21 may 2014

Por qué no podemos recordar el futuro

Por qué no podemos recordar el futuro
Este texto es una colaboración del Cuaderno de Cultura Científica con Next, donde se publicó originalmente
¿Por qué podemos recordar el pasado pero no el futuro? Puede parecer una pregunta sin sentido por la aparente trivialidad de la respuesta (“porque el futuro aún no ha sucedido”), pero no es en absoluto trivial el por qué nuestra “flecha del tiempo” psicológica tuviese que tener el mismo sentido de la que dicta la segunda ley de la termodinámica, que implica que los acontecimientos suceden en aquel sentido temporal en el que la entropía del universo aumenta. Un artículo en Physical Review Esugiere que estas dos flechas del tiempo tienen que coincidir necesariamente por las limitaciones que impone el significado de recordar algo, no “porque el futuro no haya sucedido”.
Las leyes fundamentales de la física son simétricas con respecto al tiempo: en la mecánica clásica newtoniana el tiempo es reversible, y en la relatividad general es tan sólo una coordenada más al igual que las del espacio. Dadas pues las posiciones y velocidades de un sistema clásico de partículas que interactúan el pasado y el futuro pueden en principio ser calculados completamente a partir de las leyes de la física. Por tanto las predicciones del futuro son tan precisas como las posiciones del pasado o, dicho de otra manera, son igualmente conocibles basándonos en el presente.
La existencia de una flecha del tiempo se suele explicar recurriendo al concepto termodinámico de entropía. En sistemas de muchos componentes es abrumadoramente más probable que los cambios ocurran en la dirección que incremente la entropía total del universo.
Cómo percibimos el flujo del tiempo ya es otra cuestión. Los teóricos argumentan que el registro de información siempre implica un borrado como, por ejemplo, la inicialización de una memoria de ordenador al comienzo. Dado que el borrado siempre incrementa la entropía, la flecha del tiempo psicológica se alinea con la termodinámica.
Pero Leonard Mlodinow del Instituto de Tecnología de California y Todd Brun de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles dicen que este argumento no está completo. En principio podrías librarte de cualquier necesidad de borrado e inicialización simplemente recordando todo, lo que implica que el registro de información en la memoria es completamente reversible respecto al tiempo. Pero, según los autores, aún en este caso las flechas temporales deben coincidir porque aplicaría un principio más amplio.
Por qué no tenemos memoria del futuro
Los investigadores llaman a este principio generalidad. Ilustran su argumentación con un torniquete que registra el paso de moléculas de gas de una cámara a otra. El sistema comienza con la mayoría de las moléculas en la cámara de la izquierda y, en un cualquier instante, el torniquete es capaz de de dar una lectura del número neto de moléculas que ha pasado de la izquierda a la derecha tomando como referencia un tiempo dado que llamaremos “pasado”. Pero, dado que el sistema sigue leyes newtonianas predecibles y reversibles, la lectura podría interpretarse también como que muestra el número de moléculas que pasarán entre el instante de lectura y alguna referencia “futura”. Se puede demostrar que esto sería correcto ya que este número puede, en principio, calcularse. ¿Por qué entonces no podemos llamar a esto una memoria del futuro?
La razón por la que no podemos es porque para que el torniquete funcione como una memoria del pasado no es necesario que el estado del sistema en un tiempo de referencia pasado este especificado con precisión; cualquier cambio pequeño que consideremos en las posiciones de las moléculas en ese tiempo no afectará a la lectura posterior. Pero los pequeños cambios equivalentes en un tiempo de referencia futuro, por ejemplo por influencias en el sistema no previstas, lleva a inconsistencias.
Este tipo de memoria del futuro carece de generalidad: el requisito de que la memoria refleje con precisión el estado futuro del sistema independientemente de sucesos imprevistos. La lectura indica un estado futuro, pero sólo un estado futuro concreto. Es como si una cámara necesitase diferentes tipos de tarjetas de memoria para cada foto. Una memoria auténtica no puede depender de que el sistema se comporte de cierta manera. Podríamos decir, pues, que no tenemos una memoria del futuro porque el futuro es caos.
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El universo en un minuto: en diez vídeos



es una colección de vídeos producidos por Conec y la Sociedad Española de Astronomía que intenta responder a diez cuestiones básicas sobre el universo en el que vivimos:
  1. ¿Existen los agujeros negros?
  2. ¿Son peligrosas las explosiones solares?
  3. ¿Es el Universo infinito?
  4. ¿Hay terremotos en las estrellas?
  5. ¿Hay vida en otros planetas?
  6. ¿Qué es una supernova?
  7. ¿Qué es un cuásar?
  8. ¿Cómo se forman los planetas?
  9. ¿Hay otros tipos de luz?
  10. ¿Para qué queremos telescopios tan grandes?
Por si no te parecen suficientes, la SEA tiene más vídeos  sobre estos temas en:



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19 may 2014

Machu Picchu en 4K

Ultra Alta Definición: la ruta a Machu Picchu y el Amazonas en 4k

Un realizador audiovisual logró registrar el video con una de las mayores resoluciones posibles de la ciudadela inca Machu Picchu, en Perú.
El estadounidense Devin Graham viajó a Cusco para filmar toda la ruta hacia Machu Picchu con una cámara especial, la cual le permitió obtener tomas en resolución 4k y lograr un videoclip en ultra alta definición.

Graham registró numerosos momentos cotidianos de los pobladores locales, así como sus costumbres y rituales. También captó imágenes con el más mínimo detalle de la ciudadela incaica y de la flora y fauna que la rodea.
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18 may 2014

Localizado el volcán culpable

El año 1258 fue un año terrible en casi todo el mundo. Hubo un invierno muy frío  y no hubo verano. Las cosechas fueron muy malas y hubo hambre y enfermedades.
Desde hace bastante tiempo se sospechaba que el culpable de este desastre había sido una gran erupción volcánica, tan poderosa que lanzó polvo y cenizas a más de 40 km de altura y de allí se extendieron por todo el mundo. Ese polvo estuvo en suspensión durante muchos meses y reflejó hacia el espacio exterior parte de la luz proveniente del Sol, enfriando la Tierra.
volcán Rinjani







Ha habido muchos candidatos para el posible volcán que originó el desastre, incluyendo algunos en México, Ecuador y Nueva Zelanda. Pero siempre fallaba algo, o las fechas de sus erupciones no coincidían, o las expulsiones de material no eran suficientes, etc.
En un reciente artículo publicado en PNAS (Procedings of the National Academy of Sciences) F. Lavigne y colaboradores creen haber encontrado al culpable: el volcán Rinjani, en la isla de Lombok, Indonesia. Las fechas por Carbono-14 de los restos carbonizados sitúan una gran explosión a mediados del siglo XIII. Además, en núcleos de hielo sacados en la Antártica y en el Ártico, coincidiendo con finales del año 1257, hay restos de polvo con la misma composición química que la del volcán.
Se lanzaron a la atmósfera una enorme cantidad de sulfatos que se consideran los mayores culpables del oscurecimiento del Sol. Se estima que fueron expulsados más de 40 km³ de lavas y cenizas. Piensen en esta cifra: es aproximadamente un cubo de tres kilómetros y medio de lado.
Esta enorme cantidad de materia expulsada del interior de la Tierra hace que se trate de una de las mayores erupciones volcánicas de los últimos 12 000 años. Es comparable con la erupción del volcán Tambora –1815– también en indonesia. En Indonesia también hubo otras explosiones volcánicas menos grandes pero quizá más famosas como por ejemplo la del Krakatoa –1883–. El Rinjani es un volcán activo que se eleva a 3 726 metros de altura, lo que le convierte en el segundo más alto de Indonesia. La caldera del volcán es ovalada y mide 6 km en el eje menor y 8,5 km en el mayor, tiene fuentes termales y está rellena parcialmente con un lago que se llama «Segara Anak: Hijo del Mar». El lago está aproximadamente a 2 000 metros de altura y tiene una profundidad de unos doscientos metros.
Que la explosión de un volcán produzca frío, hambre y enfermedades a miles de kilómetros me hace pensar en lo frágiles que somos.
Y de ser cierto esto, no somos nada, que opinan lectores.

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El hombre que ilustró el fondo del mar


En el año 2005, el biólogo marino Henry Compton murió en la localidad de Corpus Christi, Texas. Entre las cosas que dejó había dos cajas llenas de curiosas ilustraciones de peces con llamativos comentarios que se acaban de publicar en el libro “Fire in the Sea: Bioluminescence and Henry Compton’s Art of the Deep”. Compton tuvo la ocasión de participar en la exploración de las profundidades oceánicas del Golfo de México en los años 60 y pudo ver muchas de estas criaturas abisales que fotografiaba y retrataba después en sus cuadros. 


En muchas de las pinturas, completa con su fantasía lo que no vio con sus propios ojos, pero el resultado es de una simplicidad y una belleza incuestionables. Sobre estas líneas, por ejemplo, retrata al extravagante Thaumatichthys axeli, una criatura que ha desarrollado el cebo luminoso dentro de su boca, y no en el exterior como las otras. 


En esta otra, por ejemplo, retrata a un pez dragón que ha desarrollado un cebo de gran longitud y es capaz de enrollar a sus presas con el cuerpo. "La noche pertenecía a él. La noche pertenecía a él. La llevaba colgada de su largo látigo en su barbilla", escribe Compton junto al dibujo. 

Si queréis seguir disfrutando de su obra tenéis varios dibujos más en la revista Discover. Merece la pena. 


Enlace: Strange Luminous Fish Light Up the Ocean's Depths (Discover) | 





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15 may 2014

¿Por qué somos tan obedientes?

Nos sometemos demasiado sumisamente a que nos digan qué pensar y qué hacer

La verdadera rebeldía pasa por asumir nuestra responsabilidad personal y tomar la iniciativa



A principios de los años sesenta, el psicólogo norteamericano Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos con la finalidad de poner a prueba la predisposición del ser humano a la hora de obedecer las órdenes de una autoridad, aun cuando estas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal. El equipo de Milgram puso una serie de anuncios en el periódico en los que se reclamaban voluntarios para participar en un Estudio sobre la memoria y el aprendizaje en la Universidad de Yale. Se apuntaron 40 participantes de edades y estratos sociales diferentes. Todos ellos ignoraban que iban a formar parte de un experimento.
Este requería de tres personas: el director del estudio, el alumno y el profesor. Los dos primeros eran actores compinchados con el equipo de Milgram. El director del estudio (que lucía una bata blanca) comenzaba explicándoles a los otros dos participantes que la función del “profesor” consistía en aplicar una descarga eléctrica al “alumno” cada vez que fallara una pregunta. Seguidamente simulaban un sorteo para repartir dichos roles, de manera que a la persona que actuaba como “cobaya del experimento” siempre le tocara el papel de profesor.

El que no es dueño de sí mismo está
condenado a obedecer”
Friedrich Nietzsche
A continuación, el director del estudio sentaba al actor que interpretaba el rol de alumno en una especie de silla eléctrica, atándole para “impedir movimientos excesivos”. Se le colocaban unos electrodos en su cuerpo con crema “para evitar quemaduras”, y se remarcaba que las descargas podían llegar a ser “extremadamente dolorosas”. Mientras, el voluntario observaba la escena con una mueca de desconcierto. Luego el director del estudio lo acompañaba a la habitación contigua, separada por una fina pared. Si bien no podían verse, alumno y profesor se escuchaban el uno al otro perfectamente.
Nada más empezar, los dos participantes recibían una descarga real de 45 voltios con el fin de que el cobaya que hacía de profesor comprobara por sí mismo el tipo de dolor que iba a recibir el pupilo cada vez que fallara una pregunta. Justo después, el investigador –sentado justo al lado del voluntario– le proporcionaba el material didáctico que debía emplear para potenciar la memoria y el aprendizaje del alumno. Se trataba de un test con respuestas múltiples. Si la contestación era errónea, el pupilo recibía del profesor una primera descarga de 15 voltios, la cual iría aumentando en intensidad hasta los 450 voltios. Si era correcta, pasaría a la siguiente pregunta.

Para cultivar la rebeldía


ILUSTRACIÓN DE JOÃO FAZENDA
LIBRO
‘1984’
George Orwell (Austral)
Muestra una sociedad represora
y totalitarista, en la que los 
individuos son adoctrinados para
convertirse en esclavos al servicio
del Estado y se condena y castiga
 a quienes desobedecen el orden 
social establecido.
PELÍCULA
‘Zeitgeist: Addendum’
Peter Joseph
Este documental es una invitación 
para ejercitar el pensamiento 
crítico, atreviéndonos a cuestionar
 y emanciparnos de las 
instituciones que tanto determinan
 nuestro modo de pensar y de
 comportarnos.
CANCIÓN
‘Killing in the name of’
Rage Against the Machine
Una de las canciones más utilizadas
 en diversos actos de desobediencia
 civil, pues representa el primer
 paso hacia la verdadera rebeldía: 
dejar de hacer lo que la sociedad
 nos dice que debemos.

En este experimento liderado por Stanley Milgram, el actor que interpretaba el rol de alumno había sido previamente aleccionado para simular dolor y sufrimiento. Sin embargo, el voluntario que hacía de profesor estaba convencido de que iba a provocarle descargas eléctricas de verdad. Así, a medida que las descargas aumentaban en intensidad, el pupilo empezaba a golpear los puños contra la pared que le separaba del profesor. Al llegar a los 150 voltios, se quejaba de su condición de “enfermo del corazón”, y luego, al superar los 270, casi agonizando, suplicaba entre sollozos el fin del experimento. Al traspasar los 300 voltios, el alumno simulaba una serie de espasmos, e incluso ciertos síntomas previos a sufrir una parada cardiaca.
Por lo general, cuando los cobayas que ejercían el rol de profesores alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus alumnos y deseaban parar el experimento. Sin embargo, la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al superar los 130 voltios, muchos se detenían y preguntaban acerca del propósito del experimento. Cierto número de voluntarios continuaba, asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias.
En el caso de que el profesor expresara al investigador su deseo de no continuar, este le contestaba imperativamente con alguna de estas afirmaciones: “Continúe, por favor”. “El experimento requiere que usted continúe”. “Es absolutamente esencial que usted continúe”. “Usted no tiene opción alguna; debe continuar”. Si después de esta última frase el voluntario se negaba a proceder, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.
Las conclusiones del equipo de Milgram fueron las siguientes: todos los cobayas participantes pararon en cierto punto y cuestionaron el experimento. Sin embargo, ninguno de ellos se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios. Aunque muchos se sintieron incómodos al hacerlo, 26 de los 40 voluntarios aplicaron la descarga máxima de 450 voltios…
Ninguno de nosotros hemos elegido nuestro lugar de nacimiento. Ni tampoco las oportunidades que nos ofreció nuestro entorno social y familiar. Lo cierto es que no es fácil sobrevivir a 16 años de sistema educativo. Hoy día, muy pocas personas conservan la intuición, la autenticidad y la creatividad innata con la que nacieron. Sin embargo, al entrar en la edad adulta somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.


Por más que a veces la presión de la sociedad pueda ser asfixiante, nadie nos ha apuntado con una pistola a la hora de elegir nuestros estudios, optar para un determinado empleo, solicitar una hipoteca, casarnos o tener hijos. Y entonces, ¿por qué en general somos tan obedientes? ¿Por qué hacemos lo que se supone que hemos de hacer, siguiendo al pie de la letra las consignas que nos propone el sistema?
La respuesta a estas incómodas preguntas es que estamos demasiado acostumbrados a recibir órdenes. Primero, de nuestros padres en casa. Luego, de los maestros en la escuela. Más tarde, de los jefes en el trabajo. Y finalmente, de los políticos en la sociedad. Parece que siempre son otros quienes señalan la dirección que han de tomar nuestras decisiones y acciones. Tanto es así que en general no utilizamos nuestra iniciativa hasta que alguien desde fuera nos dice que podemos hacerlo.

La obediencia consiste en vernos como
instrumentos que ejecutan la voluntad de otra persona o institución y, por lo tanto, no nos consideramos responsables de nuestros actos” Stanley Milgram
Más allá de someternos sumisamente a la autoridad o de combatirla con violencia, existe un punto intermedio cada vez más adoptado por un mayor número de ciudadanos: la “desobediencia civil”. Su definición clásica, popularizada en 1849 por el filósofo Henry David Thoreau, alude al “acto de no acatar una norma de la que se tiene obligación de cumplimiento”. Esto es precisamente lo que hicieron, de forma pacífica, los últimos tres grandes líderes de la historia: Mahatma Gan­dhi (a favor de la independencia de India de Gran Bretaña), Martin Luther King (en pro de los derechos civiles para los afroamericanos en Estados Unidos) y Nelson Mandela, quien dedicó su vida para abolir la segregación racial (apartheid) en Sudáfrica.
¿Y qué hay de nosotros, los ciudadanos de a pie? Más allá de salir a la calle y protestar, el mayor acto de desobediencia civil consiste, por un lado, en tomar las riendas de nuestra vida emocional. Para lograrlo, es esencial que nos emancipemos de las expectativas inconscientes que nuestro entorno social tiene puestas sobre nosotros. Solo así podremos seguir la voz de nuestro corazón, convirtiéndonos en quienes estamos destinados a ser.
También es fundamental que aprendamos a hacernos cargo de nosotros mismos a nivel profesional, dejando de depender económicamente de las instituciones establecidas. Madurar pasa por comprender que en realidad no necesitamos de ninguna figura de autoridad, pues en última instancia cada ser humano es el principal autor de su propia vida. Por último, es imprescindible recordarnos de tanto en tanto que la única persona a la que hemos de rendirle cuentas es aquella a la que vemos cada mañana en el espejo.

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Antes de asegurar saber la verdad absoluta...





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13 may 2014

Ritos sexuales y amorosos en las culturas del mundo


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En la tribu de los mendi, de Nueva Guinea, se produce un curioso cortejo amoroso llamado “tanim het“. Durante el mismo, las parejas de enamorados se frotan mutuamente, cada vez con mayor rapidez. Finalmente, hacen el amor sobre el suelo, cubierto con hojas de caña de azúcar.
La localidad leridana de Isil, España, ha preservado una antigua fiesta de iniciación sexual: las Fallas de Isil. La tarde previa al solsticio de verano, los jovenes solteros suben a las cimas circundantes mas elevadas a buscar el fuego solar, al anochecer bajan cargando troncos prendidos a la espalda. En el pueblo les esperan las chicas solteras, cada una escoge a un chico, al que le da un ramito de plantas afrodisiacas y abortivas. Despues, pasan la noche juntos.
En 1938 se observó que las jóvenes Dahomey llevan en su mejilla izquierda una pequeña escarificación en forma circular. Dicha señal palidece cuando están emocionadas, y significa que es allí donde hay que besarlas. En la parte interna de los muslos llevaban una red de turbadoras incisiones llamadas zidón (“empújame”).

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Entre los miembros de la etnia nuba, habitantes de la zona meridional de Sudán, el amor funciona de una manera muy libre, pero plantea una gran exigencia física. Para acceder al interior de la cámara nupcial es necesario estar delgado y tener gran agilidad, ya que el único acceso a este espacio intimo es un pequeño orificio de 35 centímetros de diámetro, situado a un metro y medio de altura. El sistema resulta incómodo, pero tiene una finalidad muy precisa: proteger el habitáculo del viento, el calor, y sobre todo de las terribles serpientes.
Cada muchacha designa a su compañero, levantando la pierna sobre los hombros del elegido. Este no puede mirar, solo guiarse por las sensaciones olfativas que desprende la joven, convenientemente embadurnada de aceites y cremas. Esta tribu considera el amor como una actividad refinada, que va unida a la música y la danza.

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En el estado de Madya Pradesh, al noroeste de la India, los jóvenes muria son iniciados en la práctica del amor por otros chicos y chicas mayores en una choza comunal llamada “ghotul”. Antes de realizar el acto amatorio, los adolescentes de ambos sexos acostumbran  a danzar alrededor del lugar. Actualmente, la visita de su territorio, que se halla bajo la vigilancia del ejercito indio, esta prohibida a los fotógrafos y cámaras extranjeros. Sin embargo, en 1991, el reportero Philippe Body pudo comprobar que la costumbre de acudir al ghotul seguía vigente. En los años cincuenta, un pastor ingléss llamado Verrier Elwin, pasó un tiempo con los muria y les interrogó sobre la procedencia de esta institución. “Es para que los chavales nos dejen en paz!”, bromeaba un viejo señalando a los niños, “¡menudos bichos! Estábamos hartos de sus jaleos, del ruido que armaban. Así que decidimos hacerles una casa”. En realidad, admiten otros, se trata de alejar a los niños de la estera donde los padres se enlazan entre gemidos. Ocurre que los matrimonios son concertados por los parientes, incluyendo el pacto de la dote. Si tanto uno como la otra se han acostado con todos los miembros del ghotul, la curiosidad sexual habrá sido satisfecha, y las tentaciones adulteras se reducirán tras el matrimonio. Elwin perdió la fe para seguir la doctrina de Gandhi.

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En Chad, antes de bailar frenéticamente ante los jóvenes, las muchachas de la tribu sara son objeto de un “curioso” ritual estético y erótico. Con una cuchilla, se les practica una incisión sobre el vientre hasta formar un dibujo. Después les arrojan ceniza en la cicatriz para aumentar el relieve.
En algunas partes del Congo y Abisinia, las matronas enseñan danzas eróticas a sus pupilas y las preparan para el acto sexual a fuerza de masajes íntimos.
En las montañas de Yunán (China), tiene lugar un caso único en el mundo. Allí, los campesinos “na” no se casan jamás, y los hijos carecen de padre conocido. Las mujeres permanecen durante toda su vida con sus hermanos y hermanas, cuidando en comunidad a los hijos de cada una. Mientras tanto, reciben ocasionalmente la visita nocturna de algún amante furtivo, que nunca será reconocido como progenitor. Es, quizá, el legado de una época en la que era frecuente que los padres murieran en guerras, vivieran como nómadas o fueran monjes budistas que habían hecho voto de castidad y, por consiguiente, no iban a reconocer a su descendencia. En ausencia de los hombres, las mujeres recogían las cosechas, daban de comer a las familias e imponían las normas. Por su parte , sus hermanos y tíos maternos visitarán las casas de otras mujeres. “Cuando un galán quiere probar una bella mujer que lo mira, le birla la cesta o el gorro. Si ella se enfada, no hay nada que hacer. Si sonríe, es que está dispuesta.” cuenta el etnólogo chino Cai Hua. Ahora bien, “sin saberlo, una mujer puede ser fecundada por un medio hermano natural, un tío, o un sobrino desconocido, llegado de otro caserío” “El incesto sólo existe dentro de una misma casa”. En la intimidad del hogar, el tabú es acatado con la mayor severidad: una chica no mira la televisión en compañía de un hermano o un tío materno, no anda en la oscuridad cerca de él, no baila ante sus ojos. Entre ellos, toda emoción compartida sería una vergüenza. Los mosuo tienen una tradición parecida.

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En Níger, durante la celebración de la fiesta anual llamada “worso”, que marca el fin de la estación de lluvias y la renovación de la vegetación, los jóvenes bororo se maquillan profusamente para participar en una suerte de concurso de belleza llamado geerewol. Los jóvenes bailan alineados frente al jurado, formado por las mujeres. La operación del maquillaje es primordial, y puede durar seis días y seis noches. Todos los danzantes van pintados de la misma manera con el fin de que sólo la belleza de cada uno sea el criterio de elección. Después, beben una infusión estimulante a base de hierbas y cortezas mezcladas con leche con el fin de aguantar en plenas condiciones. Mientras bailan, deben lucir lo blanco de sus ojos y su dentadura.Tras el desfile, ellas eligen pareja y se dirigen a los afortunados a consumar el acto sexual en la maleza. Las esposas insatisfechas pueden escoger un nuevo marido tras sacrificar un animal.
En el pueblo kalash, en la región de Hindu Kus, al norte de Pakistán, en el solsticio de invierno celebran una fiesta llamada chaumos, verdadera orgía verbal para exaltar el amor y la fecundidad. No faltan insultos entre los habitantes de distintas aldeas, y al final de la fiesta, los hombres se visten de mujeres y viceversa, y de esta guisa se lanzan todo tipo de obscenidades y provocaciones sexuales que encienden los deseos colectivos, también ayudados por el vino (no son musulmanes). Sólo después del sacrificio de cabras, pueden formarse las parejas por la noche. Se trata de acrecentar el deseo para que parejas y rebaños sean fecundados en los tiempos de abstinencia invernal. “El lenguaje del pene” dicen los kalsh, sirve para apretar lazos y regenerar fuerzas vitales.

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Los u’wa constituyen un peculiar grupo étnico de 3.000 miembros que viven replegados en las verdes montañas cubiertas de selva tropical del noreste colombiano. Consideran que sus tierras son sagradas, y han conseguido rechazar a todos los intrusos, desde los españoles a los soldados del ejército colombiano o los guerrilleros. Entre sus costumbres figura una. Al llevar a la pubertad, las jóvenes deben cubrirse la cabezacon una máscara-gorro hecha de hojas de palmera, que lucirán a la vista de todos durante cuatro años, hasta el momento de su matrimonio.
En Groenlandia, entre los inuit, cuando llegaba un visitante se juega al “apagado de lámparas”: los extranjeros son obsequiados con mujeres como bienvenida.

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En las Islas Trobiand, el padre no llega a conocer a su hijo hasta pasadas seis semanas, en las que la madre está recogida en la choza. A partir de entonces, él se ocupará del pequeño tanto como la madre, pero nunca será reconocida su paternidad. El parentesco sigue únicamente la linea materna; de ella depende la adscripción al grupo familiar y la sucesión de los bienes y propiedades.

Entre los  Huaorani, la sensualidad no se centra en los genitales ni es dominio exclusivo de la heterosexualidad adulta. Ellos no erotizan ni sexualizan su sensualidad: sensualizan la vida en común. No distinguen la sensualidad de otros placeres corporales, todos los distintos placeres corporales son simplemente “bienestar” en su vida común. Por ejemplo un huaorani no distingue entre el placer del coito y el placer que obtiene un niño cuando mama la leche materna. La necesidad de confortabilidad y de contacto físico no se interpreta como sexual, y el deseo de afecto no se toma como deseo de sexo. No erotizanlas relaciones íntimas y tampoco tienen categorizaciones que distingan unos comportamientos sexuales de otros (homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad…). Los huaorani saben que el sexo es necesario para perpetuarse y por tanto toda su sexualidad va dirigida a fines reproductivos. Para ellos hacer sexo es simplemente dos personas (hombre y mujer) realizando el coito en una hamaca, con fines reproductivos. Como es difícil que una mujer se quede embarazada en el primer coito, todos deben contribuir a la creación de niños, de ahí que no sea raro que varios hombres pasen por la misma hamaca de una mujer. Repetir las relaciones sexuales se considera necesario para que una mujer quede embarazada y para que el feto crezca.

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“No puedes ahumar bien el pescado fresco si le pones el fuego encima. Pon la leña debajo”, reza el viejo proverbio de la etnia gun. No siempre es fácil descifrar los códigos y las claves ocultas en los cuentos y las historias eróticas africanas, pero Agnès Agboton, cuentacuentos beninesa e investigadora de la narración oral de su país, lo entendió. Entre los honvienu, un pueblo de Benín, la posición sexual del misionero (hombre arriba, mujer abajo) se considera superficial e incompleta. Dicho de otra manera: “Para que el humo penetre bien en el pescado, la leña debe arder debajo”. En Benin, cuenta, para decir “Te quiero” usan una expresión que significa “me gusta tu olor”. Así, esta cuentacuentos nos habla del problema que tuvo Mawu, el dios hacedor de todas las cosas, para colocar el sexo femenino (koto) en el lugar adecuado. Tras probar en la oreja y en la nariz, se inclinó por situarlo en una de las axilas, lo que generó graves problemas pues estaba demasiado evidente y aquella visión perturbaba a los hombres. Hasta que por fin, la diosa Minona dio con la clave y propuso la entrepierna como la mejor ubicación. Y el pueblo gun empezó a llamar al sexo femenino también con el nombre de nesuhue, que significa “el refugio del falo”.

CELEBRACIÓN TIBETANA DE AÑO NUEVO

La poliginia es una costumbre conocida entre algunas tribus africanas y de los árabes de alto rango, aunque también los mormones relanzaron el viejo hábito hebreo del matrimonio plural. Por ejemplo, en el reino azandé de Sudán, como los ricos tenían muchas mujeres, éstas se convertían en un bien escaso, así que los jóvenes guerreros de la corte tomaban como esposa a un adolescente de su mismo sexo que cumplía con todas las funciones sexuales, domésticas y agrícolas, hasta que se casaba con una mujer.
La poliandria es admitida por muy pocos pueblos del mundo. Una de ellas es la etnia tibetana de ning-ba, en el noroeste de Nepal, donde se registra por ejemplo un curioso caso del matrimonio de una mujer con todos los hermanos de una familia. La mujer también hereda la propiedad de la tierra para evitar que ésta se fragmente. También se da la poliandría entre los tre-ba del Tíbet y entre los indígenas Bhotias / Butias de Kumaon.

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El antropólogo Malinowski se debatía en su choza: “Me falta ella. Su cuerpo se me antoja idealmente bello y sagrado. Tengo sueños eróticos…” “He vuelto a ver en sueños a mis figuras ideales: Zenia, T., N., dormidas en una misma habitación, separadas por tabiques de chapa ondulada.” escribía en su diario. Al estallar la Pimera guerra mundial, se vió atrapado en las islas Trobiand en Melanesia. “La castidad es una virtud desconocida para estos trobiandeses” escribía. Desde la pubertad, los adolescentes van al bukumatula, una casa apartada donde se ejercitan en las técnicas amatorias. Otra tradición establece que las muchachas no casadas sirvan la comida a los visitantes venidos de lejos, y que a los postres se ofrezcan en son de bienvenida. Las mujeres “persiguen a todo extranjero macho, le arrancan la hoja púbica y lo maltratan de la forma más ignominiosa” escribía en Los argonautas. Pero en las sociedades aparentemente más liberales hay reglas, tabúes que imposibilitan ciertas categorías de relaciones, nos dice.  

Y es que la promiscuidad del buen salvaje en el que soñaban Rousseau o el pintor Gauguin en las islas Marquesas, 
que murió sifilítico y desencantado, 
no existe.

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Caminar sin rumbo, un arte en peligro de extinción

CAMINAR A LA DERIVA PODRÍA CONSIDERARSE HOY COMO UN FINO ARTE DE SUBVERSIÓN QUE DEBIÉRAMOS PRESERVAR PARA BENEFICIO DE NUESTRA ESPECIE.

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Por diversas razones que tal vez rayan entre el azar, el karma, y la torpeza, terminamos viviendo una realidad sociocultural un tanto frenética. Si bien el actual escenario tiene innumerables bondades, existen ciertos aspectos de él que nos sugieren desaciertos importantes. La productividad, la rapidez, y la funcionalidad, son solo algunas de las características que hemos privilegiado culturalmente, de manera suficientemente excesiva como para dar lugar a estilos de vida marcados por el estrés, la frivolidad y la automatización de procesos que antes enriquecían, quizá como ningún otro, nuestra existencia –por ejemplo los traslados.
Y dentro de este entorno que aspira a la síntesis funcional y acelerada de la vida, tal vez el acto de mayor subversión cultural, al menos dentro de un plano poético, sea el de caminar a la deriva. Caminar podría traducirse como el no tener la solvencia económica para moverte de otra forma (una afrenta contra la ‘evolución financiera’ de la especie), no tener prisa para llegar a tu destino (un insulto contra la noción de producir y ser eficiente), y obviamente remite a un modelo de transporte que está lejos de la funcionalidad del automóvil, la practicidad del transporte público o el coolness de la bicicleta. En cuanto a la otra variable, el “sin destino”, se trata de un franco agravio contra todos estos valores culturales, tan radical que incluso podría calificar como un absurdo.
Caminar es sin duda una de las mejores rutas para hackear la auto-percepción fragmentada. Si bien nos enseñaron que nuestro cuerpo está separado de nuestra mente, nosotros del paisaje, y este del todo, algo muy especial ocurre mientras caminamos: las barreras culturales se van diluyendo rítmicamente hasta fundirse, y entonces el músculo de tu pierna es a la vez los árboles que, estáticos, te acompañan, y tus pensamientos se condensan en la sombra de tus pasos.  ”Caminar es una forma de reclamar el mundo. Atenta contra la velocidad del pensamiento, contra la inercia de los días y la separación tajante entre el cuerpo y la razón, que sufre tanto hoy en día.”, advierte Lucia Ortiz Monasterio en su texto “Sobre salir a caminar”. Y es que caminando nos auto-reafirmamos pero no como seres aislados, sino como engranes de un ritmo que todo lo abarca.
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En cuanto a el ir “a la deriva”, se trata de un acto existencialmente estético, que privilegia la espontaneidad sobre el programa, y que descarta orígenes y destinos pues prefiere disolverlos para formar un solo cuerpo, el trayecto. Así que, de acuerdo a las dos variables que confluyen en esta actividad, el caminar sin rumbo no solo encarna una especie de manifiesto anti-geográfico y anti-temporal, también se desliga de múltiples exigencias socioculturales que parecieran atentar contra la calidad de vida.
Lamentablemente, hoy existen pocos estímulos y muchas dificultades para el “caminante a la deriva”, tales obligaciones laborales que no admiten alteraciones en la agenda o pseudo-planificaciones urbanas que hacen cada vez menos caminables algunas ciudades, etc. Además, la noción de hacer algo por el simple hecho de hacerlo, sin expectativas o planes de por medio, se califica como una pérdida de tiempo o, en el mejor de los casos, como una actividad ‘poco rentable’. Esto nos lleva a que, por ejemplo, si bien en el Reino Unido prácticamente todos los habitantes afirman caminar al menos distancias cortas en su vida diaria, solo el 17% admita que, lejos de toda praxis, camina por el simple gusto de hacerlo (y este sector incluye a aquellos que lo hacen paseando a sus perros).
En medio de este contexto poco amigable con las caminatas azarosas, un arte que ya solo practican vagabundos, fantasmas, y unos cuantos rebeldes, surge el arquetípico acto de remar contra la corriente, de valorar el placer implícito en el ejercicio de la ‘contraculturalidad’, y la oportunidad de reafirmarnos como potenciales amigos del caos original. No descartemos que la veta más genuina de la subversión se manifieste hoy en la mántrica práctica de caminar a la deriva. Por eso, creo, es hoy más importante que nunca entregarnos de vez en cuando a esta actividad, soltarle la mente al cuerpo, y andar sin mayor expectativa.
Pero y tú ¿cuándo fue la última vez que saliste a caminar por el simple gusto de hacerlo y sin un pretexto práctico de por medio? ¿hace cuánto que no opones resistencia a la fusión original entre movilidad y azar? ¿sabías que la única brújula es, en sí, el propio camino? 
Twitter del autor: @ParadoxeParadis 
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