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26 jul 2016

La Contraseña Secreta de las Flores [VÍDEO]



Que los insectos tienen un papel fundamental en la polinización lo saben hasta los niños pequeños, pero ¿sabías que muchas flores solo entregan su preciada carga a determinados insectos? En el caso de algunas flores como las del tomate o los arándanos la clave secreta es el zumbido. Si un insecto cualquiera se sube a la flor y trata de extraer su contenido, se irá sin lograrlo, pero si se sube un abejorro y se pone a vibrar, entonces obtendrá el primer premio.

El sistema funciona de forma mecánica y se puede poner a prueba poniendo a resonar un diapasón y acercándolo a la flor. Al momento, el polen sale a borbotones. 




Como explican en este didáctico vídeo de Deep Look, este juego de vibraciones es clave en la polinización de decenas de especies de plantas que nos dan alimentos, así que sin el zumbido de los abejorros nuestra dieta quizá sería muy diferente ;) .


Vía: Skunk Bear


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9 feb 2016

El árbol evolutivo... de los cuentos de hadas

  Jack y las habichuelas mágicas  
¿Hadas? ¿En esta web? Pues sí, por una vez voy a hablarles de hadas, o de cuentos de hadas (cuentos infantiles, para ser más exactos, los fairy tales de los ingleses) porque alguien ha hecho un estudio sobre el origen y evolución de estos cuentos utilizando una técnica propia de la biología: la filogenia, que trata de las relaciones de parentesco entre especies.

Unos investigadores de la Universidad Nueva de Lisboa y de la Universidad de Durham han hecho un análisis filogenético de los cuentos infantiles y han averiguado que su origen es muy anterior de lo que se creía hasta ahora. Antropólogos y lingüistas habían establecido su origen en épocas algo anteriores a su publicación por escrito, de manera que tendrían una antigüedad de unos pocos siglos. Sin embargo, este estudio concluye que son mucho más antiguos, y que no tienen unos pocos siglos, sino incluso varios miles de años.


¿Y cómo han llegado a semejante conclusión? Mediante la filogenia, esa técnica tan propia de la biología, que establece las relaciones evolutivas de los seres vivos. En el caso que nos ocupa, y apoyados en las relaciones (también filogenéticas) de las lenguas indoeuropeas (algunas de ellas extinguidas: lenguas muertas), analizaron 275 cuentos que posteriormente redujeron a 76 historias básicas.


  La evolución de las lenguas indoeuropeas  

El análisis les llevó a la conclusión de que algunas de estas historias, como la de Jack y las habicuelas mágicas, habían hecho su aparición en la época en que el tronco del árbol de las lenguas indoeuropeas se bifurcaba para dar lugar a los actuales grupos de lenguas orientales y occidentales. Eso sucedió hace unos 5000 años, una época en la que la Biblia todavía no había empezado a escribirse. Los márgenes de confianza varían de unos casos a otros, pero de algunos, como el de El campesino y el diablo, tienen una alta certeza de que se remontan hasta hace 6.000 años, en la Edad del Bronce.


Como curiosidad, señalan los autores de este estudio, Wilhelm Grimm, uno de los dos hermanos Grimm, opinaba que los cuentos que recopilaron tenían miles de años de antigüedad, lo que siempre había sido negado por los expertos. Parece que tenía razón...

Lo encontré en Phys Org.


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23 sept 2015

El árbol de la vida

Crean un 'árbol de la vida' con 2,3 millones de especies


Un primer borrador de 'árbol de la vida' que incluye aproximadamente 2,3 millones de especies de animales, plantas, hongos y microbios ha sido publicado en la revista científica 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS, por sus siglas en inglés).
Elaborado por 11 universidades estadounidenses, el borrador contiene unos 500 árboles más pequeños que ya fueron publicados antes. El 'árbol de la vida' muestra las relaciones entre todas las especies vivas conocidas, arrojando luz sobre el origen de la vida tras 3.500 millones de años de evolución.
El nuevo 'árbol de la vida' consiste un diagrama que muestra las relaciones de evolución entre todos los organismos vivos e indica cómo diferentes especies descienden de un ancestro común.

Al entender cómo los millones de especies de la Tierra se relacionan entre sí ayuda, los científicos pueden descubrir nuevos antibióticos y seguir el origen y difusión de enfermedades infecciosas como el VIH, el Ébola y la gripe.

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3 jun 2015

¿Porqué nacemos tan desvalidos?

Todos conocemos bien la indefensión con la que llegamos al mundo. Apenas nos movemos y nuestra única posibilidad de supervivencia depende de que se atienda nuestra demanda de alimento. Somos capaces de pedir comida mediante un llanto casi imperceptible y poco más. Han de pasar semanas hasta que reconocemos el rostro de nuestra madre y generalmente transcurrirá algo más de un año hasta que demos nuestros primeros pasos. A pesar de nacer con un cerebro de gran tamaño (en términos absolutos) con respecto a otro primates, nuestras capacidades neuromotoras y cognitivas están muy poco desarrolladas. En 1969, el antropólogo suizo Adolf Portmann acuñó el término “altricialidad secundaria” para denominar el estado de desarrollo cerebral con el que nacemos los seres humanos. En otras especies de mamíferos también sucede un proceso similar, pero mucho menos acusado que en Homo sapiens. Esas especies presentan una “altricialidad primaria”. En la mayoría de primates no sucede ni una cosa ni la otra, sino que los recién nacidos llegan al mundo con una gran precocidad en su desarrollo. Es por ello que Portmann estimó que la gestación de los seres humanos tendría que durar entre 18 y 21 meses, para que los bebés nacieran con un desarrollo neurológico y cognitivo similar al de los chimpancés.
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¿Como explicar la altricialidad humana? En su publicación de 1969, Adolf Portmann concluía que la gestación humana quedaba truncada hacia las 38-40 semanas, como resultado de una adaptación muy particular de nuestra especie. Durante el primer año de vida conseguíamos aquellas capacidades motoras y cognitivas propias de un chimpancé recién nacido. Utilizando las mismas palabras de Portmann, sería como una “primavera extrauterina”. Antes de 1969 y en los años que siguieron a la publicación de Portmann, otros investigadores desarrollaron y postularon la denominada teoría del “dilema obstétrico”. Nuestra forma de locomoción ha condicionado las dimensiones del canal del parto con respecto a los primates cuadrúpedos. El hecho de que el cerebro haya aumentado su velocidad de crecimiento durante la gestación nos obliga a nacer mucho antes de lo pudiera parecer razonable. Si nuestra gestación tuviera una duración de unos 20 meses, como sugirió Adolf Portmann, el parto sería inviable. La cabeza de nuestros recién nacidos sería demasiado grande como para gestionar con éxito el tránsito por el canal del parto. Una mayor capacidad para el aprendizaje a cambio de un parto muy prematuro. En definitiva, nuestro organismo emitirá las señales oportunas para el inicio del momento del nacimiento, aún cuando el cerebro esté notablemente inmaduro. Conseguiremos atravesar el canal del parto muy desvalidos, pero podremos vivir gracias a los cuidados que nos proporcionan nuestros progenitores y, en particular, nuestra madre.
La hipótesis del dilema obstétrico no ha terminado de convencer a la investigadora Holly M. Dunsworth (Universidad de Rhode Island, en Kingston), que ha trabajado junto a otros investigadores norteamericanos para conocer mejor la fisiología de la gestación y de la locomoción bípeda. Su principal trabajo en relación a este problema biológico fue publicado en 2012 en la revista oficial de la Academia de Ciencias de USA.
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Cierto es que el bipedismo ha condicionado la forma de la pelvis. Todos nuestros ancestros, incluidos los australopitecos o neandertales han tenido una pelvis más ancha que la nuestra en términos relativos al peso y la estatura. Todos ellos han tenido éxito evolutivo, a pesar de que nuestra eficacia energética en los desplazamientos ha mejorado por el hecho de tener un cuerpo más estrecho y estilizado. Aún así, Dunsworth trata de convencernos de que el parto es posible aún en los casos en los que la cabeza del recién nacido tenga hasta tres centímetros mayor de lo habitual (unos nueve centímetros). Es decir, que aún nos quedaría margen para nacer con cerebro de mayores dimensiones. Esta investigadora piensa que las dimensiones del canal pélvico no representa el principal obstáculo para el parto, tras los nueve meses de gestación.
Como hipótesis alternativa (que no invalida la anterior), Dunsworth y sus colaboradores han tenido en cuenta el gasto energético de la gestación. Sus datos sugieren que la tasa metabólica basal de las madres se duplica y aún puede llegar casi a triplicarse. El ciclista que sube un puerto de primera categoría con la intención de ganar multiplica por cuatro o cinco veces su tasa metabólica basal, pero el esfuerzo supremo dura solo unos cuantos minutos. Las madres soportan de manera progresiva el esfuerzo de incrementar su tasa metabólica a medida que avanza el proceso de gestación. Hacia las 30 semanas, el “tirón energético” que provoca sobre todo el crecimiento del cerebro del feto es muy importante. En ese momento, las madres gestantes notan cada vez más la necesidad de consumir alimento extra y llegan a la extenuación ante un esfuerzo inesperado. Es por ello que Dunsworth y su equipo piensan que la señal para el momento del parto está muy condicionada por un “techo energético”, que las madres no pueden superar. Durante la lactancia, las madres continuarán con un trabajo energético extra, pero el gasto queda mejor repartido.
embarazoLas dos hipótesis son muy razonables y no son mutuamente excluyentes. La nueva aproximación de Holly Dunsworth es muy interesante y, en mi opinión, resulta un complemento perfecto al dilema obstétrico. El mayor obstáculo que encuentro en la hipótesis de Dunsworth (muchas madres estarán de acuerdo conmigo) es el diámetro de la cabeza de nuestros recién nacidos. Nueve centímetros ya es una barbaridad, como para pensar que las mamás podrían dar a luz a niños y niñas cuya cabeza tuviera hasta 12 centímetros.
Mientras se sigue debatiendo sobre estas dos hipótesis, lo cierto es que la estrategia de Homo sapiens consiste en conseguir un cerebro de mayor tamaño, pero con mucha mayor flexibilidad y capacidad para aprender. Las dos propuestas nos dicen que el precio de esa estrategia es elevado. Por el momento hemos logrado gestionar bien el reto biológico de una forma o de otra. Nuestra especie ha conseguido dominar el planeta. Falta saber si seremos capaces de gestionar con éxito la ventaja de disponer de unas capacidades cognitivas tan desarrolladas.
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16 sept 2014

Sexo en piedra. Erotismo y sexualidad

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  Representaciones fálicas del Paleolítico Superior. Exposición “Sexo en Piedra”, de     Javier Angulo y Marcos García.  
¿En que momento de nuestra historia evolutiva la sexualidad tuvo continuidad durante todo el año?, ¿cuándo surgió el erotismo, como un paso más del comportamiento de cortejo que precede al acto sexual en otras especies?, ¿cuándo hemos desligado la erótica sexual de la reproducción?
Son preguntas sin respuesta, que han sido objeto de especulación en varias teorías sobre la evolución sexual de nuestros ancestros. Sin embargo, el registro arqueológico del Plioceno y del Pleistoceno Inferior y Medio no nos ayuda a responder a estas cuestiones. Tenemos que llegar hasta el Pleistoceno Superior y a épocas relativamente recientes (unos 30.000 años) para encontrar claras evidencias de erotismo, desde luego siempre ligadas a nuestra propia especie. Cuando nos encontramos con esas evidencias (grabados, pintura y esculturas) aparecen en todo su esplendor Este hecho puede llegar a plantear que el erotismo es más antiguo de lo que suponemos. Solo la socialización masiva de un hecho cultural deja pruebas en abundancia.
Javier Angulo (doctor en Medicina y especialista en urología) y Marcos García (doctor en Prehistoria y experto en arte paleolítico) trabajaron juntos hace ya algunos años en la investigación del erotismo en nuestra especie. Fruto de ese trabajo fue la publicación en 2005 de un libro titulado “Sexo en Piedra” y de una exposición sobre la misma temática. La Fundación Atapuerca ha recuperado los elementos de una exposición siempre vigente, para llenar una sala del Centro de Recepción de Visitantes de Atapuerca, en Burgos.
Las investigaciones de Javier Angulo y Marcos García nos ayudan a desmitificar hechos tan comunes y naturales como el erotismo o la homosexualidad, que estuvieron presentes sin tapujos en la llamada Edad de Piedra. La mayoría de las culturas “modernas” se han empeñado en esconder y convertir en reprobable y censurable lo que un día fue uno de los mayores descubrimientos de Homo sapiens y quién sabe si también de otras especies, como los neandertales.
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12 jul 2013

La nueva mirada: visiòn, audiciòn y tacto del mundo

Ensayos, sazonados de reflexiones filosóficas y biológicas, repasan la evolución y nos ponen en nuestro lugar: sintonía con la naturaleza y asumir que somos una pieza más en el reino animal


 Somos una pieza más en el reino de los animales, y no a todo el mundo le resulta fácil colocarse ahí.
Imagen de la película El origen del planeta de los simios'.
Tenemos una visión del mundo y no una audición o un tacto; nos preguntamos cómo lo vemos, no cómo lo olemos o cómo lo gustamos. Somos seres visuales. La vista es, probablemente, el más humano de los sentidos y la mirada es el mascarón de proa de nuestra personalidad. Los filósofos, de la mano de los biólogos, están lanzando una nueva mirada a nuestro entorno para poner de relieve detalles que habían pasado inadvertidos o que no se habían querido ver. Estamos empezando a ver miradas que nos conmueven, ojos detrás de los que vemos algo más que animales y que nos ayudan a colocarnos en nuestro sitio.
 “La filosofía se ha convertido en un juego de palabras en el que unos se citan a otros, y yo pretendo centrar la reflexión en la realidad misma. El libro más interesante de todos es el gran libro de la naturaleza”. Jesús Mosterín, filósofo, profesor de investigación del CSIC, es el autor de El reino de los animales, un ensayo que pretende “colocarnos en nuestro sitio”. Para ello es necesario prestar atención a lo que tenemos más cerca, para ver con una nueva mirada lo más próximo. “Se ha producido el fenómeno curioso de que cuanto más cerca de nosotros están las cosas, más hemos tardado en conocerlas. Históricamente, las ciencias más establecidas son la matemática y la astronomía, astros y estrellas lejanas; de lo cercano, de nosotros mismos, hasta hace poco no sabíamos nada”.
Somos una pieza más en el reino de los animales, y no a todo el mundo le resulta fácil colocarse ahí, como una especie más. “Antes teníamos que inventar mitos, parecía que daba vergüenza estar donde estábamos, así que inventamos que éramos hijos de dioses o de ángeles. Sin embargo, deberíamos reconocernos como lo que somos y sentirnos bien, en sintonía con la naturaleza. Por eso la nueva mirada es esta especie de visión realista, por así decir, intelectualmente honesta. Y creo que, de paso, relaja verlo tal y como es”.

El libro más interesante de todos es el gran libro de la naturaleza
Mosterín dedica su libro, precisamente, a explicar cómo es el mundo que nos rodea, este Reino de los animales que nace con la química y llega a la célula y continúa modificándose lentamente. Se trata de un repaso de la evolución aderezado de reflexiones filosóficas y biológicas para explicar la función de la alimentación, de la reproducción, de la locomoción y, en definitiva, de todo aquello que nos hace animales y que nos iguala al resto de seres que habitan el planeta. Es decir, nos coloca en nuestro sitio.
El cerebro, la conducta y la opinión de diversos filosóficos sobre estas cuestiones llevan al lector de manera natural a las ideas sobre la muerte y de ahí al concepto de especie y a su esencia, el genoma, “lo que más describe a un ser humano, el proyecto más notable desde el punto de vista biológico y antropológico. Se trata de una revolución en nuestro autoconocimiento pero del que hace cien años no se sabía nada, ni siquiera que existían los genes”. Y ese estudio del genoma nos aproxima aún más a los grandes simios, porque “estamos emparentados con todos los animales, desde las medusas hasta los conejos, pero estamos más cercanamente emparentados con los primates, con quienes llevamos juntos toda la evolución”.
Por eso también los vemos más próximos y por eso también la nueva mirada se ha detenido en ellos con más insistencia. Chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes forman parte del Proyecto Gran Simio, “que no es una organización, es una idea. La idea es pedir para estas especies más próximas no derechos que no tendrían sentido en su caso, como el de votar o la libertad de expresión, si no tres derechos en concreto: el derecho a la vida, a que no se les mate; el derecho a no ser torturados, y el derecho a no ser encarcelados ni metidos en una jaula sin necesidad”.
Para Miguel Ferrer, biólogo doctorándose en filosofía, investigador del Consejo Superior de Investigaciones, Científicas y presidente de la Fundación Migres, “el deseo de reconocer valores intrínsecos a los animales es la expresión secundaria de un comportamiento humano muy importante que es la empatía. La capacidad para determinar el estado de ánimo del otro es fundamental y está sometido a una fuerte selección en animales tan sociales como nosotros. Intuir la receptividad, la cólera, el engaño, etcétera, lo que llamamos sentimientos, es un factor de éxito en un contexto social, indudable. La extensión de esa capacidad de intuir al otro y su estado de ánimo a animales diferentes de nosotros es inevitable y explicaría porque nos empeñamos en atribuirles derechos tanto más cuanto más se parezcan a nosotros en su capacidad de comunicar socialmente. Pero considero que posiblemente sea más realista pensar no en el dolor que ellos puedan sufrir, cosa que desconocemos, sino en el dolor que sentimos nosotros mediante la empatía y protegerlos en la medida en que protegemos nuestra propia sensibilidad. Esto sería menos antropocentrista que atribuirles una de las invenciones más humanas del planeta, los derechos y los valores”.
De eso trata, precisamente, el libro de Frans de WaalLa edad de la empatía, también en cierta medida elaborando filosofía desde la biología. Para este primatólogo el altruismo no es rasgo único de los humanos, ni siquiera de los primates o de los más mamíferos, sino que está impreso en círculos anteriores de nuestro comportamiento, surge en momentos evolutivos anteriores. De Waal, holandés afincado en Estados Unidos, director del Centro Nacional Yerkes de Investigación de Primates, en Estados Unidos, ha escrito algunos de los libros más impactantes y audaces sobre los chimpancés, incluidos La política del chimpancé (1993), Primates y filósofos (2007) y El mono que llevamos dentro (2007).
Extraordinariamente provocadores, por lo que tienen de sacudida interna, nos convocan también a mantener una nueva mirada tanto sobre los grandes simios como sobre nosotros mismos. Nos viste la mirada con un guiño que nos confunde porque pone ante nosotros un espejo en el que no sabemos si lo que vemos es un reflejo o es otra cosa que nos mira con la misma empatía que miramos.
El reino de los animales. Jesús Mosterín. Alianza Editorial. Madrid, 2013. 
La edad de la empatía. Frans de Waal. Tusquets. Barcelona, 2011. 

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6 may 2011

Arte primigenio


Aún ahora muchos colegas consideran que solo Homo sapiens es poseedor de esta adquisición. Desde mi perspectiva, esta posición esta relacionada más con el concepto de Homo sapiens como especie elegida que no como una constatación científica, dado que ya existen evidencias no atribuibles a nuestra especie y que debe ser referida a Homo erectus,Homo heildebergensis o Homo nenderthalensis.
Desde hace algún tiempo he tenido la oportunidad de ver, y en algunos casos examinar, grafías y esculturas que pertenecen al Pleistoceno medio. Me refiero a ejemplos como  la Venus de Tam-tam en Marruecos de más de 400.000 años de antigüedad, los grabados de Bilzingsleven en Alemania de la misma cronología, o la Venus de Berekhat-Ram en Israel de más de 200.000 mil años de antigüedad.
Aún ahora, por una mayoría del convenio científico internacional paleolitista, se continúa considerando el arte más antiguo conocido a los grabados encontrados en la cueva de Blombos en Sudáfrica, por supuesto atribuidos a Homo sapiens. Con los colegas que no comparten la opinión de que el arte es del género Homo y no de especie, puedo estar de acuerdo  en que si que es cierto que la socialización de esta expresión artística se produce en un momento muy avanzado de la evolución de nuestra especie, hace unos 30.000 años, pero no en que seamos los únicos que lo hemos poseído.
Aceptar que la socialización del arte es una cuestión del Homo sapiens no implica atribuirle su invención. Hubo pioneros de especie que ya practicaron el arte como forma de expresión, aunque se reducía a comportamientos de grupos y de especimenes determinados.
Entre emergencia y socialización debemos hacer una diferencia. El no aceptar que habiendo pruebas empíricas, como las que hemos señalado con anterioridad, lleva a los colegas que no las tienen en cuenta, a manifestar una actitud poco científica, además de acercarse peligrosamente al arte como creación monoespecífica. Considerar sólo a nuestra especie como la única capaz de esta adaptación, parece más propio del pensamiento creacionista que del analítico y sistemático.
Tendrán que pasar aún algunos años antes de que quienes consideran a Homo sapiens como la especie elegida empiecen a entenderla como cualquiera otra de nuestro género. El arte puede desenmascarar esta falacia.

por: Eudald Carbonell






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13 feb 2008

199 aniversario de Charles Darwin

Desde que la humanidad es humana nos hemos preguntado por el origen de la variedad de los animales y plantas que pueblan el planeta. Para una mentalidad religiosa, anclada en la mitología, la respuesta a cualquier pregunta sobre los orígenes, diferencias y semejanzas entre seres vivos era siempre la misma: 'es la voluntad de la deidad'. Hasta tal punto que origen y divinidades quedaron unidos en la mente de las gentes, formando una unidad, como la que formaban los cielos y los dioses. Las personas etiquetaban para su uso e interés los seres vivos, pero no se molestaban demasiado en preguntar de dónde venían.


Sin embargo los filósofos (amantes del conocimiento) que se molestaban en mirar de verdad no podían por menos que percibir similitudes intrigantes entre los animales, además de sus diferencias. Un gorrión es casi idéntico a otro gorrión, lo cual nos permite agruparlos juntos, pero también se parece mucho a un águila, porque ambos son aves. Analizando bajo la superficie, resulta que gorrión y águila son en muchos aspectos como los mamíferos, y en otros se parecen a los reptiles, que a su vez comparten características con los anfibios. Y así todo. Los seres vivos están claramente relacionados. Cuando se analiza su anatomía en detalle, aparecen profundos parecidos: todos los mamíferos tienen igual modelo de diente, sean musarañas o elefantes; todos los tetrápodos lucen en sus extremidades el mismo esquema, desde el ala de un ave a la pata de un caballo, la mano humana o la garra de un tigre; ciertos huesos de la mandíbula de los reptiles forman parte del oído de los mamíferos. Estos parecidos son un misterio.

Para los creyentes de toda deidad, la respuesta a este misterio era y será siempre la misma: es la voluntad de la divinidad. Pero para filósofos y naturalistas esta explicación es insuficiente. Los animales se agrupan por parecidos, y se separan por diferencias de un modo consistente y sutil. Los estudiosos empezaron a pensar que unos animales podían, tal vez, transformarse, cambiando sus estructuras, pasando de una forma a otra. Estas ideas, sin embargo, tropezaban con una barrera infranqueable: no se conoce mecanismo alguno capaz de transformar hoy en día a un pez en reptil, o a éste en ave o mamífero. Sin saber de qué manera podría haberse producido esa transformación, la idea era ridícula. Especialmente cuando la explicación alternativa (dios lo quiere) era apoyada con frecuencia y contundencia por las autoridades civiles, por la violencia si era necesario.

Y entonces llegó Charles Darwin: un tímido estudiante de teología convertido en naturalista que tuvo la inmensa suerte de realizar un largo viaje alrededor del mundo que le permitió ver con sus propios ojos muchas de las maravillas de la vida en el planeta, y sobre todo tuvo mucho tiempo para pensar. Con lo que pudo observar, ciertas ideas radicales (y dudosas) sobre economía de Thomas Malthus, la idea de tiempo profundo producto de sus estudios con su mentor Adam Sedgwick y su lectura de los Principios de Geología de Charles Lyell, además de su experiencia en la crianza de animales domésticos, Darwin supo comprender el mecanismo de este fenómeno, explicando el procedimiento por el que un ser vivo podía acabar dando lugar a otro diferente.

Funciona así: todos los seres vivos tienen muchos descendientes, todos casi iguales, todos diferentes. A unos les va mejor en la vida que a otros, y estos triunfadores tienen más descendencia, que hereda sus diferencias y obtiene así una ventaja en su propia lucha por la vida. Los descendientes son como los progenitores pero ligeramente distintos; una idea simple. Cuando pasan miles, centenares de miles, millones y decenas de millones de años y de generaciones este motor sencillo es capaz de transformar la aleta de pez en la pata de un reptil, y ésta en la pierna de un mamífero, que se convierte en la aleta de una ballena y acaba cumpliendo la misma función que la aleta original, pero de forma diferente. Sin perder en sus características el rastro de cada uno de los cambios. Elegante y poderoso.

Darwin llamó a su teoría 'descendencia con modificación', y a su motor 'selección natural', por analogía con la 'selección artificial' de los criadores de vacas, perros o palomas, que escogen cuál se reproduce y cuál no en función de sus intereses. La teoría era sólida, y potente, pues permitía entender con facilidad la sorprendente variedad de los seres vivos, y sobre todo, sus misteriosos parecidos. Un antecesor común de toda la vida explica por qué todos usamos el mismo esquema químico básico (ADN, proteínas, lípidos, azúcares); un pez tuvo la primera aleta con quiridio, y por eso lo heredamos todos los tetrápodos; el primer mamífero tuvo un molar tribosfénico que sus descendientes hemos adaptado de mil y una formas, porque las diferencias de hábitat y modo de vida explican todo lo que separa a ratones, osos, gatos y humanos. El misterio central de la biología, el juego de parecidos y diferencias entre los seres vivos, puede explicarse. Ya no hace falta un creador de la vida para comprenderla.

De ahí el genio de Charles Darwin, el primer humano que comprendió la naturaleza de verdad, y de ahí su posición central en la ciencia de la biología, y en nuestro conocimiento del universo. De ahí la férrea oposición a su idea desde quienes creen en un creador, dado que el misterio central de la biología era su único refugio, una vez expulsadas las deidades del cielo por la física y la astronomía. Contraviniendo el postulado central de toda religión, la fe sin pruebas, muchos creyentes sinceros y benévolos se han empeñado y se siguen empeñando hasta hoy en denigrar y rechazar una explicación de la naturaleza viva, sólo porque les roba lo que consideran una prueba de la existencia de la divinidad. Darwin, tímido y bondadoso en lo personal, era consciente de lo que esperaba a su teoría y a él, por crearla. Por eso dudó durante 20 años, y por eso quiso rodear su hipótesis central de tantos datos y tan robustos razonamientos que fuera capaz de sobrevivir a las polémicas que le aguardaban. Hombre religioso en su vida personal, su honestidad intelectual le obligó sin embargo a publicar una tesis que sabía le acarrearía el odio de muchos eclesiásticos y el rechazo de las iglesias del mundo, que sigue hasta la actualidad.

Hoy se cumplen 199 años del nacimiento de Charles Darwin, que encajó las piezas básicas del rompecabezas de la vida de modo tan ingenioso y sutil que los nuevos descubrimientos, desde la bioquímica a la genética, desde la paleontología a la ecología, refuerzan su esquema básico al clarificar los detalles de lo ocurrido en nuestra historia planetaria. Merece la pena recordar y homenajear a quien regaló a la especie humana una de sus cumbres intelectuales: el entendimiento del cómo hemos llegado hasta aquí.


fuente: Retiario

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