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21 oct 2015

Piensa mal y acertarás



En todos los aspectos de nuestra vida necesitamos hacer conjeturas sobre lo que acontecerá en el futuro para no vernos sorprendidos por los acontecimientos. Y en no pocas ocasiones, esta actividad especulativa se rige por la norma general de “Piensa mal y acertarás”.

En esta ocasión nos hemos propuesto averiguar si debe considerarse una buena táctica la de desconfiar por principio de la honestidad de nuestros semejantes a fin de reducir el riesgo de ser traicionados o, por el contrario, sería más acertado pensar generosamente para evitar ser víctimas de nuestra propia maledicencia.

Tal vez, y como casi siempre, habría que encontrar un punto medio entre la desconfianza y la candidez, pero, si así fuese, ¿dónde está ubicado ese punto medio de máxima eficacia?
Esclarecer este tema y profundizar en él, es la tarea que nos hemos impuesto en esta ocasión.

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La necesidad de predecir el futuro es una constante en la existencia humana. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo haciendo conjeturas sobre lo que ocurrirá en el futuro y de ahí que consideremos la capacidad profética como la más admirable y valiosa de las facultades humanas.

Pero este afán humano de profetizar y vislumbrar por anticipado lo que acontecerá en el futuro resulta comprensible si consideramos que la vida está plagada de peligros que pueden manifestarse de improviso, sin concedernos el tiempo necesario para reaccionar y librarnos de ellos antes de que sea demasiado tarde. Es el caso del insecto que se cuestiona si debe pisar la tela de araña para alcanzar el apetitoso cebo. Sólo si es capaz de predecir el futuro, estará a salvo y podrá transmitir los genes a sus descendientes.

Buena parte de nuestro cerebro está dedicado exclusivamente a predecir el futuro, ya sea consciente o inconscientemente, desde lo que ocurrirá en el siguiente segundo, hasta lo que acontecerá en el plazo de veinte o más años. El resto de nuestro cerebro está dedicado a imaginar actuaciones adecuadas para cambiar ese futuro imaginado, si es que nos parece incompatible con nuestros intereses.

En realidad, y por razón de nuestra compleja estructura social, el trabajo más duro está enfocado a interpretar y a predecir la conducta de nuestros semejantes, porque son estos los  elementos más relevantes para nuestro éxito vital. Y aquí, debemos mencionar dos noticias importantes, una mala y otra buena.

La buena es que disponemos de las neuronas espejo para recrear en nuestra propia mente la de nuestros semejantes y saber así lo que piensan y lo que sienten y, por extensión, lo que harán en el futuro.

La mala noticia es que nuestros semejantes se han hecho expertos en engañarnos, en simular sentimientos falsos y en ocultar los verdaderos, con el único propósito de tergiversar nuestros minuciosos cálculos sobre cuáles serán sus conductas futuras.

Y si damos por cierto todo lo precedente, estaremos de acuerdo en que ha quedado meridianamente claro que nos encontramos inmersos en una compleja y tupida red de interacciones sociales, generadas por un gran número de agentes egoístas que tratan de aprovecharse de nuestra candidez, ya sea para vendernos un reloj de oro falso, ya sea para conseguir nuestros favores sexuales sin cumplir con la contraprestación pactada.

* Y puesto que nuestra propia experiencia personal nos dice que la práctica totalidad de las personas con las que nos relacionamos intentarán, tarde o temprano, abusar de nosotros, dedicamos cuantiosos recursos mentales a interpretar sus comportamientos para predecir cuándo y cómo se producirá el abuso o la traición, con el fin de evitarlo mediante una oportuna y sutil maniobra.

Pero, antes de continuar, convendría contestar a la siguiente pregunta: ¿por qué desean nuestros semejantes traicionarnos o perjudicarnos? Aunque no es el tema de este articulo, mencionaremos, a manera orientativa, las dos razones más frecuentes:

  • La envidia, que es dolor por el bien ajeno, y que puede contrarrestarse infringiendo daño al individuo envidiado y obteniendo placer con su sufrimiento.
  • El beneficio oportunista que se obtiene cuando se incumple un acuerdo tácito o explicito, en el momento en que su incumplimiento nos favorece.

Frente a este comportamiento generalizado de nuestros semejantes, la única actitud razonable y adaptativa es aquella que podríamos resumir en “piensa mal y acertarás” si es que queremos sobrevivir en una sociedad tan competitiva como la humana.

Y es tan obvia la necesidad de esta actitud de desconfianza sistemática, que no vamos a insistir en ella. Sin embargo conviene examinar con detenimiento un importante riesgo, asociado a esta actitud, que se suele pasar por alto: El de pensar mal de nuestros semejantes cuando no hay razón objetiva para ello.

Veamos ahora la razón por la que con cierta frecuencia pensamos “demasiado mal” y por qué esa estrategia nos lleva a “no acertar” con el consiguiente costo asociado.
El ser humano posee un enorme talento para construir historias coherentes (modelos o maquetas) a partir de hechos aislados e inconexos, como demuestran las múltiples teorías conspiratorias que existen para cada acontecimiento importante.

Pero no nos precipitemos en condenar nuestra facultad fabuladora. Esta habilidad resulta esencial para la supervivencia porque es la clave para hacer predicciones, hasta el punto de que antes de poder incluso pensar en hacer predicciones, necesitamos una maqueta virtual, un modelo mental de la situación que actúe a manera de bola de adivino y que admita ser interrogada en términos de: ¿Qué ocurriría si…?.

El problema está en que una vez que se ha esbozado un modelo explicativo, cuesta mucho renunciar a él, y antes que cambiarlo, se suele preferir seguir adelante con el mismo modelo. Para conservar su coherencia interna, se descarta, o reinterpretan los elementos que no encajan en la trama ideada, en lugar de revisar y cuestionar, desde el principio, la verosimilitud de la maqueta virtual. Es lo que suelen hacer los marxistas, los freudianos, o los creyentes en alguna fe religiosa, capaces de reinterpretar y asimilar sin dificultad, cualquier acontecimiento o descubrimiento nuevo que ponga en entredicho sus creencias irracionales, su modelo virtual, y con tanto más ahínco cuanto más tiempo e ilusión han invertido en él.

También se da este fenómeno en la elaboración y desarrollo de teorías sobre las personas y acontecimientos que tienen lugar en nuestras vidas. Por ejemplo, si somos celosos y nuestra pareja cancela una cita, sin aportarnos una explicación que nos resulte satisfactoria, empezamos a sospechar que nos está siendo infiel. A partir de ese momento, todo lo que ocurra, o deje de ocurrir, será interpretado en clave de la teoría inicial y, como consecuencia, nuestro comportamiento y actitud hacia ella irá evolucionando a media que se consolida la teoría de la infidelidad.

Aunque existe la posibilidad de que nuestra teoría de la infidelidad fuese correcta, y eso nos permitiera idear contramedidas para minimizar el perjuicio, también podría ocurrir que nos estemos equivocando desde el principio y hayamos perdido la oportunidad de cuestionarnos la hipótesis inicial (la infidelidad), impulsados por el afán de ver confirmada nuestra conjetura profética. Si continuamos por ese camino, es muy probable que nuestro cambio de actitud hacia  nuestra pareja, que ahora creemos infiel, genere una reacción adversa en ella que confirme nuestra teoría de que ha dejado de amarnos, llegando finalmente a la paradoja de haber generado una falsa profecía con el poder de autocumplirse.

No han sido pocas las relaciones familiares, de amistad, y amor que, en virtud de este proceso perverso, han evolucionado hasta romperse sin que ninguna de las partes acierte a explicárselo, siendo la verdadera causa del proceso una conjetura errónea de un individuo demasiado proclive a pensar mal o poco riguroso a la hora de valorar la objetividad de los hechos que ha desencadenado una escalada de agresiones mutuas.

Para evitar estos lamentables casos, que pueden traer a nuestras vidas muchos sinsabores y dolorosas pérdidas, es conveniente fijarse el propósito de evitar hacer conjeturas e interpretaciones que no estén plenamente justificadas y ratificadas por los hechos objetivos.
Dejarse llevar por una hipótesis sin fundamentar sobre la conducta de nuestros semejantes, puede meternos en un callejón sin salida que nos lleve a perder una valiosa relación.

--- Y ahora, recapitulemos:  Si queremos evitar los efectos nocivos que las conjeturas erróneas sobre nuestros semejantes pueden acarrearnos, sigamos estas sencillas normas:
  • Cuando detectemos en nuestros semejantes una conducta incomprensible, no nos empeñemos en encontrar una explicación a toda costa. En la mayoría de los casos, la causa nos resultará inaccesible por mucho que nos esforcemos en descubrirla.
    Por ejemplo, es posible que nuestra pareja haya recibido una noticia que la ha deprimido, pero que por su naturaleza privada no puede difundir. Si nos empeñamos en descubrir la causa de su estado de ánimo circunspecto, tal vez lleguemos a la conclusión de que se siente molesta con nuestra compañía y con ello iniciaremos una interpretación de alto riesgo que puede desembocar en una teoría tan errónea como peligrosa.
  • Si detectamos en la conducta de una persona con la que nos relacionamos, un cambio brusco de actitud hacia nosotros, suspendamos el juicio hasta que transcurran varias semanas. Démosle tiempo para que cambie o rectifique y respondamos con afecto ante sus actitudes provocativas o incomprensibles. Si su actitud persistiera y se hiciese crónica, cabría interrogarla con diplomacia sobre si hay alguna razón para su cambio de actitud (podría deberse a una interpretación errónea de algún hecho relacionado con nuestra propia conducta).
    En el caso de que no nos facilitara explicaciones satisfactorias, sería el momento de empezar a considerar una estrategia de defensa activa.
  • En cualquier caso, siempre existe la posibilidad de que el comportamiento atípico de la otra persona obedezca a un plan de ataque o de traición, como sería el caso de una pareja que ha encontrado otra alternativa mejor y se siente incómoda y agresiva con nosotros.
    Como nunca podemos estar seguros de si esta actitud es sólo aparente o auténtica, transitoria o permanente, producto de nuestra imaginación o de nuestra intuición certera, lo más práctico es actuar como si no nos hubiéramos dado cuenta, pero tomando las medidas oportunas para minimizar el riesgo de que se trate de una auténtica traición.
    Es decir, manejar las situaciones dudosas manteniendo la teoría emocional de que no existe una autentica traición, pero ajustando la propia conducta (no explicita) para prevenir, en la medida de lo posible, los daños más graves que podrían ocasionarse en el supuesto de que la traición se confirmase.
    Por ejemplo, si hemos decidido tener descendencia con nuestra pareja, habría que diferir la fecha aduciendo otras razones, hasta tener una idea clara de la naturaleza del problema que hemos detectado, o nos ha parecido detectar, en su comportamiento.

En resumen, evitar entregarse a interpretaciones negativas de la conducta de nuestros semejantes y no dejar que éstas interfieran con nuestra actitud, pero tomar precauciones discretas para prevenir los riesgos que se podrían derivar de una posible confirmación de nuestras conjeturas más pesimistas. 




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14 jun 2015

100 ventajas de ser Ateo Vs. 100 ventajas de ser Creyente. (Humor)



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Nota: No sé si debí colocar este artículo en la sección de humor porque más que hacerme reír, me hizo reflexionar mucho sobre las irrefutables verdades que expone.

100 ventajas de ser Ateo:

1) No te tienes que preocupar por un dogma.
2) Tu dinero es para tí y no para tu comunidad religiosa.
3) Puedes pensar objetivamente.
4) Eres dueño de tu propia vida.
5) Puedes elegir tus valores morales, sin que nadie lo haga por tí.
6) Puedes estudiar ciencias sin temor a que contradiga tus creencias.
7) Si oyes voces lo puedes relacionar con esquizofrenia, y vas al psicólogo en vez de al cura.
8) Ningún tratamiento médico va en contra de lo que crees.
9) Tienes mucha menor tendencia al divorcio.
10) Tienes muchísimo menor tendencia a la criminalidad.
11) Tienes menor tendencia a la violencia.
12) No tienes que odiar grupos por motivos que no conoces.
13) Puedes admitir lo que te gusta sin temor de ir en contra de tu dogma.
14) Puedes fundar amistades con cualquier persona, sin importar su ideología.
15) Tus amigos que estudiaron no se burlan de tí a tus espaldas.
16) Es muy difícil burlarse de tu ideología.
17) Sabes que las mayores mentes del mundo no fueron creyentes.
18) Tienes todo el Domingo para tí solo.
19) No te ofenden las festividades de ninguna índole.
20) No le temes a maldiciones ni a trucos de magia.
21) No te ofenden los comediantes ateos, que son muchos.
22) Puedes ver con sentido del humor las imágenes de alguna deidad.
23) Dogmas nunca nublan tu juicio.
24) Puedes comer lo que quieras, pues nada te prohíbe ningún libro, aunque sea pascua.
25) Aguantas bromas sobre tu ideología sin estallar en furia.
26) No te preocupas del Infierno.
27) Puedes disfrutar tu vida al máximo, sin tener que prepararte para una vida eterna mágica.
28) Puedes entrar a sitios de Monselvol, URI, Chuck Norris, Bob, etc, ya que no te ofenden.
29) No te tienes que arrancar partes de tu cuerpo si cometes un pecado.
30) No te tienes que preocupar por los oscuros secretos de la historia, pues no desbaratan lo que crees.
31) Puedes asentir a todo esto que estoy escribiendo.
32) No te tienes que conformar con la posición del misionero.
33) Puedes ver Neon Genesis Evangelion sin tener un ataque nervioso.
34) Es difícil estafarte con astrología, demonología y demás creencias de poderes mágicos en los humanos.
35) No eres misógino.
36) Aceptas a las razas que sean sin decir que una u otra no tiene alma.
37) No tienes la obligación de quemar la aldea del que no cree como tú.
38) Te da gusto en vez de ira cuando la ciencia descubre algo.
39) No crees en supersticiones.
40) No te importa que te maldigan.
41) Gente con tu ideología va en aumento en el mundo.
42) Nadie te obliga a ser homofóbico.
43) No tienes prejuicios contra diversas investigaciones genéticas, médicas y biológicas.
44) Puedes fingir ser de cualquier ideología sin que esto te parezca molesto o degradante.
45) Sabes que los virus evolucionan y tomas tus precauciones.
46) No tener que preocuparte por una vida infinita que sabes que terminará volviéndote loco, pues la mente humana está programada para aburrirse de la vida alrededor de los 80 años.
47) No tienes que contarle tus intimidades a un cura para que te perdone.
48) No tienes que asistir a ceremonias aburridas por obligación.
49) Puedes estar en unión libre con una pareja.
50) Puedes tener sexo antes del matrimonio.
51) Tener la certeza de que el IQ del ateo es en promedio varios puntos más altos que los del creyente.
52) No tienes una mitología favorita y eso te deja disfrutarlas todas.
53) No dependes de un ser imaginario para darte soporte emocional.
54) No tienes que estudiar catecismo.
55) No tienes que memorizar oraciones para repetirlas cual perico.
56) La gente puede estar segura de que no eres masón.
57) No tienes la obligación de generar más conversos.
58) No tienes obligaciones sociales para con los miembros que compartan tu ideología.
59) Sabes que estas al mando de tu vida.
60) No te tienes que preocupar cuando alguien encuentra otra contradicción en tu libro sagrado.
61) Cada vez que haces algo que te gusta, no te tienes que cuestionar si es pecado.
62) Tu visión del mundo no cambia radicalmente cuando la de tu líder religioso lo hace.
63) Puedes aceptar las teorías que quieras, nadie te dice cuales aceptes y cuales no.
64) No te vas a suicidar por una ideología.
65) Puedes poner lo racional sobre lo emocional.
66) No le tienes que tener miedo a la tentación de ningún demonio imaginario.
67) No tienes que adorar a ningún ser supremo.
68) Tu decides que es lo más importante en tu vida, y no nadie más.
69) Sabes que tu grupo nunca ha hecho guerras religiosas.
70) Puedes usar anticonceptivos sabiendo que no son malignos ni del diablo.
71) No le temes a ningún mundo paranormal.
72) Los símbolos malignos no representan mucho para tí.
73) Tu moral no estará condicionada bajo ningún libro.
74) Los dinosaurios y registros fósiles no te causan un dolor de cabeza para racionalizarlos y hacerlos compatibles con tu creencia.
75) Resuelves tus problemas tu mismo, sin esperar que se resuelvan mágicamente.
76) Tienes mucho menos posibilidades de ser miembro de un culto o secta.
77) No haces el bien hipócritamente creyendo que te espera una recompensa.
78) Puedes ignorar las supersticiones populares.
79) Puedes decir que no tienes nada en común con Judas.
80) No tienes miedos irracionales.
81) Puedes confiar en la medicina.
82) Tus amigos son en verdad tus amigos, no gente que comparte tu ideología.
83) Tu mente en general está mucho más abierta.
84) Tus hijos no son influenciados desde la infancia hacia ninguna creencia.
85) No tienes que explicarte las cosas irracionales como el alma o espíritus.
86) Puedes admitir abiertamente tus deseos.
87) No tienes que seguir un comportamiento patrón.
88) Eres menos propenso a crisis emocionales y existenciales.
89) No tienes prejuicios hacia ningún tipo de música.
90) No te tienes que dar complicadas explicaciones a tí mismo sobre las conspiraciones y el lucro que representan las religiones mayoritarias.
91) Aceptas los hechos como son y la realidad como es, sin adornarla.
92) No afirmas poseer la verdad absoluta.
93) South Park, Dragon Ball, Family Guy, y un largo etcétera.
94) No hay divergentes de tu ideología que te hagan dudar.
95) No hay jerarquías en tu ideología, así que no estas por debajo de nadie y ves a todos los humanos iguales.
96) Tienes la dignidad de no vivir de rodillas ante algo.
97) Incluso las grandes mentes de la televisión son ateas. El ejemplo más grande es Gregory House.
98) Ser libre en tu mente, y no estar convencido de que hasta tus pensamientos son pecaminosos.
99) Tu mente es más racional que pasional, no guiándote por convicciones o corazonadas, sino por hechos y evidencias.
100) Te es más fácil escribir el cien razones sobre las ventajas de tu ideología.

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100 ventajas de ser Creyente:

1) Tienes un placebo que te dice que serás feliz para siempre cuando te mueras.
2) Estas convencido de tener la verdad absoluta.
3) Representas el 86% de la población.
4) Si violas niños, te protege la Iglesia.
5) Tienes razones para no creerte esquizofrénico.
6) Crees que los humanos tienen superpoderes divinos.
7) Piensas que tus seres queridos están en un lugar mejor.
8) Tienes una razón para hacer el bien, o si no te vas al infierno.
9) Si no resultas bueno en ningún empleo, siempre te puedes unir a un templo.
10) Es común encontrar a alguien con tus creencias.
11) No tienes que estudiar ciencia.
12) No te preocupas en pensar, te dicen que creer.
13) Um... pendiente.

No se me ocurren más… si conocen otras…..
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Ver:



  "Por regla general, el grado de libertad de cualquier     persona se mide por su capacidad de reírse de sí    mismo"    Anónimo 



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14 abr 2015

La Revolución emprendedora

Todos los 14 de julio Francia celebra su fiesta nacional en conmemoración de la toma de la Bastilla, punto de inicio de la Revolución Francesa. Aquel  acontecimiento puso fin al Antiguo Régimen y sentó las bases de la democracia en la Europa continental. Hoy, otra revolución está teniendo lugar. Sin luchas en las calles ni bandos enfrentados, viejas estructuras están cayendo y nuevas formas de organizarse están ocupando su lugar para crear un mundo nuevo; es una revoluciòn de ideas, talentos, creaciòn, innovaciòn. Es la revolución emprendedora.
La revolución está en tus manos
No se trata de una exageración. El emprendimiento se ha convertido en una tendencia transversal de la sociedad del siglo XXI y en la principal fuerza de cambio en el mundo. Ya no es la política la que transforma la sociedad. Tampoco las grandes corporaciones son motor de cambio. Hoy en día, las innovaciones sociales, económicas y culturales vienen muy a menudo de la mano de los emprendedores. Personas que ponen ideas en acción para convertir recursos y oportunidades en productos y servicios que crean valor económico y social.
Veamos cómo se manifiesta esta revolución:
  • Una revolución empresarial: Para crear una empresa de éxito ya no es imprescindible una inversión millonaria. Hay nuevas y variadas formas de emprender. Desde un garaje se han creado algunas de las innovaciones más relevantes de los últimos años.
  • Una nueva forma de competir: De la competencia a la coopetencia, negociaciones win-win (o triple win)… Donde antes se peleaba por el máximo trozo posible de un mismo pastel, ahora se busca hacer el pastel más grande entre todos.
  • Una nueva concepción del trabajo. El emprendedor no “trabaja”, se entrega a su pasión. “Ya no hay trabajos que duren toda la vida” se lamentan algunos, pero, ¿quién quiere pasarse toda la vida haciendo lo mismo?
  • Una revolución tecnológica. Emprendedores como Bill Gates, Steve Jobs, Larry Page, Sergey Brin, Linus Torvads o Mark Zuckerberg han sido los protagonistas de una revolución tecnológica que a su vez, facilita y acelera la aparición de nuevas iniciativas emprendedoras.
  • Un cambio social: Porque una sociedad emprendedora cambia sus valores colectivos. Se hace más plana y horizontal, más móvil, flexible y se pasa de una estructura en forma de pirámide a una estructura de red. En una sociedad emprendedora no se penaliza el riesgo ni el fracaso y los problemas sociales se resuelven mediante la innovación y el emprendimiento social.
  • Una revolución interior: Tomamos conciencia de ser dueños de nuestro destino, rechazamos el papel de víctimas y cogemos las riendas de nuestra vida. Reforzamos nuestra autoestima, tomamos decisiones y nos lanzamos a cambiar nuestra vida.
  • Una nueva forma de vivir. No sólo la vida del emprendedor cambia. Con sus productos y servicios, los emprendedores cambian la manera en que todos nosotros vivimos, nos relacionamos, nos movemos, trabajamos e incluso cómo nos entretenemos.
La revolución emprendedora ha empezado. Para que dé todos sus frutos, hace falta que los emprendedores tomen conciencia de la fuerza que tienen si colaboran entre ellos. Un nuevo mundo está naciendo. ¿Quieres formar parte de él?
Planetafios propone que elijamos el dìa del emprendimiento, que opinan emprendedores.

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EL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN



Históricamente el concepto de revolución ha sido sometido a diferentes definiciones y redifiniciones regidas por los diferentes sentidos que ha recibido según cada discurso ideológico. Esta circunstancia ha hecho que por revolución se entienda una variada cantidad de fenómenos sociales y políticos de diferente naturaleza, y que en último término se haya perdido cualquier tipo de noción clara y concisa de lo que entraña toda revolución o proceso revolucionario, independientemente de la orientación ideológica que pueda tener.

En la actualidad nos encontramos con que el concepto de revolución tiene muy mala prensa debido a que el marco cultural e ideológico es conformista, y por tanto considera la revolución como una grave perturbación sociopolítica propiciadora de todo tipo de males conocidos y aún por conocer. Debido a esto la revolución hoy, como concepto político, no es popular sino por el contrario encuentra oposición al disponer de una muy mala imagen y al ser identificada con experiencias históricas del todo nefastas. La mentalidad predominante en la sociedad actual es reformista y conformista, simplemente se aspira a mejoras parciales dentro del cuadro social y político del sistema vigente, lo que fácilmente puede reducirse a un deseo fundamental: la mejora de las condiciones materiales de la existencia que se resumen en un aumento del nivel de consumo. Esta meta, economicista y materialista en esencia, bien puede lograrse dentro del sistema establecido lo que hace innecesaria su destrucción y sustitución por otro de diferente naturaleza.

Las condiciones subjetivas, aquellas que tienen que ver con la cultura e ideología dominantes, son las de una conformidad general con el sistema establecido y las ansias de alcanzar mejoras dentro de ese mismo orden. Esta mentalidad reaccionaria y anquilosada es la que ha creado las condiciones actuales para la existencia de un consentimiento social relativamente estable que ha permitido a las autoridades políticas, y por ende al conjunto del sistema vigente, conservar su estabilidad y con ello perdurar en el tiempo.

En el imaginario colectivo la idea de revolución ocupa un lugar marginal y siempre oscuro en el que es identificada con toda clase de horrores al ser considerada una idea cargada de muerte, horror y sangre. Pero esta perspectiva la complementa aquella otra que, desde una actitud superfluamente optimista e infantil, plantea cambios parciales y no sustantivos en la estructura del sistema y que por ello rechaza la revolución no ya por motivos tácticos sino estratégicos al no rechazar tampoco los fines generales del sistema de dominación y menos aún el orden vigente. Esta es la actitud groseramente mezquina que puebla una parte notable del radicalismo político, aquella que pervierte el concepto de revolución al darle un contenido reformista, al afirmar el orden establecido y sólo plantear una ruptura en sus formas y no en su esencia. Son aquellos revolucionarios de salón, de la cerveza y del porro, que se ufanan en convencer a incautos de que existen las revoluciones pacíficas, sin sobresaltos, de que otro mundo es posible y que sólo hay que quererlo. Son los mismos que aborregan a los infelices insatisfechos que en su ingenuidad se prestan a ser, no ya los tontos útiles, sino los borregos que sirven de carne de cañón para que otros saquen los debidos réditos políticos.

Es necesario reconocer la crudeza y terribilidad que entraña toda revolución y no autoengañarse creyendo, o haciendo creer, que puede ser un camino de rosas, fácil, de mínimo esfuerzo, sólo porque una virtual mayoría social así la pudiera llegar a reclamar. Pero muy al contrario de estas erradas ideas la revolución es, en primer lugar, etimológica y realmente “re-volver”, regresar a los orígenes. Significa una ruptura cualitativa con la esencia y naturaleza del presente para completar su ciclo y dar lugar a un nuevo comienzo. Revolución es, en suma, una ruptura con el orden establecido y consecuentemente con su legalidad y todo cuanto la sostiene: el Estado junto a todo su aparato coercitivo y represivo compuesto por su burocracia, policía, servicios secretos, ejército, cárceles, tribunales, etc.

Una revolución entraña violencia, sangre, muerte, fuego y sacrificios colectivos inauditos pero irrenunciables cuando se juegan principios, valores y planteamientos que dan contenido a la existencia, que hacen que las personas sean y se sientan humanas y no reducidas a la condición de larvas o insectos dentro de la conformidad de las sociedades actuales, compuestas por una abúlica y esperpéntica burguesía de masas. Porque tal y como apuntó Errico Malatesta “la revolución tiene que ser necesariamente violenta, aunque la violencia sea en sí misma un mal. Tiene que ser violenta porque sería una locura esperar que los privilegiados reconocieran el daño y la injusticia de sus privilegios, y se decidieran a renunciar de ellos voluntariamente. Tiene que ser violenta porque la violencia revolucionaria transitoria es el único medio para poner fin a la mayor y más perpetua violencia que tiene esclavizados a la gran mayoría de los seres humanos”. Más aún, “la sociedad actual se mantiene con la fuerza de las armas. Nunca ninguna clase oprimida ha logrado emanciparse sin recurrir a la violencia; nunca las clases privilegiadas han renunciado a una parte, siquiera mínima, de sus privilegios, sino por la fuerza, o por miedo a la fuerza. Las instituciones sociales actuales son tales que resulta imposible el transformarlas por reformas graduales y pacíficas, y la necesidad de una revolución violenta que, violando, destruyendo la legalidad, funde una sociedad sobre nuevas bases, se impone”.[1]

No puede obviarse que las jerarquías sociales se basan sobre el principio de la fuerza, y que la legalidad vigente es la expresión de una correlación de fuerzas de los vencedores sobre los vencidos, y que el propio Estado nace de la conquista guerrera que impone su privilegio autoritario de dictar el derecho a los derrotados, lo que hace de todo el entramado que constituye el ordenamiento jurídico un gran engranaje de dominación y subyugación en el que los sometidos ostentan tal condición en última instancia como consecuencia de esa relación de fuerzas.

Todas las revoluciones, independientemente de su orientación ideológica, han estado cargadas de un componente violento dado que el orden establecido y sus jerarquías se fundan igualmente sobre un principio violento que es el que en último término las mantiene, las reproduce y perpetúa. Una revolución es una ruptura con lo establecido, y en tanto que tal exige acciones dirigidas directa o indirectamente contra quienes sostienen esa situación, lo que puede plasmarse, según los casos concretos, en insurrecciones populares, guerrillas, motines, revueltas, sabotajes, etc. Pero en cualquier caso la violencia siempre está presente.

Por el contrario, las acciones no violentas en ningún caso pueden plantearse como medios para una revolución. En este sentido la no violencia puede considerarse como una práctica que en lo táctico y en lo estratégico puede defender al Estado y de hecho así ocurre en muchas ocasiones.[2] Más bien nos encontramos con que esta tendencia que ha sido implantada en gran parte del espectro del radicalismo político obedece a unas coordenadas ideológicas dirigidas hacia la pacificación y domesticación de este sector, para su posterior reconducción hacia los callejones sin salida del sistema de dominación para, al mismo tiempo sembrar con ello la debilidad a través de una falsa disyuntiva entre violencia y no-violencia que, a su vez, enmascara una realidad social, política, cultural y económica que se basa fundamentalmente en el uso de la fuerza.

Hoy vemos cómo el discurso de la no-violencia ha desembocado en la ideología del ciudadanismo, de la reacción y del rechazo de cualquier contestación sistemática y revolucionaria al orden establecido y a sus estructuras de opresión. Todo ello ha contribuido a reconducir a una parte del radicalismo político hacia posiciones políticas e ideológicas conciliables con las que sostiene el sistema de dominación y sus elites, donde finalmente las cajas negras de la institucionalidad son las que permiten la reconversión ideológica que facilita el reforzamiento del poder establecido, y con ello la asimilación e incorporación de estos elementos procedentes del radicalismo a las estructruas de dominación tal como ocurrió en el pasado.

Sin embargo la revolución es violencia, es traumática pues entraña dolor y muerte, pero no es sólo eso, tal y como una considerable parte de la población cree. La revolución es un punto de partida y no de llegada, pero para lograr esa situación cualitativamente distinta que permita un nuevo comienzo son imprescindibles unas condiciones subjetivas que entrañan una revalorización moral del sujeto y de sus luchas colectivas. En este sentido han sido históricamente las grandes ideas, además de determinados valores que han creado unas determinadas actitudes, los que han provisto de la fuerza moral para que las luchas, y por tanto también las revoluciones, sean iniciadas y mantenidas en el tiempo generación tras generación. Sin la labor concienciadora en la que los factores morales desempeñan un papel fundamental para ulteriormente hacer cualquier revolución popular es imposible plantearse nuevos comienzos y emancipaciones.

No existen los atajos ni los grandes logros que no entrañen grandes esfuerzos y sacrificios. En estas condiciones que impone la propia lucha revolucionaria es necesaria una moral de combate, una moral que rehumanice al sujeto y lo sustraiga del conformismo burgués que lo aborrega y lo sume en una amodorrada forma de vida melindrosa, empequeñecedora y embrutecedora. Significa asumir la importancia que juegan los valores junto a las actitudes que estos generan como baluarte moral que permita asumir el esfuerzo de toda lucha. Pero la importancia de la moral y de los valores radica en el hecho de que constituyen la base sobre la que construir sobre las ruinas de un mundo decadente e ilusorio. Por todo ello es necesaria una regeneración en términos morales y axiológicos que ponga fin a todo cuanto el sujeto ha interiorizado del sistema que le oprime, y por ello un rechazo de las metas existenciales así como de la forma de ser, pensar y sentir que son propias de ese sistema y su sociedad burguesa.

El emboscado


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15 sept 2014

Por qué caminar nos ayuda a pensar mejor

LA CIENCIA Y LA LITERATURA COINCIDEN EN SU ENRAMADA: CAMINAR ES UN REFINADO HÁBITO QUE CONTRIBUYE A GENERAR LAS MEJORES IDEAS DE LA HUMANIDAD.

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La sabiduría popular nos dicen que cuando queremos destrabar nuestra mente es apropiado salir a caminar y tomar aire. La idea de que caminar nos hace pensar mejor o al menos pensar diferente está profundamente arraigada; uno puede intuir claramente que un ambiente despejado como el que se experimenta extramuros despeja también a la mente.
Son muchos los filósofos, científicos y artistas que han cultivado la costumbre de caminar como parte de su disciplina creativa. “Creo que en el momento que empiezan a mover mis piernas mis pensamientos empiezan a fluir”, escribió Henry David Thoureau, es novelista y naturalista que famosamente encontró en el bosque el alimento de su literatura (y de su psique).  Nietzsche incluso se aventuró a decir  que “todas las grandes ideas se concibieron caminando”. En su artículo sobre la ciencia de caminar, Ferris Jabr, nos dice que Thomas DeQuincey calculó que el poeta William Wordsworth caminó unas 80 mil millas en su vida (y en esas caminatas cientos de semillas de poemas). El mismo DeQuincey que en su libro sobre Kant narra cómo las caminatas habituales del filósofo alemán fueron instrumentales en la formulación de su pensamiento crítico.
Caminar y escribir parecen estar inextricablemente ligados, como dos procesos paralelos que forman una continuidad entre la mente y el cuerpo. No sólo caminar por el bosque y encontrar ese sosiego para el alma, o esa medicina verde que brinda la paz del entendimiento, también caminar por las ciudades y entablar una relación con los relatos ocultos de todas las personas que aparecen en nuestro camino (que se convierte un teatro mental, un laberinto que se desenreda escribiendo). Baudelaire cultivo el arte de perderse en las ciudades, el deleite de dilatarse en la contemplación. “La gastronomía del ojo”, según Balzac. Esto es lo que se conoce como la flânerie: la divagación como un estado alterado de conciencia que permite procesar la información del entorno con otra sensibilidad, apilando un cauce narrativo en la misma lánguida zancada.
Como ocurre en nuestra época con casi cualquier cosa, la ciencia ha medido los efectos que tiene la caminata en el cuerpo y en el funcionamiento cognitivo. Al caminar, aumenta el flujo de sangre a los músculos y a los órganos –incluyendo el cerebro (la lucidez puede verse como un fenómeno aerobico y no por nada los escritores son “atletas de la palabra”). Ferris Jabr agrupa en The New Yorker una serie de estudios que indican que caminar promueve nuevas conexiones cerebrales –que son luego nuevas conexiones literarias– incrementa el volumen del hipocampo (una región asociada con la memoria) y fortalece el tejido cerebral que suele desgastarse con la edad.   
A su vez la forma en la que movemos nuestro cuerpo altera la naturaleza de nuestros pensamientos. Existe lo que se conoce como la memoria dependiente del estado: el patrón específico de excitación presente en el cerebro en el momento del aprendizaje se vuelve un componente integral de la información almacenada. Este patrón está determinado por diferentes condiciones, entre ellas la postura en las que nos encontramos, las sustancias químicas que secretamos y el entorno en el que nos situamos. Así caminar por el bosque o escribir ante una computadora tomando café suelen generar una concatenación de memorias particulares que es también un ritmo cognitivo.  Se ha demostrado que, por ejemplo, una postura anatómica abierta, expansiva –ejemplo de dominación entre los mamíferos–, inmediatamente reduce el nivel de cortisol e incrementa la testosterona, cambiando evidentemente nuestro estado mental. O que escuchar canciones con muchas pulsaciones por minuto nos motiva a correr más rápido; lo mismo ocurre cuando se le sube a la música en un auto: el conductor suele manejar más rápido. Ferris Jabr considera que:
Caminar a nuestro propio ritmo crea un circuito de retroalimentación sin adulterar entre el ritmo de nuestros cuerpos y nuestro estado mental que no podemos experimentar tan fácilmente cuando corremos en un gimnasio, manejamos un auto o andamos en bicicleta o en algún otro tipo de locomoción. Cuando caminamos, el paso de nuestros pies naturalmente vacila y se sincroniza con nuestro estado de ánimo y la cadencia de nuestro diálogo interno; al mismo tiempo, podemos cambiar el ritmo de nuestros pensamientos de manera deliberada al caminar más rápido o ir más despacio.
Podemos tal vez entonces leer de alguna manera el pensamiento de los demás al observar cómo caminan, ese ritmo en el andar debe de ser algo que también ocurre en su proceso interno.
Un estudio reciente realizado por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz de la Universidad de Stanford comparó diferentes habilidades cognitivas en un grupo de estudiantes mientras caminaban o mientras estaban sentados. Los resultados de este meta-experimento (la idea de hacerlo surgió justamente en una caminata), muestran que las personas son más creativas o tienen mayor capacidad para desarrollar ideas novedosas y metafóricas cuando están caminando. Sin embargo, caminar puede ser contraproducente cuando se quiere concentrarse en algo específico: “si estás buscando una sola respuesta correcta a una pregunta, probablemente no quieres todas esas ideas brotando por ahí”, dicen los autores.
Podemos también modular la caminata para generar diferentes tipos de raudales creativos. No es lo mismo caminar por una zona urbana agradable pero llena de información y atestada de individuos de nuestra misma especie, que caminar por un bosque en el que la información es también bastante abundante pero de otro tipo o incluso caminar por un desierto donde disminuye el nivel de información –el cerebro se mueve por diferentes bandas de estímulos y accede a diferentes regiones.
Caminar y pensar o caminar para pensar,  he ahí un binomio simbiótico que atraviesa la historia; pocas cosas más refinadas y secretamente vitales para la creación en la cultura humana.

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27 may 2014

Por qué no podemos dejar de estar equivocados

Cambiar de opinión en función de los argumentos de los demás parece una tarea casi imposible. Varios estudios demuestran que intentar convencer con pruebas a colectivos como negacionistas climáticos o antivacunas refuerza su posición y sus creencias erróneas. Pero no son los únicos. Cuando nuestras convicciones están amenazadas, nuestro cerebro está dispuesto a hacer las más extrañas piruetas.


Si quieres convencer a alguien con argumentos no le digas que está equivocado. No hay manera más fácil de reforzarle en sus posiciones y de extender la discusión hasta el infinito. Y si la materia afecta a las convicciones profundas, el sujeto pasará por alto todas las evidencias, por más contundentes que sean. Este proceso mental es frecuente en ámbitos tan polémicos como la oposición a los transgénicos, el apoyo a la homeopatía o el negacionismo climático. Por más evidencias que muestre la comunidad científica, determinadas personas hacen oídos sordos y se convencen aún más de la validez de sus argumentos. Hasta el punto de que algunos son capaces de defender una idea y la contraria sin que se les fundan los "plomos".



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22 may 2014

Por qué creemos en dios y en lo sobrenatural

Los instintos animales heredados de los hombres de las cavernas podrían ser la explicación de por qué muchos humanos creen en dios y lo sobrenatural. 

 Por: Steve Kelly / psicólogo británico



La noción de lo sobrenatural existe en todas las culturas de nuestro planeta, ya sea en forma de dioses, duendes, hadas o un dios único todopoderoso. Las distintas creencias son similares y están muy extendidas, de manera que pueden vincularse a los procesos mentales que los humanos desarrollaron hace miles de años para sobrevivir, señala Steve Kelly en la web The Conversation
 

Suponer la acción de un ser vivo

Tenemos tendencia a creer que un ser vivo es el responsable de cualquier acontecimiento, señala Kelly. "Si pensamos en los acontecimientos que podían tener lugar en los tiempos prehistóricos es fácil entender por qué es útil esta tendencia", sostiene. Por ejemplo, las ramas de un árbol pueden moverse por acción del viento, pero es más seguro pensar que las mueve un animal peligroso y huir, señala el científico. Los que piensan así sobreviven y transmiten su modo de actuar a sus hijos, implantándolo profundamente en los instintos. Actualmente no tenemos que pensar para reaccionar así, lo hacemos de manera automática. 
 

Suponer una razón

Viviendo en grupos, es necesario comprender a los demás, entender y aceptar sus creencias y pensamientos, sobre todo cuando consideramos que son incorrectos porque, debido a una falta de información, no entendemos qué los motiva. Tendemos a suponer que detrás de cualquier acción de cualquier individuo hay algún motivo que debemos procesar y entender. 
 
Cuando tiene lugar un suceso por ejemplo, cuando cae una piedra el instinto nos lleva a pensar que alguien lo ha causado. Pero si no vemos a nadie es natural suponer que la acción podría ser obra de un ser invisible, señala Kelly. ¿Qué haría este ser si estuviera a nuestro lado? Pues quizá intentar descubrir nuestros secretos para saber si somos buenas personas, sostiene el psicólogo. 
 
Otro ejemplo: la erupción de un volcán. Sin conocimientos geológicos, el instinto nos sugiere que este fenómeno es obra de un ser superpoderoso que quiere castigar a los humanos por sus acciones. Nuestros ancestros habrían sido capaces de analizar los eventos que no entendían y relacionarlos a estas creencias, sostiene Kelly. 

 

Andar sobre las aguas

Las excepciones, los casos que no encajan con nuestras ideas, se recuerdan y ayudan a no olvidar la regla. "Posiblemente, las anomalías que suponen un reto para nuestra intuición llaman nuestra atención, lo que ayuda a implantar una idea en nuestra memoria", sostiene Kerry. "Muchas historias religiosas contienen conceptos […] como un hombre que anda sobre las aguas o una zarza en llamas que habla. Estas historias usan esta peculiaridad de nuestra memoria para difundirse y evitar ser olvidadas". 
 
"Si estas ideas son correctas la religión no es más que un 'producto derivado' del cerebro que procesa un error", concluye el autor.  




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21 may 2014

¿Son innatas las ideas políticas?

¿De izquierda o de derecha? Un escáner de su cerebro puede tener la respuesta

  ¿Podemos "leer" las ideas políticas en un escáner?  


La política es una de las áreas más complejas del pensamiento humano. Así que fui escéptico cuando oí que escanear el cerebro de una persona podría predecir sus elecciones políticas.
La ciencia cognitiva está logrando avances extraordinarios, pero mapear las interacciones sociales humanas con lo que se puede medir en un escáner del cerebro es un salto enorme.
Es como intentar encontrar las correlaciones exactas entre dos platos de sopa: uno está hecho de vegetales, macarrones y caldo, y el otro está hecho con ideas abstractas como economía, igualdad e historia.
Pero en Estados Unidos y en Reino Unido, psicólogos y neurólogos están haciendo serias investigaciones para intentar relacionar las actitudes políticas con lo que está dentro de nuestro cráneo.
"Al observar cómo el cerebro está procesando los fenómenos políticos, podemos comprender un poco mejor por qué hacemos lo que hacemos", dice Darren Schreiber, de la Universidad de Exeter, en Reino Unido.
Schreiber comenzó usando la técnica de imagen por resonancia magnética (IRM) para investigar patrones de actividad en el cerebro cuando las personas tomaban decisiones, especialmente aquellas que involucraban riesgos.
Imagen del cerebro
 Varias investigaciones buscan la relación
entre  patrones de actividad del cerebro
 y las ideas políticas. 
Mientras que las decisiones no eran todas tan diferentes, el experto vio variaciones en las partes del cerebro que eran más activas en las personas que se describían a sí mismas como conservadoras y en aquellas que se consideraban liberales.
El científico no generaliza sobre cómo piensan exactamente conservadores y liberales, pero cree que su trabajo sugiere que diferentes actitudes políticas reflejan divergencias profundamente enraizadas en cómo entendemos el mundo.
Read Montague, de las universidades College London, Reino Unido, y Virginia Tech, EE.UU., era escéptico cuando comenzó a ayudar a los investigadores políticos en su estudio.
"Me reí de ellos en voz alta", dice.
Pero cuando John Hibbing y su equipo de la universidad estadounidense de Nebraska le mostraron sus datos, Montague cambió de tono.
Su trabajo sobre gemelos sugería que la lealtad política era en parte genética.
No de forma tan marcada como la estatura, por ejemplo, pero lo suficiente como para indicar que alguna gente realmente puede llevar el conservadurismo en la sangre, o al menos en el ADN.

Miedo y asco

¿Pero cómo, exactamente, podrían las diferencias genéticas expresarse en diferencias políticas en el mundo real?
Hibbing y Montague querían saber si estas predisposiciones innatas podían ser observadas en funcionamiento en el cerebro.
Así que probaron con respuestas instintivas a imágenes diseñadas para provocar asco y miedo, y hallaron un vínculo entre la fuerza de la reacción a las imágenes y cuán conservadores socialmente podían ser los puntos de vista de una persona.
Hombre comiendo gusanos
  Esta es una de las imágenes repulsivas del test de Hibbing.  
"Debemos aclarar la distinción entre conservadurismo económico y conservadurismo social", dice Hibbing.
"La gente que tiene actitudes más protectoras sobre temas como inmigración, que promueve mayores castigos a criminales, la gente que se opone al aborto… Estos son individuos que parecen tener una reacción mucho más fuerte a las imágenes repulsivas".
Estas respuestas se miden biológicamente, por lo tanto el estudio está vinculando explícitamente opiniones conscientes con respuestas inconscientes.
En las investigaciones que se han hecho hasta ahora, las actitudes hacia el riesgo, el asco y el miedo son las que muestran las conexiones más fuertes con las opiniones políticas manifiestas.
La dificultad llega al tratar de aplicar esta información a una situación específica.
Los conservadores sociales estadounidenses pueden estar también a favor de un estado más pequeño y un mercado libre.
Pero en los países que formaron parte del bloque socialista, el conservadurismo social podría más bien añorar la época comunista.

Determinismo biológico

El economista conductual Liam Delaney está estudiando la psicología de las campañas para el referendo sobre la independencia de Escocia, pero él no cree que los instintos subconscientes puedan ofrecer una guía completa del debate.
"El determinismo biológico es un poco tramposo con estas situaciones, porque hay demasiada variación entre los diferentes sistemas políticos".
Cerebro modelo
  La antigua teoría de la frenología vinculaba partes de la cabeza con la personalidad.  
"Creo que tiene el riesgo de simplificar las cosas al decir que hay algo innato que determina el resultado".
Darren Schreiber coincide: "La política humana es extraordinariamente compleja. No se reduce sólo al cerebro, y quiero dejar muy claro que no soy un determinista biológico".
Según él, nuestro cerebro está programado para no estar programado.
"Si las personas fueran simples no necesitaríamos estos cerebros muy grandes y complejos".
Ninguno de los científicos que trabajan en estas investigaciones sugiere que nuestras visiones políticas son completamente innatas.
El cerebro humano cambia a lo largo de la vida, por lo tanto los neurólogos dicen que las experiencias, tanto como los genes, han dado forma al cerebro que ellos ven a través del escáner.

Mano izquierda o derecha

Pero John Hibbing cree que los motores del subconsciente, que evolucionaron hace mucho tiempo en respuesta a peligros físicos urgentes, impulsan nuestras mentes políticas más de lo que nos gustaría creer.
"A las personas les 
gusta pensar que  
sus propias  
convicciones políticas 
son racionales, que  
son una respuesta 
sensible al mundo 
que las rodea."
John Hibbing, científico 
neurólogo de la 
Universidad de Nebraska
"A las personas les gusta pensar que sus propias convicciones políticas son racionales, que son una respuesta sensible al mundo que las rodea".
Hibbling compara las tendencias ideológicas innatas con qué mano preferimos usar.
Solíamos pensar que esto era un hábito que podíamos cambiar, cuando no sabíamos que estaba "profundamente integrado en la biología".
Eso tendría grandes implicaciones en la vida política. Si ser de izquierda es tan innato como ser zurdo, ¿por qué preocuparse por la política?
¿No podríamos meter a todos en un tomógrafo y deducir lo que piensan,siempre pensarán y además nacieron para pensar, y dejar de intentar convencer a nadie?
Ni siquiera Hibbling saca tal conclusión.
"No es tanto que yo piense que la gente debería callarse y aceptar que algunas personas son diferentes".
"Pero sí creo que deberían aceptar que alguna gente o bien no va a cambiar o bien será extremadamente difícil convencerlos de cambiar, y que simplemente seguir gritándoles no contribuye en nada".
Así que no vamos a cambiar las urnas por un tomógrafo en un futuro próximo.
Lo cual es bueno, porque aún creo que la política debería suponer llevar nuestras ideas al mundo más allá de nuestro cráneo, el mundo real de convicciones desafiantes y opiniones encontradas.
Pero quizás estemos programados para pensar así.

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