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20 jul 2015

En busca del origen del lenguaje

  • * Es la mayor tecnología social desarrollada por la humanidad

  • * ¿Sabemos cuándo apareció en nosotros la capacidad del lenguaje?

  • * La ciencia aún sabe poco sobre cómo se teje este vínculo para toda la vida

  • * ¿Cuál es la lengua emocionalmente más feliz? ¿Hay forma de saber esto?




La mayor tecnología social

Pero esa capacidad no existiría sin el lenguaje.
Se trata de la mayor tecnología social desarrollada por la humanidad, capaz de reflejar en la mente el contenido de las historias que los propios hombres y mujeres elaboran y cuentan.
Los seres humanos escuchamos las primeras palabras aún dentro del útero materno, arrancamos a hablar transcurrido más de un año y después, nuestro cerebro pasa toda la vida jugando con mensajes.
En ese proceso, él mismo se transforma. Alrededor del año y medio de vida es cuando un bebé articula su primera palabra, sin embargo, su relación con el lenguaje comienza mucho antes.

Recién nacidos

Hasta hace poco creíamos que los bebés no aprendían apenas el lenguaje durante el primer año de vida. Pero incluso los recién nacidos saben algo sobre el lenguaje, ya que su córtex auditivo se desarrolla tres meses antes de nacer.
Sabemos que el bebé puede escuchar a su madre en la placenta y, aunque la escucha como si estuviera sumergido en una piscina, esto lo vuelve más sensible a la prosodia de su lengua materna.
En su primer año de vida, los niños aprenden muchísimo más sobre el lenguaje de lo que pensábamos.

El vínculo del lenguaje

La ciencia aún sabe poco sobre cómo se teje este vínculo para toda la vida, pero en San Sebastián hay un centro dedicado a averiguarlo: el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL).
Los investigadores del BCBL utilizan las herramientas más simples y las más sofisticadas, como escáneres por resonancia magnética, para comprender con exactitud qué ocurre en el cerebro de un ser humano antes y después de estrenar este proceso que nos hace humanos. Allí intentan desentrañar los mecanismos neurocognitivos involucrados en la adquisición, comprensión y producción del lenguaje.
Pero ¿sabemos cuándo apareció en nosotros esta capacidad? Muchas personas, incluyendo lingüistas conocidos como Noam Chomsky, aún creen que no sabremos nunca cómo apareció el lenguaje, ya que no hay fósiles o ninguna otra evidencia física de su aparición o su existencia en los primeros tiempos.

El origen común de las lenguas

Pero lo que sí pueden hacer los científicos es analizar las distintas lenguas que existen en el mundo para ver si hay un tronco común que nos lleve a alguna parte. Y ese lugar no es otro que la misma cuna de la humanidad: África.
Hace unos años la revista Science publicó un estudio según el cual las aproximadamente 6.000 lenguas que existen hoy en el mundo descienden de un antepasado común en el continente negro. Este resultado es muy importante porque representa que todas las lenguas comparten el mismo origen y valida la idea de un ser humano con 'lengua materna'.
" Todas las lenguas comparte el mismo origen "
Los investigadores analizaron los fonemas de 504 idiomas que se hablan actualmente, –incluidos los indígenas del Pacífico y América– y se encontraron con que los dialectos que contienen la mayoría de los fonemas se hablan en África, mientras que aquellos que tienen la menor cantidad se hablan en América del Sur y las islas tropicales en el Océano Pacífico.

Lenguaje y genética

Según esta teoría el lenguaje y los genes evolucionan de manera similar, por lo que los métodos y la teoría de la biología podría aplicarse a la lingüística y viceversa.
Es decir, una vez que los humanos expandieron su ámbito geográfico desde África al resto del mundo, para colonizar otras regiones, la diversidad fonética se redujo y evolucionó junto con las poblaciones humanas migrantes.

La lengua más feliz

Y una curiosidad, de todas estas lenguas, ¿cuál es la emocionalmente más feliz? ¿Hay forma de saber esto?
Pues sí, investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje, a través del análisis de 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes.
El resultado no podía ser otro: el español, el idioma más ‘feliz’.
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8 jul 2015

Vanidades de la ortografía

UNA BUENA ORTOGRAFÍA PUEDE SER EVIDENCIA DE UN CONSISTENTE HÁBITO LECTOR; PUEDE SERLO TAMBIÉN DE UNA DELICADA Y CONSCIENTE RELACIÓN CON EL LENGUAJE. O, POR EL CONTRARIO, PUEDE SER CICATRIZ DE UN MARTIRIO ESCOLAR, ADEMÁS IRRELEVANTE. EL RESULTADO PUEDE SER PARECIDO, PERO LOS PROCESOS Y LAS PROCEDENCIAS SON DIAMETRALMENTE OPUESTOS

Imagen de Alberto Montt
Enseñar ortografía o, en el fondo, lo que sea, puede ser objeto de una buena discusión.
A veces, sólo a veces, conviene empezar por el principio; por eso comienzo diciendo que a mí la ortografía no me interesa en lo más mínimo. No la considero un saber importante… No la considero un saber, a decir verdad; apenas, una información aplicada, de baja complejidad y ninguna justificación significativa. Aun así, creo que puede funcionar como evidencia de otros procesos pedagógicos y culturales mucho más hondos e importantes, si se la mira bien. Una buena ortografía puede ser –por ejemplo– evidencia de un consistente hábito lector; puede serlo también de una delicada y consciente relación con el lenguaje. O, por el contrario, puede ser cicatriz de un martirio escolar, además irrelevante. El resultado puede ser parecido (lo que solemos entender por una buena ortografía), pero los procesos y las procedencias son diametralmente opuestos. Y el saldo subjetivo, inverso. Conviene tener claras estas diferencias.
Quiero decir, la ortografía que recupero es la que no es objeto de un estudio directo o de una obsesión (que va las dos veces con “s”), sino consecuencia de una sensibilidad que la trasciende y la incluye. La ortografía llega, no la vamos a buscar.
Sin embargo, una y otra vez, el aparato escolar hace lo contrario.
Asisto hace un tiempo a un fenómeno que me indigna: el éxito en Twitter de @ortografía. 2,5 millones de seguidores. ¡Impactante! Desde ahí se dicen cosas como: “Mi hermana está «medio loca», es «medio», no «media». Medio es un adverbio (invariable)”/ “Es «echar», no «hechar». Es «o sea», no «osea». Es «no sé», no «nose». Es «yendo», no «llendo». Es «enredo», no «enriedo»”. Pero de esa dimensión técnico-informativa –vamos a decir así– se pasa rápido a esta otra, más moral –vamos a decir también– que dice cosas como: “Escribir mal, sumar con los dedos, no saberse bien las tablas, y seguir pasando de año. Así se deteriora la educación”/“El dinero hace personas ricas; el conocimiento hace personas sabias, pero la humildad y la ortografía hacen grandes personas”/“Quien ignora la ortografía, también ignora que perderá respeto, credibilidad y admiración”. Más moral y más verduga –diría, si la palabra existiera, y no me sorprende. ¿Que la ortografía hace grandes personas? No. Y luego acaba deslizándose hacia el registro metonímico del autoritarismo elitista con cosas del tipo Entre un «hola, ¿qué haces?» y un «ola k ase» hay un cerebro de diferencia”. Detestable, y con 2,5 millones de seguidores. Alguna que otra vez aciertan con: “El peor error ortográfico que existe es que nunca ponemos punto final a aquello que nos hace daño”, cuando la estadística los asiste.
Enseñar ortografía como si fuera en sí importante es poca cosa; ponderarla y buscar sojuzgar a partir de ella es directamente deleznable. Pero el problema no son ellos, somos nosotros. No sólo nosotros que los seguimos, sino nosotros que le damos importancia a todo aquello como si la tuviera. Nosotros, que le hacemos la corte. Nosotros, que nos creemos que escribir con faltas es escribir mal y sin ellas es hacerlo bien. Nosotros, que abonamos el circo circunspecto de la ortografía perfecta de las palabras esdrújulas. Nosotros, que jugamos el juego perverso del buen escribir como seña del educado y bien formado. Nosotros, que nos fanatizamos con la relevancia de diferenciar inexorablemente los significantes de los hechos de la acción de echarla. ¡Qué más da!
¿Nunca te preguntaste por qué nadie comete el error ortográfico de escribir asiento con “d” en lugar de “t” y sí el de escribirlo con “c”? ¿O por qué es frecuente que nos equivoquemos haciendo regular un verbo irregular e absolutamente infrecuente lo contrario? No cometemos todo tipo de errores; cometemos errores justamente en aquellos puntos donde la convención ortográfica de la lengua se manifiesta como totalmente discrecional. ¿Será el problema quien comente el error o la estructura de la norma? Si no hubiera verbos irregulares, ¿ganaríamos o perderíamos? Si la “h” muda desapareciera, ¿quién perdería? A las personas en general no nos gusta seguir normas que no comprendemos ni justificamos, salvo si somos detentores sádicos de ellas; y a los adolescentes, menos. Es ley de vida.
Y así como el @ortografía humilla desde su lugar oracular, la escuela –para no ser menos– tortura con el ritual de bautismo hacia aquel oráculo. Dictados tras dictados; lápices rojos corriéndose en el papel de los cuadernos “ensangrentados” de los niños; impostaciones que no existen para diferenciar la “v” de la vaca de la “b” del blanco; pruebas de fuego; escarnios periódicos; insoportables misas del buen escribir de los que nada entienden de la escritura.
Yo sé por qué pasa todo eso. Pasa porque somos demasiados los que gozamos con los efímeros lugares de poder y sojuzgamiento. Pasa porque nos gusta reducir al otro a la evidencia de su insuficiencia. Y cuanto más arbitraria la herramienta de sojuzgamiento, más ostentoso el poder que nos confiere. El goce incontrolable del poder discrecional. El del policía y los permisos de circulación vehicular; el de la maestra y las reglas ortográficas. Nacidos para humillar (que va con esa “h” que es muda y no tiene ninguna consecuencia en los significados).
Para mi felicidad, también anda por ahí un listado sagaz, irónico e ingenioso que se resiste a desaparecer aunque pasen los años y prosperen los @orto… algo. Un listado que trata sobre un espacio contiguo a la ortografía, que se pisa y se desplaza de ella, que podríamos llamar gramática o sintaxis o un poco de ambas, y que solemos sintetizar en las normas de estilo. Dice cosas de la índole de: “La voz pasiva no debe ser usada nunca”/“No escribas frases en negativo”/“Evita las comas, que no sean necesarias”/“Si relees tu trabajo, puedes encontrar al releer muchas repeticiones que podrían ser evitadas al releer y editar”/“Y no empieces una frase con una conjunción”/“¡¡¡No abuses de los signos de exclamación!!!”/“Lo peor de todo son los superlativos”/“Coge el toro por las ramas y evita mezclar metáforas”/“Nunca jamás, uses redundancias repetitivas”/“Si no te lo he dicho una vez, te lo he dicho mil veces: resístete a las hipérboles”/”Evita el uso “excesivo de las ‘comillas’”/“No se debe generalizar”/“Sé más o menos específico”/“Sintaxis retorcidas evitar debes”/“¿Quién necesita preguntas retóricas?”, y así va.
No es lo mismo mediante la ortografía reírte de los alumnos que con la ortografía reírte con los alumnos. El matiz invierte el sentido pedagógico y ético de las cosas. Este ejercicio nos muestra que podemos divertirnos con todo esto y jugar con el lenguaje como cuando juegas con tu mascota; así sí vamos camino al buen escribir, porque estamos en el proceso de construcción de una relación entrañable con el lenguaje. Como sin darnos cuenta, nos envuelve la poesía. Por el otro camino, más serio y jerárquico de las reglas y nuestras sujeciones, acabamos como en aquellos típicos casos donde los niños de la casa hasta miedo a su mascota le tienen; tantas veces les hemos dicho “cuidado y más cuidado” que hasta de la natural caricia se han retirado.
Decía que la ortografía no me importaba y es verdad (como tampoco las normas de estilo, a decir verdad); no me importa nada esa ortografía que ella misma se cree tan importante. Prefiero que nos sumerjamos en las entrañas de las sintaxis donde respira, libre e intuitivo, el lenguaje que nos hace lo que somos…

Twitter del autor: @dobertipablo
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Planetafios al respecto.

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18 jun 2015

Voluntad de poder y acción


Los filósofos han adoptado el uso del término "agencia" para referirse a la forma particular que tiene la conducta humana capaz de convertir la pura reacción física en lo que llamamos acción. No existe tal uso en el diccionario de la RAE, para el que "agencia" denota una estructura institucional. Pese a ello se ha generalizado en dos contextos: el estrictamente filosófico y el más amplio de la reflexión política, especialmente en el marco de la teoría feminista, donde suele convivir con otro préstamo lingüístico, el de "empoderamiento", estrechamente relacionado con la agencia.

Agencia es la capacidad que tienen las personas para la acción, la decisión o el juicio. En contextos no filosóficos no parecería que haya nada que examinar aquí pues, ¿qué otra cosa puede haber más familiar que la capacidad de hacer? Es la experiencia más primitiva humana, incluido el pensamiento. En todas las culturas hay términos para valorar las acciones: valientes, desmañadas, caprichosas, racionales, incorrectas,..., y así hasta constituir una categoría fundamental de nuestros adjetivos. Y sin embargo es notorio que el término "agencia" resulte tan ajeno a nuestro vocabulario cotidiano.

El hecho mismo de este silencio, como el del perro de los Baskerville, es lo relevante y difícil de explicar. Nietzsche fue el filósofo que más tiempo dedicó a pensar sobre este silencio y a buscar una explicación en el desarrollo de la cultura contemporánea. Llamó "transvaloración" al hecho de este silenciamiento, que consideraba como el ocultamiento, desprecio o control sobre las fuerzas de la vida, sobre su constitución y expresión. Nietzsche fue también quien nos mostró que ciertos hechos de nuestra civilización solamente pueden ser explicados a través de una "genealogía", es decir, a través de un relato que dé cuenta de las contingencias, derivas, y sendas por las que discurre la historia, alejadas de toda forma de necesidad, producto, sin embargo de intereses sociales que modelan las estructuras que sostienen la fábrica de las culturas. Es cierto sentido Nietzsche es más profundo y radical que Marx por cuanto penetra en la trama misma de la constitución agente de un modo que el concepto de "ideología" marxiano no puede lograr.

Lo que para Nietzsche constituye la esencia de la acción humana, su "agencia" (aunque él no emplea el término) es la voluntad de poder.  Ha sido éste un concepto malentendido al ser confundido con voluntad de dominación, pero se refiere a algo muy distinto, en lo que consiste una forma muy particular de acción humana: la acción en la que el agente expresa, manifiesta y realiza sus planes de vida. Si queremos entender qué es la voluntad de poder hay que entender lo que para Nietzsche eran las graves enfermedades que la aquejaban: el autoengaño, sobre todo, que tan magistralmente desarrolló más tarde Sartre, uno de los filósofos que sigue más fielmente el espíritu del pensamiento nietzscheano. La verdad, para Nietzsche, deja de tener las connotaciones de puro intelectualismo, es decir, las de adecuación del pensamiento al mundo para denotar una forma de existencia, la del que no se deja engañar por sus propias servitudes.

Es por esta razón por la que "agencia" y "empoderamiento" han quedado tan unidas en las construcciones teóricas del feminismo, a donde hay que mirar con cuidado, más que en los grandes textos de los filósofos (en masculino) para encontrar toda la potencia teórica y práctica que contienen estos dos conceptos. Agencia es un término de logro o conquista: la de la libertad para proponerse y llevar a cabo planes de vida. Tiene que ver con la capacidad para descubrir posibilidades, es decir, horizontes distintos a los que muestra el paisaje de dominación en el que discurre habitualmente nuestra existencia. Tiene que ver con la voluntad de convertir las posibilidades en realidades, en transformaciones de la realidad contra todos los obstáculos, interiores o exteriores, que se oponen a las fuerzas de la vida.  Tiene que ver con la voluntad de persistencia, de lucidez y negación al autoengaño, de autogestión de los movimientos propios.

La agencia es la conquista de quienes son capaces de decir "¡sí se puede!", de creerlo y conformar su vida por esta convicción.



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20 may 2015

Emoji: el Lenguaje de Mayor Crecimiento en la Historia

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  foto: emojimasks.com  

Y según un estudio realizado por TalkTalk y el Profesor de Lingüística de la Universidad de Bangor, Vyv Evans, el crecimiento y uso de los emojis ha sido exponencial: 4 de cada 10 personas ha enviado al menos un mensaje compuesto enteramente con emoji. Además, de los 2000 encuestados (en el Reino Unido), el 72% del grupo de edad de 18 – 25 años confesó encontrar más fácil expresar sus sentimientos a través de los emoji, que a través de palabras.
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El estudio dio también a conocer los más populares emoji utilizados hoy en día. La cara sonriente es la más popular 😀, seguida de la cara llorando de risa 😂, el corazón ❤️, y la cara feliz sonrojada 😊, cerrando el Top 5 el pulgar hacia arriba 👍.
Según Evans, “Emoji es la forma de lenguaje de crecimiento más veloz en la historia, basado en su increíble nivel de adopción y velocidad de evolución. Como un lenguaje visual, el emoji ha eclipsado, de lejos, a los jeroglíficos, su precursor egipcio, que tomó siglos en desarrollarse”.

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8 dic 2014

El origen de los idiomas (la estética arbórea del lenguaje)

UNA BELLA INFOGRAFÍA NOS RECUERDA EL ORIGEN COMÚN DE LA MAYORÍA DE NUESTROS IDIOMAS

El lenguaje es el filtro con el cual vemos y transfiguramos el mundo y los idiomas son las configuraciones particulares con las que ejercemos esta percepción, que es una conversación entre la psique y el mundo. Los diferentes idiomas a la vez nos diferencian y a la vez nos unen. Reflexionar sobre el lenguaje y observar nuestros troncos en común es sumamente fructífero.
Como en el caso de la genealogía, los idiomas suelen ser imaginados como un árbol (el llamado árbol genealógico) y esta infografía es un hermoso ejemplo de este símbolo de la vida transformado en información.
La ilustradora y artista de cómics Minna Sundberg ha realizado esta infografía en la que se agrupan las principales lenguas del mundo, provenientes de dos raíces fundamentales, la indoeuropea y la urálica. Se teoriza que el brote germinal de los lenguajes indoeuropeos ocurrió hace 6 mil años aproximadamente en Anatolia y de ahí se fue esparciendo con las migraciones hacia Asia. Es de notar que el infográfico no toma en cuenta los idiomas amerindios. 

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24 nov 2014

Nueva angelología de las palabras

REAVIVAR EL LENGUAJE Y REENCANTARLO CON ÁNGELES, IMÁGENES Y ARQUETIPOS PARA QUE LAS PALABRAS SEAN VEHÍCULOS DE LA ESENCIA DE LAS COSAS Y REFLEJEN EL ALMA DEL MUNDO

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Los dioses viven en el espacio azul de la metáfora.
James Hillman
Cuando el lenguaje ha dejado de significar, de comunicar la esencia de lo que sentimos e incluso de crear, entonces, coinciden numerosas culturas y filósofos, estamos en un ocaso espiritual, en una crisis moral. La rectificación del lenguaje era para Confucio la llave del orden (un orden colectivo e individual):
Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas. Y si no hay obras verdaderas, entonces no florecen el arte ni la moral. Si no florecen el arte y la moral, entonces no existe la justicia. Si no existe la justicia, entonces la nación no sabrá cuál es la ruta: será una nave en llamas y a la deriva. Por esto no se permitan la arbitrariedad con las palabras. Si se trata de gobernar una nación, lo más importante es la precisión del lenguaje.
En el origen está la palabra, esto es algo en lo que coincide la mitología cosmogénica de diferentes culturas. El Verbo judeocristiano (que luego es intercambiable con la Luz y con el Hijo de Dios). El Logos griego que es el alma del mundo. Y en los Vedas tenemos el Om, el sonido primordial, que es el aliento del mundo, la esencia del hombre y el mismo estremecimiento del vacío (el tzimtzum del cabalista y el Big Bang del cosmólogo). En el Brihadaranyaka Upanishad se le atribuye lo siguiente a Yajnavalkya, tal vez el primer filósofo, antes de Tales de Mileto. 
Janaka
¿Cuándo el Sol se mete, Yajnavalkya, y la Luna se mete cuál es la luz del hombre? 
Yajnavalkya
El fuego es nuestra luz, porque por esa luz nos sentamos, trabajamos, salimos y regresamos.
Janaka
¿Cuándo el Sol se mete, Yajnavalkya, la Luna se mete y el fuego se apaga, cuál es la luz del hombre? 
Yajnavalkya
Entonces la palabra es nuestra luz, por ella nos sentamos, trabajamos, salimos y regresamos. Aunque no podemos ver nuestra propia mano en la oscuridad, podemos escuchar lo que se dice y movernos hacia la persona que habla.
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Como cualquier cosa verdaderamente profunda, la palabra es luz tanto metafóricamente como literalmente (al menos en un sentido práctico tiene la facultad de iluminar, de esclarecer la geografía nocturna y de acercar a las personas). 
En el origen está la palabra; esta frase seminal tiene un significado múltiple. Parece sugerirnos que la creación fue accionada por la palabra, que la divinidad habla mundos, soles, planetas, hombres y plantas –que nuestra realidad fundamental es el lenguaje. A su vez, en ese espejo microcósmico de la “imagen y semejanza” del hombre, nos habla de nuestro propio origen, de aquello que nos hace humanos y por así decirlo saltar el abismo biológico de la animalidad hacia la conciencia humana, que acaricia cierta faceta angélica. El lenguaje es la característica fundacional del Homo sapiens, aquello que lo separa de los otros eucariontes y lo propulsa hacia el abismo de la autoconciencia –la capacidad de usar una herramienta simbólica para comunicar(se) a sí mismo y a los demás. Hacerse (saberse) lenguaje encarnado:
Una nueva angelología de las palabras es necesaria para que podamos volver a tener fe en ellas. ¿Sin la inherencia del ángel en la palabra –ángel que significa originalmente “emisario”, “el portador del mensaje”—cómo podemos pronunciar otra cosa que no sea opiniones personales, cosas elucubradas en nuestras mentes subjetivas? ¿Cómo puede algo de valor y alma ser comunicado de una psique a otra, en una conversación, una carta o un libro si los significantes arquetípicos no están presentes en las profundidades de nuestras palabras?
James Hillman, uno de los grandes continuadores del trabajo de Carl Jung con su psicología arquetipal, recupera aquí cierta noción cabalística –las palabras son ángeles, son los vehículos de lo numinoso, la legión de la divinidad que se derrama en el mundo (una identidad original entre la información y el espíritu) (el mundo como el proceso de comunicación de Dios). Pero Hillman no habla de un lenguaje angélico como el enoquiano de John Dee y Edward Kelly, no se trata de descifrar una gematría o un código arcano. Al menos esto no es lo principal. Aquí lo angélico es lo verdaderamente humano, lo empático, la palabra es la herramienta, la tecnología esencialmente humana para comunicarnos, expresar el alma de las cosas y liberar el contenido psíquico anquilosado. La palabra es, o debiera ser, lo que transmite la esencia, lo que revela la profundidad, la saca a la luz y la comparte. Las palabras desnudan las almas y nos permiten habitar en la intimidad iluminada.
williamblake_385¿Cómo reencantar nuestro lenguaje y convocar a los ángeles y a los duendes a nuestras palabras, cómo cifrar nuestra sílabas de antiguas potencias? Lo primero tendría que ser salvaguardar su significado y ponerlo en juego (como el más serio juego)… Ser el significado (mean them y walk the talk: el inglés permite esta rima lúdica que hace un clic entre la forma y el sentido). Que lo  que digamos sea lo que hagamos y para ello necesitamos creer en las palabras, creer que significan y que lo que decimos tiene un poder (las palabras son aire, pero el aire es el espíritu). Esta disciplina –el constante discernimiento de que las palabras ejercen una fuerza electromagnética y gravitacional—, bien practicada tiene la posibilidad de regresarnos a esa dimensión prístina en la que la voz que llamaba al dios era también una fuerza de la naturaleza. “En el principio de los tiempos, tan dócil a la vaga especulación y a las inapelables cosmogonías, no habrá habido cosas poéticas o prosaicas. Todo sería un poco mágico. Thor no era dios del trueno; era el trueno y el dios”, escribe Borges. Las palabras son una puerta chamánica en la memoria de la humanidad. Por eso en losVedas, la palabra toma el lugar del fuego y en los sacrificios se ofrenda al fuego siempre antes de hablar (la palabra y el fuego estarán siempre ligados, como regalos prometeicos que hacen al hombre alcanzar un estadio más alto, cerca de los dioses). El fuego otorga al chamán la visión, es la fuente visionaria, el crisol donde el alma se hace visible y se transforma y, por ello, ofrenda al fuego siempre –la intención de su sinceridad a través de la cual se valida el intercambio, las palabras que “se hablan con el corazón”, que es el fogón del hombre, el sol interior. El fuego es el guardián de la relación entre el hombre y el misterio y esa relación se sostiene con la rectitud de la palabra, azogue del orden inicial. Este es el secreto de la palabra. Escribe Hillman:
La angustiosa dificultad de comunicar el alma en el habla se vuelve devastadoramente real cuando dos personas se sientan en dos sillas, frente a frente y rodilla a rodilla, como en el análisis de Jung. Entonces nos damos cuenta del milagro que es encontrar las plabras correctas, palabras que llevan el alma con precision, en las que el pensamiento, la imagen y el sentimiento se entretejen. Entonces notamos que el alma puede hacerse ahí mismo simplemente hablando.
Hillman después manifiesta su visión de que las palabras son más curativas que los actos, el “decir las historias de nuestras almas” es la suprema medicina paracélsica en la que el enfermo se cura a sí mismo. Una sutil facultad que no puede ser reemplazada ni por el silencio, ni por los gestos físicos, ni por los medios de comunicación electrónicos. Entre más retenemos el habla y el riesgo que implica al desnudar nuestra alma y enfrentarnos con nuestra sombra, más alimentamos la “brecha de credibilidad entre lo que somos y lo que decimos que somos, fragmentando la psique y el logos”. Asimismo, al perder esta credibilidad, perdemos la confianza y desgastamos nuestra voluntad, una fuerza que en algún punto pudo haber sido creación a través de lo que decimos, la poiesis ontológica. Nuestra sociedad, dice Hillman, ha “renegado de la elocuencia como espejo del alma”. Los dioses crean con la palabras; los hombres por lo menos deben aspirar a reflejar la esencia de las cosas y la profundidad de su propio ser con sus palabras.
Twitter del autor: @alepholo

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27 abr 2014

5 maneras en que el lenguaje afecta cómo piensas

ESTAS SON SOLO ALGUNOS EJEMPLOS DE CÓMO EL IDIOMA O LOS IDIOMAS QUE HABLAS ACABAN MOLDEANDO TU PERCEPCIÓN DEL MUNDO Y TU MANERA DE RELACIONARTE CON ÉL.

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Si sabes más de un idioma, no necesitas que un lingüista te diga que el lenguaje moldea la manera en que ves el mundo. Cada idioma es una suerte de carrete que traduce el mundo de cierta manera. Por eso la extinción de un idioma es la extinción de una parte de la realidad. Pero más allá de ello, se cree que si hablas alemán, por ejemplo, podrías ser un poco más pragmático, si hablas francés, un poco más emocional, y así con cada uno. Te sorprenderá saber qué tan distinto es un cerebro dependiendo de en qué idioma hablen tus pensamientos.
1)  La lengua enfocada en el género alienta la discriminación
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En español hay dos distintos artículos determinados para referirse a un objeto, dependiendo si es masculino (el) o femenino (la), también existe el artículo neutro, pero se usa para referirse no a objetos, sino a cualidades de las que se pretende teorizar (“lo bello”, “lo útil”, etc.); en alemán hay tres (masculino der, femenino die, neutro das). Ahora, se ha propuesto que estar forzado a asignar un género a todos los objetos le da más importancia, en la mente del hablante, al sexo de las personas de lo que tendría si fuera neutro. En países donde la lengua dominante emplea un sistema de identificación genérica basado en el sexo, la participación femenina en la fuerza de trabajo se reduce alrededor de 12 por ciento; mientras que en países donde la lengua usa un sistema no sexual, la participación femenina de hecho aumenta un poco, en un 3 por ciento.
2) Pensar en una lengua distinta a la natal te fuerza a tomar mejores decisiones
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Investigadores de la Universidad de Chicago encontraron una buena manera de pensar lúcidamente a la hora de tomar decisiones. La lengua madre puede estar repleta de emocionalidades adheridas a las palabras o las ideas, por lo tanto, si no estás seguro de que tu decisión puede estar intervenida por estos factores, trata de pensar en ello en una lengua extranjera. Lo que los investigadores piensan que pasa cuando hacemos esto es que traducir tu proceso mental a un segundo idioma te fuerza a  depender de la cognición analítica y fría, en lugar de en la cognición caprichosa y emocional.
3) Naces con huellas vocales que podrían dificultar tu entendimiento de otros idiomas
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Quizás los bebés no sean capaces de hablar hasta después de gatear y caminar por un par de años, pero aprenden su idioma mucho antes que eso. Un estudio ha demostrado que los bebés, de hecho, aprenden el idioma de sus madres mientras aún se encuentran en la matriz. ¿Cómo pueden saber eso? Porque cuando nacen lloran con acento.
En el estudio realizado, los investigadores escucharon a 60 niños franceses y 60 alemanes, y ambos grupos revelaron entonaciones claramente distintas a la hora de nacer. Los franceses, como es de esperarse, lloraban con acento gutural, y los alemanes con acento duro y áspero. Eso es porque cada lengua tiene su serie única de entonaciones, llamada prosodia. La prosodia de tu idioma está tan arraigada a ti, incluso desde antes de nacer, que entender otras lenguas puede ser muy difícil. El sarcasmo es buen ejemplo de esto.
Normalmente sabemos cuando un enunciado es entregado de manera sarcástica en nuestro idioma. Y podríamos pensar que es lo mismo en otras lenguas, pero no es así. Las marcas acústicas del sarcasmo, aunque consistentes en todas las lenguas, suenan completamente distinto en cada una.
4) Tus percepciones cambian de acuerdo al idioma que uses para expresarlas
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Recientes estudios han sugerido que el lenguaje puede actuar como una especie de máquina cultural que enmarca tus percepciones en una ideología determinada. En otras palabras: el “cambio de marco”, como lo llaman algunos psicólogos, es la habilidad de ponerte en los zapatos culturales de alguien más sólo con hablar su idioma. Un ejemplo de ello es un experimento que se llevó a cabo con participantes árabes israelíes que hablaban tanto árabe como hebreo (dos culturas que han tenido bastante animosidad entre ellas a lo largo de los años). Cuando el examen se les dio en árabe, los participantes escogieron nombres judíos como intrínsecamente negativos, pero este efecto desapareció cuando el examen estaba en hebreo.
5) Las lenguas sin tiempo futuro son mucho más eficientes en casi todo
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Considera los tiempos pasado, presente y futuro. La diferencia entre “Lucía está regando sus plantas” y “Lucía va a regar sus plantas” tiene implicaciones explícitas acerca de qué tan lejos está Lucía de regar sus plantas. Esa es información necesaria, pensaríamos. Pero puede ser sorprendente que otras lenguas no tienen tiempo verbal futuro y funcionan de maravilla. En Mandarín, por ejemplo, está bien decir algo como “Lucía plantas regar”.
Resulta que los hablantes de estas lenguas atemporales toman mejores decisiones que los demás, acerca de casi todo. Un estudio de Yale Business School analizó data de 76 países y se enfocó en cosas como ahorro de dinero, fumar y hábitos de ejercicio. El increíble resultado fue que en las culturas donde la gente habla un idioma sin tiempo futuro, las decisiones económicas eran generalmente más sanas. De hecho, encontró que los hablantes de inglés y español, que tienen tiempo futuro, tendían a ahorrar 30% menos que los atemporales. Se piensa que los hablantes de tales idiomas ven su vida menos como una línea de tiempo que como un todo. De esta manera están automáticamente más conscientes de cómo sus decisiones afectarán su vida entera.

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8 abr 2014

El Origen del Lenguaje

Orìgenes de la comunicaciòn 

a través de la Tradición y los Símbolos



Todo un universo de sonidos nos rodea. Espacios llenos de extraños símbolos fonéticos que emanan de la vida misma, tan naturales para nosotros, que aun formando parte del misterio del ser humano y de toda la Creación, apenas provocan en el hombre impresión alguna en su alma.
Filósofos, científicos, buscadores de todas las épocas, han intentado desvelarlo, de manera que se pudiera comprender parte de la verdad del hombre: ¿de dónde venimos?, ¿cómo surge la vida?, ¿cuál es nuestro origen?, ¿cómo surgió el lenguaje?
De entre todos los buscadores, encontramos el mundo propio de la Tradición. En él se manifiesta de forma natural toda la historia de la Humanidad y del Universo desde los tiempos prehistóricos, que se desarrolla en dos vertientes unidas e inseparables; el mundo de lo interno (las esencias), y el mundo de lo externo (la creación).
La Tradición, conducida en el tiempo por la sabiduría ancestral de Maestros y discípulos, se concreta por vez primera para la sociedad occidental en el siglo XIX, con Helena Petrovna Blavatsky, con sus inmortales obras Doctrina Secreta, e Isis Sin Velo. Éstas, tomadas como ficción por muchos científicos, ¿nos aportan algo sobre el origen del lenguaje? Y si es así, ¿las teorías existentes las afirman o las contradicen?
Esto es lo que con profundo respeto nos planteamos ver y comparar.
Teorías sobre el origen del lenguaje
Entre el gran número de teorías existentes, se pueden reducir a dos las más aceptadas.
Teoría de la onomatopeya
Según la cual, la lengua primitiva vendría a ser una expresión imitativa mediata o inmediata de las percepciones. Se establece como teoría más generalizada.
Teoría de las expresiones afectivas
Se podría llamar teoría interjeccional, por cuanto la lengua tendría su principio en las diversas exclamaciones que hubiera provocado en el hombre la contemplación del mundo.
La Teoría Onomatopéyica nos habla de un lenguaje surgido de la imitación de los diferentes sonidos de la Naturaleza. Sin embargo esta imitación por sí sola no nos resuelve el misterio de cómo llegaron a entenderse y comunicarse los hombres entre sí.
Blavatsky clarifica este problema con el concepto de la mente, y nos dice en su Doctrina Secreta: «El hombre, antes del desenvolvimiento de la mente, desarrolló al principio una clase de habla que sólo era un progreso sobre los diversos sonidos de la naturaleza».
En la Teoría de las Expresiones Afectivas, se nos dice que el lenguaje no surgió como imitación de los sonidos de la naturaleza, sino de las sensaciones interiores producidas por su contacto con el mundo (asombro, dolor, alegría...) cargado de exclamaciones emocionales.
Esta teoría no contradice a la onomatopéyica o imitativa, pues una y otra se complementan perfectamente. El hombre si imita es porque tiene sensaciones. Pero del mismo modo que la teoría anterior, no explica cómo de esa naturaleza animalesca con que se presenta al hombre pudo crearse una relación de ideas.
Blavatsky nos dice: «Hasta que el hombre no adquirió completamente la facultad razonadora, no existió el lenguaje propiamente dicho, sino una especie de conato del lenguaje».
La lingüística recoge plenamente este problema, pero en todas sus teorías no es capaz de explicar cómo se pasó del lenguaje imitativo de los sonidos al lenguaje con coherencia; cómo se pasó del lenguaje que no expresaba ideas, al lenguaje que sí las expresa, o más claramente: ¿en qué momento se adquirió esa facultad razonadora? Y aquí entramos en el siguiente problema: ¿cuándo adquirió el hombre la mente?
A pesar de este problema no resuelto para la ciencia, pero sí para la Tradición, la lingüística nos presenta un desarrollo de la formación del lenguaje desde su origen hasta nuestros días. Este desarrollo se presenta en tres grandes divisiones o grados del lenguaje, que son: Monosilábico, Aglutinante y de Flexión.
Es sorprendente que la Tradición, antes aún de toda teoría nos enseñe lo mismo. Vemos en Doctrina Secreta: «El habla, pues, se desarrolló según la Enseñanza Oculta, en el orden siguiente: Idioma monosilábico, Idioma Aglutinante e Idioma de Flexión...».
El lenguaje monosilábico, según la lingüística, es aquel que comenzó por el período llamado de «raíces» porque se componía de expresiones integrales e indivisibles, y estas expresiones estaban ya constituidas por elementos articulados o compuestos de vocales. Es curioso saber que el primer sonido considerado y que surge de los niños es la «a» para todas las razas humanas; después le sigue la «e», la «i», la «o» y la «u». Así estas primeras raíces monosilábicas fueron compuestas por una vocal, o como mucho por una vocal y una consonante.
A este respecto nos dice Blavatsky en Doctrina Secreta: «Los primeros hombres tenían el lenguaje del sonido, a saber: sonidos cantados, compuestos de vocales solamente». «Este idioma monosilábico fue el padre vocal, por decirlo así, de las lenguas monosilábicas mezcladas con consonantes duras. Este lenguaje monosilábico, es el de los primeros seres humanos, de raza amarilla. Este lenguaje todavía se usa entre las razas amarillas».
Esta afirmación la encontramos como idea general y aceptada en el lingüista Estanislao Sánchez, que dice: «Los idiomas más antiguos son los monosilábicos transgangéticos, porque se hallan al norte del río Ganges, entre las razas amarillas».
¿Cuál es la característica de este lenguaje monosilábico?
Como su nombre indica, es el conformado por una sola sílaba, o como mucho por la misma sílaba repetida, que surgió como imitación de los sonidos de la Naturaleza a la vez que de sensaciones.
Estos primeros hombres hablantes, aún no tenían la capacidad de dar sentido a estos conceptos puros o primeras raíces, y por ello no se puede hablar de un verdadero lenguaje. No había una fluidez entre la palabra y la idea, sino que cada una de estas raíces monosilábicas se manifestaban como entes independientes entre sí. La comunicación se basaba en el sonido pero no en su interpretación.
Estas primeras sílabas tenían un sentido principalmente emocional; la relación palabra-concepto no se guiaba por una unión ideal, sino pasional.
A este respecto nos dice J.J. Rousseau en su Origen del Lenguaje: «Las primeras voces tienen su origen en las pasiones». El estruendo del trueno, la caída del rayo, el aire huracanado, el sol, el cielo estrellado; provocaban tales impresiones en el alma de estos primeros hombres que surgieron al tiempo que los primeros sonidos o voces monosilábicas.
Sin embargo estas primeras raíces, aún siendo formadas por las emociones, ya encerraban en sí las primeras ideas debido al desarrollo paralelo de la capacidad razonadora. Así el trueno en su parte emocional provocaba miedo por su formidable poder. Esta emoción al imitar el sonido del trueno, Tron, se convierte en un Dios, y en la mitología escandinava se le llamó Thor, hijo del Cielo y de la Tierra. Thor encierra en sí una emoción y una idea, que es la de fortaleza o poder.
De este lenguaje monosilábico surgió el lenguaje de aglutinación, pero la lingüística no sabe cómo se desarrolló el uno del otro. Todos los lingüistas se encuentran perdidos en este punto, y se sabe que el lenguaje sin el pensamiento no es posible. El uno es el origen del otro.
Estasnislao Sánchez dice ante este problema: «Ante la imposibilidad de hallar el origen del lenguaje, ¿no habrán los hombres primitivos heredado una civilización, una Edad de Oro?». Refiriéndose a los daemon u hombres de oro de Platón.
J.J. Rousseau, intentando desvelar el origen del lenguaje, y tratando por todos los medios de negar su origen divino, tuvo que dar marcha atrás en varios puntos de su desarrollo por la imposibilidad de encontrar en el origen de la lengua un proceso estrictamente humano. Tanto es así, que llega a escribir en su ensayo: «En cuanto a mí, espantado por las dificultades que se multiplican y convencido de la imposibilidad, casi demostrada, de que las lenguas hayan podido nacer y establecerse por medios puramente humanos, dejo la discusión de este difícil problema a quien quiera».
Las escuelas idealistas del siglo XIX no tenían ninguna duda sobre que el origen del lenguaje surgió de un ser superior a nosotros, un ser divino. La Tradición nos dice sobre este punto: «Descendió de una de las regiones superiores el Gran Instructor, apiadado de los hombres tomando a los mejores de ellos para que enseñaran al resto de la Humanidad las ciencias y las artes. Estos primeros hombres, llamados Maestros Divinos; fueron quienes enseñaron el poder de los nombres y las palabras».
¿Podemos considerar descabellada esta idea tradicional ante, como dice J.J. Rousseau, «la imposibilidad casi demostrada de que el origen de la lengua tenga un proceso estrictamente humano?». ¿Y no coinciden estos Maestros Divinos, u hombres más evolucionados, con los Daemon de Platón u hombres de la Edad de Oro, que nos cita el lingüista Estanislao Sánchez?
¿Cómo se pasó del lenguaje monosilábico al de aglutinación?
Tras el lenguaje monosilábico, la lingüística, al igual que la Tradición, evoluciona hacia el lenguaje de las aglutinaciones. Su característica básica es el añadido a la raíz principal de otras sílabas o raíces que pasaron a ser sufijos o prefijos y que modifican la raíz central o idea primordial.
Este lenguaje de aglutinación es el que se desarrolló, según la lingüística, en los pueblos llamados turanianos, que son los que existieron en una gran extensión de Asia y Europa con una lengua común, antes de las migraciones semíticas y aryanas. Del Tigris al Indus poseían todo el territorio en que figuraron después los iranios.
Para la Tradición: «El lenguaje monosilábico pasó a poseer diferentes caracteres, que originaron distintas lenguas monosilábicas. Esta evolución de los caracteres surgió al tiempo que la evolución razonadora del ser humano. A su vez estos diferentes idiomas monosilábicos originaron diferentes idiomas aglutinantes».
Al tiempo que estos hombres alcanzaban su totalidad humana, el despertar de la conciencia al mundo de las ideas generaba la propiedad de interpretar y unir las palabras con sus ideas, y éstas entre sí.
Como dice el lingüista Steinthal, en referencia al origen del lenguaje: «El alma y el cuerpo dependiendo de su origen primero, despierta al tiempo que cada nueva intuición un sonido o acento».
Para la Tradición, el lenguaje aglutinante es el primer lenguaje real del ser humano tal cual somos. En este lenguaje aglutinante las raíces eran puras, sin existencia de derivados. Podía existir la idea pura o raíz «Thor», a la cual se le añadían otras raíces que modifican su idea primera sin perder por ello su esencia. Ejemplo de este lenguaje, y siguiendo la idea de la raíz Thor o trueno, que da idea de poder y fuerza, en el castellano desaparece la H al no pronunciarse y se convierte en Tor. Así nos encontramos con: Trac-Tor: vehículo que tracciona con gran fuerza o poder. Tor-Mento: dolor de gran intensidad o fuerza. A-Tor-Ar: objeto que se halla obstruido en medio de algo. (Es significativo ver como a su vez, Tor, en esta palabra, se haya en medio del prefijo y del sufijo, como si estuviera atorado).
En este lenguaje aglutinante, la raíz principal, Tor, fuerza o poder, se convierte en el alma, aquello que se aplica a un cuerpo para darle sentido. Así esta raíz es el alma de la palabra, y las raíces secundarias, (sufijos y prefijos), el cuerpo sobre el cual se aplica.
El lenguaje de flexión
Si es difícil explicar la evolución del idioma monosilábico al aglutinante, mucho mayor es la incógnita de cómo pasó éste al de flexión.
El lenguaje de flexión es un lenguaje altamente complejo. En él, no sólo la raíz es acompañada por sufijos y prefijos, sino que a su vez esta raíz fundamental sufre un cambio en la morfología, pareciendo que las diversas raíces son una sola palabra, resultando difícil luego hallarlas y por tanto descubrir su origen y procedencia.
En estas palabras el núcleo o raíz sigue correspondiendo al monosilábico primitivo, pero envuelto en otros elementos gramaticales. En este lenguaje flexivo ya aparecen los artículos, el género, los adjetivos, los participios, y todos los elementos del mundo gramatical tal cual los conocemos hoy. Dice Blavatsky sobre el paso de la lengua aglutinante a la de flexión: «Para la Tradición el lenguaje aglutinante, al igual que la vida, tuvo una evolución cíclica de infancia, pureza, crecimiento, madurez, decaimiento y finalmente muerte».
Nos muestra por tanto la Tradición que el lenguaje de flexión es una evolución sobre las lenguas monosilábicas y aglutinantes, porque se desarrollan un número mayor de ideas. Los conceptos se acercan más a los arquetipos. Estos hombres del lenguaje flexivo primero, eran capaces de llevar las propiedades de estos conceptos a las diversas ideas, (palabras) para potenciarlas.
Mientras los seres humanos menos evolucionados aún mantenían lenguajes monosilábicos y aglutinantes, aquellos cuya facultad razonadora se encontraba más despierta, desarrollaron un lenguaje no sólo imitativo, sino mucho más puro, en tanto introdujeron ideas metafísicas, conceptos sobre la naturaleza interior y exterior del hombre y del Universo, que abarcaba todos los planos de la Creación. La verdadera fuerza del lenguaje flexivo se encontraba en su esencia, en el contenido y a la vez en su forma de expresión.
Los hombres más desarrollados de esta época usaban un lenguaje sagrado, como plasmación de los conceptos sagrados a través de la palabra. Este lenguaje era mitológico y divino. Estos hombres eran los seguidores de la Tradición que aquellos Maestros Divinos dejaron a la naciente Humanidad. De estas lenguas flexivas primeras y sagradas, nos encontramos al sánscrito antiguo, el avéstico, el eslavo antiguo, las lenguas griegas primeras, el akadio, y otras muchas procedentes de las migraciones indoeuropeas y semitas. Aquí encontramos una coincidencia entre el lingüista E. Sánchez y Blavatsky: «Este lenguaje procede de las lenguas indoeuropeas y semíticas».
Con el correr del tiempo este lenguaje como ser vivo va decayendo, el lenguaje sagrado se va vulgarizando al masificarse entre el resto de los pueblos que no podían alcanzar a entender los conceptos altamente sagrados y espirituales. Así, en oposición al sánscrito, o lengua sagrada, surgió el páncrito o lengua vulgar. De este modo sucedió con las demás lenguas espirituales.
Así observamos que el lenguaje monosilábico corresponde a la formación del cuerpo del lenguaje, aún sin alma y sin espíritu. En el lenguaje aglutinante ya aparecen las primeras manifestaciones de ideas conexas, y de atributos más allá de lo imitativo. Encarna el alma del lenguaje. En el lenguaje flexivo, los conceptos supremos, el lenguaje mistérico, las ideas divinas y mitológicas, son la expresión del espíritu.
Podemos comprobar que la Tradición no sólo se anticipa a las teorías existentes, sino que, mucho más importante, da respuestas a los interrogantes que aún se mantienen. Aporta una realidad tan evidente, y sobre todo tan distinta, que amplía y corrige los errores existentes en la Historia oficial. Proponemos, pues, seguir la Tradición.
Nueva-Acropolis
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