salt Lake City un adulto no puede hablar de sexo con un menor a menos que se trate de su hijo.
Virginia: El adulterio es un delito menor. La obscenidad es un delito mayor si se utiliza un ordenador.
Washington: Practicar sexo en el coche con una prostituta puede conducir a la confiscación del vehículo.
Virginia Occidental: La convivencia de una pareja no casada podía ser castigada con un año de cárcel (recientemente derogada).


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