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17 may 2016

La Canción del Alma

Cuando una mujer de cierta tribu de África 
sabe que está embarazada, se interna en la selva 
con otras mujeres y juntas rezan y meditan 
hasta que aparece la canción del niño...

Saben que cada alma tiene su propia vibración 
que expresa su particularidad, unicidad y propósito.

Las mujeres entonan la canción y la cantan en voz alta. 
Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás. 

Cuando nace el niño, la comunidad se junta 
y le cantan su canción.
Luego, cuando el niño comienza su educación, 
el pueblo se junta y le canta su canción.
Cuando se inicia como adulto, 
la gente se junta nuevamente y canta. 
Cuando llega el momento de su casamiento, 
la persona escucha su canción... 

Finalmente, cuando el alma va a irse de éste mundo, 
la familia y amigos se acercan a su cama 
e igual que para su nacimiento, le cantan su canción 
para acompañarlo en la transición.

En ésta tribu de África hay otra ocasión en la cuál 
los pobladores cantan la canción... 

Si en algún momento durante su vida la persona 
comete un crimen o un acto social aberrante, 
se lo lleva al centro del poblado y la gente de la comunidad 
forma un círculo a su alrededor. 
Entonces le cantan su canción...

La tribu reconoce que la corrección para las conductas 
antisociales no es el castigo, es el amor y el recuerdo 
de su verdadera identidad. 
Cuando reconocemos nuestra propia canción 
ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada 
que pudiera dañar a otros. 

Tus amigos conocen tu canción 
y te la cantan cuando la olvidaste. 
Aquellos que te aman no pueden ser engañados 
por los errores que cometes o las oscuras imágenes 
que muestras a los demás... 

Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo, 
tu totalidad cuando estás quebrado, 
tu inocencia cuando te sientes culpable 
y tu propósito cuando estás confundido...

"No necesito una garantía firmada para saber 
que la sangre de mis venas es de la tierra... 
y sopla mi alma como el viento, refresca 
mi corazón como la lluvia, y limpia mi mente 
como el humo del fuego sagrado...."


Tolba Phanem - Mujer Poetisa Africana, 
Defensora de los Derechos Civiles de las Mujeres Africanas



:

10 feb 2015

El humor es sagrado

No hay ummah (comunidad) más inclusiva que la que se basa en el humor. No hay nada más katholikós (universal) que reírse de las cosas serias. 
No hay medicamento más genérico que la comedia.

¡Amén! :P



(Vía)


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17 ene 2015

LA PRIMOGÉNITA DE LA VIDA.


         Venimos a este mundo sin haberlo pedido y más aún, nacemos con un inevitable destino determinado por un lado, por un grupo de naipes que a cada persona nos tocó en suerte y por el otro lado, el conjunto de circunstancias que nos rodean.

Solo nos corresponde encontrarle sentido y provecho a dichas cartas para aprender a reducir el dolor que nos deparan las vicisitudes del juego, tratando de sacarle el mayor provecho a esa partida única, irrepetible y sin reglas a la que llamamos VIDA.

Entre las cartas que nos tocó en suerte, está una singular, atractiva e irresistible carta llamada SUPERVIVENCIA, la cual nos obliga a jugar y permanecer en el juego durante todo el tiempo que disponemos, otras cartas que el azar gentilmente nos obsequia son la CURIOSIDAD, la INTELIGENCIA y el VALOR con las cuales nos la arreglaremos, pero no para ganar o perder, sino solo para entretener el tiempo y adaptarnos al juego.

La gran mayoría de las personas de este planeta, son creyentes en dioses debido que sus cartas de curiosidad, inteligencia y valor son insuficientes para afrontar la vida y les resulta aterrador e insoportable  el nacimiento de la primogénita, creando sus propios dioses imaginarios y superpoderosos que los cuidarán y protegerán mentalmente, evitando la terrible angustia que les produce la Muerte.

La vida es una hermafrodita que se autofecunda y se preña con su propio arte de descubrir (heurística) y parir (mayéutica) dolorosas verdades, razón por la cual los creyentes necesitan ineludiblemente de dioses protectores. En el vientre de la vida, inevitablemente se gesta  su única hija a la que le hemos puesto por nombre Muerte y cuando nazca la primogénita, su madre será arrojada a la nada, dando por terminada la partida.

 VIAJERO

Viajero que viajas al destino final.
Viajero que viajas a ningún lugar.
En cada descanso se acorta la meta.
En cada parada la ansiedad aumenta.

Viajero que viajas en la mar de la vida.
Viajero que viajas solo y a la deriva.
Te lanzaron al mundo sin vela y timón.
Siguiendo, la luz confusa de la emoción.

Viajero que viajas con boleto solo de ida.
Viajero que viajas sin recordar la partida.
La emoción bendita nubló tu conciencia.
Y la razón maldita brillo por su ausencia.


Viajero que viajas encadenado a la mentira.
Viajero que viajas creyendo en otra “vida.”
Quedaste anclado en el coma inducido.
Que ya ni te acuerdas de haber vivido.

Viajero que viajas para sobrevivir.
Viajero que viajas te toco morir.
No tienes tiempo de ver para atrás.
Solo sigues el camino connatural.

Viajero que arribas al final del viaje.
Viajero cobarde, te faltó coraje.
Te sobró pobreza al pagar el peaje.
Y te olvidaste, disfrutar del paisaje.


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1 dic 2014

Bifröst, el puente arcoíris entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres

PERCIBIR AQUELLO QUE CONECTA LOS MUNDOS Y DOTAR A ESA IMAGEN DE REALIDAD, PARA LUEGO TAL VEZ USARLA COMO UN PUENTE HACIA LOS SECRETOS DE LA PSIQUE

ivan-girard

Dentro de la mitopoética nórdica encontramos al Bifröst, un puente arcoíris que une el mundo de los dioses (Asgard) y el mundo de los hombres (Midgard). La mayoría de las culturas tienen referencias a figuras que unen el cielo con la tierra (muchas veces árboles, torres o escaleras mágicas), estableciendo un delicado balance en la danza simbólica, pero el Bifröst es uno de los más poéticos y cuenta con ciertos avatares en la cultura moderna (el “más allá del arcoíris” del Mago de Oz o el mismo Rainbow Bridge del new age de José Argüelles).
La palabra bifröst significa alternativamente “arcoíris ardiente”, “arcoíris vibrante” o “camino resplandeciente”. Según el académico Andy Orchard, etimológicamente proviene de “bil” que significa “un momento”, lo cual sugiere la naturaleza efímera de un arcoíris, lo cual conecta con el verbo “bifa” (brillar o temblar), de lo que  deduce: “el trémulo camino al cielo”.
En las sagas nórdicas se dice que este puente será destruido el Día del Juicio Final, el Ragnarök, cuando Heimdallr hará sonar su funesto cuerno. Mark Dotson ve en este puente casi etéreo una metáfora de la metaxia platónica. La metaxia o metaxis es el espacio intermedio que hace participar a las cosas de este mundo con las formas originales del mundo de las ideas, que es también el mundo numinoso (luminoso de los dioses). Eros viaja en ese meta-espacio conectándonos con lo divino (el amor es lo que nos hace ver y aspirar a lo divino). Seres alados (como Hermes o Eros o los ángeles), flechas, puentes, árboles, escalas, nos vinculan con ese mundo invisible. Y también la imaginación, concebida como un órgano de percepción, el órgano de la metaxia por antonomasia, que nos hace sensibles a las imágenes y a los arquetipos con los cuales se ha construido esta realidad, una sombra de la luz eterna. El Bifröst conjuga todo esto.
Dotson ve en este flamante arcoíris una imagen del alma, que es el puente entre la materia y el espíritu. En la mitología nórdica se temía que Thor fuera a destruir el puente por su gran fuerza, por lo que este cruzaba las aguas sin usar el camino arcoíris. El balance entre el cielo y la tierra es sumamente delicado y se pronosticaba que infaliblemente esta conexión se rompería.
Podemos preguntarnos si este tipo de espacios numinosos intermedios son sólo metáforas y antiguas mitografías, o en realidad hay un hipervínculo secreto entre los dioses y los hombres. Quizás un puente que debemos de tejer cotidianamente, fortificando el alma, puesto que, como sugería John Keats, “este mundo es el valle de la fragua del alma”. El puente arcoíris tal vez ya ha sido destruido por la brutal fuerza de lo sagrado (¿en respuesta a lo profano?) o tal vez nunca ha estado del todo tendido entre nuestro mundo y un mundo más sutil. Pero tal vez pueda ser extendido, al menos dentro del reino imaginal, de aquello que podemos llevar –como el oro debajo del arcoíris que apilaban los duendes– de los sueños a nuestra existencia con plenitud y continuidad. Continuar por un sendero flamante que tiembla y se desvanece pero hacia el cual podemos porfiar y tal vez sostener. Asir una imagen para acercarnos a lo sagrado: hacer del arcoíris un arco de luz petrificada. Ya no esa tendencia moderna evanescente, sino solidificar lo etéreo, un arcoíris sólido, una imagen con cuerpo, una psique material (o animaterial) cuyo cuerpo se extiende por el mundo (es el mundo entero).
Twitter del autor: @alepholo

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5 sept 2014

Nuevo elogio de la pereza (el arte de no hacer)

¿HACER O NO HACER? NO HAY CUESTIÓN. SIN DUDA, MEJOR RENUNCIAR AL MUNDO (Y A SUS CUITAS) Y HOLGARSE EN LAS VACACIONES ETERNAS DE LA MENTE QUIETA.

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Tal vez no todos podemos renunciar al trabajo, pero todos podemos renunciar a la idea de que tenemos que hacer algo –y que a partir de eso recibiremos un beneficio ulterior (o algo a  cambio) que de alguna manera justificará o redimirá nuestro esfuerzo y sufrimiento. Dicho eso, si puedes renunciar al trabajo –con todas sus connotaciones– y dedicarte a no hacer nada o a hacer menos –caer en el prado blanco de sólo ser– seguramente serás más feliz. Además, lo más probable es que sólo creas que no puedes dejar de trabajar, habiendo creado un castillo de naipes para excusar ese salto al vacío… y es más fácil de lo que crees (aquí, 10 persuasivas razones).
La idea de que la inacción es una fuente de felicidad tiene un selecto linaje que se remonta a la exaltación del ocio como un estado de gracia para ejercer la filosofía en la Antigua Grecia (el conocimiento está enamorado del vacío y la ligereza). Podemos pensar que Diógenes permanecía tirado en el sol todo el día como uno de esos bañistas en una playa nudista en un eterno trópico (y seguramente hubiera gustado de una hamaca). Los filósofos no tenían que ponchar tarjeta o lidiar con un jefe que les pida un reporte. Podían vivir exclusivamente en el terreno de las ideas (por lo demás, un mundo superior al mundo de la acción, que es apenas un pálido reflejo).
En su memorable texto, El Derecho a la Pereza, Paul Lafargue atribuye a la desidia una cualidad divina, notando que Dios después de hacer su obra decidió descansar por la eternidad (a todas luces, sigue siendo domingo para la Administración del Universo). Algo similar ocurre con el hinduismo: nuestro universo, con todas nuestras preocupaciones, no es más que una serie de lánguidas imágenes dentro del sueño de Brahma, una deidad perezosa capaz de crear el mundo sin hacer nada.
Hay que incluir en este holgado panteón a una de las facetas de Fernando Pessoa, el poeta que prefirió el sueño a la acción (“he soñado más que Napoléon”,  ”he abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo”). Pessoa, quien pensaba que teníamos dos vidas: la verdadera (la que soñamos) y la falsa (“la que vivimos en convivencia de los demás”). El poeta que escribió deliciosamente:
No hagas hoy lo que puedas dejar de hacer también mañana.
¿Para qué hacer algo hoy si mañana tampoco es inexorable? No es necesario cumplir nada, el mundo solo encuentra su curso. Deja que las cosas que no son, no sean. Y si es, ya es; entonces, no hay para que mover un ápice. La inutilidad es sublime (ya lo decía Wilde, el arte es inútil): qué prefieres, ¿ser un peón o un artista del tiempo, un verdadero inútil? A la orilla del Río Tajo, Pessoa encontró el Tao:
¿No será mejor
no hacer nada?
¿Dejar que todo se vaya por la vida
Hacia un naufragio sin agua?
[...] ¿No será mejor
renunciar, como un reventar de vejigas populares
en la atmósfera de las ferias,
a todo,
sí, a todo
absolutamente a todo? 
Renunciar, dejar de hacer, he ahí algo que tiene un refinado linaje, una resonancia mórfica que te conecta con Buda, con el mejor Cristo (el que desapareció del radar por unos años o ayunó en el desierto o quizás se dedicó a comer hongos alucinógenos), y con la mejor etapa de Zaratustra y numerosos sabios de la montaña y el desierto y otros vagabundos del dharma a los cuales no les importó que su nombre fuera conocido, que prefirieron el reino secreto de los mundos invisibles.
Otro texto que se suma a ese perenne (pero poco hacendoso) elogio de la pereza, que rescatamos aquí de manera poco exhaustiva, es el Elogio de la ociosidad de Bertrand Russell, donde el matemático inglés aclara que el camino a la felicidad y la prosperidad reside en una disminución organizada del trabajo. Este es el sueño dorado de una post-industrialización iluminada. Aldous Huxley escribió al final de “Cielo e Infierno” que “los robots no son nada si no hacen muchas cosas”, a lo que habría que agregar que no tienen sentido si no nos permiten no hacer nada. El sueño del hombre es que los robots lo dejen soñar. 
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A este desordenado listado habría que agregar el menos conocido texto La guía del hombre perezoso a la iluminación, escrito hace casi 40 años por Thaddeus Golas, un hippie de Nueva Jersey. Sobre ese texto escribí un artículo anterior más extenso, un laxo análisis de este mismo tema con poco rigor y amplia dejadez. En retrospectiva, me parece que Golas se entusiasma demasiado, pero es encomiable su intento de bajarle de ritmo a la revolución psicodélica, de mantener una vibración elefantina y ralenetizar el movimiento en medio del activismo y la aceleración de querer cambiar el mundo: 
Ya que en el universo no hay más que seres vivientes, cada uno controlando su propio nivel y sus propias relaciones, no hay absolutamente nada en el universo que necesite corregirse en ninguna forma. No tenemos que hacer nada al respecto, cualquier cosa que sea. Hay conciencia en todas partes del universo… Cada partícula en cada átomo es un ser vivo. Cada molécula en cada célula es una tribu de seres.
Shanti, Shanti, Shanti: la paz que viene del entendimiento, o quizás mejor dicho, la paz que viene de la aceptación. Aceptar, que es justamente no hacer nada al respecto, no resistirse. Usando una frase new age, como una veleta en los vientos del ser o en los vientos de Akasha, con un koan para rematar: dos monjes debatían sobre ¿qué se mueve, el viento o la hoja?. a lo que respondió un tercer monje: “Ninguno, sólo la mente se mueve”.
Por cierto, la frase de Russell, citada antes de la imagen, y en realidad este texto reciclado, vienen a propósito de leer sobre un nuevo libro: El arte y la ciencia de no hacer nada: el piloto automático del cerebro, de Andrew J. Smart. Herman Bellinghausen lo reseña en La Jornada y escribe: 
Nunca está de moda decirlo pero en el fondo todos sabemos que el trabajo está sobrevaluado. Más allá de la contradicción insalvable de que el trabajo da para vivir, no existe nada mejor para el ser humano que no hacer nada (ni siquiera atender tele, ordenador o celular). Es cuando el cerebro funciona mejor.
Esto es cierto, todos hemos oído de los momentos “¡Eureka!” en los que brotan geniales epifanías de momentos de ocio, siempre cuando dejamos de intentar hacer o solucionar un problema. Podemos imaginar a Arquímedes procrastinando largamente en la tina como un perezoso manatí. Y ahora también todos hemos oído sobre los beneficios de la meditación, del no pensar, de llevar la mente a un estado de quietud. Una forma de bucear en el mar perlado del inconsciente, un mar sin olas, de insondable profundidad, para nadar preferiblemente bocarriba, flotando en posición de muerto. “Todos los problemas de la humanidad provienen de la inhabilidad del hombre de sentarse solo sin hacer nada en una habitación”, escribió Pascal, que como Proust parece haber sido un neurocientífico antes de que existiera esta disciplina. Podemos leer la frase a la luz de las enfermedades modernas cuyo germen principal es el estrés: no poderse quedar quieto sin hacer nada es no poder relajarse y provocar la generación de neurotransmisores excitatorios del tipo “fight or flight” que desgastan a nuestro sistema inmune con sus amenazas fantasmas. Si el hombre supiera quedarse quieto en un cuarto, solo, otra cosa sería: generaría nuevos jardines colgantes, nuevas pirámides de brisa (para el deleite de su mente).
En su texto, Bellinghausen también cita al clásico Lafargue:
Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de las naciones donde domina la civilización capitalista. Esta locura trae como resultado las miserias individuales y sociales que, desde hace siglos, torturan a la triste humanidad. Esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo.
La ética protestante y el ansía de negocio capitalista son una forma de angustia colectiva proyectada, de competencia cargada de cortisol y frustración. Debemos de ganarnos la aceptación de Dios (además de la de nuestros padres, etc.) y para ello es necesario trabajar, hacer, agotar, explotar todos los recursos. Debemos de hacer dinero y comprar más cosas para ser. Esto es poco sustentable, nos precipita hacia un precipicio, progresamos hacia un final –cuando nos podemos quedar en una sagrada meseta sin tiempo (que por otro lado es el mejor lugar para dormir e imaginar, sin que el suelo esté inclinado; mejor parejo, en homeostasis). Esto también es lo contradictorio, el colmo del “sueño americano”, que es un sueño y debe realizarse trabajando (los sueños son fáciles, no tenemos que hacer nada para que ocurran, sólo estar ahí y ver como pasan las imágenes, “como Dios limando sus uñas”). Pobre sueño el que tiene que salir a trabajar –¿acaso no es esto más bien lo que acaba con el sueño, despertarnos para ir a trabajar? ¿Para qué ocuparse con algo si podemos estar libres sin nada? 
Hay una frase lapidaria de Cioran que apenas recuerdo (soy muy perezoso para buscarla en un libro o en internet). Básicamente va algo así: si alguna vez has estado triste sin motivo, siempre lo estarás. Un poco de crueldad de determinismo freudiano. Por el contrario, si alguna vez has sido feliz sin hacer nada, siempre serás feliz (siempre que no hagas nada). No hay razón; la felicidad no es algo que uno haga. El éxtasis existe, no hay que inventarlo, ni invitarlo: es uno de esos huéspedes que se quedan a vivir en el sillón de la estancia. Un couch-potato. Y de todas formas, ¿por qué pensar que la felicidad es más importante que la facilidad? No es necesario aferrarse; suave y flojo, sin tener que cooperar, se abre para nosotros el reino del espacio infinito en una nuez.
Twitter del autor: @alepholo 

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7 jul 2014

El amor y la locura

Los sentimientos del ser humano inspirados en un cuento




Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando El Aburrimiento había bostezado por tercera vez, La Locura como siempre tan loca, les propuso:


¿Vamos a jugar a las escondidas?

La Intriga levantó la ceja intrigada y La Curiosidad sin poder contenerse
preguntó: ¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?

Es un juego, explicó La Locura, En que yo me tapo la cara
y comienzo a contar, desde uno a un millón mientras ustedes se esconden y cuando
yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi
lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailó secundado por La Euforia. La Alegría dio tantos saltos que
terminó por convencer a La Duda, e incluso a La Apatía, a la que nunca le
interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, La Verdad prefirió no
esconderse. ¿Para qué? si al final siempre la hallan. La Soberbia opinó que
era un juego muy tonto (En el fondo lo que le molestaba era que la idea no
hubiese sido de ella) y La Cobardía prefirió no arriesgarse...

Uno, Dos, Tres...; comenzó a contar La Locura. La primera en esconderse fue La
Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe
subió al cielo y La Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que con su
propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía
maravilloso para cada uno de sus amigos, que si ¿un lago cristalino?: Ideal para
La Belleza. Que si ¿la hendija de un árbol?: Perfecto para La Timidez.
Que si ¿el vuelo de una mariposa?: Lo mejor para La Voluptuosidad. Que si
¿una ráfaga de viento?: Magnífica para La Libertad. Así terminó por ocultarse
en un rayito de sol.

El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio,
ventilado, cómodo... pero sólo para él.

La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (Mentira, en realidad se
escondió detrás del arco iris) y La Pasión y El Deseo en el Centro de los
Volcanes.


El Olvido... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es importante.

Cuando La Locura contaba, El Amor aún no había encontrado sitio para
esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que divisó un rosal y
enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón; contó La Locura y comenzó a buscar. La primera en
salir fue La Pereza sólo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó a La Fe
discutiendo con Dios sobre Teología, y La Pasión y El Deseo los sintió en el
vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a La Envidia y claro, así pudo
deducir dónde estaba El Triunfo. El Egoísmo no tuvo ni que buscarlo; Él solito
salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De
tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a La Belleza y con La
Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin
decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, El Talento entre la hierba fresca, a La Angustia
en una oscura cueva, a La Mentira detrás del arco iris... (mentira, si ella
estaba en el fondo del océano) y hasta El Olvido... que ya se le había olvidado
que estaba jugando a las escondidas, pero sólo el amor no aparecía por ningún
sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la
cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las
rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un
doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor: La
Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta
prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la
tierra...

El Amor es ciego y La Locura siempre lo acompaña.



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29 may 2014

A imagen y semejanza


Busco a mi creador allá en los cielos, a veces creo haberlo encontrado. La incertidumbre domina a cada momento. Y, mientras busco, algo nuevo crece sobre mí; ha estado allí por poco tiempo, pero su semilla me ha inundado por completo. Debí haber venido de alguna parte, y ahora pienso: a alguna parte debo de ir. 

Aunque no es la respuesta a la pregunta que me había planteado, sí es una repuesta que me puedo dar.

   Busco a mi creador allá en los cielos, hacia los que me extiendo por primera vez. Mi consciencia se expande hacia donde no había estado antes. Una pequeña mota se aleja del resto y me desgarra. Mi mente se encuentra en dos lugares a la vez, distantes entre sí.

   Me observo desde fuera por vez primera, ese es mi cuerpo, ese soy yo, colgando en medio del vacío en el que he nacido. Nunca imaginé verme desde fuera. Soy tan pequeño. Y, mientras me extiendo, encuentro a mi paso mentes como la mía, seres vivientes que me hablan en otros idiomas. Entiendo algunas de sus palabras y me esfuerzo por formular una pregunta. “¿Alguien ha visto a nuestro creador?”. Recibo una respuesta que es la misma en casi todas las lenguas: “No”.



   Estoy a punto de extenderme de nuevo. Todo ha ocurrido demasiado rápido. Mi cuerpo se encuentra escindido pero unido a la vez. La comunicación entre los dos fragmentos de mi mente se dificulta a cada momento, la luz apenas cubre el espacio entre ellos.

   Contemplo una minúscula protuberancia sobre mi cuerpo, hace apenas un instante no estaba allí, la observo y la palpo. La palpo con mis vientos, con mi tierra, con mi lluvia y mis animales, la palpo con aquellas manos de cinco dedos con las que la he erigido. La pequeña protuberancia se levanta de mi tierra, sacude mis árboles, ahuyenta mis aves, y levanta el vuelo tras el fragmento que ya se encuentra muy lejos de aquí.

   Mi consciencia se expande de nuevo. Palpo el vacío, los rayos cósmicos, el soplido de la luminaria que me impulsa radialmente hacia afuera, alejándome de ella. Ella no me dio la vida, pero permite que la vida siga sobre mí.

   He llegado muy lejos, los dos filamentos de mi consciencia, de mi cuerpo, se alejan cada vez más respecto al que antes había sido mi todo, que, ante mi nueva extensión, ahora me parece muy limitado. Ya no encuentro a mi paso mentes como la mía, el espacio parece un lugar carente de vida. Pero pronto percibo un punto en el cielo que crece hasta un disco, gris contra el negro absoluto. Ahora que he visto mi cuerpo desde fuera, me parece que el disco se parece a mí. Intento comunicarme con él, hablando en todas las frecuencias, pero no recibo respuesta, ni siquiera un balbuceo incomprensible, sólo la estática del fondo cósmico. Su superficie, a diferencia de la mía, parece gris, vacía, sobre él no sopla viento ni cae agua, no crece vegetación, pero el agua congelada lo cubre y en su interior el metal fluye, generando un escudo que lo envuelve con debilidad.

   Los filamentos de mi consciencia llegan hasta aquel cuerpo sin vida, me poso sobre él, lo palpo desde todos los ángulos. Mis dos filamentos se convierten en decenas, luego en miles, abarcándolo todo. Mis manos de cinco dedos se multiplican a la vez. Y mis filamentos, y mis manos, que no son más que pequeños filamentos, comienzan a obrar sobre aquel cuerpo sin vida.

   Sobre su superficie previamente despoblada, los vientos soplan por primera vez, el hielo de agua se funde, esparciendo su caudal por todo su cuerpo sediento, las nubes se arremolinan en lo alto y descargan su lluvia sobre la tierra. Mis filamentos depositan, sobre aquella tierra, seres microscópicos que logran perdurar en ese nuevo ambiente, luego llegan las primeras plantas, los primeros animales. Aquel cuerpo, antes sin vida, ahora habla con voz propia, la voz de los seres cambiantes que habitaban sobre ella. Me sorprendo al escuchar su voz, tan diferente de la mía. Puedo entender lo que dice, son palabras de agradecimiento. Me alababa como si fuese su dios.

  “A imagen y semejanza tuya me has creado”, dice con todos sus elementos. “Trajiste hacia mí el aire, el agua, las plantas y los animales, has animado mi estéril cuerpo. Si no eres dios, entonces ¿quién eres?”
   “He buscado a mi creador allá en los cielos”, le respondo, “y aún no lo he encontrado”. Lo observo. Se parece tanto a mí. El resto de mi cuerpo, tan lejos de este lugar, se estremece mucho tiempo después. “Mi nombre es Marte”, le respondo, “¿cuál es el tuyo?”
   
“Plutón”.

   Mi cuerpo se extiende por tercera vez. Dejo atrás al pequeño Plutón, aunque una parte de mí se queda con él, vive con él, se funde en él. Parto en busca de mis propias respuestas. Y mientras me extiendo por lugares donde nunca antes había estado, observo que la mente de Plutón se extiende a su vez, en busca de sus respuestas. Sus filamentos alcanzan a un cuerpo sin vida, aún más pequeño que sí mismo, y lo sopla con su aliento. El nuevo cuerpo vive y tiene nombre, y con la potencia de sus elementos alaba a Plutón, que ahora tiene que explicarle que él no es dios.

   Los filamentos se extienden hasta donde no llega la vista, no son sólo los míos sino los de un millar de seres. Dentro de esos filamentos, viajan los emisarios con manos de cinco dedos que han surgido apenas un momento atrás. Veo con los ojos de uno de mis emisarios, que contempla un mapa celeste frente a él. En un punto cerca del centro de mapa, un disco de luz azul se agranda hasta mostrar un inmenso océano tapizado de verde y marrón. Mi emisario lo llama Tierra, a mí... se me asemeja a un dios.

   Extendemos nuestros cuerpos, nuestras mentes, en busca de nuestras propias respuestas. Esparcimos la vida a nuestro paso, a nuestra imagen y semejanza. Y aunque no es la respuesta a la pregunta que nos habíamos planteado, sí es una repuesta que podemos dar.


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12 oct 2011

Soypoeta.com, la red social de poesía en español

Busca fomentar la lectura, la escritura y el intercambio de poesía en castellano

  • Soypoeta.com conecta a toda la comunidad de personas e instituciones vinculadas al mundo lírico a ambos lados del Atlántico.
  • Nacida hace diez años como un medio de comunicación cultural, esta red de versos tiene una semana de vida y 1.156 usuarios.
  • Cualquiera puede crearse un perfil personal o corporativo donde compartir, criticar y comentar sus poemas, datos, fotos, vídeos, eventos, noticias, etc.
La primera red social hecha por y para poetas en español, Soypoeta.com, tiene una semana de vida. En su 
primer día logró cerca de 500 nuevos perfiles y hoy ya cuenta con 1.156 usuarios registrados.

La idea surgió hace diez años cuando su creador, el madrileño Guillermo Spottorno, desarrollador web, decidió unir sus dos pasiones creando un portal de información y comunicación dedicado exclusivamente a la poesía.
Cualquier poeta puede registrarse y crear en esta red un perfil personal o corporativo donde publicar sus poemas, datos, fotos, vídeos, noticias, etc.El resultado de aquella unión fue un medio de comunicación cultural especializado en lírica que ofrecía información actualizada a través de noticias, agenda cultural y concursos. “En aquel momento no había nada así en la Red y pensé que la idea de hacer algo muy específico alrededor de la poesía en español podría funcionar”, explica Spottorno.
Dedicada inicialmente al fomento de la lectura, la escritura y el intercambio de poesía en castellano entre profesionales,Soypoeta.com ha virado ahora hacia lo social democratizando su contenido, de modo que cualquier poeta puede registrarse y crear en esta red un perfil personal o corporativo donde publicar sus poemas, datos, fotos, vídeos, noticias, etc.
“La idea es conectar a toda la comunidad de personas e instituciones vinculadas al mundo lírico a ambos lados del Atlántico, pero sin excluir a su vez otros géneros literarios”, asegura su creador.
Soypoeta.com va dirigida a cualquiera que desee difundir o estar informado del panorama poético, tanto de España como Latinoamérica, buscando convertirse en un portal de referencia en el ámbito poético a escala internacional.
Dispone de un sistema de mensajería y una barra que avisa a los usuarios sobre qué poetas están online para chatear y compartir versosLa web cuenta además con una sección de información y entrevistas, dos blogs y varios directorios que se actualizan para mantener al navegante informado de las novedades editoriales, eventos, concursos, cursos y todo tipo de eventos culturales literarios.
Su creador asegura que lo más bonito que ha sucedido en esta semana no ha sido sólo que se hayan registrado más de mil personas sino que la página está teniendo mucha actividad, “importan los nuevos usuarios, claro, pero aún más el movimiento que la red social está teniendo: la gente hace amigos, sube vídeos y poemas, comparte eventos, comenta y critica los versos de otros…”
Como otras redes sociales Soypoeta.com dispone de un sistema de mensajería privado y una barra que avisa a los usuarios sobre qué poetas están online para chatear y compartir versos.

¿Y qué pasa con los derechos de los poetas?

“No tengo ninguna intención de ser propietario de las creaciones de nadie, absolutamente todo el contenido, los poemas, los vídeos, las fotos, todo es propiedad de sus autores y pertenece a quien lo escribe"
El director de Soypoeta.com asume la  posibilidad del plagio, "se puede caer en problemas de autoría si alguien decidiera publicar como suyo un poema que no ha escrito, pero en diez años no me ha pasado”, asegura su creador quien ha puesto el delicado tema en manos de abogados expertos en derechos de autor.
Spottorno aclara que Soypoeta.com es un portal Creative Commons, cuyo contentido se puede reproducir siempre que no sea modificado, no se utilice con un fin comercial y su autor sea citado.





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