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12 ene 2015

Somos únicos, somos universales!


Somos únicos y, al mismo tiempo, universales. He aquí las dos caras de nuestro ser espiritual. La conciencia de la unidad universal que somos puede emerger, por ejemplo, meditando sobre el hecho de que el sol, la tierra o el aire nos constituyen tanto como nuestro corazón o cerebro, ya que sin aquellos, al igual que sin estos, sencillamente , no podemos vivir, "no somos". El hecho de que somos unicidad concreta se puede captar, por ejemplo, reflexionando sobre el hecho de que cada ser es diferente e irrepetible, desarrolla un papel único y no puede desprenderse de su existencia concreta.
Así pues, se olmo unidad universal y unicidad concreta Percibir , reconocer y comprender estos dos aspectos de nuestro ser forma parte del desarrollo espiritual PROVITAL; olvidar, denigrar o infravalorar alguno de ellos da lugar al error de la conciencia espiritual. Así, por ejemplo, permanecer en la inconsciencia sobre el hecho de que somos unidad universal conduce a la separación espiritual. Así surge el Ego, es decir, la visión del mundo en la que la existencia concreta, lo que habitualmente llamamos Yo, se ciega creyendo ser el centro y la fuente;en esta visión, un Yo está esencialmente separado y aislado de los demás Jos y del mundo. De esta manera, difícilmente se puede evitar incurrir en los vicios de la injusticia, la vanidad, el egoísmo, la insolidaridad, etc. Por otro lado, olvidar o menospreciar la sacralidad de que somos unicidad, es decir, que somos personas concretas con una historia concreta, una personalidad única, etc. lleva a rehuir la necesidad elemental del ser de desplegarse en lo concreto. Esto ocurre cuando, en el marco de ciertas corrientes espirituales, se asocian los atributos concretos de las personas con la parte negativa, irrelevante o in-espiritual de ellas y, en concordancia, se exhorta a minimizar esta parte; una exhortación que, en la medida en que se adopta seria y rigurosamente, conduce hacia la banalización de la idiosincrasia y la anulación de la personalidad.

Parece que estos dos errores de la conciencia espiritual pueden estar conectados, en términos éticos y políticos, con el individualismo y el colectivismo, entendidos como el protagonismo exclusivo de alguno de estos dos polos, por lo que no hay una integración positiva de lo social y lo personal, es decir, la colectividad no parte del florecimiento de la individualidad y la individualidad del florecimiento de la colectividad. Esto desvitalizado tanto la una como la otra. Para una verdadera vitalización de ambos, para una máxima realización de la autonomía, la cooperación, la comunión, el amor y la verdad, hay que tener presente que nuestra existencia, en términos espirituales, es universal y única.

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6 abr 2014

Esencia y Personalidad (y II)

imitación
Si tienes hijos ya sabes a estas horas en qué consiste la esencia. Y si no los tienes es seguro que has podido hacer esta misma observación en sus mascotas. No hay dos individuos iguales.
Los niños traen en origen un temperamento especial, no son una tabla rasa, cuando venimos al mundo ya damos muestras de por donde anda nuestra esencia, asi hay niños plácidos y dormilones, otros demandantes y llorones, los hay agresivos y los hay que tienen miedo a hacer daño. Hay niños que no paran quietos y niños que prefieren jugar solos e “ir a su bola”. Hay niños que prefieren los juegos violentos, que exploran su entorno, que corren riesgos y que son temerarios y los hay miedosos, cobardes o pusilánimes.
Dicho de otra manera, cada uno de nosotros cuando viene al mundo trae consigo una constitución, podriamos decir una carga genética determinada, un recuerdo de nuestra vida fetal y una configuración epigenética determinada. Se trata de nuestra esencia, aquello que en verdad nos pertenece, lo que es nuestro. La gema de la que habla Hofsdadter, el bucle vacío.
Lo que es lo mismo que decir que eso que llamamos personalidad en realidad es algo ajeno a nosotros mismos. La personalidad es una construcción que vamos haciendo a lo largo de nuestra vida y que a veces opera en sinergía con nuestra esencia y a veces sucede todo lo contrario y se construye por antagonismo.
Un ejercicio psicológico fundamental y que todos debemos llevar a cabo con nosotros mismos es precisamente lograr esta discriminación: ¿Qué es esencia y que es personalidad en nosotros mismos? ¿Sabemos diferenciar nuestra verdadera esencia de lo que son añadidos posteriores?¿Sabe usted discriminar en una persona cualquiera esta diferencia?
La esencia y la personalidad ocupan lugar, tienen -por asi decir- contenidos y un espacio propio. Lo interesante es que en las personas -al menos en las personas comunes de nuestro entorno- la personalidad ocupa más espacio que la esencia.
La esencia detiene su crecimiento muy pronto y su espacio es ocupado rápidamente por la personalidad. Sólo en los niños o en las personas muy incultas, simples o toscas podemos observar directamente la esencia, en el resto de nosotros -psicológicamente muy trabajados y deformados- la esencia es ocupada precozmente por eso que llamamos rasgos de personalidad.
El rasgo de personalidad es en realidad un constructo destinado a favorecer o a oponerse a los rasgos de la esencia en función de consideraciones de positivación o negativización del rasgo esencial. Obviamente existe una deseabilidad social sobre determinados rasgos, una deseabilidad que viene definida por la cultura. En nuestros entornos por ejemplo se privilegian rasgos relacionados con la autonomía,el individualismo, el poder, la soberanía sobre el propio cuerpo, el éxito académico o económico, la delgadez, etc.
Estos rasgos privilegiados por la cultura pueden entrar o no en conflicto con nuestra esencia. Esta es la razón por la que percibimos que los rasgos de personalidad son una posibilidad de ser, una especie de creodo o camino preformado por los que discurre nuestra identidad y es la razón por la que las personas confunden el Ser con su personalidad y también explica la intensa adherencia que evoca ese rasgo que se defiende “como si” fuera en realidad el Ser.
En realidad un rasgo de personalidad es algo ajeno al Ser y se forma por imitación.
Pero no se imita cualquier cosa, se imita sobre todo aquello que ofrece menor resistencia al desplazamiento de la energía de una determinada emoción. Es por eso que las emociones (en realidad la motivación) sigue creodos preformados, hasta que alcanzan el reposo (descarga al exterior) y es por eso que la mejor explicación que tenemos a mano para ilustrar esta tendencia de los seres humanos a adherirse a lo conocido es la idea de hábito. En realidad un rasgo de personalidad se forma por hábito y su mecanismo de formación es la habituación y la sensibilización.
La sensibilización como mecanismo de aprendizaje, (la segunda memoria).-
La habituación es la forma como nos insensibilizamos progresivamente ante lo predecible, disminuimos nuestra dedicación -por así decir- al estímulo que finalmente nos aburre y deja de provocar respuestas. Así nos sucede tanto con lo placentero como con lo irrelevante o lo aburrido, pero evolutivamente hablando tiene su explicación: la habituación nos permite excluir de nuestra conciencia los aspectos desagradables o displacenteros de nuestro entorno, por ejemplo nos podemos habituar a trabajar en ambientes ruidosos, simplemente nos habituamos al ruido y lo percibimos menos intenso de lo que es. Seguramente la habituación es un mecanismo que surgió para propiciar adaptaciones a ambientes tóxicos, es por eso que nos hacemos resistentes al alcohol o adictos a una droga (aunque aquí hay otros mecanismos implicados), simplemente necesitamos cada vez más dosis para conseguir el mismo efecto.
La sensibilización sin embargo parece algo paradójico: ante lo nuevo o lo amenazante aumentamos nuestra respuesta refleja: el caracol de Kandel utiliza el sifón con más frecuencia incluso cuando el estímulo ha cesado o ha disminuido su intensidad. Dicho de otra manera: un estímulo que cuando apareció era nuevo o amenazante propicia una reacción a largo plazo en el sentido de que aumenta la respuesta cualitativamente relacionada con aquella señal. Bien pensado también tiene su lógica evolutiva: imagínese usted viviendo su primer año de vida en un ambiente de privado, sin estímulos o empobrecido en su variedad de cuidadores, parece lógico que en un ambiente así nuestro sistema nervioso haga algo por sí mismo a fin de neutralizar aquella de privación ambiental. Lo que hace es sensibilizarse, es decir autoprovocarse una especie de estimulación artificial a fin de llenar el ambiente de predictibilidad, seguridad y sincronías.
Dicho de otra manera, un rasgo de personalidad es un hábito que se adquiere por imitación conductual y quizá por sensibilización o habituación -neuronalmente hablando- y una vez establecido funciona como un imán. Es decir un campo magnético que atrae hacia si las conductas, cogniciones y predicciones que le son compatibles.
Y es por eso que lo caracterial sólo atiende a sí mismo, un poco lo mismo que sucede con la memoria.
cocodrilos
Un buen ejercicio de salud mental es volver constantemente sobre la propia esencia, indagar qué de nosotros y de nuestra identidad es un plagio (un bucle extraño) y qué pertenece a nuestra propia esencia y más allá de eso intentar coordinar ambos aspectos, como si de un matrimonio bien avenido se tratara. Hacer que nuestra esencia y nuestra personalidad se lleven bien, se conjugen y se coordinen en cooperación constante, que se complementen por así decir. Más allá de eso hay que vigilar los tamaños -la ocupación de espacio-, ese conflicto eterno de figura-fondo, donde lo esencial es siempre desplazado al fondo del cuadro y lo contingente y accidental ocupa el centro del mismo.
Y no olvidar nunca que un rasgo de tu esencia puede ser el mejor aliado para tener éxito. Tus defectos pueden ser tus virtudes.
El sabio es aquel que es capaz de poner las circunstancias a su favor.
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Esencia y Personalidad (I)

ouspensky
Ando leyendo un libro de Ouspensky que me ha parecido muy interesante a pesar de que muchos puedan pensar que Ouspensky es un místico y no un científico digno de mencionar en un blog como éste. Pero los que así piensan se equivocan puesto que la psicología no es exactamente una ciencia, más que eso;: el viraje que llevó a cabo la psicología allá por principios del siglo XX, no hizo más que ensombrecer y ocultar una serie de conocimientos empíricos que han sido lanzados por la borda.
Una psicología despojada de la metafísica, la filosofía o el mito se convierte en una medicina de baja resolución. En este sentido la psicología actual es un mal remedo de la medicina.
En realidad la psicología es un campo de conocimiento muy antiguo, tan antiguo como el mito que señala, denuncia y evoca los grandes dilemas del hombre, así como propone una solución. La tragedia y el arte señalan hacia ese tipo de conflictos al tiempo que proponen una catarsis, para que los humanos no sigan las mismas trazas que los héroes recorren a tientas. Hay en la tragedia y en el mito una intención preventiva de salud mental colectiva por así decir.
Pero hay varias maneras de entender la psicología: una forma es la del estudio de cómo somos, cómo deberíamos ser o qué aparentamos ser. Otra manera de definirla sería ¿cómo seremos o podríamos ser en el futuro” a lo que se refiere el titulo de este libro de Ouspensky: “Psicologia de la posible evolución del hombre”. Y por último una definición de máximos sería ésta: la psicologia es el estudio de sí mismo.
Estoy completamente de acuerdo con esta definición: la psicología no puede estudiarse como la astronomía o la microbiología, con microscopios o telescopios, puesto que el objeto de su estudio es el hombre, lo interno del hombre y no un fenómeno que se halla más allá de uno mismo. El objeto es el hombre -el sí mismo- y el sujeto que lo estudia es también el sí mismo. De modo que aquí nace su mayor dificultad: ¿puede un hombre estudiarse a sí mismo?.
Unos si pueden y otros no pueden.
Para estudiarse a sí mismo hacen falta algunas condiciones que no reune todo el mundo, la principal de ellas es la motivación para hacerlo, una especie de pulsión hacia la verdad o de pulsión epistemofílica en el sentido de Bion, no hacia cualquier tipo de verdad o una verdad abstracta sino hacia la verdad de uno mismo. Simplemente hay quien tiene esta motivación y quien no la tiene. La segunda condición para intentar averiguar algo de sí mismo es la honestidad intelectual. Ciertamente el conocimiento de sí mismo está lleno de trampas y autoengaños y la honestidad por sí misma no garantiza buenos resultados, es necesaria pero no suficiente, es por eso que ha de cumplirse una ulterior condición: para ese tránsito, proyecto o proceso personal hace falta un guía, un maestro, un terapeuta si lo queremos decir en el lenguaje actual, en suma un testigo que haya recorrido por sí mismo parte del trayecto.
Mente y conciencia.-
Todos tenemos una mente y todos sabemos que los demás tienen mente, es por eso que sabemos que decimos que tenemos una teoría de la mente. Pero las mentes varían en sus contenidos, cada uno de nosotros tenemos un gusto, una creencia, una experiencia, unos recuerdos distintos en cada caso, pero todos somos portadores de una mente. Lo que nos distingue a unos de otros es el nivel de conciencia que hemos alcanzado en nuestro nivel de desarrollo, pues todas las conciencias no son iguales.
El nivel de conciencia es gradual, desde el coma hasta lo niveles más altos de conciencia. Ouspensky describe cuatro niveles básicos de conciencia:
  • El sueño.
  • El estado de vigilia que es un soñar despierto.
  • La conciencia de sí y que nos inclina a conocer la verdad sobre nosotros mismos.
  • La conciencia objetiva, a través de la cual conocemos realidad tal y como es.
La mayor parte de la humanidad -según Ouspensky- vive solo en los dos primeros. Pero lo curioso es que para él el sueño y el estado de vigilia son muy parecidos: ambos están presididos por la mecanicidad y es por eso que propone que lo primera para conocerse uno mismo supone conocer el mecanismo de esa máquina.
En ellos somos capaces de vivenciar emociones, pensamientos, sexo, motilidad y sensaciones corporales, si bien en cada uno de estos estados -sueño y vigilia- la definición de cada uno de ellos es más nítida que en otra, por ejemplo somos capaces de pensar mejor en estado de vigilia que soñando pero en el sueño podemos asociar mejor contenidos que en la vigilia, sobre todo recuerdos del pasado y anticipaciones del futuro. Sin embargo de cara a entender la evolución de nuestra conciencia, la idea de Ouspensky es que el estado de vigilia es en realidad un sueño del que debemos despertar si pretendemos ascender en esa capacidad de comprensión de uno mismo. Un concepto similar al insght psicoanalítico o al Eureka griego.
Pocos hombres alcanzan la conciencia de sí y solo una pequeña minoría alcanzan la conciencia objetiva.
Más arriba me he referido a la verdad sobre uno mismo, a qué me refería concretamente. ¿Qué es la verdad sobre uno mismo?
Para alcanzar la verdad sobre uno mismo es necesario saber -como dije más arriba el funcionamiento de esa máquina que produce estados casi continuamente de automatismos que confundimos con nuestro Ser. En realidad la mayor parte de la gente se identifica tanto con estos automatismos que ya cree conocerse a sí mismo lo suficiente. Esta especie de ignorancia activa es el mayor obstáculo para un ascenso progresivo del nivel de conciencia.
Se trata de personas que si bien aparentan saber algo en realidad ignoran lo más importante: es necesario saber que todo lo que sabemos es falso antes de emprender ese camino de búsqueda interior que recomiendan todas las filosofías perennes.
Aprender a dudar hace más ancho el camino. Y se trata de un camino que no puede recorrerse sin dolor, desapego y humildad.
Una vez que comencemos a dudar sobre nuestra verdadera mentira interior, seremos capaces de comenzar el camino de búsqueda y ese camino ha de iniciarse aprendiendo a distinguir entre esencia y personalidad. Algo que aprenderemos en el proximo post
Continuarà
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28 ene 2013

¿Ser Espiritual es lo Mismo que ser Religioso?

El dilema entre la materialidad y la espiritualidad tuvo por muchos siglos en la religión su punto de apoyo y soporte, pero ahora que esta se encuentra desacreditada, parece ser posible ser espiritual sin ser religioso. ¿Es así? ¿O se trata de una trampa del pensamiento autorreflexivo?



Para bien o para mal, en su desarrollo civilizatorio la especie humana estableció una diferencia más o menos tajante entre cuerpo y mente, sobre todo en la medida, más o menos evidente, de que uno parece alineado a la materialidad pura y el otro más bien a la abstracción y lo invisible. Nuestro cuerpo, nuestras manos, nuestra piel, nuestros aromas, los podemos ver y sentir, en su sufrimiento y su placer; no así nuestras ideas y pensamientos, que si bien encuentran eventualmente expresión real y física, en el momento de gestarlos no parecen sino elucubraciones vagabundas y fútiles, dispuestas a desaparecer al instante siguiente para ya jamás ser recuperadas
Es probable que esta dicotomía haya animado el desarrollo de la espiritualidad, la creencia en una realidad no material y sin embargo existente que influye en la realidad material y palpable. Así como nuestras ideas y pensamientos se manifiestan en, digamos, nuestros hábitos y nuestras acciones, así también el mundo podría obedecer a fuerzas invisibles que determinan sus fenómenos.
Pero esto que inicialmente se dio como mero impulso epistémico, un esfuerzo cognitivo por explicar el entorno, derivó por el mismo funcionamiento de las sociedades en una institucionalización de la creencia y su transformación en religiones. Dioses, potencias, ritos propiciatorios, jerarquías sacerdotales, libros sagrados y otras prácticas culturales hacia los que se encauzó la espiritualidad que, parece, es parte esencial del ser humano ―sin perder de vista, claro, que esta pretendida “esencia” o “naturaleza” es también, siempre, una construcción cultural.
Con el tiempo sin embargo, y sobre todo por la influencia de la modernidad y su insaciable fagocitación de paradigmas, la religión cayó en desprestigio, y explicar el mundo a través de sus códigos pareció anacrónico, insuficiente e inútil. Entre tres y cuatro siglos duró la paulatina demolición del otrora imponente edificio religioso, hasta reducirlo a la reliquia de tiempos pasados que parece ser en los nuestros.
Y, con todo, la dicotomía persiste. Se argumenta, acaso con razón, que el ser humano puede no ser religioso, pero tiene que ser espiritual. Puede, en efecto, no realizar cotidianamente rituales preestablecidos por una entidad mayor a él (ir a misa, rezar 5 veces de cara a la Meca, observar el sabbath), pero al parecer es contranatural vivir sin ningún tipo de pensamiento trascendente, sin un soporte mental que dé sentido al caos y la contingencia, a lo inexplicable y lo desmesurado.
La nuestra, en efecto, es una época heredera de la razón y la lógica como los únicos recursos válidos para explicar el mundo. Una época donde el amor, por ejemplo, se explica como la conjunción neuroquímica de diversos elementos, y ya no, como se hacía antaño, por la influencia de seres venidos de realidades paralelas y perceptibles solo por los radicales efectos de la pasión amorosa.
La pregunta es si de verdad esto es suficiente y satisfactorio, si de verdad nos basta con saber que el amor es eso, solo una reacción química, y no un fenómeno que trasciende la pobre materialidad de nuestras personas.
Así, huérfanos como nos encontramos de los grandes modelos explicativos como la religión, actualmente no es raro escuchar que alguien se declara “espiritual pero no religioso”, un dilema que a primera vista parece no tener sentido pero que, en efecto, posee su propia lógica.
En el sitio Reality Sandwich, Adam Elenbaas se pregunta por las diferencias entre ambos conceptos para poder discernir si, en efecto, expresan distintas cosas. Escribe Elenbaas:
Hay algunas preguntas que podemos hacernos. ¿Deseamos liberarnos de todas las ataduras de este mundo y salir del ciclo de la reencarnación, para alcanzar la iluminación y el nirvana? Si es así, compartimos la presunción religiosa más fundamental. ¿Creemos que la humanidad está involucrada en estados cada vez más altos de consciencia y en camino hacia la unidad y unicidad? Si es así, compartimos también la más fundamental de las presunciones religiosas. ¿Creemos que se requiere expiación, purga o sanación de las cosas ”bajas” para alcanzar cosas más altas? Si es así, compartimos la presunción de las mayores religiones de nuestro planeta. ¿Anhelamos liberarnos del sufrimiento y la miseria de este cuerpo y este mundo? ¿Sentimos que no pertenecemos aquí? ¿Sentimos que el ego es una ilusión o algo que necesita servir a un ser mayor o reunirse con el todo? Si es así, entonces compartimos las presunciones fundamentales de todas las religiones.
Como se ve, el asunto no es tan sencillo como parece. Pocas veces lo reconocemos, pero la verdad es que estamos moldeados por siglos y siglos de cultura que, imperceptiblemente, forman lo que consideramos nuestras creencias más profundas.
Si existe una solución ―que también puede ser un engaño, una trampa del pensamiento autorreflexivo―, quizá esta radique en la autenticidad y la sinceridad.
¿A qué se refiere la expresión “espiritual pero no religioso”? ¿A un esfuerzo personal intenso por encontrarnos y no perdernos, según sugiere Elenbaas?



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9 dic 2012

Meditación: la ciencia de la mente

La meditación, como herramienta de auto-conocimiento, se presenta como un banquete indispensable para reunir la mente, el cuerpo, y el espíritu en un solo banquete.



Te invito a poner toda tu atención en cualquier cosa que esté sucediendo en éste momento – puede ser a éste texto, a la sensación de tu respiración, a la sensación de tu cuerpo apoyado en la silla – tan sólo por sesenta segundos sin distraerte por el pensamiento discursivo. Suena bastante simple: Solo presta atención… La verdad, es que vas a encontrar que la tarea es imposible. Aunque la vida de tu familia dependiera de ello, no podrás concentrarte en una sola cosa – incluso si ésta es la sensación de un cuchillo en tu cuello – por más de unos segundos, antes de que tu conciencia se sumerja en un nuevo flujo de pensamiento. Esta inmersión forzada a una irrealidad es un problema. De hecho, es el problema del que todos los demás problemas de la vida humana parecen estar hechos.
La idea no es negar la importancia de pensar. El pensamiento lingüístico es indispensable para nosotros. Es la base para la planificación, el aprendizaje explícito, el razonamiento moral, y muchas otras capacidades que nos hacen humanos. El pensamiento es la esencia de toda relación social e institución cultural que tenemos. Es también el fundamento de la ciencia. Pero nuestra identificación habitual con la línea de pensamiento, es decir, nuestra incapacidad para reconocer los pensamientos como pensamientos, como apariencias transitorias de la conciencia, es la fuente primaria de la confusión y sufrimiento humano. 
Nuestra relación con nuestro propio pensamiento es extraña hasta el punto de ser una paradoja. Cuando vemos a una persona caminando por la calle hablando consigo misma, por lo general asumimos que está mentalmente enferma. Pero todos hablamos con nosotros mismos continuamente, la diferencia es que tenemos el buen sentido común de mantener la boca cerrada. Nuestras vidas en la actualidad apenas se pueden vislumbrar a través del velo de nuestra discursividad: Nos decimos lo que acaba de suceder, lo que casi sucedió, lo que debería de haber sucedido, y lo que todavía podría suceder. Nos reiteramos constantemente nuestras esperanzas y temores acerca del futuro. En lugar de simplemente existir como nosotros mismos, suponemos que existe una relación con nosotros mismos. Es como si estuviéramos en una continua conversación con un amigo imaginario dotado de una paciencia infinita. ¿A quién le estamos hablando? 
Mientras que la mayoría de nosotros vamos por la vida sintiendo que somos el pensador de nuestros pensamientos y el experimentador de nuestras experiencias, desde el punto de vista de la ciencia, sabemos que esta es una visión distorsionada. No hay un yo o un ego discreto al acecho como un Minotauro en el laberinto del cerebro. No hay ninguna región de la corteza o vía de procesamiento neural que ocupe una posición privilegiada con respecto a nuestra personalidad. No hay un “centro de gravedad narrativa” que sea inmutable. En términos subjetivos, a todos nosotros, nos termina pareciendo que si lo hay.
Si queremos entender realmente nuestra mente y superar algunas de las fuentes más peligrosas y duraderas de los conflictos en nuestro mundo, tenemos que empezar a pensar en todo el espectro de la experiencia humana en el contexto de la ciencia de la mente, como se le conoce a la meditación en algunas tradiciones contemplativas como el Budismo. Antes de emprender en cualquier proceso meditativo, lo primero que debemos realizar es darnos cuenta de que estamos perdidos en nuestros propios pensamientos.
La meditación no se basa en una historia que se tenga que defender ante los argumentos de la ciencia, de hecho, está fundada sobre la exploración científica de la conciencia, es decir, se basa en la observación de la mente. Todas las experiencias transformativas pueden ser verificadas empíricamente a través de la propia experiencia. En otras palabras, nosotros mismos podemos comprobarlo ya que nosotros mismos somos los científicos, nosotros mismos experimentamos con nuestra propia mente. De hecho, podríamos incluso decir que a través de la formación de la mente, a través de la práctica de la meditación, se puede observar que en realidad no es difícil dirigir el pensamiento discursivo. 
Lo que surge a través de la práctica de la meditación es el descubrimiento de que la mente tiene una capacidad increíble para alcanzar una paz profunda, amor sin límites, o una compasión sin límites. Ahí es donde podemos encontrar algunas fallas en el llamado “Nuevo Ateísmo” Simplemente porque no están prestando suficiente atención a la ciencia de la mente, a través de la cual podemos establecer, una ciencia alternativa en la que es empíricamente comprobable que existe una dimensión espiritual en nuestro ser y que se puede descubrir a través de nuestra propia experiencia.

Twitter del autor:  @BienMal / Benjamin Malik


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