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23 feb 2021

"LA FALSA Y DOBLE MORAL DEL POLÍTICO"

 * Todo lo hacen y dicen por llegar al poder y servirse de él y

lo manejan como un negocio personal*

Los políticos, como cualquier otra persona, pueden llevar la vida que quieran, siempre y cuando respeten las leyes. De eso no hay duda. Es también claro que ellos, por la profesión que ejercen, están obligados a un estilo de vida que corresponda a su nivel de ingreso y que no ofenda a la sociedad.
El estilo de vida de los políticos debe ser no sólo honrado, sino transparente y austero. Todos los profesionales requieren llevar una vida honrada, pero no necesariamente transparente y austera. Eso es propio de los políticos.
Es así, porque reciben su ingreso de los impuestos de los contribuyentes y ejercen una función de carácter público a favor de toda la sociedad. No es el caso de los otros profesionales que realizan su trabajo pagado por el servicio o bien que ofrecen a sus clientes.
La sociedad demanda de los políticos un estilo de vida caracterizado por la honradez, la transparencia y la austeridad. La sociedad castiga, con su crítica y el voto, a los políticos que a su juicio no se comportan en el marco de estos parámetros.
En el político, la transparencia implica la rendición de cuentas ya que su ingreso, también los recursos que administra, provienen de los contribuyentes. No son suyos. Pertenecen a quienes pagamos impuestos con nuestro esfuerzo y trabajo.
Cuando los valores del político son la corrupción, la opacidad, el despilfarro y la frivolidad, todos antivalores para la sociedad, se convierten, con razón, en blanco del ataque de los ciudadanos, son motivo de burla y de irrespeto porque éstos se sienten robados y defraudados.
Cuando los políticos critican a los otros políticos por no tener el estilo de vida que les corresponde, ganan la simpatía y el apoyo de la sociedad. Ésta se siente representada por ellos en su enojo y malestar que, sin duda, son legítimos.
Y cuando estos mismos políticos todavía van más allá, pregonan de manera pública que ellos sí van a cumplir los valores que deben guiar al político y seguir el estilo de vida que les es propio, reciben el apoyo ciudadano expresado en la adhesión y el voto.
Estos políticos, en ese momento, establecen un nuevo estándar, que siempre debió existir, para que la sociedad mida su comportamiento público y privado. La vida del político, como la de toda persona, es una. No se puede ser honrado en el ejercicio de la tarea pública y luego corrupto en la privada. No existe esa posibilidad.
El político que de manera pública dice que va a ser diferente a los que lo antecedieron, pero ya en el poder se comporta como ellos, provoca en la ciudadanía un redoblado rechazo porque a su falla ahora se añade el "engaño y la traición".
A los ciudadanos la doble moral de muchos políticos indigna de manera especial. Les molesta que digan una cosa y luego hagan otra. Que pregonen, por ejemplo, la austeridad como un gran valor y luego no lo sean. El político pasa a ser, entonces, también un "hipócrita".
En el sentido del vocablo original griego que define al actor de teatro, el actor representa al personaje que no es. Después, los mismos griegos utilizaron el término “hipócrita” para señalar a aquellas personas que fingen cualidades, sentimientos y virtudes que no tienen. Así también se entiende en el español.
¿Que opinan de la clase política del País?



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23 ene 2018

¿Cómo usas tu poder?


¿Cómo usas tu poder?, ¿cómo consigues lo que quieres/deseas/necesitas de los demás?, ¿cómo te sientes cuando no lo logras?, ¿cuales son tus estrategias para persuadir a tu gente conocida, ¿y a la desconocida?, ¿te impones siempre, cedes mucho, o sientes que hay un equilibrio entre tus intereses y los de los demás?, ¿ejerces el poder desde la dominación o la sumisión?, ¿quién te domina/explota/oprime y a quienes oprimes y explotas tú?, ¿cómo usas tu poder en tus relaciones de pareja?, ¿cómo te lo trabajas?

 Reflexionando sobre cómo usamos nuestro poder, cómo lo regalamos, cómo lo ocultamos, cómo lo ejercemos sobre los demás, cómo nos posicionamos en la jerarquía del patriarcado y el capitalismo, y cómo podríamos transformar el concepto de poder para transformar el mundo que habitamos.

Nuestra forma de organizarnos es piramidal: arriba unos pocos, abajo las grandes mayorías. Todos ocupamos una posición determinada en una jerarquía en las que tenemos gente arriba y abajo. En la cúspide de la pirámide están los pocos hombres blancos y occidentales que acumulan el 80% de la riqueza en el mundo, y en el escalón más bajo está la anciana lesbiana negra o indígena, pobre y del mundo rural, discapacitada o enferma. Arriba los más privilegiados, abajo los nadie. Abajo del todo, la masa de mujeres pobres que viven por debajo de los hombres más pobres del planeta.

En cualquiera de las posiciones en las que estamos ejercemos nuestro poder para evitar que abusen de nosotros, pero también para abusar de los demás. Cada uno de nosotros tiene sus intereses, sus necesidades, sus apetencias, sus proyectos, su visión de mundo, y casi siempre chocan entre sí. Las relaciones humanas son tan conflictivas porque funcionan bajo la estructura de la dominación y la sumisión: desde ambas posiciones ejercemos nuestro poder, y a menudo esto significa entrar en batalla y que una de las dos personas gane sobre la otra.

Desde que nacemos vivimos inmersos en luchas de poder. Ya desde bebés tenemos que utilizar estrategias para pedir amor, alimento, calor, que nos cambien el pañal, que nos quiten el miedo, que nos presten atención. Algunos humanos adultos desprecian esta capacidad para manipular que tienen los bebés, porque sienten que son pequeños tiranos que tienen que sufrir y pasarlo mal para aprender a sobrevivir. Por eso se insiste tanto en que los niños tienen que ser disciplinados y mutilados para que crezcan y no sean malcriados (niños que reciben "demasiado" amor), que no se rebelen cuando reciben órdenes, que se conformen con lo que hay, que no se acostumbren a los brazos, al amor y a las caricias, que se callen y no hagan ruido, que no lloren, que no den la lata. Por eso los niños que no lloran y no piden cosas son "buenos", y los niños que se comunican y se expresan para conseguir lo que necesitan, se les llama "malos". Un bebé es malo si llora porque su objetivo es joderte. Hay gente a la que ni se les pasa por la cabeza que lo hacen para comunicar que se sienten mal o necesitan algo. Por eso hay mucha gente que no les atiende ni les consuela: "es que le viene bien para ensanchar pulmones", que en realidad quiere decir: "que se joda y se acostumbre que la vida es dura".

También los animales están sometidos a la crueldad de los seres humanos adultos: ellos son los más débiles, los que soportan patadas, malos tratos, hambre y sed, dolor, soledad obligada. Destrozamos su hábitat natural para construir hidroeléctricas o minas, para extraer petróleo, para obtener materia prima de los bosques y las selvas. Los secuestramos, los domesticamos, los exhibimos, los compramos, los vendemos, los regalamos, los explotamos para que trabajen para nosotros, los ponemos a pelear a muerte para divertirnos, los explotamos reproductivamente para ganar dinero con sus bebés, los abandonamos en cualquier sitio cuando nos aburrimos, o los mandamos a dormir cuando molestan mucho, y no nos sentimos culpables porque los animales son "cosas", propiedades con las que puedes hacer lo que quieras porque su vida no vale nada.

A los humanos nos encanta ejercer el poder, tener la razón, resolver los conflictos a favor nuestra siempre, ganar todas las batallas, demostrar quién manda. Nos encanta que nos admiren, nos teman, o nos obedezcan. Nos encanta que nos idolatren, que los demás se relacionen de rodillas con nosotros, que todo gire en torno a nosotros. No nos importa acumular riqueza mientras la mitad del planeta pasa hambre, sólo pensamos en nuestro interés, y no somos capaces de pensar en el bien común. Por eso hacemos la guerra y masacramos poblaciones enteras con bombas, por eso nos hacemos la guerra dentro de las familias y las comunidades, y por eso también nos hacemos la guerra a nosotros mismos.

Estas luchas de poder nos quitan la mayor parte del tiempo y las energías que tenemos. Hacemos la guerra entre madres e hijas, padres e hijas, hermanos, compañeros del cole y del trabajo, y por supuesto, con la pareja. También batallamos contra el vecino que pone la música muy alta un sábado a las 7 de la mañana, contra el policía que quiere multarte, contra el teleoperador de la empresa de telefonía de la cual quieres darte de baja, contra el banco que nos ha cobrado de más, contra el casero que no te arregla una gotera.

Batallas contra tu abuela porque no le da la gana tomarse la pastilla de la tensión, contra tu hija porque no ha hecho los deberes, contra tu madre porque le ha dado chocolate a tu hijo y estaba castigado, contra tu jefa porque llevas un año pidiéndole un aumento de sueldo, contra tu hermana porque insiste en meter a la abuela a una residencia, contra tu compañero de trabajo que te tiene envidia y está siempre criticándote, contra tu marido porque se pasa toda la tarde en el gimnasio, contra tu ex porque quiere llevarse a la niña en Nochebuena, contra tu suegra porque les pone la televisión a los niños miles de horas.

En algunos casos ganan las mujeres  las luchas de poder, en otros casos ganan los demás. Unos utilizan el juego sucio, otros batallan con las mínimas dosis de ética, empatía, generosidad y solidaridad que se requiere para que una relación funcione. No nos es fácil conseguirlo porque desde la infancia nos enseñan a relacionarnos en la competición constante entre nosotros para ver quién saca mejores notas, quién es más listo, quién corre más, quién mete más goles, quién es más guapo/a, quién es más valiente, quién es más sexy, quién es más poderoso. Es fácil verlo en los colegios: las posiciones más altas de cualquier grupo siempre están ocupadas por dos o tres personas, da igual que tengan 9 años: a esas edades ya tienen muy claras las jerarquías.

Lo mismo sucede cuando estamos en pareja. Desde el momento en que definimos el modelo de relación que queremos tener y pactamos normas de convivencia, ya estamos interaccionando, construyendo un vínculo, negociando para que ambos miembros estén contentos con los pactos alcanzados. Todo va bien cuando ambos coincidimos en el tipo de relación que queremos (pareja de amor total y oficial, amigos con derecho a roce, amantes clandestinos, etc), pero si uno quiere una cosa y la otra persona quiere otra, empiezan los problemas.

A los humanos enamorados nos cuesta pensar con claridad, no sólo porque estamos con la borrachera del enamoramiento que nos coloca a todos en las nubes, sino porque hemos interiorizado muchos de los mitos que nos hacen creer que el amor es perfecto, eterno, y maravilloso. A veces nos pasa que preferimos creer que en algún momento el milagro del amor romántico nos pondrá a los dos en el mismo nivel, nos amaremos con la misma intensidad y al mismo ritmo, nos acoplaremos a la perfección, tendremos los mismos intereses y necesidades, trabajaremos en equipo para ser felices.

Lo más práctico sería ser realista y ponerse a pensar: si la otra persona no se enamora de tí, si no quiere el mismo tipo de relación, si te pone barreras porque no sabe disfrutar del amor, si le da pereza, si es un mutilado emocional, si no le apetece comprometerse, si no siente la borrachera del enamoramiento...lo mejor es dejarlo. Pero lo que hacemos es quedarnos y empeñarnos en que funcione la cosa y llegue a donde nosotras/os queremos que llegue.Y ahí ejercemos nuestro poder sobre el otro, cuando exigimos o mendigamos amor.

Las mujeres hemos sido educadas para someter al amado con nuestras artes de seducción y con victimismo. Los hombres han sido educados para someter a la amada utilizando sus encantos y su poder patriarcal, su capacidad para dominar e imponerse, su fuerza física y su violencia.

Así las cosas es bien complicado relacionarse desde el compañerismo: todas nuestras relaciones están basadas en la estructura hegeliana del amo y el esclavo. Unos mandan, otros obedecen. Pero siempre estamos en movimiento y haciendo las dos cosas: mandamos y obedecemos, damos y recibimos,  vamos alternando según el contexto en el que batallamos.

En las relaciones igualitarias también hay luchas de poder. Hay gente que las saca a la luz, que habla de ellas, que bromea con ellas, que se las trabaja. Pero la mayor parte de la gente no logra hablar de sus batallas y reflexionar sobre ellas. Simplemente se enfocan en lograr lo que necesitan utilizando los medios que hagan falta para lograr los fines.

Y en esto se basa un poco la dinámica de nuestra sociedad: en andar batallando unos contra otros en lugar de cooperar y colaborar para que a todos nos vaya bien. Mientras sigamos dentro de las estructuras de la jerarquía patriarcal y capitalista, seguiremos unos arriba y otros abajo, alternando posiciones según el momento del día: en el lapso de 24 horas podemos ser empleados sometidos, y reyes de nuestro hogar, podemos ocupar posiciones directivas en un sindicato, y podemos estar sometidos al poder de un padre tiránico. Así es el poder, nos contaba Foucault: un mecanismo de ida y vuelta en el que nos movemos y cambiamos de posición constantemente.

Otras formas de ejercer el poder son posibles. Es cierto que unos usan su poder de forma autoritaria, absolutista, y fascista, pero también es verdad que muchos otros usan su poder para la lucha por un mundo mejor. Unos usan su poder para acumular más poder, más recursos, más mujeres, más dinero. Otros usan su poder para ayudar a los demás. No todas las estrategias valen: no las que se utilizan para engañar, coaccionar, manipular a los demás. No las que hacen daño, ni las que se hacen con afán vengativo o destructivo. Vivimos en un mundo violento porque la mayor parte de nosotros sólo sabe ejercer su poder utilizando la violencia física, emocional, sexual, psicológica, económica.

Nos cuesta mucho verlo porque todos nos creemos que somos buenas personas, que llevamos la razón, que nos merecemos lo que obtenemos en nuestras luchas de poder. Y no solemos pararnos a pensar si realmente estamos siendo buenas personas, o si estamos haciendo daño a los demás. Y esta es la clave para pensar la ética del poder: ¿cómo podríamos ejercer el poder sin violencia?


¿Cuales son tus estrategias? 

Algunas de las estrategias que utilizamos para conseguir de los demás lo que necesitamos/deseamos/queremos son:

- Coacción: obligar a la otra persona o chantajearla. Por ejemplo, presionar e intimidar a alguien para que deje de hablar con su ex, para que te preste dinero, para que te conceda una cita, para quedarte con más dinero de la herencia, para que recoja su habitación, para que tenga sexo contigo, para que se enemiste con su familia, para que te diga en todo momento donde está y qué está haciendo.

- Manipulación perversa: engañar, mentir, machacar la autoestima, confundir a la otra persona para que cambie de opinión, para que haga lo que quieres, para controlarla, para someterla, para manejarla según te convenga. Por ejemplo: amigas que quieren enemistarte con otra amiga y utilizan mentiras para hacerte creer que ella no te quiere y habla mal de ti. Contar una historia con partes inventadas para que los demás se compadezcan de ti y culpabilicen a la otra persona.

- Victimismo: chantajear emocionalmente, amenazar, arrojar toneladas de reproches y acusaciones, montar tragedias y dramas para hacer sentir culpable, o hacer sentir mala persona a la que no hace lo que tú quiere o no te da lo que tú necesitas. Es un arte de dominación que se ejerce desde la sumisión: el victimista quiere dar pena y se exime de toda responsabilidad sobre sus actos y sus sentimientos para que tú te sientas responsable de su bienestar, de su salud, y de su felicidad. En los casos más extremos los victimistas se auto-lesionan y amenazan repetidas veces con "suicidarse". Son violentos y egoístas, pero con sus llantos y sus dramas se colocan en la posición del ser débil que necesita protección, mimos, cuidados, recursos, y lo que haga falta. Lloran, reprochan, patalean, hacen berrinche para que tú no les lleves la contraria, para que les quieras como ellos quieren, para que estés siempre atenta a sus necesidades y apetencias.

- Inacción: no hacer nada para ganar una batalla en la que se te pide que hagas algo, que cambies algo, que des algo. Por ejemplo: que te pidan un favor y tú digas que sí sabiendo que no vas a hacerlo. O hacer esperar a alguien a ver si se harta o se le olvida, o renuncia a sus propósitos. O no contestar cuando se dirigen a ti haciendo como que no te das por aludido.

- Seducción: utilizar tus encantos para despertar su deseo. Pedir las cosas con una sonrisa, con amabilidad, con buenas vibras, con alegría. Hacer reír a la otra persona, hacerle sentir especial. Por ejemplo: que se enamore de ti, que te de su juguete que tanto gusta, que te haga mimos, que te de de comer, que te hagan regalos, que te dejen salir de fiesta con tus amigas en la adolescencia, que te suban el sueldo, que te concedan una cita, que te den una beca para poder estudiar, que te den ese puesto de trabajo, que te firmen ese papel, que te perdonen una infracción.

- Negociación: utilizar la asertividad para comunicar lo que queremos o lo que necesitamos. Hablamos desde nosotras mismas, de cómo nos sentimos, de cómo vemos la situación, sin utilizar el juego sucio: ni chantajes, ni mentiras, ni amenazas, ni tratar de meter miedo, ni tratar de dominar al otro con estrategias ocultas. Se trata de parar la batalla para sentarse a hablar evitando el victimismo, las coacciones, la violencia, o la manipulación. Es una conversación que se realiza en horizontal, de tú a tú, con el corazón abierto, y en estado de escucha activa y afectiva. Cuando logramos hablar así, escuchando amorosamente, hablando con sinceridad y cuidando a la otra persona sin dejar de cuidarnos a nosotras mismas, entonces es posible pactar, ceder en algunas cosas, que la otra persona ceda en otras, que nadie salga perjudicado, y que ambas personas se queden lo más contentas posibles con los acuerdos alcanzados.


¿Cómo trabajar mi poder?

Yo me trabajo mi poder desde hace años, cuando empecé a leer sobre feminismo. He utilizado todas las estrategias explicadas anteriormente, y por eso me trabajo la asertividad, la empatía, la solidaridad con la gente con la que batallo, tanto con las personas que quiero como con las desconocidas. Mi objetivo es aprender a comunicarme mejor, a decir lo que siento, a ejercer mi poder desde una posición amorosa. Quiero llevar la teoría feminista a la práctica, a mi día a día, y así poder aprender a relacionarme en igualdad, desde el respeto y la empatía. Quiero transformar la manera en la que construyo y vivo mis relaciones con los demás, y aportar en la transformación política, económica, social, sexual y emocional del mundo en el que vivimos.

Lo personal es político y lo romántico es político: hay que trabajarse mucho el poder, individual y colectivamente. Si queremos acabar con las jerarquías que nos sitúan a unos encima de otros y que generan tanta desigualdad, discriminación, explotación, y violencia, tenemos que cambiar el concepto de poder, y utilizarlo para el bien común. Para acabar con el odio hacia el otro, para dejar de construir enemigos, para parar las guerras tenemos que repensar la forma en la que nos relacionamos sexual, afectiva, sentimentalmente. Transformar el modo de organizarnos política, social y económicamente, para que unos pocos no se queden con todo. Pensar entre todos qué tipo de familias y comunidades afectivas queremos, qué tipo de parejas queremos construir, cómo podríamos vivir mejor todos, cómo podríamos distribuir los recursos equitativamente.

Yo me lo trabajo con esta sencilla pregunta: ¿cómo podría yo hacer para que mi poder no perjudique, no someta, no abuse, no apague la luz de las personas con las que me relaciono?

Lo primero es analizarse a uno mismo para entender cuales son los privilegios que tenemos, cómo los usamos, cómo nos aplastan los privilegios de los que están arriba, cómo aplastamos nosotras a los que están abajo. Es un trabajo que requiere mucha honestidad, y mucha autocrítica amorosa. Se trata de ver cómo dominamos y cómo nos sometemos, cómo luchamos por conseguir nuestros objetivos y nuestras metas, y ver si estoy haciendo daño a los demás, o si me estoy haciendo daño a mí misma.

Se trata de ser honesto: ¿me estoy resignando, me estoy imponiendo, me estoy sintiendo humillado, me siento poderoso, me estoy dejando explotar, me estoy dejando tratar mal, estoy yo tratando mal a la otra persona?

Y sobre todo, pensar constantemente en qué ocurre cuando ganamos una lucha de poder, cómo afecta a los demás que yo consiga lo que necesito o lo que quiero. Si podría yo contribuir a que nos vaya bien a todos, no sólo a mí.


Otras cuantas preguntas para trabajarnos el tema del poder y el amor:

¿Cómo puedo trabajarme el Ego para dejar de necesitar la admiración de los demás, para abandonar esa obsesión por ser importante, por ser especial, por ser necesaria?, ¿cómo puedo valorarme a mi mismo sin necesitar constantemente el reconocimiento de los demás?, ¿por qué creo que me da valor tener pareja?, ¿por qué mi Ego y mi autoestima se hunden si no tengo pareja?

¿Cómo construir relaciones más bonitas, más sanas, más equilibradas, más honestas?. ¿Cómo amar y querer de forma desinteresada, con toda la generosidad del mundo?, ¿cómo cuidar a la otra persona y cuidarme yo durante las luchas de poder?, ¿cómo elimino la necesidad de control y dominio sobre la persona que amo?, ¿desde qué posición pacto los términos de mis relaciones sexoafectivas, me pongo sumisa o dominante, me pongo victimista o agresiva?, ¿cómo negocio esos pactos sin que nadie tenga que ceder en todo?, ¿cómo alcanzar autonomía para relacionarme desde la libertad, y no desde la necesidad?

¿Soy honesto/a con mi pareja?, ¿y conmigo misma?, ¿cómo me relaciono con la culpabilidad: la que se crea en mi y la que creo en los demás? ¿Soy capaz de aceptar al otro tal y como es, o mi secreto deseo es cambiarlo para que sea como quiero?, ¿cuáles son mis límites y los de la otra persona?, ¿son compatibles nuestras particulares apetencias y gustos sobre el sexo y el amor?,

¿Cómo relacionarme en un plano horizontal con mis parejas?, ¿cómo amar y defender mi poder?, ¿cómo me relaciono con el poder del otro o la otra?, ¿cómo hago para seguir siendo yo aunque me enamore locamente?, ¿cómo hago para no ponerme en un altar o no ponerme de rodillas a la hora de relacionarme con mi pareja?, ¿cómo hago para no machacar la autoestima de la otra persona?, ¿cómo amo y defiendo mi libertad, y la de mi pareja?,

¿Qué pasa si dejo de ganar siempre en todos los sitios y con todo el mundo?, ¿qué ocurre si me harto de someterme a los demás para que me usen como alfombra?,

¿Cómo me siento cuando no me aman como quiero/como sueño/como necesito?, ¿cómo me siento cuando la otra persona me ama ciega e incondicionalmente, y yo no siento lo mismo?, ¿me siento responsable del bienestar y la felicidad de tu pareja?, ¿hago responsable al otro de mi bienestar y mi felicidad, o soy yo la que asumo mi cuido personal?,

La pregunta más importante para mí es la que se centra en el placer, en el disfrute, en la alegría de vivir: ¿cómo utilizar mi poder para que me haga la vida más bonita a mí y a la gente a mi alrededor?


Coral Herrera Gómez


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1 ago 2016

El Juego Político

estrategia1Cuando empezamos a trabajar con veintitantos años, tendemos a pensar que las empresas se estructuran de forma racional, con divisiones razonables del trabajo, con flujos de comunicación transparentes… Pero rápidamente nos damos cuenta de que las organizaciones están integradas por personas que “juegan” a conseguir poder e influencia. Éste es el juego “político”. Dicho “juego” consiste en evitar todo tipo de racionalidad en la configuración de la empresa, en manipular la comunicación (con más intensidad cuando es jerárquica), en manipular a las personas… 
El problema es que las reglas del juego nunca son explícitas, pero la mayoría juega. Es más, existen personas que se mueven como pez en el agua haciendo “política”: conocen instintivamente las reglas (los demás no tienen más remedio que aprenderlas). Las personas que no entienden las tramas políticas, o simplemente no quieren jugar, se encuentran en inferioridad de condiciones, no sólo para conseguir ascensos y mejoras salariales, sino para poder llegar a realizar su trabajo. 
¿Por qué se producen los juegos políticos? Hay múltiples razones, entre otras: objetivos mal definidos, incapacidad para medir los resultados (que no sean los estrictamente financieros), malos procesos para la toma de decisiones, fuerte competencia individual (o grupal: departamentos, unidades de negocio…), envidias internas…
Pero el origen más habitual de cualquier juego político es la aparición del cambio. En muchas organizaciones, cualquier pequeño cambio es un drama ante el que se reacciona haciendo “política”, para defender los intereses creados y la distribución del poder. 

Existen diferentes niveles para la acción política: el individual, el de coaliciones y el de red. 
Individualmente, cada persona busca su propio interés. Aquellos que tienen intereses comunes pueden crear coaliciones, que son grupos informales que se unen temporalmente para resolver un problema (o evitar una amenaza). Las coaliciones son fuerzas políticas de gran intensidad dentro de las organizaciones, dinamitando todo aquello que vaya contra sus intereses. Por último las redes políticas son uniones temporales y poco compactas de individuos que buscan apoyo social para defender sus intereses. Las redes se orientan a personas, las coaliciones a problemas. Normalmente las redes funcionan durante más tiempo que las coaliciones.
¿Cómo se suele hacer política en las organizaciones? La gama de conductas políticas tiende al infinito, pero se pueden identificar algunas de ellas: atacar o culpar a otros (de nuestros errores), utilizar información privilegiada, crearse una buena imagen, desarrollar un grupo de individuos de apoyo, halagar a otros (hacerles la pelota…), crear coaliciones de poder, asociarse con personas influyentes, crear obligaciones (pedir reciprocidad ante determinados favores)…
Evidentemente, hay individuos con vocación: personas que muestran una extraordinaria proactividad a la hora de hacer política; otros en cambio son más reactivos. Lo más triste es el descubrimiento realizado por Fred Luthans: el 90% de los directivos pasan la mayor parte de su tiempo construyendo redes políticas, dedicando al trabajo real un tiempo insignificante. Al final, la conclusión es que en las organizaciones no ascienden necesariamente los mejores, sino los que dedican más tiempo al juego político…
El juego político es muchas veces como una representación teatral que en los momentos de campañas alcanza su clímax. Es su punto catártico. No extraña que el mundo de la literatura también le ha dado su espacio, ya que la política –y más las campañas- tiene todo para un buen argumento: están los que se consideran buenos y los malos, las estrategias, las puñaladas traperas, el objetivo final, el desenlace de quién gana finalmente las elecciones. Y entre medias, como artistas invitados, todos los electores. Por eso, a la hora de hacer una lista hay de todo. Desde novelas que ficcionan campañas reales a crónicas de campañas verdaderas. Además, hay que contar con los ensayos que se detienen en momentos y partidos políticos concretos –todos sabemos los que están ahora de actualidad- y con las figuras emergentes. Y después está el cómic. La novela gráfica en los últimos años está en todas las salsas, y también por supuesto en el juego político. 
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12 jul 2016

La estupidez del nacionalismo

El nacionalismo es una posición irracional, discriminatoria, insostenible y caprichosa. Todos los nacionalismos. Inevitablemente, al subrayar diferencias artificiales y separar esfuerzos en la lucha por una sociedad mejor, es indefectiblemente reaccionario y regresivo, sin importar cómo se disfrace.


Un tratamiento más amplio del tema en otra web, 


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24 jun 2016

La ciencia de las elecciones

Ciencia y política: ¿qué nos influye a la hora de votar?


¿Qué nos influye a la hora de acudir o no a votar en unas elecciones generales? ¿Y a la hora de escoger un candidato? ¿La genética define la ideología política? ¿Hay cerebros de derechas y cerechos de izquierdas?  La ciencia tiene algunas respuestas. 

El tamaño del candidato 
La elección de candidatos físicamente corpulentos en unas elecciones puede ser un comportamiento desarrollado para asegurar la supervivencia, según concluye un estudio de la Universidad Tecnológica de Texas (EE UU) que publica la revistaSocial Science Quarterly. 

Los genes
La genética juega un papel clave en la identificación de un individuo con un determinado partido político. Un estudio con 12.000 gemelos realizado en la Universidad de Wire reveló que la tendencia a tener la misma ideología política es mayor en los gemelos idénticos que en mellizos. Todos podemos actuar contra las predisposiciones genéticas, pero es bueno saber que los genes nos influyen de una manera inconsciente en nuestras actitudes políticas? advierte John Alford, autor de la investigación. 

El cerebro
Científicos del University College de Londres (UCL), en Reino Unido, han encontrado una estrecha relación entre el grosor de dos áreas de materia gris del cerebro y la ideología política. En concreto, sus análisis con imágenes de resonancia magnética muestran que las personas que se declaran conservadoras o "de derechas" tienen mayor grosor en los tejidos de la amígdala cerebral -el área encargada de procesar las emociones-, mientras que las personas con ideología liberal o "de izquierdas" suelen tener más pronunciada la corteza cingulada anterior, un área del cerebro asociada con la anticipación y la toma de decisiones. 

La satisfacción
La gente satisfecha con su vida se muestra más predispuesta a participar en unas elecciones políticas acudiendo a votar que las personas insatisfechas, de acuerdo con una reciente investigación de la Universidad de Baylor (EE UU) publicada en la revista Journal of Happiness Studies. 

El ejercicio físico
Según un estudio publicado en la revista Psychological Science, las personas que realizan más actividad física y cuidan su salud tienen a participar más en la vida política que los sujetos más sedentarios. Los investigadores dicen que quizás se podría aprovechar el descubrimiento para pedir el voto y la participación ciudadana en contextos deportivos.

Decantarse por un partido político es una decisión más emocional que racional


La política “enciende” los ánimos. ¿Será porque nuestras inclinaciones políticas están vinculadas a nuestra propia fisiología? Así lo han determinado un equipo de investigadores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) quienes analizando lo que denominan el “sesgo partidista”, han descubierto que nuestras afiliaciones políticas están arraigadas a nuestras propias emociones y fisiología, independientemente del contenido o programa del partido. Esto es, ser de un partido u otro sería una decisión más emocional que racional.

Los investigadores quisieron averiguar si inclinarse hacia uno u otro partido tiene un origen más intuitivo del que pensamos. Así, los científicos realizaron un experimento que medía la actividad del sistema nervioso simpático (responsable de la excitación afectiva) así como varios electrodos, incluido uno en el dedo índice para comprender mejor las respuestas fisiológicas de un grupo de voluntarios mientras observaban imágenes de logotipos de partidos. Los resultados revelaron que los participantes que se sentían partícipes de un determinado partido, tuvieron una reacción física medible al presentarles la imagen del partido en cuestión.

“Es difícil de medir los sentimientos, ya que a menudo implican una serie de factores inconscientes, pero por el uso de electrodos adheridos a la piel, podemos medir las reacciones fisiológicas del cuerpo y por lo tanto determinar las reacciones afectivas de una persona - independientemente de si la persona es consciente de la reacción o no”, aclara Michael Bang Peterson, líder del estudio.

En una segunda parte del estudio, los expertos mostraron a los voluntarios ocho propuestas políticas en el lado izquierdo de una pantalla y otras ocho propuestas en el lado derecho. Sin embargo, “encontramos que los sujetos que tuvieron una reacción fisiológica durante la primera parte del estudio mostraron mayor sesgo partidista en la segunda parte. Por ejemplo, una gran cantidad de sujetos que dijeron haberse identificado con el partido de izquierdas tendían a ser comprensivos hacia las propuestas del partido. Sin embargo, el hallazgo sorprendente fue sólo a los que se les mostró el logotipo del partido junto a las propuestas, mostraron una fuerte respuesta fisiológica hacia las propuestas de su propio partido pero no sin el logotipo”.

Así, las reacciones físicas del cuerpo fueron las que determinaron el grado de sesgo de los participantes, evidenciando que nuestra parcialidad aparentemente se deriva de reacciones emocionales instintivas y no racionales.

"Nuestros resultados sugieren que no todas las personas son igualmente influidos por la persona que presenta el mejor argumento. Las reacciones afectivas con los candidatos de los partidos influirán en el grado de su acuerdo con las propuestas defendidas por partidos políticos específicos - independientemente de la calidad de los argumentos presentes”, concluye Peterson.

El estudio ha sido publicado en la revista Plos One.

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12 abr 2016

Mapa que muestra lo que más exporta cada país

UN INTERESANTE MAPA SOBRE QUÉ PRODUCEN LOS DIFERENTES PAÍSES PARA EL MUNDO.

Lo que produce y exporta un país nos dice mucho de la economía y la forma de vida de un país y un pueblo, y aunque esto puede prestarse a ciertos estereotipos, sin duda esta información nos permite entender mejor el panorama geopolítico y económico del mundo en el que vivimos.

El mapa aquí presentado ha sido generado por el banco Merrill Lynch y muestra qué es lo que cada país se destaca en exportar al mundo. En el caso de Canadá, son autos; Irlanda computadoras; Rusia petróleo; México es un país zapatero y maquilador; China aparatos electrónicos; Chile, Perú y Mongola exportan cobre. En África dominan los metales y minerales; aprendemos que India también exporta sobre todo piedras preciosas y que de manera poco honrosa, en Afganistán predomina la exportación de opio y así sucesivamente esta cuantiosa visualización de data. 
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5 abr 2016

Critical Art Ensemble: Los Zares de la Comunicación

CAE: LOS ZARES DE LA COMUNIÓN ENTRE ARTE, TECNOLOGÍA Y CONTRACULTURA

DESDE HACE DÉCADAS ESTE COLECTIVO HA TRANSGREDIDO LÚCIDAMENTE LOS LÍMITES, COLOCANDO REFLEXIONES ARTÍSTICAS DONDE HAN SABIDO INCOMODAR


Critical Art Ensemble (CAE) es una agrupación que se las ha ingeniado, en repetidas ocasiones y a lo largo de varias décadas, para provocar a las autoridades. Desde que se conformó en 1987 han publicado seis títulos que sirven de base intelectual a su manera de aplicar el arte al servicio del activismo crítico. Sus dos máximos representantes e ideólogos son Steve Kurtz y Steve Barnes. Ambos gozan explotando al arte como un agente del caos que puede hacer reflexionar al público frente a ciertas problemáticas locales y globales; en repetidas ocasiones han logrado evidenciar la actitud autoritaria y opresora de los gobiernos, y han diseñado enérgicas estrategias.

A la agrupación le interesa la intersección del arte con la teoría crítica, con la tecnología y el activismo político. Sus soportes o medios preferidos para desarrollar su actividad son el Internet, el diseño impreso, la imagen digital, el performance, la fotografía, el video y las publicaciones tanto impresas como digitales; desarrollan tácticas reaccionarias frente a la normalidad que los gobiernos promueven en asuntos como vigilancia, guerra, recopilación de información y problemas raciales, políticos y económicos.

Se han involucrado en varias partes del mundo, identificándose con fracciones rebeldes que utilizan el arte como instrumento libertador. Se empapan de las problemáticas locales y comienzan un proceso de diálogo e interacción con el entorno, para desembocar en acciones concretas que han sido tan variadas como interferir señales de radio, imprimir carteles y playeras, dar mensajes utilizando soportes electrónicos y ejecuciones de performance crítico e inclusivo; en suma, se valen de cualquier cosa a la mano y no parecen tener límites. 

Existe mucho material en la red en torno a la agrupación. Kurtz ha dado diversas pláticas en instituciones renombradas como el MIT, canales web como TED Talks y muchas  universidades; los seis libros que han publicado se encuentran en su página con licencia libre, y en la misma hay un amplio registro de su actividad.

Esta colaboración busca activar la conciencia y la creatividad; su experiencia debe ser servir como ejemplo para nuevas generaciones, así como muchas otras organizaciones que hoy persiguen fines similares. Vale la pena acercarse al camino que tiene recorrido el CAE, para inspirarse e informarse. A fin de cuentas, su admirable trayectoria es en sí una franca invitación a desatar la semilla rebelde que todos llevamos dentro –y hacerlo con el bien común y la libertad como objetivos primordiales. 

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7 mar 2016

La lucha de clases


Izquierda frente a derecha, proletarios frente a capitalistas, pobres frente a ricos, los de abajo frente a los de arriba, desposeídos frente a propietarios. ¿Cómo no reconocer estas diferencias en la población? Las diferencias de intereses, de ideología y de necesidades son evidentes. Pero esto no es la lucha de clases. O, mejor dicho, reconocer estas diferencias no es lo que define lo que se conoce como lucha de clases desde la perspectiva marxista.


La lucha de clases como explicación de la historia


En principio, la lucha de clases se refiere a que estas diferencias entre clases son el motor de la historia. La lucha de la burguesía frente a la aristocracia nos saca del sistema feudal y nos encamina al capitalismo. La del proletario frente al capitalista nos lleva al comunismo. Esta lucha de clases está en el centro del materialismo histórico. El problema es que los hechos no encajan con la teoría. Para empezar, no todos los grandes acontecimientos históricos se explican como lucha de clases. Segundo, la evolución seguida por los países europeos, que sirvió de referencia a los marxistas, por comenzar ahí la revolución industrial, no es la seguida por el resto del mundo. Tercero, y para desconcierto de los marxistas de la época, las revoluciones comunistas surgieron donde ellos decían que no deberían haber ocurrido, en países sin industrializar o poco industrializados. Por supuesto, para todas las excepciones hubo explicaciones ad hoc y hubo reinterpretaciones de la historia y de la teoría para conseguir encajar las cosas. Y si hubo problemas para entender que el comunismo surgiera en esos países, todavía era peor observar a los países industrializados pasar a ser sociedades con economía de servicios donde toda la teoría se diluía.

Y todo esto sin contar con la propia definición de clase, que no podía ser objetiva, porque tampoco cuadraban los hechos, sino subjetiva: un obrero es de clase obrera y participará en la lucha de clases cuando sea consciente de la explotación a que está sometido. Con esta manera de dar la definición evitamos problemas a costa de no ser falsables. Las clases existen y tú perteneces a esta clase. ¿Dices que no? Es que estás alienado.


La lucha de clases como estrategia política

Vale, la historia realmente existente no encaja con el materialismo histórico, pero podemos proponer la lucha de clases como acción política. Existen los que tienen los medios de producción y los que no. Concienciemos a estos últimos para formar un frente común y cambiar el sistema económico hacia el ¿comunismo? de manera que haremos que se cumpla la profecía de la lucha de clases como motor de la historia. Ahí ya está la opinión de cada cual y sus esperanzas, pero la historia política del último siglo no parece que dé mucha razón a esta política como estrategia, que con sus altibajos cada vez a tenido menos adeptos. Habrá quien extrapole los casos de Syriza en Grecia y Podemos en España en el último par de años como una tendencia que les da la razón. Se olvidan del resto del mundo y de lo que significa una tendencia.

Entonces, ¿no hay clases? Las hay, pero no en el sentido marxista y con las consecuencias referidas por ellos. Hay ricos y pobres, propietarios y desposeídos, desde luego. Pero en medio hay demasiadas cosas que no sabemos de qué lado están, y en los extremos también hay diferencias de intereses. Difícilmente habrá un choque revolucionario en las sociedades modernas como el requerido por el marxismo. Más fácilmente se continuará la evolución hasta sociedades más igualitarias con las adecuadas políticas económicas. Para el estudio de esa evolución otros conceptos como grupos de intereses o de presión serán más útiles.




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27 dic 2015

Bandolerismo social

O el ladrón noble


Decía un bandido italiano: "Estamos tristes, es cierto, pero es que siempre hemos sido perseguidos. Los nobles usan la pluma, nosotros el fusil; ellos son los señores de la tierra, nosotros los del monte".

En un sentido amplio, la «modernización», es decir, la combinación del desarrollo económico, las comunicaciones eficaces y la administración pública, elimina las condiciones en que florece cualquier tipo de bandolerismo, incluido el social. (...) El bandolerismo social es un fenómeno universal que se da en las sociedades basadas en la agricultura (economía pastoril inclusive) y que se componen fundamentalmente de campesinos y trabajadores sin tierra oprimidos y explotados por algún otro: señores, ciudades, gobiernos, legisladores o incluso bancos. Se encuentra en una u otra de sus tres formas principales (...): el ladrón noble o Robín de los bosques, el luchador perteneciente a una forma de resistencia primitiva o miembro de una guerrilla, al que llamaremos  haiduk, y posiblemente también el temible vengador. 
(...) Existe la creencia generalizada de que los bandidos se multiplican en las áreas remotas e inaccesibles, tales como las montañas, llanuras sin caminos, regiones pantanosas, bosques o estuarios con sus laberintos de canales y ensenadas, y que se sienten atraídos por las rutas comerciales y las principales vías de comunicación donde el tránsito preindustrial es naturalmente lento y engorroso. La construcción de carreteras modernas buenas y rápidas es a menudo suficiente para una disminución rápida del bandolerismo. Una administración complicada e ineficaz lo favorece. No es casualidad que en el siglo XIX el imperio de los Habsburgo consiguiera enfrentarse mejor con su problema de bandolerismo que el destartalado y descentralizado imperio turco, o que las regiones fronterizas (...) tuvieran dificultades constantes. La situación ideal para el latrocinio es aquella en la que las autoridades locales son personas de la misma localidad que trabajan en situaciones locales complejas, y en donde unos cuantos kilómetros pueden poner al ladrón fuera del alcance e incluso del conocimiento de una autoridad y dentro del territorio de otra, que se desentiende de lo que pasa en el «extranjero».
Sin embargo, estos factores evidentes no explican por completo las marcadas diferencias regionales que se dan corrientemente en el bandolerismo (...). En los departamentos peruanos de Tacna y Moquegua, que por otra parte son idóneos para ello, no había bandidaje. ¿Por qué? Según un historiador de la materia porque «no había allí terratenientes, monopolizadores de los transportes o contratistas del trabajo, ni capataces, ni privilegios señoriales totales, absolutos e irrevocables sobre los suministros de agua». En otras palabras, porque el descontento campesino era menor. Los siglos XIX y XX han sido la gran época del bandolerismo social en muchas partes del mundo, de la misma manera que los siglos XVI, XVII y XVIII lo fueron probablemente en la mayor parte de Europa. Hoy en día, excepto en unas pocas zonas, está extinguido casi en todas partes. 
Eric Hobsbawm, 2000
Bandidos, Editorial Crítica


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29 nov 2015

La mente tripartita

En versión pesimista
Parte reaccionaria: idealiza el pasado 
Parte conservadora: idealiza el presente 
Parte revolucionaria: idealiza el futuro




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25 oct 2015

"DE ANIMALES A DIOSES"

CITA DEL LIBRO; "DE ANIMALES A DIOSES". (Yuval Noah Harari)




"Nuestros sistemas  políticos y judiciales liberales se basan en la creencia de que cada individuo posee una naturaleza interior sagrada, indivisible e inmutable, que confiere significado al mundo, y que es el origen de toda autoridad ética y política.

 Esto es una reencarnación de la creencia cristiana tradicional del alma libre y eterna que reside en cada individuo, a pesar de que a lo largo de los últimos 200 años las ciencias de la vida han socavado completamente dicha creencia. 

Los científicos que estudian los mecanismos internos del organismo humano no han encontrado el alma de la que se habla. Argumentan cada vez más que el comportamiento humano está determinado por hormonas, genes y sinapsis, y no por el libre albedrío; las mismas fuerzas que determinan el comportamiento de los chimpancés, los lobos y las hormigas. 

Nuestros sistemas judiciales y políticos intentan barrer en gran medida estos descubrimientos inconvenientes bajo la alfombra. Pero, con toda franqueza, ¿cuánto tiempo más podremos mantener el muro que separa el departamento de biología de los departamentos de derecho y ciencia política?" 

   De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad.Yuval Noah Harari. Traducción de Joandomènec Ros. Debate     


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