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4 abr 2021

"LAS OVEJAS NEGRAS DE LA FAMILIA"


Las llamadas "Ovejas Negras" de la familia son en realidad buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico. Aquellos miembros del árbol que no se adaptan a las normas o tradiciones del sistema familiar, aquellos que desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras.
Las "Ovejas Negras", las que no se adaptan, las que gritan rebeldía, cumplen un papel básico dentro de cada sistema familiar, ellas reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama en el árbol genealógico. Gracias a estos miembros, nuestros árboles renuevan sus raíces. Su rebeldía es tierra fértil, su locura es agua que nutre, su terquedad es nuevo aire, su apasionamiento es fuego que vuelve a encender el corazón de los ancestros. Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros se manifiestan en la rebeldía de dichas ovejas negras buscando realizarse.
El árbol genealógico, por inercia querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su tronco, lo cual hace la tarea de nuestras ovejas una labor difícil y conflictiva.
Sin embargo, ¿Quién traería nuevas flores a nuestro árbol sino fuera por ellas? ¿Quién crearía nuevas ramas? Sin ellas, los sueños no realizados de quienes sostienen el árbol generaciones atrás, morirían enterrados bajo sus propias raíces.
Que nadie te haga dudar, cuida tu "rareza" como la flor más preciada de tu árbol. Eres el sueño realizado de todos tus ancestros.
PARA CONOCERNOS MÁS...

¿Qué tan frecuente te sentiste la “oveja negra” de tu familia?


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25 jul 2017

El Pico del Conocimiento

Un pre-ensayo sobre los límites de las ciencias y las humanidades

La proporción de almacenamiento, por el hombre, de conocimientos útiles sobre sí mismo y sobre el universo, fue en aumento desde hace 10.000 años. Esta proporción se elevó bruscamente con el invento de la escritura; pero, a pesar de ello, continuó progresando con deplorable lentitud durante siglos. El siguiente paso importante en la adquisición de conocimientos no se produjo hasta la invención del tipo movible por Gutenberg y otros, en el siglo XV. Antes de 1500, y según los cálculos más optimistas, Europa producía libros al ritmo de 1.000 títulos por año. (…) Cuatro siglos y medio más tarde, en 1950, la proporción había crecido hasta el punto de que Europa producía 120.000 títulos al año.
Alvin Toffler, 1970
El «shock» del futuro.

Suponiendo que, al año, se produzca una idea realmente brillante por cada mil millones de personas, entonces a la población de un millón de robustos Homo erectus que había en el año 300.000 a.C. le habría surgido una idea similar cada mil años. (…) Con seis mil millones de mentes en el planeta, actualmente deberíamos estar generando este tipo de ideas cada dos meses. 
Tim Harford, 2008
La lógica oculta de la vida.



Tesis: al peak oil le seguirá el peak knowledge. 

La información es una propiedad emergente de la energía. A largo plazo, cuanto menor es la producción de energía menor es también la producción de información. Realimentaciones temporales aparte, los límites del crecimiento material son también los límites del crecimiento intelectual. Tanto tiene una sociedad, tanto puede llegar a entender. Casi todo lo fundamental que podíamos descubrir y teorizar como especie ya lo hemos descubierto o hace milenios o, en mayor medida, durante los últimos doscientos años de explosión cultural e industrialismo desaforado. Cosa distinta ha sido, es y será su aplicabilidad, escalabilidad y poder de consolación. Es probable que la mayor parte de lo que queda por averiguar no se averigüe nunca (vida extraterrestre, nuevas teorías sociales...).

A menor energía, menor población. A menor población, menor división del trabajo. A menor división del trabajo, menor conocimiento: menos especialización, menos investigación. Para lo bueno y para lo malo. Energía es Hiroshima, energía es Auschwitz, pero energía también es Hojas de hierba. No puede decrecer lo uno sin decrecer lo otro. Con el declive de los combustibles fósiles y los efectos del cambio climático, el crecimiento exponencial del conocimiento propio de los siglos XIX y XX llegará a su fin, inercias aparte. En el campo intelectual, los próximos siglos serán tiempos de correcciones, síntesis, olvidos y salvaguardas, mas no de grandes descubrimientos. 


1770... 

Holbach: teoría del ateísmo.
Jefferson: teoría de la independencia.
Clarkson: teoría de la abolición.
Mounier: declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.
Bentham: principio de utilidad.
Marx: teoría de los modos de producción.
Darwin: teoría de la selección natural.
Kropotkin: teoría del apoyo mutuo.
Fleming: principio de antibiosis. 
Freud: teoría del inconsciente.
Arrhenius: teoría del calentamiento global.
Einstein: teoría de la relatividad.
Mumford: teoría de la tecnología.
Roosevelt: declaración universal de los derechos humanos.
Hubbert: teoría del pico del petróleo.
Lerner: teoría del patriarcado.
Rich: teoría de la heterosexualidad obligatoria. 
Ryder: teoría del especismo.
Meadows: informe de los límites del crecimiento.
Illich: teoría de la desescolarización. 
Miller: teoría del maltrato infantil.
Semprún: teoría del desarrollismo.
Corry: teoría de los derechos indígenas.
Lovelock: teoría de Gaia. 

... 1970.


Teoría de Olduvai


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29 oct 2016

La revolución científica del desconocimiento

cienciaLa revolución científica no ha sido una revolución de conocimiento sino de ignorancia
Después de varios siglos, en donde la ciencia ha transformado radicalmente nuestro mundo y ha expandido la visión de la Humanidad hasta límites insospechados, cualquiera podría afirmar sin temor a equivocarse que en la actualidad vivimos en la era del conocimiento. Sin embargo, analizada desde un punto de vista más profundo, la realidad es que la revolución científica es más bien la revolución de la ignonancia.
El historiador Yuval Harari explica muy didácticamente esta aparente paradoja en un capítulo de su más que interesante libro “Sapiens”:
La revolución científica no ha sido una revolución del conocimiento. Ha sido, sobre todo, una revolución de la ignorancia. El gran descubrimiento que puso en marcha la revolución científica fue el descubrimiento que los humanos no saben todas las respuestas a sus preguntas más importantes.
Las tradiciones premodernas del conocimiento, como el islamismo, el cristianismo, el budismo y el confucianismo, afirmaban que todo lo que era importante saber acerca del mundo ya era conocido.
Los grandes dioses, o el único Dios todopoderoso, o los sabios del pasado, poseían la sabiduría que lo abarca todo, que nos revelaban en escrituras y tradiciones orales. Los mortales comunes y corrientes obtenían el saber al profundizar en estos textos y tradiciones antiguos y comprenderlos adecuadamente. Era inconcebible que la Biblia, el Corán o los Vedas fallaran en un secreto crucial del universo, y que este pudiera ser descubierto por criaturas de carne y hueso.
Las antiguas tradiciones del conocimiento solo admitían dos tipos de ignorancia. Primero, un individuo podía ignorar algo importante. Para obtener el conocimiento necesario, todo lo que tenía que hacer era preguntar a alguien más sabio. No había ninguna necesidad de descubrir algo que nadie sabía todavía. Por ejemplo, si un campesino de alguna aldea de la Castilla del siglo XIII quería saber cómo se originó la raza humana, suponía que la tradición cristiana poseía la respuesta definitiva. Todo lo que tenía que hacer era preguntarle al sacerdote local.
Segundo, toda una tradición podía ser ignorante de cosas sin importancia. Por definición, todo lo que los grandes dioses o los sabios del pasado no se preocuparon de decirnos carecía de importancia. Por ejemplo, si nuestro campesino castellano quería saber de qué manera las arañas tejen sus telarañas, no tenía sentido preguntarlo al sacerdote, porque no había ninguna respuesta a esta pregunta en ninguna de las Escrituras cristianas. Esto no significaba, sin embargo, que el cristianismo fuera deficiente. Significaba más bien que comprender de qué manera las arañas tejen sus telarañas no era importante. Después de todo, Dios sabía perfectamente bien la manera en que las arañas lo hacen. Si esta fuera una información vital, necesaria para la prosperidad y la salvación humanas, Dios hubiera incluido una amplia explicación en la Biblia. El cristianismo no prohibía que la gente estudiara las arañas. Pero los estudiosos de las arañas (si acaso había alguno en la Europa medieval) tenían que aceptar su papel periférico en la sociedad y la irrelevancia de sus hallazgos para las verdades eternas del cristianismo. Con independencia de lo que un estudioso pudiera descubrir acerca de las arañas, o las mariposas, o los pinzones de las Galápagos, este conocimiento era trivial, sin relación con las verdades fundamentales de la sociedad, la política y la economía.
En realidad, las cosas no eran nunca tan sencillas. En cualquier época, incluso las más piadosas y conservadoras, hubo personas que argumentaron que había cosas importantes que toda su tradición ignoraba. Pero estas personas solían ser marginadas o perseguidas, o bien fundaron una nueva tradición y empezaron a afirmar que ellos sabían todo lo que hay que saber. Por ejemplo, el profeta Mahoma inició su carrera religiosa condenando a sus conciudadanos árabes por vivir en la ignorancia de la divina verdad. Pero el propio Mahoma muy pronto empezó a decir que él conocía toda la verdad, y sus seguidores empezaron a llamarle «el sello de los profetas». A partir de ahí, no había necesidad de revelaciones más allá de las que se habían dado a Mahoma.
La ciencia moderna es una tradición única de conocimiento, por cuanto admite abiertamente ignorancia colectiva en relación con las cuestiones más importantes. Darwin no dijo nunca que fuera «El sello de los biólogos», ni que resolviera el enigma de la vida de una vez por todas. Después de siglos de extensa investigación científica, los biólogos admiten que todavía no tienen una buena explicación para la manera en que el cerebro produce la conciencia. Los físicos admiten que no saben qué causó el Big Bang, o cómo reconciliar la mecánica cuántica con la teoría de la relatividad general.
En otros casos, teorías científicas en competencia son debatidas ruidosamente sobre la base de nuevas pruebas que aparecen constantemente. Un ejemplo básico son los debates acerca de cómo gestionar mejor la economía. Aunque individualmente los economistas pueden afirmar que su método es el mejor, la ortodoxia cambia con cada crisis financiera y con cada burbuja del mercado de valores, y se acepta de manera general que todavía tiene que decirse la última palabra en economía.
En otros casos, las teorías concretas son respaldadas de manera tan consistente por las pruebas de que se dispone que hace tiempo ya que todas las alternativas han sido descartadas. Dichas teorías se aceptan como ciertas, pero todo el mundo está de acuerdo en que, si aparecieran nuevas pruebas que contradijeran la teoría, esta tendría que revisarse o desestimarse. Un ejemplo de ello son las teorías de la tectónica de placas y de la evolución.
La buena disposición a admitir ignorancia ha hecho que la ciencia moderna sea más dinámica, adaptable e inquisitiva que cualquier otra tradición previa de conocimiento. Esto ha expandido enormemente nuestra capacidad de comprender cómo funciona el mundo y nuestra capacidad de inventar nuevas tecnologías.

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14 sept 2016

Sobre los distintos tipos de conocimiento

En un mundo en el que existen diversos tipos de conocimiento, hagamos una pequeña reflexión con la siguiente imagen:



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18 jul 2016

¿Creer Saber Mucho es Autoengañarse?

CREER QUE SABES MUCHO SOBRE UN TEMA ES UNA FORMA DE AUTOENGAÑO


SUPONER QUE DOMINAS UN TEMA PUEDE HACERTE CAER EN TRAMPAS PSICOLÓGICAS COMO LAS QUE REVELA ESTE ESTUDIO.

No importa qué tan a fondo conozcamos un tema: nuestro cerebro puede engañarnos para hacernos creer que sabemos más de lo que sabemos realmente. Un equipo de psicólogos de la Universidad de Cornell realizaron un experimento acerca de un fenómeno llamado overclaiming, que podríamos traducir como la sobreestimación de los propios conocimientos, a menudo con el objetivo de demostrar que somos más listos de lo que somos en realidad...

Los participantes del estudio debían calificarse a sí mismos en una serie de temas, y luego debían calificar qué tan bien manejaban 15 términos especializados de los temas que --supuestamente-- conocían mejor. Lo que no sabían es que tres de estos términos eran falsos. La investigación hizo evidente que si un participante decía que conocía muy bien cierto tema, tenía más probabilidades de afirmar que conocía alguno de los tres términos falsos, es decir, de sobreestimar su propio conocimiento. 

En otro momento de la investigación, otros participantes tomaron las mismas pruebas pero fueron advertidos de que algunos términos eran falsos, lo que disminuyó la sobreestimación en general, pero no cambió la correlación entre lo que los participantes decían saber y la sobreestimación del conocimiento.

La conclusión de este estudio es que si crees que sabes mucho de algo, podrías sobreestimar tu propio conocimiento del tema --incluso afirmando que sabes cosas que no sabes por seguir la corriente, por inseguridad, o porque honestamente te engañas a ti mism@. Tal vez los verdaderos expertos también saben lo que no saben, en el sentido de que son conscientes de las limitaciones de sus conocimientos. Aquí podemos recordar a Sócrates, el hombre más sabio de su tiempo según el oráculo de Delfos, quien vivía bajo la frase "sólo sé que no sé nada." 

No hay nada de malo en estar admitir la propia ignorancia (después de todo el saber es inabarcable), pero cuidado con creer a ciegas en los expertos de cualquier tipo: podrían estarse engañando incluso a ellos mismos.


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13 jul 2016

Corrige al Ateo y lo Harás Más Sabio




                    ¿Por qué el ateo se hace más sabio cuando lo corrigen? Porque el ATEO posee un pensamiento menos rígido y menos dogmático que el CREYENTE y el AGNÓSTICO, esto es tiene una mente mucho más abierta que le permite asimilar nuevas ideas y desechar con más facilidad sus conocimientos falsos y obsoletos. El ateo es como la ciencia, admite cuando está equivocado y cambia según la nueva y probada información.

                    El fundamento del creyente (teodependiente) son sus dogmas de fe, los cuales no puede ni siquiera cuestionarlos, porque dejaría de ser creyente. Por otra parte el agnóstico (a = sin y gnosis = conocimiento) con su postura comodina e indecisa, no sabe qué partido tomar, viviendo permanente en una miserable duda y lo peor de todo es que pide a otros que le demuestran a su entera satisfacción, sus permanentes dudas.  

                    Ese dogmatismo y rigidez del creyente y el agnóstico no les ayuda para nada a entender ni aceptar ideas nuevas, solo se fijan en su propia postura y que de antemano ya han resuelto lo que deba aprobarse o desaprobarse, no quieren explicación alguna susceptible de contrariar sus intenciones particulares, porque estas destruirían su identidad personal, su razón de ser, de ahí que repudian y arremetan contra todo aquel que pretenda cuestionar o destruir sus posturas connaturales.

                    Finalmente el ateo (a=sin y teo=dios), vive su vida simplemente SIN DIOSES, ya que independientemente de la existencia o inexistencia de los dioses, vive sin ellos. Esto le permite vivir y dejar vivir, porque  si el creyente cree y necesita un dios, sería absurdo e inhumano quitarle lo que le proporciona su indispensable estabilidad emocional. Así también, si el agnóstico no puede superar su indecisión por sí mismo, sería ocioso el esfuerzo y el tiempo que se le dedique. Por eso el ateo vive sin dioses, dejando vivir a los que sí los necesitan (Teodependientes) y a los indecisos (Agnósticos). 

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12 jul 2016

Cuestionar, dudar, pensar

Nada es magia, cuestionémos todo lo que nos rodea, cuestionémos todo lo que nos dicen y cuentan, cuestionémonos a nosotros mismos


Apagar fondo musical para oír audio


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17 jun 2016

Internet y el anti-conocimiento

Empiezo a estar un poco “mosca” con este mantra que se repite hasta la saciedad: en Internet está todo. ¡Pues no! Sí hay muchas cosas, sobre todo en inglés, pero no está todo. Y aunque fuera así, ¿por qué creemos que eso es bueno? Piénselo un momento: ¿Tener acceso a cualquier cosa es lo mejor que nos puede suceder?.
Dicen que con Internet hemos entrado en la era de la información, y es verdad. Incluso se han inventado un término, infoxicación, para definir un mal de nuestros tiempos: nos llega más información de la que podemos procesar y eso nos crea angustia. Un estudio realizado en 2002 por Peter Lyman y Hal Varian de la Universidad de Berkeley reveló que la información producida ese año equivalía a medio millón de nuevas bibliotecas, cada una conteniendo la versión digitalizada de las colecciones impresas de la mayor biblioteca del mundo, la Biblioteca del Congreso norteamericano.
A los santificadores de Internet se les llena la boca con tales datos y sacan pecho; solo les falta decir que Internet es lo mejor que ha parido madre. Y podría ser así, pero olvidan una cosa fundamental: la información no es conocimiento. Y lo que hace progresar al ser humano es esto último.
El conocimiento exige tiempo y tranquilidad de espíritu para poder asimilar la información en condiciones, todo lo contrario a lo que sucede en esta época de Facebook y Twitter. Estos medios, con todas sus bondades, nos están llevando a una sociedad de conocimiento débil: ya no soportamos complejos razonamientos, sutiles argumentaciones que excedan de los 140 caracteres. Dicen que Internet hace que la gente lea más, pero es un argumento engañoso. Leer es un proceso en tres fases: hacerlo, entender lo que lees y finalmente digerirlo. Internet está promocionando la lectura rápida, mal entendida y regurgitada sin asimilar. Leemos algo y acto seguido contestamos con lo primero que nos viene a la cabeza. Claro que a lo mejor eso no es tan malo, que ya lo decía Jacinto Benavente: “cuando se habla sin pensar se dice lo que se piensa”.
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8 ene 2016

El problema de acumular conocimiento y no practicarlo

SI NO PRACTICAMOS Y VIVIMOS EL CONOCIMIENTO QUE TENEMOS, ENTONCES REALMENTE NO PODEMOS DECIR QUE SABEMOS. Y ESTO ES LO QUE NOS SUCEDE ACTUALMENTE, EN UNA ERA PRÁCTICAMENTE DE IGNORANCIA Y DISOCIACIÓN ENTRE EL CONOCIMIENTO Y LO QUE HACEMOS CON ESE CONOCIMIENTO.

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La diferenciación ente el conocimiento y el ejercicio de ese conocimiento, que constituye la verdadera sabiduría, fue hecha desde un inicio por las diferentes tradiciones. Ya Platón había distinguido entre una vida filosófica integral, como la de Sócrates, y una filosofía discursiva como la de los sofistas, que eran capaces de grandes acrobacias lingüísticas para persuadir a casi cualquiera pero no que no eran capaces de poner en práctica sus argumentos ellos mismos. Aunque la filosofía moderna haya asumido ser un comentario de la filosofía platónica y considere que el espíritu helénico es su ilustre ascendente, podríamos afirmar que son los sofistas los que han triunfado. El conocimiento hoy en día, controlado por la academia (término que hoy parece mal tomado de la escuela de Platón) y las instituciones que la fondean, en gran medida se ha desviado de la concepción original de la filosofía. Presenciamos desde hace siglos una disociación entre el conocimiento intelectual y la vida moral y ascética necesaria para encarnar los principios que se discuten y se defienden como verdades. Pero es una verdad muy endeble la que sólo se sostiene con palabras y no con actos, ni con la transformación de la conciencia y el tangible mejoramiento del individuo, tanto moral como intelectualmente.
Seguramente esta disociación entre el conocimiento meramente intelectual y la aplicación del conocimiento a todos los aspectos de la existencia, especialmente aquellos que tienen que ver con nuestra relación cualitativa con el entorno,  ocurrió paulatinamente con la consolidación del materialismo científico y de la preeminencia de los valores económicos. En la actualidad hemos llegado al punto en el que lo importante es ser inteligente (en un sentido mundano) y no ser bueno; de hecho consideramos que la bondad es sinónimo de ingenuidad (lo es sólo en un mundo rapaz, donde lo importante es obtener mayores beneficios personales). Si creemos que sólo existe esta vida, que avanzamos irremediablemente hacia la nada y que el mundo no tiene un propósito ni una base eterna –sin alma ni karma–, es fácil pensar entonces que lo importante o deseable es simplemente apilar más poder y riquezas, pasarla bien un rato sin temer demasiado las consecuencias. En este sentido, la función del conocimiento se separa de la virtud moral y la transformación espiritual, para revelarse como una herramienta para satisfacer nuestros deseos y conseguir bienes materiales. El materialista podría contestar que existe la continuidad de la materia, de la especie humana, incrustada en la ciega evolución del universo, pero su egoísmo está tan instalado, que poca diferencia hace esto en sus actos y en la práctica le cuesta y no logra empatizar y “sacrificar” su vida para beneficio de las siguientes generaciones, con las cuales no tendrá vínculo tangible, puesto que él, en su totalidad, habrá dejado de existir. Necesitamos creer que estamos unidos profundamente con los demás para poder ejercitar el bien, la compasión, la virtud. 

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Lo que llamamos aquí disociación –pero que podríamos también considerar una incongruencia entre la sofisticación del pensamiento y la entereza del acto–,  hoy en día  ha llegado a un punto crítico, debido a la sobreabundancia de información, misma que no tiene un equivalente de confirmación y consolidación a través de la práctica. De la misma manera que en nuestra época hemos desarrollado el hábito de existir en espacios virtuales que se diferencian de lo que en relación llamamos el mundo real, también hemos desarrollado el hábito del conocimiento virtual a diferencia del conocimiento real. Nuestro conocimiento está basado en la información y cada vez tenemos más información, pero esa información sólo nos brinda un conocimiento virtual y generalmente superficial de las cosas, y no tiene una equivalencia práctica. Cada vez conocemos más cosas, pero no existe una relación proporcional con nuestra capacidad de hacer cosas, esto es desde objetos materiales, como también disciplinas inmateriales que produzcan resultados tangibles en el cuerpo o en la psique. Hemos comprado la idea de que la información es por sí misma un bien y que es equivalente a conocimiento e incluso a conciencia, pero esto es fácil de refutar mirando a nuestro alrededor y a nuestro interior. Para que la información se convierta en conocimiento es necesaria la experiencia, es decir la práctica, que hace que ésta se integre como un todo coherente. 
Algunos analistas de medios han detectado que nuestra era de la información es también la era de la desinformación o de la sobreinformación (el escritor Charles Simic la llama simplemente la era de la ignorancia), en la que el libre acceso se torna una inundación de información que no pasa por los antiguos filtros que, si bien a veces restringían la información con fines de control, también, sobre todo, nos instruían y daban sentido a la información, separando de alguna manera el grano de la paja. La abundancia de la información significa también que cada vez existe más información de poco valor y que el gran torrente de lo nuevo sepulta lo viejo que había perdurado por alguna razón (quizás porque tenía un valor basado en principios menos efímeros). A esto se suma que la gran libertad del hombre moderno –quien tiene el derecho de hacer y consumir lo que le de su regalada gana– también lo ha enfrentado con el vacío de no tener autoridades confiables que lo orienten dentro de este laberinto. Existe una gran diferencia entre tener acceso a información –por ejemplo un tratado de alquimia del siglo 17–Y tener un conocimiento valioso por haber consumido ese contenido. En muchos casos, como en el ejemplo citado, de hecho el contenido no tiene sentido sino es puesto en práctica, para lo que a veces necesario incluso un maestro que siga dentro de la tradición de ese conocimiento. Asimismo, la información que impera en los medios electrónicos refleja el paradigma materialista utilitario en el que se favorecen los contenidos que puedan tener un beneficio inmediato y que no requieran de un esfuerzo significativo de la audiencia. 
Si bien la filosofía occidental advirtió sobre este problema, en la filosofía oriental existe toda una tradición que categóricamente enfatiza que no existe conocimiento verdadero sin práctica y de hecho la práctica es en jerarquía superior a todo conocimiento intelectual. En el budismo, por ejemplo, es totalmente plausible alcanzar la iluminación sin leer ningún libro mientras que se lleve a cabo una práctica virtuosa, en cambio es completamente inaudito alcanzar un estado elevado de conciencia solamente leyendo libros sin que esto vaya acompañado de un accionar. De hecho existen numeroso maestros que recomiendan abandonar totalmente el aspecto intelectual y concentrarse únicamente en la práctica, en el trabajo diario de la mente y el cuerpo (evidentemente en este punto no debemos de ser demasiado extremistas, ya que la mayoría de los maestros budistas o de otra tradición estará a favor de un equilibrio, puesto que cada uno puede ayudar a profundizar en el otro).
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Rueda del Dharma con venados.
El maestro budista de la escuela Nyingma, Thinley Norbu, hace una buena labor recalcando esto. En su texto White Sail, escribe que para no hacer de nuestra vida un completo desperdicio, “toda la actividad humana debe de estar conectada al Dharma”. Dharma es un término interesante ya que refleja de manera muy especial lo que venimos diciendo aquí. Por una parte, Dharma se puede traducir como “ley”,  ”verdad”, o “realidad”, pero también significa el camino o la práctica misma, es decir expresa la identidad entre la verdad y la acción que refleja esa verdad. Coloca en el centro de la filosofía la congruencia entre el pensamiento y la acción, y conecta la estructura metafísica con los actos materiales que son el acabado de esa estructura. Norbu nos exhorta a evitar la tendencia a conocer mucho “pero sólo usar lo que aprendemos para nuestro propio beneficio temporal en esta vida”, puesto que  este conocimiento se convierte en “un obstáculo para romper la primacía del ego, ya que no tiene la intención positiva de alcanzar la iluminación para el beneficio propio y el de los demás… Si estamos más interesados en adquirir conocimieno que en conectar el conocimiento con la práctica, no tendremos beneficios incluso si estamos familiarizados con ideas espirituales”.  A esto último, Chogyam Trungpa, llama “materialismo espiritual”, una idea de acumulación de bienes espirituales que no encuentra su liberación en la práctica y en la que ocurre lo mismo que con el hombre que va guardando su dinero y sus tesoros sin nunca usarlos. 
Además, este mal hábito de acumulación tiene el efecto negativo de que bloquea el ingreso de nuevo conocimiento, debido a que al no practicarlo tampoco lo ponemos a prueba y mantenemos ocupado nuestros sistema de creencias y nuestro espacio de memoria por esta información que tenemos como cierta, pero que a lo mucho es una conjetura. Dice Norbu:
La esencia del aprendizaje es colocarnos en un estado de alerta ante nuestros hábitos para poder cambiarlos. Así podemos entender lo que sea que aprendemos y podemos liberarnos de la contradicción. Estudiar sin el aprendizaje más profundo de la practica puede causar un malentendimiento al desarrollar del hábito de la intelectualización.
El problema del conocimiento meramente intelectual es que se pierde del aspecto fundamental de la experiencia, de aquello que no puede comunicarse solamente con palabras. Leer sobre una experiencia mística o un estado de conciencia elevado nunca podrá hacernos experimentar un estado místico o elevar nuestra conciencia, especialmente si nunca lo hemos experimentado antes. En cambio, la práctica, eventualmente, después de mucho trabajo, puede conducirnos a esa experiencia. Norbu cita un sutra que dice: “Quien conoce el Dharma pero no lo practica es como un capitán de barco que lleva a otros a través del océano pero que él mismo naufraga en el océano”. Kunkhyen Longchen Rabjam, nos dice algo que podríamos adaptar perfectamente al Internet y a la cuasi infinita cantidad de data en la que estamos inmersos:
Ya que el conocimiento es como las incontables estrellas en el cielo,
El estudio de ideas nunca puede agotarse.
Así, en esta vida, es mejor descubrir la naturaleza profunda,
el significado esencial del Dharmakaya.
Tal vez podemos pensar que estamos lejos de tradiciones como el budismo con su clara disciplina hacia el Dharma, o tal vez no estemos inclinados al misticismo. Sin embargo, todas las tradiciones religiosas y filosóficas tienen un importante componente de práctica. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que no hay filosofía sin ética ni estética, es decir sin experiencias que consoliden el saber filosófico. Por ello, en el platonismo encontramos una identidad entre las ideas de verdad, bondad y belleza, los cuales son una especie de Dharma a la occidental. Hacer el bien conduce a lo divino pero también contemplar la belleza nos lleva a lo bueno y nos permite encontrar lo universal en lo individual, acercándonos a un valor más profundo que lo meramente material. En este sentido también el arte puede ser una práctica filosófica –y no sólo la creación artística sino también la contemplación artística, no en tanto a que intelectualiza, sino a que experimenta directamente una esencia o un arquetipo.
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Buda Sakyamuni descendiendo la montaña después de retiro ascético.
No sólo en las filosofías orientales tenemos toda una gama de prácticas ascéticas, también en las diferentes filosofías grecolatinas. Pensemos en Pitágoras y todos los requerimientos que imponía para ser admitido a su escuela (entre ellos pasar hasta 5 años en silencio). Los cínicos, los estoicos, los epicúreos, etcétera, todos tenían una serie de prácticas identificables, ya sea que fueran dietas, oraciones, libaciones, sacrificios, o una serie de actos morales predefinidos. Como nos dice Pierre Hadot, la filosofía antigua es de hecho un “ejercicio espiritual”. 
Los tres grandes monoteísmos no podrían entenderse (y sobre todo vivirse) sin la práctica orientada a incrementar la disposición espiritual del practicante y acercarlo a unirse con su dios. Estas practicas –meditación, oración, ayuno, caridad, etc.,– van mucho más lejos de las costumbres modernas como ir a misa un día a la semana o cosas similares; están integradas a un continuum en la vida diaria y son inseparables de sus actos más comunes.
Hoy en día, los filósofos que son tomados como serios, encumbrados en las torres de marfil de las universidades, no se rebajarían a recomendar una serie de disciplinas ascéticas o condicionar el acceso al conocimiento a una serie de prácticas de refinamiento de la percepción –esto es considerado propio de gurús de autosuperación y personajes intelectualmente inferiores. 
El paradigma reinante de la filosofía como un disciplina mayormente intelectual prioriza la acumulación de conocimiento –él que más ha leído, el mejor informado, el que más argumentos puede barajar es considerado el más inteligente e incluso el más sabio. Esta concepción hace de la inteligencia algo similar a un bien material que debemos de atesorar cuantitativamente y la cual podremos usar como si fuera una divisa. En la visión oriental, pero que también encontramos en la tradición mística de Occidente, lo único que se busca acumular es virtud, todo lo demás es un peso adicional para liberarse de la rueda de ilusiones y la feria de vanidades que es este mundo.  

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La razón por la que la filosofía tradicional y la religión practican no sólo la purificación de las propias cualidades sino también la bondad y la virtud no es sólo por una idealismo intelectual, se basa en la convicción –que a su vez se basa en la experiencia mística– de que la vida personal que experimentos individualmente es sólo una fase transitoria –y por lo tanto ilusoria– hacia la realidad de la vida impersonal del ser universal, en el cual el individuo se abandona para unirse con la totalidad omnipresente. Esto es el Uno (o la Mónada) de Pitágoras, Platón y Plotino; el Tao de Lao-Tse; el Dharmakaya de los budistas; el En-Sof de los cabalistas; el Cristo de los cristianos. Una de las formas principales en las que un individuo deja el estado que lo separa de la unidad absoluta, es perdiendo importancia personal, olvidándose y abandonándose en el otro, dirigiendo sus actos ya no a la afirmación de su ego sino al beneficio de los demás que son la manifestación en el mundo actual de la totalidad a la cual desea unirse. Es por esto que en su más alta comprensión el amor y la compasión son afectos universales, dirigidos a todos los seres y no a un individuo –el cual puede servir únicamente como el umbral hacia los universal.     
Dice el filósofo Manly P. Hall, el gran recuperador de las tradiciones místicas, “si quieres conocer la doctrina, vive la vida” o, en otras palabras, la verdadera sabiduría no puede aprenderse, debe experimentarse, y no sólo experimentarse una vez en un salto de la conciencia sino que debe experimentarse de manera constante aunque discreta, de tal forma que se funda con la existencia misma, que no haya intervalo entre lo que conocemos y lo que hacemos. Esta es la función y el secreto mismo de la sabiduría: convertirse en aquello que uno conoce. 
Twitter del autor: @alepholo

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3 nov 2015

La Epistemología


La epistemología (del griego ἐπιστήμη epistḗmē, "conocimiento", y λόγος lógos, "estudio") es la rama de lafilosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento.
La epistemología, como teoría del conocimiento, se ocupa de problemas tales como las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y los criterios por los cuales se lo justifica o invalida, así como la definición clara y precisa de los conceptos epistémicos más usuales, tales como verdad, objetividad,realidad o justificación. La epistemología encuentra ya sus primeras formas en la Grecia Antigua, inicialmente en filósofos como Parménides o Platón.
En Grecia, el tipo de conocimiento llamado episteme se oponía al conocimiento denominado doxa. La doxa era el conocimiento vulgar u ordinario del ser humano, no sometido a una rigurosa reflexión crítica. La episteme era el conocimiento reflexivo elaborado con rigor. De ahí que el término "epistemología" se haya utilizado con frecuencia como equivalente a "ciencia o teoría del conocimiento".
Diversos autores distinguen la gnoseología, o estudio del conocimiento y del pensamiento en general, de la epistemología o teoría del modo concreto de conocimiento llamado ciencia. Para otros autores, sin embargo, el término "epistemología" ha ido ampliando su significado y lo utilizan como sinónimo de "teoría del conocimiento".

Aquì un video explicativo





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20 sept 2015

La revolución en salud

La siguiente revolución en salud se encuentra en tus actuales decisiones



LA CRISIS DE LOS SISTEMAS DE SALUD PLANTEA LA POSIBILIDAD DE TOMAR LAS RIENDAS DEL BIENESTAR PROPIO Y ASÍ DEPENDER DE TU FORMA DE VIDA Y NO DE UNA INSTITUCIÓN

En términos generales, nunca en nuestra historia la población humana había sido tan sana. Es cierto que esta situación no es general y todavía hay graves enfermedades que asolan a muchísimas personas en el mundo, pero en rubros como la esperanza de vida, la cobertura de salud pública, la medicina preventiva y otros, los avances han sido notables.
Por otro lado, también el conocimiento práctico sobre un estilo de vida saludable ha permeado en casi todas las sociedades, preceptos básicos que, cuando se siguen, aseguran el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.
Paradójicamente, un mayor conocimiento sobre el hecho no se refleja siempre en las mejores decisiones individuales respecto a nuestra salud. En una época caracterizada por la abundante y a veces excesiva cantidad de información a nuestro alcance, no siempre optamos por la alternativa que en alimentación, actividad física, entretenimiento, etc., redundará en un beneficio para nuestro cuerpo.
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Para Nick Crocker, fundador de Sessions, una red de entrenadores enfocada en inspirar a que las personas tomen las riendas de su propio bienestar, la siguiente revolución en este ámbito se generará en las decisiones personales e informadas que cada quien tome sobre su estado de salud.
Los problemas con nuestro sistema de salud existente presentan una oportunidad. Libres de las limitaciones regulatorias del gobierno o de las limitaciones de recursos de los desarrollos farmacéuticos y de dispositivos, un nuevo tipo de compañías está ayudando a los individuos a conseguir ser saludables. Genuina innovación está emergiendo en tres áreas principales: captura de data, software y servicios humanos escalables.
Crocker alude a una amplia gama de productos que tienen en común responsabilizar al usuario de lo que hace con su cuerpo, ofrecerle la oportunidad de tomar conciencia tanto de su presente como de su porvenir y hacerle ver que las decisiones que tome ahora tendrán consecuencias directas sobre su estado de salud.
Se trata de alejarnos del inmediatismo cotidiano, de apostar por hábitos que nos beneficien a corto, mediano y largo plazo, asumiendo con responsabilidad y, por qué no, con disfrute los sacrificios que este camino implicará y sobre todo, asumirnos como los responsables directos de lo que ocurre con nuestra salud. El punto aquí es si estamos dispuestos a hacer lo que se necesite para realmente embalsamarnos en un estilo de vida sano o si preferimos ir posponiendo nuestra sanación integral consumiendo fármacos que mitiguen nuestras deficiencias en salud pero que, en algún punto, nos cobrarán monumentales facturas.
¿Tú estás tomando buenas decisiones ahora mismo?


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Los peores hábitos para tu salud mental


MÁS DE UNO PENSARÁ QUE ESTOS HÁBITOS SON DE LO MÁS NORMAL, PERO LO CIERTO ES QUE SE TRATA DE UN PROTOCOLO DESCRIPTIVO DE AUTOSABOTAJE

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La depresión es parte del acervo cotidiano de hábitos; parece ser ya una forma constante en la máquina contemporánea que nos aliena. La rutina de las redes sociales, la movilidad corporal y el estado anímico son comportamientos que, si adquieren formas inconscientes, sabotean tu estilo de vida.
Estas son las 12 formas en que ejerces ese autosabotaje, según Health.com:
1. Caminar encorvado
La personalidad, la composición física y el estado de ánimo afectan la postura considerablemente, según indican investigaciones del Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry. Los experimentos observaron que las personas que caminan agachadas experimentaron peores estados que las que tenían una postura más erguida. El lenguaje corporal decaído mostraba el pensamiento negativo bajo el que se encontraban.
Cómo mejorarlo: Levanta el mentón, evita las posturas encorvadas frente a la computadora. Camina erguido, alinea la columna y los hombros. Te sentirás extraño al principio, pero puedes llegar a una corrección total de la postura. Si no la recuerdas, acuéstate en el piso y levanta la frente, coloca los hombros en el suelo y sujeta un poco el abdomen.
2. Ser adicto a las fotos
“El lente de la cámara es un velo ubicado frente a los ojos de las personas y estas no se dan cuenta de que está posado delante de ellas”, dice la doctora Diedra L. Clay, profesora del Departamento de Consejería y Salud Psicológica de la Bastyr University en Kenmore, Washington. Ya sea una selfie o para Instagram, sacar fotos de todo lo que se vive y hace va logrando que se obstaculice la forma en que se percibe y recuerda el mundo, según la revista Psychological Science. En un estudio se observó a un grupo de participantes en un paseo por un museo en el cual se dedicaron a tomar fotos de algunos objetos, mientras otras personas sólo presenciaban el tour. A los que fotografiaron los objetos se les hizo más difícil recordar el contexto y las características relacionadas con ellos, mientras que los que los miraron directamente sí pudieron fácilmente recordar información relacionada con los objetos.
Qué hacer: Observa las cosas alrededor para contextualizar foto, o deja de tomar tantas fotos.
3. Permitir que un bully desgaste lo mejor de ti
El bullying existe en todos lados, escuela, trabajo, casa, calle y hasta en el propio hogar. -Más de 70% de las personas han reconocido haber tenido que lidiar con colegas abusivos en su trabajo, según explica la doctora Erin K. Leonard, psicoterapeuta en ejercicio y autor del libro Terrorismo emocional: Rompiendo las cadenas de una relación tóxica. Aproximadamente 35% de la fuerza laboral de Estados Unidos (54 millones de trabajadores) es objeto de abusos cometidos por colegas en algún punto de su carrera profesional, según indica el Instituto de Supervisión de Abusos en el Trabajo de EE.UU:
Cuando las personas sufren ataques maliciosos continuos dentro de los lugares en los que deben preservar su dignidad y autoestima puede ser una situación devastadora para ellas. Los abusos constantes hacen que se vuelva volátil tu salud emocional y pueden ponerte en una situación en la que incluso algo tan sencillo como levantarte en las mañanas para ir a trabajar se convierta en una tarea difícil de realizar.
Cómo salir del bullying: El Workplace Bullying Institute recomienda que, primero, visites a tu doctor para discutir tu salud física y mental. Después, cuando hayas documentado la mayor cantidad posible de interacciones con el bully, sigue el plan de acción de tres pasos de la organización.
* Planetafios recomienda combatir el bullying con estrategias, caracter, personalidad e inteligencia por parte de los atacados hacia los atacantes y denunciarlo enseguida.
4. No hacer ejercicio
De acuerdo con un nuevo estudio de JAMA Psychiatry, si te haces más activo al menos 3 días a la semana, tu riesgo de estar deprimido disminuye en un 19%. Después de estudiar a más de 11 mil personas nacidas en 1958 y grabar sus síntomas depresivos y niveles de actividad física en intervalos regulares, investigadores del University College London encontraron una clara correlación entre la actividad física y la depresión. Las personas que estaban deprimidas eran las menos activas, mientras que aquellas más activas tenían una menor tendencia a deprimirse. De hecho, por cada vez que se encontraban activas, el riesgo de deprimirse disminuía en un 6%.
Cómo solventarlo: Haciendo ejercicio. Cualquier actividad física al menos cuatro veces a la semana, correr, nadar, practicar bicicleta, ir al gimnasio o practicar algún deporte, puede bajar tu nivel de depresión.
5. Postergas las cosas o Procrastinaciòn
Dejar para después lo que puedes hacer hoy (procrastinar) es una de las formas de no hacer lo que no nos gusta hacer, lo cual genera ansiedad, miedo al fracaso y destruye los nervios.
Hazlo ahora: Practica ejercicios antiestrés, terapia ocupacional, de gritos o escucha un poco de música, trota, ve al parque o a la lucha libre, ya que es importante que las actividades en las que te involucres puedan desintegrar la ansiedad. Incorpora diversión a tus hábitos.
6. Tomarse la vida demasiado en serio
Si te enoja que las cosas no se hagan como tú crees o cualquier cosa puede destruir tu día, por lo más mínima que sea, la solución es: ríete de las cosas. La risa es un remedio infalible para la ansiedad y la depresión.
Cómo reírse: Promueve y exponte a diario a la hilaridad, no es sólo que dejes de tomarte en serio las cosas o que te rías; lee libros de picaresca, y pasa el tiempo con amigos risueños o que hagan tu vida más risible.
7. Estar en una relación tóxica
“Yo tengo muchos clientes que sufren de ansiedad y depresión sin saber que eso obedece a que están inmersos en una relación sentimental tóxica para ellos”, explica Leonardo:
Ese tipo de relaciones devoran la autoestima de las personas. Sus compañeros sentimentales les hacen creer que son incompetentes o egoístas. Algunas veces, a las personas les toma varios años percatarse de que su depresión y ansiedad se originan en las relaciones sentimentales que sostienen, las cuales con el tiempo pueden llegar a desmantelar su seguridad personal por completo.
Cómo enfrentarlo: Es posible que necesites ayuda. Primero, lee las señales que tienes a tu alcance para determinar si tu pareja está siendo abusiva contigo. Luego pídele a un profesional, a un familiar o a un amigo cercano que te ayude a corroborar si los símbolos que has detectado son reales. De ser así, toma cartas en el asunto.
8. No dormir lo suficiente
Dormir es un recurso indispensable para poder restituir la energía. “Dormir afecta todo”, dice Clay.Los sueños pueden ayudar a resolver problemas.
Sin el sueño nuestro sistema biológico no podría funcionar correctamente, ya que es el mecanismo bajo el cual nuestros organismos se regeneran del desgaste sufrido por la actividad diaria.
Duerme bien: Toma las medidas necesarias: usa tapones para los oídos, no pienses en nada al acostarte, medita, descansa el tiempo necesario, promueve la oscuridad, no comas mucho antes de acostarte y anota cualquier preocupación o pendiente.
9. No poder estar solo
Entre los amigos, el novio, los compañeros de trabajo, tu mascota o tu hijo, no te es posible encontrar un momento para estar solo. Es importante contar con al menos 10 minutos para uno mismo, y que no sean en la ducha o en el baño.
Registra tu tiempo: Agenda también el tiempo a solas. Aprende a disfrutarlo y a evitar la ansiedad de estar solo, y cumple con ese compromiso.
10. No hablar con nadie
Si eres asiduo a las redes sociales para mantenerte en contacto con tus conocidos, no estás teniendo un contacto significativo con ellos. “Las páginas de Facebook son de entretenimiento“, dice Clay, “no son conversaciones reales que nos permitan entender a las personas. Al contrario, disminuyen nuestras experiencias y sentimientos”. Michael Mantell, profesor de ciencias de la conducta de San Diego, California, está de acuerdo con Clay: “Los electrónicos personales (como los celulares) también impactan en la atención, en la necesidad de tener una gratificación inmediata, y en las expectativas que tiene una persona de que, al oprimir un botón, puede tener una conexión instantánea con alguien“, menciona Mantell. “También hemos descubierto que tener únicamente interacciones virtuales impacta en nuestra habilidad e interés para sentarnos en un mismo lugar con alguien y tener conversaciones cara a cara”.
Cómo cambiar: Recuerda que los amigos reales son más importantes que los likes.
11. No poder vivir sin teléfono móvil
¿Recuerdas cuando no dependías de los gadgets? Si no lo puedes hacer, estás en problemas. “Todos los dispositivos que tenemos tienden a sobreestimularnos“, dice Clay, “y, si siempre estamos en línea, entonces nunca descansamos realmente y no regeneramos nuestros cuerpos y nuestras mentes”, lo cual desemboca en depresión y ansiedad, pues en realidad no hablas con nadie.
Cómo modificarlo: Cambia tus hábitos; crea un día a la semana de descanso de los aparatos electrónicos (aunque sea sólo medio día). Si Dios descansó un día, ¿por qué tú no?
12. Estar haciendo mil cosas al mismo tiempo
Como escribió Ray Bradbury, es más fácil hacer una buena novela que escribir mil cosas malas al mismo tiempo. En la contemporaneidad, realizamos más de una labor simultáneamente: comemos revisando Facebook, vamos al baño y leemos, nos vamos a acostar mientras estamos en WhatsApp o sacamos fotos para Instagram en una fiesta.
Alégrate ahora: Hacer muchas tareas no es ser más productivo, tampoco hacerlas aceleradamente. Suelta el teléfono y presta atención a tu alrededor.

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