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20 may 2017

Cualquier tiempo pasado no fue mejor

Ya probamos a vivir comiendo comida orgánica, sin vacunas, con partos caseros. Se llamaba edad de piedra y la esperanza de vida era de 28 años.

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9 jun 2015

Divino tesoro: las edades de la literatura

Recorrido por grandes títulos que nos ayudan a recordar cómo se luchó contra el paso del tiempo en cada siglo


  El Fausto de Goethe en la versión cinematográfica de Murnau. 

Cervantes era más aficionado a la poesía que a la estadística, pero seguro que al escribir que la edad de don Quijote “frisaba con los 50 años” sabía que en su tiempo –comienzos del siglo XVII– la esperanza de vida no pasaba de los 30, de ahí que la sobrina del hidalgo manchego hable de su tío como de un viejo “por la edad agobiado”. Aunque los avances científicos y los cambios de mentalidad pueden llevarnos a pensar que el presente es eterno, ahí están las novelas para recordarnos que cuando Balzac, dos siglos después que Cervantes, se lanzó a fabular sobre las cuitas sexuales y amorosas de una dama madura, el resultado fue La mujer de treinta años.

No es casual que, legendariamente, la búsqueda de la fuente de la eterna juventud transcurra paralela a la de la piedra filosofal. En ambos casos se trataba, al final, de transformar el plomo en oro. No otra cosa pretende la publicidad moderna. Si los jóvenes van a ser clientes, primero han de ser protagonistas. Por eso el gran siglo burgués, el XIX, está llenó de tensiones sociales que anuncian futuras tensiones generacionales. La misma centuria que empezó con El sí de las niñas de Moratín culminaría, entrando ya en el XX, con el alumbramiento de Peter Pan. Por el medio dio tiempo a que se consagrara esa nueva unidad de negocio que ahora llamamos literatura infantil y juvenil. También a que el genio de Oscar Wilde atara en El retrato de Dorian Gray los hilos que la tradición había dejado sueltos en los mitos de Narciso y de Fausto. El rock no tardaría en reclamar cadáveres hermosos.
La lucha contra el tiempo termina mal. Ese es el gran aviso del arte. La obra de Borges está llena de gente infeliz que no puede morir y no puede olvidar. Alterando la naturaleza, dos autores tan distintos como Francis Scott Fitzgerald y Alejo Carpentier se atrevieron a invertir en sendos relatos (El curioso caso de Benjamin Button yViaje a la semilla) el camino que lleva del nacimiento a la muerte. El resultado es brillante. Y antiguo: la Biblia está llena de patriarcas longevos –¿recuerdan a Matusalén?–, pero dios hecho hombre murió con 33 años.

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2 feb 2015

La nueva teoría del tiempo

Nueva teoría sugiere que el pasado, el presente y el futuro coexisten en el universo


Un profesor estadounidense ha presentado una nueva teoría del tiempo, que sugiere que la idea de que el mismo fluye como un río no es correcta. Más bien, afirma, el espacio-tiempo es un 'universo de bloque' donde el pasado, el presente y el futuro coexisten.
La nueva teoría del tiempo, desarrollada por Bradford Skow, un profesor de filosofía del Instituto de Tecnología de Massachusetts, EE.UU., sugiere que el tiempo no avanza, sino más bien, todo el tiempo es siempre presente, informa 'Daily Mail'.
Según esta teoría del 'universo de bloque', si tuviéramos que 'contemplar' el universo desde arriba, veríamos tiempo extendido en todas las direcciones. Skow alega que no cree en que los eventos se queden en el pasado y desaparezcan para siempre: existen en diferentes partes del espacio-tiempo.
El científico sostiene que el presente no es como un punto destacado en la línea de tiempo. Más bien, las experiencias que tuviste ayer, la semana pasada, o incluso años atrás son todas reales. Sin embargo, precisa que el viaje en el tiempo entre los diferentes momentos no es posible, ya que ahora estamos en una parte diferente del espacio-tiempo.

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El ADN contiene pistas que predicen nuestra 'fecha de caducidad'


Científicos han identificado un llamado reloj biológico, que ofrece pistas importantes capaces de predecir la esperanza de vida de los seres humanos. Los investigadores de la Universidad de Edimburgo, en colaboración con científicos de Australia y EE.UU., han descubierto que con un simple análisis del ADN es posible calcular cuánto tiempo va a vivir una persona.

En el marco del estudio publicado en la página de la Universidad de Edimburgo, los científicos calcularon el reloj biológico de las personas, comparando su edad real con la edad determinada por los cambios químicos en su ADN conocidos como la metilación. Observaron que las personas cuya edad según su reloj biológico era mayor que su verdadera edad eran más propensas a morir.
En los cuatro estudios realizados por separado, los investigadores observaron la vida de unas 5.000 personas durante 14 años. La edad biológica de cada persona fue calculada a través de una muestra de sangre y los participantes fueron seguidos durante todo el estudio.
Los investigadores encontraron que hay cierta relación entre un reloj biológico que funciona más rápido de lo normal y la muerte prematura, incluso teniendo en cuenta otros factores como el tabaquismo, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
"Los mismos resultados en cuatro estudios indican un vínculo entre el reloj biológico y las muertes", explica Riccardo Marioni, del Centro para el Envejecimiento Cognitivo y Epidemiología Cognitiva de la Universidad de Edimburgo. "De momento no está claro si el estilo de vida o factores genéticos influyen en la edad biológica de una persona", agregó.

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10 dic 2014

La flecha del tiempo tiene dos futuros diferentes

La gravedad traza la dirección del tiempo y no la termodinámica como se creía hasta ahora. Además argumentan que la flecha del tiempo tiene un pasado y dos futuros diferentes.


"La fuerza de gravedad es la que prepara el escenario para la expansión del sistema y origen de la flecha del tiempo con una condición inicial de baja entropía (…) El sistema de partículas se expande hacia afuera en ambas direcciones temporales, creando dos flechas distintas, simétricas y opuestas de tiempo", según un artículo publicado en la revista 'Physical Review Letters'.

En otras palabras, "la flecha del tiempo tiene un pasado y dos futuros. Sin embargo, se puede observar y experimentar solo una de las dos direcciones". Según los autores del trabajo, únicamente en la del pasado.

Además los investigadores explicaron que en la dirección del tiempo existe un marcador del pasado, pero aquella no cuenta con un marcador del futuro, por lo que las personas podemos recordar lo que ocurrió ayer pero no podemos conocer lo que vendrá mañana.

Teóricamente el tiempo se mueve hacia delante y la causa de ello estriba en una propiedad de la materia llamada entropía, que describe el nivel de desorden de las partículas 
en el universo.


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16 nov 2014

Hora de (re)flexionar: el tiempo colectivo

Si el reloj es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?


UN RELOJ NO ES UN INSTRUMENTO PARA MEDIR LA HISTORIA, SINO UNA HERRAMIENTA CAPAZ DE MEDIRSE A SÍ MISMO HASTA LÍMITES INVEROSÍMILES.

clock
  Reloj atómico  

Nuestra experiencia del paso del tiempo es una construcción fascinante y compleja; sin embargo, para la física cuántica es sólo un añejo punto de partida: una más de las coordenadas cuyas hipótesis se desestabilizan y desmadejan una por una. Pero uno de los científicos que entienden el tiempo mejor que nadie es el guardián del reloj (¡vaya cargo!) de los Estados Unidos, Tom O’Brian.
O’Brian es el operario de una de las máquinas más sofisticadas jamás construidas, que impresiona tanto por la precisión de su función como por la sencillez de la misma: es uno de los relojes atómicos más precisos del mundo, sólo amenazado por el de Andrew Ludlow, que puede compensar incluso cambios gravitacionales.
En opinión personal de O’Brian, “el tiempo es un constructo humano”, “una manera de poner algún tipo de orden en este universo fascinante y complejo a nuestro alrededor.”
El reloj de O’Brian utiliza átomos de cesio para contar 0.0000000000000001 de segundo a la vez. Su precisión es tal que si se le hubiera echado a andar hace 300 millones de años, mucho tiempo antes de la aparición de los dinosaurios, el reloj no se habría descalibrado.
¿Pero qué tiempo marca realmente el reloj, este reloj o cualquier reloj?
aztec
   Calendario azteca  

Jun Ye, uno de los científicos que construyó el reloj de estronio de Boulder, Colorado, afirma que este es capaz de llevar correctamente la cuenta del tiempo por 5 mil millones de años. “Es más o menos la edad de la Tierra. Nuestra meta es tener un reloj que, durante toda la edad del universo, no pierda un segundo.”
Y es que, en cuestión de relojes, todas nuestras opiniones parecen desfasadas, a destiempo. Incluso podríamos decir que la búsqueda por llevar la cuenta del tiempo tiene lindes religiosos-trascendentes que hay que recalcar. Pensemos que algunas de las más increíbles creaciones de la antigüedad fueron calendarios y sistemas para contabilizar el tiempo, para fijar la materia huidiza en acumulación de instantes concretos: segundos, minutos, días, años, siglos, milenios, eras, eones, dioses.
Micah Hanks ha considerado incluso la posibilidad de que estas piezas de relojería magistral puedan contradecir nuestra idea de un tiempo homogéneo, permanente, inmutable. Los relojes atómicos son los más precisos de su tipo, una cumbre de la tecnología, pero no pueden hacer sino medir su propio funcionamiento.
Un reloj es un instrumento que se mide a sí mismo. Que puede medirse a sí mismo con infatigable precisión, pero que –fuera de permitirnos sincronizar nuestros relojes con los de todos los demás, reproduciendo con finalidad la misma ilusión de experiencia colectiva a través del calendario– nunca podrá decirnos qué es el tiempo, ni cómo funciona.
Un reloj, aún el más avanzado del mundo, parece destinado para decirnos desde los más disímiles puntos de vista –religiosos, iniciáticos, científicos– la respuesta a la pregunta qué hora es. No es tarea menor.
Twitter del autor: @javier_raya

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5 sept 2014

Así se distorsiona el tiempo en tu cerebro

braintime

Igual que sucede con lo que vemos y escuchamos, la sensación del tiempo es una reconstrucción de nuestro cerebro. Si eres de los que disfruta de unas vacaciones, comprobarás un año más que los días se te pasan volando, mientras que las semanas de trabajo del siguiente mes se te harán eternas. ¿De qué factores depende esta percepción subjetiva del tiempo? La neurociencia lleva muchos años tratando de encontrar las claves que hacen que unos sucesos nos resulten más duraderos que otros y ya se han encontrado algunas pistas. 



(Neurolab)

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21 may 2014

Por qué no podemos recordar el futuro

Por qué no podemos recordar el futuro
Este texto es una colaboración del Cuaderno de Cultura Científica con Next, donde se publicó originalmente
¿Por qué podemos recordar el pasado pero no el futuro? Puede parecer una pregunta sin sentido por la aparente trivialidad de la respuesta (“porque el futuro aún no ha sucedido”), pero no es en absoluto trivial el por qué nuestra “flecha del tiempo” psicológica tuviese que tener el mismo sentido de la que dicta la segunda ley de la termodinámica, que implica que los acontecimientos suceden en aquel sentido temporal en el que la entropía del universo aumenta. Un artículo en Physical Review Esugiere que estas dos flechas del tiempo tienen que coincidir necesariamente por las limitaciones que impone el significado de recordar algo, no “porque el futuro no haya sucedido”.
Las leyes fundamentales de la física son simétricas con respecto al tiempo: en la mecánica clásica newtoniana el tiempo es reversible, y en la relatividad general es tan sólo una coordenada más al igual que las del espacio. Dadas pues las posiciones y velocidades de un sistema clásico de partículas que interactúan el pasado y el futuro pueden en principio ser calculados completamente a partir de las leyes de la física. Por tanto las predicciones del futuro son tan precisas como las posiciones del pasado o, dicho de otra manera, son igualmente conocibles basándonos en el presente.
La existencia de una flecha del tiempo se suele explicar recurriendo al concepto termodinámico de entropía. En sistemas de muchos componentes es abrumadoramente más probable que los cambios ocurran en la dirección que incremente la entropía total del universo.
Cómo percibimos el flujo del tiempo ya es otra cuestión. Los teóricos argumentan que el registro de información siempre implica un borrado como, por ejemplo, la inicialización de una memoria de ordenador al comienzo. Dado que el borrado siempre incrementa la entropía, la flecha del tiempo psicológica se alinea con la termodinámica.
Pero Leonard Mlodinow del Instituto de Tecnología de California y Todd Brun de la Universidad del Sur de California en Los Ángeles dicen que este argumento no está completo. En principio podrías librarte de cualquier necesidad de borrado e inicialización simplemente recordando todo, lo que implica que el registro de información en la memoria es completamente reversible respecto al tiempo. Pero, según los autores, aún en este caso las flechas temporales deben coincidir porque aplicaría un principio más amplio.
Por qué no tenemos memoria del futuro
Los investigadores llaman a este principio generalidad. Ilustran su argumentación con un torniquete que registra el paso de moléculas de gas de una cámara a otra. El sistema comienza con la mayoría de las moléculas en la cámara de la izquierda y, en un cualquier instante, el torniquete es capaz de de dar una lectura del número neto de moléculas que ha pasado de la izquierda a la derecha tomando como referencia un tiempo dado que llamaremos “pasado”. Pero, dado que el sistema sigue leyes newtonianas predecibles y reversibles, la lectura podría interpretarse también como que muestra el número de moléculas que pasarán entre el instante de lectura y alguna referencia “futura”. Se puede demostrar que esto sería correcto ya que este número puede, en principio, calcularse. ¿Por qué entonces no podemos llamar a esto una memoria del futuro?
La razón por la que no podemos es porque para que el torniquete funcione como una memoria del pasado no es necesario que el estado del sistema en un tiempo de referencia pasado este especificado con precisión; cualquier cambio pequeño que consideremos en las posiciones de las moléculas en ese tiempo no afectará a la lectura posterior. Pero los pequeños cambios equivalentes en un tiempo de referencia futuro, por ejemplo por influencias en el sistema no previstas, lleva a inconsistencias.
Este tipo de memoria del futuro carece de generalidad: el requisito de que la memoria refleje con precisión el estado futuro del sistema independientemente de sucesos imprevistos. La lectura indica un estado futuro, pero sólo un estado futuro concreto. Es como si una cámara necesitase diferentes tipos de tarjetas de memoria para cada foto. Una memoria auténtica no puede depender de que el sistema se comporte de cierta manera. Podríamos decir, pues, que no tenemos una memoria del futuro porque el futuro es caos.
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11 abr 2014

El tiempo libre ha muerto

En un mundo en el que trabajar demasiado no basta, estar ocupado y renegar del ocio se ha convertido en el símbolo de estatus definitivo



El ocio ha muerto. El ocio anhelado, el tiempo libre ansiado,  son esos deseos naturales del ser humano. Lo cool ahora es asumir la pose de no-tengo-tiempo-para-nada, el no-me-da-la-vida, el necesito-días-de-más horas.  Es el busier than thou (más ocupado que tú; un juego de palabras con el Holier than thou inglés). Y la historia no es que esto se haya convertido en nuestra realidad, que también, sino que vivir estresado está de moda e implica estatus. Estar abrumado por el exceso de trabajo es algo así como una insignia de honor. Así hemos visto que actúa EE UU y así se lo hemos copiado. Como casi siempre.

¿Cuándo fue la última vez que alguien dijo: 'No estoy haciendo gran cosa'? Si lo dice, tendemos a pensar que es un perdedor. La gente no tiene que estar tan ocupada pero estarlo se ha convertido en un símbolo de estatus
-Brigid Schulte, autora deOverwhelmed: work, love and play when no one has time
Este, al menos, es el punto de partida de Brigid Schulte en su reciente libro Overwhelmed: work, love and play when no one has time (traducible como Abrumados: trabajo, amor y juegos cuando nadie tiene tiempo). La autora, del Washington Post, vio que cada vez más sus compañeras no tenían tiempo para nada. Fue entonces cuando se puso a investigar por qué y cómo ha cambiado nuestra sociedad para que algo fundamental como los momentos de ocio hayan sido dilapidados por la vorágine laboral y familiar. Y no es un fenómeno solo femenino (vale que las cargas familiares suelen recaer más en las mujeres) o de padres (ha recopilado estudios que indican que ahora pasan más tiempo con sus hijos –ellos y ellas– que en los años sesenta y setenta–llamativo porque ellas mayoritariamente eran amas de casa– quizás por esa sensación de compensar el tiempo de trabajo). Tal y como escribe Schulte:
“Piensa en cómo nos hablamos:
¿Cómo estás?
Hasta arriba ò ando full. ¿Tú?
Tan copado que apenas puedo respirar.
¿Cuándo fue la última vez que alguien dijo: 'No estoy haciendo gran cosa'? Si lo dice, tendemos a pensar que es un perdedor. Y particularmente en Estados Unidos donde muchas personas se definen a sí mismas por su trabajo, por lo que hacen, por lo mucho que hacen y por lo mucho que hacen más que tú. Un sociólogo, que estudia la forma en la que gastamos el tiempo, asegura que la gente no tiene que estar tan ocupada pero que esto se ha convertido en un símbolo de estatus. Quería entender si era cierto y por qué. Al principio pensé que era un fenómeno de las personas que viven en las grandes ciudades. Yo vivo en Washington DC y aquí todo el mundo es un adicto a un trabajo de primera categoría. Me preguntaba si sería diferente en la América rural, donde pensé que tal vez la vida sería algo más lenta”, le explica Schulte a ICON. Pero el resultado fue que no. Lo que la periodista encontró en Fargo (Dakota del Norte) fue la gente estaba también “casi compitiendo por estar ocupado”.

Las mujeres, la tecnología y los ochenta


Creamos ocupaciones cuando podemos no necesitarlas porque necesitamos encajar, mostrar que somos tan importantes y tan dignos como los demás
“Las ocupaciones en los Estados Unidos son reales. Las horas de trabajo para los trabajadores con educación universitaria han ido en aumento desde la década de los ochenta, mientras que los trabajadores en el extremo inferior del espectro socioeconómico han sufrido dificultades tratando de encontrar suficiente trabajo para llegar a fin de mes, teniendo que improvisar dos y tres puestos de trabajo. Al mismo tiempo, los salarios se han estancado y el coste de la vida ha seguido aumentando. El precio de la matrícula universitaria se ha disparado casi un 900% desde la década de 1980 y nadie, fuera del 1%, ha tenido un aumento de 900% en sus salarios”, cuenta la periodista y escritora.
A todo esto, prosigue, hay que sumar la incorporación de la mujer al mercado laboral, lo que ha provocado que las familias trabajen más horas y hagan más malabarismos para compaginar el trabajo remunerado y el no remunerado, y la crisis y la incertidumbre respecto al futuro de las familias. Además, añade, “EE UU tiene una cultura devota del trabajo. Creamos ocupaciones cuando podemos no necesitarlas porque necesitamos encajar, mostrar que somos tan importantes y tan dignos como los demás. En otros países diversos estudios muestran una creciente presión del tiempo, que no hay tiempo suficiente en el día. Y parte de eso se debe a que las culturas laborales y políticas de todo el mundo todavía tienen que ponerse al día con la realidad de las familias trabajadoras. Recompensar a los trabajadores que llegan temprano, a los que se quedan hasta tarde y comen en sus mesas como si eso los hiciera los mejores trabajadores, incluso cuando la ciencia ha demostrado que el rendimiento no tiene porque ser necesariamente real. Un escritor lo dijo mejor: A menudo esperamos trabajar como si no tuviéramos familias y tenemos familias como si no trabajáramos”.
El otro por qué llega con la tecnología. Un arma de doble filo, define Schulte, porque “Nos ha dado  libertad para trabajar de una manera nueva pero, al mismo tiempo, el flujo de información, la atracción adictiva del email y las redes sociales, la dependencia del mòvil, y la incapacidad de apagar el trabajo puede hacernos sentir constantemente bajo presión y sin tiempo”. Pero, señala la escritora, hay tres grandes culpables: Nuestros empleos, nuestras expectativas y nosotros mismos. “El estrés y el agobio proviene de la incapacidad de predecir y de la incapacidad de controlar. A menudo estamos ciegos ante la realidad de nuestra situación en lugar de reaccionar. Los seres humanos están programados para conformarse. Somos criaturas sociales y así es como sobrevivimos y evolucionamos. Pero tenemos que preguntarnos si realmente queremos ajustarnos a estas presiones que están chupando todo nuestro tiempo y acaban con nuestra energía”.

¿Qué será del ocio?


El ocio está en peligro. Lo vemos como algo tonto. Vemos lo que queremos y luego empezamos a alardear de que estamos demasiado ocupados como para dedicarnos a ello
¿Está en peligro el tiempo libre? En EE UU sí, responde categórica. “Se ve como algo tonto, sin importancia, improductivo e incluso estúpido. Vemos lo que queremos y luego empezamos a alardear de que estamos demasiado ocupados como para dedicarnos a ello”, señala. Los hábitos de ocio en su país, prosigue, han pasado de comercializar productos como una semana de aventuras para pasar a ser de un fin de semana, de un par de horas. “Las campañas están dirigidas a tratar de conseguir que la gente salga a la calle unos minutos a la hora del almuerzo”. Algo que contrasta con el siglo pasado cuando el estatus lo daba la cantidad de tiempo libre: “Bill Gates se jactaba de cómo dormía debajo de su escritorio y abandonó el golf porque estaba trabajando todo el tiempo. Y ahora todos estamos tratando de seguir su ejemplo”, ejemplifica Schulte.
Sin embargo, dice, por este lado del charco aún hay esperanza. “Hay países como España y los latinoamericanos  donde se ha mantenido el valor del ocio. Allí hay gente que trata de proteger la cultura de tomarse tiempo para descansar y recargar en lugar de estar trabajando todo el tiempo”, explica. “O Dinamarca, que ha hecho de la felicidad, el ocio y el bienestar sus metas nacionales. Muchos países europeos tienen políticas que garantizan largos periodos de vacaciones pagadas. Eso en EE UU no existe”.

Hay países como España donde se ha mantenido el valor del ocio y la cultura de tomarse tiempo para descansar y recargar. O Dinamarca, donde la felicidad, el ocio y el bienestar son metas nacionales
Una realidad, cuenta, que conoció al encontrarse con una mujer estadounidense que había vivido y trabajado en España varios años antes de volver a EE UU. “Me dijo que cuando vivía en España se sentía más a gusto cuando tenía tiempo libre. Ella fue capaz de relajarse y disfrutar de sí misma. Pero que una vez que regresó a Estados Unidos si no tenía su agenda llena de cosas cada minuto, como todo el mundo hace, se sentía ansiosa. Ella también sintió incluso que en su tiempo libre tenía que estar haciendo algo que valiera la pena, aprender algo, hacer ejercicio, mejorarse... Es lo que los investigadores llaman ocio "intencional". Lo pasaba mal dejando que el día pasara. Eso es común aquí, es un sentimiento que entiendo. Y creo que nos estamos perdiendo el dejar que la vida se desarrolle en todos sus misterios y la belleza del momento normal por estar siempre sintiendo que cada momento tiene que estar programado y ser útil”.

Bill Gates se jactaba de cómo dormía debajo de su escritorio y cómo dejó el golf porque estaba trabajando todo el tiempo y ahora todos estamos tratando de seguir su ejemplo

Las soluciones

Parar, frenar y reflexionar sería un primer paso sin duda. En su libro, Brigid Schulte funde investigaciones y anécdotas para más que un mero libro de autoayuda, radiografiar nuestra vida cotidiana. “La solución requiere dos líneas de acción: el cambio social y el cambio individual. Y en ambos frentes, sostengo en mi libro, tenemos que rediseñar el trabajo, reimaginar nuestras relaciones en el hogar y recuperar el valor del ocio” porque, agrega, nuestra civilización se ha creado en los momentos de ocio. “La rueda, el arte, la filosofía, la política, la creatividad, la innovación, el pensamiento para resolver problemas viejos con nuevas maneras… Todo surge cuando no estamos corriendo como locos en la rueda de hámster o tenemos nuestras narices presionadas contra la pantalla del ordenador. Eso viene en los descansos, cuando soñamos despiertos, en el ocio. Cuando estamos en reposo, nuestros cerebros son en realidad más activos”, afirma.
Por esos sus consejos van en tres direcciones. En el trabajo son los líderes (aquellos a los que emulamos, dice) los que deben dar ejemplo y “tienen que repensar la forma en que trabajamos”; en el amor hay que desterrar los prejuicios de estatus laboral y compartir la carga familiar; y en el juego y el ocio como base para sentirse mejor. Es lo que nos hace humanos, garantiza. “Piensa que la lista de tareas seguirá creciendo hasta el día de tu muerte . Nunca vas a llegar al final de la lista de tareas pendientes. Así que hay que darle la vuelta y poner la alegría en primer lugar, el resto después”. Esa es la clave, pero no hay receta mágica sobre cómo hacerlo aunque la periodista nos da algunas recetas en su libro aunque ¿realmente tenemos tiempo para leerlo?
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1 abr 2014

La inmensidad del tiempo

Cuando se piensa en la historia del universo y en la evolución, una de las cosas que más cuestan interiorizar es la enorme cantidad de tiempo que hace falta para que ocurran algunas cosas. Los creacionistas o los religiosos más extremistas no pueden imaginar que pequeños cambios den lugar a las enormes diferencias que encontramos entre los diferentes seres vivos o que pequeños procesos de mejora acaben con la increíble obra de ingeniería que es, por ejemplo, un ojo. Vale, hay más factores, pero este es uno de ellos.

Aunque sepamos que la tierra tiene más de 4000 millones de años, que la vida probablemente se creo hace 3000 millones, o que los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones, la eficacia de nuestro lenguaje a la hora de representar números muy grandes hace que estas cantidades parezcan mucho menos impresionantes de lo que son.



Voy a intentar aportar mi granito de arena en este tema, a ver si consigo transmitir lo insignificante que son las escalas de tiempo en las que nos sentimos cómodos.

Cierra los ojos. Relájate, respira hondo. Intenta dejar a un lado tus problemas y preocupaciones y procura que el silencio te rodee. Recuerda cuando eras niño, cuando jugabas con tus compañeros, cuando pasabas largos días en el colegio, ibas de excursión con tus padres. La vida pasaba lenta pero llena de sorpresas y novedades. Recuerda cómo poco a poco fuiste creciendo, empezaste a salir con amigos, a conocer a mucha más gente, a sentirte enamorado, a tomar decisiones sobre tu vida. Tuviste que empezar a trabajar, a ganarte la vida, a pasar buenos y malos momentos, a crear tu familia. Son años, muchos años, y muchos más los que todavía quedan. Imagina que sigues trabajando a diario hasta jubilarte, tu familia ya es bastante numerosa, tus hijos tienen hijos y tus nietos vueven a iluminar de forma especial tu vida. Incluso tus nietos crecen y tienen hijos, haciéndote bisabuelo. El tiempo sigue pasando, inexorable, incansable, terrible. Pero tu salud es relativamente buena y tú aguantas. Gran parte de tu familia, amigos y conocidos van desapareciendo, tu cuerpo empieza a dar muestras de un enorme desgaste y todo pasa muy rápido. Eres un anciano de casi 100 años, empiezas a saber que tu vida se acerca a su ocaso. Ya eres capaz de apreciar grandes cambios en tu enorno, la sociedad es totalmente diferente a como la conociste en tu niñez. Recuerdas cómo era todo hace diez décadas y todo lo que has pasado y te das cuenta de que el mundo ha cambiado muchísimo. Por ejemplo, intenta imaginar cómo era hace 100 años, sin autopistas, sin coches, sin aviones ni TV, sin ordenadores, sin Internet, sin casi comodidades en tu hogar, cuando la mayoría de las enfermedades eran casi un misterio y sus tratamientos una mezcla de ciencia y curanderismo. Cien años son muchos para un ser humano y aunque nuestro instinto de supervivencia nos empuja a querer seguir viviendo, seguramente son suficientes para estar cansados de vivir, disfrutar y sufrir. Para situarte, piensa en todas las cosas que podría contarte un abuelo de 100 años. Muchísimas batallitas difíciles de creer. Y si tuvieras un abuelo de 200 años, verías su nacimiento tan lejano que prácticamente es imposible de asimilar cómo podría ser todo entonces.


Pues bien, imagina ahora que eres una especie de árbol milenario muy especial y que para tí el tiempo pasa muy, muy despacio. A tu alrededor viven los humanos, pero tú prácticamente no los aprecias porque para tí el tiempo es algo muy diferente. Por cada 4 años de un humano, tú, árbol eterno, sólo eres capaz de ver una única foto, una imagen fugaz, de forma que cuando alguien ha vivido cien años intensos y completos, tú "has sentido" que pasa un solo segundo, 25 imágenes una detrás de otra que, unidas como en una película, las ves como un brevísimno cortometraje. Así, toda la vida de una persona, larga, intensa, casi eterna para él, para tí es sólo un suspiro de un segundo y puedes apreciar los brutales cambios que ocurren a su alrededor de forma vertiginosa y alocada.


Pues bien, llamaremos a esa unidad de tiempo,a ese segundo o a esos cien años, dependiendo de quien lo sienta, como "una vida". Para los humanos casi una eternidad, pero para ti, solo un fogonazo. Si un segundo tuyo es una vida, en uno de tus minutos 60 vidas completas y consecutivas han surgido y sucumbido, el equivalente a unas 200 generaciones de padre e hijos. En una de tus horas, has presenciado 3600 vidas y muertes, más de 10.000 generaciones. Y en uno de tus días, casi 85.000 vidas enteras han aparecido y desaparecido, cerca de 300.000 generaciones que aprecias con la fluidez que te da esa inmensa capacidad de ver todo a una velocidad muy diferente a la de los humanos.


Ahora tú, árbol imperecedero, te conectas a una máquina del tiempo y empiezas a retroceder en la historia en tus unidades de medida, (es decir, cada segundo que pasa equivale a cien años), y esto es lo que tardas en recorrerla:




TIEMPO-
ÁRBOL
VIDAS DE 100 AÑOSGENERACIONES
Primeros vuelos tripulados1 seg13
Caída del Imperio Romano en occidente15 seg1545
Auge del imperio egipcio45 seg45135
Inicio de la agricultura1,7 min100300
Aparición del Homo Sapiens33 min2.0006.000
Primeros homínidos14 horas50.000150.000
Extinción de los dinosaurios7 días650.0001.950.000
Primeros dinosaurios1 mes2.000.0006.000.000
Primeros peces2 meses5.000.00015.000.000
Origen de la vida1 año30.000.00090.000.000
Creación de La Tierra1,5 años45.000.000135.000.000
Inicio de nuestro universo4 años135.000.000405.000.000


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1 abr 2013

Ideas que envejecen

El paso del tiempo tiene sus consecuencias físicas, pero las creencias también influyen

Nuestros pensamientos afectan al sistema hormonal y al inmunológico, y nos pueden dar o quitar años




Del autocar bajaron ocho ancianos. Solían ir siempre arropados por sus familiares, pero esta vez no. Las pesadas maletas las tuvieron que acarrear ellos hasta las habitaciones de aquella apartada casa en medio del campo. Cuando entraron, en la televisión y en la radio daban noticias de 1959. Todos los libros habían sido editados antes de ese año. Y la decoración también remitía a esa época. Esos hombres, de entre setenta y muchos y ochenta y pocos, empezaron a hablar como si realmente estuvieran en esos días. Esto ocurrió en 1979, así que habían viajado 20 años atrás.
Ese viaje en el tiempo en realidad fue una investigación que realizó Ellen J. Langer, profesora de psicología en Harvard. Su objetivo fue comprobar si el hecho de “atrasar el reloj” podía rejuvenecer realmente a esas personas. A esos hombres se les evaluaron diferentes parámetros de salud antes y después de su “estancia” en 1959. Los resultados fueron espectaculares. Experimentaron mejoras en la audición, la memoria, la agilidad, el apetito y en su bienestar general.
Semanas atrás, una mujer de unos 35 años me contaba su vía crucis. Hacía meses que sufría una extraña dermatitis en las manos. El peregrinaje por especialistas no la había ayudado. Su infierno ardía por varios frentes. En el trabajo sufría un claro mobbing de su nuevo jefe, con el que había mantenido una relación tormentosa. Cuando llevaba varias semanas sin trabajar su dermatitis remitía, pero al volver se reactivaba. Lo que más me impactó de la historia fue su pregunta final: “¿Puede ser psicológico?”. Su interrogante me retumbó porque creo que no es necesario ser psicólogo para deducir que su dermatitis tenía un componente claramente emocional y sin embargo ella no lo veía.

Si se descubriera cómo utilizar el efecto placebo, los médicos dispondrían de una herramienta sin efectos secundarios”
Gaspar Hernández
Todavía hoy diferenciamos entre la mente y el cuerpo. Como si la mente estuviera fuera del cuerpo. La resonancia magnética nos permite ver el funcionamiento del cerebro. Podemos observar cómo diferentes pensamientos activan distintas partes del mismo. El pensamiento afecta también al sistema hormonal y al inmunológico. Multitud de investigaciones lo demuestran, pero no hace falta irnos a la ciencia. Todos lo experimentamos cada día. No existen enfermedades psicosomáticas, todas lo son. Alguien podría argumentar que algunas no lo son porque están causadas por virus o bacterias, pero incluso en estos casos nuestros pensamientos juegan un papel clave. Si estamos estresados, nuestras defensas bajan y somos más propensos a infectarnos.
Lo más espectacular no es que los pensamientos afecten al cuerpo, sino la precisión con que lo hacen. Esto es, el organismo responde exactamente a la idea que genera el cerebro. Si un pensamiento es: “Estas pastillas me van a quitar la tos”, dejamos de expectorar. El cuerpo reacciona al contenido de cada creencia. A este fenómeno se le denomina efecto placebo.


Alargar la juventud


JAVIER OLIVARES
1. PELÍCULAS
– ‘La familia’, de Ettore Escola.
– ‘Another year’, de Mike Leigh.
– ‘El río de la vida’, de Robert Redford.
– ‘Tomates verdes fritos’, de Jon Avnet.
2. LIBROS
– ‘Vivir. Guía para una jubilación activa’, 
de Ramón Bayés. Paidós, 2009.
– ‘El silencio’, de Gaspar Hernández. 
Quinteto, 2010.
– ‘Atrasa tu reloj’, de Ellen J. Langer.
 Rigden Institut Gestalt, 2009.
El efecto nocebo se refiere a las creencias negativas. Por ejemplo, si leemos los efectos secundarios de un medicamento, tenemos más probabilidades de sufrirlos. En 1998, en una escuela de Tennessee, un profesor notó un olor “como a gasolina”. A partir de aquí empezó a quejarse de dolor de cabeza, náuseas, dificultad para respirar y mareos. La escuela fue evacuada y a la siguiente semana más de cien estudiantes y personal presentaron síntomas similares. Contrariamente a lo esperado, no se encontró explicación médica alguna. Irving Kirsch, de la Universidad de Hull, uno de los mayores expertos sobre este tema, lo interpretó como un efecto nocebo a gran escala.
¿En qué medida envejecer tiene algo de sugestión masiva? Damos por descontado que los mayores tienen más achaques. Compartimos una misma creencia consolidada por los datos. A veces nos encontramos con alguien de 90 años con una memoria impresionante, pero estos casos no hacen tambalear nuestra solidificada certeza porque para nosotros son “excepciones”.
Si partimos de la científicamente probada existencia del efecto placebo y nocebo, esto es, de la influencia de las creencias en nuestro cuerpo, podemos empezar a pensar que nuestras certezas sobre el envejecimiento (pérdida de memoria, audición, flexibilidad…) pueden provocarlo o acelerarlo. La psicóloga Becca Levy y sus colegas estudiaron a un grupo de más de 650 personas de Oxford, a quienes se les pidió que opinaran ante afirmaciones positivas y negativas sobre el envejecimiento. Podían estar de acuerdo o no con ideas como: “Las cosas van a peor a medida que me hago mayor”, “A medida que envejece, uno se siente más inútil”. Más de dos décadas después observaron que aquellos que percibían el envejecimiento de forma más positiva vivieron siete años y medio más de media.


No es principalmente nuestro yo físico quien nos coarta, sino nuestra actitud con respecto a nuestras limitaciones corporales”
Ellen J. Langer
Ellen J. Langer quiso comprobar si sentirte joven o viejo se traduce en cambios físicos. Investigó aspectos que nos pueden hacer sentir con más o menos edad. La edad de los hijos afecta a cómo nos vemos. Estudiaron a mujeres que habían dado a luz a edad tardía, que tuvieron una esperanza de vida más alta. Se planteó la hipótesis de que las personas casadas con otras de más edad se sentirían más viejas y que el hecho de que tu pareja sea más joven te quita años. Los resultados apuntaron que si te sientes más viejo por estar casado con alguien mayor, tienes una esperanza de vida más corta y, al contrario, esta se alarga si tu pareja es más joven.
El paso de los años tiene sus consecuencias, pero nuestras creencias también. Es difícil saber en qué porcentaje contribuye cada uno de estos dos factores en nuestro envejecimiento. Lo que está claro es que nuestras ideas podemos manejarlas. Al sentenciar “estoy perdiendo memoria por la edad”, “mi cuerpo ya no aguanta, es la edad”… nos precipitamos por un gran desnivel. Si atribuimos estos cambios a la edad y no a otros factores, nos abocaremos a la resignación. No hay nada mejor para perder la movilidad, la memoria… que dejar de usarlas.


Si abrimos nuestras mentes, se presenta un mundo de posibilidades"
Ellen J. Langer
Hemos de tomar conciencia de que los ancianos que nos rodean tienen mucho que ver con lo que pensamos será nuestra vejez. Así que mejor ampliar los márgenes de nuestras ideas observando a aquellos que creemos excepcionales. Está en nosotros no encajar a los mayores en una estrecha idea de senectud, haciéndoles sentir que sus años pesan. Un eslogan publicitario rezaba: “No pesan los años, pesan los kilos”. Podríamos retocarlo: “No pesan solo los años, también nuestras creencias”.


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