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27 ago 2014

Diferencia entre ser culto y ser inteligente

EL CONFLICTO ENTRE CULTURA E INTELIGENCIA PERSISTE. SIN EMBARGO, LA OBRA Y AUN LA VIDA DE SAMUEL BECKETT PODRÍAN AYUDARNOS A RESOLVERLO


“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.
Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.
La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.
Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable.
De ahí que surja entonces el “ser inteligente” como una especie de defensa: quizá no todos seamos cultos, pero indudablemente todos somos inteligentes. Para algunos no tener cultura se compensa con el hecho de, por ejemplo, poder resolver problemas con facilidad, o vivir con sencillez, sin crearse esos laberintos absurdos en los que a veces se mete la gente culta.
Sólo que ninguna categoría es mejor que otra. Desafortunadamente, es cierto que tanto la cultura como la inteligencia están relacionadas con la desigualdad inevitable del sistema de producción hegemónico. La desnutrición, por ejemplo, tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo de un niño, y sabemos bien que hay sociedades más desnutridas que otras. Igualmente la cultura, a pesar de todos sus sueños humanistas, se ha convertido en un producto de consumo, lo cual provoca que surja y se destine a personas que puedan adquirirla.beckett-godot
Quizá por eso hay un punto en el que ser inteligente parezca más atractivo que ser culto. ¿Para qué cultivarse, si la cultura también sirve para humillar y diferenciar? ¿Para qué cultivarse si, con eso, también se alimenta esa maquinaria despiadada de producción-consumo-deshecho? Conflictos en donde la cultura está involucrada y, por eso mismo, no parece probable que sea un camino para solucionarlos.
¿Y la inteligencia? Quizá ahí se encuentren otras posibilidades. A pesar del dicho de Proust —“Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”—, quizá la inteligencia sea ese salvoconducto que nos lleve fuera de las posturas falsas y los simulacros de la cultura contemporánea.
A propósito de este asunto, Nicholas Lezard publicó en The Guardian un artículo en que habla de la diferencia entre la inteligencia y la intelectualidad a partir de Esperando a Godot, la célebre pieza de Samuel Beckett. Como sabemos, Esperando a Godot se considera uno de los mejores usos del absurdo dentro de la literatura, una obra revolucionaria tanto estética como culturalmente, pues retrató con frialdad el extremo del nihilismo al que había llegado la civilización europea del siglo XX.
Lezard recuerda la atracción que de inmediato sintió por Esperando a Godot, un ambiente que a pesar de su parquedad —o quizá debido a esta— de inmediato lo hizo sentir bien recibido, acaso no del todo cómodo pero sí en un territorio no del todo desconocido. “Desde la primera página estaba hipnotizado, sorprendido”, escribe Lezard, a quien la extrañeza de los diálogos beckettianos, simples y no tan simples al mismo tiempo, lo condujo a un territorio que imprevisiblemente no era del todo desconocido.
En breve, estaba enganchado. Ahí tenía a un autor que era irreverente, escatólógico y sin embargo profundo; alguien completamente desinteresado en las convenciones de la literatura y sin embargo capaz, justo por medio del lenguaje, de mantener nuestra atención a pesar de que nada esté sucediendo. […] Y conforme descubrí detalles de su vida, primero por la biografía semi-autorizada de Deirdre Bair, me di cuenta de que no sólo su trabajo era ejemplar, sino también su vida. Ahí estaba alguien que se había purgado a sí mismo de vanidad, tanto la suya como la del mundo; un hombre de una integridad intachable, tanto en su obra como en su vida.
Con estos antecedentes, Lezard acepta que Beckett sea considerado un autor “intelectual”; “pero sospecho que es porque muchas personas no conocen la diferencia entre ser inteligente y ser intelectual”. ¿Y cuál es esa diferencia? Dice Lezard:
Más tarde descubrí que Beckett era, de hecho, furiosamente intelectual, pero que había dejado atrás la academia, aborrecido la oscuridad de la jerga y ciertamente no era el tipo de intelectual de posición a quien las televisoras piden su opinión.
Un guiño de inteligencia por parte de Beckett, parece decirnos Lizard. El gesto de tributar la cultura a la autenticidad para aceptar así que, a lo sumo, podremos responder dos o tres preguntas en la vida, poco más o poco menos, y será suficiente, y será más auténtico que todas esas preguntas que dicen responder las personas cultas y los intelectuales.

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8 jun 2014

El empleo ubicuo

SERÍA INSENSATO PLANTEAR QUE NO ES POSITIVO QUE UNA PERSONA TRABAJE EN ALGO QUE AMA O DISFRUTA DE ALGUNA MANERA; EL PROBLEMA RESIDE EN LA INVISIBILIDAD Y LA ESPECIALIZACIÓN.
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Sin que nos diéramos del todo cuenta, uno de los campos en los que más modificaron nuestras vidas internet y las nuevas tecnologías es el del empleo. Nos dimos cuenta de algunos de los cambios pero, sobre todo, de los benéficos. Por ejemplo, tener prácticamente cualquier recurso y referencia a unos clicks de distancia, una nueva manera de conseguir trabajo basada en la construcción de redes y reputación o la posibilidad de trabajar desde cualquier parte del mundo siempre que exista una conexión disponible a internet, etc. Para los que trabajamos de una manera u otra con internet, los upgrades son evidentes. Pero, en el proceso, ocurrió algo imperceptible como la emergencia de internet, que se desarrolló a lo largo de varios años pero “de un día para el otro” invadió el mundo biológico. De un momento a otro (y bajo toda una serie de justificaciones sociales y morales) el empleo pasó a ser ubicuo. El concepto de oficina es anticuado, ya que nos llevamos la oficina a todas partes en nuestros bolsillos y la tenemos también en nuestras computadoras. En un mundo que transcurre en el presente y que se encuentra hiperconectado, el empleado debe de estar disponible las 24 horas del día -por lo menos mientras esté despierto (y que no duerma mucho, por favor; y que en la mañana se tome un café y esté lúcido lo antes posible, gracias)-.
No estar disponible es una carencia total de profesionalismo y una falta importante de compromiso. La unión alquímica entre ética protestante y capitalismo se muestra en todo su esplendor en la actitud requerida de una persona ante su carrera laboral. Esfuerzo, sacrificio, responsabilidad, progreso. Esperar otra cosa de la vida lo convierte a uno en un hippie, un vago al que no le interesa progresar y se encuentra en el límite, con un pie del otro lado de los valores de la sociedad: si no trabajas, eres un ladrón; o eres rico (o las dos cosas), por lo cual te odiaremos y envidiaremos. Debes decidir qué quieres hacer por el resto de tu vida antes de entrar en la universidad y hacer eso durante toda tu vida, hasta el retiro o la muerte, un mínimo de ocho horas al día. Malcolm Gladwell sostiene que, al dedicar unas diez mil horas a una determinada tarea, te conviertes en un experto. Teniendo en cuenta el calendario laboral, todos nos convertimos en expertos de lo que sea que hagamos alrededor de los cinco años y medio después de empezar. Vivimos en un mundo de expertos, entonces. De expertos aburridos y desperdiciados, porque en su amplia mayoría no aman sus empleos.
Una de las nuevas modalidades de contrición profesional se da bajo un axioma que es, en un sentido, positivo: haz lo que amas. Si te dedicas a aquello que te apasiona, ocurren varios imprevistos: por un lado, dejas de poder quejarte de cualquier injusticia, ya que “haces lo que amas”, y también debes hacerlo todo el tiempo posible aunque esas horas extra no sean pagadas ya que, bueno, haces lo que amas. A no ser que trabajes por tu cuenta como freelance, o como la personificación de cientos de miles de años de evolución biológica y cultural: el emprendedor. En ese caso, también te dedicarás a tus proyectos durante noche y día, pero no tendrás nadie ante quien quejarte sobre tus clientes y problemas. Debes estar agradecido por tu situación y trabajar. Las mismas keywords de siempre: sacrificio, responsabilidad, progreso. Sería insensato plantear que no es positivo que una persona trabaje en algo que ama o disfruta de alguna manera; el problema reside en la invisibilidad y la especialización. Cualquier otro interés que pueda tenerse no debe ser más que un hobby, algo con lo que distraernos alguna que otra noche libre de la semana o los fines de semana (siempre que no tengamos nada de trabajo). Se espera una relación monogámica con el empleo, una persona no puede amar más de una cosa a la vez. Si te dedicas al marketing, escribir novelas de ciencia ficción sólo puede ser un hobby. ¿Te gusta la naturaleza, la vida al aire libre? En tus vacaciones, por favor; pero lleva el móvil, aunque sea. ¿Adoras estar con tu familia? No hay problema; puedes hacerlo mientras trabajas con la laptop.
Mientras mayor sea el grado de especialización dentro de un área -cualquiera-, mejor. Un título universitario no es suficiente; hay que especializarse. Si no lo haces, si no te capacitas como para ser un experto o por lo menos tener mayor conocimiento sobre un subconjunto de conocimientos en particular, es probable que en algún momento te cueste conseguir empleo: le darán el puesto a alguien que sí se especializó en el área. Pero, más allá del grado microscópico de expertise al que estamos llegando, nadie pone en duda la especialización en sí misma: es la base de la división del trabajo y aumenta la eficiencia. El resultado es un grado de sincronización total entre lo que queremos ser y lo que hacemos, convirtiéndonos exclusivamente en nuestro trabajo. Algunos países europeos están intentando limitar aunque sea la ubicuidad del empleo prohibiendo, por ejemplo, que los jefes envíen correos electrónicos a sus empleados (por cuestiones laborales) en horarios de descanso. A mi parecer, esto será un espejismo, un oasis en el desierto de la cultura laboral. También hay límites de horas de trabajo por semana, pero no se respetan -y si uno ama lo que hace, ¿por qué quejarse por recibir un correo fuera del horario laboral, cuando estabas viendo una película, jugando a Xbox o cocinando la cena o leyendo Planetafios?
La única posibilidad viable es crear límites personales y navegarlos lo mejor posible; cualquier solución colectiva morirá aplastada por la saciedad semántica en cuestión de horas y no servirá para nada. No hay dos elementos antagónicos (vida y trabajo) que balancear (ni importa mucho la diferencia entre “trabajo” y “empleo”). Los elementos a balancear son individuales, pero son mucho más que dos: están los deseos, los miedos (hay que tenerlos en cuenta, a no ser que seas un yogi o un emprendedor), la situación laboral personal actual y las expectativas, todo aquello que ames y disfrutes hacer (incluyendo las personas a las que amas y tus plantas y mascotas), el contexto económico global y local, tus responsabilidades (para con las personas ames y aquellas puedan depender de ti) y las posibilidades de que ocurra una invasión alienígena a escala global en los próximos años o una guerra lo suficientemente grande como para que te obligue a replantear el futuro. Quizás no puedas hacer lo que amas en este momento, quizás sí; probablemente no te arriesgues a cambiar tu vida en una apuesta radical, y no hay nada malo en eso. Quizás prefieras intentar encontrar algo intermedio: algo que no ames, algo que disfrutes, algo que no odies. Quizás ya lo hagas y puede que no sea suficiente, y quieras cambiar. O te cansaste. O quieres mantener tu empleo aunque no te guste del todo, por una serie de motivos que no le importa a nadie salvo a ti. Es probable. Lo único que importa es que elijas, uno a uno, los elementos que consideras importantes (más de dos, siempre más de dos), los pongas en una balanza y los mires mientras algunos se desintegran, otros aumentan de peso y tamaño y algunos pocos se mantienen igual; y que (no como consecuencia sino como parte del proceso) encuentres un tiempo para desconectarte de todo: de aquello que amas, de ti y, sobre todo, de tu empleo.

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21 dic 2013

La lógica de Dios

Fox News publicó un artículo de opinión llamado: Un regalo de Navidad para los ateos - cinco razones por las que Dios existe , por William Lane Craig. Por lo general no paso mucho tiempo aquí abordar las cuestiones de la fe, pero me referiré a cualquier argumento que pretenda basarse en la lógica y / o pruebas.


La fe se define a menudo como creer sin pruebas. Hebreos 11:1 es citado a menudo:
"Ahora la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."
Prefiero tomar Christopher Hitchens:
"La fe es la entrega de la mente, es la rendición de la razón, es la rendición de la única cosa que nos hace diferentes de otros animales. Es nuestra necesidad de creer y para entregar nuestro escepticismo y nuestra razón, nuestro anhelo de desprenderse de eso y poner toda nuestra confianza o fe en alguien o en algo, eso es lo siniestro a mí. ... De todas las virtudes, todas las virtudes supuesto, la fe debe ser el más sobrevalorado "
A veces los que tienen fe también buscan evidencia y la lógica para respaldar su creencia. Este es un ganar-ganar para ellos, porque si la lógica y la evidencia se encuentran querer, siempre pueden entonces recurrir a su fe. En cualquier caso - vamos a echar un vistazo a los presuntos cinco razones por las que Dios existe:
1. Dios provee la mejor explicación del origen del universo.
Este es el viejo: "Bueno, el universo no surgió de la nada", argumento. Él escribe:
... Es muy probable que el universo tuvo un comienzo absoluto. Puesto que el universo, como todo lo demás, no podría haber aparecido simplemente a existir sin una causa, debe existir una realidad trascendente más allá del tiempo y el espacio que trajo el universo a la existencia.
En realidad los físicos debatir si nuestro universo tuvo un principio. Esto no puede ser tomado como una premisa indiscutible. Stephen Hawking argumenta que nuestro universo puede ser temporalmente finito todavía sin consolidar, al igual que es espacialmente finito pero sin unir.
Incluso si aceptamos la premisa de que nuestro universo tuvo un principio, esto simplemente puede estar incrustado en una realidad más profunda física, algo que ver con las fluctuaciones cuánticas en el espacio-tiempo, o algo igualmente incomprensible.
Renunciar a la comprensión del espacio-tiempo y acaba de decir: "godidit" no es ni siquiera una respuesta.Esto crea la paradoja de regresión - bueno entonces ¿dónde vino Dios. Y si Dios es trascendente y eterno, entonces ¿por qué no la física subyacente del universo sean? Al postular un Dios en realidad no resuelve nada, y sin duda la existencia del universo no es a priori la evidencia de algo así como un Dios.
2. Dios provee la mejor explicación para la puesta a punto del universo.
El principio antrópico vez más - las leyes del universo se afinó para que sea compatible con la vida. Por supuesto que sí, porque la vida existe. Craig afirma que Dios es el "mejor explicación" para este ajuste fino:
Hay tres explicaciones en competencia de esta puesta a punto notable: la necesidad física, de azar, o de diseño. Los dos primeros son muy poco plausible, dada la independencia de las constantes y condiciones fundamentales de las leyes de la naturaleza y las desesperadas maniobras necesarias para salvar la hipótesis del azar. Eso deja el diseño como la mejor explicación.
Está siendo prematuramente desdeñoso, con el fin de favorecer injustamente su explicación preferida. No hay "maniobras desesperadas" necesarios - sin duda no más desesperados que postular un Dios. El universo puede tener las leyes que lo hace porque son necesarias, por algún principio subyacente y aún sin descubrir de la física. Puede haber muchos universos con diferentes surtidos de constantes físicas, y la vida surge sólo en los compatibles con la vida.
Si desea mantener un seguimiento, por cierto, Craig es de dos por dos con argumentos god-of-the-vacíos.
3. Dios provee la mejor explicación de los valores y deberes morales objetivos.
Este es quizás su peor argumento, ya que es totalmente circular. Ni siquiera es un argumento vacío. Él está diciendo esencialmente que existe la moralidad objetiva, porque Dios nos lo da, y la existencia de la moralidad objetiva demuestra que Dios existe. Craig no tiene en cuenta, y parece totalmente familiarizados con los fundamentos filosóficos del pensamiento ético.
El no establecer que no es algo que podamos llamar "moral objetiva." Lo más cercano que tenemos es la moral que es universal en la humanidad, pero entonces aún no tenemos excepciones individuales. En última instancia toda moralidad es subjetiva, ya que se deriva de los juicios de valor que son necesariamente humano. Sin embargo, pueden ser objetivos en que se basan en la lógica válida, cuidadosamente pensado para ser basado en una filosofía coherente, y aplicadas de manera equitativa para todos.
Entro en este tema mucho más a fondo aquí (y si usted es realmente ambicioso que puedo ahondar a través de los comentarios + 400).
4. Dios provee la mejor explicación de los hechos históricos sobre la vida de Jesús, su muerte y resurrección.
Aquí Craig realiza una afirmación fáctica dudosa - que existe un consenso entre los historiadores de los hechos básicos del Nuevo Testamento sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús. Craig no ofrece ninguna evidencia de sus afirmaciones. Por supuesto, este es un tema complejo, y una o dos referencias no se van a establecer cualquier posición.
Aquí están los problemas, sin embargo: La cuestión del Jesús histórico tiene dos partes - Jesús sí existió, y en qué medida son los eventos descritos en el Nuevo Testamento exacto. Craig confunde estas dos cosas.
No parece haber un consenso de que Jesús era probablemente una figura histórica real. Sin embargo, hay estudiosos serios que no están convencidos.
Eso, sin embargo, no es la cuestión importante para el argumento de Craig. La cosa importante es la segunda interpretación de un Jesús histórico - los aspectos sobrenaturales del Nuevo Testamento. No hay consenso entre los historiadores que los milagros del Nuevo Testamento en realidad sucedieron, en lugar de que una mitología se desarrolló alrededor de la persona de Jesús.
Una vez más, no hay una sola o pocas referencias que pueden establecer una pregunta tan grande, pero la Enciclopedia tiene una buena visión de conjunto con un montón de referencias.
5. Dios puede ser conocido y experimentado personalmente. 
Este es el razonamiento más circular - Los cristianos creen en Dios y esto ha transformado sus vidas, por lo tanto Dios existe. Este es un argumento profundamente ingenuo. La psicología humana es una explicación mucho más simple. De hecho décadas de investigaciones psicológicas han demostrado que la psicología humana básica - la necesidad de sentido, el control, la comprensión, etc, todos se prestan a la fe religiosa.
Cinco razones de Craig, en conjunto, ascienden a la afirmación de que si se toma la visión cristiana del mundo por sentado, entonces hay razones para creer en Dios. Por supuesto, si usted toma una visión materialista del mundo, Craig no ofrece más que un razonamiento circular y falacias lógicas. De hecho todavía tengo que ver un solo argumento sólido para la existencia de Dios. Todos ellos ascienden a argumentos dios-de-la-huecos o motivos circulares de un poco de variedad.
Craig entonces no puede dejar de ser un poco condescendiente, que por lo general sucede cuando los creyentes predican a los ateos:
Lo bueno es que los ateos tienden a ser personas muy apasionados y quieren creer en algo. Si sólo pondrían a un lado las consignas por un momento y volver a examinar su visión del mundo a la luz de la mejor evidencia filosófica, científica e histórica que tenemos hoy, entonces ellos también encontrarían Navidad vale la pena celebrar!
Craig dice que los ateos están sesgados por el pensamiento estrecho "slogan", cuando la evidencia y la lógica muestra claramente que su fe es la correcta. Él sólo ha demostrado, sin embargo, que él es el que está siguiendo el pensamiento estrecho y falaz.
Luego pasa a valer esencialmente la superioridad de su visión del mundo, y que esas pobres ateos empapadas podrían encontrar sentido si acaban de poner a un lado sus prejuicios.
Los no creyentes, sin embargo, no parecen tener ningún problema para encontrar la felicidad y el sentido de su visión del mundo. Estoy bastante contento de celebrar la Navidad sin fe. Esta temporada fue originalmente una fiesta pagana, que celebra el regreso de la luz, y no pertenece a los cristianos. Religiones y visiones del mundo muchos celebran la temporada.

Para mí, es acerca de la familia, los amigos, y tomarse el tiempo de nuestras vidas agitadas a considerar lo mucho que apreciamos las personas en nuestras vidas. Los seres humanos son criaturas sociales - que sobrevivir y encontrar un sentido a nuestras relaciones con los demás. El día más oscuro del año, que brille un poco de luz de amor, compañerismo, y la comunidad en cada uno-las vidas de otros. No se requiere la fe.
Neurologicablog
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21 nov 2013

Vacio existencial

Frío por todo el cuerpo. Temblores. Te levantas sobresaltado.  ¿Dónde estas? ¿Qué hora es?
El estómago encogido, vacío, pero no de hambre, de angustia tal vez, no lo sé. Es un vacío interno que te da hasta miedo. Es una sensación desagradable, de no saber cual es tu sitio. ¿Miedos? No, no sabes si ocupas un lugar en este mundo. Te sientes único y que todo gira a tu alrededor, con su rutina, preocupaciones, sus quehaceres diarios y tú,  parado, viendo cómo todo corre alrededor tuyo como si de una película a cámara rápida fuese.
No tienes noción del tiempo, ¿qué tiempo? Ya he perdido la noción, y ese vacío en el estómago, que recorre todo tus músculos sin excepción, invadiéndote… Una sensación de desasosiego, de frío, de soledad.
¿Dónde estoy? Te vuelves a preocupar. Es como si te hubieses despertado  de una pesadilla, pero no te has despertado en el sitio correcto, algo se ha quedado atrapado, esa sensación de frío…
¡Dios mio, no me abandona, ese vacío no me deja!
Logro mirar hacia mi interior y no veo nada… Después de una vida estoy en este punto concreto, esperando el no se qué para agarrarme, al no se cómo. ¿Qué es? ¿Qué busco?
Esa sensación no me abandona.  Es de día, es de noche. No estoy aquí donde se encuentra mi otra parte. Hay algo de mi atrapado en algún sitio y no vuelve, o quizás no quiere volver…
Tengo frío. Estoy solo. Esta sensación de vacío,… ¿Soy yo el qué escribe? ¿Quién es?
No siento nada, sólo frío que sale de dentro y no viene de fuera… Es como si presintiera que algo va a ocurrir y todo mi ser me está abandonando.
¿Acaso es esto el famoso vacío existencial?
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15 ago 2013

la creencia es el prozac del alma

La vigilia es considerada como la realidad -y el sueño como la ilusión– fundamentalmente porque creemos en ella; pero quizás el sueño al acercarse más a lo atemporal y entrando en contacto directamente con el inconsciente podría considerarse como una experiencia con mayor riqueza informativa y perceptual, por lo tanto más “real”.


Cuando dormimos, el control que el ego tiene sobre nosotros se relaja y aunque estamos removidos del contacto directo con la realidad física, estamos mucho más cerca de una experiencia sin filtro de la realidad psíquica. Es bastante simétrica (y solo aparentemente paradójica), porque la manera de entender la naturaleza de la experiencia egóica de la vigilia es utilizando la metáfora del sueño. En nuestra vida ordinaria durante la vigilia somos sonámbulos interactuando con las imágenes subliminales de nuestro inconsciente (el pasado), incorrectamente identificando lo que percibimos como “real” en el presente.
Pero no hay un momento presente aparte de aquella intersección infinitesimal entre el pasado y el futuro, ambos de los cuales, como lo escribe Jed McKenna, tienen el encanto peculiar del no-existir. El ego mantiene nuestra consciencia atada al tiempo, y si el tiempo es una ilusión, entonces todo lo demás lo es también, porque nada puede existir sin el fondo del tiempo-espacio para existir dentro de él.
En los sueños, el tiempo no fluye de una manera lineal, estamos más cerca de la (no) existencia líquida de la psique. Sin embargo, ya que estamos interactuando en forma más directa con los contenidos de nuestro inconsciente, estamos más cerca de la verdadera conciencia y por lo tanto de la realidad.
El ego se ve a sí mismo como representando a la conciencia y la psique como estando inconsciente. Es un prejuicio sin fundamento, una creencia que provee sus propias pruebas, pruebas que le parecen irrefutables.
Ese prejuicio entonces también invierte lo real e irreal, ya que se tiene que ver a sí mismo como real, entonces se otorga a sí mismo el falso poder de definir la realidad (lo que es real e irreal).
Todo lo que no sea “Estoy percibiendo algo” es una creencia. Todo. No podemos saber nada más allá de esto.
La creencia tienen la cualidad especial de reducir la consciencia: mientras más invirtamos en la creencia, nos volvemos más tontos y menos sensibles.
El estado del sueño es uno de incertidumbre en el que cualquier cosa es posible y nada es cierto. Esto lo hace más cercano a la realidad que el estado de vigilia.
El tener una experiencia de “abducción”, o cualquier otro tipo de encuentro trascendental, bueno, malo o indiferente, y tratar de entenderlo como “real” es ir en la dirección contraria a la que la psique (el alma), a través de esas experiencias, trata de llevarnos.
La creencia es el Prozac del alma.
Twitter del autor: @JaKephas

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28 jul 2013

¿Cuál es el Propósito de la Vida? (replanteando la pregunta)

Más allá de la filosofía establecida o de la sola búsqueda personal, la búsqueda del sentido de la vida y el propósito de la existencia parece estar inscrita en nuestros códigos más propios..

“El objetivo es equilibrar el terror de estar vivo con la maravilla de estar vivo”
- Carlos Castaneda
Recuerdo el primer momento en el que me hice la pregunta: “¿A qué vine a ésta vida?”, ya sea por diferentes factores o a la edad a la que permitamos que nos inunde ésta cuestión existencial, para mi, creo fue el instante en el que apague el piloto automático de mi conciencia y comenzó una nueva empresa de cuestionamiento e investigación.
¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de la existencia? Con el fin de averiguar las respuestas a estas preguntas filosóficas, nos preguntamos incluso preguntas más complicadas: ¿Cuál es el significado de la muerte? ¿Qué pasará cuando ya no esté aquí? ¿Cuál es el propósito de mi no-existencia?
Al principio me fue muy fácil llegar a una conclusión sintética y sin profundidad: “Venimos a ésta vida a: 1. Aprender. 2. Crear. 3. Conectar (Amar).” Pero con el tiempo he descubierto lo corta que estaba ésta respuesta y que existe un abismo de complejidad para contestar estas preguntas.
La evolución y la ciencia nos han enseñado que los seres vivos no tenemos ni plan, ni propósito, excepto la supervivencia, sin dirección y sin gloria. Los seres humanos vivimos en un universo que no se preocupa por nosotros, nuestras mentes son simplemente masas de carne, y no existe un plan divino para guiarnos. En un universo de fuerzas físicas abrumantes y replicación genética, algunas personas saldrán perjudicadas, otras personas beneficiadas, y no encontraremos ni rima ni razón para ello, y mucho menos justicia. El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que esperaríamos que existan: no tiene diseño, no tiene objetivo, no hay mal, ni bien, nada más que una indiferencia ciega y despiadada.
Por otro lado, hace más de cien años, el descubrimiento de la física cuántica distorsiono aún más el sentido que le damos a nuestra existencia. La concepción del universo y la vida fue aventada al caos, con la constatación de que, en la micro-escala, existen diferentes fuerzas que rebasan nuestro entendimiento. Gracias a la mecánica cuántica, ahora sabemos que la materia toma las propiedades de partículas y ondas. Es más, gracias a Heisenberg y Schrödinger, nunca podemos estar seguros del momento o posición de una partícula, ni podemos estar seguros sobre el estado de un objeto cuando no está siendo observado. En otras palabras, el universo – por lo menos en una cierta escala – parece ser completamente difuso y nebuloso. Posiblemente azaroso.
En cuanto a nuestra concepción de la vida en términos cognitivos, los humanos somos el único ser vivo del planeta que es conciente de su muerte eventual. Ernest Becker, ganador del premio Pullitzer por su libro “The Denial of Death” habla de las tres ilusiones que todos divisamos en algún momento para lidiar con nuestro miedo a la muerte: 1. La solución religiosa, en la que nuestra alma es eterna. 2. La solución romántica, en la que deidificamos al amor por nuestras parejas y las convertimos en nuestras salvadoras personales. 3. La solución creativa, que es cuando intentamos dejar un legado de creación/arte que pueda trascender la vida por nosotros. Pero cuando nos encontramos que todas estas soluciones son impermanentes, regresamos a nuestros cuestionamientos filosóficos de la existencia y conforme avanza la búsqueda resulta cada vez más difícil establecer un vínculo entre las teorías que dicta la ciencia y nuestros sistemas de creencia.
De acuerdo con los principios del aprendizaje del cerebro/mente de Geoffrey Caine, la búsqueda de significado es innata. En la práctica, esto significa que todo el mundo tiende a filtrar su propia perspectiva, organizar la información con la experiencia, y hacer preguntas de acuerdo a lo que les interesa o les preocupa. Y en un nivel más profundo, existe un hambre de significado y propósito (como lo expresaron Frankl, 2006 y Hillman, 1996). El cerebro no sólo quiere dar sentido a lo que aprende, sino que también quiere saber que el aprendizaje tiene un propósito y un valor.
Por otro lado, nuestros cerebros están programados para buscar sentido a través de la identificación de patrones. Por ejemplo, algunas personas perciben caras en las nubes o ven a Jesús en una sombra o a la Virgen María en un sándwich. Del mismo modo, los teóricos de las conspiraciones tienden a identificar patrones y creen que esos patrones tienen gran relevancia. La experiencia de ver patrones significativos o conexiones de datos al azar y sin sentido se llama apofénia. Es la percepción de patrones y conexiones donde quizá no las hay.
De acuerdo con Michael Shermer, editor de la revista Skeptic Magazine nuestro cerebro y el sistema nervioso constituyen una máquina generadora de sistemas de creencia que tiende a unir los puntos de nuestro mundo en patrones significativos que explican por qué las cosas suceden. Debido a que nuestros cerebros no son tan simples como pensamos que son y porque somos básicamente “primates evolucionados en búsqueda de patrones” que tienden a dar mayor significado a todos los aspectos que hilamos en nuestras experiencias, esto nos mantiene buscando el sentido de la vida.
Si enfrentamos la cruda verdad que promueve la ciencia. La vida no tiene sentido. Cada uno de nosotros le da un significado y un diferente propósito. “Es un desperdicio hacernos la pregunta, cuando nosotros somos la respuesta,” dice Joseph Campbell.
Concuerdo bastante con Graham Hancock, escritor británico mejor conocido por la TED Talk que resultó censurada, cuando explica que podemos entender el propósito de la existencia a partir de nuestra conciencia, al entenderla como una fuerza fundamental del universo, como la gravedad, la electricidad, etc, que ha utilizado a la evolución como vehículo para manifestarse de forma física, en forma humana, toda la biosfera ha apoyado a la oportunidad de la experiencia humana para adquirir un conocimiento y crecimiento espiritual, un perfeccionamiento del alma. Después de 4 mil millones de años hemos logrado realizar una distinción clara entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Si queremos entender realmente el propósito de nuestra existencia y superar algunas de las fuentes de mayor sufrimiento y duraderas de los conflictos en nuestro mundo, tenemos que empezar a pensar en todo el espectro de la experiencia humana a través del contexto del espíritu del cual nos ha intentado disociar la cultura y la ciencia, como dice Sallie Nichols “el diablo confunde porque está confundido”
Algunos hemos tenido la oportunidad de comprobar empíricamente la existencia de una dimensión espiritual en nuestro ser, que se puede descubrir accediendo al universo metafísico que existe en nuestra mente a través de tecnologías como la meditación o los enteógenos. A partir de éste tipo de experiencias se disuelve el ego de tal forma que podamos comprender la unidad/relación que existe en un cuerpo humano que es un universo de átomos y el mismo cuerpo que es un átomo en el universo, como bien dijo Richard Feynman. Con el fin de escapar de la complejidad de las cuestiones existenciales, debemos empezar a realizarnos las preguntas que nos regresen el sentido de heroísmo cósmico personal:
¿Qué sentido le doy a mi vida?
¿Cuál es el propósito de mi vida?
¿Qué es lo más importante para mí?
Dar respuesta a éstas preguntas resulta mucho más simple, y las consecuencias de las resoluciones difuminan las limitantes para visualizar el significado que podemos encontrar cuando eliminamos los miedos, entendemos el presente y expandimos nuestro span de atención, sólo ahí comprenderemos de manera integral lo que Jodorowsky dijo mejor que nadie: “La muerte es un ilusión del ego individual. El universo es eterno. De una u otra forma, existirás siempre”.

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