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14 abr 2015

EL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN



Históricamente el concepto de revolución ha sido sometido a diferentes definiciones y redifiniciones regidas por los diferentes sentidos que ha recibido según cada discurso ideológico. Esta circunstancia ha hecho que por revolución se entienda una variada cantidad de fenómenos sociales y políticos de diferente naturaleza, y que en último término se haya perdido cualquier tipo de noción clara y concisa de lo que entraña toda revolución o proceso revolucionario, independientemente de la orientación ideológica que pueda tener.

En la actualidad nos encontramos con que el concepto de revolución tiene muy mala prensa debido a que el marco cultural e ideológico es conformista, y por tanto considera la revolución como una grave perturbación sociopolítica propiciadora de todo tipo de males conocidos y aún por conocer. Debido a esto la revolución hoy, como concepto político, no es popular sino por el contrario encuentra oposición al disponer de una muy mala imagen y al ser identificada con experiencias históricas del todo nefastas. La mentalidad predominante en la sociedad actual es reformista y conformista, simplemente se aspira a mejoras parciales dentro del cuadro social y político del sistema vigente, lo que fácilmente puede reducirse a un deseo fundamental: la mejora de las condiciones materiales de la existencia que se resumen en un aumento del nivel de consumo. Esta meta, economicista y materialista en esencia, bien puede lograrse dentro del sistema establecido lo que hace innecesaria su destrucción y sustitución por otro de diferente naturaleza.

Las condiciones subjetivas, aquellas que tienen que ver con la cultura e ideología dominantes, son las de una conformidad general con el sistema establecido y las ansias de alcanzar mejoras dentro de ese mismo orden. Esta mentalidad reaccionaria y anquilosada es la que ha creado las condiciones actuales para la existencia de un consentimiento social relativamente estable que ha permitido a las autoridades políticas, y por ende al conjunto del sistema vigente, conservar su estabilidad y con ello perdurar en el tiempo.

En el imaginario colectivo la idea de revolución ocupa un lugar marginal y siempre oscuro en el que es identificada con toda clase de horrores al ser considerada una idea cargada de muerte, horror y sangre. Pero esta perspectiva la complementa aquella otra que, desde una actitud superfluamente optimista e infantil, plantea cambios parciales y no sustantivos en la estructura del sistema y que por ello rechaza la revolución no ya por motivos tácticos sino estratégicos al no rechazar tampoco los fines generales del sistema de dominación y menos aún el orden vigente. Esta es la actitud groseramente mezquina que puebla una parte notable del radicalismo político, aquella que pervierte el concepto de revolución al darle un contenido reformista, al afirmar el orden establecido y sólo plantear una ruptura en sus formas y no en su esencia. Son aquellos revolucionarios de salón, de la cerveza y del porro, que se ufanan en convencer a incautos de que existen las revoluciones pacíficas, sin sobresaltos, de que otro mundo es posible y que sólo hay que quererlo. Son los mismos que aborregan a los infelices insatisfechos que en su ingenuidad se prestan a ser, no ya los tontos útiles, sino los borregos que sirven de carne de cañón para que otros saquen los debidos réditos políticos.

Es necesario reconocer la crudeza y terribilidad que entraña toda revolución y no autoengañarse creyendo, o haciendo creer, que puede ser un camino de rosas, fácil, de mínimo esfuerzo, sólo porque una virtual mayoría social así la pudiera llegar a reclamar. Pero muy al contrario de estas erradas ideas la revolución es, en primer lugar, etimológica y realmente “re-volver”, regresar a los orígenes. Significa una ruptura cualitativa con la esencia y naturaleza del presente para completar su ciclo y dar lugar a un nuevo comienzo. Revolución es, en suma, una ruptura con el orden establecido y consecuentemente con su legalidad y todo cuanto la sostiene: el Estado junto a todo su aparato coercitivo y represivo compuesto por su burocracia, policía, servicios secretos, ejército, cárceles, tribunales, etc.

Una revolución entraña violencia, sangre, muerte, fuego y sacrificios colectivos inauditos pero irrenunciables cuando se juegan principios, valores y planteamientos que dan contenido a la existencia, que hacen que las personas sean y se sientan humanas y no reducidas a la condición de larvas o insectos dentro de la conformidad de las sociedades actuales, compuestas por una abúlica y esperpéntica burguesía de masas. Porque tal y como apuntó Errico Malatesta “la revolución tiene que ser necesariamente violenta, aunque la violencia sea en sí misma un mal. Tiene que ser violenta porque sería una locura esperar que los privilegiados reconocieran el daño y la injusticia de sus privilegios, y se decidieran a renunciar de ellos voluntariamente. Tiene que ser violenta porque la violencia revolucionaria transitoria es el único medio para poner fin a la mayor y más perpetua violencia que tiene esclavizados a la gran mayoría de los seres humanos”. Más aún, “la sociedad actual se mantiene con la fuerza de las armas. Nunca ninguna clase oprimida ha logrado emanciparse sin recurrir a la violencia; nunca las clases privilegiadas han renunciado a una parte, siquiera mínima, de sus privilegios, sino por la fuerza, o por miedo a la fuerza. Las instituciones sociales actuales son tales que resulta imposible el transformarlas por reformas graduales y pacíficas, y la necesidad de una revolución violenta que, violando, destruyendo la legalidad, funde una sociedad sobre nuevas bases, se impone”.[1]

No puede obviarse que las jerarquías sociales se basan sobre el principio de la fuerza, y que la legalidad vigente es la expresión de una correlación de fuerzas de los vencedores sobre los vencidos, y que el propio Estado nace de la conquista guerrera que impone su privilegio autoritario de dictar el derecho a los derrotados, lo que hace de todo el entramado que constituye el ordenamiento jurídico un gran engranaje de dominación y subyugación en el que los sometidos ostentan tal condición en última instancia como consecuencia de esa relación de fuerzas.

Todas las revoluciones, independientemente de su orientación ideológica, han estado cargadas de un componente violento dado que el orden establecido y sus jerarquías se fundan igualmente sobre un principio violento que es el que en último término las mantiene, las reproduce y perpetúa. Una revolución es una ruptura con lo establecido, y en tanto que tal exige acciones dirigidas directa o indirectamente contra quienes sostienen esa situación, lo que puede plasmarse, según los casos concretos, en insurrecciones populares, guerrillas, motines, revueltas, sabotajes, etc. Pero en cualquier caso la violencia siempre está presente.

Por el contrario, las acciones no violentas en ningún caso pueden plantearse como medios para una revolución. En este sentido la no violencia puede considerarse como una práctica que en lo táctico y en lo estratégico puede defender al Estado y de hecho así ocurre en muchas ocasiones.[2] Más bien nos encontramos con que esta tendencia que ha sido implantada en gran parte del espectro del radicalismo político obedece a unas coordenadas ideológicas dirigidas hacia la pacificación y domesticación de este sector, para su posterior reconducción hacia los callejones sin salida del sistema de dominación para, al mismo tiempo sembrar con ello la debilidad a través de una falsa disyuntiva entre violencia y no-violencia que, a su vez, enmascara una realidad social, política, cultural y económica que se basa fundamentalmente en el uso de la fuerza.

Hoy vemos cómo el discurso de la no-violencia ha desembocado en la ideología del ciudadanismo, de la reacción y del rechazo de cualquier contestación sistemática y revolucionaria al orden establecido y a sus estructuras de opresión. Todo ello ha contribuido a reconducir a una parte del radicalismo político hacia posiciones políticas e ideológicas conciliables con las que sostiene el sistema de dominación y sus elites, donde finalmente las cajas negras de la institucionalidad son las que permiten la reconversión ideológica que facilita el reforzamiento del poder establecido, y con ello la asimilación e incorporación de estos elementos procedentes del radicalismo a las estructruas de dominación tal como ocurrió en el pasado.

Sin embargo la revolución es violencia, es traumática pues entraña dolor y muerte, pero no es sólo eso, tal y como una considerable parte de la población cree. La revolución es un punto de partida y no de llegada, pero para lograr esa situación cualitativamente distinta que permita un nuevo comienzo son imprescindibles unas condiciones subjetivas que entrañan una revalorización moral del sujeto y de sus luchas colectivas. En este sentido han sido históricamente las grandes ideas, además de determinados valores que han creado unas determinadas actitudes, los que han provisto de la fuerza moral para que las luchas, y por tanto también las revoluciones, sean iniciadas y mantenidas en el tiempo generación tras generación. Sin la labor concienciadora en la que los factores morales desempeñan un papel fundamental para ulteriormente hacer cualquier revolución popular es imposible plantearse nuevos comienzos y emancipaciones.

No existen los atajos ni los grandes logros que no entrañen grandes esfuerzos y sacrificios. En estas condiciones que impone la propia lucha revolucionaria es necesaria una moral de combate, una moral que rehumanice al sujeto y lo sustraiga del conformismo burgués que lo aborrega y lo sume en una amodorrada forma de vida melindrosa, empequeñecedora y embrutecedora. Significa asumir la importancia que juegan los valores junto a las actitudes que estos generan como baluarte moral que permita asumir el esfuerzo de toda lucha. Pero la importancia de la moral y de los valores radica en el hecho de que constituyen la base sobre la que construir sobre las ruinas de un mundo decadente e ilusorio. Por todo ello es necesaria una regeneración en términos morales y axiológicos que ponga fin a todo cuanto el sujeto ha interiorizado del sistema que le oprime, y por ello un rechazo de las metas existenciales así como de la forma de ser, pensar y sentir que son propias de ese sistema y su sociedad burguesa.

El emboscado


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7 nov 2014

La ciencia y el campo akásico



    La ciencia y el campo akásico
    Vivimos un momento especial de la ciencia en el que nuevos conceptos rompen la imagen que teníamos del mundo hasta ahora. Sin embargo, esos conceptos que nos parecen innovadores parecen haber existido con otros nombres en concepciones muy antiguas.

    Mirar el mundo a través del prisma de la ciencia no es una tarea sencilla; vemos diferentes disciplinas y teorías que, cada una por su cuenta, intentan explicar la realidad. Pero todo eso está cambiando.
    Cada vez son más los científicos que buscan una imagen más integrada y unitaria del mundo. Pero ¿qué quieren unificar? Una visión que conecte el mundo viviente con el mundo de la sociedad y este con el mundo de la mente. Estos esfuerzos se concentran en las teorías de la gran unificación o super gran unificación, GUT y GT por sus siglas en inglés.
    Sin duda, uno de los grandes veteranos en este rubro es Ervin Laszlo, que desde su gran trayectoria y experiencia presenta una teoría del todo integrada y genuina. Él nos habla del "universo informado".
    Para crear una teoría del todo, TOE (Theory of Everythings), lo esencial es la información, pero con "información" no se hace referencia a los datos que puede saber una persona, Internet o los libros, sino a un aspecto que es inherente a la naturaleza humana, como lo denominó el gran físico David Bohm, "in"-"formación" refiriéndose al mensaje que da forma a su receptor, como ya sabían los grandes sabios de Antigüedad y que hoy la ciencia está redescubriendo con entusiasmo. La información produce el mundo real y lo transmite en un campo fundamental que está presente por toda la naturaleza.
    "En nuestro tiempo, de cambio acelerado y desorientación creciente, estamos más necesitados que nunca de una visión con sentido de nosotros mismos y del mundo, y esta ciencia es la ciencia del campo akásico, una puerta al universo informado" (Ervin Laszlo).
    Esta teoría se basa en una característica fundamental: el descubrimiento revolucionario de la ciencia de que en todas las raíces de la realidad existe un campo que conecta todas las cosas, pero no solamente eso, sino que fascinantemente conserva la conexión y transmite información. Evidentemente, esto no es nada nuevo. Durante miles de años, los místicos, sabios y filósofos han mantenido y asegurado que este campo existe. En Oriente lo denominaron campo akásico. Hoy en día, el mito del campo akásico se convierte en realidad, evidenciando que este campo no solo existe, sino que alimenta, "informa" a todas las cosas, incluso, a la conciencia.
    Ahora bien, tenemos el campo akásico, pero ¿cómo lo vemos en acción? Se evidencia en ese fino ajuste de las constantes que existen en el universo. El hecho de que sistemas tan complejos como nosotros puedan existir es una clara evidencia del campo akásico. Sabemos que el big bang fue increíblemente preciso con relación a sus parámetros, fue tan exacto que permitió a las partículas que formaran galaxias y estrellas, en lugar de dispersarse irremediablemente por el universo en el momento de la explosión. Con tan solo una minúscula desviación, con la modificación de una millonésima parte del valor de una de las fuerzas universales, como el electromagnetismo, el universo no hubiera sido capaz de albergar organismos vivientes y mucho menos evolución.
    Este fino ajuste responde a este campo akásico, que es capaz de crear desde una información que alberga desde universos anteriores. Para entender esta idea, veamos un ejemplo sencillo de la naturaleza: algo similar se produce bajo la concepción del huevo o cigoto; la información que le crea proviene del código genético de los padres. Esta es una explicación mucho más verosímil que la que afirma que esta configuración "fina" se dio de manera aleatoria.
    En el mundo de los seres vivos, el campo akásico es aún más sorprendente. Hemos visto los experimentos de células pertenecientes a un determinado organismo permanecer conectadas incluso cuando se encuentran a kilómetros de distancia. La información del campo akásico explica no solo la coherencia cuasi instantánea entre las células, sino la correlación sutil pero tremendamente efectiva de estas células y su entorno.
    nuestro-universo-holograficoSe ha comprobado que las rocas más antiguas datan de alrededor de cuatro mil millones de años atrás, y las primeras formas de vida complejas datan de tres mil quinientos millones. Es sabido que la creación de vida requiere un esfuerzo continuado muy largo, que la pérdida de un solo paso conduce a un final fatal, por lo que es totalmente improbable que una mezcla aleatoria de la "sopa molecular" en los mares primigenios poco profundos haya sido capaz de semejante hazaña en un lapso de tiempo tan corto. Es evidente que esa mezcla de moléculas no fue aleatoria, sino que ¡recibió la información de las trazas de vida ya evolucionadas! He aquí la evidencia del campo akásico, no solo como transmisor, sino también como depósito de información.
    La ciencia y la nueva generación de científicos tienen un excitante reto para estos tiempos en los que un nuevo concepto nos alcanza, donde vemos delante de nosotros un campo cósmico de información que consigue conectar a los organismos y a las mentes en la biosfera y las partículas, estrellas y galaxias a través de todo el cosmos.

    Registro akásico


    Para saber más:

    La ciencia y el campo akásico: una teoría integral del todo. Ervin Laszlo. Nowtilus, 2004.



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    27 oct 2014

    Definiciones subjetivas

      Giuseppe Garibaldi's triumphant arrival in Naples by Ron Embleton  
    Catetismo: quienes reducen su conocimiento a las costumbres, hablas, conocimientos geográficos... de proximidad. Postura contraria al conocimiento universal y universalista, en ocasiones ligado a una posición económico-social sacrificada, sin recursos con los que poder ampliar horizontes. Llevado a un extremo autoritario, o como dogma de fe, pueda llegar a mutar en nacionalismo.

    Nacionalismo: “religión laica” que sustituye a dioses por leyendas y a profetas por celebridades históricas, en mucho inventadas. Se basa en un claro sentimiento de superioridad, considerando, bien que no hay otra “nación” igual a la misma, bien afirmando que en un determinado territorio no hay más legítima postura que la que marca un pensamiento unificado. Se da la paradoja de que, en origen, la esencia del Comunismo y de la Iglesia Católica se basa en negar legitimidad a esta idea: el canto del primer movimiento es “La Internacional”, y “Católico”, significa “Universal”.
              Pros: los que se le puedan atribuir de confundirlo con el patriotismo o con los éxitos del Romanticismo cultural.
              Contras: ser el germen de la desgracia europea del siglo XX, implicando, en esencia, una postura proclive a la “defensa de un ideal imaginario”, y por ende, al conflicto. Implica discriminación, tan siquiera sea en el pensamiento interior del nacionalista, y posturas próximas (o flagrantemente dentro) del racismo y el populismo.
    Patriotismo: sensación interior de cercanía hacía el folclore, habla, cocina, lugares geográficos... del lugar de origen, o de aquél en que se vive. Implica un cariño hacia cuestiones inmateriales que no trasciende a posturas de superioridad ideológica o de exclusión de ideas.
      Contras: llevado a sus extremos puede pervertirse en nacionalismo, o de existir con preeminencia y exclusividad, degenerar en catetismo.

    Humanismo: término ambiguo que entre sus millares de interpretaciones recoge aquella que defiende al hombre como centro del saber, considerando que el dogma que debe prevalecer en cualquier cuestión política es el de que “todos los seres humanos pertenecen a una única especie biológica con unos mismos derechos mínimos por el mero hecho de ser personas”.

    Nación: término ambiguo que bien puede ser considerado como sinónimo de Estado, bien como germen del nacionalismo. En esta segunda acepción, “nación” pretende defender que en un determinado espacio geográfico hay sólo una lengua, religión, costumbres... ideas, pensamiento... legítimamente propios de éste, con preeminencia, en ese territorio, sobre los de cualquier otra nación.

    Tribalismo: manifestación en el ser humano de impulsos que son comunes en otras especies animales. Cuando se trasciende del “instinto animal” a la legitimidad político-filosófica se cae en nacionalismo o catetismo.

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    10 abr 2014

    28 oct 2013

    ¿Què es el Empirismo?


    Lo primero que hay que hacer para conocer a fondo el término empirismo es proceder a la determinación de su origen etimológico que es el que determina luego el significado que posee. Para ello tenemos que dejar claramente expuesto que aquel está en  griego y que dentro de dicha lengua la citada palabra se compone de tres partes que son el prefijo en- que equivale a “antes”; la palabra peiran que significa “tratar” y el sufijo –ismo que se traduce como “doctrina o actividad”.

    El concepto de empirismo se utiliza para describir el conocimiento que nace de la experiencia. También se trata de una estructura de tipo filosófico  basada, justamente, en los datos que se desprenden de toda experiencia.

    En este sentido, podríamos establecer que el empirismo se sustenta básicamente en dos principios fundamentales. Por un lado, lleva a cabo la negación de la absolutización de la verdad, estableciendo además que el hombre no puede acceder a la verdad absoluta. Y por otro lado, deja patente que toda verdad debe ser siempre puesta a prueba dando lugar a que, a partir de la experiencia, aquella se pueda modificar, corregir o desamparar.

    David Hume
    Para la filosofía, el empirismo constituye una teoría relacionada al conocimiento que acentúa el valor de la experiencia y de la percepción sensorial en el surgimiento de ideas. Para que el conocimiento sea válido, debe ser probado a través de la experiencia, que de esta forma se convierte en la base de toda clase de saber.
    De igual modo, el empirismo en la filosofía de la ciencia supone que el método científico debe apelar a hipótesis y teorías probadas mediante la observación del mundo natural. El raciocinio, la intuición y la revelación quedan subordinados a la experiencia.

    Resulta interesante resaltar además que el inglés John Locke (1632-1704) fue el primero que formuló de modo explícito la doctrina del empirismo. Locke consideraba que el cerebro de un recién nacido es como una tabla rasa, en la cual las vivencias dejan huellas. Por lo tanto, el empirismo considera que los seres humanos carecen de ideas innatas. Nada puede ser entendible sin alusión a la experiencia.

    De esta manera, el empirismo filosófico se opone al racionalismo, que señala que el conocimiento se obtiene mediante la razón, más allá de los sentidos o de la experiencia.

    El filósofo escocés David Hume (1711-1776), por su parte, sumó al empirismo un punto de vista escéptico que le permitió contrarrestar postulados de Locke y de otros pensadores. Para Hume, el conocimiento humano se divide en dos categorías: la relación de ideas y la relación de hechos.

    Francis Bacon o Thomas Hobbes fueron otros de los empiristas más importantes de la Historia y más concretamente de su vertiente inglesa. En concreto, el último ha pasado a generaciones posteriores por obras de la talla de Leviatán en la que expone un total de diecinueve leyes naturales.
    Es frecuente que, en muchas ocasiones, al hablar de empirismo se haga también referencia al racionalismo. Este es una tendencia de corte filosófico que se sustenta en la identificación de lo que es la razón con el pensar. Partiendo de dicha acepción existen diversos tipos de racionalismo tales como el ético, el metafísico o el religioso.


    Lee todo en: Definición de empirismo - Qué es, Significado y Concepto  http://definicion.de/empirismo




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