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6 ago 2013

Divertirse es re-crearse

El juego es fundamental para el aprendizaje y la empatía

Si somos capaces de recuperarlo, encontraremos el camino del desarrollo personal y el bienestar emocional


Hasta hace muy poco, un adulto con tendencia a tomarse las cosas como cuando nos divertíamos de niños estaba mal visto, siendo acusado de irresponsable e inmaduro. Las cosas han cambiado. Los estudios científicos avalan las propiedades de las actividades lúdicas y su repercusión positiva en el desarrollo personal, tanto a nivel emocional como creativo. Incluso se ha acuñado el término “déficit de juego” para aquellas personas que debido a las rutinas, las responsabilidades y el ambiente laboral sufren por no poder jugar sin otra finalidad que la diversión. Esta actitud es la manera más eficaz de combatir el estrés, de entrar en armonía con nosotros mismos y de liberarnos de las tensiones, dejando lugar a la recreación. Y es que hacerlo es re-crearse, es decir, evolucionar y recargarse de energía.
Pero no solo se han detectado estos efectos positivos en las personas, también se han estudiado los beneficios en las empresas que lo incluyen como parte de sus políticas. Hoy día, las empresas modernas y adaptadas a la competitividad del mercado saben de la importancia de generar un ambiente de trabajo que no esté reñido con la diversión y el entretenimiento. Conseguirlo es poder contar con una plantilla motivada, inspirada y capaz de generar ideas que aporten la innovación y la creatividad.

Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita. ¿Y qué cosita es?”
(Canción popular)
Todos sabemos jugar porque todos hemos crecido haciéndolo. El secreto está en recordar de qué manera lo hacíamos; dejarse y abandonarse a una actividad que no tenga otra finalidad que la actividad misma. Hagamos la prueba. Levantemos por un momento la mirada de este artículo y busquemos a nuestro alrededor un objeto que empieza, por ejemplo, por la letra P. Sin más. Solo eso.
Esperemos una línea.
Bien. Aquellos que se hayan sumado al pequeño juego verán que no les ha llevado más de medio minuto encontrar la solución, y sin embargo, en ese breve espacio de tiempo han pasado cosas maravillosas: Hemos superado la vergüenza que nos produce jugar a algo tan infantil, rompiendo la barrera que nos separa del niño que llevamos dentro y del que aún tenemos muchas cosas que aprender. Incluso hemos empezado a hacerlo con media sonrisa de satisfacción en los labios.
Nos hemos conectado con el entorno de una manera nueva y creativa. Incluso puede que nos hayamos fijado en objetos que de otra manera hubieran pasado inadvertidos.
Hemos enfocado nuestra atención para descubrir qué hay a nuestro alrededor que empiece con la P.
Hemos usado el pensamiento lógico tratando simplemente de nombrar las cosas que nos rodean.
Si el pensamiento lógico no ha dado resultado, habremos pasado al pensamiento lateral. Es decir, tal vez hemos visto un balón de fútbol y lo hemos descartado, pero tal vez luego nos hemos dado cuenta de que al balón también se le llama pelota. Pensamiento lateral en todo su esplendor.
Hemos sentido la satisfacción de haber resuelto el pequeño desafío, lo que nos ha producido, aunque sea fugazmente, un placer infantil indescriptible.
Todas estas cosas han sucedido en menos de medio minuto con un entretenimiento de lo más simple. No hemos competido contra nadie. Por un instante, hemos jugado, nos hemos re-creado. Imaginemos si llevamos esta actitud a todos los ámbitos de nuestra vida…

El sabio no compite, por eso no puede ser vencido”
(Proverbio taoísta)
Podemos estar corriendo el maratón de Nueva York y estar divirtiéndonos, disfrutando alegremente del ambiente y de la autosuperación. Pero también podemos sufrir por ver cómo nos adelantan otros corredores. Nos podemos tomar el maratón como un divertimento o como una competición. Y es que jugar no es una actividad concreta, es una actitud.
Stuart Brown y Christopher Vaughan en su libro ¡A jugar! definen el juego como aquello que hacemos para divertirnos de forma voluntaria. Es agradable por sí mismo, y entretenido y absorbente. Nos ayuda a improvisar, porque dentro de sus parámetros se producen siempre situaciones inesperadas que nos desafían. Además, es algo que deseamos siempre, debido al placer que nos produce. A los aficionados a los maratones les gusta participar en ellos. Simplemente. No hay más explicación que esa. Nosotros podemos tomarnos cualquier actividad de la vida con la actitud del juego o con la de la pugna. Paradójicamente, seremos mucho más competitivos si en lugar de combatir nos divertimos.
Brown y Vaughan nos explican el proceso que seguimos durante el juego, descrito por Scott Eberle, historiador de esta materia:
  • Anticipación, espera ansiosa, preguntándonos qué ocurrirá, llenos de curiosidad.
  • Sorpresa ante un descubrimiento, una nueva sensación o idea, o un cambio de perspectiva.
  • Placer ante una nueva situación que nos abre nuevas posibilidades en el esquema del juego.
  • Comprensión en la adquisición de un nuevo conocimiento de una nueva faceta que tal vez desconocíamos.
  • Fuerza como la reconfortante sensación de haber superado el desafío o habernos enfrentado a él.
Estos pasos hacen que una actitud de juego ante cualquier actividad de la vida nos produzca un placer y un bienestar muy superior, ya sea en nuestro trabajo, ya sea en una salida con nuestra pareja o un domingo de lluvia con nuestros hijos (hasta cuando practicamos sexo o hacemos el amor podemos jugar).

El tobogán de Google


JOSÉ LUIS ÁGREDA

Si buscamos en Internet “oficinas google suiza”, veremos unas fotografías espectaculares y nos preguntaremos si se trata de un lugar de trabajo o de un parque infantil. ¡Hasta veremos un tobogán! ¡Y unas hamacas! Sí, efectivamente, en las oficinas de Google en Suiza hay toboganes, hamacas, billares y acuario. Todo para crear un espacio que invite a la creatividad y a la innovación.
Desde sus inicios, la empresa más famosa de la Red ha impulsado un ambiente de juego en todas sus sedes, llevándolo hasta las últimas consecuencias, como por ejemplo permitir a sus trabajadores que dediquen un 20% de su tiempo laboral a actividades que les diviertan y les motiven, tengan o no tengan que ver con su trabajo. La apuesta les ha salido redonda, y rentable. Y es que, por ejemplo, el popular Google Maps nació de un trabajador que invirtió ese tiempo de recreo, de re-creación, en crear esta tecnología.

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8 jun 2013

Tus errores podrìan ser tus aciertos del futuro

celebra tus errores, pronto podrían convertirse en tus mayores aciertos


Los errores pueden ser pulsos evolutivos; un error del cual se aprende, deja de serlo y puede transformarse no solo en un gran acierto, sino en nuestro principal motor creativo.


La Real Academia de la Lengua Española define el termino error como una “acción desacertada o equivocada”, descripción que coincide con la concepción popular que existe sobre esta palabra. Pero, qué pasa con la premisa que advierte “nada permanece más que el cambio”, quiero decir, si tomamos en cuenta que todo esta ineludiblemente ’condenado’ a la transformación, entonces lo que hoy aparenta ser un error mañana podría vestirse con el atuendo de un gran acierto. Y esta es solo una de las premisas fundamentales que nos pueden llevar a valorar los errores como piedras preciosas con las que tropezamos a lo largo de nuestro camino. 
Además de la relatividad de nuestro criterio para determinar si algo representa un error o, por el contrario, un acierto –la cual se debe en buena medida a nuestra lineal prisión frente al tiempo y el espacio–, otra premisa a favor de equivocarnos podría resumirse en un término tan complejo, como cotidiano: el aprendizaje. “Comete nuevos errores. Comete gloriosos, espectaculares errores. Ten equivocaciones que nadie jamás haya tenido” recomienda el escritor británico Neil Gaiman, en su libro “Make Good Art”, a los jóvenes literatos. 
De algún modo el errar implica, en primera instancia, la búsqueda activa de llevar  algo a cabo. Además, sugiere que el ‘errante’ ha tenido las agallas suficientes para tomar riesgos, para romper con el guión de vida o obra que le fue asignado, y para tal vez buscar nuevas respuestas a viejas interrogantes. “Si estás cometiendo errores, entonces estás haciendo cosas nuevas, probando, aprendiendo, viviendo, empujándote a ti mismo, transformándote y transformando tu mundo. Estás haciendo cosas que jamás habías hecho y, aún más importante, estás haciendo algo.” agrega Gaiman.  
Si tomamos en cuenta que el tomar decisiones es quizá el acto que mayor repercusión tiene, a nivel práctico, en nuestras vidas, y que cuando decidimos lo hacemos, consciente o inconscientemente, apoyados en un marco referencial –el cual se construye a partir de la experiencia individual, la transmisión colectiva, y los patrones propios de nuestro entorno sociocultural–, entonces damos con otra apasionante virtud de los errores: su naturaleza informativa. Con lo anterior me refiero a que un error nos aporta por lo menos tanta información útil, y en lo personal creo que aún más, que los aciertos. Los errores imprimen valiosa data en nuestra cartografía existencial, la misma que utilizamos para guiarnos a través de nuestra vida. 
Por otro lado, y sin la intención de devaluar los aciertos, creo que al menos en un plano creativo, el error aporta mayor empuje a nuestros procesos que el propio acierto. De alguna manera el equivocarte resulta mucho más intrigante que el acertar. Al comprender que hemos cometido un error, nos sentimos retados a entender por que fue así, y de qué otras maneras podríamos conducirnos para evitar ese destino provisional. En pocas palabras, los errores podrían ser el mayor capital del motor creativo que apela a sofisticadas habilidades de nuestra mente, y les invita a entrar en acción.  
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El ensayista y teórico estadounidense, Dorian Sagan, atribuye al error el desdoblamiento esencial de la filosofía: “La historia de la filosofía es, en buena medida, la historia de personas muy inteligentes cometiendo errores muy tentadores”. El genial David Lynch es otro de los grandes ‘defensores’ del error, y continuamente ha defendido el papel protagónico de las equivocaciones y los accidentes dentro de sus procesos creativos. “Tan natural como caerte de un árbol. Simplemente emergerá. Y se cometen muchos errores, y ocurren muchos accidentes, pero estos se convierten en los descubrimientos que suceden durante el camino. Es simplemente mágico”. 
Quiero aclarar que esta especie de oda al error no intenta promover una línea de optimismo radical ni mucho menos. Cuando te equivocas, te equivocas. pero también creo que un error solo mantiene su esencia ‘errónea’ si aquel que incurrió en él, no aprende la lección. De hecho uno de los principales diferenciadores del ser humano es, precisamente, nuestra habilidad para recordar conclusiones anteriores, reflexionar y aprender de ellas, y aprovecharlas como ingredientes fundamentales para nuestros futuros razonamientos. En este sentido, como advierte Daniel C. Dennet, autor del libro  Intuition Pumps And Other Tools for Thinking“la clave para cometer buenos errores es no ocultarlos, especialmente no ocultártelos a ti mismo”. 
Aprender de tus errores implica un proceso arduo que involucra, entre otros elementos, la conciencia, el análisis, la auto-crítica, y la humildad. Pero si en verdad fuimos capaces de vivir este proceso en torno a una equivocación, entonces sucede algo maravilloso: transmutamos el error, mediante un proceso que recuerda la purificación alquímica, en un acierto. Y por eso mencionaba al principio de este texto el factor linealidad, pues en realidad ese modelo de relación con el tiempo y el espacio generalmente no permite una perspectiva cenital de las cosas, y lo que hoy calificaríamos como una monumental equivocación, mañana podría, tras habernos nutrido del aprendizaje que nos ofrece, constituirse en el más estimulante de nuestro aciertos –solo recordemos que esta transición no sucede ‘mágicamente’, en realidad demanda un trabajo genuino de nuestra parte. 
Si los argumentos expuestos en estas líneas a favor del equivocarte no te convencen del todo, al menos espero coincidir contigo en una premisa final: el resultado de este instante, de aquello que eres ahora, justo en este momento, es el fiel resultado de la suma de todas tus acciones y decisiones, erróneas o acertadas, y en ese sentido los errores no dejan de ser maravillosos: lo que hoy eres se debe tanto a tus errores como a tus aciertos, por igual. Así que celebremos el camino andado. 
 Twitter del autor: @paradoxeparadis

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17 may 2013

La originalidad de las ideas

¿Cuándo fue la última vez que tuviste una idea propia? ¿Es posible la originalidad en estos días de open source y remix? ¿Importa todavía ser original?


  Imagen: jeffdegraff.com  
¿Cuándo fue la última vez que tuviste una idea propia? Esta pregunta puede sonar un tanto agresiva y ciertamente puede detonar un eterno debate, pero ninguna de nuestras ideas son completamente originales. Las mías seguro que no lo son. Tomo ideas de los demás y construyo sobre ellas. Trato de crear nuevas formas de utilizar ideas del pasado. Combino las ideas viejas con nuevos mixes. A veces sólo desempolvo ideas del pasado que la gente ha olvidado. A veces mis ideas son aparentemente nuevas para mí —sólo para que eventualmente descubra que ya han sido encontradas y probadas desde hace muchos años. Todo el trabajo creativo funciona de ésta manera. Tomamos las ideas de los demás, las remixeamos y construimos sobre ellas.
Estamos inmersos en una sociedad que aspira a lo auténtico, a lo único y a lo original. Reconocemos, validamos y apremiamos los trabajos que nos revelan nuevas aproximaciones y que al mismo tiempo nos dan la esperanza de que aún existen nuevas fronteras creativas por descubrir. Pero lo cierto es que detrás de cada nueva idea, hay una deuda con infinitos autores conocidos consciente o inconscientemente por las personas que obtienen el crédito.
En Planetafios se ha hablado en diversas ocasiones del data remixing y del proyecto Everything is a Remix, que identifica las reproducciones miméticas y meméticas que se manifiestan en trabajos conocidos del mainstream como en la película de los hermanos Wachowski The Matrix, el White Album de Danger Mouse, el famoso caso de las patentes de Apple y hasta en canciones de Bob Dylan.
El acto de crear siempre se ha caracterizado por el mito de la inspiración, al efecto eureka, pero la creatividad no es magia: aparece al aplicar herramientas de pensamientos comunes a los materiales existentes. No podemos crear nada nuevo hasta que no dominamos nuestra área de conocimiento  Necesitamos imitar y copiar antes de intentar ser originales. Al tomar una idea y crear variaciones producimos avances, puntos de inflexión en la línea continua de invención, los resultados más contundentes suceden cuando las ideas se combinan. Mediante la conexión de ideas, se pueden lograr saltos creativos.
Los humanos estamos diseñados para realizar conexiones al reconocer patrones, al unir los puntos, siempre emerge un nuevo entendimiento. Daniel Bor en su libro The Ravenous Brain: How the New Science of Consciousness Explains Our Insatiable Search for Meaning argumenta que nuestra capacidad de reconocimiento de patrones, es la fuente misma de la creatividad humana. De hecho, la fragmentación y el reconocimiento de patrones ofrecen evidencia sobre la naturaleza combinatoria de la creatividad, ésta explicación reafirma las famosas palabras de Steve Jobs: “la creatividad es simplemente conectar cosas”; el argumento de Mark Twain, “todas las ideas son de segunda mano”, o la famosa cita de Jean-Luc Godard: “No es de donde tomes las cosas, sino de hacia donde las lleves”.
Las artes también generan su riqueza y parte de su atractivo estético de los patrones. La música pop es el ámbito más obvio donde las estructuras son más evidentes —pequeñas frases y secuencias que se repiten, la resonancia musical en nosotros se relaciona directamente a la composición matemática entre las notas y nuestra apreciación lógica por sonidos que reconocemos inconscientemente. Por otro lado, los patrones son tan importantes en las artes visuales como en la música, al generar conexiones improbables entre objetos disparatados es lo que hace que el arte sea tan fascinante de ver y crear, precisamente porque somos obligados a contemplar un modelo emergente de la conexión de puntos inferiores.
Muchas veces no conectamos los puntos hasta que se presenta una aparente oportunidad, lo que nos indica claramente que la unión de patrones no se manifiesta hasta que estamos inmersos en una disposición circunstancial. Platón decía “saber es recordar” al hablar de nuestra latente conexión con el mundo de las ideas, pero en el sentido de nuestro almacenamiento de data en la memoria de trabajo, los patrones se manifiestan en los momentos más oportunos.
Bor explica que el proceso de combinar bits de información más primitivos para crear algo más significativo es un aspecto crucial tanto del aprendizaje y de la conciencia, es uno de los rasgos que definen la experiencia humana. Y es que una vez que hemos llegado a la edad adulta tenemos décadas de aprendizaje intensivo detrás de nosotros, donde el descubrimiento de miles de combinaciones útiles de recursos, ha generado colectivamente un modelo increíblemente extenso de nuestro mundo
Esta reutilización de recursos ha sido llevada al siguiente nivel en ésta nueva era de la información y en la conocida “Cultura de Compartir”  que está creciendo en Internet con los claros ejemplos de botones de Share, Retweet o Repost, etc. El código Open-Source es un buen ejercicio: las personas colaboran para crear un código que puede ser utilizado por otros – se puede usar libremente como software, pero lo más importante es que otros pueden usar el código en sus propios proyectos de software, o tomar el código y mejorarlo. Todo el mundo gana – los usuarios del software, los programadores que son capaces de utilizar el código open-source, e inclusive los programadores originales, que reciben el reconocimiento por su trabajo en el que han contribuido a construir algo mejor.
Ahora extendamos este concepto a los escritores y otros artistas – músicos, fotógrafos, pintores, cineastas, etc. – y podremos observar lo poderoso que la cultura de compartir puede resultar. De repente, el copyright se convierte en una barrera para la creatividad y el compartir se convierte en una forma de contribuir a la comunidad creativa y al mundo en general.
La interdependencia de nuestra creatividad ha sido limitada por ideas culturales, pero ahora la tecnología está exponiendo esta conexión. Estamos viviendo una lucha legal, ética y artística para enfrentar las consecuencias. Todos estamos trabajando con los mismos materiales. Y a veces, por coincidencia, obtenemos resultados similares, pero a veces la innovación, simplemente es algo inevitable. 
Al asumir que toda originalidad proviene del remix, la información Open-Source se convierte en el siguiente paso en la evolución de la creatividad, el cocktail de bits de data (copyright free) a los que seremos expuestos y nuestra capacidad exponencial para reconocer patrones con propiedades emergentes, forjará un nuevo tipo de conciencia. La siguiente gran epifanía en la historia de la humanidad podría salir desde tu escritorio. 


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24 ene 2013

ADN: el disco duro del futuro

Si usted es de los que se preocupa por la posibilidad de que sus archivos se pierdan entre los constantes cambios tecnológicos, un equipo de científicos le ofrece una solución: almacenarlos en moléculas de ADN.


  Según Nick Goldman, uno de los miembros del equipo, un gramo de ADN
  tiene la capacidad de almacenar alrededor de dos petabytes de datos  
Los investigadores, del Instituto Europeo de Bio-informática (IEB), con sede en Inglaterra, demostraron que es posible guardar textos, imágenes y sonidos en "la molécula de la vida".
Para probarlo, codificaron un artículo científico, una foto, sonetos de Shakespeare y extractos del discurso de Martin Luther King "Tengo un sueño" al lenguaje ADN.
La información después fue leída con un 100% de precisión.
En una publicación de la revista Nature, los autores del estudio afirmaron que es posible almacenar grandes volúmenes de datos en el ADN por miles y miles de años.
Aunque reconocen que los costos involucrados en la síntesis de la molécula en el laboratorio hacen que este tipo de almacenamiento de información sea "increíblemente caro" por el momento, argumentan que gracias a las nuevas tecnologías pronto será más asequible, e ideal para archivar documentos a largo plazo.

Un disco duro sin electricidad

 Si se mantiene en un sitio fresco,
 seco y oscuro, el ADN puede
 conservarse por miles de años 

"Una de las grandes ventajas de utilizar el ADN para almacenar información, es que no se necesita usar electricidad", explicó uno de los miembros del equipo, el doctor Ewan Birney, del Instituto Europeo de Bioinformática (IEB) en Hinxton, cerca de Cambridge.
"Si se mantiene en un sitio fresco, seco y oscuro, el ADN puede conservarse por muchísimo tiempo. Lo sabemos porque almacenamos el ADN de mamuts lanudos en ese tipo de condiciones", precisó.
El grupo señala que los documentos históricos y oficiales podrían beneficiarse del almacenamiento molecular.
Gran parte de esta información no se consulta diariamente, pero necesita conservarse. Una vez codificada en el ADN, se puede guardar de forma segura en una bóveda hasta que sea necesario.
Y a diferencia de otros medios de almacenamiento que se usan en la actualidad, como los discos duros externos y las cintas magnéticas, una biblioteca molecular no exige un mantenimiento constante.
Por otra parte, gracias a la universalidad de la molécula de la vida, probablemente nunca tenga que enfrentarse a problemas de compatibilidad con versiones anteriores, ni a que la tecnología de la época no permita leer la información archivada.
"Creemos que siempre existirá la tecnología necesaria para leer el ADN, siempre y cuando siga existiendo vida basada en el ADN en la Tierra", le dijo el doctor Birney a la BBC.
Esta no es la primera vez que el ADN se utiliza para codificar la misma información que almacenamos en nuestros ordenadores.
El año pasado, por ejemplo, un grupo de científicos estadounidenses publicó los resultados de un experimento muy parecido en la revista Science. En esa ocasión, los investigadores transcribieron todo un libro al lenguaje molecular.
El reciente estudio utiliza técnicas ligeramente distintas para llegar a sus objetivos, y además ha analizado en mayor profundidad los problemas de escalabilidad y funcionalidad que se pueden presentar.

Cómo funciona

 
 Esta es la imagen que se codificó
 en el experimento. 

La molécula helicoidal se mantiene unida por cuatro grupos químicos, o nucleobases, que cuando se acomodan en un orden específico, contienen las instrucciones genéticas que necesita un organismo vivo para construirse y conservarse.
El sistema de almacenamiento del IEB utiliza las mismas cuatro "letras", pero en un lenguaje completamente distinto al de los seres vivos.
Para copiar un archivo digital - como por ejemplo un documento de texto - los dígitos binarios (ceros y unos) que normalmente representan la información en un disco duro, tienen que ser traducidos al código del equipo. Una máquina de síntesis de ADN estándar produce en serie la secuencia correspondiente.
Pero no es una sola molécula larga. Se trata de múltiples copias de fragmentos superpuestos, y cada fragmento contiene detalles de indexación que identifican en qué lugar se almacena la secuencia.
Esto genera redundancia en el sistema, lo que implica que si algunos fragmentos se dañan, no se perderán los datos.
Posteriormente, el mismo equipo que se utiliza en los laboratorios de biología molecular para leer el ADN de los organismos se emplea para extraer la información, a la que se puede acceder en una pantalla de computadora.
En su experimento, el equipo de científicos codificó un fragmento de 26 segundos del clásico discurso de Martin Luther King contra el racismo, una foto del IEB en formato "jpg", el famoso documento de Crick y Watson que describe la estructura del ADN en formato "pdf", un archivo que contiene todos los sonetos de Shakespeare en "txt", y un documento acerca el sistema de codificación.
En total, la información ocupaba el equivalente a unos 760 kilobytes. El ADN que contiene toda esta información es más pequeño que una mota de polvo.

"El ADN que contiene 
toda esta información 
es más pequeño que 
una mota de polvo"
Nick Goldman, científico
Nick Goldman, uno de los miembros del equipo, explicó que la molécula es un medio de almacenamiento increíblemente denso.
"Un gramo de ADN tiene la capacidad de almacenar alrededor de dos petabytes de datos, el equivalente a tres millones de discos (CDs)", señaló.
Goldman habló sobre la preocupación que han expresado algunos de que el código de ADN artificial de alguna manera termine en el genoma de otro organismo vivo.
"El ADN que hemos creado no puede incorporarse accidentalmente a un genoma, utiliza un código completamente distinto al de las células de los organismos vivos", aclaró.
"Y suponiendo que el ADN se introduzca en tu organismo, acabaría por degradarse y eliminarse. Realmente no tiene cabida en un ser vivo".

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14 nov 2012

Minerva: La universidad online

Minerva quiere convertirse en el Harvard de internet


  (Minerva Project)  
Con el nombre de Proyecto Minerva, una startup trabaja ya para ofrecer una universidad online que tendrá el nivel de grandes instituciones educativas como Harvard pero a mitad de precio.

La idea la ha tenido el emprendedor Ben Nelson, que ha logrado que la firma de capital riesgo Benchmark Capital invierta 25 millones de dólares en el proyecto, lo que nos da una idea de la envergadura de la futura universidad online.

A partir del año 2015, Minerva, que tiene su sede en la ciudad californiana de San Francisco, empezará a abrir el proceso de selección de sus primeros estudiantes.

Nelson apenas tiene 36 años pero su brillante currículo incluye la puesta en marcha de Snapfish, una startup para compartir imágenes online que fue adquirida por Hewlett-Packard en 2005.

En el caso del Proyecto Minerva, la Universidad tendrá un modo particular de enseñar  a los novatos, ya que a diferencia de las universidades americanas, que obligan a los alumnos a pasar cursos introductorios al empezar sus estudios, el modelo del centro educativo de Nelson estará basado en enseñarles “sobre como pensar”.

Por otra parte, jugarán un papel importante los seminarios especializados sobre temas variados en diversos campos científicos, económicos, políticos…

Todas las clases sin excepción, se celebrarán a través de internet y el estudiante y el profesor tendrán cada uno de ellos una webcam para poder interactuar en sesiones de chat.

Las estimaciones realizadas por Nelson hablan de que Minerva podría llegar a tener 10.000 alumnos y cada uno de ellos pagaría en torno a los 25.000 dólares anuales.

El prestigio del centro parece que se notará en los contenidos educativos que se enseñarán a los alumnos, ya que para esa tarea se va a contratar a profesores de prestigiosas universidades de primer nivel que también harán labores de consultoría.

Por último, se  ha conocido que desde el proyecto Minverva están trabajando para desarrollar un programa y una plataforma especial desde la que podrán acceder a la universidad sus alumnos.



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27 ago 2012

El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar

Innovar no consiste en blindar lo que haces mediante oscuridad, secretos y patentes para que a otros les sea mucho más difícil seguir por el camino que tú has abierto. No consiste en castigar y multar al que te copia. Porque el que te copia, por definición, va por detrás de ti.
Innovar consiste en crear cosas nuevas con la mentalidad de aprovechar la ventaja del pionero que obtendrás con ellos durante un tiempo corto y limitado, sabiendo que cuando los que te quieran copiar lo hayan conseguido, tú ya estarás en el siguiente paso de la innovación, y ellos solo serán eso: copias. Innovar es contribuir al progreso, no dificultarlo. Ser innovador no es tener una idea y buscar vivir de ella en el futuro, sino tener una actitud que te permita tener esas ideas constantemente. Innovar no es un momento, es un continuo. Es una mentalidad, un estado de ánimo, un reto constante, no un acomodarse porque “total, ya lo tenemos patentado“. Se innova en las compañías, no en los juzgados. Si tienes que pedir a los juzgados que protejan tu innovación, es que ya no eres realmente innovador.Decir que la victoria de ayer es “una cuestión de valores” implica, desgraciadamente, que has perdido esos valores. Al final del camino, puede incluso que Samsung haya sido la ganadora de todo esto.
Si innovas y lo haces bien, todos te copiarán, y tú serás el que innova entre muchos que copian. El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar.

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13 jul 2012

Innovar: del concepto a la estrategia

Vivimos una actualidad cambiante en la que todas las compañías –sin importar su tamaño– se esfuerzan por adaptarse continuamente. Para muchos líderes de negocios, esto significa asegurarse que su empresa esté siempre equipada con la mejor tecnología y con los recursos humanos capacitados para manejarla.

Aunque nadie negaría que lo anterior es fundamental, la clave de la innovación corporativa descansa más en cuestiones de actitud y estrategia. Poder “tomar la fotografía correcta” del paisaje corporativo que nos rodea es, sin duda, el primer paso para innovar, pues nadie puede pretender transformar su negocio sin conocer acabadamente su punto de partida. Esa “fotografía” no sólo incluye conocer nuestro mercado y a nuestros competidores, sino también detectar a tiempo las cambiantes pautas de los consumidores.


Ahora bien, si todos estamos de acuerdo en la necesidad y el valor de la innovación, la pregunta es ¿cómo hacerlo? En principio, identificando su obstáculo fundamental: la complacencia. El experimentado consultor Kevin McFarthing escribía hace poco sobre este pecado capital que suelen cometer las empresas consolidadas.


Al margen de mencionar el emblemático caso de Kodak, McFarthing sostiene que no hay nada peor que una empresa que se vuelve “prisionera de su pasado”. Por eso, dice el autor, cobra sentido aquel viejo refrán según el cuál cuando se trata de negocios“sólo los paranoicos sobreviven”. En la práctica, esto puede traducirse en dos actitudes fundamentales. La primera es evitar la tentación de creer que nuestro mercado será “eterno”. En segundo lugar, monitorear de cerca la evolución de nuestros competidores, tanto los reales como los potenciales.


Innovación y transparencia

Ahora bien, ¿qué significa exactamente “innovar” en esta era de transformaciones vertiginosas? ¿Qué esquemas de negocios facilitan la conformación –y mantenimiento– de organizaciones flexibles y propensas al cambio? La respuesta puede englobarse en la palabra “transparencia” y podemos describirla brevemente en los siguientes puntos:


Visibilidad digital: tal como apuntábamos un par de semanas atrás, la gestión de una presencia exitosa nos obliga a tener “menos secretos” con los consumidores.
Relación con los clientes: en el “hiperconectado” siglo XXI la comunicación con los clientes –reales y potenciales- se establece bajo nuevos parámetros.
En la nube: la computación en nube facilita la adopción de esquemas de trabajo flexibles. Al no tener limitaciones territoriales, se pueden armar equipos basados en el talento y no en otros factores.
Aprendizaje continuo: el valor del conocimiento en la era digital no está puesto en discusión. Por eso, la motivación a los recursos humanos de cualquier compañía del siglo XXI no puede descuidarse. Para innovar, necesitamos sujetos entusiastas.


la capacidad de innovación siempre fue un mérito valioso para las empresas, hoy se ha tornado prácticamente imprescindible. Una mirada rápida al ranking de las compañías más innovadoras en 2011 según la revista Fast Company lo confirma de modo contundente: 8 de las 10 empresas que encabezan la lista ni siquiera existían hace más de diez años.

Lejos de amedrentar a los líderes de negocios, este dato puede leerse como un termómetro perfecto de la economía digital y de las habilidades que necesitamos para hacernos un lugar en ella.






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12 jul 2012

Tecnologías que veremos en 10 años

Nuevas propuestas para revolucionar el hogar, el coche, las compras o el trabajo



No hay nada como echar un vistazo a los centros de investigación de Microsoft, Samsung, Google, IBM o Intel para darse cuenta: vivimos en la prehistoria digital. Las grandes firmas tecnológicas se dejan varios miles de millones de euros cada año en inventar lo siguiente. El 99% de los proyectos fracasan, el resto sobrevive y solo uno o dos acaban transformándolo todo. Intel presentó recientemente en San Francisco su particular batería de ideas para revolucionar el hogar, el coche o el trabajo. No hay gafas futuristas como las de Google, pero sí un buen puñado de apuestas.

Las más peculiares giran en torno al coche del futuro. Según la compañía, que emplea a más de un millar investigadores en innovación y desarrollo, en poco más de una década los automóviles estarán conectados a Internet y equipados con todo tipo de sensores inteligentes que les conectarán a su entorno. Podrán, por ejemplo, intercambiar información de accidentes con otros coches y sugerir nuevas rutas o recibir alertas sobre la gasolinera más cercana y barata. Todo en tiempo real y sobre la marcha.
Brian David Johnson, investigador jefe de Intel, asegura que los automóviles se convertirán en sistemas inteligentes de computación en lugar de carrocería sobre ruedas. Para demostrarlo señala una de los proyectos en los que la compañía lleva años trabajando en colaboración con la universidad de Carnegie Mellon: faros capaces de no iluminar la lluvia durante la noche para reducir reflejos y mejorar la visibilidad del conductor.
Equipados con una pequeña cámara ultra-rápida, un procesador y un software, predicen cómo caerán las gotas de lluvia para evitar iluminarla. Todo en 13 milisegundos y con una precisión del 70%. Es un prototipo, pero Intel asegura que podría llegar al 90% de precisión y a un coste asequible para los fabricantes. ¿Veremos también coches autónomos sin conductor? “Estoy convencido de que sí, en cinco o  diez años estarán en las carreteras”, dice Johnson.

Habrá faros capaces de no iluminar la lluvia durante la noche para reducir reflejos y mejorar la visibilidad
El hogar es el otro espacio que la tecnología lleva años soñando conquistar, aún sin éxito. Intel apuesta por un aspecto concreto: la seguridad, convertir el cuerpo en las llaves que nos abran la puerta de casa o enciendan el horno o las luces con un gesto. Richard Libby, investigador de la compañía, explica el sistema en el que trabaja. “Basta una pequeña cámara integrada en la puerta de entrada y una pantalla táctil. Llegamos, la cámara nos reconoce, acercamos los dedos a la pantalla, lee nuestras huellas dactilares, y dentro. El mismo concepto se puede aplicar a los coches: abrimos con la huella dactilar, el volante nos identifica al tocarlo, el vehículo arranca solo y el asiento o la música se ajustan automáticamente a nuestras preferencias”, dice Libby.
En el lugar de trabajo, el reconocimiento de voz, otra de las grandes promesas, podría empezar a utilizarse en los próximos años. Una muestra: un video chat que transcribe la voz en texto y lo traduce al instante al idioma seleccionado. En una videoconferencia con un proveedor chino, por ejemplo, al otro lado verían nuestra imagen, oirían el castellano sin entender ni jota, pero leerían nuestras palabras en texto traducidas al chino en tiempo real, y viceversa. Como siempre, el problema está en los errores, en la precisión, aún lejos de lo aceptable, pero sus creadores son optimistas. “Nada que el avance tecnológico no pueda resolver”, aseguran.
Otro frente abierto: ir de compras. Intel apuesta por innovaciones como Scott Bot, un robot con cabeza de Kinect, la consola de Microsoft, que recorre los pasillos de las tiendas creando mapas con la ubicación de los productos. Al dueño del negocio le permite conocer el nivel de inventario en cada momento y al consumidor acceder en el móvil al mapa de la tienda. Se acabó desesperarse en busca del paquetito de sal, el teléfono lo localiza al instante y, además, con ofertas y descuentos.
La tecnología podría jubilar también los probadores. ¿Por qué no probar unos pantalones o un vestido digital en lugar de hacerlo físicamente talla a talla, color a color? Un software junto a una Kinect ya permite sustituir el espejo del probador por una gran pantalla. En ocho segundos digitaliza nuestra imagen y la convierte en un avatar. Delante de la pantalla vamos probando la ropa (digital); nos giramos, el avatar se gira, levantamos los brazos, el avatar los levanta… ¿Ventajas? “!Es mucho más rápido y divertido!”, dice la investigadora responsable del proyecto.

La tecnología podría jubilar también los probadores. ¿Por qué no probar unos pantalones o un vestido digital en lugar de hacerlo físicamente talla a talla, color a color?
Otras ideas más sencillas quizás acaben funcionando más rápido, como la web en 3D. “Hemos desarrollado el estándar XML3D para que cualquier programador pueda crear páginasweb con imágenes en 3D en poco tiempo y a bajo coste”, dice Kristian Sons, investigador del Instituto Alemán de Inteligencia Artificial, que trabaja con Intel en esta iniciativa.
Los avatares para chatear por el móvil son otro ejemplo. En lugar de utilizar vídeo sobre la red celular (como Facetime en iOS), ya es posible utilizar avatares que transmiten expresiones faciales básicas, si nos reímos, si cerramos los ojos, pero no la imagen completa, reduciendo así el consumo del plan de datos. Pequeños avances que tal vez algún día veamos en nuestras pantallas.
“¿Por qué siguen existiendo los tenedores, las cucharas y los cuchillos? Porque cada uno es bueno en una cosa. Lo mismo ocurre con la tecnología”. Así de sencillo explica Genevieve Bell cómo cree que será el panorama en 10 años. “Cada país será un mundo, como hoy, y seguiremos utilizando un montón de aparatos, como hoy”. Diferente, pero igual. “Es una de las cosas más importantes que necesitamos entender sobre el futuro: continuará siendo diverso, con múltiples servicios de Internet, aparatos y preferencias de la gente en cada país”.
Bell, antropóloga, lidera en Intel un equipo de 100 investigadores, psicólogos, sociólogos, ingenieros y diseñadores cuya misión es observar a la gente y predecir cómo utilizaremos la tecnología en 10 o 20 años. “Fácil, ¿eh?”, se ríe. “Hay cosas que jamás cambiarán, siempre necesitaremos pertenecer a un grupo social y los servicios y tecnologías que lo faciliten, hoy Facebook, mañana otra cosa, triunfarán”, dice.
Y señala el mayor cambio que, según ella, veremos en la próxima década: “Nos estamos moviendo de la interacción con la tecnología a la relación con la misma. Ahora ordenamos a los aparatos qué hacer, envía un email, imprime, enciéndete. Poco a poco aprenderán nuestros hábitos y harán muchas de esas cosas automáticamente. Será una relación, no una interacción”.


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