Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia artificial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia artificial. Mostrar todas las entradas

8 jul 2016

¿Qué es la robofilia?

Con reacciones contrarias y a favor del sexo con robots, la robofilia se presenta ante nosotros como una posibilidad que va ganando realismo y con un mercado potencial más que suculento.



Lrobofilia puede sonarnos a palabra o incluso a tema de ciencia ficción pero representa una respuesta efectiva a una sociedad cada vez más avanzada tecnológicamente.

¿ Sexo con robots? El mundo de la robótica nos ofrece mejores soluciones a los más variopintos problemas u obstáculos de los seres humanos, por lo que, ¿por qué no exprimir su potencial a nivel sexual?

Las relaciones sexuales con robots serán algo habitual en 2050 – David Levy
Qué duda cabe que el mercado latente del placer con un compañero robótico existe y probablemente se convierta en una necesidad con mayor realismo en el futuro. Según David Levy, experto en inteligencia artificial y autor del libro “Amor y sexo con robots”, las relaciones sexuales con robots serán algo habitual en 2050. Puede que nos resulte extraño en estos momentos, pero... ¿lo será en el futuro?


Está claro que para los seres humanos tener relaciones sexuales no es únicamente un instinto biológico. Es algo que va más allá de la mera satisfacción física. Entran en juego factores mucho más complejos que si los robots desean cubrir, tendrán que ser capaces de estar programados para algo más que para guiñar, abrir la boca o mantener una pequeña conversación previamente almacenada en su disco duro.


.

3 may 2015

Eres lo que comes

Inteligencia artificial y grandes datos

Un tema común en los escritos recientes sobre la inteligencia de las máquinas es que las mejores nuevas máquinas que aprendan constituirán más bien formas alien de inteligencia. No estoy tan seguro. El razonamiento detrás de la imagen de las ‘IAs alien’ suele ir más o menos así. La mejor forma de lograr que las máquinas resuelvan problemas difíciles del mundo real es configurarlas como máquinas que aprendan y que tengan capacidad estadísticamente sensible de beneficiarse al máximo de su contacto con los datos masivos. Dichas máquinas aprenderán con frecuencia a resolver problemas complejos detectando patrones, y patrones entre patrones, y patrones dentro de patrones, ocultos en la profundidad de los flujos de datos masivos que se les presentan. Esto se logrará con más probabilidad utilizando algoritmos de «aprendizaje profundo» para explotar cada vez con mayor profundidad en los flujos de datos. Después de que dicho aprendizaje se complete, su resultado podría ser un sistema que funciona pero cuyas estructuras de conocimiento son opacas para los ingenieros y programadores que configuraron el sistema al principio.
big¿Opacas? En un sentido, sí. No sabremos con detalle (al menos sin más trabajo) qué se ha codificado como resultado de todo ese aprendizaje profundo, multinivel y orientado estadísticamente. ¿Peroalien? Voy a jugármela mucho en este punto y a hacer una prueba de carretera de una afirmación posiblemente extravagante. Sospecho que cuanto más aprendan estas máquinas, más acabarán pensando de maneras que son reconociblemente humanas. Acabarán teniendo una amplia estructura de conceptos de tipo humano con los que abordar sus tareas y decisiones. Podrán incluso aprender a aplicar categorías emocionales y éticas de formas aproximadas a las nuestras. Si estoy en lo cierto, esto socava de algún modo la preocupación común de que éstas son inteligencias alien emergentes cuyos objetivos e intereses no podemos desentrañar, y que por tanto se podrían volver contra nosotros de formas inesperadas. En cambio, sospecho que las formas en que podrían volverse contra nosotros serán demasiado familiares, y por tanto esperanzadoramente evitables mediante los pasos habituales de extender el debido respeto y la libertad.
¿Por qué las máquinas pensarían como nosotros? La razon de ello no tiene nada que ver con que nuestras formas de pensar sean objetivamente correctas o únicas. En su lugar, tiene que ver con algo que llamaré «la cadena alimenticia de los datos masivos». Estas IAs, si van a surgir como formas plausibles de inteligencia general, tendrán que aprender consumiendo los inmensos rastros electrónicos de la experiencia humana y los intereses humanos. Para esto está el mayor repositorio de datos generales sobre el mundo que tenemos disponible. Para liberarse de los restringidos dominios unidimensionales, estas IAs tendrán que rastrear los mares cotidianos de palabras e imágenes que depositamos en Facebook, Google, Amazon y Twitter. Donde antes habrían sido obligadas a una dieta de objetos astronómicos o rompecabezas de plegamientos de proteínas, las inteligencias generales más avanzadas necesitarán una dieta más rica y más variada. Esa dieta será el estrato acumulado de experiencia humana preservado en nuestros medios electrónicos diarios.
Los baños estadísticos en los que sumergemos a estas potentes máquinas de aprendizaje también nos resultarán demasiado familiares. Se alimentarán de las huellas fósiles de nuestros propios compromisos, de tropecientas imágenes de lozanos bebés, de gatos LOL, y de patatas que se parecen al Papa. Estas son las cosas que deben procesar en un modelo mundial multinivel, encontrando las características, entidades y propiedades (variables latentes) que capturan mejor los flujos de datos a los cuales están expuestas. Alimentadas con dicha dieta, estas IAs tienen pocas opciones salvo desarrollar un modelo mundial que tiene mucho en común con el nuestro. Tienen probablemente más peligro de convertirse en monstruitos de Súper Mario que en supervillanos que intentan dominar el mundo.
Una diagnosis así (que es tentativa y al menos un poco juguetona) va contra dos opiniones dominantes. Primero, como he dicho antes, va contra la opinión de que las IAs actuales y futuras son básicamente formas alien de la inteligencia que se alimentan de datos masivos y procesan estadísticas de formas que volverán a sus inteligencias cada vez más opacas a la comprensión humana. Por el contrario, el acceso a más datos, del tipo más libremente disponible, no las hará más alien, sino menos.
Segundo, cuestiona la opinión de que la ruta real a la comprensión al estilo humano es la encarnación al estilo humano, con todas las potencialidades interactivas (estar de pie, sentarse, saltar, etc.) que comporta. Porque aunque nuestra propia ruta típica a la comprensión del mundo discurre a través de estas interacciones, parece bastante posible que la suya no las necesite. Dichos sistemas disfrutarán de algunos medios (probablemente muchos y variados) de interactuar con el mundo físico. Estos encuentros se combinarán, sin embargo, con su contacto con vías de rica información que reflejen nuestros modos de interactuar con el mundo. Así que parece posible que pudieran llegar a comprender y apreciar el fútbol y el béisbol tanto como cualquier persona. Se podría hacer una comparación apta con un ser humano con diferentes capacidades.
Hay mucho más que pensar aquí, por supuesto. Por ejemplo, las IAs verán inmensas hileras de huellas electrónicas humanas, y por tanto serán capaces de discernir patrones de influencia entre ellas a lo largo del tiempo. Eso significa que podrían llegar a modelarnos menos como individuos y más como una especie de complejo sistema distribuido. Eso es algo distinto que podría cambiar las cosas. ¿Y qué hay de la motivación y la emoción? ¿Quizá dependan esencialmente de rasgos de nuestra encarnación humana como los instintos y las respuestas viscerales al peligro? Tal vez, pero tengamos en cuenta que estos rasgos de la vida humana han dejado huellas fósiles en nuestros repositorios electrónicos.
Podría equivocarme. Pero como mínimo, creo que deberíamos pensárnoslo dos veces antes de categorizar a las IAs de nuestra huerta como formas alien de inteligencia. Eres lo que comes, y estos sistemas aprendedores tendrán que comernos. Gran momento.  
Traducción de Verónica Puertollano. Publicado en EDGE
.

18 abr 2015

Un arco iris de inteligencias

Durante décadas los tecnofuturistas han estado preocupados sobre el momento apocalíptico en que los cerebros electrónicos y los robots lleguen a ser tan inteligentes como nosotros. Esta división de “ellos y nosotros”, donde los humanos y las máquinas son considerados como si estuviesen separados, está muy extendida. Pero mientras debatimos interminablemente sobre a qué nos referimos cuando hablamos de conciencia humana y las posibilidades y peligros de una inteligencia puramente artificial, una mezcla de las dos presenta otra posibilidad que merece más atención.
Un arco iris de inteligencias
Millones de cyborgs primitivos ya caminan entre nosotros. Durante las últimas décadas, los humanos se han fusionado gradualmente con dispositivos como marcapasos, lentes de contacto, bombas de insulina e implantes cocleares y de retina. Los implantes cerebrales, conocidos como «marcapasos cerebrales», alivian ahora los síntomas de decenas de miles de pacientes de Parkinson.
Esto no debería ser una sorpresa. Desde que los primeros humanos cogieron palos y sílex y empezaron a utilizar herramientas, hemos estado haciéndonos mejoras. Fijémonos en las colecciones de millones de cosas del Science Museum Group, desde máquinas diferenciales a teléfonos inteligentes, y veremos cómo las personas han aprovechado siempre los nuevos saltos cualitativos de la tecnología, de modo que el auge de unas máquinas más inteligentes que nunca no significa un mundo de ellos o nosotros, sino una mejora de las capacidades humanas.
Los investigadores están observando ahora exoesqueletos para ayudar a los débiles a caminar, e implantes que permitan a los paralíticos controlar miembros protésicos, y tatuajes digitales que se pueden estampar en el cuerpo para recoger datos fisiológicos o interactuar con el entorno, por ejemplo con la nube o el internet de las cosas.
Cuando se trata de máquinas que piensan, algunos están incluso investigando cómo mejorar la potencia cerebral con plugins electrónicos y otros «smartware». La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de EEUU (DARPA) ha lanzado el programa de Restauración de la Memoria Activa (RAM) para revertir los daños causados por una lesión cerebral con prótesis neuronales que perciben los déficits de memoria y restauran el funcionamiento normal.
Funcionan de manera bastante distinta a nuestro cerebro en el presente pero, gracias al Proyecto Cerebro Humano, el Ser Humano Fisiológico Virtual y otros grandes proyectos sobre el cerebro, junto con la investigación en ingeniería neuromórfica, las inteligencias artificiales podrían convertirse en inteligencias más parecidas a la nuestra con el paso del tiempo. Entretanto, ha habido intentos de usar células cerebrales cultivadas para controlar robots, simuladores de vuelo y más.
En unas pocas décadas, no será tan fácil distinguir a los seres humanos de las máquinas pensantes como consecuencia de este transhumanismo orgánico y progresivo. Al final, muchos de nosotros no dependeremos exclusivamente de las máquinas de carne que hay en nuestra cabeza para reflexionar sobre la perspectiva de las máquinas artificiales que piensan: el sustrato de pensamientos del futuro residirá en algún lugar de un continuo dentro de un arcoiris de inteligencias, desde las inteligencias ordinarias a la inteligencia artificial.
.

30 mar 2015

La IA frankesteiniana

Mi aforismo favorito de Edsger Dijkstra es este: «La pregunta de si las máquinas pueden pensar es tan importante como la de si los submarinos pueden nadar». Sin embargo, seguimos jugando al juego de la imitación: preguntar lo cerca que estamos de que la inteligencia de la máquina pueda doblar a la nuestra, como si ese fuese el verdadero asunto. Por supuesto, una vez que te imaginas máquinas con sentimientos como los humanos y con libre albedrío, es posible concebir una mala conducta de la inteligencia de la máquina; la IA como una idea Frankenstein. El concepto está en pleno resurgimiento, y al principio pensé que era exagerado. Últimamente he llegado a la conclusión de que no lo es.
1935
1935
Aquí va el argumento sobre la exageración. La inteligencia de las máquinas puede ir en muchas direcciones. Es un fallo de la imaginación centrarse en direcciones como las humanas. La mayoría de los primeros conceptos futuristas de la inteligencia de las máquinas eran sumamente equivocados, porque las computadoras han logrado hacer cosas que los humanos no hacen bien. Las máquinas son increíblemente buenas clasificando listas. Tal vez eso suene aburrido, pero pensemos en cuánta clasificación eficiente ha cambiado el mundo.
En respuesta a algunas de las preguntas planteadas aquí, no está ni mucho menos claro que vaya a haber jamás una razón práctica para que las máquinas tengan emociones y diálogo interior; pasar por humanas bajo un interrogatorio extenso; desear, ser capaces de hacer uso de derechos legales y civiles. Son máquinas, y pueden ser cualquier cosa que nosotros hayamos diseñado que sean.
Pero esa es la cuestión. Algunas personas querrán una inteligencia de máquina antropomórfica. ¿Cuántos vídeos de robots japoneses han visto? Honda, Sony e Hitachi ya han dedicado sustanciales recursos a hacer una IA muy mona, pero sin ningún valor concreto más allá de la publicidad corporativa. Lo hacen sin mejor motivo que el que los entusiastas de la tecnología hayan crecido viendo robots y computadoras inteligentes en las películas.
Casi todo lo que se ha concebido –que sea físicamente posible y razonablemente barato– ya se ha hecho. Así que la inteligencia de la máquina con aspecto humano es un meme con un destino manifiesto, al margen del valor práctico. Esto podría conllevar máquinas-que-piensan amables, obedeciendo las leyes de Asimov. Pero una vez que la tecnología esté ahí fuera, se hará cada vez más barata y se filtrará al nivel de los aficionados, los hackers y las organizaciones de «derechos de las máquinas». Va a haber interés en crear máquinas con voluntad, cuyos intereses no son los nuestros. Y eso sin considerar qué máquinas podrían elaborar los terroristas, los regímenes malvados y las agencias de inteligencia de naciones menos malvadas. Creo que el concepto de la IA frankensteiniana, que se vuelve contra sus creadores, es algo que merece que se tome en serio.
.

28 ene 2015

Inteligencia artificial

Pensemos en protopía, no en utopía o distopía


La inteligencia artificial es un tema a medio camino entre la ciencia y la literatura, por ahora más cerca de esta última. Los entusiastas de la IA, sin embargo, acostumbran a imaginar futuros utópicos, en los que la humanidad es salvada por robots, o bien futuros distópicos inspirados en la ciencia, en los que la humanidad es destruída súbitamente por la primera generación de máquinas inteligentes. Para I.J. Good la superinteligencia sería “nuestra invención final”. Michael Shermer se sitúa a medio camino, proponiendo un porvenir sin sobresaltos. Algo que llaman “protopías”.


Los partidarios de la Inteligencia Artificial tienden a proyectar un futuro utópico en el que benévolos ordenadores y robots sirven a la humanidad y nos permiten alcanzar una prosperidad sin límites, acabar con la pobreza y el hambre, vencer la enfermedad y la muerte, lograr la inmortalidad, colonizar la galaxia y, al final, conquistar incluso el universo alcanzando el punto Omega donde nos convertimos en un dios omnisciente y omnipotente. Los escépticos de la IA visualizan un futuro distópico donde máquinas y robots malévolos toman completamente el control sobre nosotros, haciéndonos esclavos o sirvientes, o llevándonos a la extinción, y poniendo fin a (o incluso revirtiendo) siglos de progreso científico y tecnológico.
La mayoría de las profecías se basan en una falsa analogía entre la naturaleza humana y la naturaleza informática, o entre la inteligencia natural y la inteligencia artificial. Somos máquinas pensantes, producto de la selección natural que también nos ha diseñado en las emociones para simplificar el proceso de pensamiento. No necesitamos computar el valor calórico de los alimentos; simplemente tenemos hambre y comemos. No  necesitamos calcular las proporciones entre cadera y cintura o entre hombro y cintura de nuestras potenciales parejas; simplemente nos atrae alguien y nos emparejamos. No necesitamos calcular el coste genético de criar a los hijos de otra persona si nuestra pareja es infiel; simplemente sentimos celos. No necesitamos calcular el daño de un intercambio injusto; simplemente sentimos injusticia y deseamos la venganza. Todas estas emociones fueron incorporadas a nuestra naturaleza por la evolución; nosotros no hemos diseñado ninguna de esas emociones para nuestros ordenadores. Así que el temor a que los ordenadores se vuelvan malvados no tiene base, porque nunca se les ocurrirá emprender tales acciones contra nosotros
Además, las visiones tanto utópicas como distópicas de la IA están basadas en una proyección del futuro bastante distinta a cualquier cosa que nos haya proporcionado la historia. En vez de en utopía o distopía, pensemos en la protopía, un término acuñado por el futurista Kevin Kelly, que lo describió así en una conversación de Edge: «Me llamo a mí mismo protopista, no utopista. Creo en el progreso de una forma incremental donde cada año es mejor que el anterior, pero no por mucho, solo por una micro cantidad». Casi todo el progreso en ciencia y tecnología, incluidos los ordenadores y la inteligencia artificial es de naturaleza protópica. Las tecnologías rara vez llevaron, si es que lo hicieron, a sociedades utópicas o distópicas.
Tomemos el automóvil. Mi primer coche fue un Ford Mustang de 1966. Tenía dirección asistida, frenos de motor y aire acondicionado, todo ello tecnología relativamente puntera en aquel momento. Todos los coches que he tenido desde entonces —en paralelo a la evolución de los coches en general— han sido paulatinamente más inteligentes y seguros; no a grandes pasos, sino de forma incremental. Pensemos en el salto imaginario de los años 50 desde las viejas tartanas al coche volador. Nunca sucedió. En vez de eso, lo que tuvimos fueron mejoras acumulativas durante décadas que nos llevaron a los coches inteligentes de hoy con sus ordenadores de a bordo y sus sistemas de navegación, sus airbags y sus bastidores y carrocerías de metal compuesto, sus radios por satélite y sus teléfonos de manos libres, y motores eléctricos e híbridos. Acabo de cambiar un Ford Flex de 2010 por una versión de 2014 del mismo modelo. Externamente son casi indistinguibles; internamente hay decenas de minúsculas mejoras en cada sistema, desde el motor y el conjunto de transmisión a la navegación y la cartografía, pasando por el control de la climatización y la radio y la interfaz del ordenador.
Ese progreso protópico incremental es lo que vemos en la mayoría de las tecnologías, incluida y especialmente la inteligencia artificial, que seguirá sirviéndonos del modo que deseemos y necesitemos. En vez del Gran Salto Adelante o de la Gran Periodo hacia Atrás, pensemos en el Pequeño Paso Adelante.
Publicado en EDGE (¿Qué piensan las máquinas qué piensan?) y en El Mundo por dentro y por fuera

.

31 mar 2013

Nuestro frágil intelecto

Vivir en una ciudad es uno de las condiciones demográficas más conocidas y relacionadas causalmente con la esquizofrenia (Aforismo psiquiátrico de cabecera)


Es interesante señalar una vez más que la evolución opera desde algo que se llama selección natural, una de las formas de innovar organismos vivos. Y es tambien importante señalar que seleccionar no es lo mismo que elegir. Usted elige pareja o algún plato cuando va al restaurante y lo hace priorizando u optimizando sus gustos pero la evolución no elige sino que selecciona, opera por descarte, y es por eso que se llama selección natural y no elección natural.


Descartes que eliminan los organismos peor adaptados, lo que significa que la selección natural no elige a aquellos que han conseguido maximizar su fitness de acuerdo con su medio ambiente sino que elimina al resto. Lo que quiere decir es que el proceso de selección natural es indisociable del concepto de medio ambiente. O lo que es lo mismo: la selección opera siempre en las condiciones que el medio ambiente propone según cada momento o época (contada en eones y no en años).
Los organismos vivos evolucionan por selección natural en constante sinergia con el medio ambiente.
Y lo hace como he dicho descartando los organismos peor adaptados y traspasando a la siguiente generación a los mejores o mejor adaptados (su genoma) de acuerdo con las condiciones en que se produjo tal selección, lo que significa que si cambia el entorno ambiental cambia la selectividad. El mecanismo que utiliza la selección natural para introducir cambios en los organismos es pues un mecanismo de descarte de las mutaciones deletéreas que se produjeron en los organismos en su intento de adaptarse a un medio ambiente concreto.
Deletéreas significa que tienen pocas probabilidades de medrar en un determinado ambiente, crecer, alimentarse y reproducirse.
Algo que es, mal entendido es que la eliminación de estas mutaciones es más intensa cuando las condiciones del medio son más hostiles. El trabajo de la evolución es concretamente éste: adecuar su método selectivo a las condiciones ambientales, asi es predecible que la acción de la selección natural sea más fuerte e intensa cuando las condiciones del medio sean más duras para la supervivencia.
Es por eso que hablamos de condiciones ancestrales cuando hablamos de adaptaciones o de selección natural propiamente dichas. La mayor parte de nuestras adaptaciones se dieron en el periodo que media desde el paleolitico hasta el neolitico (en mayor escala podriamos hablar del pleistoceno). En ese periodo que va desde los 300.000 hasta los 30.000 años se produjeron la mayor parte de mutaciones que dieron con el diseño adecuado para sobrevivir a nuestra especie al tiempo que configuraron nuestro éxito reproductivo.
A partir del neolítico la cosa cambió y lo hizo porque los humanos encontraron un método para abandonar su vida trashumante y consiguieron establecerse gracias al desarrollo de la agricultura. Aparecieron las ciudades y con ellas la vida vagabunda dio lugar a una especie de sedentarismo que venía asegurado por la producción y acumulación de excedentes.
La seleccion natural bajó la intensidad de presión sobre nosotros los hombres y se puso, por así decir en paro.
Esta es la idea de Gerald Cabtree que puede leerse en este pdf (en inglés) y que lleva el mismo título que este post.
Cabtree es un genetista de la universidad de Stanford cuya publicación desató un amplio escándalo entre los de siempre y algunos de sus colegas, al publicar sus conclusiones que pueden resumirse de este modo: cada vez somos menos inteligentes y cada vez tenemos menos control de nuestras emociones.
El ejemplo que pone el propio Cabtree es que un griego de hace 3000 años era más inteligente o casi que cualquiera de nuestros conciudadanos actuales y sobre todo: tenia más control sobre sus emociones.
Naturalmente la hipótesis de Cabtree contradice nuestra suposición de que nuestros conciudadanos son cada vez más inteligentes gracias a la educación universal, la mejoria en la alimentación, la mejoria global de nuestra salud y de un medio ambiente limpio de tóxicos como el plomo que fue un azote venenoso y doméstico durante casi toda nuestra historia.
Se conoce como efecto Flynn al hecho de que en los ultimos 100 años la inteligencia humana ha mejorado, es verdad que nosotros somos más inteligentes que nuestros abuelos. Sin embargo, Cabtree sin desmentir esta evidencia proximal cree que este fenómeno es un repunte de la inteligencia que se produjo al mejorar los entornos de salud y educación y no la tendencia general de la inteligencia en nuestra especie. Algo puntual que no desmiente su hipótesis, aqui en este post hay algunas explicaciones sobre su punto de vista.,
No es que seamos mas tontos cada dia que pasa como titulan algunos, sino que nuestra inteligencia ha sufrido algunas variaciones, algunas de las cuales representan una ventaja y otras no.
Lo cierto es que casi el 80% de nuestros genes tienen algun tipo de delegación o representación en el cerebro, lo que dice Cabtree es que es cierto que cada vez la selección natural tienen menos importancia en la tarea de introducir cambios en los organismos vivos que llamamos hombres, a causa de la mejoria de nuestras condiciones de vida. Sencillamente la selección natural se ha cansado de nosotros y nos ha abandonado a nuestra suerte.
Y esto tiene consecuencias negativas, por ejemplo ya no se dedica a eliminar ciertas condiciones geneticas deletereas – ¿es por eso que existe tanto cáncer?- y gracias a los cuidados médicos es posible afirmar que los organismos vivos actuales somos portadores de cargas geneticas con mutaciones que nos llevaran a la tumba. Una de estas condiciones mejor conocidas es la edad del padre, se sabe que a más edad paterna (la madre influye poco) más riesgo existe para su descendencia. Un niño actual hijo de un padre joven, es portador de un 20% de mutaciones, de un 40% si está sobre los 30 años y de 50-60% si es mayor de esta edad.
Y naturalmente a más mutaciones más probabilidades hay de que alguna de ellas sea letal.
Y si no es letal al menos que muestre en sus portadores algun tipo de disfunción cerebral, una menor inteligencia o control emocional según Cabtree.
Ahora bien para entender los argumentos de Cabtree es necesario resolver la paradoja que se presenta entre naturaleza y cultura en la inteligencia humana y cuento al control emocional como una forma de inteligencia.
Es razonable pensar que mientras la tecnología y el conocimiento crecen de una forma exponencial, las mutaciones que dieron lugar a nuestro cerebro no han sufrido ninguna modificación desde el Neolitico para acá. ¿Entonces cómo explicar esa misma explosión tecnológica y de conocimiento si somos tan tontos?
No cabe ninguna duda de que si somos tan inteligentes es gracias a nuestra sociabilidad, algo que estiró de nuestra corteza cerebral rellenándola de nuevos contenidos y de nuevas abstracciones. Es pues la cultura que hemos inventado la que garantiza a modo de un exocerebro (según la idea de Roger Bartra), una prótesis de memoria y de información suplementaria que nos hace parecer más listos de lo que en realidad somos, al tiempo que nos convierte en simbolodependientes. Todo lo cual no contradice la idea de Cabtree que se limita a pensar en el cerebro individual como soporte de enredos que el individuo ha de desentrañar por sus propios medios a poco que se aleje de sus condiciones y refuerzos sociales que le son vitales para orientarse en la complejidad.
En mi opinión esta idea encaja muy bien con la evidencia de que las enfermedades mentales están creciendo en todo el mundo civilizado y que ciertos trastornos emocionales como el TLP o la epidemia de casos de trastornos alimentarios son debidos a la insuficiencia con que los individuos enfrentan sus emociones sin los recursos adicionales para inhibirlas, modificarlas o modularlas. Es como si nos faltara corteza cerebral y recursos inteligentes.
Lo que viene a subrayar la idea principal de este post y es que tenemos un cerebro muy vulnerable y frágil y lo es porque la velocidad con que la cultura ha introducido un mundo tan complejo no se corresponde con la velocidad de las mutaciones necesarias para hacer lo propio en la conectividad cerebral.
Y tenemos que fiarlo todo a nuestra sociabilidad o gregarismo, a depender de los otros.
Sencillamente tenemos un cerebro muy frágil para vivir en una sociedad tan compleja y a pesar de que vivimos en el mundo más seguro, opulento, cómodo y saludable de todos los que hemos vivido con anterioridad, esta misma ventaja se transforma en hándicap cuando nuestro cerebro ha de enfrentarse solo a algún dilema que supera nuestro capacidad para abstraernos de él.
Algunos de mis amigos ya me han preguntado, ¿pero no es la propia cultura un invento de los cerebros humanos?
Claro, pero no de los mismos cerebros que sucumben a esa complejidad.

Nota liminar.-
Roger Bartra es un antropólogo mexicano de origen catalán que escribió un libro titulado “Antropologia cerebral” donde presenta la osada hipótesis de que el cerebro del Sapiens no representa una ventaja evolutiva sino una desventaja, o mejor una desventaja que se transmutó en ventaja, a partir de lo que él llama exocerebro.

NeuroCiencia/NeuroCultura
/.

5 mar 2012

¿Qué hacemos cuando llegue el futuro?

Aunque estamos lejos de vivir como en la serie animada Los supersónicos, estamos cerca de guerras inhumanas, en el sentido de que los hombres no serán quienes enfrenten físicamente al enemigo, sino sus máquinas.

Vivir con robots ha sido un sueño durante décadas.

Autos blindados que se manejan solos, sorteando toda clase de obstáculos y detectando peligros en cualquier terreno ya son una realidad, y de eso a armarlos y programarlos para usar esas armas, no hay mucho.
Los aviones no tripulados que ya usa Estados Unidos en lugares como Pakistán y hasta México pueden ser fácilmente precursores de ese futuro que ya casi es presente.
Lejos de los campos de batalla, a pesar de que falta mucho para tener un mayordomo androide, ya hay "enfermeros" robots, y se habla de casas y oficinas inteligentes.
Y mucho de esto es atractivo.
El problema es precisamente que los robots distan de ser listos.
"Hablamos de 'casas inteligentes' ¡No hemos logrado siquiera enseñarles sentido común!", exclama, en conversación con BBC Mundo, el experto en ética robótica de la Universidad de Sussex, Blay Whitby.

¿Dónde está el futuro?

Cuando se le pregunta a los científicos, que han pasado años haciendo realidad lo que la cultura popular pronosticó en los años '60, por qué el futuro no ha llegado, responden que sencillamente no habíamos calculado bien cuán difícil era ser inteligente.


       " Enseñarles a ser inteligentes es más difícil de lo que pensaba " 
La cantidad de procesos, reflexiones, intuiciones, sensaciones que implica tomar la más simple de las decisiones -patear un balón- es tal que sólo la naturaleza ha sido capaz de programar.
Los robots, dice Whitby, "son admirables en cierto sentido, pero muchos problemas simples no han sido resueltos. Algo que descubrimos al trabajar en inteligencia artificial (IA) durante 54 años -si uno toma la fecha de la Conferencia de Domat- es que la inteligencia es mucho más complicada y multidimensional de lo que pensamos al principio".
Por ejemplo, si uno pensaba que ser inteligente es poder jugar al ajedrez, entonces las computadoras lo son. Pero si uno quiere que un robot se pasee por la sala de la casa o encuentre las medias, ese es un problema que aún no se ha podido resolver.
Y resulta que encontrar las medias no es un problema trivial.
"Un ejemplo de algo en lo que ha estado trabajando la gente desde el principio es visión para las computadoras. Una aplicación de ello son las cámaras CCTV, que están en todas partes. Pero tenemos que pagarle a humanos para que miren las pantallas para saber si algo malo está pasando", señala el científico.
"Uno pensaría, dado que se trata de un patrón de señales electrónicas recogidas por la cámara, que ya habríamos sido capaces de diseñar un programa de computador que reconociera cuando algo diferente estuviera pasando -no tiene que ser muy sofisticado, sólo reconocer que lo que está pasando es inusual y disparar una alarma- pero nadie lo ha podido hacer. Están trabajando en ello y quizás suceda pronto pero ese problema tan simple no ha sido solucionado por cinco décadas", añade.
El problema es que los humanos tienen que entender cómo lo hacen ellos, antes de poderlos programar.
""No sabemos cómo lo hacemos, y hay muchas cosas que asumíamos que sabíamos cómo lo hacíamos, porque lo hemos estado haciendo durante miles de años, pero resulta que no sabemos cómo sucede".

En el campo de batalla

Uno de los escenarios en los que se podría pensar que los robots serían más bienvenidos es la guerra.

""Para los soldados que 
van a estar en el terreno, 
un robot inteligente es un
soldado tonto que van a 
tener que cuidar. Se va a 
perder o dañar o perder 
contacto y ellos van a 
tener que ir a buscarlo."
Blay Whitby

Sin embargo, según cuenta Whitby, los militares están muy conscientes tanto de los beneficios, como de los problemas de depender de una máquina en situaciones peligrosas.
"Cuando voy a conferencias y escucho a los militares, me da la impresión de que ellos no quieren más inteligencia en sus robots. Quieren ser ellos quienes los manejan. Para los soldados que van a estar en el terreno, un robot inteligente es un soldado tonto que van a tener que cuidar. Se va a perder o dañar o perder contacto y ellos van a tener que ir a buscarlo".
Por su parte, los altos rangos prefieren que no haya interferencias en lacadena de comando.
"Ellos necesitan saber quién es responsable. Como dijo un general en una de las conferencias que atendí: "mientras yo esté en control,siempre habrán dedos humanos en el gatillo".
Así que, a pesar de que mucha financiación en el campo de la robótica proviene de los departamentos de Defensa, según Whitby, el deseo de autonomía viene más bien de los fabricantes.
Y en ese sentido surgen varias preguntas, que es lo que incumbe a un experto en ética robótica.
Si un robot sofisticado se daña en territorio enemigo, ¿qué se debe hacer? ¿Debería tener la posibilidad de matar a gente en defensa propia? Quizás tendría sentido, pero ¿qué pasa si se trata de niños jugando? ¿O es mejor explotarlo a control remoto? ¿Incluso si se dañó en medio de una zona poblada?

En el hogar

Interrogantes de este estilo se presentan no sólo en las zonas en conflicto sino también en la vida cotidiana.

"Para que le sirva bebidas, tiene que entrar en su casa" 

Una de las cosas que le preocupan a eticistas como Whitby es que, como todos sabemos, la gente tiene a esconderse detrás de las computadoras. No dicen: "no le permitimos hacer eso" sino "la computadora no deja que usted haga eso".
"No ha habido una discusión acerca de cuáles tareas pueden ser llevadas a cabo por una computadora y cuáles no deberían dejarse en sus manos", señala el experto.
"Hoy en día, cuando uno va a sacar una tarjeta de crédito, habla con un ser humano, pero la decisión la toma una computadora. Así que, ¿cuán lejos le gustaría que eso se extendiera? ¿Le parecería bien que lo juzgara una computadora en el tribunal? Quizás sí, pero tiene que haber una discusión, pues hasta ahora la razón por la cual se utilizan computadoras es para ahorrar en la nómina".
Otro buen ejemplo son las niñeras robot... ¿dejaría a sus niños bajo el cuidado de una computadora? En este momento en Europa eso sería ilegal. Pero puede haber ventajas: el robot le puede llamar al celular si algo pasa o tomar una foto si alguien viene a secuestrarlos.
Nada de eso es malo o bueno, resalta Whitby, pero tiene que haber un debate sobre cómo lo vamos a manejar, antes de que la situación nos maneje a nosotros.
"Lo que hay que recordar siempre es que las computadoras son máquinas y no humanos".







.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Quizás También Te interese

ANUNCIA AQUI / PUBLICIDAD PERSONALIZADA WEB 3.0

CONTAMOS CON UN SISTEMA INTEGRAL DE PUBLICIDAD PERSONALIZADO POR INTERNET WEB - 3.0,..... MÁS DE 270 MIL VISITANTES O LECTORES MENSUALES AL BLOG, BASES DE DATOS DE E-MAILS O CORREOS ELECTRÓNICOS, SOFTWARE / ROBOT PARA ENVÍOS DE MENSAJES DE TEXTO A TELÉFONOS MÓVILES, ENLACES Y ANEXOS A REDES SOCIALES Y CHATS SOCIALES, USO DE APLICACIONES COMO WHATSAPP Y OTROS.

Contactarse a: - planetainformes@gmail.com

Móvil: +51 - 959567777 , +51 - 977851768 ,
Arequipa - Perú


ESPACIO DISPONIBLE - ANUNCIA AQUI

ESPACIO DISPONIBLE - ANUNCIA AQUI
GARANTIA DE IMPACTO VISUAL