UN ESPACIO EN ÓRBITA PARA EJERCITAR EL PENSAMIENTO, DEDICADO A LA CIENCIA, TECNOLOGÍA, INNOVACIÓN, EVOLUCIÒN, CULTURA Y DEMAS ARTES Y HOBBYS;
............................................................................................... DONDE LOS PLANETAS SE ALINEAN.
Empiezo a estar un poco “mosca” con este mantra que se repite hasta la saciedad: en Internet está todo. ¡Pues no! Sí hay muchas cosas, sobre todo en inglés, pero no está todo. Y aunque fuera así, ¿por qué creemos que eso es bueno? Piénselo un momento: ¿Tener acceso a cualquier cosa es lo mejor que nos puede suceder?.
Dicen que con Internet hemos entrado en la era de la información, y es verdad. Incluso se han inventado un término,infoxicación, para definir un mal de nuestros tiempos: nos llega más información de la que podemos procesar y eso nos crea angustia. Un estudio realizado en 2002 por Peter Lyman y Hal Varian de la Universidad de Berkeley reveló que la información producida ese año equivalía a medio millón de nuevas bibliotecas, cada una conteniendo la versión digitalizada de las colecciones impresas de la mayor biblioteca del mundo, la Biblioteca del Congreso norteamericano.
A los santificadores de Internet se les llena la boca con tales datos y sacan pecho; solo les falta decir que Internet es lo mejor que ha parido madre. Y podría ser así, pero olvidan una cosa fundamental: la información no es conocimiento. Y lo que hace progresar al ser humano es esto último.
El conocimiento exige tiempo y tranquilidad de espíritu para poder asimilar la información en condiciones, todo lo contrario a lo que sucede en esta época de Facebook y Twitter. Estos medios, con todas sus bondades, nos están llevando a una sociedad de conocimiento débil: ya no soportamos complejos razonamientos, sutiles argumentaciones que excedan de los 140 caracteres. Dicen que Internet hace que la gente lea más, pero es un argumento engañoso. Leer es un proceso en tres fases: hacerlo, entender lo que lees y finalmente digerirlo. Internet está promocionando la lectura rápida, mal entendida y regurgitada sin asimilar. Leemos algo y acto seguido contestamos con lo primero que nos viene a la cabeza. Claro que a lo mejor eso no es tan malo, que ya lo decía Jacinto Benavente: “cuando se habla sin pensar se dice lo que se piensa”.
Aviones, drones, tendidos eléctricos, parques eólicos… La actividad humana causa cada año millones de muertes de animales y una importante perturbación en el espacio aéreo donde estos habitan. Sergio Lambertucci y su equipo reflexionan esta semana en la revista Science sobre los problemas de esta batalla por ocupar el aire y proponen sistemas para mitigar los efectos que este choque provoca también en los humanos. Hasta la fecha, por ejemplo, más de doscientas personas han muerto en el mundo y miles de aviones han resultado dañados como consecuencia de las colisiones con pájaros, y los costes de estos daños, solo en EE UU, superan los 900 millones de dólares al año.
El Histomap, creado por John B. Sparks e impreso por primera vez en 1931, es sin duda uno de los infográficos más famosos y ambiciosos de la historia. 4 mil años de historia humana en una imagen, la “marcha de la civilización” con el glamour de la expansión y la caída de los grandes imperios. Evidentemente el Histomap es sólo una versión de la historia y podría tener numerosas variaciones, pero el solo hecho de que haya superado casi 1 siglo, es un testimonio de su valor. Los sesgos son también varios, como por ejemplo la casi nula inclusión de los pueblos antiguos de América, algo que hoy, en un mundo “políticamente correcto”, sería imperdonable. Hoy, realizar un mapa con esa intención definitiva de fijar la historia de manera ortodoxa en una única gráfica podría parecer un poco ingenuo o desaforado. De cualquier forma el proyecto es asombroso y sigue siendo un documento altamente eficaz para situarnos en el curso de la historia y brindarnos un panorama general de nuestro pasado, especialmente notando cómo tenemos tantos puntos en común y cómo, aunque pensemos que el mapa geopolítico actual tiene un carácter duradero, puede cambiar sumamente rápido (y cambiará pronto).
En una época donde la memoria se ha extravasado a la red o a la Nube y en la que el pasado parece ser poco atractivo al vivir en el presente perpetuo de las actualizaciones, el Histomap tiene casi un aura de un documento sagrado –no porque su versión de la historia sea especialmente iluminada, sino porque nos hace detenernos a contemplar esa historia y reflexionar sobre lo poco que la recordamos y lo fascinante que es.
Entre todo lo temible que podemos encontrar relacionado con nuestra situación social actual, hay una cuestión que trasciende su condición de agente más en ese puzzle de lo letal y se eleva como decisivo a la hora de ver qué futuro del mundo nos espera. El paroxismo moderno redunda en una idea constante: en la Era de la Información, las herramientas analíticas e interpretativas se han potenciado y se han entregado a la ciudadanía, de manera que no sólo se ha hecho exigible saber, sino que se ha hecho obligatorio. El ‘derecho a la información’ contiene ese doble filo que obliga a la existencia de un torrente de información continuo que nos bombardea, parejo a la idea de la necesidad de esa información por parte de los receptores. Esto redunda en un elogio recurrente a la cumbre de la modernidad, donde por fin nos hemos liberado no sólo de la opresión del pasado sino también de esa suerte de ignorancia congénita que abrumaba a toda la humanidad hasta la aparición de la Academia.
Un análisis estructural, con objeto la realidad misma según dimana de nuestro sistema socio-político, tiene mucho que decir sobre esta situación. En la actualidad, nuestro pensamiento sobrevive secuestrado por muchos raptores, entre los que se encuentra él mismo. La inyección de la mentalidad moderna para provocar el extravío del sentido común relativo a nuestra vida tiene gran parte de éxito gracias a esta intransigente necesidad del conocimiento totalizado del presente. La conciencia que se nos inocula desde diferentes frentes, específicamente la esfera mediática y la universidad, concurre en hacernos necesitar explicación sobre lo que ocurre más allá de nuestro ámbito de acción. La ‘aldea global’ es esa demencia teórica que pretende ponernos en relación de vecindad con los acontecimientos que tienen lugar en China. Pero lo que se olvida de manera sistemática por los aforados a la prensa como si de una necesidad vital se tratase es que es, en efecto, imposible un conocimiento del mundo a través de la ventana de los canales monopolizados. Lo único que alojan so pretexto de ser propuesta pero con conciencia de ser obligación los canales mediáticos, culturales y académicos es una visión del mundo maniquea, estrictamente correcta con arreglo a la conciencia que se desea que emerja, y no otra.
De aquí se desprenden muchas cosas, pero voy a resaltar una que es poco comentada. Más allá de la cuestión de la intervención del pensamiento, existe una crispación cuando se constata que de esta forma, en el presente y cada vez con más eficacia, es imposible conocer nuestro mundo con garantías de veracidad y adecuación. Hoy día, casi todas las fuentes de información sobre lo que está ocurriendo en el mundo responden a unos intereses estratégicos, en la medida en que cada vez más todas ellas están sindicadas por alguna fuerza institucional. La universidad, el espacio donde se dan cita autores entre sí con ánimo de levantar teorías omniexplicativas del mundo, tampoco escapa a esta cuestión, principalmente porque sus cauces de investigación están provistos por la información que trasciende de manera oficiosa, y no otra. Con la existencia de un gran Ministerio de la Verdad como transversal a toda la oficialidad, resulta imposible confiar en las informaciones que llegan sobre lo que ocurre con algùn conflicto bèlico, con el Estado Islámico o con la apariciòn de un virus o pandemia. Igualmente, todo lo que se incuba en en ala del sistema le sirve como principio, como es el caso del fenómeno Podemos, en nuestro país. Resulta temerario, una vez se cancela el hechizo de invisibilidad que han jugado las estructuras de poder sobre sí mismas, confiar en la información que se entrega. La neurosis de la modernidad tiene un gran resorte en esa imbecilidad que se siente por querer conocer y confiar a la misma vez sobre los discursos ajenos, y ahí es donde la modernidad se ha hecho potente, al autojustificarse en un plano tan sutil; al hacerse necesaria, querida y exigida.
La pérdida, en primer lugar, es nuestra historia. Desde la sociedad del aleccionamiento no se permite conocer ya nuestro propio pasado, ya que la tradición oral sobrevive raquítica gracias a la mentalidad del progreso más destructiva, que nos hace mirar con recelo, con inconveniencia, a las historias de nuestros abuelos, y una posible documentación sobre lo ocurrido pasa por consultar fuentes convenidas, insertas en lo despótico del sistema académico o fundadas en estadísticas tramposas. Hoy día es toda una aventura intentar comprender qué ocurrió en nuestro territorio hace 50 años. La poca prueba documental que queda, en aquellos estudios sobre una realidad inmediata pasada, a nivel local y sin pretensiones totalizantes, se están desintegrando a medida que las bilbliotecas y los archivos del mundo rural se caen a pedazos, debido a su nulo reconocimiento actual. Ese desinterés que provoca la centralización y el secuestro de la historia por los aparatos ideológicos por las únicas cuestiones que contienen una visión de la historia más o menos acertada pero honesta en sus términos nos está conduciendo a un escenario del mundo sin historia real más que como fabricación premeditada. Hoy ya es imposible conocer lo que ocurre en nuestro entorno inmediato, con el secuestro de la información relevante; pero la cuestión no es que en el pasado sí se pudiera conocer mejor el mundo y hoy día ya no, sino que se ha inoculado una falsa necesidad de prospección mientras se suministran documentos manidos, cuando en el pasado esa necesidad no existía y la gente vivía con un paradigma epistemológico más adecuado a su situación.
La reflexión en el pasado, allá donde el afán adoctrinador era flaco, en tanto los medios así lo eran, se basaba sobre la experiencia vivida. Es decir, por necesidad, se basaba sobre lo inmediato, sobre la información que emanaba del entorno al que se podía consultar. Hoy día, los cuerpos teóricos se argumentan sobre informaciones que provienen de fuentes privadas, ajenas al investigador, y no digamos al receptor final de los estudios, que es un ser totalmente pasivo, incapaz de contradecir con la misma estructura a su servicio todo lo dicho. Por eso hoy día resulta casi imposible contradecir en su mismo lenguaje a todas las ciencias, porque contienen la rúbrica de un sistema empoderado que dispone toda su estructura al servicio de los mecanismos que le dan autoridad. Muchísimas veces se escuchan comentarios que cuestionan de manera intuitiva algún postulado hecho en la actualidad, pero jamás prosperan como contrateoría, como alternativa. Paralelamente a esto, se nos ha extirpado el impulso por la reflexión autónoma, basada en la propia experiencia, además de que la calidad de dicha experiencia es del todo preocupante. Lo más delirante de esta situación recae en la impotencia hacia un conocimiento que se nos escapa, que ya no es nuestro, pues nos han saqueado la tradición oral, fuente de recursos para la reflexión sobre el mundo, y hemos confiado una gran importancia a la tarea de formarnos en el conocimiento de esta u otra cuestión del presente a través de los medios que provee el poder, siendo todas ellas visiones relativas a su campo del sistema de dominación, o en su defecto, perspectivas que a éste le interesan y convienen, o cuanto menos, no le importan.
La única conclusión posible es que nos adentramos en un escenario donde las personas vamos a estar entregadas de lleno a nuestros dominadores, y la capacidad de resistencia, no como voluntad de la persona sino como posibilidad de que emerja una conciencia crítica al respecto, sea llevada a cero. La resistencia ya no está en la calle; está, primero, en el pensamiento. Resistir al envite de la apropiación de nuestra mente, de la consecución de estas estrategias en nuestro interior, es primordial, y también lo es promocionar la reflexión autónoma y personal para que emerja una cierta conciencia escéptica, pues tampoco se trata de imponer una desobediencia pautada, que sería exactamente igual de indeseable que el adoctrinamiento actual. Los aduladores de la teoría del progreso se niegan a reconocer el curso ya casi indefectible que hemos tomado como sociedad, cuyo futuro es incierto pero temible si se mira desde la concepción de la libertad, tanto moral como de conocimiento.
Vivimos un momento especial de la ciencia en el que nuevos conceptos rompen la imagen que teníamos del mundo hasta ahora. Sin embargo, esos conceptos que nos parecen innovadores parecen haber existido con otros nombres en concepciones muy antiguas.
Mirar el mundo a través del prisma de la ciencia no es una tarea sencilla; vemos diferentes disciplinas y teorías que, cada una por su cuenta, intentan explicar la realidad. Pero todo eso está cambiando.
Cada vez son más los científicos que buscan una imagen más integrada y unitaria del mundo. Pero ¿qué quieren unificar? Una visión que conecte el mundo viviente con el mundo de la sociedad y este con el mundo de la mente. Estos esfuerzos se concentran en las teorías de la gran unificación o super gran unificación, GUT y GT por sus siglas en inglés.
Sin duda, uno de los grandes veteranos en este rubro es Ervin Laszlo, que desde su gran trayectoria y experiencia presenta una teoría del todo integrada y genuina. Él nos habla del "universo informado".
Para crear una teoría del todo, TOE (Theory of Everythings), lo esencial es la información, pero con "información" no se hace referencia a los datos que puede saber una persona, Internet o los libros, sino a un aspecto que es inherente a la naturaleza humana, como lo denominó el gran físico David Bohm, "in"-"formación" refiriéndose al mensaje que da forma a su receptor, como ya sabían los grandes sabios de Antigüedad y que hoy la ciencia está redescubriendo con entusiasmo. La información produce el mundo real y lo transmite en un campo fundamental que está presente por toda la naturaleza.
"En nuestro tiempo, de cambio acelerado y desorientación creciente, estamos más necesitados que nunca de una visión con sentido de nosotros mismos y del mundo, y esta ciencia es la ciencia del campo akásico, una puerta al universo informado" (Ervin Laszlo).
Esta teoría se basa en una característica fundamental: el descubrimiento revolucionario de la ciencia de que en todas las raíces de la realidad existe un campo que conecta todas las cosas, pero no solamente eso, sino que fascinantemente conserva la conexión y transmite información. Evidentemente, esto no es nada nuevo. Durante miles de años, los místicos, sabios y filósofos han mantenido y asegurado que este campo existe. En Oriente lo denominaron campo akásico. Hoy en día, el mito del campo akásico se convierte en realidad, evidenciando que este campo no solo existe, sino que alimenta, "informa" a todas las cosas, incluso, a la conciencia.
Ahora bien, tenemos el campo akásico, pero ¿cómo lo vemos en acción? Se evidencia en ese fino ajuste de las constantes que existen en el universo. El hecho de que sistemas tan complejos como nosotros puedan existir es una clara evidencia del campo akásico. Sabemos que el big bang fue increíblemente preciso con relación a sus parámetros, fue tan exacto que permitió a las partículas que formaran galaxias y estrellas, en lugar de dispersarse irremediablemente por el universo en el momento de la explosión. Con tan solo una minúscula desviación, con la modificación de una millonésima parte del valor de una de las fuerzas universales, como el electromagnetismo, el universo no hubiera sido capaz de albergar organismos vivientes y mucho menos evolución.
Este fino ajuste responde a este campo akásico, que es capaz de crear desde una información que alberga desde universos anteriores. Para entender esta idea, veamos un ejemplo sencillo de la naturaleza: algo similar se produce bajo la concepción del huevo o cigoto; la información que le crea proviene del código genético de los padres. Esta es una explicación mucho más verosímil que la que afirma que esta configuración "fina" se dio de manera aleatoria.
En el mundo de los seres vivos, el campo akásico es aún más sorprendente. Hemos visto los experimentos de células pertenecientes a un determinado organismo permanecer conectadas incluso cuando se encuentran a kilómetros de distancia. La información del campo akásico explica no solo la coherencia cuasi instantánea entre las células, sino la correlación sutil pero tremendamente efectiva de estas células y su entorno.
Se ha comprobado que las rocas más antiguas datan de alrededor de cuatro mil millones de años atrás, y las primeras formas de vida complejas datan de tres mil quinientos millones. Es sabido que la creación de vida requiere un esfuerzo continuado muy largo, que la pérdida de un solo paso conduce a un final fatal, por lo que es totalmente improbable que una mezcla aleatoria de la "sopa molecular" en los mares primigenios poco profundos haya sido capaz de semejante hazaña en un lapso de tiempo tan corto. Es evidente que esa mezcla de moléculas no fue aleatoria, sino que ¡recibió la información de las trazas de vida ya evolucionadas! He aquí la evidencia del campo akásico, no solo como transmisor, sino también como depósito de información.
La ciencia y la nueva generación de científicos tienen un excitante reto para estos tiempos en los que un nuevo concepto nos alcanza, donde vemos delante de nosotros un campo cósmico de información que consigue conectar a los organismos y a las mentes en la biosfera y las partículas, estrellas y galaxias a través de todo el cosmos.
NUNCA HA SIDO TAN FÁCIL SABER UN POCO DE MUCHAS COSAS Y APARENTAR QUE SABEMOS DE TODO ¿QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA LA CALIDAD DE NUESTRAS INTERACCIONES Y EL VERDADERO CONOCIMIENTO?
Quizás no nos damos cuenta de lo raro que es esto: podemos estar en casi cualquier parte del mundo e iniciar una conversación sobre un tema cultural al azar y es probable que la persona con la que conversamos, aunque sea desconocida y haya nacido en un país que en un principio nos podría parecer exótico, tenga por lo menos una vaga noción de lo que estamos hablando y logré al menos fingir que sabe de lo que estamos hablando sin que nosotros nos demos cuenta de que está fingiendo. Y seguramente todos estaremos contentos de seguir nuestra conversación superficialmente, reafirmando nuestra pertenencia y nuestra homogeneidad sin arriesgarnos a que descubran que no sabemos y que somos diferentes. Esto, sin embargo, no siempre ha sido así. Antes las personas sabían cosas distintas, que nos eran inaccesibles por no ser parte de una cultura específica.
Supongo que esto es a lo que se refieren las compañías de teléfonos celulares al siempre decirnos que nos conectan con el mundo y que todo el territorio ya ha sido colonizado por la tecnología. Todos conectados en la misma línea, viendo las mismas imágenes y consumiendo la misma información. Navegando por la superficie, en la era de la híper-información, con un escudo de datos y factoides, atentos a las modas: saber lo suficiente para que los demás no descubran que no sabemos y nos desnuden (como una nueva pesadilla de ir desnudos a la escuela o al trabajo).
Karl Taro Greenfeld escribe en un interesante artìculo:
Nunca ha sido tan fácil fingir que sabemos tanto sin verdaderamente saber nada. Elegimos temas y bits relevantes de Facebook, Twitter, o alertas de email y los vomitamos después. En vez de ver “Mad Men”, el Superbowl, los Oscar o el debate presidencial, simplemente puedes navegar los feeds de alguien haciendo live-tweets del evento o leer los encabezados de los diferentes sitios. Nuestro canon cultural está siendo determinado por lo que sea que tenga más clicks.
Hoy no sólo podemos saber sobre todo lo que está pasando en el mundo de las celebridades o de la política internacional en 15 minutos de dieta informativa, también podemos agenciarnos de un pequeño arsenal de alta cultura en la presentación de quotes y frases célebres o datos wikipédicos, suficientes para impresionar a una chica o defendernos mínimamente en una cena en una embajada. Es más, podemos escribir sobre literatura y filosofía sin haber leído libros de los abstrusos autores de los que hablamos –pero eso sí disparar una frase inspiracional, fresca de recibir cientos de retweets, un gancho al hígado del lector ávido de encontrar sus creencias reflejadas, cultivando un aura intelectual para nuestra reputación en línea. Esto no siempre ha sido así –antes la mayorías de las personas cuando hablaban sobre un autor en realidad habían leído libros o al menos artículos completos de ese autor.
Karl Taro Greenfeld sugiere que existe una presión para saber –o para parecer culturalmente letrados, para así salir a flote e ilesos en nuestras interacciones sociales. “Nos acercamos peligrosamente a dar un performance de sapiencia que es en realidad un nuevo modelo de no-saber-nada”. ¿Saber un poco de todo es lo mismo que saber mucho de nada? O, ¿de toda esta panoplia de trivia, de todas las conexiones de datos superfluos, del agregado hipervinculado surge, como de un gestalt holístico, la sabiduría? Aldous Huxley famosamente dijo que lo importante no eran las experiencias que tenemos sino lo que hacemos con ellas y la forma en la que las procesamos, lo mismo ocurre seguramente con la información, no importa tanto la cantidad y hasta la calidad de la información que tenemos sino nuestra capacidad de procesar, relacionar, detectar patrones e incluso transformar esa información en conciencia.
NPR hizo un ejercicio ilustrativo de lo que ocurre en nuestra era, publicó en el día de April Fool’s Day una nota con el título Why Doesn’t America Read Anymore?(¿Por qué ya no lee Estados Unidos?). La nota se viralizó en Facebook, obteniendo numerosas interacciones, incluyendo muchos comentarios de personas que aseveraban que ellos si leían o que exhortaban a los demás leer la nota. La nota, por supuesto, era una broma y su único contenido era afirmar que era una broma. Una inteligente treta motivada por la sensación que tenían los editores de que las personas comentan y comparten artículos que no sólo no han leído sino que ni siquiera han visitado.
Esto mismo lo hemos constatado en Planetafios, algunas de las notas tienen más shares en FB que vistas (lo cual claramente muestra que muchas personas comparten notas que ni siquiera han visto). Lo mismo ocurre con los comentarios, lo cual nos muestra el gran nivel de discusión que en ocasiones ocurre en estas notas.
Escribiendo y publicando algunos posts, me doy cuenta de que entre menos denso y cargado de referencias sea el texto más éxito tendrá el post, especialmente si se pueda sintetizar en una lista de bullets o frases cortas. Queremos que alguien desbroce y desglose para nosotros el contenido y sólo leer lo supuestamente esencial –las perlas exprimidas—pero no queremos atravesar ese proceso mayeutico con el autor. Pronto desarrollaremos una reacción alérgica cuando vemos una serie de largos y densos párrafos con enunciados igualmente extensos desdoblando múltiples significados y evocando múltiples momentos, en la cámara de ecos del texto (tiempo desgranado, espejos), como si no pudiéramos respirar por tantos caracteres hacinados en el texto, buscando el espacio blanco como el aire.
Tal vez en algún momento descubrimos que no era necesario saber mucho, que con un cierto mínimo podíamos obtener los beneficios sociales de saber. En un examen de escuela leímos los cliffnotes (versión resumida de un texto comúnmente usado por estudiantes anglosajones) de una novela y pasamos el examen. O salimos con una chica y fingimos que sabíamos del tema que le interesaba o que conocíamos un país al cual ella quería ir para impresionarla y conseguimos más fácilmente su afecto. A esto se le suma Internet donde estamos a un click de distancia de obtener un resumen especializado de cualquier tema que nos interese.
Así, haciendo una reverencia a la tradición, recordemos a Sócrates, quien, como todos sabemos (este es uno de los conocimientos globales infaltables que pueden hacerte pasar un rato vergonzoso en su pifia), dijo “Yo sólo sé que no sé nada”. Eso es lo que se llama un buen comienzo en el camino de la sabiduría. En medio del simulacro del conocimiento resulta hasta más simpático no saber –no saber lo que todos saben. Ser una cabeza vacía parece más interesante que ser una cabeza llena de datos anodinos o de frases hechas dichas por alguien más, cuyo sentido y contexto ignoramos. No saber es también una postura más honesta y la honestidad es evidentemente el paso fundamental para la verdad. La filosofía platónica decía que “saber es recordar” pero quizás actualmente, antes, debemos de olvidar para poder acceder a una capa de memoria más profunda.
SI EDUCAR ES FORMAR, LA ESCUELA DEBE DE FORMARNOS SEXUALMENTE
Me vuelve a parecer sintomático y significativo el uso que se le da a la palabra educación cuando se la asocia a lo sexual. ¿De qué hablamos cuando hablamos de educación sexual?
Parece evidente que, en referencia a lo sexual, la educación se piensa básicamente como información. Educación sexual suele querer decir, para casi todo el mundo, información sexual. Es una iniciativa que se aceleró en los tiempos del VIH y está muy ligada al lado profiláctico de lo sexual. También guarda relación –aunque no tan directa– con el embarazo precoz y, antes, con las enfermedades venéreas. La información sexual que nos protege de los riesgos que el sexo supone.
Y así se ha ido imponiendo.
No soy un experto ni un estudioso de los temas VIH, enfermedades venéreas y embarazo precoz, pero tengo entendido que hay alguna relación directa entre información y control. Tal vez.
Pero mi problema es otro. Eso de que educación sea tan “naturalmente” un sinónimo de información. Estamos ante un gran peligro (tan grave como los referidos antes, me parece): que los sistemas educativos en general sean remitidos y reducidos a sistemas informativos. Y en este caso de lo sexual, la asociación es directa y no la veo muy cuestionada. Es decir, que entendamos la escuela como un centro informativo.
También me inquieta –debo reconocer– que lo sexual en la escuela sea remitido y reducido a profilaxis. No es ingenuo ni neutral. La escuela se vuelve a lo sexual para dominarlo, para domesticarlo, como suele hacer con todo lo demás (con lo digital, para citar otro ejemplo.). O por lo menos, para pretender dominarlo. Una sexualidad educada es una sexualidad dominada, aplastada por su profilaxis. La escuela no enfrenta lo sexual como una práctica humana básica y constitutiva, apoyada en la trama de valores que organizan y dan sentido a las personas o los grupos sociales. No digo que deba exaltarla, sino simplemente que la acompañe. Pero no lo hace. Entra cercándola. No nos habla del placer, de las posiciones relativas entre los enamorados, del amor en general, del goce, del extravío vital. Insiste con preservativos, sangre, masturbaciòn, ciclos menstruales, prostitución, homosexualidades, edades, maduraciones, zonas erógenas autorizadas y esas cosas. Entra al sexo por su lado menos carismático, como lo hace con la lectura. Pondera estereotipadamente y pune en lugar de acompañar y respetar. No deja ser.
Si la educación sexual se planteara desde una redefinición de la palabra educación, otra sería la historia. Educación como un proceso formativo, constitutivo. Educándome, me constituyo en quien soy. Soy más yo mismo. Me formo. Y la educación sexual sería abordada como la constitución sexual de los alumnos o, más aún, como la constitución de los niños; su formación, también a partir de lo sexual. Lo sexual me constituye.
Y entonces lo sexual se vuelve una instancia estructural de formación de las personas. En lo sexual se juegan los valores y las competencias fundamentales de la vida social. Las culturas se manifiestan en lo sexual y se ponen en juego en lo sexual. Lo sexual como una práctica social básica de la vida humana. Lo sexual en su más amplio sentido.
Y que todo eso entre en la escuela. Con todita su complejidad, su diversidad, su amplitud y su transversalidad. El componente sexual de esa comunidad es parte de esa comunidad. Es un condensador social. Y que la escuela lo aloje, lo dinamice, le abra espacios y, sobre todo, lo respete. Como la dimensión digital de nuestros niños.
No busquemos escuelas que nos devuelvan niños sexualmente educados. No se trata de eso. Exijamos escuelas que eduquen a nuestros niños también mediante su vida sexual. Que los formen en su sexualidad y para su sexualidad plena. Que los abran al mundo vital de la vida sexual humana. Que los acompañen, uno por uno, en su recorrido propio. Que los reconozcan como sujetos sexuales.
Es curioso, pero pensándolo mientras escribo me viene el recuerdo de que, así como con lo sexual la escuela usa la palabra educación, educación sexual, con lo cívico o lo ético la escuela opta por la palabra formación, formación cívica, formación cívica y ética, formación ciudadana… Es curioso. Creo que esto también se explica por aquella consuetudinaria “pacatería” que caracteriza a la escuela, que intuyó que si hablaba de formación sexual se habría metido en problemas de los que no hubiera conseguido salir ilesa.
Cambiemos –quiero decir– la ubicua lámina del aparato reproductor femenino y la infografía del condón y sus mecanismos por imágenes de los besos, los abrazos, los cuerpos, los deseos, las vergüenzas, las caricias, lo erótico en general. Saquemos lo sexual de la clase de biología, ¡por amor de Dios! Reconozcamos que lo sexual ya está presente en la escuela y que si se lo trabaja bien, jalará los procesos porque es significativo aunque no queramos, por presencia o por ausencia.
Si educar es formar, la escuela debe de formarnos sexualmente. Ayudarnos a ser plenos en aquello. En rigor, la expresión más adecuada sería así: no se trata de formarnos sexualmente sino de, sexuales como somos, formarnos. (Siento, muchas veces, que las frecuentes sexólogas de la TV y la radio dan mucho mejor con la posición y el tono que estoy proponiendo que la escuela). Ayudarnos, que es un poco guiarnos y otro poco, dejarnos ser. Ir sacando a lo sexual de su nicho y volviéndolo –como es– un eje transversal de la constitución subjetiva de los niños; una problemática que regresa todo el rato, a propósito de casi todo, y le da sentido a muchas de las cosas a las que hoy la escuela no consigue dar sentido. Toda una oportunidad.
EL PRIMER RETO DEL IQ-ISMO ES EL CULTIVAR UN ESTADO DE REFLEXIÓN, INTERPRETACIÓN Y DISCERNIMIENTO PARA PODER DISTINGUIR ENTRE LO QUE ES INFORMACIÓN Y DESINFORMACIÓN. DÍA TRAS DÍA SOMOS BOMBARDEADOS POR MEMES QUE REPLICAN Y PROPAGAN IDEAS, MUCHAS VECES NOS SIRVEN COMO ANTÍDOTO PERO MUCHAS OTRAS SON EL VIRUS.
La información es la nueva moneda que hace girar al mundo: el principio vital que impregna las ciencias en todos sus rangos transformando cada rama del conocimiento. La teoría de la información comenzó como un puente de las matemáticas a la ingeniería eléctrica para llegar a la computación, la informática. Hasta la biología ahora es concebida como una ciencia de la información, sujeta a mensajes, instrucciones y código. Los genes encapsulan data que activan procedimientos de lectura y propagación. “El ciclo de la información se convierte en la unidad de la vida” dijo Werner Lowestein, y nos recuerda que la información tiene ahora un significado más profundo “Connota el principio cósmico del orden y la organización y provee una medida exacta de eso”. La información, los bits, se encuentran en el núcleo de la existencia.
Cada nuevo medio transforma la naturaleza del pensamiento humano. La historia, es en sí, la historia de la información tomando conciencia de si misma. En ésta nueva era, la motivación detrás de casi todo el consumo de data se vuelca en la auto-realización. Utilizamos la información para ser “mejores”- más exitosos, más populares, más atractivos, más sanos, más inteligentes. En el 2013, se ha consagrado la macro-tendencia del IQ-ismo con personas que adoptan nuevas tecnologías, plataformas y experiencias para identificar, medir, competir y aprender con el fin de definir su identidad.
El impulso de la auto-realización es un elemento fundamental de la naturaleza humana. Lo que es nuevo, es la hiper-intensidad tecnológica impulsada por la auto-actualización en la que estamos enganchados. La cultura online, el social media y la maquila de nuevos íconos – de celebridades de YouTube a ídolos de Instagram o Vine – han desbloqueado una cultura aspiracional ilimitada y la ambición de muchos internautas.
El libre acceso a la educación en línea se está convirtiendo en una fuerza intelectual.
y académica. Cada vez más personas buscan experiencias educativas que antes sólo podrían haber soñado, ampliando la idea de lo que constituye “la educación”. Instituciones académicas de prestigio como Harvard, Yale, Princeton y MIT han otorgado acceso libre a cursos en línea contribuyendo a la economía del conocimiento y dando paso al nuevo fenómeno del maestro rockstar que extiende su alcance fuera del aula para llegar a audiencias masivas, claros ejemplos de éste fenómeno los podemos observar en plataformas como TED.com y BigThink.com.
El IQ-ismo se basa en el hambre de conocimiento y recolección de data que ha surgido a partir de la hiperconectividad. Sin duda, el tiempo que pasamos online modifica nuestros cerebros y actualiza su neuroplasticidad para poder almacenar y procesar mayor cantidad de información. Sumado a esto, se ha comprobado que la constante revisión de nuestras pantallas se ve reforzada por un rush de dopamina que obtenemos cada vez que hay un poco de información disponible. En esencia, checar blogs, Facebook, YouTube, Twitter, Instagram, etc es estarnos dosificando y nuestro cerebro lo percibe como inhalaciones de cocaína.
“El hombre, el recolector de comida, reaparece incongruentemente como recolector de información, y en éste rol, el hombre electrónico es menos nómada que sus ancestros paleolíticos”, dijo Marshall MacLuhan y es que la profundidad del pensamiento crítico, el pensamiento conceptual e incluso el pensamiento creativo, no se desarrollan en procesos pasivos. El almacenamiento de información, no es conocimiento. Las experiencias con la data que encontramos en Internet son sin duda atractivas y muchos de nosotros llegamos a tener comportamientos casi compulsivos en la obtención de nueva data, pero lo que provocamos es que, a través de un proceso de sobrecarga cognitiva, literalmente, impedimos que el cerebro teja la información en conocimiento.
Se dice que en 24 horas estamos expuestos a la cantidad de información que nuestros abuelos recibieron en toda su vida. El primer reto del IQ-ismo es el cultivar un estado de reflexión, interpretación y discernimiento para poder distinguir entre lo que es información y desinformación. Día tras día somos bombardeados por memes que replican y propagan ideas, muchas veces nos sirven como antídoto pero muchas otras son el virus.
Definitivamente existen beneficios prácticos de nuestra exposición a la información, ya que ésta puede convertirse en un arma psicodélica para expandir nuestra conciencia y así saber como cuestionar el status quo, los sistemas de creencia, las convenciones sociales y los paradigmas gubernamentales. Pero necesitamos aprender a procesarla, adquirir buenos hábitos de consumo de data para desarrollar la habilidad de convertirla en conocimiento, nos es necesario realizar una dieta de la información.
Cualquier nutriólogo te dirá que eres lo que comes, pero aparentemente no solo somos lo que comemos, sino que somos todo lo que consumimos, incluyendo la información.
Clay Johnson, explica lo necesario que resulta regular nuestro consumo de información en su libro The Information Diet: A Case of Conscious Consumption:
El concepto de exceso de información no funciona, porque por mucho que nos guste equiparar a nuestros cerebros con iPods o discos duros, los seres humanos son criaturas biológicas, no mecánicas. Nuestros cerebros son tan finitos en capacidad como nuestras cinturas. Mientras que algunas personas pueden comer hasta producirse un ataque al corazón, en realidad no mueren del consumo excesivo: no vemos a esa gente dándole una mordida a su pollo frito, sobrepasando su capacidad máxima, y explotando. Nadie tiene una cantidad máxima de almacenamiento de grasa, y es poco probable que tengamos una capacidad máxima para el conocimiento. […] Como cualquier buena dieta, la dieta de la información funciona mejor si se piensa en ella no como una negación de su consumo, sino como un consumo de información adecuado y el desarrollo de hábitos saludables.
Es importante para todos los que se identifican con la tendencia del IQ-ismo, el realizar un proceso de selección exhaustivo de sus fuentes de información y una optimización del tiempo que pasan online y offline, teniendo en cuenta que es necesario para nuestro cerebro tener momentos de desdigitalización para convertir la información en conocimiento. Creo que si podemos identificar la cantidad y calidad de información que podemos almacenar, lograremos confeccionar una nutrida red de recursos que nos ayudará a poner las piezas del rompecabezas en su lugar para revelar verdades y derrumbar nuestra arrogancia sobre nuestra percepción limitada de la realidad, el IQ-ismo se debe traducir en la auto-transformación: expansión y materialización de la conciencia.
Una de las cosas que la red ha cambiado completamente es la forma de acceder a la información. No solo se produce más información que nunca antes en la historia: además, mucha de la que se produce, se difunde directamente sin intermediarios.
Si está leyendo esta columna, posiblemente pertenezca al primer grupo, el de “los clásicos”: accede a la información como lo ha hecho siempre, a través de medios convencionales. No, no hay nada de malo en ello. Pero están convirtiéndose en minoría.
Mientras, un segundo grupo formado por una parte cada vez más significativa de la población se informa en redes como Twitter, Facebook, Google+, LinkedIn y similares. Acceden a la información cuando alguien la comparte en su red. Y cuando la ven en los medios, tienen sensación de “ya lo sabía”.
El tercer grupo es el lector que accede directamente a la fuente. El que cuando le interesa un tema, bebe directamente de quienes producen la información, de aquellos que son habitualmente entrevistados por los medios tradicionales. Esto suele implicar una amplia variedad de fuentes, lo que lleva a que ese tipo de usuario, para ser eficiente, necesite herramientas como lectores de feeds RSS (Feedly es el más popular ahora mismo), repositorios como Evernote o Delicious para almacenar y volver a encontrar fácilmente lo que consideraron interesante, o incluso herramientas para escuchar lo que aparece en la red bien sobre los temas que les interesan, o sobre ellos mismos, sus empresas o sus competidores.
Una de mis tareas como profesor es que los directivos entiendan que, a la hora de tomar decisiones, pasar del grupo uno o dos al grupo tres resulta fundamental. Que la información se ha vuelto tan importante que no puedes simplemente esperar a que te la traigan: hay que ir a buscarla. Que hay ventajas competitivas que derivan precisamente de cómo nos relacionamos con la información.
El nuevo paradigma de acceso a la información podría cambiar radicalmente la relación de los seres humanos y la religión organizada, amenazando la existencia misma de los sistemas de creencias tradicionales.
El Internet ha cambiado radicalmente las vidas de millones de personas, pero podría generar una nueva revolución en un ámbito que pocos hubieran previsto hace unos años: la religión. Y es que las religiones organizadas están enfrentándose a nuevos paradigmas de socialización e intercambio de información que supone severas pruebas para las estructuras tradicionales en las que se basan visiones de mundo que aún tienen vigencia en amplios espectros demográficos, pero que decaen más rápido que las acciones de una compañía fabricante de faxes.
Aunque pioneras en “diseminar la palabra” durante siglos, las iglesias católicas, cristianas, protestantes, mormonas y de otras tradiciones abrahámicas están adoptando estrategias basadas en el marketing digital y la publicidad masiva para integrarse a la era digital, con resultados diversos, sumamente absurdos y en ocasionesfrancamente cómicos. Desde sitios para compartir videos cristianos comoGodTubehasta los irreverentes sermones del sacerdote hipsterMark Driscoll, la religión organizada ve en el branding y la segmentación de mercados una oportunidad para acceder a públicos cada vez menos religiosos, como los jóvenes —pero el hecho de que no sean religiosos no quiere decir que no sean espirituales.
Con todo, las religiones del libro tienen mayores enemigos que el astrofísico y meme extraordinaire Neil deGrasseo el recientemente fallecido ateísta superestrellaChristopher Hitchens: su majestad, el Internet.
Y es que considerando que el ateísmo —o la distancia explícita con las religiones— es ya latercera creencia a nivel demográfico en el mundo, no sorprende que el Internet ponga a disposición de más personas los aspectos positivos y negativos de todas las creencias, formando públicos que están educándose en cuestionar la naturaleza de la información que reciben a cada momento. Es en parte por esto que un estudio del Pew Research Center mostró hace poco que los ateos y agnósticos saben más de las religionescristiana y judía que los mismos practicantes.
Esto se explica también porque las religiones históricamente han basado su poder en limitar el acceso a la información, erigiendo interpretaciones oficiales y textos sagrados en dogmas incuestionables y satanizando las perspectivas que, como la científica o la de losevangelios apócrifos, plantean visiones de mundo contrapuestas a las de la fe (no sin crear a su vez fanáticos de la ciencia con una tormentosa relación con el aspecto espiritual de la existencia).
El acceso a Internet, al democratizar el acceso a la información para una cantidad cada vez mayor de personas, vuelve obsoletas las explicaciones tradicionales en términos de comprensión del universo físico y poniendo en jaque laslimitantes oficialespara que creyentes de distintas religiones se relacionen sentimentalmente con miembros de otra religión.
Pero, ¿cómo ha hecho el Internet (una tecnología nueva) para, en términos mercantiles, restarle participación de mercado a religiones milenarias? Aquí algunos ejemplos:
Contenido científico accesible y genial
Ya desde los días en que Carl Sagan explicaba los asombros del universo en su mítica serie Cosmos, la ciencia se popularizaba a través de programas de TV por cable y documentales que explicaban de manera accesible y divertida curiosos aspectos científicos. Claro: la sensación misma de entender algo nos hace participar con plena conciencia de los misterios develados del universo, con lo que la ciencia provee experiencias que antes eran de dominio único de la religión; pues la ciencia, a diferencia de la religión, se fortalece con las dudas y los puntos de vista revolucionarios.
Proyectos incluyentes con sede en la web como TEDoSymphony of Sciencelogran aportar una sensación de propósito y trascendencia a la vida de la gente a través del conocimiento y el asombro, mostrándoles cosas increíbles y comprobables, en lugar de secuestrar su conciencia con la promesa del castigo eterno.
El lado oscuro de la fe
En la era de la información los secretos que antes podían mantenerse a resguardo de pocos ahora se encuentran a disposición de muchos. Casos tan lamentables como la pederastia, el encubrimiento de criminales de guerra o los enfrentamientos violentos entre practicantes de creencias opuestas hacen que la opinión pública se cuestione no ya la naturaleza de la fe, sino a las personas detrás de las organizaciones que administran la relación de millones de creyentes con la divinidad.
No han faltado los críticos que ven en larenuncia de Benedicto XVIal trono de San Pedro un claro signo de que los escándalos de pederastia, esclavitud sexual, poligamia e incesto que han rondado la santa sede desde hace tiempo podrían estar minando su estructura interna y debilitando su poder político. Además de esto, la información sobre los abusos de los sacerdoteshace que los creyentes se vean a sí mismos envueltos en una contradicción entre la complicidad pasiva y la indignación que pondría en crisis todo su sistema de creencias.
Grupos de apoyo para la gente que deja la religión
Como si se tratara de un síndrome de abstinencia, el cambio de una visión de mundo a otra es un proceso de aprendizaje duro, en que un sistema de creencias es sustituido paulatinamente por otras. El Internet, entendido como una comunidad de personas encontrando a otras que son afines, está preparado para acoger cálidamente a los outkasts, a los herejes, a los que han sufrido el trauma de la excomunión, y está dispuesto a ayudarlos en el lento trance de la recuperación.
Ya se trate de cristianos, mormones,testigos de Jehováomusulmanes, la web ofrece todo tipo de grupos de apoyo para que la vida sin religión sea una verdadera reencarnación a experiencias que mucha gente atada a sus creencias aún teme experimentar.
Interespiritualidad y comunidades de creyentes de distintas religiones
Diversas religiones se han basado en limitar la convivencia humana solamente entre miembros de sus propias creencias: matrimonios, negocios y educación reducen el espectro de lo humano a gente que profesa la misma religión. Pero la ventaja de la interespiritualidad es que permite que los miembros de distintas iglesias dialoguen y enfrenten sus particulares referencias religiosas en un ambiente de diálogo y debate. Además de fortalecer las respectivas teologías, este tipo de comunidades promueve también una versión de la ética que no necesariamente está emparentada con la religión organizada: hacer el bien es un bien en sí mismo, sin tener que apelar a mecanismos pavlovianos como la dinámica premio-castigo, cielo-infierno, etc.
“Todas las grandes religiones del mundo, con su énfasis en el amor, la compasión, la paciencia, la tolerancia y el perdón, pueden y promueven valores profundos. Pero la realidad del mundo de hoy es que basar la ética en la religión ha dejado de ser adecuado. Es por esto que me convenzo más y más de que ha llegado el tiempo de encontrar una manera de pensar la espiritualidad y la ética más allá de la religión en su conjunto.”
Como conclusión, podemos quedarnos con la historia de Jim Gillian, un antiguo fundamentalista religioso que sobrevivió al cáncer gracias al apoyo de las redes sociales para encontrar donadores de médula ósea y un doble transplante de pulmón, salvándole la vida gracias a la ciencia. En su charla The Internet is My Religion, Gillian resume lo que Internet es para millones de personas de las creencias religiosas más contrapuestas:
“Debo cada momento de mi vida a incontables personas que nunca podré conocer. Mañana, esa interconectividad estará representada en mi propio cuerpo físico. Tres ADNs diferentes. Individualmente son inútiles, pero juntos pueden crear un ser humano funcional. Qué increíble deuda para contraer. Ni si quiera supe por dónde empezar. Y fue entonces cuando realmente encontré a Dios. Dios es lo que pasa cuando la humanidad se conecta. La humanidad conectada es Dios.”
Organizaciones religiosas del mundo, ¡temblad frente al Interwebz!
La llamada ciencia transformadora trata de fomentar proyectos de investigación arriesgados que pueden suponer un cambio importante desde el...
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