26 abr 2017

La Evolución de la Teodependencia

"Argumentar con una persona que ha renunciado a la 

lógica, es como dar medicina a un hombre muerto" 

Thomas Paine.

                       Habiendo miles de millones de creyentes en dioses en este planeta, resulta que convertir a uno de ellos en ateo es una misión imposible, pero ¿Por qué razón es imposible convertir un creyente en dios a ateo? Veamos el origen de la teodependencia y porqué está tan arraigada esa necesidad de dioses.

                     He acuñado la palabra teodependiente para describir a una persona que cree y necesita a cuando menos un dios en su vida.

                    Entendemos por instinto de supervivencia a todas esas acciones automáticas que nos permiten continuar vivos o sobrevivir en este planeta. 
 
                    El término evolución significa desarrollo o desenvolvimiento, la transformación gradual de un estado a otro. La evolución del ser humano lo ha llevado al perfeccionamiento físico, pero además conlleva un rasgo intelectual genético, fundamental en la supervivencia, EL TEMOR, por lo tanto el temor o el miedo a la muerte son emociones innatas que activan y disparan al instinto de supervivencia.

                    En un principio los seres humanos vivían en cuevas en donde la competencia por la supervivencia era extrema, al grado que los más débiles como ancianos mujeres y niños se quedaban en la cueva y los demás salían a cazar para alimentar al grupo. En estas excursiones diarias para conseguir alimento se enfrentaba a la muerte y se producían bajas, ante estas bajas el temor se transformaba en miedo y entonces solo unos cuantos cuyo temor era menor salían a cazar, porque eran los más audaces y valerosos, pero los que se quedaban tenían mucho más probabilidades de sobrevivir con esta estrategia de supervivencia de estar menos expuestos a los riesgos de la cacería, así fue aumentando lentamente una generación de personas con un mayor rasgo intelectual genético de temor, pero el temor no solo se circunscribía a los animales de cacería, sino también a los depredadores, rayos, fuego, enfermedades, accidentes, lluvias torrenciales y desastres naturales, etc. a los cuales se les adjudicaba un dios que los producía y al que debían venerar u honrar e incluso ofrecer sacrificios humanos para evitar su terrible furia, de esta manera cambiaban la dependencia de los valerosos del grupo a una dependencia de un ser imaginario, esto es teodependencia. 

                    Desgraciadamente la generación de personas con un bajo nivel de temor o con un alto nivel de valor quedó en una minoría respecto a los que tenían un alto nivel de temor y en la época de la Grecia Antigua se les llamó ATEOS, porque su valor superaba su temor y esto les permitía vivir sin dioses de ningún tipo. Una consecuencia o implicación inevitable de este origen o génesis de esta evolución, es que también resulta imposible para los ateos el que se puedan convertir en teodependientes, por esa razón es imposible que a un ateo lo puedan convencer para tener un dios, quedando así marcada la diferencia y su condición de ateos o teodependientes para toda la vida. Eso explica el porqué a pesar de la poderosa red de comunicación de Internet, los intentos de convencerse entre ateos y creyentes es infructuoso.

En la actualidad se estima que solo el 4% de la población mundial, es decir una de cada 25 personas puede vivir sin dioses, es decir son los ateos. Así mismo, el 80% de la población son teodependientes .


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15 abr 2017

Desesperado llamamiento racionalista


En una semana en donde gran parte de la Humanidad apaga (aún más si cabe) su cerebro para conmemorar absurdas e irracionales supersticiones , que más que probablemente nunca tuvieron lugar y que únicamente sirven para mostrar la parte más oscura y disparatada del comportamiento humano, es quizás un buen momento para una pequeña reflexión.
El ser humano, con la inestimable ayuda de la ciencia, ha sido capaz de desentrañar en unos pocos siglos algunos de los más grandes misterios de la Naturaleza. Sin embargo, es mucho, muchísimo más lo que queda aún por descubrir y por comprender en este vastísimo Cosmos, del que no somos más que una infinitesimal fracción tanto del espacio como del tiempo.


Entonces ¿vamos a seguir perdiendo miserablemente el tiempo en absurdas supersticiones que únicamente desaprovechan esa maravilla evolutiva llamada cerebro humano? Es por ello que necesitamos desesperadamente que cuanto antes, el mayor número de personas dejen de lado las innumerables supersticiones que inventaron algunos de los más disparatados miembros de esta siempre tan particular especie de monos con escaso pelo y empiecen a utilizar su más que maravilloso cerebro.

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12 abr 2017

La delgada línea roja entre ilusión y realidad


Pensadores, filósofos y teólogos llevan siglos construyendo complejas teorías acerca de la religión, el cómo y su porqué, explicaciones que casi siempre implican apelar a nobles sentimientos y a etéreos conceptos, pero la realidad puede ser mucho más prosaica tal y como está desvelando la ciencia.
Lejos de las artificiales construcciones teóricas que se han ido desarrollando a lo largo de los siglos para justificar el hecho de que la religión es un elemento fundamental de sociedades de toda época, se puede observar que toda creencia espiritual (independientemente de los ritos particulares a los que cada grupo de acólitos rinda homenaje) pivota sobre el siempre insatisfecho deseo humano de ser un ente especial, dentro de este increíblemente complejo planeta, que orbita alrededor de una pequeña estrella de la periferia de una galaxia nada llamativa, que está ubicada en un insignificante rincón de un vastísimo y casi inconcebible universo.
Pero ¿cómo pueden unos seres dotados de un poderoso cerebro capaz de racionalizar, de entender y de desentrañar complejas relaciones científicas llegar a la conclusión de que existe un mundo alternativo a la percepción material cotidiana? Pues aunque pueda parecer sorprendente, por una mezcla de sugestión y malfuncionamiento de ese mismo cerebro.
El cerebro humano es un órgano perfectamente engrasado por la selección natural para la búsqueda de patrones. Así esta cualidad permitió a nuestros antepasados sobrevivir y prosperar en el entorno hostil de nuestra sabana ancestral al detectar esas muchas veces sutiles señales que relacionaban hechos aparentemente inconexos: ciertos ruidos podían indicar la presencia de un depredador o por el contrario de una presa, siguiendo a determinados animales se puede obtener agua en un paraje desértico, el movimiento de las estrellas sobre la bóveda celeste da cuenta del paso de las estaciones y por tanto de los diversos tipos de comida, etc. Por supuesto que este tipo de razonamiento no es infalible, pero en principio asociar algunos patrones erróneos no implica un gran problema siempre que estos fallos no pongan en riesgo la vida de los que los cometen, de tal manera que después de varios cientos de miles de años de prueba y error, los sapiens poseían un conjunto de comportamientos adaptativos para la supervivencia junto con otros no tan útiles.

Añádase ahora un segundo elemento característico del cerebro humano. Como animales sociales que son los sapiens, gran parte del desarrollo cerebral se ha especializado en reconocer caras y lo que es más importante, a reconocer expresiones osentimientos particulares en esas caras. Así numerosos experimentos científicos han demostrado que los bebes son unos grandes fisonomistas capaces de interpretar correctamente los gestos, primero de su madre y después de todos los adultos que les rodean. El valor evolutivo de esta adaptación es evidente, un niño pequeño que interpretara adecuadamente el miedo, el enfado o la alegría de sus progenitores tendría muchas más posibilidades de sobrevivir en un mundo ancestral plagado de peligros, en donde muchas veces no había tiempo para explicar las cosas y en donde tampoco existían los derechos de los niños y por tanto no sólo era factible, sino que muchas veces era además adaptativo, dejar de (mal)gastar esfuerzo y energías en seguir cuidando y alimentando a un vástago que se comportara incorrectamente. Es por ello que los humanos vemos caras en cualquier fenómeno u objeto que guarde unas mínimas proporciones, fenómeno denominado pareidolia o que tengamos la tendencia a extrapolar comportamientos humanos a los animales o a los fenómenos naturales en cuanto se asemejen mínimamente a nosotros. Y de ahí al animismo no hay más que un paso.
Pero para que aparezca la religión tal y como la conocemos en la actualidad falta todavía un elemento crucial: el mundo espiritual, resultado de la mezcla de dos fenómenos. El primero el sueño. Durante más de un siglo los antropólogos han documentado ampliamente la importancia del sueño como una fuente primaria para las ideas y prácticas de los pueblos tradicionales de todo el mundo. Así, en muchas de estas sociedades los sueños son considerados una evidencia directa y vivencial de un reino espiritual, de tal manera que los miembros de estos pueblos interpretan sus sueños como una prueba de que el alma del soñador deambula fuera del propio cuerpo y se relaciona con dioses y seres espirituales del mundo supernatural. Y el segundo elemento clave del mundo espiritual es la presencia de mediadores de lo divino. Es bien conocido que a lo largo de la historia diferentes profetas, santones y similares han presentado evidentes síntomas de enfermedad psiquiátrica: el Jesús cristiano que se creía hijo de una paloma y una zarza, la más que sospechosa conversión de Saulo de Tarso tras un accidente equino o esa pobre abulense llamada Teresa que mezcló delirios, alucinaciones y represión sexual en un cóctel más que explosivo.
Sin embargo lo que hasta ahora no quedaba claro es como esos pobres enfermos eran capaces de convencer a miembros mentalmente sanos de su especie, que vivían en sociedades mucho más estructuradas que las bandas animistas de cazadores-recolectores de esa increíble, y sobre todo invisible, patraña de espíritus o demonios. Pues bien, un estudio publicado hace un par de años en una prestigiosa revista de psiquiatría viene a poner un poco de luz sobre este tema.
Los autores del mencionado trabajo seleccionaron un extenso grupo de más de 31.000 personas provenientes de 18 países diferentes, individuos sin ningún historial previo de enfermedad psiquiátrica o de consumo drogas (ya que es ancestral el conocimiento de que numerosas sustancias naturales son capaces de alterar los estados de conciencia), y encontraron muy llamativamente que un nada despreciable 6% de estos individuos en principio sanos y normales indicaron que habían sufrido alguna vez episodios de severas alucinaciones que incluían el oír claramente voces dentro de sus cabezas u observar “seres o fenómenos” que nadie en su entorno era capaz de ver. Aunque de ellos un tercio solo habían tenido una de estas “experiencias” a lo largo de su vida, otro tercio de los estudiados reportaba entre dos y cinco de estos episodios y por tanto, el tercio restante de sujetos había tenido innumerables “contactos” con el más allá. Casi increíble, personas que en principio desarrollan una vida normal, luego resulta que pueden llevar años viendo, oyendo y quizás comunicándose con fantasmas, apariciones y espíritus varios sin haber sentido en ningún momento la necesidad de buscar consejo médico alguno. Y no olvidemos que esto ocurre en el civilizado siglo XXI, por lo que no es nada difícil de imaginar lo cotidiano que tenía que ser en épocas pretéritas el que las personas hablaran de sus “relaciones” con el más allá.
Entonces los datos de este estudio estarían indicando que no existe una línea definida entre la realidad y la ficción, sino que más probablemente existe un continuo psicológico: primero las personas totalmente sanas, a las que su cerebro nunca les juega malas pasadas y luego un conjunto de individuos que tienen cerebros cada vez más y más predispuestos a “detectar” entidades que no existen y a convivir con ellas en mayor o menor medida, parece ser que con total normalidad para sus vidas (y no lo olvidemos para la de sus más cercanos allegados) hasta llegar finalmente, por supuesto, a los clásicos enfermos mentales que pasan la mayor parte de sus vidas sino toda atrapados en el mundo virtual que ha creado su propio cerebro enfermo.
En resumen, a la vista de este estudio ahora es más fácil entender cómo, partiendo de un profeta claramente enfermo puede irse expandiendo el sustrato mágico-religioso entre una población más o menos susceptible, personas que por sus propias experiencias previas pueden estar ya predispuestas a ser más receptivas, tolerar, comprender o incluso ansiar esos más que infantiles cuentos sobre ángeles, demonios y espíritus varios.

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13 mar 2017

Reacciones Diarias Que Distinguen Seres Inteligentes

LA INTELIGENCIA SE DEMUESTRA EN DIVERSOS ÁMBITOS DE LA VIDA, NO ÚNICAMENTE EN LO INTELECTUAL.

La inteligencia es sin duda una de los conceptos más polémicos de todos los que pueden aplicarse a un ser humano. Por mucho tiempo se le relacionó casi exclusivamente con el ámbito intelectual y, por consecuencia, ser inteligente significaba ser destacado en el ejercicio de las ciencias, en la resolución de problemas abstractos e incluso en la especulación metafísica de ciertas cuestiones.

Con el tiempo, sin embargo, esa definición ha cambiado, y la inteligencia se ha asociado también con la comprensión de las emociones, con el sentido artístico, con la creatividad y, en última instancia, con el bien vivir.

Sea como fuere, lo único que parece claro es que la inteligencia no está compuesta de una sola materia, sino de varias, y es en este sentido que compartimos ahora una breve lista de 5 rasgos que apuntan hacia conductas muy específicas, todas en relación con esa variedad de perspectivas desde las cuales puede decirse que una persona es inteligente.

1. Las personas inteligentes no culpan a otras por sus errores
Asumir una responsabilidad es una de las primeras muestras de inteligencia y madurez emocional en una persona, especialmente cuando eso implica reconocer un error cometido y sus consecuencias. Y esto no sólo por razones de convivencia social, sino también por un rasgo de comportamiento muy definido: reconocer un error también hace posible aprender de él para no cometerlo de nuevo.

2. Las personas inteligentes reconocen su propia ignorancia
En psicología está conceptualizado un fenómeno conocido como “efecto Dunning–Kruger”, el cual, grosso modo, consiste en que una persona se cree mejor que los demás por una ilusión cognitiva. Los psicólogos que desarrollaron esta idea, David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, notaron que ciertas personas poseen un sesgo psicológico que les impide reconocer su propia incompetencia en cierto ámbito, reconocer la habilidad superior de otros en lo mismo y, finalmente, les otorga una confianza excesiva para desenvolverse en la disciplina que ignoran. Puede parecer un tanto paradójico, pero ser inteligente comienza por reconocer la ignorancia propia.

3. Las personas inteligentes no reaccionan con enojo o agresión
Las conductas agresivas en su relación con la inteligencia ha sido un tema ampliamente estudiado por las ciencias cognitivas. Un estudio de investigadores de la Universidad de Michigan, por ejemplo, encontró un vínculo entre un bajo coeficiente intelectual y la inclinación a reaccionar con ira ante ciertas situaciones, lo cual a su vez parece dar pie a un círculo vicioso, pues en ese mismo estudio se observó que, en niños de 8 años, la agresividad obstaculiza el desarrollo de la inteligencia.

4. Las personas inteligentes entienden las emociones de otros
En años recientes el concepto de “inteligencia emocional” ha ganado presencia en la literatura especializada e incluso en artículos de difusión. Ser inteligente es también entender nuestras propias emociones y las de las demás, y no sólo desde un punto de vista discursivo o conductual, sino también anatómico y aun evolutivo, pues la habilidad empática (“ponerse en los zapatos del otro”, como se dice coloquialmente) está relacionada directamente con el desarrollo de las regiones del cerebro encargadas del procesamiento de las emociones, como el córtex cerebral y el sistema límbico.

5. Las personas inteligentes no piensan que son mejores que los demás
Los prejuicios son signos inequívocos de falta de inteligencia. En psicología se conoce bien el efecto de compensación mediante el cual una persona busca sobreponerse de su propia inseguridad creyéndose mejor que otros. En un estudio de la Universidad Brock de Ontario, por ejemplo, se encontró una relación entre personas con un bajo coeficiente intelectual y posturas como la homofobia, el racismo o la aprobación de castigos severos.

¿Qué te parece? ¿Crees, como nosotros, que la inteligencia auténtica se distingue por estar orientada a tener una mejor vida, ser más solidario con los demás y cuidarte mejor?
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7 mar 2017

LA PERSONALIDAD: Una Aproximación Psicológica

Concepto vulgar y concepto psicológico


El término «personalidad»ha trascendido la psicología para convertirse en un vocablo coloquial que la mayoría de la gente usa sin saber en realidad su significado. Así, es frecuente oír expresiones del tipo: «tiene una personalidad muy fuerte», «tiene mucha personalidad» o «le falta personalidad», como si la personalidad pudiese medirse en metros como la tela o en litros como el agua. Para comenzar, es conveniente que disipemos un par de tópicos falsos sobre la personalidad:

* No existen individuos que tengan más personalidad que otros. Cada ser humano tiene su propia y genuina personalidad, ni más ni menos. Existen, eso sí, personalidades dominantes y dominables; extravertidas e introvertidas; seguras de sí mismas o titubeantes e influenciables. Pero hasta el más inseguro y débil de los humanos tiene su personalidad íntegra (si no tiene un trastorno biológico o psíquico que le impida desarrollarla)

* La gente suele equiparar el «tener personalidad» a la dominancia, la originalidad e incluso la extravaganciaCreen que «tener personalidad» equivale a no dejarse influir por opiniones ajenas, a ser novedoso, a ser capaz de hacer prevalecer los propios puntos de vista frente a otros, a tener una gran ambición material y escaso sentido del ridículo, etc. Es un error pensar que la «mejor personalidad» se reduce a estos caracteres, porque así corremos el peligro de considerar «grandes personalidades» a los abusones, a los dogmáticos, a los estrafalarios o a los insensibles (gente que, en realidad, puede tener un trastorno de la personalidad, una personalidad desequilibrada 




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EL GEN EGOISTA

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué demonios hacemos aquí? Este vídeo de animación te lo explica en menos de tres minutos


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22 feb 2017

Las animaciones de Min Liu


Nacida en Taiwan y residente en la actualidad en Brooklyn, Nueva York (EE.UU) Min Liu es una diseñadora gráfica e ilustradora que, tras graduarse en la Universidad de Taipei, se especializó en Motion Graphics y Animación 2D en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York en el año 2013.

Las imágenes del post pertenecen a su proyecto “Bloody Dairy / A Daily Animation Project” #The100DayProject. En sus animaciones, cargadas de humor negro, juega con una paleta de colores de alto contraste para crear un estilo visual muy personal. Podemos ver más animaciones de Min Liu en su portfolio de Behance y en su web personal.

Vía: Behance.


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21 feb 2017

El “efecto pueblo”

Por qué importan los contactos cara a cara

Después de The sexual paradox, donde explicaba cómo influyen las diferencias evolutivas de sexo en las brechas de género en el trabajo, Susan Pinker –hermana del psicólogo cognitivo Steven Pinker– ha regresado a la divulgación científica con un libro que estudia la influencia en el bienestar, la salud y la felicidad humana de las relaciones sociales cara a cara (The Village Effect: How Face-to-Face Contact Matters. Atlantic Books. 2014).
En un mundo de redes sociales virtuales, y de aparente interconectividad global a través de Internet, Pinker propone regresar a los fundamentos. Al fin y al cabo la capacidad para relacionarnos con los demás no evolucionó en un contexto desencarnado, sino en el ámbito local de la familia y la tribu. En este contexto primordial la cognición social significaba supervivencia y los sentimientos de soledad eran uno de los peores signos de alarma. No extraña que la soledad tenga todavía efectos adversos en el sistema inmunitario, que impacte en nuestra memoria, y que sea un factor de riesgo en especial para las mujeres.
El aislamiento social es, de hecho, uno de los peores síndromes modernos. Entre el 20 y el 40% de los habitantes de las sociedades occidentales se sienten solos, y casi el 7% experimenta una soledad intensa en su vida.
Foto: Susie Lowe. Susan Pinker
Las conexiones sociales son esenciales, pero no todo tipo de “contacto social” es igual: importan más las relaciones próximas –como ilustra el caso de los centenarios de Cerdeña. Según estudios, las personas que tienen más contactos cara a cara tienen dos años y medio más de esperanza de vida como promedio. Aunque los introversos necesitan un menor contacto social que los extrovertidos –un caso convincentemente defendido por Susan Cain–, como explica Pinker “todos necesitamos una cierta cantidad de contactos significativos cara a cara para mantener el metabolismo social”. Las redes sociales cercanas son mucho más importantes que el “pensamiento positivo” para salir bien parado de los peores trances de la salud, como el cáncer.
Es más, también importa el sexo de nuestras redes sociales. Pinker llama “efecto femenino” a los efectos benéficos específicamente aportados por el contacto social con las mujeres, algo que quizás explique por qué las mujeres tienen más expectativa de vida que los hombres.
También es importante dónde están ubicadas nuestras redes: el “efecto pueblo” que da título al libro. Sorprendentemente, el capital social que tiene lugar cara a cara es más importante para predecir la expectativa de vida que la clase social. Cuanto mayor es el “capital social” de una comunidad, medido por la participación cívica, la confianza y la reciprocidad vecinal, más viven las personas. Esto tiene también su lado “oscuro”, pues niveles muy altos de confianza comunitaria también suelen ser seguidos por niveles altos de desconfianza ante los extranjeros.
La religión es uno de los factores que más ayudan a cohesionar este “capital social” que se necesita para construir comunidades saludables y confiadas. Se sabe que las personas más religiosas son más saludables, más felices, más altruistas y viven más tiempo que las menos religiosas, aunque los efectos benéficos de la religión no tendrían tanto que ver con las creencias espirituales, sino con la virtud de las religiones para reunir a la gente, y para fomentar la confianza mutua. Como explican los científicos cognitivos Norenzayan y Shariff la idea de Dios como un vigilante moral evolucionó para cubrir la necesidad de hacer cooperar a sociedades cuya escala había sobrepasado ya hace milenios el tamaño tradicional de la tribu (el “número de Dunbar”), y sólo muy recientemente la evolución de los “estados de bienestar” y formas de vigilancia secular, como la policía y la ley, están comenzando a reemplazar el rol tradicional de las instituciones religiosas.
Con un estilo elegante e informado, Pinker pasa revista en este libro a una ciencia reciente que muestra una asociación robusta entre la calidad de nuestros contactos sociales y nuestros índices más importantes de salud y bienestar. Una de las conclusiones más importantes es que las ventajas que nos aportan los contactos sociales de mayor calidad, normalmente aquellos que tienen lugar cara a cara en un entorno local, no pueden ser suplidas por los contactos “virtuales” que proporcionan las redes sociales en Internet. Las implicaciones de esta ciencia moderna son amplias y sensibles. Entenderla mejor nos servirá para educar mejor a los niños, para prevenir problemas de salud mental en los adultos y para preservar mejor el capital social en comunidades amenazadas por riesgos de anomia, la epidemia de la soledad urbana y un individualismo cada vez más desbocado.
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8 feb 2017

¿Es nuestra vida una simulación?

Los científicos han encontrado la primera "evidencia sustancial" que apoya la idea del llamado 'principio holográfico'. ¿Quiere decir que el universo es un gigantesco holograma?

La "prueba sustancial" del 'principio holográfico': ¿Es nuestra vida una simulación?

Un equipo internacional de físicos, astrofísicos y matemáticos anunció que había encontrado lo que creen que es la primera "evidencia sustancial" que apoya la idea del llamado 'principio holográfico'. ¿De qué se trata y por qué es importante? ¿Quiere decir que el universo es un inmenso holograma?

¿Qué es el principio holográfico?

El 'principio holográfico' es una conjetura acerca de las teorías de la gravedad cuántica propuesta en 1993 por Gerard 't Hooft. La idea postula que todo lo que conocemos y percibimos como tridimensional puede explicarse como un complejo holograma contenido en solo dos dimensiones. Un universo holográfico sería un sistema en donde toda la información que genera nuestra realidad en 3D estaría contenida en sus límites en una superficie de dos dimensiones.

Entonces, ¿es nuestra vida una simulación?

No. Aunque es fácil caer en la idea de que vivimos en una especie de un holograma gigante o incluso una simulación al estilo Matrix, no es exactamente eso lo que sostienen los científicos. De hecho, Niayesh Afshordi, uno de los autores del estudio, ha puntualizado al portal Gizmodo que en el universo de hoy en día "existen indudablemente tres dimensiones".
"Yo diría que no vivimos en un holograma, pero podríamos "haber salido de un holograma", explica el científico. Después de todo, el estudio tiene la intención de describir el universo primitivo, y el 'principio holográfico' parece que podría dar muchas respuestas.  

Entonces, ¿qué es lo que han descubierto?

El objetivo de los físicos era tratar de entender el Big Bang, cómo era el universo primitivo y cómo terminó siendo como es hoy. Lo que han descubierto es, más bien, que se puede describir el comportamiento del universo primitivo utilizando la teoría que desecha una de las dimensiones espaciales. O, en otras palabras, que se puede recrear datos físicos reales recolectados en nuestro universo usando el modelo holográfico 2D.

Entonces, ¿es importante o no su hallazgo?

Sí que lo es. El problema de fondo es que la teoría general de la relatividad de Einstein, que explica cómo funcionan las cosas en el Universo a gran escala, no encaja muy bien con la teoría de cómo funcionan las cosas pequeñas, la mecánica cuántica. Por eso es especialmente ineficaz cuando se intenta describir el universo primitivo, donde toda la masa y la energía estaban comprimidas en un pequeño espacio.  
Los científicos llevan décadas trabajando para poder reconciliar estas dos teorías, y algunos estiman que el concepto de un universo holográfico tiene el potencial de hacerlo, según explica Kostas Skenderis, profesor de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Southampton (Reino Unido) y coautor de la investigación.
De acuerdo con los investigadores, este estudio podría ayudar a abrir el camino a la comprensión del universo en su etapa temprana y a explicar cómo surgieron el espacio y el tiempo.
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Miopía global - Fang Chen


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