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17 ago 2016

Diferencias entre ciencia y pseudociencia

Es una pena que cada cierto tiempo haya que recordar cosas como esta, pero últimamente parece que no sólo es necesario sino imperativo. Basta darse una vuelta por Internet para darse cuenta de ello. Estos dos párrafos pertenecen a Carl Sagan, de su obra “El mundo y sus demonios”, y sigue siendo necesario tenerlos presentes para que no nos den gato por liebre.

Ciencia
La ciencia […] plantea hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.
Pseudociencia
La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando la hipótesis de los pseudocientíficos no consigue cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla.


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14 abr 2015

La Revolución emprendedora

Todos los 14 de julio Francia celebra su fiesta nacional en conmemoración de la toma de la Bastilla, punto de inicio de la Revolución Francesa. Aquel  acontecimiento puso fin al Antiguo Régimen y sentó las bases de la democracia en la Europa continental. Hoy, otra revolución está teniendo lugar. Sin luchas en las calles ni bandos enfrentados, viejas estructuras están cayendo y nuevas formas de organizarse están ocupando su lugar para crear un mundo nuevo; es una revoluciòn de ideas, talentos, creaciòn, innovaciòn. Es la revolución emprendedora.
La revolución está en tus manos
No se trata de una exageración. El emprendimiento se ha convertido en una tendencia transversal de la sociedad del siglo XXI y en la principal fuerza de cambio en el mundo. Ya no es la política la que transforma la sociedad. Tampoco las grandes corporaciones son motor de cambio. Hoy en día, las innovaciones sociales, económicas y culturales vienen muy a menudo de la mano de los emprendedores. Personas que ponen ideas en acción para convertir recursos y oportunidades en productos y servicios que crean valor económico y social.
Veamos cómo se manifiesta esta revolución:
  • Una revolución empresarial: Para crear una empresa de éxito ya no es imprescindible una inversión millonaria. Hay nuevas y variadas formas de emprender. Desde un garaje se han creado algunas de las innovaciones más relevantes de los últimos años.
  • Una nueva forma de competir: De la competencia a la coopetencia, negociaciones win-win (o triple win)… Donde antes se peleaba por el máximo trozo posible de un mismo pastel, ahora se busca hacer el pastel más grande entre todos.
  • Una nueva concepción del trabajo. El emprendedor no “trabaja”, se entrega a su pasión. “Ya no hay trabajos que duren toda la vida” se lamentan algunos, pero, ¿quién quiere pasarse toda la vida haciendo lo mismo?
  • Una revolución tecnológica. Emprendedores como Bill Gates, Steve Jobs, Larry Page, Sergey Brin, Linus Torvads o Mark Zuckerberg han sido los protagonistas de una revolución tecnológica que a su vez, facilita y acelera la aparición de nuevas iniciativas emprendedoras.
  • Un cambio social: Porque una sociedad emprendedora cambia sus valores colectivos. Se hace más plana y horizontal, más móvil, flexible y se pasa de una estructura en forma de pirámide a una estructura de red. En una sociedad emprendedora no se penaliza el riesgo ni el fracaso y los problemas sociales se resuelven mediante la innovación y el emprendimiento social.
  • Una revolución interior: Tomamos conciencia de ser dueños de nuestro destino, rechazamos el papel de víctimas y cogemos las riendas de nuestra vida. Reforzamos nuestra autoestima, tomamos decisiones y nos lanzamos a cambiar nuestra vida.
  • Una nueva forma de vivir. No sólo la vida del emprendedor cambia. Con sus productos y servicios, los emprendedores cambian la manera en que todos nosotros vivimos, nos relacionamos, nos movemos, trabajamos e incluso cómo nos entretenemos.
La revolución emprendedora ha empezado. Para que dé todos sus frutos, hace falta que los emprendedores tomen conciencia de la fuerza que tienen si colaboran entre ellos. Un nuevo mundo está naciendo. ¿Quieres formar parte de él?
Planetafios propone que elijamos el dìa del emprendimiento, que opinan emprendedores.

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18 abr 2014

Programados para creer



ilusion opticaEn este video Michael Shermer muestra algunos de los sesgos de nuestros cerebros capaces de explicar la recurrente tendencia a la superstición de nuestra especie.

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2 mar 2014

Pregùntale a Google

preguntale a google g
Te has preguntado alguna vez cuál es el sentido de la vida, solo necesitas entrar a internet para conocer la respuesta.
La tecnología se dedica a resolver los problemas que tenemos a diario. Hoy nos ayuda  en casi todo. Puedes aprender a cocinar y a hacer un nudo de corbata con un clic. En tu bolsillo puede estar un mapa al que sólo necesitas decirle la dirección a la que vas para que te indique el rumbo que debes tomar. Incluso, muchas personas han aprovechado una necesidad y la han transformado en una oportunidad, creando aplicaciones para resolver problemas y haciendo dinero de esta manera.
Toda la información la tenemos a la mano, si necesitas saber algo, sencillamente entras a Google para resolver tus dudas, incluso hay más opciones como ver videos que indican paso a paso lo que quieres conocer. Por esto nace la web 2.0 en donde tu puedes preguntar y contestar, hacer comentarios y escoger qué vemos y qué no.
En estos días se ha dividido en dos categorías a los humanos.  Los nativos, que son las personas que manejan la tecnología de forma natural, porque nacieron con todos los avances a la mano. Por otro lado están las personas que tienen que adaptarse a este estilo de vida. Es el caso concreto de nuestros padres, quienes muchas veces no pueden realizar las actividades que para nosotros son cotidianas y para ellos son más difíciles que manejar una nave espacial.  Adaptarse no es una tarea fácil, por eso debemos comprender a nuestro papá cuando necesita ayuda para quemar un cd o quiere crear una cuenta en alguna red social o cuando nuestra mamá necesita entrar a Internet. Debemos tener paciencia y recordar que no es algo natural para ellos.
Nuestros padres a lo mejor nunca se imaginaron poder conocer museos sin salir de casa, hacer compras por medio del internet, ver televisión en 3D, ver por una camara a un hijo o familiar desde  otro paìs o tener un teléfono con el que puedan chatear con sus amigos desde la playa. Esas son cosas que tú seguramente ya haces sin tener consciencia de eso.
Los avances tecnológicos permiten que nuestra vida sea mucho más fácil y que podamos tener un estilo de vida más cómodo. Además, la medicina ha mejorado la expectativa de vida de las personas gracias a todas las investigaciones que se hacen en este ámbito. Se encuentran cada vez más curas para enfermedades y nuevas formas para evitar contraerlas.

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8 ene 2014

El olvido y los tiempos actuales


Estamos viviendo tiempos extraños. Nos encontramos inmersos en una revolución tecnológica sin precedentes (casi dependencia imparable), con una masificación de la información, cuyo monopolio está en manos de fuerzas que domeñan las conciencias de las masas. 

A diario, miles de noticias inundan los encabezados de los periódicos, los noticieros de la radio o los programas tertulianos de la televisión. Pero esas noticias no son objetivas en su mayoría, domeñadas por los intereses del poder. Por ejemplo, la noticia sobre una guerra en el extranjeros con un saldo de miles de muertos, ya no impresiona a nadie, se ha hecho habitual este tipo de noticias creando impresiones erróneas, buscando siempre un .enemigo, un oponente moral o espiritual, sin indagar en las verdaderas raíces del conflicto. O, poniendo otro ejemplo, las continuas crónicas necrológicas de mujeres maltratadas o niños desaparecidos; asesinatos, ya nadie se acuerda de los casos que ocurrieron hace poco más de un lustro.   

Este bombardeo masivo es un instrumento de manipulación inhumano (los gobiernos de turno aprovechan de esto para distracciòn de sus pueblos) . Existe tanta flujo informativo entrando en nuestras cabezas que, al fin y al cabo, tendemos a desecharlo rápidamente; y lo que supimos ayer, ya no nos acordamos mañana. 

Esto está ocurriendo. Muy pocos miran atrás. Casi nadie se interesa por intentar comprender un conflicto contemporáneo desde sus raíces. Nadie sabe hacer una crítica bien fundamentada de algún hecho en particular... Únicamente vemos, oímos y... olvidamos.  

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5 jun 2013

La era de la distracción

Atención: vivimos en la era de la distracción
Diagnósticos, consejos y posibles curas para vivir tranquilamente entre ríos incesantes de datos (la toxicología del bit). Pon atención y disfruta la multidimensionalidad del mundo que sucede a la velocidad de la luz/a la velocidad de la información.


En un mundo donde nuestra interacción social suele estar mediatizada y nuestras herramientas de trabajo son en sí mismas medios de comunicación que no dejan de emitir mensajes –interminables parpadeos electrónicos en el flujo del tiempo–, la atención se ha convertido en un recurso limitado sumamente codiciado. Según Jason Silva, “la atención es el nuevo petróleo” y “está siendo devorada cada vez más rápido”; en el mercado mediático los gurús del marketing y la comunicación ponen sus mejores esfuerzos al servicio de “capturar y manejar [la atención de las] personas”. 
Aunque seamos conscientes de que nuestros medios y nuestros gadgets fomentan el consumo de información breve y segmentada, como en snacks predigeridos, extractos eminentemente visuales o llamativos –poco reflexionamos sobre lo que le sucede a nuestra capacidad de concentrarnos y a la duración de nuestros periodos de atención. Aunque  meditar, desconectarnos a ratos de Internet, salir a caminar al bosque o leer literatura clásica nos pueden situar en otro flujo de tiempo, más amplio, cuyos futos reposados pueden extenderse a todas las áreas de nuestra vida–es indispensable deternernos a observar nuestros hábitos de navegación y la relación que tenemos con nuestros gadgets para implementar estrategias de aprovechamiento (en la voraz competencia por la atención que en ocasiones torna a nuestro cerebro en contra de nosotros mismos).
¿Cuando navegas por internet cuánto tiempo pasas en la misma página? ¿Si te quedas en un mismo sitio por mucho tiempo sientes la urgencia del zapping? ¿Si te encuentras con un artículo cuya extensión va más allá de un par de párrafos y parece tener cierta densidad informativa, te posee una especie de incomodida intelectual y rápidamente te refugias en Facebook? ¿Cuando no tienes “nada” que hacer tomas automáticamente, en un vacío de Pavlov, tu smartphone y te pones a ver fotos en Instagram? ¿Cada cuánto refrescas tu proveedor de mail para ver si ya llegó otro correo? ¿En ocasiones crees escuchar el ringtone de tu télefono sonando, pero cuando lo desbloqueas te das cuenta que fue tu imaginación? ¿Te suele pasar que excedes el tiempo para contestar un captcha (porque se te olvido mientras navegabas por otros sitios) y tienes que esperar 45 minutos más para bajar el disco que querías en páginas como Rapid Gator o Uploaded? ¿Sientes una necesidad física de tener cerca tu celular como si fuera un miembro fantasma? ¿Cuándo fue la última vez que surfeaste la Red sin estar checando updates en alguna red social, divagando como buen ciberfláneur sin sentir el apremio del reloj, en la deriva pura de la data?
Esta es la sintomatología de una atención dividida en la era de la hiperestimulación informativa. No se trata de oponer un puritanismo ludita, sino de reflexionar sobre hasta qué punto nuestros gadgets nos hacen menos eficientes (como sugiere Douglas Rushkoff). Y es que por más que Facebook o Twitter (por citar las redes sociales más populares) sean formidables herramientas para conectarnos con nuestros amigos o encontrar información interesante, su misma naturaleza, aquello que los hace tan atractivos –sus filtros, sus trozos de información relevante constantemente actualizándose que nos hace saltar de un lugar a otro, la misma friendliness de su diseño , etc.– las hace poco favorables para cultivar nuestra atención y concentrarnos en tareas puntuales de manera más prolija. Es parte de una especie de ennui digital que solemos procrastinar y merodear conectados por horas cuando podríamos haber resuelto alguna tarea específica en 45 minutos de concentración ininterrumpida.  Y después podríamos encontrar el resolano, sin estrés de tener que completar algo, un mundo abierto.
Una investigación de la Universidad Carnegie Mellon mostró que cuando los estudiantes eran interrumpidos con mensajes de texto mientras tomaban un examen sus resultados eran 20% más bajos que cuando sus teléfonos estaban apagados. Según otro estudio, en promedio un grupo de estudiantes lleva su atención a navegar la Web o checar su mail cada dos minutos cuando se encuentra haciendo la tarea en casa con sus propios aparatos. Trabajadores adultos logran enfocarse en una misma tarea sólo 11 minutos.
Ante este estado general de la atención, la profesora de Historia del Arte y Arquitectura de la Universida de Harvard, Jennifer Roberts, ha implementado en su curso la tarea de detenerse a observar una pintura o una escultura por tres horas seguidas. Sobre esta asignatura, que ha recibido cierto eco mediático, escribe Daniel Willingham de la Universidad de Virginia: “Lo que me gusta tanto de esta tarea es que contradice la creencia de que te aburrirás fácilmente si pones tu atención en una sola cosa por mucho tiempo… Cuando cambiamos rápidamente nuestra atención, nos perdemos de cosas que nos pueden dar un entendimiento más profundo del mundo “. Los mismos estudiantes suelen decirle a Roberts que después de esas tres horas han generado algunas de sus mejores ideas e insights sobre el arte y también sobre sus propias vidas.
Según la Dr. Cathy Kerr de la Universidad de Brown el hecho de que nuestra atención se reparta en tantas actividades está causando pequeños cambios en nuestro cerebro –pero practicar la atención sostenida diariamente también resulta en cambios sutiles en nuestro cerebro en otro sentido. Tal es la neuroplasticidad que donde pone la mirada transforma su capacidad de ver. O en palabras de Steven Johnson: “Nuestros pensamientos transforman nuestros espacios y nuestros espacios nos regresan el favor”.
Según explica Tony Schwartz, autor de The Energy Project, al igual que durante el sueño, nuestros cuerpo en la vigilia están regidos por un ciclo de 90 minutos –nos movemos de un estado de alerta a uno de fatiga fisiológica en estos intervalos. Es por esto que es importante encontrar una forma de renovación de energía y atención, por lo que se recomienda trabajar concentradamente en una tarea durante una hora y media y luego descansar, meditar o entretenerse con otra cosa por un intervalo de entre 15 y 30 minutos para luego dedicarse a otra tarea. Consejos para una administración del tiempo en la era en la que el ser humano vive en el tiempo de las máquinas (un tiempo en el que todo puede pasar al mismo tiempo). Según Douglas Rushkoff: “En vez de encontrar estabilidad en el aquí y en el ahora, acabamos reaccionando al asalto siempre presente de impulsos y comandos simultáneos” y “sí, podríamos estar en medio de una crisis existencial pero estamos demasido ocupados para notarlo”. El resultado del asalto multiventana de la información es que el presente nos resulta un shock.
Achtung, achtung, era el mantra que escuchaba un joven universitario que buscaba ser iniciado en los misterios y dar a luz una nueva conciencia.  No esta de más pedir atención, en la era de la sobreinformación y de la distracción, tenerla es una especie de oro de la mente.

Twitter del autor: @alepholo
Con información de Boston  
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31 may 2013

La grandeza de lo pequeño



El ser humano siente una curiosidad innata que le impulsa a preguntarse cómo es el mundo que no puede conocer por los sentidos, o qué hay más allá de lo que alcanzan a ver sus ojos, tanto hacia lo más grande como hacia lo más pequeño. Sabemos que las distancias y tamaños en el universo son tan grandes que superan nuestra capacidad de comprenderlos, y así, una noche estrellada nos empequeñece. Curiosamente, en el extremo opuesto, pensar en lo más pequeño no nos hace sentirnos grandes.
Durante una gran parte de la historia de la humanidad el mundo de los objetos diminutos pareció no existir porque no se tenía la posibilidad de observarlo. A medida que la tecnología lo fue permitiendo, se descubrió que el continente de las cosas pequeñas estaba poblado por microbios, células, bacterias, virus, moléculas, e incluso átomos. Sin embargo, el viaje hacia el interior de la materia es conceptualmente mucho más complejo que la exploración del cosmos. Las nociones y las herramientas que se utilizan para el estudio del mundo invisible son, sin duda, una barrera para que la sociedad se acerque a conocer el mundo atómico y sus posibilidades.
Y así, mientras durante mucho tiempo hemos disfrutado de las fotografías de galaxias, planetas o mundos lejanos, nos hemos perdido las imágenes de los seres, vivos o no, que habitan el mundo de lo más pequeño, aunque se encuentren mucho más cerca de nosotros y tengan un efecto más importante en nuestras vidas cotidianas.
Hoy día la ciencia ha desarrollado una serie de herramientas que nos acercan a estos dos mundos tan distantes. El hombre ha fabricado grandes telescopios para situarlos fuera de la atmósfera terrestre, como el Hubble, y poder observar el universo más lejano. También ha construido nuevos ingenios que nos permiten cumplir el sueño de cientos de investigadores y pensadores del siglo pasado: ver el mundo de los átomos y acercarnos así a la grandeza de lo pequeño.

La inmensidad de lo pequeño
La nanociencia trata de comprender y manipular ese mundo “infinito” de dimensiones reducidas y la nanotecnología de construir nuevos dispositivos basados en ese conocimiento. Podría decirse que es la ciencia que se realiza con objetos de tamaño mil veces menor que la micra. A día de hoy, no existe una definición cerrada de nanotecnología, ya que esta disciplina no nació con una serie de reglas concretas, sino como una serie de aportaciones al conocimiento que se han ido incrementando desde muy diversas especialidades científicas y tecnológicas.
Mucha gente piensa que la nanociencia es la ciencia de lo infinitamente pequeño. Esto no es estrictamente cierto, ya que esta definición responde mejor al campo relacionado con la física de altas energías, que trabaja con protones, neutrones o sus constituyentes, los quarks. Otras personas piensan que la nanotecnología trata de construir pequeñísimos e indetectables robots que convivan con nosotros vigilándonos, curándonos o conectándonos. Esta idea tampoco es completamente cierta, ya que la construcción de estos engendros mecánicos está más cerca de la ciencia ficción que de una realidad plausible.
Podemos decir que la nanociencia y la nanotecnología tratan del estudio (ciencia) y la fabricación (tecnología) de materiales, estructuras y dispositivos a través del control y ensamblado de la materia a la escala del nanómetro (de 0.1 a 100 nanómetros, del átomo hasta por debajo de la célula), así de como la aplicación de las nuevas propiedades (físicas, químicas, biológicas, mecánicas, eléctricas…) que surgen como consecuencia de esa escala tan reducida.
Visualizar el significado de la palabra 'nano' es muy difícil. Una mil-millonésima parte de algo se refiere a un concepto extremadamente pequeño, y por tanto su valor absoluto carece de significado intuitivo para nosotros. Los valores pequeños quedan tan alejados de nuestra experiencia cotidiana como los grandes, pues de hecho tampoco comprendemos bien que una estrella pueda distar de nosotros 20 años-luz o que el presupuesto de algunas naciones y paìses  dedicado a la ciencia se haya reducido durante los últimos años en millones de € y $ .
Son cantidades tan ajenas a nuestro mundo diario que no nos hacemos una idea precisa de lo que significan. Para hacernos una idea sobre cómo de grande es una molécula o cómo de pequeño es un nanómetro, podemos recurrir a algunos ejemplos visuales. En este mismo instante, y sin que nos demos cuenta, nuestros pelos están creciendo del orden de 5 nm cada segundo.
Si suponemos que la distancia entre átomos es de 0.2 nm y que el diámetro de un pelo es 0.1 mm (100.000 nm), y hacemos una pequeña cuenta, llegaremos a la conclusión de que para que el cabello crezca 5 nm por segundo, aproximadamente se agregan, cada segundo, unos mil millones de átomos a cada uno de nuestros pelos. Y todo este movimiento acontece ahora, sin nuestro conocimiento ni consentimiento. Definitivamente, el mundo de lo pequeño es inmenso.

Un 'lego' gigante

La nanotecnología trata de comprender y asimilar estas ideas para copiarla y fabricar con esta metodología en un futuro cercano dispositivos o nuevos materiales de manera similar a como lo hace la naturaleza,ensamblando, una a una, las piezas más pequeñas (moléculas) de un lego gigante.
Por otra parte, desde finales del siglo pasado, todas las disciplinas científicas están avanzando enormemente y muy deprisa. Los grandes logros científicos y tecnológicos, con su elevada capacidad para manipular lo más pequeño, hacen que la sociedad espere que sus creaciones revolucionen aún más nuestra forma de vida, y que sus dispositivos se instalen de manera definitiva en todos los ámbitos, desde la medicina hasta el ocio.
Así, la nanotecnología se nos muestra como una potentísima herramienta capaz de volver a transformar la sociedad como ya lo hizo la microelectrónica en la primera mitad del siglo XX. La potencialidad de estos nuevos desarrollos en todas las áreas del conocimiento parece verdaderamente ilimitada, tanto que a todos nos cuesta discernir si muchas de las ideas científicas se convertirán en realidad o serán mera ciencia ficción. Nos faltan criterios, carecemos de la cultura necesaria para comprender los fundamentos esenciales de la ciencia.
Resulta paradójico que hoy día, que no podemos imaginar la vida sin los ordenadores o la luz eléctrica, una parte de la sociedad haya vuelto la espalda al conocimiento científico. La ciencia y la tecnología no son consideradas parte de un saber imprescindible, de manera tal, que esta ignorancia se convierte en un terreno abonado para los que se lucran con el auge de las pseudociencias de toda índole. Solo la cultura científica puede librarnos de ellas y, a la vez, hacernos soñar con un futuro que ya está aquí.

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Evolución y Mutación en el Lenguaje

Es probable que en nuestra época el lenguaje, esa potencia viva, esa prostituta que se convierte en virgen cada vez que la utilizamos, se haya liberado por fin de las correcciones y los convencionalismos, y obedezca ahora solo al contexto y las circunstancia en que se hace presente.


”Abrir la válvula que limita la conciencia coacciona la expresión, casi como si la palabra fuera una concreción de significado, una sensación a priori sin articular. El lenguaje es una actividad extática de la significación. A través del acto de hablar claramente, entramos en un coqueteo con el dominio de la imaginación. la fluidez, la facilidad, la idoneidad de la expresión de la que somos capaces es tal que uno es sorprendido por las palabras emitidas … Para el inspirado, es como si la existencia en sí se pronunciara a través de él “.
-Terrence Mckenna 

Steven Pinker, profesor de psicología de Harvard, explica que el lenguaje surge a partir de la interacción entre las mentes humanas, no es de extrañarse que en la nueva era de la información encontremos una evolución acelerada del lenguaje debido a la interconexión entre personas de diferentes edades, nacionalidades y culturas en Internet, de hecho el lenguaje y la cultura están en ósmosis constante, se alimentan y se reconfiguran mutuamente. 
Lo vemos en la constante aparición de palabras coloquiales y jergas, en el cambio histórico de las lenguas, en la variedad de dialectos y en la formación de nuevos términos e inclusive nuevas lenguas. Entonces, podemos observar que el lenguaje no es tanto un creador o moldeador de la naturaleza humana sino más bien una ventana a la experiencia humana, a nuestros mecanismos cognitivos con los que conceptualizamos el mundo-nuestra realidad y al tipo de relaciones que gobiernan nuestras interacciones. 
Resulta cada vez más difícil para los órganos institucionales que regulan el lenguaje poder adaptarse a la velocidad con la que éste se transforma. La forma en que nos expresamos requiere cada vez mayor flexibilidad debido a la inmediatez de comunicación que exigen las herramientas digitales a las que estamos circunscritos.
Existen muchas cuestiones y controversias acerca de la aparente distorsión del lenguaje que giran en torno a la pregunta: ¿Es el lenguaje quien gobierna nuestros pensamientos? ¿Cómo podemos decir lo que pensamos antes de escuchar internamente lo que queremos decir? Stephen Fry, comediante y escritor británico, aborda estos temas en su artículo “Don’t mind your languaje” (Que no te importe el lenguaje) Y es que al observar la evolución de cómo nos expresamos verbalmente hoy en día surgen cuestionamientos ortográficos y gramáticos que pueden ser vistos como imposiciones pedantes que estrangulan el flujo natural de nuestra comunicación. 
Karl Kraus dijo “El lenguaje es la prostituta universal que debo convertir en vírgen”  lo que nos lleva a preguntarnos si existe una alta forma de lenguaje, una expresión pura y correcta de cómo debemos enunciar o si debemos continuar “prostituyendo” el lenguaje de la manera en que lo hacemos cotidianamente como bien dijo TS Eliot “el purificar del dialecto de la tribu”. 
Stephen Fry argumenta que en esta nueva era el uso libre y sofisticado de las palabras parece ser considerado elitista o pretencioso. La gente parece ser capaz de encontrar el placer sensual y sensitivo en casi cualquier cosa menos en las palabras de etiqueta. Las palabras opulentes, parecen pertenecer a otras personas, cualquier persona que se expresa con originalidad, encanto y frescura verbal es más probable que sea escarnecido, desconfiado o que genere una mala impresión. Ahora nos hemos acostumbrado a escuchar como algunos sustantivos se convierten en verbos, siguiendo el ejemplo de Shakespeare que convertía una palabra-acción en un sustantivo-palabra cada vez que podía. En términos de claridad de expresión no se necesitan seguir las reglas gramaticales en el lenguaje contemporáneo. 
Un claro ejemplo de la evolución de nuestras expresiones linguísticas lo vemos en el famoso “texting” en mensajes SMS (mensajes de texto), chats, whatsapps, etc. El lingüista americano John McWhorter ha analizado de qué manera la complejidad emergente de “textear” nos ha llevado a cambiar la forma en que escribimos y hablamos, si es que así lo podemos llamar. Una de las ventajas de la escritura es que, al ser un proceso consciente, podemos mirar hacia atrás, se pueden hacer cosas con el lenguaje que son mucho menos probables que cuando hablamos. 
El discurso casual es algo muy diferente. Los lingüistas han demostrado que cuando estamos hablando casualmente de manera natural, tendemos a hablar en paquetes/palabra de entre 7 y 10 palabras. El habla es mucho más holgado y telegráfico. Es mucho menos reflexivo a diferencia de la escritura. 
Si podemos hablar como escribimos, entonces lógicamente se deduce que es posible también poder escribir como hablamos. El problema de ésta lógica se encontraba en las herramientas, en el sentido mecánico, era más difícil mantener el ritmo de la transcripción de la palabra en el pasado por la sencilla razón de que las herramientas no se prestaban para ello. En el momento en el que tuvimos en nuestra mano un dispositivo que puede recibir y mandar mensajes casi a la misma velocidad con la que se emite el habla, entonces surgen las condiciones que permiten que podamos escribir como hablamos. Y es ahí donde entra en juego el  “texting”. Los mensajes de texto son muy relajados en su estructura. Nadie piensa en el uso correcto de mayúsculas o de signos de puntuación cuando textea, pero de ahí surge la pregunta, ¿Acaso consideramos esos signos de puntuación cuando hablamos? No, por lo tanto no lo hacemos cuando texteamos. 
Lo que es el texting, a pesar del hecho que implica la mecánica burda de algo que podríamos llamar escritura, es el habla de los dedos. Ahora podemos escribir de la misma forma en que hablamos, aunque esto represente alguna forma de decadencia. Vemos esta flacidez general de la estructura en la falta de preocupación por las normas a las que estamos acostumbrados a aprender en el pizarrón del salón de clases, y es una sensación muy natural pensar que algo anda mal. 
Pero el quid de la cuestión es que lo que está sucediendo es una clase de complejidad emergente, y para entenderlo, lo que queremos ver es la forma en la que este nuevo tipo de lenguaje desarrolla una nueva estructura, a pesar de sus nomenclaturas, abreviaciones, repetición de letras o signos de puntuación para hiperbolizar los puntos de inflexión. 
Lo que podemos observar es que estamos desarrollando una nueva forma de escribir y hablar, ya sea porque estamos inmersos en una cultura que necesita expresarse con vehemencia e inmediatez, o por la memética de Internet que replicamos cotidianamente o porque seguimos las tendencias en lingüística que determinan las chicas adolescentes de la generación millenial (http://www.huffingtonpost.com/2012/03/08/teen-slang-young-women-dr_n_1331724.html) con todo y los anglicismos que tales expresiones conllevan, pero de una u otra forma, usamos el texting paralelamente con nuestras habilidades de escritura y habla ordinarias, y eso significa que tenemos la capacidad de hacer las dos cosas. Un aumento de la evidencia es que el ser bilingüe es cognitivamente beneficioso. Eso también es cierto de ser bidialéctico en cuanto a la escritura. Y así, los mensajes de texto en realidad son una prueba de un acto de equilibrio que estamos utilizando hoy en día, no de manera consciente, por supuesto, pero como una ampliación de nuestro repertorio lingüístico. 
La forma en que ha evolucionado nuestra expresión verbal no solo se puede observar en nuestras herramientas de comunicación/amplificación, también es intrigante la forma en que vestimos nuestro lenguaje dependiendo el contexto, de la misma forma en que nos ponemos un traje para una reunión importante o un esmoquin para una celebración, también adoptamos diferentes formas de expresarnos al enfrentar diferentes circunstancias, podemos usar lingüísticamente lo que queramos cuando estamos en nuestra casa o platicando con nuestros amigos, pero la mayoría de la gente acepta la necesidad de ponerse su esmoquin verbal en ocasiones que lo ameriten, ya sea en interacciones personales o vía emails de trabajo, invitaciones, artículos, ensayos, discursos, notas para Planetafios, etc.  Pero eso es una cuestión de aptitud, no tiene nada que ver con lo correcto. Podemos afirmar que en nuestro tiempo ya no existe un lenguaje correcto o un lenguaje incorrecto de la misma forma en que no hay ropa correcta o incorrecta. El contexto, la convención, las circunstancias y el medio son el todo. 

Con info de:


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20 may 2013

La vida diaria 'online'

  • El 17 de mayo de todos los años se celebra El Día mundial de Internet. 
  • Internet ha modificado todas las actividades del ser humano.
  • Así es la vida hoy día con Internet y así lo sería sin estar conectados a la Red.


Muy lejos han quedado los días de las largas conversaciones a través de canales IRC, de los módem a 56 Kbps, del "no te metas a Internet que estoy esperando una llamada". La Red ha crecido y ha evolucionado con el paso de los años cambiando la vida en la Tierra de forma radical. Para recordar la importancia de tal invento, cada año, el 17 de mayo, se celebra el Día Mundial de Internet, que en su IX edición busca analizar las implicaciones de Internet como motor de cambio social, económico y cultural.

Una vida digital

Es viernes. Son las 6.30 horas y suena la alarma del móvil. pepe se levanta de inmediato, sabe que es la hora exacta ya que está configurada automáticamente gracias a Internet y el reloj se ha adelantado hasta las 3 cuando han dado las 2. Una ducha rápida y es la hora de preparar un rápido desayuno. Hay poca cosa en la nevera, más tarde habrá que sacar unos minutos para hacer la compra online (en Mercadona, en Carrefour, en Eroski, en Alcampo o quizá en Tudespensa.com). Echa un vistazo a la actualidad en PLANETAFIOS a travès del Ipad mientras toma el café y sale disparado hacia el trabajo.
Como cada mañana, toca ir en metro. Son 40 minutos de trayecto, tiempo más que suficiente para consultar, a través del Samsung Galaxy S IV, las últimas publicaciones de sus amigos en Facebook y leer en el Kindle un capítulo más del último ebook que se descargó a través de Amazon. Mientras, pepe escucha a uno de sus grupos favoritos a través de la app móvil de Spotify.
Pepe consulta el estado de su cuenta bancaria a través de la app móvil de su entidadSon las 8.00 y, ya en el trabajo, pepe ordena las decenas de correos de su cuenta de Outlook. Responde a algunos, archiva otros y elimina unos cuantos. A media mañana, su mejor amigo le recuerda a través de Whatsapp que debe comprar entradas para la obra de teatro que irán a ver el sábado. Lo hará más tarde, en sus diez minutos de descanso, a través de Entradas.com, Atrápalo, El Corte Inglés o Ticketmaster, pero antes debe atender a un cliente que trabaja en el extranjero mediante una videollamada a través de Skype.
Hoy toca salir a las 15.00 horas. pepe consulta el estado de su cuenta bancaria a través de la app móvil de su banco y decide que puede permitirse un lujo, una buena comida con los compañeros de trabajo. El primer plato tiene una pinta estupenda, así que no duda en sacarle una foto, ponerle un filtro con Instagram y compartirla al mismo tiempo en todas las redes sociales. El restaurante es bueno, merece la pena geolocalizarlo en Foursquare. Después, mientras vuelve a casa, consulta en Tiempoytemperatura si hará buen tiempo para la parrillada del domingo, continúa una partida de Apalabrados y revisa los mensajes recibidos en Badoo y algunas otras páginas de contactos. Aunque al principio renegaba de ellas, lo cierto es que le han permitido hacer amistades e incluso encontrar pareja.
Ya han dado las 17.30 horas y aún hay mucho tiempo antes de salir a cenar, así que pepe decide aprovecharlo y, tras hacer la compra que tenía pendiente, decide realizar la declaración de la renta, que desde hace años puede presentarse a través de Internet. Ahora sí, es hora de empezar a disfrutar del fin de semana: media hora de World of Warcraft, una partida online a Battlefield 3 y un capítulo de Breaking Bad en Wuaki.tv.
A las 21.30, durante la cena, ve su programa favorito en televisión mientras lo comenta a través de Twitter. pepe ha quedado a las 23.30 horas con sus amigos para tomar algo en un pub nuevo del que les han hablado muy bien. Está en una zona de Madrid que no conoce, pero gracias a la versión móvil de Google Maps no le cuesta encontrar la dirección y averiguar cómo llegar hasta allí. En la entrada del local descubre un cuadro que le gusta. Le suena pero no recuerda su título. Google Goggles le da la respuesta, es Drowning Girl, de Roy Lichtenstein. Más tarde le sucede lo mismo con una de las canciones que suenan en el pub. Esta vez es la aplicación Shazam la que le dice cómo se llama la canción y quién es el intérprete.
Las 4.00, hora de volver a casa. pepe opta por coger una línea nocturna de autobús. Gracias a la app de la EMT, sabe exactamente a qué hora va a llegar a esa parada el bus que está esperando. Tras 25 minutos de viaje, llega a casa y sólo el sueño consigue desconectarlo de Internet.

Una vida analógica

Es viernes. Son las 7.30 horas y suena el viejo despertador programado para las 6.30. Marcos se levanta corriendo y descubre que se le olvidó adelantar el reloj por el cambio horario. Llegará tarde al trabajo. Ducha fugaz y nada de tiempo para el desayuno. Escucha las noticias en la radio mientras se viste y sale de casa disparado.
Tras una carrera al metro, ve cómo una señora coge el último ejemplar del Diario que le quedaba al repartidor. Al menos podrá entretenerse durante el trayecto con el juego de la serpiente en su viejo teléfono Nokia N70 (sus amigos aún se preguntan cómo es posible que aún le dure) o leyendo Tormenta de espadas, el grueso tomo que hace que su bandolera pese el triple de lo normal. Marcos también lleva su discman, un aparato que muchos consideran ya una reliquia pero que a él le sigue sirviendo para escuchar los discos de su grupo favorito.
Son las 9.00 y, ya en el trabajo, Marcos tiene que ordenar cientos de documentos impresos, ya que su empresa aún no cuenta con procesos digitalizados. El envío y la recepción de correos vía postal también es lento y tedioso, aunque él lo prefiere. Incluso para comunicarse con viejos amigos y parientes lejanos recurre a sobres y sellos. Una amiga le recuerda por SMS que debe ir a comprar las entradas para el concierto del sábado. Tendrá que sacar tiempo para acercarse a la sala en la que tendrá lugar y hacer cola para adquirirlas.
Marcos pierde más de la mitad de la tarde entre hacer la compra en el supermercado y haciendo cola para adquirir las entradas de un conciertoSon las 15.00, fin de la jornada laboral. Marcos ya no tiene tiempo de hacer ninguna gestión en el banco, pero consulta el estado de su cuenta en un cajero y decide quedarse a comer con los compañeros de trabajo. El restaurante tiene una decoración muy original, así que le saca una foto con el móvil para enseñársela luego a sus amigos. El sitio le parece estupendo, así que se lo recomendará a sus conocidos. De regreso a casa, vuelve a darle vueltas a la idea de apuntarse a una agencia de citas o, quizá, salir solo de vez en cuando para intentar conocer a gente nueva.
Son las 17.30 horas y aún hay mucho que hacer. En primer lugar, ya en casa, Marcos busca la última carta que le envió la Agencia Tributaria, localiza el número de teléfono y llama para pedir cita para hacer la declaración. Le tocará echar una mañana en Hacienda. Después, pierde más de la mitad de la tarde entre hacer la compra en el supermercado y haciendo cola para adquirir las entradas del concierto.
Son las 21.30 y ha terminado todas las tareas pendientes, pero se ha perdido su programa favorito y ha olvidado grabarlo, pero al menos llega a tiempo de ver una película mientras cena. No está mal, seguramente la comentará el lunes con un compañero del trabajo bastante cinéfilo.
Son las 23.30 y a Marcos le extraña que sus amigos aún no le hayan llamado para salir de fiesta, así que decide llamarlos él. Habían quedado a través de una aplicación de mensajería instantánea y olvidaron que Marcos no tenía móvil con conexión a Internet. No es la primera vez que le pasa, ya se ha perdido algunos buenos planes por no tener cuenta en las principales redes sociales. Por fortuna, aún está a tiempo de llegar a la discoteca en la que han quedado. Está en un barrio al que jamás ha ido, así que apunta en un papel las indicaciones que le da una amiga por teléfono y consulta la dirección en un plano. Se equivoca una vez de calle, pero al final llega al local. La música es buena. De repente, suena una canción que le gusta, pero no conoce al grupo que la canta. Un amigo le dice el nombre, aunque no tiene cómo apuntarlo. Cuando vaya a comprar el disco a un centro comercial, le tocará hacer memoria.
Ya de madrugada, Marcos decide regresar a casa. Va a una parada de autobús, consulta en un tablón la frecuencia de los nocturnos y confía en que los horarios se cumplan. Tras 25 minutos de viaje, llega a casa y antes de caer rendido de sueño piensa que tal vez debería probar Internet.

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