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12 jun 2016

TECNOLOGÍA: ¿Enfermedad o Escape Social?



TECNOLOGÍA: ¿ENFERMEDAD, ADICCIÓN, DEPENDENCIA, NECESIDAD O ESCAPE SOCIAL?

En la actualidad, lo que más destaca al oír es este término, es la tecnología actual,  en muy poco tiempo en toda la historia pasamos de enviar mensajes a través de diligencias (los cuales podían tardar muchas semanas) a enviar mensajes en menos de un segundo de un extremo al otro del mundo.

Si, tecnología, esa herramienta eficaz que ha facilitado increíblemente nuestra vida, pudiendo ahora realizar cosas que antes solo se mostraban en una película, pero, tal y como nos ha ayudado en nuestro desarrollo, también ha ido repercutiendo en muchas ocasiones de una forma no tan correcta en nuestra sociedad, y si bien es un fenómeno ya reconocido, aún no es solucionado, esto se debe a que en la mayoría de casos no es la causa, sino el escape, hay otro factor que ha ido incrementándose, de la mano con la tecnología, y es que no nos damos cuenta que al tener acceso a cualquier lugar del mundo en cuestión de solo segundos, estamos expandiendo nuestra sociedad, de ahí viene el termino globalización, pero al oír esto, muchos solo pensamos en economía, viajes, negocios, política, pero no nos percatamos de la influencia social externa que cae sobre nosotros, como influye en nuestra sociedad comunitaria, como influye en nuestra familia; sobre todo esta ultima, tal vez muchos de nosotros ya adultos, recordamos la manera en la que crecimos, un dulce en la tienda de la esquina era un capricho frecuente; salir a jugar con los amigos de la cuadra, un deseo constante; un avión, coche o robot, el regalo perfecto de navidad; infinidad de cosas, sencillas y practicas era lo que deseábamos, y claro también para nuestros padres, muy sencillo y practico, por lo cual pienso habrán estado muy agradecidos, esto sin duda, formó gran parte de nuestro crecimiento, lo cual por supuesto ahora es muy diferente, ver niños jugando en las calles a los clásicos juegos de siempre, se me hace muy poco frecuente, sinceramente y aunque suene cruel, solo veo eso, a niños de la calle jugando en la calle, y claro, no digo que no suceda, pero ver a un niño jugando con algo que no sea una computadora es algo bizarramente mucho menos frecuente, y bueno no quiero que piensen que es la típica critica de "ahora ya nada es como antes", eso es un hecho, pero alguna vez nos preguntamos la razón,  ¿porqué la mayoría de jóvenes y niños ya no socializan con su entorno?; es increíble pero junto con el desarrollo de la tecnología y la globalización; permitanme decirlo, pero también han ido "desarrollándose" divorcios, abandonos, y esta por demás decirlo que globalizadamente, la influencia de la sociedad externa sobre nosotros ha sido otro gran peso con el que hemos tenido que cargar y lamentablemente algo que no hemos sabido conllevar, claro que esto no aplica para todos, pero sabiendo la situación actual, así ha sido para la mayoría, tal vez hace 30 años atrás un padre se sentía el mejor del mundo por poderle haber regalado ese cochecito que tanto quería su niño o una muñeca a su niña, tal vez ese niño le regalo un gran abrazo a su padre, y la mamá a la vez se sintió dichosa y orgullosa por la escena de su familia, tal vez hace tantos años atrás una familia entera se emociono al ver el carro nuevo, que ahora si los llevara a todos juntos al famoso lugar donde todas las familias van a divertirse los fines de semana y que queda a unos kilómetros de la casa, tal vez esa pareja de novios están viviendo un momento muy agradable, porque el chico le regalo un hermoso ramo de flores a su novia, muchas podrían haber sido las situaciones, una tan maravillosa como la otra, podríamos decir claro que la situación ahora es diferente pero precisamente lo que nos hace una familia es eso, lo que nos hace humanos es eso, disfrutar esos pequeños momentos, los cuales en un futuro dejan marca en tu vida como un hermoso recuerdo.

La influencia de la sociedad mundial sobre nuestras pequeñas vidas, muchas veces ellas hasta un punto perfectas, cayo con un peso descomunal, ya que cambiamos deseos y objetivos, de manera profusa y desesperada, solo para no quedarnos atrás, es un hecho que no quiero impartir un aliento de conformismo, lo que me gustaría es que entendamos de que cualquier sueño es totalmente alcanzable, pero no ha costo de nuestra felicidad, todo sueño es alcanzable con paciencia y esfuerzo; pero la obsesión y ambición por algo que deseamos con locura, nos puede dejar sin nada al final del camino, más que eso, sin poder compartir el sentimiento de satisfacción de un sueño alcanzado; si bien la tecnología y globalización hicieron que giremos la vista hacia una ventana llena de oportunidades y situaciones mucho mejores a la nuestra, esto no nos debe dejar desalentados, o con el pensamiento único de que en algún momento y ha cualquier costo obtendremos una vida similar y así poder ser felices, un padre que quiera regalar un viaje a Disney a toda su familia, es un buen padre, pero un padre que dejar de atender a su familia por regalar un viaje a Disney, a su familia, no es buen padre, de que sirve de que un chico trabaje horas extra para poder regalarle ese collar que tanto desea su novia, si por ese collar deja de atenderla y regalarle ese poco tiempo que tenia para ella, con el tiempo, gracias a industrias y mercadotecnia, hemos adquirido la equivocada idea de que obteniendo algún objeto vamos a ser felices, cosas que salen de lo necesario y se hacen un capricho, pero al final al obtenerlo no sabemos porque nos seguimos sintiendo vacíos, y es un circulo interminable de compras y vacíos, y así sera, hasta que nos demos cuenta de que tal vez nuestra felicidad, esta esperando jugar con nosotros, esta esperando poder abrazarte por las noches, o están esperando poder cenar, por fin, juntos en familia, después de mucho tiempo; en muchos casos, como familia, como personas, deseamos cosas que podemos ver en sociedades con situaciones diferentes a la nuestra, y equivocadamente hacemos una comparación, lo cual siempre termina en una gran decepción por parte de cualquier miembro de la familia, por lo consiguiente esto implanta ese sentimiento de querer algo más y al obtenerlo vamos a ser felices.
Ese padre que quiere un coche nuevo, que por eso, trabaja horas extra y deja de ver por su familia, con el tiempo lo obtendrá y sera feliz momentáneamente, al paso de un tiempo se sentirá vació, lo cual devendrá en la idea de que tal vez necesite un mejor lugar para vivir, o unos mejores muebles, o un mejor dormitorio, con el tiempo sus hijos van creciendo, su esposa ya no lo ve, y si lo ve, tal vez esta muy cansado para poder compartir juntos un momento, tal vez al día siguiente por lo cansado se despertó muy tarde, y no encontró nada que comer ya que su esposa, se paso ayudando a su hijo, el cual el día anterior hizo mal la tarea al no encontrar ayuda, una pequeña discusión, rencilla entre rencilla, es así como las relaciones se van destruyendo, ya la esposa esta dolida, y necesita de su esposo, pero este piensa que el se mata trabajando y ella, a pesar de eso no lo apoya, por lo tanto busca satisfacción en otro lugar, el hijo ya se olvido de como era jugar con su papá, ahora prefiere redes sociales y videojuegos, exige que su papá le compre una nueva consola, su padre lo ama y le cumplirá su deseo, por lo tanto seguirá matándose en el trabajo, sin tiempo para él, y ya casi sin amar a su esposa; es increíble como algo tan simple tiene repercusiones tan graves, poco a poco, las discusiones y la distancia hacen su trabajo, tal vez piensen que esto parece novela, melodrama por todos lados, pero la realidad es esa; y es así como muchos jóvenes y niños viven pegados al celular, a las computadoras, a los videojuegos, han olvidado lo hermoso que es jugar con papá, lo hermoso que es cenar en familia, o en muchos casos ni lo conocen, el único momento de satisfacción es ese en el que se la pasan conversando con sus amigos sobre las travesuras que hicieron, travesuras de niños, travesuras de adolescente, esos momentos de emoción al tratar de superar el ultimo de nivel de su videojuego favorito, o bien buscando vídeos que lo puedan divertir y así olvidarse y no poner atención que su padre ya no es cariñoso con él, no porque no lo quiera sino porque ya no es costumbre que lo sea, o que su papá y su mamá ya casi ni se hablen, o se la pasen de discusión en discusión, las situaciones pueden ser muchas, la tecnología es buena, nos ayuda a progresar, a alimentarnos intelectualmente, el divertirse con ella es bonito, un gran regalo para toda la humanidad, pero jamas podrá remplazar, el amor, la satisfacción y felicidad que la vida y tus seres queridos te pueden dar, no fijes tu felicidad en algo, centrala en ti, en tus sueños para bien a la humanidad y los que amas, recuerda el objetivo de la vida no es ser rico o tener mas que todos, es sencillamente: HACER EL BIEN PARA LOS DEMÁS. 

"NO ES LO QUE QUIERAS O PUEDAS TENER, ES LO QUE HACES CON LO QUE TIENES"


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6 jul 2015

¿Por qué los hombres somos superfluos?

mitomachos
Aunque lo políticamente correcto es pensar que el sexo femenino ha estado históricamente y sigue estando subordinada a esa entelequia que ha venido en llamarse “patriarcado” lo cierto es que ser hombre es muy poco deseable y lo será más cuando lector termine con la lectura de este post.
Utilizaré sobre todo argumentos de la psicología evolucionista e intentaré huir de los discursos políticos o de género salvo para señalar la sinrazón de los mismos. Lo cierto es que las creencias compartidas por gran parte de la población, los discursos de los mass media e incluso la neurociencia aplicada vienen siendo rehenes de la política como tan acertadamente ha escrito Pablo Malo en este post. Nuestra esperanza está pues en manos de las mujeres.
Sencillamente: algunas cosas no se investigan porque hacerlo seria ir en contra de ese ginecocentrismo rampante que se oculta a veces en el buenismo y otras veces en lo políticamente correcto. Hay cosas que no se pueden decir, ni pensar ni mucho menos investigar si uno no quiere ser exiliado del mundo de la ciencia y de sus incentivos que son siempre políticos.
No cabe ninguna duda de que nuestra especie evolucionó en una extrema competencia intrasexual de los hombres contra hombres y por las mujeres. Aunque posteriormente estas diferencias menguaron a raíz del éxito de la neotenia lo cierto es que aun nos quedan algunos rastros morfológicos de aquella rivalidad ancestral: el dimorfismo corporal. Los hombres somos por lo general más fuertes, veloces, grandes, y altos que las mujeres. Y aun a nivel psicológico perduran ciertos rasgos, somos más audaces, atrevidos, corremos más riesgos, somos más agresivos y nos orientamos mejor en el espacio que las mujeres. Y todas estas diferencias se enroscan en una hormona: la testosterona, una hormona “pensada” para competir y para luchar.
Pero la testosterona es a la vez un martirio para los machos y señala precisamente hacia el lado de nuestra vulnerabilidad. El lector interesado en saber más sobre esta cuestión, puede visitar este post que titula “La testosterona y los secretos”. La testosterona es una hormona que parece pensada para meternos en líos, mientras que el estradiol parece diseñado para evitarlos. Es bien sabido que las mujeres sienten aversión por los líos. La testosterona es la responsable de que los hombres las dejemos viudas, a ellas, claro.
Aquí hay otro articulo sobre las vicisitudes de la testosterona y las tropelías que protagoniza en el cerebro de los hombres..
Ser hombre es pues un problema que comienza a serlo ya en el parvulario, ese lugar hostil para los chicos (donde ya los niños agresivos comienzan a entrenar sus mordiscos) y más tarde en la escuela, mejor dicho en los patios de las escuelas, en ese espacio terrorífico que llaman “el recreo”, verdadero lugar de suplicio para los menos agresivos de nosotros. Alli es donde nos encontramos con los primeros “gallitos” de pelea con los que nos mediremos en nuestra vida y alli sufrimos nuestras primeras humillaciones masculinas, alli aprendemos también a defendernos y a administrar nuestras derrotas con distintas estrategias, algunos fracasan y entonces hablamos de fracaso escolar. La escuela no es un buen lugar para los chicos poco agresivos. Los campos de deporte posteriormente siguen esta misma linea: la masculinidad es rivalidad, autoafirmación e intrepidez.
De manera que el hombre es un individuo que ha de ganarse el derecho a reproducirse, algo que la mujer conseguirá sin hacer nada, pero no crean que les estoy hablando de una época cavernaria. Incluso hoy el éxito reproductivo de las mujeres ronda el 80% mientras que el de los hombres oscila entre el 50-60% a pesar o quizá a consecuencia de los anovulatorios. Dicho de otra manera sus ancestros femeninos son mas numerosos que los masculinos, eso sostiene Roy Baumeister.
Naturalmente no son los hombres más fuertes los que tienen más oportunidades de reproducción. La fuerza ha sido sustituida en nuestro mundo opulento por otras cosas, símbolos que la representan, el poder, la fama, el dinero, las capacidades artisticas o la inteligencia pueden resultar tan atractivos para la mujer como la “fuerza bruta” o la valentía de un macho. Es por eso que existe la selección sexual solapada con la otra;, la reproducción del más fuerte fue con el tiempo sustituyéndose por la del más adaptado.
Pero aun así sigue habiendo una brecha en tanto en cuanto las posibilidades reproductivas: las mujeres se reproducen más que los hombres. O dicho de otra manera, si usted es hombre tiene la mitad de posibilidades de dejar descendencia que su hermana.
La masculinidad tiene algo de paradoja, por una parte es cierto que tener hijos varones multiplica sus posibilidades de tener muchos nietos pues un hombre puede dejar embarazadas a muchas mujeres. Las mujeres solo pueden quedar embarazadas de un hombre por vez, mientras que el macho puede mediante escapadas puntuales ir dejando su semilla por todo el orbe. Es por eso que la hipótesis Trivers-Willard predice que después de una guerra y en otras circunstancias el numero de nacimientos de varones es superior al de las niñas.
Dicho de otra forma, en una sociedad primitiva donde existiera una libertad de oportunidades sexuales, ser varón daría una ventaja reproductiva, pero como todo el mundo sabe esto no es más que un ejercicio teórico, pues las mujeres también eligen e imponen sus propios gustos, solamente en un mundo de depredación sexual seria posible un resultado así.
La paradoja se resuelve espontáneamente por selección natural, la mayor parte de los machos son (somos) superfluos reproductivamente hablando.:
  • Los hombres mueren en las guerras a las que les lleva esos excesos de testosterona. Tomemos los datos de la Primera Guerra Mundial como ejemplo: 6.046 hombres muertos cada día en los 4 años que duró la guerra. Se calcula que la guerra produjo 8 millones de muertos y 6 millones de discapacitados. Datos como estos hacen pensar que a lo largo de la historia se ha visto a los hombres como desechables más que otra cosa.
  • Los hombres se suicidan más que las mujeres. El suicidio siempre ha sido más elevado en los hombres pero está aumentando actualmente de forma alarmante en los hombres.Más de 6.000 personas se suicidaron en el Reino Unido en 2013: el 78% eran hombres. En toda Europa es 4 veces más probable que los hombres mueran por suicidio que las mujeres. La tasa de suicidio de hombres de 45-59 años ha aumentado un 40% en una década. En Japón el suicidio también ha aumentado y ahora mismo el suicidio es la primera causa de muerte en hombres jóvenes de 20-44 años. Probablemente no hayas oído hablar de esto en los telediarios ni en ningún lado. De nuevo, imagínate que la situación fuera al revés -asegura Pablo Malo..
  • Es cierto que las mujeres suelen ser víctimas de homicidios causados por hombres más que al revés, pero hay otra verdad que abarca y completa a la anterior: la mayor parte de las víctimas de homicidios causado por hombres son hombres.
  • Y por último un dato definitivo: las mujeres viven más que los hombres, en España la expectativa de vida media para una mujer es de 3 años más que los hombres. Hay más viudas que viudos,  y aun: para un hombre quedarse viudo predice una muerte precoz, como todo el mundo sabe el matrimonio es protector para el hombre y es neutral para la mujer aunque es vital para la mujer fértil. Todo parece indicar que las vulnerabilidades de hombres y mujeres no suceden al mismo tiempo.
De manera que evolutivamente hablando ser hombre es un proyecto caro biológicamente hablando pero culturalmente hablando aun lo es más: la virilidad no viene de serie y ser un hombre se ha convertido en un bien que carece de incentivos, debe ser por eso que los hombres han abdicado del matrimonio o lo que es lo mismo de una relación a largo plazo con compromisos sobre la prole. El sexo fácil por otra parte complementa esta decisión.
Es verdad que el matrimonio se ha hecho menos atractivo tanto para hombres como para mujeres, pero el porcentaje de hombres que considera el matrimonio una cosa importante en su vida ha bajado más que el de mujeres. El porcentaje de hombres casados no hace sino disminuir mientras que el de mujeres solas con o sin hijos (hogares monoparentales) no hace sino aumentar. Una de las razones que se esgrimen para entender este fenómeno es que el sistema legal privilegia a las mujeres, la relación riesgos/beneficios del matrimonio, para los hombres, ha cambiado y los incentivos para casarse son menores. Casarse, para muchos hombres, es arriesgarse a perder su casa, sus hijos y su independencia económica.
Los hombres somos superfluos porque uno solo de nosotros puede dar cuenta de un harén de hembras, el problema es que para disponer de ese harén hace falta ser “muy hombre” y eso no está al alcance de cualquiera.
Bibliografía.- 
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23 feb 2015

El sentido de la vida

  ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897) de Paul Gauguin  

A la pregunta «qué significado, propósito o dirección tiene mi vida», podemos responder de varias maneras, algunas más metafísicas que otras, todas ellas adecuadas hasta cierto punto según el nivel epistemológico en el que sean planteadas, pero si hay alguna respuesta más universal y consensuada que otra, pienso que es esta: lo que le otorga más sentido a nuestra vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, es cuidar de la familia, y por ende de nosotros mismos. Tal vez sea una tautología limitarse a decir que el objetivo de la vida es proteger la propia Vida -nuestros seres queridos, en primer lugar-, la autoconservación, etcétera, pero algo de útil y cierto parece haber en ese a priori moral, biofílico y vitalista. Uno puede consolarse con muchas cosas al mismo tiempo o a falta de las demás (la justicia, la filosofía, la ciencia, la religión, el trabajo, el éxito social, el sexo, etc.), pero con dificultad hallará diariamente mayor consuelo existencial que el grupo familiar, entendido en su sentido más amplio y no meramente genético. Por muchas teorías razonables que tengamos, ora naturalistas, ora idealistas, o una combinación de ambas, seguiremos sin saber a ciencia cierta por qué vivimos, por qué existimos, por qué la gravedad, por qué la entropía, es decir, por qué el ser y no la nada -puede que ni siquiera sepamos si es posible saber una cosa así-, pero al menos en la práctica sí sabemos y sentimos claramente una cosa: si morimos hoy, o si por cualquier otro motivo no estamos presentes, ¿quién cuidará de nuestros hijos pequeños, quién ayudará a nuestra anciana madre, quién acompañará a nuestros compañeros y compañeras? Puede que alguien, pero no nosotros, y eso nos angustia, como si faltásemos a un deber ancestral, que no por cotidiano o evidente deja de ser trascendental para nosotros, aunque nunca lleguemos a saber muy bien por qué, aunque la respuesta definitiva no exista más que en nuestra imaginación
Encontramos que el ser humano, un animal adaptado a la vida social, donde cada acción de los compañeros de grupo supone un acontecimiento de importancia a valorar y prever, un animal que se ha seleccionado con una enorme habilidad para dar sentido e intención a toda acción, acaba tratando de dar sentido e intención a casi todo lo que le rodea. En muchos casos lo hace con gran éxito, previendo el comportamiento de enemigos y congéneres, por ejemplo, en otros con un resultado biológicamente inútil, como es el caso del que atribuye intencionalidad al sistema operativo de su ordenador, o el que baila para que la lluvia perdone sus malos actos y pueda salvarse la cosecha. De entre todos los errores a los que este sistema puede llegar, sin duda el más interesante es aquel que nos obliga a formular preguntas carentes de respuesta, cuando tratamos de atribuir un sentido, una finalidad o una intención a algo con lo que no podemos interactuar en ningún modo, cuando consciente o inconscientemente tratamos de asignar una intención a un concepto tan abstracto como es la vida, nuestra mente queda en un callejón sin salida, planteamos una pregunta imposible, la respuesta no existe por el simple hecho de ser una pregunta sin sentido, mal formulada.
Antonio José Osuna Mascaró, El error del pavo inglés, .

Lo más importante quizá no sea tanto qué es la Verdad y poseerla sino cómo la buscamos y cómo influye en la práctica eso que creemos que es verdad, es decir, más que la creencia en sí misma, la creencia en la creencia, las formas, los resultados, etc. Más que cuál es el sentido de la vida, que también, lo interesante es cómo encontrar respuestas parciales y cuáles son las consecuencias prácticas de cada una de ellas. O como diría Wagensberg, "a más cómo, menos por qué". ¿Existe la vida después de la muerte? Yo creo que no, al menos no como vida consciente, y para ello podemos dar algunas razones empíricas (ej. no conocemos casos de consciencia sin cerebro, es decir, no podemos estar seguros de que algo -un muerto, un espíritu- que no es ni se comporta como lo haríamos nosotros -caminar, hablar, tocar, etc.- sea realmente como nosotros y ni siquiera si es algo en algún sentido), pero más importante que enfrascarse en preguntas tan alejadas de lo cotidiano y tan propensas a la especulación tal vez sea averiguar qué comportamientos se derivan dependiendo de si respondemos afirmativa o negativamente a esa pregunta, y compararlos no tanto por su verdad última como por su utilidad social e individual.


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23 oct 2014

El mito de la concienciación

  El poeta tumbado (1915) de Marc Chagall  

Como casi siempre, las ideas que transformo en palabras y que después publico en este espacio se me ocurren a altas horas de la noche, justo cuando mi mente está más saturada o cuando amanèsco con una especie de sueño pensante pero también, por esa misma razón, más necesitada de compartir con vosotros mis solitarias horas de lecturas en forma de publicaciones que no por ser desinteresadas dejan de ser al mismo tiempo un tanto narcisistas (el acto de escribir tiene algo de presuntuoso, de endiosamiento transitorio, de malestar; todo escritor/a es un pequeño fanático, un sutil y comedido tirano de las ideas, y el que lo niega lo es aún más). Siempre he envidiado, aunque no hasta el punto de quitarme el sueño, el hábito y la disciplina de quienes se levantan temprano para ponerse a escribir. Por lo pronto, porque consumen menos electricidad. En mi caso, desafortunada y quizá temporalmente, no suelo tener nada interesante que escribir hasta bien entrada la tarde, como si durante el sueño nocturno hiciese borrón y cuenta nueva y me tomase las mañanas libres. Libres de todo razonamiento complicado o «intelectual» para centrarme en tareas más, por así decir, mundanas, y precisamente por eso más necesarias. Creo que el Hugo de por la mañana siempre es un Hugo más optimista y despreocupado, más cándido e iletrado, más corporal y menos mental. Seguro que no soy el único que ha experimentado esta especie de bipolaridad. 

Emil Cioran, predicador de la no predicación, conocido también por pasar largas noches en vela, escribió de buena tinta en el 33 y en el 49 respectivamente que "el sueño hace olvidar el drama de la vida, sus complicaciones, sus obsesiones; cada despertar es un nuevo comienzo y una nueva esperanza. La vida conserva así una agradable discontinuidad, que da la impresión de una regeneración permanente". ¿Cuántos podrían al poco de despertarse plantearse siquiera lo siguiente: "La injusticia gobierna el universo. (...) Cada ser se nutre de la agonía de otro ser; los instantes se precipitan como vampiros sobre la anemia del tiempo; el mundo es un receptáculo de sollozos... En este matadero, cruzarse de brazos o sacar la espada son gestos igualmente vanos"? Pocos, seguramente. Quizá ni el propio Cioran, quien puede que lo escribiera, o cuando menos lo pensara, durante la noche. Al parecer, la falta de luz natural, la artificialidad que reina en la ciudad, la ausencia de las distracciones matutinas, el silencio, el cansancio acumulado de todo el día y una vela para las «noches en vela» crean las condiciones idóneas para que tenga lugar una especie de lucidez de gran valor, aunque no sin riesgos. Estoy pensando por ejemplo en Nietzsche, o en Spengler, o en Mainländer. Atormentados que crearon igualmente una filosofía no menos atormentada. Aunque ya se sabe lo que ocurre con los nuevos mártires, ahora posmodernos: las noches de tormenta bien pueden matar al «iluminado», pero también pueden alumbrar a los demás. Como escribía un joven Cioran en algún lugar de Transilvania, "los paseos solitarios -extraordinariamente fecundos y peligrosos a la vez para la vida interior- deben realizarse sin que nada turbe el aislamiento del ser humano en este mundo, es decir, por la noche, a la hora en que ninguna de las distracciones habituales puede ya interesarnos, cuando nuestra visión del mundo emana de la región más profunda del espíritu". 

En fin, lo que viene a continuación -que es lo que realmente da título al post de hoy y que poco tiene que ver con lo anterior salvo que sucedió de madrugada- es lo que se me ocurrió pensar la otra noche: cambiar el modo de pensamiento está bien, cambiar el modo de comportamiento también, pero si no se trata asimismo de cambiar el modo de asentamiento, la tan deseada y proclamada concienciación sin reestructuración espacial solo puede devenir en una suerte de esquizofrenia moral, de buena conciencia, de espera eterna entre manglares de cemento y vallas publicitarias en solares baldíos. Si lo primero y lo segundo es difícil, lo tercero no lo es menos. ¿El mayor obstáculo? En mi limitada experiencia, la familia, los amigos. El amor, paradójicamente. Tal vez no dependamos de ellos para las dos primeras fases, pero sí para la tercera. Quizá no intelectualmente, pero sí física, económica y emocionalmente. ¿Ecoaldeas, pueblos ocupados, terrenos en el campo, huertos urbanos, cooperativas integrales, micromundos mejores...? Cosa de solteros aventureros o de familias nucleares de nueva creación (o de procreación, como las llaman los antropólogos, es decir, las que se forman cuando nos casamos y nos distanciamos de la familia de origen o de orientación). Las familias extensas y de origen, en cambio, tienden a aferrarse a una inercia difícil de cambiar, de ahí que las alternativas y los experimentos sociales, aun basándose en sólidas razones y anhelos, no sean tan frecuentes como nos gustaría. ¡Ahora bien, no todo es oscuridad en las oquedades del «infierno»! El camino tiene piedras y vamos descalzos, mas hay camino y hay señales, que no es poco.
La degradación irreversible de la vida terrestre debida al desarrollo industrial ha sido denunciada y descrita desde hace más de cincuenta años. Quienes explicaban el proceso, sus efectos acumulativos y los previsibles puntos de no retorno, pensaban que una toma de conciencia le pondría término mediante algún tipo de cambio. Para unos, tenían que ser reformas conducidas activamente por los Estados y sus expertos; para otros se trataba principalmente de una transformación de nuestro modo de vida, cuya naturaleza exacta seguía siendo en general bastante vaga; por último, los había incluso que pensaban, más radicalmente, que era toda la organización social existente la que tenía que ser derribada por una transformación revolucionaria. Fuesen cuales fueren sus desacuerdos en cuanto a los medios que había que emplear, todos compartían la convicción de que un conocimiento de la envergadura del desastre y de sus consecuencias ineluctables conduciría al menos a cierto cuestionamiento del conformismo social, o incluso a la formación de una conciencia crítica radical. En resumidas cuentas, que no sería en vano. Contrariamente al postulado implícito de toda la «crítica de los efectos nocivos» (...) según la cual el deterioro de las condiciones de vida sería un «factor de rebelión», fuerza es constatar que el conocimiento cada vez más preciso de este deterioro se integraba sin fricciones en la sumisión (...).

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15 sept 2013

Los padres como maestros

Nuestros progenitores lo han hecho lo mejor que han sabido, cargados con sus propios problemas y defectos

Echarles la culpa de nuestras carencias es un signo de inmadurez que debemos superar para fortalecernos.



Cuenta una historia que unos padres entregaron unas monedas a su hijo. No se sabe cuántas eran ni tampoco si estaban hechas de oro, de plata o de cobre. Y el joven, indignado, les gritó: “¡Estas no son las monedas que me merezco! ¡Qué injusticia!”. Seguidamente pegó un portazo y salió de casa de sus padres con el corazón inundado de dolor.
Durante años, la lucha, el conflicto y el sufrimiento marcaron la vida de aquel joven. Sin monedas se le hacía muy difícil vivir. Por eso decidió ir a buscarlas a otra parte. Creyó que aparecerían al iniciar una relación de pareja. Poco después se casó, pero ni rastro de las monedas. Más tarde tuvo su primer hijo. “Seguro que las tiene él”, pensó. Un par de años más tarde confirmó que no era así. Movido por su tozudez, tuvo un segundo hijo. Pero las monedas tampoco estaban ahí.
Casado y con dos hijos, no conseguía llenar su vacío. Su vida carecía de sentido. Y seguía sufriendo. Hacia los cuarenta años, el protagonista de esta historia decidió buscar un terapeuta. Tras un profundo proceso de autoconocimiento, finalmente se liberó del dolor y por fin vio con claridad dónde estaban las monedas. Con lágrimas en los ojos, volvió a casa de sus padres, pidió disculpas y les agradeció todo lo que habían hecho por él. Y entre abrazos les pidió que, por favor, le devolvieran las monedas: “Ahora sé que son las que necesito para ser feliz y seguir mi propio camino”. Al salir de casa de sus padres y despedirse cariñosamente de ellos notó cómo la lucha, el conflicto y el sufrimiento comenzaron a despedirse de él. En el momento en que aceptó, tomó y agradeció las monedas de sus padres, se reconcilió consigo mismo y con la vida.
Depender de su aprobación dificulta que seamos libres para seguir nuestro propio camino”
Este cuento, inspirado en el libro ¿Dónde están las monedas?, de Joan Garriga, ilustra el camino que todos podemos elegir para resolver parte de nuestros conflictos internos. No en vano, la sombra de papá y mamá es alargada. Y esconde alguno de nuestros peores temores y se nutre de las heridas que más nos cuesta curar. De ahí que muchos adultos se hayan distanciado emocionalmente de sus padres.
Debido a nuestra falta de madurez, los hijos solemos culpar a nuestros progenitores por el tipo de inseguridades, carencias y frustraciones que arrastramos desde la infancia y que se acentuaron durante la adolescencia. Y en definitiva, les negamos nuestro cariño porque ellos no nos quisieron como nos hubiese gustado. Sería maravilloso que todos los padres amaran a sus hijos como estos necesitan. Pero no es así. ¿Cómo nos van a querer nuestros padres si no saben apreciarse a sí mismos?
Nuestros padres y madres, antes de esa condición, son seres humanos. Y tienen sus propias heridas. Nos quejamos de nuestra mochila emocional cuando en general ellos cargan con una maleta bastante más pesada. Nuestros progenitores lo han hecho lo mejor que han sabido. Esta es una lección de la vida que muchos aprendemos demasiado tarde. Normalmente cuando nos convertimos en padres y comprendemos lo desafiante y agotador que puede ser educar a un hijo. De pronto recordamos que de un día para otro dejaron de ser los protagonistas de sus propias vidas.
Debemos cuestionar cómo hemos interpretado nuestra historia familiar hasta poner en orden de dónde venimos”
Emanciparse emocionalmente de nuestros padres consiste en cortar definitivamente el cordón umbilical que nos mantiene atados a ellos. Depender de su aprobación dificulta que seamos libres para seguir nuestro propio camino en la vida. No en vano, convertirse en una persona adulta implica haber resuelto nuestros traumas de la infancia. El hecho de que sigamos en guerra con nuestros progenitores pone de manifiesto que seguimos sin sentirnos en paz con nosotros mismos. Por eso se dice que la adolescencia se sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina.
Dejar de esperar algo de nuestros padres, incluyendo que nos acepten, que nos apoyen y que nos quieran. Así es como empezamos a aceptarnos, apoyarnos y querernos, fortaleciendo la autoestima y confianza en nosotros mismos. El indicador más fiable de que hemos conquistado la madurez emocional es que estamos agradecidos por todo lo que hemos recibido de nuestros padres. O, mejor dicho, por el aprendizaje derivado de cómo se han relacionado con nosotros. Es cierto que hay hijos que han heredado falta de afecto, malos tratos e incluso deudas. Sin embargo, el viaje de la emancipación implica comprender que en cada problema o adversidad se esconde un aprendizaje oculto, que es precisamente el que necesitamos para conocernos y saber verdaderamente para qué estamos aquí.
Al comprender y perdonar los errores de nuestros padres, nos liberamos de ellos. A partir de entonces, al mirar hacia atrás solo vemos gratitud. Y cada vez que caminamos hacia delante, nuestro corazón se llena de confianza. El primer paso para transitar esta senda consiste en cuestionar la manera en la que hemos interpretado nuestra historia familiar. Y seguir cuestionándola hasta que consigamos poner en orden el lugar de donde venimos, aceptando, valorando y agradeciendo de corazón las monedas que en su día nos entregaron.
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22 abr 2013

Cuando la familia ahoga

La familia está para lo bueno y lo malo, puede ser paraíso o infierno

Cuando se instala en el conflicto y el chantaje emocional llega a ahogar la capacidad de crecer




Somos, en parte, el resultado de un sinfín de cruces parentales que depositaron en nosotros su legado, no solo patrimonial. La mayoría de las personas que sufren algún tipo de dolor anímico encuentran las causas del mismo remontándose a los años de convivencia familiar o, como ahora sabemos, a códigos inscritos en su árbol genealógico.
Culturalmente hemos elevado a la familia al paradigma del bienestar afectivo, la base del sustento de un país e incluso como un sacrosanto mandamiento divino. ¿Quién es el guapo que se atreve a poner en duda su valor? Y ahí aparece la paradoja: ¿cómo desentrañar sus perversiones cuando es el valor absoluto de una sociedad y la base afectiva de una persona? ¿Cómo formalizar la salida de una familia que puede estar maltratándonos, neurotizándonos o ahogándonos, si el vínculo de sangre es para toda la vida? No podemos ponernos en contra de la familia, pero ¿significa eso justificarla en todo?

El amor no es solo
un sentimiento, también
es un arte”
(Honoré de Balzac)
Nada más llegar a este mundo tenemos la tarea de encontrar la proximidad a un adulto con capacidad de cuidar y proteger. De ahí nace el apego. En el caso de no existir una respuesta satisfactoria, tendemos a desarrollar una estrategia secundaria: o bien se hiperactivará el apego (demanda de atención o lo que popularmente llamamos estar pegados a las faldas de la madre) o bien se desactivará (inhibición emocional). Nace así un estilo afectivo, una manera de amar y ser amados. Simplificándolo mucho, tenderemos a ser promotores de amor o, por lo contrario, mendigos afectivos que nos dejaremos querer, o huiremos asustados por miedo a perdernos en el otro.
La seguridad del vínculo tiene otra función mayor: permite explorar el entorno. Lo vemos a diario, cuando esos pequeñines alardean de sus primeros pinitos. El grado de confianza o desconfianza que tengamos ante la vida y los demás y nuestra autoestima tendrá mucho que ver con la fuerza de ese vínculo y sus dos condiciones: que sea estable y perdurable, basado en el afecto y el amor. Eso sí, nadie entiende lo mismo por afecto y por amor.


ILUSTRACIÓN DE ALBERTO VÁZQUEZ
LIBROS
– ‘Ámame para que me pueda ir’, 
de Jaume Soler y 
Mercè Conangla. RBA.
– ‘Apego y sexualidad’, de 
Javier Gómez Zapiain.
 Alianza Editorial.
– ‘Lo que nos pasa por dentro’, 
Eduard Punset. 
Ediciones Destino.
PELÍCULAS
– ‘La tormenta de hielo’, 
de Ang Lee. 
Fox Searchlight Pictures, 1997.
– ‘Gente corriente’, de 
Robert Redford. 
Paramount Pictures, 1980.
Ahora imaginemos a unos padres que, por miedo y exceso de control, mantengan a esa personita metida en una burbuja de protección. En lugar de reforzar su sistema de confianza, están depositando cantidades ingentes de miedos y fobias futuras. Del mismo modo, unos padres descuidados someterán a sus hijos a peligros innecesarios y situaciones estresantes que pueden acabar en traumas. O aquellos otros que, con la mejor de las intenciones, han colmado a sus hijos de todo lo que han querido, cuando lo han querido. Muchos se lamentan después de haber criado pequeños tiranos narcisistas. ¡Qué difícil saber lo que es más adecuado!
Mary Ainsworth, investigadora del apego a partir de la teoría incubada por John Bowlby, dio con la clave: la respuesta sensible. Consiste en la capacidad de los padres o cuidadores para comprender e interpretar adecuadamente las señales de demanda del bebé. Esa sensibilidad no es poca cosa, se convierte en un organizador psíquico en el desarrollo de la criatura, es decir, su arquitectura emocional (creencias y expectativas acerca de sí misma y de los demás). La respuesta sensible obedece a los modelos operativos de los padres, que dependen a su vez de la calidad de su propia historia afectiva. Muchos acaban haciendo a sus hijos lo mismo que les hicieron, anclando así valores morales que ya se expresan en los tres primeros años de vida.
Existe un gran acuerdo en resaltar la importancia de nuestros primeros años de vida: se construyen las paredes maestras de nuestra estructura psíquica. Nos condicionarán, sin duda, pero no nos determinarán. Como le gusta contar a Punset, llegamos al mundo con una colección determinada de interruptores y luego la vida se encarga de activar algunos y dejar en el olvido otros.

Son tus decisiones y
no el azar las que determinan el destino”

(Jean Nidetch)
En una familia puede existir esa respuesta sensible o puede que también esté condicionada por múltiples factores: la existencia de otros hermanos, el lugar que se ocupa entre ellos, o ser hijo único, o el encaje entre el trabajo y la familia, las modas, las relaciones en la escuela, una crisis económica que priorice la supervivencia. No se trata de culpar a nadie, sino de entender la construcción sensible de cada relación.
La arquitectura emocional, desarrollada en la etapa del apego, tendrá otras pruebas: la búsqueda de la propia identidad, el sentido de autoeficacia y el desarrollo de habilidades y talentos innatos. Por ahí nacen múltiples desencuentros, proyecciones de los propios padres y chantajes que ahogan el crecimiento personal. En lugar de apoyar, de ser una red de seguridad afectiva, la familia se convierte entonces en una pesadilla, en la siempre frustrante y airada combinación entre el amor y el odio, entre el rechazo y la sed de pertenencia, entre el abandono y la necesidad afectiva. Quizá por eso, Simone de Beauvoir exclamó que la familia es un nido de perversiones.

“No es la carne y la sangre, sino el
corazón, lo que nos
hace padres e hijos”

(Friedrich Schiller)
Según sean las dinámicas relacionales de sus miembros, la familia podrá crecer o destruirse. Podrá tener paz y equilibrio, guerra, resentimiento, dejadez, alegría, dulzura. Podrá ser paraíso o infierno. Puede existir una vinculación amorosa, o puede que se limite a gestionar intereses. Entre esos extremos andamos todos, proclamando una creencia que ya se ha convertido en universal: la familia es la familia. En su seno ocurre de todo, aunque no por ello deba justificarse todo.
Ahora que mucha gente vuelve a casa, es una buena ocasión para recomponer vínculos rotos, heridos o abandonados si los hay. Si solo sirve para pagar deudas, dar comida y un espacio donde dormir, olvidamos que su función es, sobre todo, crear vínculos afectivos y no ahogarlos. La familia es nuestra primera comunidad de acogida, y nadie obliga a quererla si no ha habido amor. Luego vendrá la familia escogida. Es ahí donde se empieza a forjar la respuesta sensible.


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18 feb 2013

Grandes cosas que no siempre se aprenden en la escuela

Esta niña si que se diferencia del comùn de los niños, su optimismo y energìa harà que sea alguien distinta y en un futuro hablaremos de ella porque hizo y aporto al mundo algo importante.  

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