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23 abr 2015

¿Existen los milagros? EL EMERGENTISMO.


Érase una vez, cuando aún no existía ningún cuando y en algún lugar que no estaba en ningún sitio, había un punto y un instante de pura (?) ENERGÍA al que le dio por expandirse (¡Así: bang!). En cuanto comenzó esa expansión pasaron cosas aún más extrañas. Por ejemplo, esa energía adoptó en seguida distintas FORMAS y fueron apareciendo, así, las "cosas materiales" (partículas, átomos, galaxias, planetas...). A la vez, esas cosas se relacionaban entre sí de distintas FORMAS (se atraían o repelían según distintas fuerzas: la gravitatoria, la nuclear, la electromagnética...). Pero, al mismo tiempo, todo esto que os cuento siempre ocurría de la misma FORMA, es decir, según regularidades o leyes físico-matemáticas, estables y omnipresentes (las leyes de la naturaleza)... Vamos, que de lo que era un principio único -la energía- surgió lo múltiple -cosas, fuerzas, leyes-. O, en otro sentido, que dónde sólo había energía (algo "indefinido") al instante surgió la forma: la forma de las cosas, la forma en que estas se relacionaban (las fuerzas) y la forma o estructura que regulaba su comportamiento -las leyes-. ¿Raro, eh?...

Pero no acaba aquí la historia. Hasta entonces todo era materia inorgánica (no viva). Pero de pronto ocurrió algo increíble. En alguno de esos planetas algunos trozos de materia se volvieron tan complicados que dieron lugar a algo nuevo e impredecible: ¡la vida!...Es decir: que de la forma o estructura de la materia inorgánica brotó una forma nueva de organizarse esta misma materia, una forma con propiedades nuevas: la autorregulación, la autorreproducción, etc.; esto es: la materia ¡cobró vida!... ¿No es como un milagro?  

Y el cuento sigue. Estos seres vivos, al principio muy simples, dieron lugar, con el correr del tiempo y la evolución, a animales sociales con cerebros tan complejos como para ser capaces de generar sistemas simbólicos (lenguajes) y contar cuentos (perdón, teorías y saberes) como el que les acabo de contar muy resumidamente... Es decir, surgieron esas estructuras o formas tan complejas de organizar la información que son las representaciones mentales (ideas, pensamientos...) y, a partir de ellas, las estructuras simbólicas que llamamos teorías (matemáticas, físicas, filosóficas, etc.), teorías que, a su vez, pretenden reflejar la forma de comportarse de la realidad...Más raro todavía, ¿no?...

¿Les ha gustado el cuento? Se los resumo: al principio eran la energía y la materia (con sus fuerzas y sus leyes); de allí surgió la vida; y de la vida surgieron el cerebro, el lenguaje, la cultura; y de allí las ideas, saberes y teorías con las que explicamos todo el proceso... O lo que es lo mismo: al principio era la energía (una sola realidad), pero de ella fueron surgiendo, gradualmente, realidades distintas en función de la forma, cada vez más compleja, que fue adoptando esta energía... ¡¿No es extraordinario?!.. Estas cosas nuevas, además, tenían propiedades nuevas. La energía era pura extensión en movimiento; pero la forma de las cosas o las fuerzas, y no digamos de las leyes, eran algo mucho más inextenso y estable (las leyes no cambian ni se mueven, no tienen extensión espacial; las fuerzas de la naturaleza son, también, siempre las mismas, y bastante invisibles; y la forma o estructura que presta identidad a las cosas parece difícil de concebir como algo variable o corpóreo)... ¿Y qué decir de los seres vivos? Estos cuentan con una forma de ser mucho más compleja, que les hace ser idénticos a sí mismos a la vez que cambian para adaptarse a las transformaciones del medio... ¿Y los pensamientos y otras representaciones mentales? Estos no solo tienen una forma estable (que los distingue unos de otros), sino también una existencia aparentemente inmaterial, de forma similar a las teorías, es decir, a las cosas que decimos, que son también increíblemente incorpóreas e invisibles... 

Por cierto, a esta teoría se la conoce como EMERGENTISMO. Sostiene que a partir de cierto grado de complejidad en la relación entre cosas de un determinado tipo pueden “emerger” cosas de otro tipo distinto (con otra forma) y con propiedades distintas. Así, de la relación compleja entre cosas materiales emergen los seres vivos; y de la relación entre seres vivos y entre neuronas emergen las representaciones mentales y las propias teorías científicas, matemáticas, etc... ¿Fuerte, eh? (Parece como lo de convertir el agua en vino, pero ¡a lo grande!)...

El emergentismo es una teoría ontológica complicada. Es inmanentista, por que afirma que todo, en el fondo (o en el origen), arranca de una realidad de carácter espacio temporal (extensa, cambiante), como es la energía, o la materia. Pero, a la vez, admite la existencia de otro tipo de realidad, no estrictamente material, sino formal, con características muy diferentes a la de la materia (inextensa, incorpórea, invariable en el tiempo). Pero eso sí, estas realidades formales --afirma-- EMERGEN de la materia, aunque sean DIFERENTES de ella. Por eso decimos que, en cierto modo, el emergentismo es una teoría DUALISTA (existen dos tipos de realidad en la Realidad), aunque no de un dualismo "simétrico": la realidad fundamental (de "donde" emerge la "otra") es la materia, lo inmanente, lo espacio temporal... 



¿Les convence el emergentismo? Intentad responder estas preguntas:
1. Dejando aparte el delicado asunto de cómo de un sola sustancia (energía) surgen tantas cosas y fuerzas distintas (o de cómo o por qué esa energía comienza a expandirse): ¿Podrías explicar cómo de lo que no está vivo (la materia) surge lo vivo? ¿O cómo de lo concreto y temporal (como un cerebro) emerge la idea (nada concreta ni temporal) del teorema de Pitágoras?
2. Si las teorías matemáticas o físicas surgen al final del proceso: ¿querrá eso decir que al principio la realidad carecía de propiedades matemáticas o leyes físicas? Antes de que apareciera Pitágoras: ¿no existía una cierta relación racional entre los lados de ciertos triángulos? ¿No había leyes físicas y matemáticas determinando el comportamiento de la naturaleza? ¿O es, sencillamente, que tales leyes aún no se habían descubierto?
3. Si la teoría emergentista fuese cierta, la física y la química serían el fundamento de la biología, la biología el fundamento de la sociología, la neurología y la psicología; y todas estas ciencias serían a su vez el fundamento de la matemática y la lógica? ¿Puede esto ser lógicamentecierto?
4. Es, en general, admisible (desde un punto de vista lógico) suponer que la Realidad contiene dos tipos diferentes de realidad. Y, de otro lado, si estas dos realidades (la materia y la forma, los hechos y las leyes, los cuerpos y las mentes, los objetos y las teorías...) fueran realmente diferentes, ¿podrían relacionarse de alguna manera, tal como parece que se relacionan?
 

3 mar 2015

¿Qué es la vida?



BIOLOGÍA

Este interesante y didáctico video plantea una de las preguntas fundamentales no sólo de la biología sino de toda la ciencia en general ¿Qué es la vida y donde están sus límites?



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23 feb 2015

El sentido de la vida

  ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897) de Paul Gauguin  

A la pregunta «qué significado, propósito o dirección tiene mi vida», podemos responder de varias maneras, algunas más metafísicas que otras, todas ellas adecuadas hasta cierto punto según el nivel epistemológico en el que sean planteadas, pero si hay alguna respuesta más universal y consensuada que otra, pienso que es esta: lo que le otorga más sentido a nuestra vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, es cuidar de la familia, y por ende de nosotros mismos. Tal vez sea una tautología limitarse a decir que el objetivo de la vida es proteger la propia Vida -nuestros seres queridos, en primer lugar-, la autoconservación, etcétera, pero algo de útil y cierto parece haber en ese a priori moral, biofílico y vitalista. Uno puede consolarse con muchas cosas al mismo tiempo o a falta de las demás (la justicia, la filosofía, la ciencia, la religión, el trabajo, el éxito social, el sexo, etc.), pero con dificultad hallará diariamente mayor consuelo existencial que el grupo familiar, entendido en su sentido más amplio y no meramente genético. Por muchas teorías razonables que tengamos, ora naturalistas, ora idealistas, o una combinación de ambas, seguiremos sin saber a ciencia cierta por qué vivimos, por qué existimos, por qué la gravedad, por qué la entropía, es decir, por qué el ser y no la nada -puede que ni siquiera sepamos si es posible saber una cosa así-, pero al menos en la práctica sí sabemos y sentimos claramente una cosa: si morimos hoy, o si por cualquier otro motivo no estamos presentes, ¿quién cuidará de nuestros hijos pequeños, quién ayudará a nuestra anciana madre, quién acompañará a nuestros compañeros y compañeras? Puede que alguien, pero no nosotros, y eso nos angustia, como si faltásemos a un deber ancestral, que no por cotidiano o evidente deja de ser trascendental para nosotros, aunque nunca lleguemos a saber muy bien por qué, aunque la respuesta definitiva no exista más que en nuestra imaginación
Encontramos que el ser humano, un animal adaptado a la vida social, donde cada acción de los compañeros de grupo supone un acontecimiento de importancia a valorar y prever, un animal que se ha seleccionado con una enorme habilidad para dar sentido e intención a toda acción, acaba tratando de dar sentido e intención a casi todo lo que le rodea. En muchos casos lo hace con gran éxito, previendo el comportamiento de enemigos y congéneres, por ejemplo, en otros con un resultado biológicamente inútil, como es el caso del que atribuye intencionalidad al sistema operativo de su ordenador, o el que baila para que la lluvia perdone sus malos actos y pueda salvarse la cosecha. De entre todos los errores a los que este sistema puede llegar, sin duda el más interesante es aquel que nos obliga a formular preguntas carentes de respuesta, cuando tratamos de atribuir un sentido, una finalidad o una intención a algo con lo que no podemos interactuar en ningún modo, cuando consciente o inconscientemente tratamos de asignar una intención a un concepto tan abstracto como es la vida, nuestra mente queda en un callejón sin salida, planteamos una pregunta imposible, la respuesta no existe por el simple hecho de ser una pregunta sin sentido, mal formulada.
Antonio José Osuna Mascaró, El error del pavo inglés, .

Lo más importante quizá no sea tanto qué es la Verdad y poseerla sino cómo la buscamos y cómo influye en la práctica eso que creemos que es verdad, es decir, más que la creencia en sí misma, la creencia en la creencia, las formas, los resultados, etc. Más que cuál es el sentido de la vida, que también, lo interesante es cómo encontrar respuestas parciales y cuáles son las consecuencias prácticas de cada una de ellas. O como diría Wagensberg, "a más cómo, menos por qué". ¿Existe la vida después de la muerte? Yo creo que no, al menos no como vida consciente, y para ello podemos dar algunas razones empíricas (ej. no conocemos casos de consciencia sin cerebro, es decir, no podemos estar seguros de que algo -un muerto, un espíritu- que no es ni se comporta como lo haríamos nosotros -caminar, hablar, tocar, etc.- sea realmente como nosotros y ni siquiera si es algo en algún sentido), pero más importante que enfrascarse en preguntas tan alejadas de lo cotidiano y tan propensas a la especulación tal vez sea averiguar qué comportamientos se derivan dependiendo de si respondemos afirmativa o negativamente a esa pregunta, y compararlos no tanto por su verdad última como por su utilidad social e individual.


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20 mar 2014

¿Deseamos vivir más de cien años?


Me pregunto cuanto se habrá escrito sobre el tema de la longevidad en nuestra especie. Esta es una de nuestras grandes preocupaciones. Y no me parece que interese tanto el número de años que podamos vivir, como la posibilidad de hacerlo en condiciones óptimas. Me refiero claro al famoso mito de la eterna juventud.
Para empezar, me gustaría escribir sobre un error muy común acerca del concepto de longevidad. Este término no es equivalente a la variable demográfica conocida como esperanza de vida. Esta última se utiliza para conocer el promedio de años que podrán vivir los individuos de una población que tengan la misma edad. Por ejemplo, la esperanza de vida al nacimiento o la esperanza de vida a los 10 ó los 50 años tendrán valores muy diferentes, que no tienen nada que ver con la longevidad de la especie. Si hablamos de épocas en las que no se conocían las vacunas o en las que la calidad de vida de la mayoría de la población era mala o muy mala, la esperanza de vida al nacimiento no sería mayor de 15 años. En esas épocas podía fallecer al menos el 50 por ciento de los niños antes de alcanzar los diez años, por lo que el promedio de la esperanza de vida al nacimiento era muy bajo. La esperanza de vida a los diez años era mayor, porque los niños que superaban esa edad ya estaban totalmente inmunizados. Sin embargo, la calidad de vida hacía que la curva de la esperanza de vida disminuyese de manera dramática a partir de los 30 años.
En la actualidad, los países con un nivel de renta elevado tienen una esperanza de vida al nacimiento muy elevada. La mayoría de los recién nacidos salen adelante sin mayores problemas. Otra cuestión es su longevidad. ¿Cuántos años podemos llegar a vivir en estos países? Es evidente que cada vez alcanzamos edades más elevadas, porque los países desarrollados disponen de magníficos profesionales relacionados con la salud, hospitales generalmente bien equipados, etc. Sin embargo, aquellos lectores y lectoras que hayan superado los 50 años saben de sobra que a partir de esa edad empezamos a tener problemillas de salud, que se van acrecentando a medida que cumplimos años. Cuando no es la tensión o el colesterol nos explican que padecemos algo de artrosis, o la próstata empieza a dar la lata. Sencillamente, estamos envejeciendo y vamos poniendo parches con medicamentos, intervenciones quirúrgicas, siguiendo una dieta adecuada, evitando los excesos, etc, etc, etc.
En los bosques tropicales de África, allí donde todavía pueden vivir los chimpancés en libertad, es difícil encontrar individuos que hayan cumplido 40 ó 45 años. Raro es el chimpancé que llega al medio centenar de años. A esa edad todos han fallecido. Su ciclo vital se ha terminado. Los humanos nos desarrollamos con mayor lentitud que los chimpancés. Alcanzamos la edad adulta hacia los 18-20 años, cuando nuestro cuerpo deja de crecer. El cerebro sigue todavía en desarrollo, pero esa es otra cuestión. Los chimpancés son los primates más próximos a nosotros y por ese motivo son la mejor referencia que tenemos. Los humanos alcanzamos la edad reproductora y adulta solo unos pocos años más tarde que ellos, mientras que nuestro patrón de envejecimiento es similar. En otras palabras, cuando nuestra especie solo conocía los medicamentos naturales, la probabilidad de superar los 50 años era muy baja. La longevidad natural de nuestra especie podría tener un límite máximo de 60 años.
No obstante, en la actualidad se conocen ejemplos de personas centenarias, que aparentemente han llegado a esas edades sin la intervención de la tecnología. Casi es anecdótico que los medios de comunicación nos cuenten que determinada persona ha fallecido a los 120 años o que algunos grupos humanos tengan un longevidad particularmente elevada. Pero esos casos son reales. Somos una especie cosmopolita con màs de 7.000 millones de individuos, que vive en todas las latitudes y hasta determinada altitud. Esta singularidad ha favorecido que el estilo de vida o el lugar de nacimiento permitan longevidades extremas de forma natural. Se trata de casos excepcionales que, sin embargo, no contradicen la ley general que gobierna nuestro ciclo vital. A partir de los 50 años somos cada vez más vulnerables y vamos perdiendo poco a poco nuestras capacidades, que generalmente se pierden definitivamente cuando llegamos a ser octogenarios o nonagenarios.
Hemos conseguido prolongar nuestra vida en los países desarrollados y lo estàn consiguiendo aquellos paìses en vìa de desarrollo, pero seguimos sin alcanzar el mito de la eterna juventud. He preguntado a muchas personas sobre la posibilidad de vivir muchos más años, pero en las condiciones de senescencia que tenemos en la actualidad. Casi nadie desea prolongar su vida durante decenas de años sin la vitalidad y las capacidades que todos quisiéramos conservar de manera permanente. De momento, este es nuestro ciclo vital. La ciencia tiene la palabra sobre la posibilidad de cambiarlo.
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7 mar 2014

La Vida: Suma de Decisiones

Como debemos de actuar, que compartimientos son los adecuados, existe el bien y el mal? Sea cual sea nuestra opinión tenemos que decidir qué hacer en cada una de las circunstancias que afrontamos, si tomamos en cuenta lo ético lo moral, lo lógico, lo racional, pensar con el corazón o con la cabeza, o no hacerle mente a las cosas como recomiendan algunos, de lo que ninguno nos libramos es de las consecuencias y ante las consecuencias hay que tomar nuevas decisiones que traerán nuevas repercusiones. Suma de decisiones o no, que creen?


Sucesión de escenas inexplicables y sin intermedios: Que causan dolor

Creo que la mejor parte es el titulo… mas que un titulo, creo es una justificacón a este “poema” escrito en verso pero sin rima y con un sentido muy propio de mis frustraciones, creo que algùn día lo podre redefinir mejor, ahi se los dejo.

  Salvador Dali... La tentación de San Antonio  
Sucesión de escenas inexplicables
y sin intermedios: Que causan dolor

Lloro niños, consuelo viejos y no alcanzo oír al indígena hablar…
ignoro lo que es democracia
y soy experto oidor del doble discurso!
mientras mi vecino tose en mi espalda
Los que no son castigados con el olvido
lo son por alzar la voz y reclamar él porque,
de repartir el queque y no darle tajada al cumpleañero!
mientras un niño, se rasca los granos
única herencia que dejo su padre antes de marchar
… padre que ya olvido sacarse sus petrificadas lagañas.
Y en un inexistente asilo,
un corazón extraño, trata vivificar un viejo corazón…
oh corazón viejo que extraña a los que vivían en ese viejo corazón!
Como “asegurarles” paz, si no hay acuerdos?
Como “cuidare” el pan de sus hijos, si no hay tratados?
Para que putas quiero a mi madre, si no la puedo vender?
no me puedo comprar acaso otra más barata?
si es que quiero tener una…
pregunta y respuesta única.
así como el sigiloso chorotega
no ve inconveniente en el verdor del manglar
yo no encuentro consuelo en la sombra de las montañas grises
ni regocijo ni frescura de los lagos de fondo sin piedra
duermo bajo la soledad…y desvelo sobre el sufrimiento ajeno
porque el reloj del habré, trabo la segundera en el intestino del niño
que ahora no rasca, sino que come sus granos
duermo bajo la soledad…y sueño sobre el sufrimiento ajeno
porque en el manojo de opciones de la desigualdad
no hay llaves para renovar las esperanzas sementadas de las uñas del obrero
duermo bajo la soledad…y grito sobre el sufrimiento ajeno
porque comprendo que el callo del indígena no está en su voz
sino, en el falso sigiló de nuestros oídos
que consuelo va encontrar el corazón del viejo?
si lo lloro de niño
nadie se lo explico de joven y lo quiso que olvidar de grande!
y ahora después de viejo lo comprendió…


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12 ago 2013

Males necesarios

  El mal necesario no es fácil de aceptar. De hecho, nos golpea como un mazazo no sólo por inesperado sino,
  en tantas ocasiones, por paradójico también, por aparentemente incomprensible. 

A menudo uno se pregunta, sobre todo ante circunstancias adversas de la vida, el por qué tanto sufrimiento. A ninguno nos gusta padecer conflictos, ni desilusiones, ni frustraciones, desconsuelos o abandonos, pero ahí siguen, todos ellos, acompañando y velando nuestro camino por este mundo.

Tenemos a veces la sensación de que siempre pasa algo, de que nunca tenemos la felicidad plena que nos gustaría, aunque la realidad es que el tipo de felicidad en el que pensamos a veces no es más que una quimera. En algunos periodos, más prolongados en el tiempo o menos, tenemos como mucho la sensación de haber llegado a una calma, a una estabilidad, a algo que, sin duda, podría ser lo más parecido a cierta idea de la felicidad. Pero justo en esas épocas es cuando, al llegar un revés, nos sacude con más fuerza, precisamente porque no lo esperábamos. Tendemos a confiarnos, a pensar que las situaciones son estables, incluso inamovibles y una y otra vez descubrimos que nada es estable en este mundo más allá de la propia inestabilidad. Esos golpes no los puedes prever porque, ni todas las situaciones son “anticipables”, ni quien te los va a dar sabe que tiene, quizá, la intención de hacerlo. Por eso son los que mayor grado de desequilibrio producen. Ahí, justo ahí, es donde principalmente aparecen las preguntas. Y donde, tantas veces, nos faltan las respuestas. Pero la incógnita y la incertidumbre no duran para siempre.

La cuestión es bien sencilla en su planteamiento. ¿Por qué tanto sufrimiento cuando, aparentemente y según nuestra finita mente, bien podría evitarse si todos pusiéramos un poquito de nuestra parte? ¿Por qué razón, para aprender ciertas lecciones en esta vida, hemos de estar siempre sujetos a los avatares y mareas que nos traen la existencia, las pérdidas, las relaciones, los intentos fallidos…? ¿Por qué es que tenemos tantas veces la sensación de que nos pasa lo peor en el peor momento sin aparente explicación que traiga un poco de calma a una situación de tormento? Como réplica, el silencio a veces se prolonga en lugar de una respuesta clara y audible, aunque no tardamos en darnos cuenta, a veces aún en ese silencio, de que la respuesta está de camino o, simplemente, delante de nuestras narices, aunque no siempre la sepamos ver.

Dedicamos mucho tiempo de nuestra vida a luchar contra males necesarios. Es decir, con situaciones que, sin ser las que nos agradarían o las que querríamos vivir, son la puerta necesaria para poder acceder a nuevas calzadas, mucho más amplias, espaciosas, luminosas y, en definitiva, saludables, enriquecedoras y de refresco espiritual para nosotros. Pensamos que lo que nos sucede es lo peor que puede pasarnos, y en ocasiones, sin duda, lo que nos ocurre es terrible. Nos destroza, nos hace pedazos, nos deja por un tiempo postrados y aparentemente incapacitados… para, de repente, empezar a comprender que, si bien lo sucedido puede ser una desgracia, quizá es esa misma tragedia la que nos protege de males mayores y nos lleva a riquezas espirituales de incalculable precio.

Esto es algo muy difícil de ver, más aún cuando uno está en pleno ojo del huracán. Pero es importante en esos momentos tener los ojos bien abiertos, porque el Señor, junto a la crisis, nos muestra la oportunidad, aunque sea velada. La muestra a SU tiempo, EL tiempo en mayúsculas. Y entonces, cuando verdaderamente estamos a la espera y a la escucha de lo que Él tiene que mostrarnos frente a tales situaciones, descubrimos cosas que no pensábamos que estaban ahí, aguardando para poder ser manifiestas y puestas a la luz para que podamos verlas.

Lo que se nos manifiesta en esos momentos de dolor, sí, pero de cierto grado de iluminación también, es algo más que la presencia del Señor en la crisis, que ya de por sí no es poco. Ésta es inapelable y probablemente la mayor en importancia por todas las implicaciones que tiene. Pero no es la única manifestación que encontramos. En esa gracia permanente de la que nuestro Dios hace gala descubrimos, si estamos abiertos a lo que Él tiene que mostrarnos, que las situaciones a las que nos aferrábamos eran más estables, más cómodas, más “políticamente correctas” incluso, pero no mejores de cara a Sus propósitos para nosotros o para los que nos rodean.

Lo mejor no es siempre lo que nosotros intuimos o creemos. Lo realmente beneficioso para nosotros es lo que nos acerca a nuestro Señor. SIEMPRE. Aunque para ello, como terminamos descubriendo, hayan de apartarse otras piedras y tropiezos del camino porque nos estorban, nos consumen, nos entorpecen en lo que realmente ha de ser nuestro principio y fin: dar gloria a Dios por encima de todo, incluyendo la situación de comodidad de la que pudiéramos partir. Ese es el mal necesario por excelencia probablemente, el que Dios permite PARA QUE nuestra vida vaya más encaminada hacia SU propósito, que queda muchas veces bien lejos del nuestro. Cuestión de prioridades, entonces. Sólo prioridades. Él no comparte Su gloria con nadie y lo que es de tropiezo en nuestras vidas, si Él lo considera oportuno, puede retirarlo de nuestro camino, aunque por ello y para ello tengamos que sufrir un tiempo.

El mal necesario no es fácil de aceptar. De hecho, nos golpea como un mazazo no sólo por inesperado sino, en tantas ocasiones, por paradójico también, por aparentemente incomprensible y alejado de lo que nosotros pensábamos que eran los planes de Dios.Pero en Sus planes siempre cabe la prueba y con ella nos moldea hasta hacer de nosotros lo que realmente hemos de ser: vasijas probadas y pasadas por fuego para reflejar verdaderamente Su obra y no lo que nosotros quisiéramos ser o manifestar. La dureza de corazón del hombre ha hecho que esto haya de ser así y pudiéramos tener a veces la sensación, bien alejada de la realidad por otra parte, de que Dios se contradice. Pero no es así. Es, de nuevo, una cuestión de prioridades. El Señor da y el Señor quita (sea Su nombre bendito, como decía Job tan sabiamente) porque esto responde a Su principal objetivo: formarnos para poder darle a Él toda la gloria que merece, aún en la adversidad. Cuando las circunstancias que nos rodean, por muy aparentemente buenas que sean, no le honran en la medida que deben, Él puede decidir que esas circunstancias cambien y que nosotros hayamos de cambiar también con ellas. Puede estar el origen en nosotros o no, pero en cualquier caso, lo que Dios opera en unos y en otros repercute recíprocamente, ya que nos relacionamos y nos influimos mutuamente también.

Pero el cambio necesario, no me malentiendan, no viene siempre porque haya una situación de deshonra de Su nombre. Él no obra como nos mereceríamos y no todo lo que sucede es como consecuencia de nuestro pecado particular. Simplemente (aunque la cuestión no sea para nada sencilla), el Señor tiene preparado, para nosotros o para otros, un bien mucho mayor que el que perdemos cuando nos llega un mal necesario. Lo cual no resta, por cierto, ni una pizca del dolor que se siente atravesándolo. Pero sabemos que el propósito es muchísimo mayor que nosotros mismos y eso, en sí mismo, se constituye en una cierta forma de consuelo.

Esto nos cuesta verlo porque a los seres humanos nos falta la perspectiva del tiempo. En ella, cuando podemos poner distancia por el paso de los años y de los acontecimientos, descubrimos que, efectivamente, las cosas que nos sucedían apuntaban, de forma inexplicable, hacia un mismo lugar. Y en ese lugar, en ese punto justo, descubrimos bendiciones que, de otra forma, quizá no hubieran llegado. El Señor nos preparaba, nos enriquecía, nos fortalecía y nos daba lo que íbamos a necesitar después, quizá ahora, ante ese momento terrible que podemos estar atravesando. Ante el mal necesario es importante para el creyente, entonces, comprender el concepto de previsión y omnisciencia de Dios, pero también de sacrificio. 

Me acordaba, considerando estas cosas, de un predicador a quien escuche hace muchos años hablando justamente sobre este tema. Él planteaba el sacrificio como la actitud de tener nuestra mano abierta, con todo lo que somos y tenemos dentro de ella, sí, disfrutándolo y viviéndolo con intensidad y agradecimiento, pero teniéndolo también disponible en caso de que el Señor quisiera pedírnoslo. Lo que tenemos es Suyo, qué duda cabe y, cómo no, puede requerírnoslo en cualquier momento, no por cuestiones caprichosas, como algunos parecen querer ver, sino por un propósito en mayúsculas que nos trasciende con mucho. Él hablaba de cómo había perdido a su niñita de cortísima edad atropellada para ver un tiempo después cómo, a raíz de esa desgracia, sus padres, los de él, se entregaban al Señor. No puedo imaginar el dolor que como padres les supuso esa pérdida. Pero quizá, a la luz del plan de Dios para las vidas de otros a quienes también amaban, lo sucedido era un mal que contribuyó de manera inexplicable a mostrar la gracia y el poder de Dios en una medida especial. Era, quizá, un mal necesario, aunque doloroso y terrible.

La pregunta es: ¿cuál es tu mal necesario? ¿Qué circunstancia atraviesas en este momento que te hace replantearte tu vida o alguna faceta de ella? Probablemente no sepas aún qué tiene el Señor preparado para ti, o quizá empiezas a intuirlo, aún en el dolor de lo que estés atravesando. Pero, ¿sabes?, algo me anima en mi mal necesario, en el que atravieso justo ahora: 
·  la realidad del amor infinito de Dios, 
·  la realidad de que Él controla la caída de cualquiera de mis cabellos, 
·  la realidad de que, porque le amo, todas las cosas que acontecen en mi vida, me ayudan a bien y tienen un propósito que me excede; 
·  la realidad de que, aunque hay una grandísima parte de lo que me acontece y lo que me rodea que yo no veo, tengo un Dios que lo ve todo, que lo sabe todo, que lo controla todo; 
·  la realidad de que, con ayuda de ese mal necesario, seguramente el Señor me está librando de males mucho mayores y que son absolutamente innecesarios para mi avance en Sus cosas. Incluso en aquello que nos parece lo peor, el Señor nos está protegiendo e impidiendo que lleguemos verdaderamente a este punto; 
·  pero, sobre todo, y esto quiero tener permanentemente presente, la realidad de que seguirle a Él y obedecerle es y debe ser siempre mi supremo bien necesario. 


Protestante Digital

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28 jul 2013

¿Cuál es el Propósito de la Vida? (replanteando la pregunta)

Más allá de la filosofía establecida o de la sola búsqueda personal, la búsqueda del sentido de la vida y el propósito de la existencia parece estar inscrita en nuestros códigos más propios..

“El objetivo es equilibrar el terror de estar vivo con la maravilla de estar vivo”
- Carlos Castaneda
Recuerdo el primer momento en el que me hice la pregunta: “¿A qué vine a ésta vida?”, ya sea por diferentes factores o a la edad a la que permitamos que nos inunde ésta cuestión existencial, para mi, creo fue el instante en el que apague el piloto automático de mi conciencia y comenzó una nueva empresa de cuestionamiento e investigación.
¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de la existencia? Con el fin de averiguar las respuestas a estas preguntas filosóficas, nos preguntamos incluso preguntas más complicadas: ¿Cuál es el significado de la muerte? ¿Qué pasará cuando ya no esté aquí? ¿Cuál es el propósito de mi no-existencia?
Al principio me fue muy fácil llegar a una conclusión sintética y sin profundidad: “Venimos a ésta vida a: 1. Aprender. 2. Crear. 3. Conectar (Amar).” Pero con el tiempo he descubierto lo corta que estaba ésta respuesta y que existe un abismo de complejidad para contestar estas preguntas.
La evolución y la ciencia nos han enseñado que los seres vivos no tenemos ni plan, ni propósito, excepto la supervivencia, sin dirección y sin gloria. Los seres humanos vivimos en un universo que no se preocupa por nosotros, nuestras mentes son simplemente masas de carne, y no existe un plan divino para guiarnos. En un universo de fuerzas físicas abrumantes y replicación genética, algunas personas saldrán perjudicadas, otras personas beneficiadas, y no encontraremos ni rima ni razón para ello, y mucho menos justicia. El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que esperaríamos que existan: no tiene diseño, no tiene objetivo, no hay mal, ni bien, nada más que una indiferencia ciega y despiadada.
Por otro lado, hace más de cien años, el descubrimiento de la física cuántica distorsiono aún más el sentido que le damos a nuestra existencia. La concepción del universo y la vida fue aventada al caos, con la constatación de que, en la micro-escala, existen diferentes fuerzas que rebasan nuestro entendimiento. Gracias a la mecánica cuántica, ahora sabemos que la materia toma las propiedades de partículas y ondas. Es más, gracias a Heisenberg y Schrödinger, nunca podemos estar seguros del momento o posición de una partícula, ni podemos estar seguros sobre el estado de un objeto cuando no está siendo observado. En otras palabras, el universo – por lo menos en una cierta escala – parece ser completamente difuso y nebuloso. Posiblemente azaroso.
En cuanto a nuestra concepción de la vida en términos cognitivos, los humanos somos el único ser vivo del planeta que es conciente de su muerte eventual. Ernest Becker, ganador del premio Pullitzer por su libro “The Denial of Death” habla de las tres ilusiones que todos divisamos en algún momento para lidiar con nuestro miedo a la muerte: 1. La solución religiosa, en la que nuestra alma es eterna. 2. La solución romántica, en la que deidificamos al amor por nuestras parejas y las convertimos en nuestras salvadoras personales. 3. La solución creativa, que es cuando intentamos dejar un legado de creación/arte que pueda trascender la vida por nosotros. Pero cuando nos encontramos que todas estas soluciones son impermanentes, regresamos a nuestros cuestionamientos filosóficos de la existencia y conforme avanza la búsqueda resulta cada vez más difícil establecer un vínculo entre las teorías que dicta la ciencia y nuestros sistemas de creencia.
De acuerdo con los principios del aprendizaje del cerebro/mente de Geoffrey Caine, la búsqueda de significado es innata. En la práctica, esto significa que todo el mundo tiende a filtrar su propia perspectiva, organizar la información con la experiencia, y hacer preguntas de acuerdo a lo que les interesa o les preocupa. Y en un nivel más profundo, existe un hambre de significado y propósito (como lo expresaron Frankl, 2006 y Hillman, 1996). El cerebro no sólo quiere dar sentido a lo que aprende, sino que también quiere saber que el aprendizaje tiene un propósito y un valor.
Por otro lado, nuestros cerebros están programados para buscar sentido a través de la identificación de patrones. Por ejemplo, algunas personas perciben caras en las nubes o ven a Jesús en una sombra o a la Virgen María en un sándwich. Del mismo modo, los teóricos de las conspiraciones tienden a identificar patrones y creen que esos patrones tienen gran relevancia. La experiencia de ver patrones significativos o conexiones de datos al azar y sin sentido se llama apofénia. Es la percepción de patrones y conexiones donde quizá no las hay.
De acuerdo con Michael Shermer, editor de la revista Skeptic Magazine nuestro cerebro y el sistema nervioso constituyen una máquina generadora de sistemas de creencia que tiende a unir los puntos de nuestro mundo en patrones significativos que explican por qué las cosas suceden. Debido a que nuestros cerebros no son tan simples como pensamos que son y porque somos básicamente “primates evolucionados en búsqueda de patrones” que tienden a dar mayor significado a todos los aspectos que hilamos en nuestras experiencias, esto nos mantiene buscando el sentido de la vida.
Si enfrentamos la cruda verdad que promueve la ciencia. La vida no tiene sentido. Cada uno de nosotros le da un significado y un diferente propósito. “Es un desperdicio hacernos la pregunta, cuando nosotros somos la respuesta,” dice Joseph Campbell.
Concuerdo bastante con Graham Hancock, escritor británico mejor conocido por la TED Talk que resultó censurada, cuando explica que podemos entender el propósito de la existencia a partir de nuestra conciencia, al entenderla como una fuerza fundamental del universo, como la gravedad, la electricidad, etc, que ha utilizado a la evolución como vehículo para manifestarse de forma física, en forma humana, toda la biosfera ha apoyado a la oportunidad de la experiencia humana para adquirir un conocimiento y crecimiento espiritual, un perfeccionamiento del alma. Después de 4 mil millones de años hemos logrado realizar una distinción clara entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Si queremos entender realmente el propósito de nuestra existencia y superar algunas de las fuentes de mayor sufrimiento y duraderas de los conflictos en nuestro mundo, tenemos que empezar a pensar en todo el espectro de la experiencia humana a través del contexto del espíritu del cual nos ha intentado disociar la cultura y la ciencia, como dice Sallie Nichols “el diablo confunde porque está confundido”
Algunos hemos tenido la oportunidad de comprobar empíricamente la existencia de una dimensión espiritual en nuestro ser, que se puede descubrir accediendo al universo metafísico que existe en nuestra mente a través de tecnologías como la meditación o los enteógenos. A partir de éste tipo de experiencias se disuelve el ego de tal forma que podamos comprender la unidad/relación que existe en un cuerpo humano que es un universo de átomos y el mismo cuerpo que es un átomo en el universo, como bien dijo Richard Feynman. Con el fin de escapar de la complejidad de las cuestiones existenciales, debemos empezar a realizarnos las preguntas que nos regresen el sentido de heroísmo cósmico personal:
¿Qué sentido le doy a mi vida?
¿Cuál es el propósito de mi vida?
¿Qué es lo más importante para mí?
Dar respuesta a éstas preguntas resulta mucho más simple, y las consecuencias de las resoluciones difuminan las limitantes para visualizar el significado que podemos encontrar cuando eliminamos los miedos, entendemos el presente y expandimos nuestro span de atención, sólo ahí comprenderemos de manera integral lo que Jodorowsky dijo mejor que nadie: “La muerte es un ilusión del ego individual. El universo es eterno. De una u otra forma, existirás siempre”.

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