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29 oct 2016

La revolución científica del desconocimiento

cienciaLa revolución científica no ha sido una revolución de conocimiento sino de ignorancia
Después de varios siglos, en donde la ciencia ha transformado radicalmente nuestro mundo y ha expandido la visión de la Humanidad hasta límites insospechados, cualquiera podría afirmar sin temor a equivocarse que en la actualidad vivimos en la era del conocimiento. Sin embargo, analizada desde un punto de vista más profundo, la realidad es que la revolución científica es más bien la revolución de la ignonancia.
El historiador Yuval Harari explica muy didácticamente esta aparente paradoja en un capítulo de su más que interesante libro “Sapiens”:
La revolución científica no ha sido una revolución del conocimiento. Ha sido, sobre todo, una revolución de la ignorancia. El gran descubrimiento que puso en marcha la revolución científica fue el descubrimiento que los humanos no saben todas las respuestas a sus preguntas más importantes.
Las tradiciones premodernas del conocimiento, como el islamismo, el cristianismo, el budismo y el confucianismo, afirmaban que todo lo que era importante saber acerca del mundo ya era conocido.
Los grandes dioses, o el único Dios todopoderoso, o los sabios del pasado, poseían la sabiduría que lo abarca todo, que nos revelaban en escrituras y tradiciones orales. Los mortales comunes y corrientes obtenían el saber al profundizar en estos textos y tradiciones antiguos y comprenderlos adecuadamente. Era inconcebible que la Biblia, el Corán o los Vedas fallaran en un secreto crucial del universo, y que este pudiera ser descubierto por criaturas de carne y hueso.
Las antiguas tradiciones del conocimiento solo admitían dos tipos de ignorancia. Primero, un individuo podía ignorar algo importante. Para obtener el conocimiento necesario, todo lo que tenía que hacer era preguntar a alguien más sabio. No había ninguna necesidad de descubrir algo que nadie sabía todavía. Por ejemplo, si un campesino de alguna aldea de la Castilla del siglo XIII quería saber cómo se originó la raza humana, suponía que la tradición cristiana poseía la respuesta definitiva. Todo lo que tenía que hacer era preguntarle al sacerdote local.
Segundo, toda una tradición podía ser ignorante de cosas sin importancia. Por definición, todo lo que los grandes dioses o los sabios del pasado no se preocuparon de decirnos carecía de importancia. Por ejemplo, si nuestro campesino castellano quería saber de qué manera las arañas tejen sus telarañas, no tenía sentido preguntarlo al sacerdote, porque no había ninguna respuesta a esta pregunta en ninguna de las Escrituras cristianas. Esto no significaba, sin embargo, que el cristianismo fuera deficiente. Significaba más bien que comprender de qué manera las arañas tejen sus telarañas no era importante. Después de todo, Dios sabía perfectamente bien la manera en que las arañas lo hacen. Si esta fuera una información vital, necesaria para la prosperidad y la salvación humanas, Dios hubiera incluido una amplia explicación en la Biblia. El cristianismo no prohibía que la gente estudiara las arañas. Pero los estudiosos de las arañas (si acaso había alguno en la Europa medieval) tenían que aceptar su papel periférico en la sociedad y la irrelevancia de sus hallazgos para las verdades eternas del cristianismo. Con independencia de lo que un estudioso pudiera descubrir acerca de las arañas, o las mariposas, o los pinzones de las Galápagos, este conocimiento era trivial, sin relación con las verdades fundamentales de la sociedad, la política y la economía.
En realidad, las cosas no eran nunca tan sencillas. En cualquier época, incluso las más piadosas y conservadoras, hubo personas que argumentaron que había cosas importantes que toda su tradición ignoraba. Pero estas personas solían ser marginadas o perseguidas, o bien fundaron una nueva tradición y empezaron a afirmar que ellos sabían todo lo que hay que saber. Por ejemplo, el profeta Mahoma inició su carrera religiosa condenando a sus conciudadanos árabes por vivir en la ignorancia de la divina verdad. Pero el propio Mahoma muy pronto empezó a decir que él conocía toda la verdad, y sus seguidores empezaron a llamarle «el sello de los profetas». A partir de ahí, no había necesidad de revelaciones más allá de las que se habían dado a Mahoma.
La ciencia moderna es una tradición única de conocimiento, por cuanto admite abiertamente ignorancia colectiva en relación con las cuestiones más importantes. Darwin no dijo nunca que fuera «El sello de los biólogos», ni que resolviera el enigma de la vida de una vez por todas. Después de siglos de extensa investigación científica, los biólogos admiten que todavía no tienen una buena explicación para la manera en que el cerebro produce la conciencia. Los físicos admiten que no saben qué causó el Big Bang, o cómo reconciliar la mecánica cuántica con la teoría de la relatividad general.
En otros casos, teorías científicas en competencia son debatidas ruidosamente sobre la base de nuevas pruebas que aparecen constantemente. Un ejemplo básico son los debates acerca de cómo gestionar mejor la economía. Aunque individualmente los economistas pueden afirmar que su método es el mejor, la ortodoxia cambia con cada crisis financiera y con cada burbuja del mercado de valores, y se acepta de manera general que todavía tiene que decirse la última palabra en economía.
En otros casos, las teorías concretas son respaldadas de manera tan consistente por las pruebas de que se dispone que hace tiempo ya que todas las alternativas han sido descartadas. Dichas teorías se aceptan como ciertas, pero todo el mundo está de acuerdo en que, si aparecieran nuevas pruebas que contradijeran la teoría, esta tendría que revisarse o desestimarse. Un ejemplo de ello son las teorías de la tectónica de placas y de la evolución.
La buena disposición a admitir ignorancia ha hecho que la ciencia moderna sea más dinámica, adaptable e inquisitiva que cualquier otra tradición previa de conocimiento. Esto ha expandido enormemente nuestra capacidad de comprender cómo funciona el mundo y nuestra capacidad de inventar nuevas tecnologías.

14 abr 2015

La Revolución emprendedora

Todos los 14 de julio Francia celebra su fiesta nacional en conmemoración de la toma de la Bastilla, punto de inicio de la Revolución Francesa. Aquel  acontecimiento puso fin al Antiguo Régimen y sentó las bases de la democracia en la Europa continental. Hoy, otra revolución está teniendo lugar. Sin luchas en las calles ni bandos enfrentados, viejas estructuras están cayendo y nuevas formas de organizarse están ocupando su lugar para crear un mundo nuevo; es una revoluciòn de ideas, talentos, creaciòn, innovaciòn. Es la revolución emprendedora.
La revolución está en tus manos
No se trata de una exageración. El emprendimiento se ha convertido en una tendencia transversal de la sociedad del siglo XXI y en la principal fuerza de cambio en el mundo. Ya no es la política la que transforma la sociedad. Tampoco las grandes corporaciones son motor de cambio. Hoy en día, las innovaciones sociales, económicas y culturales vienen muy a menudo de la mano de los emprendedores. Personas que ponen ideas en acción para convertir recursos y oportunidades en productos y servicios que crean valor económico y social.
Veamos cómo se manifiesta esta revolución:
  • Una revolución empresarial: Para crear una empresa de éxito ya no es imprescindible una inversión millonaria. Hay nuevas y variadas formas de emprender. Desde un garaje se han creado algunas de las innovaciones más relevantes de los últimos años.
  • Una nueva forma de competir: De la competencia a la coopetencia, negociaciones win-win (o triple win)… Donde antes se peleaba por el máximo trozo posible de un mismo pastel, ahora se busca hacer el pastel más grande entre todos.
  • Una nueva concepción del trabajo. El emprendedor no “trabaja”, se entrega a su pasión. “Ya no hay trabajos que duren toda la vida” se lamentan algunos, pero, ¿quién quiere pasarse toda la vida haciendo lo mismo?
  • Una revolución tecnológica. Emprendedores como Bill Gates, Steve Jobs, Larry Page, Sergey Brin, Linus Torvads o Mark Zuckerberg han sido los protagonistas de una revolución tecnológica que a su vez, facilita y acelera la aparición de nuevas iniciativas emprendedoras.
  • Un cambio social: Porque una sociedad emprendedora cambia sus valores colectivos. Se hace más plana y horizontal, más móvil, flexible y se pasa de una estructura en forma de pirámide a una estructura de red. En una sociedad emprendedora no se penaliza el riesgo ni el fracaso y los problemas sociales se resuelven mediante la innovación y el emprendimiento social.
  • Una revolución interior: Tomamos conciencia de ser dueños de nuestro destino, rechazamos el papel de víctimas y cogemos las riendas de nuestra vida. Reforzamos nuestra autoestima, tomamos decisiones y nos lanzamos a cambiar nuestra vida.
  • Una nueva forma de vivir. No sólo la vida del emprendedor cambia. Con sus productos y servicios, los emprendedores cambian la manera en que todos nosotros vivimos, nos relacionamos, nos movemos, trabajamos e incluso cómo nos entretenemos.
La revolución emprendedora ha empezado. Para que dé todos sus frutos, hace falta que los emprendedores tomen conciencia de la fuerza que tienen si colaboran entre ellos. Un nuevo mundo está naciendo. ¿Quieres formar parte de él?
Planetafios propone que elijamos el dìa del emprendimiento, que opinan emprendedores.

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EL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN



Históricamente el concepto de revolución ha sido sometido a diferentes definiciones y redifiniciones regidas por los diferentes sentidos que ha recibido según cada discurso ideológico. Esta circunstancia ha hecho que por revolución se entienda una variada cantidad de fenómenos sociales y políticos de diferente naturaleza, y que en último término se haya perdido cualquier tipo de noción clara y concisa de lo que entraña toda revolución o proceso revolucionario, independientemente de la orientación ideológica que pueda tener.

En la actualidad nos encontramos con que el concepto de revolución tiene muy mala prensa debido a que el marco cultural e ideológico es conformista, y por tanto considera la revolución como una grave perturbación sociopolítica propiciadora de todo tipo de males conocidos y aún por conocer. Debido a esto la revolución hoy, como concepto político, no es popular sino por el contrario encuentra oposición al disponer de una muy mala imagen y al ser identificada con experiencias históricas del todo nefastas. La mentalidad predominante en la sociedad actual es reformista y conformista, simplemente se aspira a mejoras parciales dentro del cuadro social y político del sistema vigente, lo que fácilmente puede reducirse a un deseo fundamental: la mejora de las condiciones materiales de la existencia que se resumen en un aumento del nivel de consumo. Esta meta, economicista y materialista en esencia, bien puede lograrse dentro del sistema establecido lo que hace innecesaria su destrucción y sustitución por otro de diferente naturaleza.

Las condiciones subjetivas, aquellas que tienen que ver con la cultura e ideología dominantes, son las de una conformidad general con el sistema establecido y las ansias de alcanzar mejoras dentro de ese mismo orden. Esta mentalidad reaccionaria y anquilosada es la que ha creado las condiciones actuales para la existencia de un consentimiento social relativamente estable que ha permitido a las autoridades políticas, y por ende al conjunto del sistema vigente, conservar su estabilidad y con ello perdurar en el tiempo.

En el imaginario colectivo la idea de revolución ocupa un lugar marginal y siempre oscuro en el que es identificada con toda clase de horrores al ser considerada una idea cargada de muerte, horror y sangre. Pero esta perspectiva la complementa aquella otra que, desde una actitud superfluamente optimista e infantil, plantea cambios parciales y no sustantivos en la estructura del sistema y que por ello rechaza la revolución no ya por motivos tácticos sino estratégicos al no rechazar tampoco los fines generales del sistema de dominación y menos aún el orden vigente. Esta es la actitud groseramente mezquina que puebla una parte notable del radicalismo político, aquella que pervierte el concepto de revolución al darle un contenido reformista, al afirmar el orden establecido y sólo plantear una ruptura en sus formas y no en su esencia. Son aquellos revolucionarios de salón, de la cerveza y del porro, que se ufanan en convencer a incautos de que existen las revoluciones pacíficas, sin sobresaltos, de que otro mundo es posible y que sólo hay que quererlo. Son los mismos que aborregan a los infelices insatisfechos que en su ingenuidad se prestan a ser, no ya los tontos útiles, sino los borregos que sirven de carne de cañón para que otros saquen los debidos réditos políticos.

Es necesario reconocer la crudeza y terribilidad que entraña toda revolución y no autoengañarse creyendo, o haciendo creer, que puede ser un camino de rosas, fácil, de mínimo esfuerzo, sólo porque una virtual mayoría social así la pudiera llegar a reclamar. Pero muy al contrario de estas erradas ideas la revolución es, en primer lugar, etimológica y realmente “re-volver”, regresar a los orígenes. Significa una ruptura cualitativa con la esencia y naturaleza del presente para completar su ciclo y dar lugar a un nuevo comienzo. Revolución es, en suma, una ruptura con el orden establecido y consecuentemente con su legalidad y todo cuanto la sostiene: el Estado junto a todo su aparato coercitivo y represivo compuesto por su burocracia, policía, servicios secretos, ejército, cárceles, tribunales, etc.

Una revolución entraña violencia, sangre, muerte, fuego y sacrificios colectivos inauditos pero irrenunciables cuando se juegan principios, valores y planteamientos que dan contenido a la existencia, que hacen que las personas sean y se sientan humanas y no reducidas a la condición de larvas o insectos dentro de la conformidad de las sociedades actuales, compuestas por una abúlica y esperpéntica burguesía de masas. Porque tal y como apuntó Errico Malatesta “la revolución tiene que ser necesariamente violenta, aunque la violencia sea en sí misma un mal. Tiene que ser violenta porque sería una locura esperar que los privilegiados reconocieran el daño y la injusticia de sus privilegios, y se decidieran a renunciar de ellos voluntariamente. Tiene que ser violenta porque la violencia revolucionaria transitoria es el único medio para poner fin a la mayor y más perpetua violencia que tiene esclavizados a la gran mayoría de los seres humanos”. Más aún, “la sociedad actual se mantiene con la fuerza de las armas. Nunca ninguna clase oprimida ha logrado emanciparse sin recurrir a la violencia; nunca las clases privilegiadas han renunciado a una parte, siquiera mínima, de sus privilegios, sino por la fuerza, o por miedo a la fuerza. Las instituciones sociales actuales son tales que resulta imposible el transformarlas por reformas graduales y pacíficas, y la necesidad de una revolución violenta que, violando, destruyendo la legalidad, funde una sociedad sobre nuevas bases, se impone”.[1]

No puede obviarse que las jerarquías sociales se basan sobre el principio de la fuerza, y que la legalidad vigente es la expresión de una correlación de fuerzas de los vencedores sobre los vencidos, y que el propio Estado nace de la conquista guerrera que impone su privilegio autoritario de dictar el derecho a los derrotados, lo que hace de todo el entramado que constituye el ordenamiento jurídico un gran engranaje de dominación y subyugación en el que los sometidos ostentan tal condición en última instancia como consecuencia de esa relación de fuerzas.

Todas las revoluciones, independientemente de su orientación ideológica, han estado cargadas de un componente violento dado que el orden establecido y sus jerarquías se fundan igualmente sobre un principio violento que es el que en último término las mantiene, las reproduce y perpetúa. Una revolución es una ruptura con lo establecido, y en tanto que tal exige acciones dirigidas directa o indirectamente contra quienes sostienen esa situación, lo que puede plasmarse, según los casos concretos, en insurrecciones populares, guerrillas, motines, revueltas, sabotajes, etc. Pero en cualquier caso la violencia siempre está presente.

Por el contrario, las acciones no violentas en ningún caso pueden plantearse como medios para una revolución. En este sentido la no violencia puede considerarse como una práctica que en lo táctico y en lo estratégico puede defender al Estado y de hecho así ocurre en muchas ocasiones.[2] Más bien nos encontramos con que esta tendencia que ha sido implantada en gran parte del espectro del radicalismo político obedece a unas coordenadas ideológicas dirigidas hacia la pacificación y domesticación de este sector, para su posterior reconducción hacia los callejones sin salida del sistema de dominación para, al mismo tiempo sembrar con ello la debilidad a través de una falsa disyuntiva entre violencia y no-violencia que, a su vez, enmascara una realidad social, política, cultural y económica que se basa fundamentalmente en el uso de la fuerza.

Hoy vemos cómo el discurso de la no-violencia ha desembocado en la ideología del ciudadanismo, de la reacción y del rechazo de cualquier contestación sistemática y revolucionaria al orden establecido y a sus estructuras de opresión. Todo ello ha contribuido a reconducir a una parte del radicalismo político hacia posiciones políticas e ideológicas conciliables con las que sostiene el sistema de dominación y sus elites, donde finalmente las cajas negras de la institucionalidad son las que permiten la reconversión ideológica que facilita el reforzamiento del poder establecido, y con ello la asimilación e incorporación de estos elementos procedentes del radicalismo a las estructruas de dominación tal como ocurrió en el pasado.

Sin embargo la revolución es violencia, es traumática pues entraña dolor y muerte, pero no es sólo eso, tal y como una considerable parte de la población cree. La revolución es un punto de partida y no de llegada, pero para lograr esa situación cualitativamente distinta que permita un nuevo comienzo son imprescindibles unas condiciones subjetivas que entrañan una revalorización moral del sujeto y de sus luchas colectivas. En este sentido han sido históricamente las grandes ideas, además de determinados valores que han creado unas determinadas actitudes, los que han provisto de la fuerza moral para que las luchas, y por tanto también las revoluciones, sean iniciadas y mantenidas en el tiempo generación tras generación. Sin la labor concienciadora en la que los factores morales desempeñan un papel fundamental para ulteriormente hacer cualquier revolución popular es imposible plantearse nuevos comienzos y emancipaciones.

No existen los atajos ni los grandes logros que no entrañen grandes esfuerzos y sacrificios. En estas condiciones que impone la propia lucha revolucionaria es necesaria una moral de combate, una moral que rehumanice al sujeto y lo sustraiga del conformismo burgués que lo aborrega y lo sume en una amodorrada forma de vida melindrosa, empequeñecedora y embrutecedora. Significa asumir la importancia que juegan los valores junto a las actitudes que estos generan como baluarte moral que permita asumir el esfuerzo de toda lucha. Pero la importancia de la moral y de los valores radica en el hecho de que constituyen la base sobre la que construir sobre las ruinas de un mundo decadente e ilusorio. Por todo ello es necesaria una regeneración en términos morales y axiológicos que ponga fin a todo cuanto el sujeto ha interiorizado del sistema que le oprime, y por ello un rechazo de las metas existenciales así como de la forma de ser, pensar y sentir que son propias de ese sistema y su sociedad burguesa.

El emboscado


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8 ene 2014

El olvido y los tiempos actuales


Estamos viviendo tiempos extraños. Nos encontramos inmersos en una revolución tecnológica sin precedentes (casi dependencia imparable), con una masificación de la información, cuyo monopolio está en manos de fuerzas que domeñan las conciencias de las masas. 

A diario, miles de noticias inundan los encabezados de los periódicos, los noticieros de la radio o los programas tertulianos de la televisión. Pero esas noticias no son objetivas en su mayoría, domeñadas por los intereses del poder. Por ejemplo, la noticia sobre una guerra en el extranjeros con un saldo de miles de muertos, ya no impresiona a nadie, se ha hecho habitual este tipo de noticias creando impresiones erróneas, buscando siempre un .enemigo, un oponente moral o espiritual, sin indagar en las verdaderas raíces del conflicto. O, poniendo otro ejemplo, las continuas crónicas necrológicas de mujeres maltratadas o niños desaparecidos; asesinatos, ya nadie se acuerda de los casos que ocurrieron hace poco más de un lustro.   

Este bombardeo masivo es un instrumento de manipulación inhumano (los gobiernos de turno aprovechan de esto para distracciòn de sus pueblos) . Existe tanta flujo informativo entrando en nuestras cabezas que, al fin y al cabo, tendemos a desecharlo rápidamente; y lo que supimos ayer, ya no nos acordamos mañana. 

Esto está ocurriendo. Muy pocos miran atrás. Casi nadie se interesa por intentar comprender un conflicto contemporáneo desde sus raíces. Nadie sabe hacer una crítica bien fundamentada de algún hecho en particular... Únicamente vemos, oímos y... olvidamos.  

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21 nov 2012

Internet podría terminar con la necesidad de ir a la escuela

La posibilidad de educarse con el conocimiento que se encuentra disponible en Internet, perteneciente a algunas de las universidades más prestigiosas del mundo, representa una oportunidad para subvertir la jerarquía académica tradicional y acabar con una de sus prácticas más perniciosas: la necesidad creada de ser evaluados.




En años recientes Internet ha ganado presencia como una especie de vector donde confluyen múltiples, incontables oportunidades de acceso al conocimiento, desde las más elementales como las películas alojadas en YouTube y otros sitios de video o las grabaciones de cursos y clases que universidades de renombre —Yale, Harvard, Stanford, etc.— suben a la red en forma para su acceso gratuito y público.
Por esta y otras razones se ha dicho, con toda justicia, que Internet es la invención más importante desde la imprenta, en especial en su relación con la difusión del conocimiento que de alguna manera podríamos ubicar en esa tradición consignada en el apotegma de Terencio: “nada de lo humano me es ajeno” (“humani nihil a me alienum puto”).
Esta tendencia ha comenzado a perturbar la estructura jerárquica que, simbolizada en la escuela, se nos hace creer que es la única manera válida de aprender: la relación vertical entre un maestro —un sujeto del supuesto saber, para utilizar la fórmula lacaniana— y un alumno con la misión o la obligación de recibir lo que este tenga a bien ofrecerle. Un sistema que además se nutre de otros mecanismos que, en este nuevo modelo, de alguna manera quedan ampliamente cuestionados: por ejemplo, la necesidad creada de ser evaluados que acompaña la monopolización escolar del conocimiento.
En efecto: parte de importante de la manera en que se conformaron las universidades, ya desde la Edad Media, es ese examen —a un tiempo diacrónico y sincrónico, constante e infinito y puntualizado en momentos y circunstancias particulares (como cuando se obtiene un grado académico)— que determina si una persona sabe o no de acuerdo con criterios establecidos por un cuerpo colegiado y, se supone, mucho más erudito y experimentado que aquel que se somete a su juicio.
¿Pero si no existe esa comunidad de pares, o si existe pero no con el ánimo de sancionar el conocimiento adquirido, este es menos válido? Y, por otro lado, sin ese circuito de evaluación que los propios alumnos que lo aceptan ratifican, ¿la estrctura y jerarquía escolar siguen teniendo sentido?
Este es sin duda uno de los principales retos que enfrenta la educación por Intenet: echar abajo esa idea tan extendida, de la cual el sujeto se apropia tanto, psicológicamente peligrosa en este sentido, de que solo la aprobación de otros justifica aprender algo.
A este respecto The New York Times publicó recientemente un interesante testimonio de Tamar Lewin, una de sus columnistas recurrentes en el que enumera una serie de cursos en línea y conferencias, un tanto extravagantes, que ha seguido en los últimos días sobre distintas manifestaciones musicales. Pero, como escribe Lewin, teniendo todos en común el hecho de que no otorgaban ningún tipo de crédito:
Las calificaciones no eran el punto, sin embargo. El curso no ofrecía ningún crédito, solo un certificado para los estudiantes con puntaje de 70 por ciento (“con distinción” para el 80 por ciento) —no muy útil, dada la decepcionante demanda de los expertos en música.
Asimismo el texto de Lewin es una especie de anecdotario de algunos de esos beneficios que acompañan el aprendizaje desinteresado, libre, que también se ha identificado con el autodidactismo, esa curiosidad que se ve recompensada cuando, sorpresivamente, algo que se sabe se revela valioso en determinada situación.
Quizá, con el tiempo, si el proyecto educativo de Internet triunfe y arrebate el monopolio del conocimiento a las instituciones que tradicionalmente se lo han arrogado. Un escenario contradictorio en el que sin duda entrarán en conflicto ambos modelos, pero también una oportunidad para acabar con esos mecanismos de evaluación que, desde cierta perspectiva, podrían parecer anacrónicos, obsoletos o vacíos.

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18 ene 2008

Primer embrión clonado de una célula adulta humana

* Antes se había logrado algo similar a partir de células embrionarias nunca adultas
* Esta es la primera vez que se prueba la veracidad de los resultados
* Esta técnica persigue conseguir tratamientos para enfermedades incurables



Imágenes del proceso de clonación, desde la obtención de los óvulos hasta la generación de los blastocitos. (Fuente: Stem Cells)

El mundo.es - Científicos californianos han logrado crear el primer embrión humano clonado a partir de células de la piel humana. Hasta ahora, el único intento similar se había llevado a cabo en el Reino Unido con células madre procedentes de embriones, aunque en aquella ocasión no se pudo demostrar que las células resultantes fuesen idénticas a sus 'progenitoras'.

Ahora, y valiéndose de la misma técnica que dio origen a la oveja Dolly, científicos de la empresa californiana Stemagen Corporation (con sede en La Jolla, California), encabezados por Andrew French, han empleado las células de la piel de dos varones adultos así como los óvulos de tres mujeres jóvenes (entre 20 y 24 años) que se estaban sometiendo a un tratamiento de fertilidad. Uno de los donantes de piel fue Samuel Wood, director ejecutivo de la compañía y coautor del trabajo.

Los datos de la investigación, que han sido publicados en la revista 'Stem Cells', demuestran el éxito logrado por este equipo.

El objetivo de la técnica de transferencia nuclear es conseguir tratamientos para enfermedades que hoy no presentan cura como el Alzheimer, la diabetes o el Parkinson. Con este método, más conocido como clonación terapéutica, se obtiene un embrión que es un clon de la persona que ha donado su célula y del que, posteriormente, pueden extraerse células madre para dar lugar a diferentes tejidos que podrían reemplazar a los dañados en ese paciente.

Entre las tres mujeres, se consiguieron 29 óvulos. El núcleo de estos óvulos fue reemplazado por el de las células de la piel adulta, un procedimiento denominado transferencia nuclear, hasta dar lugar a 21 embriones humanos. De todos ellos, sólo cinco sobrevivieron lo suficiente para llegar a tener entre 40 y 72 células, una etapa embrionaria que se denomina blastocisto.

Esto es lo que en 2005 dijo haber conseguido el científico coreano Woo Suk Hwang. En aquella ocasión, este investigador fue más allá y anunció haber extraído células madre de los embriones clonados. Sin embargo, meses después se descubrió que todo había sido un fraude. Por este motivo, y partir de esa fecha, se exige a todos los equipos que estén investigando en transferencia nuclear que deben demostrar, con una serie de pruebas, que son ciertos sus logros.
Y precisamente la empresa californiana Stemagen Corporation ha demostrado que sus resultados son reales. "Es el primer trabajo que prueba que se ha conseguido obtener un embrión clonado a partir de una célula adulta humana", señala a elmundo.es Rita Pilar Cervera, del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia. Esta científica, junto con Miodrag Stojkovic, son los autores de un editorial que también publica la revista 'Stem Cells'.

Precisamente Stojkovic fue el primer científico europeo que logró clonar un embrión humano a partir de células embrionarias. Ahora este investigador y su equipo del Príncipe Felipe de Valencia están a la espera del visto bueno del Ministerio de Sanidad para iniciar experimentos similares sobre clonación terapéutica.

Prueban su veracidad

Para confirmar que su hallazgo había dado lugar a embriones realmente clonados, los investigadores analizaron el ADN de los embriones resultantes. Tres de ellos contenían material genético de la piel de los donantes masculinos, lo que los investigadores consideran una prueba de que estas células se reprogramaron durante el proceso hacia la fase embrionaria; pero lo que es más importante, uno de los tres tenía además ADN mitocondrial, un material genético que está en el citoplasma y corresponde al óvulo donado.

"Es un empuje muy importante a los equipos que estamos trabajando en técnicas de transferencia nuclear, sobre todo ahora que se estaba cuestionando este tipo de investigaciones. La única crítica es que no han dado el siguiente paso, es decir, la extracción de las células madre embrionarias que es realmente el objetivo de la técnica de la transferencia nuclear", explica Cervera.

Y es que, los embriones se destruyeron en el proceso de verificación del material clonado (que se llevó a cabo en un laboratorio independiente), y por este motivo, según los autores, no pudieron obtener células madre a partir de ese embrión clonado. Este material resultaría genéticamente idéntico a los donantes y podría ser clave para obtener posibles terapias regenerativas frente a enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. En declaraciones a elmundo.es, French anuncia que el trabajo sigue en marcha y podría dar resultados en este sentido a corto plazo.

Stojkovic y Cervera, en el editorial que publica la misma revista a raíz de este hallazgo, consideran que la generación de células madre de origen embrionario idénticas genéticamente a un paciente llegará algún día a revolucionar el tratamiento de algunas enfermedades. Una idea que remarca el propio French: "Nos debemos concentrar en el siguiente paso, es decir, en la derivación de células madre, lo que nos dará un importante arsenal de tratamientos contra diversas enfermedades degenerativas".

Una técnica prometedora

De las dos vías que actualmente se están explorando para obtener este material, la transferencia nuclear (clonación terapéutica) o bien la reprogramación de células adultas hasta hacerlas retroceder a su etapa embrionaria (de la piel, por ejemplo), los científicos del centro valenciano apuestan decididamente por la primera. Entre otras cosas, explican, porque la segunda técnica entraña aún algunos problemas metodológicos (como el uso de virus o genes que actúen de 'vehículos') que impedirían su uso clínico en terapias regenerativas; por el potencial riesgo de aparición de tumores, por ejemplo.

Por eso aplauden el trabajo de los científicos californianos, capaces de verificar mediante el ADN mitocondrial la clonación, pero recuerdan que éste es un campo que aún despierta muchas dudas éticas y científicas y en el que hay que trabajar con todo rigor. Estos trabajos requieren "información detallada, clara y minuciosa sobre el origen y la identidad real de los clones obtenidos", señala el editorial.

Hasta la fecha sólo se había logrado clonar animales, recientemente un primate, y muchos científicos de todo el mundo están trabajando para conseguir lo que ahora se ha publicado en la revista 'Stem Cells'.


Más Informacion sobre el tema:

la oveja Dolly

Woo Suk Hwang. En aquella ocasión

'Stem Cells',

Stojkovic

reprogramación de células adultas


13 ene 2008

El vídeo revolucionará la forma de comunicarse


''El vídeo será la nueva forma de comunicarse''


El vicepresidente en Europa de Linksys de Cisco aseguró, en la Feria de la Electrónica de Consumo CES, que el vídeo revolucionará la forma de comunicarse en Internet.

El aumento del tráfico de vídeos por internet, los nuevos dispositivos que permiten visionarlos en alta definición en el televisor, junto a la posibilidad de transmitir la señal a través de los móviles o las redes sociales online, están revolucionando la Red y la manera de comunicarse de los usuarios.

El vicepresidente para Europa de la división Linksys de Cisco, Patrick Lelorieux, ha declarado que en los próximos años "el vídeo será la principal forma de comunicación de la gente, lo que influirá en su forma de vivir, de pensar y relacionarse".

Actualmente los vídeos ya representan el 40% del tráfico de internet, según la información que maneja la compañía, que señala en un informe que entre 2006 y 2011 los datos que circulan por la red se van a quintuplicar debido, sobre todo, a la penetración de la alta definición y al aumento del ancho de banda.

Durante los primeros días de 2008 se han presentado numerosos dispositivos que harán posible esta revolución, como los últimos televisores de alta definición sin cables o los nuevos "set-top boxes", mostrados este mes en la Feria de la Electrónica de Consumo CES de Las Vegas (EEUU).
Los "set-top boxes" híbridos de Cisco almacenan y transmiten al PC o a la pantalla de televisión tanto los vídeos de internet con tecnología ''streaming'' (permite ver los archivos directamente en la web sin necesidad de descargarlos), como los canales analógicos, los digitales o los de alta definición, incluso de modo inalámbrico.

Además, los principales consumidores de banda ancha serán la televisión IP y el vídeo de alta calidad, según Cisco. Algunos de los retos tecnológicos que hay que solventar, señala Lelorieux, son la distribución de la señal audiovisual de forma sencilla entre todos los dispositivos del hogar, y conseguir unificar los criterios de comunicación entre los distintos operadores implicados.

En la feria CES la empresa Intel ha anunciado el lanzamiento de nuevos microprocesadores capaces de gestionar sonido surround 7.1 y vídeo de alta definición, así como el desarrollo de dispositivos "ultramóviles" -mayores que un teléfono móvil pero menores que un portátil-, que permiten integrar internet y televisión.

Otra de las tendencias del mercado son las alianzas entre los fabricantes de hardware, los desarrolladores de software y los proveedores de contenidos. El acuerdo alcanzado entre Microsoft y la cadena de televisión NBC para distribuir por internet 36.000 horas de programas relacionados con los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 es un ejemplo de ello.

Los vídeos también forman parte de las webs más visitadas del mundo, desde los portales Yahoo, Google o MSN, hasta las redes sociales como Facebook, Twitter, Orkut y otros.

Los contactos online entre amigos y familiares también están sustituyendo la tradicional búsqueda individual de los vídeos en internet por las recomendaciones que los conocidos ofrecen a través del correo electrónico o las redes sociales. Estas plataformas se están convirtiendo además en el escaparate de los políticos, y los principales candidatos a las próximas elecciones en EEUU o en España han encontrado en YouTube o en Facebook un medio adecuado para difundir sus mensajes.


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