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20 jun 2016

Naturaleza del Creyente y del Ateo

No hay duda alguna de que en nuestra infancia, todos los seres humanos ignoramos o desconocemos divinidad alguna, por lo que vale preguntarnos ¿Cómo se crea un creyente y un ateo?


                    Si usamos el modelo gráfico de la teoría del desarrollo intelectual de Jean Piaget para describir el cómo se crea un creyente y un ateo, tenemos que en la primera etapa aparece una “nueva información” en forma oral o escrita que recibe el niño (DIOS) la cual produce un “desequilibrio cognitivo” que lo impulsa a investigar esa nueva información.

                    Posteriormente en la siguiente etapa de ADAPTACIÓN, el niño la va a “asimilar” comparando la nueva información (DIOS) con los “esquemas o conocimientos  previos”, es en esta etapa en donde la CURIOSIDAD para investigar, la INTELIGENCIA para hacer razonamientos lógicos válidos y el VALOR para aceptar o rechazar las conclusiones de sus razonamientos, juegan un papel fundamental y decisivo.

                    Si la CURIOSIDAD, INTELIGENCIA, pero sobretodo el VALOR del niño es BAJO (CIV), entonces este CIV le generará un “nuevo equilibrio” y este será (DIOS SI EXISTE) e  incluirá a DIOS el resto de su vida como CREYENTE, sin la posibilidad de tener un nuevo “desequilibrio cognitivo” en relación a (DIOS), es decir el creyente será creyente el resto de su vida.

                    En esa condición, el niño creyente podrá aprender la religión de sus padres o de la sociedad donde vive o incluso no tener religión, pero sin dejar de ser creyente. El hecho de tener un CIV bajo, implica necesariamente que el creyente no pueda vivir sin la “protección” y “seguridad” que le proporciona su dios, de ahí que el creyente necesite cuando menos a un dios en su vida.

                    Por otra parte, si la CURIOSIDAD, INTELIGENCIA, pero sobretodo VALOR  del niño es ALTO (CIV), entonces este CIV le generará un “nuevo equilibrio” y este será (SIN-DIOS) y excluirá a DIOS durante el resto de su vida como ATEO, sin la posibilidad de tener un nuevo “desequilibrio cognitivo” en relación a (DIOS), es decir que el ateo será ateo el resto de su vida.

                    En esa condición, el niño ateo aprenderá invariablemente y por sí mismo a vivir sin dios. El hecho de tener un CIV alto, implica necesariamente que el ateo puede vivir su vida tranquilamente sin la ayuda de algún dios protector, de ahí que el ateo vivirá sin dioses el resto de su vida.

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14 jun 2015

100 ventajas de ser Ateo Vs. 100 ventajas de ser Creyente. (Humor)



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Nota: No sé si debí colocar este artículo en la sección de humor porque más que hacerme reír, me hizo reflexionar mucho sobre las irrefutables verdades que expone.

100 ventajas de ser Ateo:

1) No te tienes que preocupar por un dogma.
2) Tu dinero es para tí y no para tu comunidad religiosa.
3) Puedes pensar objetivamente.
4) Eres dueño de tu propia vida.
5) Puedes elegir tus valores morales, sin que nadie lo haga por tí.
6) Puedes estudiar ciencias sin temor a que contradiga tus creencias.
7) Si oyes voces lo puedes relacionar con esquizofrenia, y vas al psicólogo en vez de al cura.
8) Ningún tratamiento médico va en contra de lo que crees.
9) Tienes mucha menor tendencia al divorcio.
10) Tienes muchísimo menor tendencia a la criminalidad.
11) Tienes menor tendencia a la violencia.
12) No tienes que odiar grupos por motivos que no conoces.
13) Puedes admitir lo que te gusta sin temor de ir en contra de tu dogma.
14) Puedes fundar amistades con cualquier persona, sin importar su ideología.
15) Tus amigos que estudiaron no se burlan de tí a tus espaldas.
16) Es muy difícil burlarse de tu ideología.
17) Sabes que las mayores mentes del mundo no fueron creyentes.
18) Tienes todo el Domingo para tí solo.
19) No te ofenden las festividades de ninguna índole.
20) No le temes a maldiciones ni a trucos de magia.
21) No te ofenden los comediantes ateos, que son muchos.
22) Puedes ver con sentido del humor las imágenes de alguna deidad.
23) Dogmas nunca nublan tu juicio.
24) Puedes comer lo que quieras, pues nada te prohíbe ningún libro, aunque sea pascua.
25) Aguantas bromas sobre tu ideología sin estallar en furia.
26) No te preocupas del Infierno.
27) Puedes disfrutar tu vida al máximo, sin tener que prepararte para una vida eterna mágica.
28) Puedes entrar a sitios de Monselvol, URI, Chuck Norris, Bob, etc, ya que no te ofenden.
29) No te tienes que arrancar partes de tu cuerpo si cometes un pecado.
30) No te tienes que preocupar por los oscuros secretos de la historia, pues no desbaratan lo que crees.
31) Puedes asentir a todo esto que estoy escribiendo.
32) No te tienes que conformar con la posición del misionero.
33) Puedes ver Neon Genesis Evangelion sin tener un ataque nervioso.
34) Es difícil estafarte con astrología, demonología y demás creencias de poderes mágicos en los humanos.
35) No eres misógino.
36) Aceptas a las razas que sean sin decir que una u otra no tiene alma.
37) No tienes la obligación de quemar la aldea del que no cree como tú.
38) Te da gusto en vez de ira cuando la ciencia descubre algo.
39) No crees en supersticiones.
40) No te importa que te maldigan.
41) Gente con tu ideología va en aumento en el mundo.
42) Nadie te obliga a ser homofóbico.
43) No tienes prejuicios contra diversas investigaciones genéticas, médicas y biológicas.
44) Puedes fingir ser de cualquier ideología sin que esto te parezca molesto o degradante.
45) Sabes que los virus evolucionan y tomas tus precauciones.
46) No tener que preocuparte por una vida infinita que sabes que terminará volviéndote loco, pues la mente humana está programada para aburrirse de la vida alrededor de los 80 años.
47) No tienes que contarle tus intimidades a un cura para que te perdone.
48) No tienes que asistir a ceremonias aburridas por obligación.
49) Puedes estar en unión libre con una pareja.
50) Puedes tener sexo antes del matrimonio.
51) Tener la certeza de que el IQ del ateo es en promedio varios puntos más altos que los del creyente.
52) No tienes una mitología favorita y eso te deja disfrutarlas todas.
53) No dependes de un ser imaginario para darte soporte emocional.
54) No tienes que estudiar catecismo.
55) No tienes que memorizar oraciones para repetirlas cual perico.
56) La gente puede estar segura de que no eres masón.
57) No tienes la obligación de generar más conversos.
58) No tienes obligaciones sociales para con los miembros que compartan tu ideología.
59) Sabes que estas al mando de tu vida.
60) No te tienes que preocupar cuando alguien encuentra otra contradicción en tu libro sagrado.
61) Cada vez que haces algo que te gusta, no te tienes que cuestionar si es pecado.
62) Tu visión del mundo no cambia radicalmente cuando la de tu líder religioso lo hace.
63) Puedes aceptar las teorías que quieras, nadie te dice cuales aceptes y cuales no.
64) No te vas a suicidar por una ideología.
65) Puedes poner lo racional sobre lo emocional.
66) No le tienes que tener miedo a la tentación de ningún demonio imaginario.
67) No tienes que adorar a ningún ser supremo.
68) Tu decides que es lo más importante en tu vida, y no nadie más.
69) Sabes que tu grupo nunca ha hecho guerras religiosas.
70) Puedes usar anticonceptivos sabiendo que no son malignos ni del diablo.
71) No le temes a ningún mundo paranormal.
72) Los símbolos malignos no representan mucho para tí.
73) Tu moral no estará condicionada bajo ningún libro.
74) Los dinosaurios y registros fósiles no te causan un dolor de cabeza para racionalizarlos y hacerlos compatibles con tu creencia.
75) Resuelves tus problemas tu mismo, sin esperar que se resuelvan mágicamente.
76) Tienes mucho menos posibilidades de ser miembro de un culto o secta.
77) No haces el bien hipócritamente creyendo que te espera una recompensa.
78) Puedes ignorar las supersticiones populares.
79) Puedes decir que no tienes nada en común con Judas.
80) No tienes miedos irracionales.
81) Puedes confiar en la medicina.
82) Tus amigos son en verdad tus amigos, no gente que comparte tu ideología.
83) Tu mente en general está mucho más abierta.
84) Tus hijos no son influenciados desde la infancia hacia ninguna creencia.
85) No tienes que explicarte las cosas irracionales como el alma o espíritus.
86) Puedes admitir abiertamente tus deseos.
87) No tienes que seguir un comportamiento patrón.
88) Eres menos propenso a crisis emocionales y existenciales.
89) No tienes prejuicios hacia ningún tipo de música.
90) No te tienes que dar complicadas explicaciones a tí mismo sobre las conspiraciones y el lucro que representan las religiones mayoritarias.
91) Aceptas los hechos como son y la realidad como es, sin adornarla.
92) No afirmas poseer la verdad absoluta.
93) South Park, Dragon Ball, Family Guy, y un largo etcétera.
94) No hay divergentes de tu ideología que te hagan dudar.
95) No hay jerarquías en tu ideología, así que no estas por debajo de nadie y ves a todos los humanos iguales.
96) Tienes la dignidad de no vivir de rodillas ante algo.
97) Incluso las grandes mentes de la televisión son ateas. El ejemplo más grande es Gregory House.
98) Ser libre en tu mente, y no estar convencido de que hasta tus pensamientos son pecaminosos.
99) Tu mente es más racional que pasional, no guiándote por convicciones o corazonadas, sino por hechos y evidencias.
100) Te es más fácil escribir el cien razones sobre las ventajas de tu ideología.

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100 ventajas de ser Creyente:

1) Tienes un placebo que te dice que serás feliz para siempre cuando te mueras.
2) Estas convencido de tener la verdad absoluta.
3) Representas el 86% de la población.
4) Si violas niños, te protege la Iglesia.
5) Tienes razones para no creerte esquizofrénico.
6) Crees que los humanos tienen superpoderes divinos.
7) Piensas que tus seres queridos están en un lugar mejor.
8) Tienes una razón para hacer el bien, o si no te vas al infierno.
9) Si no resultas bueno en ningún empleo, siempre te puedes unir a un templo.
10) Es común encontrar a alguien con tus creencias.
11) No tienes que estudiar ciencia.
12) No te preocupas en pensar, te dicen que creer.
13) Um... pendiente.

No se me ocurren más… si conocen otras…..
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Ver:



  "Por regla general, el grado de libertad de cualquier     persona se mide por su capacidad de reírse de sí    mismo"    Anónimo 



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17 feb 2015

LOS TEODEPENDIENTES (Creyentes en dioses)


LOS TEODEPENDIENTES

(Creyentes en dioses)


El teodependiente al que comúnmente se le conoce a secas como creyente, es una persona que CREE y NECESITA a cuando menos un dios en su vida y que le sirve para aliviar sus angustias, dolores, tristezas, depresión, vacío existencial, ansiedad, etc. y darle sentido a sus vidas miserables (Abatido, sin valor ni fuerza).

Ese dios es un OBJETO PSÍQUICO creado por los propios creyentes o instituciones religiosas a la medida de las capacidades intelectuales de los teodependientes, de ahí que existan innumerables dioses para satisfacer todo tipo de teodependendencia.

Existe la creencia simplista de que la teodependencia es adquirida a través de las costumbres, tradiciones, educación, etc. pero analizando a profundidad el fenómeno, resulta que es CONNATURAL e imperiosa en los creyentes y no hay manera de eliminarla, solo se pueden controlar las conductas violentas o nocivas para la sociedad, de ahí que esta, a través de los gobiernos se autorice o permita el uso de las instituciones religiosas y libros “sagrados” para conducir y darle salida a esa necesidad connatural inevitable.

Los signos de la  teodependencia se empiezan a observar desde la infancia y estos se encuentran en las investigaciones realizadas por la psicóloga del desarrollo Mary Ainsworth, et al, en su famoso experimento plasmado en el libro “Patrones de Apego: Un estudio Psicológico delas situaciones extrañas” clasificando el comportamiento de los infantes en:

 a) Apego seguro (Secure attachment)

 b) Apego ambivalente (Anxious-ambivalent insecure attachment) y

 c) Apego elusivo (Anxious-avoidant insecure attachment)

Las diferencias individuales entre estos tres tipos de comportamiento, se considera que son originadas por el temperamento o carácter de cada ser humano y esa es la razón por la que los niños tengan diferentes temores y en diferente grado.

 Estos comportamientos infantiles son muy similares a los mostrados por los seres humanos en su edad adulta con respecto a la poderosa y salvadora protección de una divinidad, deidad o dios, así, los creyentes serian del tipo (a) o apegados a dios, esto es incluyen a dios en su vida en forma necesaria,  los agnósticos del tipo (b) o apegados a dios en forma ambigua, no saben si incluir o excluir a dios de sus vidas y los ateos del tipo (c) o apego elusivo o evasivo a dios, esto es excluyen a dios de sus vidas en forma necesaria.

Es importante señalar que la teodependencia no es una enfermedad, ni un vicio, sino que es una condición connatural que se trae desde la cuna hasta la tumba.


Saludos cordiales.


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28 feb 2014

El cerebro incrédulo



Mucho se habla sobre la biología de la religiosidad. Pero el cerebro realmente interesante es el del no creyente. Esa es una de las conclusiones que se extrae del último libro de Adolf Tobeña, “Devots i descreguts”, que tiene como objetivo conocer el origen y las funciones de las creencias religiosas. Los ateos tenemos cierta tendencia a pensar que la incredulidad es la expresión de una mayor capacidad de análisis y de raciocinio. Más indicación de lo que nos sobra que de lo que nos falta, por así decirlo. Pero Tobeña nos da una ducha fría. “De la misma manera que hay gente apática, asocial, perezosa o boba, la hay que no ve trascendencia en parte alguna”. Y demos las gracias, porque no muy lejos de esta frase hay un párrafo donde destaca, fosforescente, la palabra “autismo”.
Investigación con neuroimagen. Wikimedia Commons
  Investigación con    neuroimagen.  Wikimedia      Commons  
Afortunadamente, estoy leyendo a la vez el libro de Satoshi Kanawaza “The intelligence Paradox”, en el que el ateismo es descrito como algo que suele ir asociado a una mayor inteligencia, y eso me gusta más. La tesis de Kanazawa es que lo que llamamos inteligencia es una habilidad que se desarrolló recientemente en un Homo Sapiens al que no le bastaron ya las habilidades cognitivas adaptadas a un mundo estable en el que genes y entorno ecológico iban a la par. Según su atrevida (pero documentada) teoría, las personas inteligentes suelen ser las que adoptan los modos de pensar más alejados de su naturaleza ancestral. Así aparecen criaturas extravagantes como los “progres” (liberales), los ateos o los monógamos, que van tan sobrados en la vida que se permiten rizar el rizo. Lo cual no quiere decir que sean quienes más éxito o felicidad obtienen de ella. Ahí tienen ventaja los “listos”, que no están tan dotados pero que no suelen ser tan desastrosos en cuestiones de “sentido común”, dispositivo que viene de serie pero que es obviado demasiado a menudo por los más inteligentes.
¿Estamos los ateos menos pertrechados para afrontar la existencia que los creyentes? Quién quiera conocer el fascinante mundo del cerebro religioso no puede perderse el libro de Tobeña. Los 4 jinetes de la militancia atea, Dawkins, Dennet, Harris y Hitchens, promueven la idea de que la religión es algo describible como una “infección memética”. Para ellos, las creencias son el resultado del adoctrinamiento, un artefacto cultural. Pero cada vez conocemos más estudios que nos muestran que eso no es así. Las doctrinas particulares se adoptan culturalmente, pero nuestro cerebro es un cerebro religioso. Está hambriento de transcendencia. La religión forma parte de nuestro hardware, está en nuestra naturaleza. Y estos estudios apuntan a que la religión nos aporta unas ventajas psicológicas y sociales que valdría la pena volver a valorar.
Diferencias de religiosidad en la vida adulta (Kanazawa, 2010)
  Diferencias de religiosidad asociadas con la inteligencia (g) en la vida  adulta  (Kanazawa, 2010)  
Esta es la idea de Alain de Botton, que en su libro “Religion for Atheists”, propone, a la manera de August Compte, aunque con derivaciones más pintorescas, repensar la cuestión religiosa desde la secularización. Muchos ateos lo son porque no se conforman con los cuentos de hadas. Porque les repugna el ocultismo y la superstición. Porque valoran más el conocimiento que el mito. Pero muchos estamos abiertos a incorporar ciertos elementos religiosos en nuestra vida partiendo de un mayor entendimiento de los entresijos de nuestro cerebro religioso y sus implicaciones psico-sociales. Es un planteamiento que permitiría a los ateos supuestamente más inteligentes pero infelices conseguir beneficios similares a los que disfrutan los “listos” crédulos. Si fuera posible, ¿por qué no?.
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12 ago 2013

Males necesarios

  El mal necesario no es fácil de aceptar. De hecho, nos golpea como un mazazo no sólo por inesperado sino,
  en tantas ocasiones, por paradójico también, por aparentemente incomprensible. 

A menudo uno se pregunta, sobre todo ante circunstancias adversas de la vida, el por qué tanto sufrimiento. A ninguno nos gusta padecer conflictos, ni desilusiones, ni frustraciones, desconsuelos o abandonos, pero ahí siguen, todos ellos, acompañando y velando nuestro camino por este mundo.

Tenemos a veces la sensación de que siempre pasa algo, de que nunca tenemos la felicidad plena que nos gustaría, aunque la realidad es que el tipo de felicidad en el que pensamos a veces no es más que una quimera. En algunos periodos, más prolongados en el tiempo o menos, tenemos como mucho la sensación de haber llegado a una calma, a una estabilidad, a algo que, sin duda, podría ser lo más parecido a cierta idea de la felicidad. Pero justo en esas épocas es cuando, al llegar un revés, nos sacude con más fuerza, precisamente porque no lo esperábamos. Tendemos a confiarnos, a pensar que las situaciones son estables, incluso inamovibles y una y otra vez descubrimos que nada es estable en este mundo más allá de la propia inestabilidad. Esos golpes no los puedes prever porque, ni todas las situaciones son “anticipables”, ni quien te los va a dar sabe que tiene, quizá, la intención de hacerlo. Por eso son los que mayor grado de desequilibrio producen. Ahí, justo ahí, es donde principalmente aparecen las preguntas. Y donde, tantas veces, nos faltan las respuestas. Pero la incógnita y la incertidumbre no duran para siempre.

La cuestión es bien sencilla en su planteamiento. ¿Por qué tanto sufrimiento cuando, aparentemente y según nuestra finita mente, bien podría evitarse si todos pusiéramos un poquito de nuestra parte? ¿Por qué razón, para aprender ciertas lecciones en esta vida, hemos de estar siempre sujetos a los avatares y mareas que nos traen la existencia, las pérdidas, las relaciones, los intentos fallidos…? ¿Por qué es que tenemos tantas veces la sensación de que nos pasa lo peor en el peor momento sin aparente explicación que traiga un poco de calma a una situación de tormento? Como réplica, el silencio a veces se prolonga en lugar de una respuesta clara y audible, aunque no tardamos en darnos cuenta, a veces aún en ese silencio, de que la respuesta está de camino o, simplemente, delante de nuestras narices, aunque no siempre la sepamos ver.

Dedicamos mucho tiempo de nuestra vida a luchar contra males necesarios. Es decir, con situaciones que, sin ser las que nos agradarían o las que querríamos vivir, son la puerta necesaria para poder acceder a nuevas calzadas, mucho más amplias, espaciosas, luminosas y, en definitiva, saludables, enriquecedoras y de refresco espiritual para nosotros. Pensamos que lo que nos sucede es lo peor que puede pasarnos, y en ocasiones, sin duda, lo que nos ocurre es terrible. Nos destroza, nos hace pedazos, nos deja por un tiempo postrados y aparentemente incapacitados… para, de repente, empezar a comprender que, si bien lo sucedido puede ser una desgracia, quizá es esa misma tragedia la que nos protege de males mayores y nos lleva a riquezas espirituales de incalculable precio.

Esto es algo muy difícil de ver, más aún cuando uno está en pleno ojo del huracán. Pero es importante en esos momentos tener los ojos bien abiertos, porque el Señor, junto a la crisis, nos muestra la oportunidad, aunque sea velada. La muestra a SU tiempo, EL tiempo en mayúsculas. Y entonces, cuando verdaderamente estamos a la espera y a la escucha de lo que Él tiene que mostrarnos frente a tales situaciones, descubrimos cosas que no pensábamos que estaban ahí, aguardando para poder ser manifiestas y puestas a la luz para que podamos verlas.

Lo que se nos manifiesta en esos momentos de dolor, sí, pero de cierto grado de iluminación también, es algo más que la presencia del Señor en la crisis, que ya de por sí no es poco. Ésta es inapelable y probablemente la mayor en importancia por todas las implicaciones que tiene. Pero no es la única manifestación que encontramos. En esa gracia permanente de la que nuestro Dios hace gala descubrimos, si estamos abiertos a lo que Él tiene que mostrarnos, que las situaciones a las que nos aferrábamos eran más estables, más cómodas, más “políticamente correctas” incluso, pero no mejores de cara a Sus propósitos para nosotros o para los que nos rodean.

Lo mejor no es siempre lo que nosotros intuimos o creemos. Lo realmente beneficioso para nosotros es lo que nos acerca a nuestro Señor. SIEMPRE. Aunque para ello, como terminamos descubriendo, hayan de apartarse otras piedras y tropiezos del camino porque nos estorban, nos consumen, nos entorpecen en lo que realmente ha de ser nuestro principio y fin: dar gloria a Dios por encima de todo, incluyendo la situación de comodidad de la que pudiéramos partir. Ese es el mal necesario por excelencia probablemente, el que Dios permite PARA QUE nuestra vida vaya más encaminada hacia SU propósito, que queda muchas veces bien lejos del nuestro. Cuestión de prioridades, entonces. Sólo prioridades. Él no comparte Su gloria con nadie y lo que es de tropiezo en nuestras vidas, si Él lo considera oportuno, puede retirarlo de nuestro camino, aunque por ello y para ello tengamos que sufrir un tiempo.

El mal necesario no es fácil de aceptar. De hecho, nos golpea como un mazazo no sólo por inesperado sino, en tantas ocasiones, por paradójico también, por aparentemente incomprensible y alejado de lo que nosotros pensábamos que eran los planes de Dios.Pero en Sus planes siempre cabe la prueba y con ella nos moldea hasta hacer de nosotros lo que realmente hemos de ser: vasijas probadas y pasadas por fuego para reflejar verdaderamente Su obra y no lo que nosotros quisiéramos ser o manifestar. La dureza de corazón del hombre ha hecho que esto haya de ser así y pudiéramos tener a veces la sensación, bien alejada de la realidad por otra parte, de que Dios se contradice. Pero no es así. Es, de nuevo, una cuestión de prioridades. El Señor da y el Señor quita (sea Su nombre bendito, como decía Job tan sabiamente) porque esto responde a Su principal objetivo: formarnos para poder darle a Él toda la gloria que merece, aún en la adversidad. Cuando las circunstancias que nos rodean, por muy aparentemente buenas que sean, no le honran en la medida que deben, Él puede decidir que esas circunstancias cambien y que nosotros hayamos de cambiar también con ellas. Puede estar el origen en nosotros o no, pero en cualquier caso, lo que Dios opera en unos y en otros repercute recíprocamente, ya que nos relacionamos y nos influimos mutuamente también.

Pero el cambio necesario, no me malentiendan, no viene siempre porque haya una situación de deshonra de Su nombre. Él no obra como nos mereceríamos y no todo lo que sucede es como consecuencia de nuestro pecado particular. Simplemente (aunque la cuestión no sea para nada sencilla), el Señor tiene preparado, para nosotros o para otros, un bien mucho mayor que el que perdemos cuando nos llega un mal necesario. Lo cual no resta, por cierto, ni una pizca del dolor que se siente atravesándolo. Pero sabemos que el propósito es muchísimo mayor que nosotros mismos y eso, en sí mismo, se constituye en una cierta forma de consuelo.

Esto nos cuesta verlo porque a los seres humanos nos falta la perspectiva del tiempo. En ella, cuando podemos poner distancia por el paso de los años y de los acontecimientos, descubrimos que, efectivamente, las cosas que nos sucedían apuntaban, de forma inexplicable, hacia un mismo lugar. Y en ese lugar, en ese punto justo, descubrimos bendiciones que, de otra forma, quizá no hubieran llegado. El Señor nos preparaba, nos enriquecía, nos fortalecía y nos daba lo que íbamos a necesitar después, quizá ahora, ante ese momento terrible que podemos estar atravesando. Ante el mal necesario es importante para el creyente, entonces, comprender el concepto de previsión y omnisciencia de Dios, pero también de sacrificio. 

Me acordaba, considerando estas cosas, de un predicador a quien escuche hace muchos años hablando justamente sobre este tema. Él planteaba el sacrificio como la actitud de tener nuestra mano abierta, con todo lo que somos y tenemos dentro de ella, sí, disfrutándolo y viviéndolo con intensidad y agradecimiento, pero teniéndolo también disponible en caso de que el Señor quisiera pedírnoslo. Lo que tenemos es Suyo, qué duda cabe y, cómo no, puede requerírnoslo en cualquier momento, no por cuestiones caprichosas, como algunos parecen querer ver, sino por un propósito en mayúsculas que nos trasciende con mucho. Él hablaba de cómo había perdido a su niñita de cortísima edad atropellada para ver un tiempo después cómo, a raíz de esa desgracia, sus padres, los de él, se entregaban al Señor. No puedo imaginar el dolor que como padres les supuso esa pérdida. Pero quizá, a la luz del plan de Dios para las vidas de otros a quienes también amaban, lo sucedido era un mal que contribuyó de manera inexplicable a mostrar la gracia y el poder de Dios en una medida especial. Era, quizá, un mal necesario, aunque doloroso y terrible.

La pregunta es: ¿cuál es tu mal necesario? ¿Qué circunstancia atraviesas en este momento que te hace replantearte tu vida o alguna faceta de ella? Probablemente no sepas aún qué tiene el Señor preparado para ti, o quizá empiezas a intuirlo, aún en el dolor de lo que estés atravesando. Pero, ¿sabes?, algo me anima en mi mal necesario, en el que atravieso justo ahora: 
·  la realidad del amor infinito de Dios, 
·  la realidad de que Él controla la caída de cualquiera de mis cabellos, 
·  la realidad de que, porque le amo, todas las cosas que acontecen en mi vida, me ayudan a bien y tienen un propósito que me excede; 
·  la realidad de que, aunque hay una grandísima parte de lo que me acontece y lo que me rodea que yo no veo, tengo un Dios que lo ve todo, que lo sabe todo, que lo controla todo; 
·  la realidad de que, con ayuda de ese mal necesario, seguramente el Señor me está librando de males mucho mayores y que son absolutamente innecesarios para mi avance en Sus cosas. Incluso en aquello que nos parece lo peor, el Señor nos está protegiendo e impidiendo que lleguemos verdaderamente a este punto; 
·  pero, sobre todo, y esto quiero tener permanentemente presente, la realidad de que seguirle a Él y obedecerle es y debe ser siempre mi supremo bien necesario. 


Protestante Digital

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