18 feb 2016

Cuenta atrás para identificar los genes que nos hacen inteligentes

La inteligencia general es un rasgo humano complejo, heredable entre generaciones, y que cumple la llamada “cuarta ley” de la genética de la conducta. Es decir, hay bastantes variantes genéticas responsables de las variaciones entre individuos y grupos. Sólo recientemente disponen los científicos de los instrumentos de análisis adecuados para identificar el origen de estas diferencias humanas tan importantes.
designer-babyYa se han publicado estudios de asociación de genoma completo evidenciando que las diferencias individuales en inteligencia se heredan (Davies, G., et al, 2012). Según Panizzon M.S et al. (2014) –resumido por Roberto Colom– la inteligencia es una estructura “claramente jerárquica en la que se identifica un factor general de orden superior (g) y una serie de capacidades o dominios aptitudinales más específicos. Ese factor g presenta una alta heredabilidad (86%)”
Según Charles Murray, para muchos controvertido autor de The bell curve, no tendremos que esperar ni una década antes de que la ciencia despeje definitivamente dudas sobre la base genética de las diferencias en capacidades cognitivas humanas, y otros muchos rasgos. Este programa de investigación es descrito como “un tren imparable”.
El genetista de poblaciones y conocido blogger científico Razib Kahn es de la misma opinión: “En los próximos cinco años los componentes genéticos de rasgos como la inteligencia finalmente serán caracterizados. No es especulación, sino un anticipo en base a la investigación que está llevándose a cabo”.
Derbyshire saca dos grandes conclusiones, si esta anticipación se cumple: la primera es que una genética de los rasgos humanos y de la inteligencia, capaz de identificar las variantes que tienen un mayor impacto, permitirá realmente crear “bebés a la carta”, o en el lado más sombrío, disponer del conocimiento para impedir que nazcan bebés con habilidades genéticas consideradas inferiores; la segunda, más divertida, es observar cómo reacciona la comunidad de intelectuales que han hecho largas carreras sosteniendo exactamente la posición contraria.

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15 feb 2016

La humanidad estrena "ojos" para ver el universo

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"Esto es solo el principio, ahora empezaremos a escuchar al universo". Con estas emocionantes palabras han descrito los responsables del experimento LIGO la primera observación directa de las ondas gravitacionales predichas por Albert Einstein hace cien años en el marco de su Teoría de la Relatividad General. La señal se detectó el pasado 14 de septiembre, cuando los dos gigantescos detectores situados en Hanford (estado de Washington) y Livingston (Luisiana) registraron un ligerísimo salto en las gráficas. De acuerdo con los datos presentados por los investigadores, este leve "trino" es el resultado de una perturbación del espacio-tiempo producida por dos agujeros negros bailando en la oscuridad a 1.300 millones de años luz antes de fundirse en un abrazo final.


Para entender mejor el descubrimiento de  LIGO, seguid leyendo en: La humanidad estrena "ojos" pra ver un nuevo universo (Next)




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9 feb 2016

El árbol evolutivo... de los cuentos de hadas

  Jack y las habichuelas mágicas  
¿Hadas? ¿En esta web? Pues sí, por una vez voy a hablarles de hadas, o de cuentos de hadas (cuentos infantiles, para ser más exactos, los fairy tales de los ingleses) porque alguien ha hecho un estudio sobre el origen y evolución de estos cuentos utilizando una técnica propia de la biología: la filogenia, que trata de las relaciones de parentesco entre especies.

Unos investigadores de la Universidad Nueva de Lisboa y de la Universidad de Durham han hecho un análisis filogenético de los cuentos infantiles y han averiguado que su origen es muy anterior de lo que se creía hasta ahora. Antropólogos y lingüistas habían establecido su origen en épocas algo anteriores a su publicación por escrito, de manera que tendrían una antigüedad de unos pocos siglos. Sin embargo, este estudio concluye que son mucho más antiguos, y que no tienen unos pocos siglos, sino incluso varios miles de años.


¿Y cómo han llegado a semejante conclusión? Mediante la filogenia, esa técnica tan propia de la biología, que establece las relaciones evolutivas de los seres vivos. En el caso que nos ocupa, y apoyados en las relaciones (también filogenéticas) de las lenguas indoeuropeas (algunas de ellas extinguidas: lenguas muertas), analizaron 275 cuentos que posteriormente redujeron a 76 historias básicas.


  La evolución de las lenguas indoeuropeas  

El análisis les llevó a la conclusión de que algunas de estas historias, como la de Jack y las habicuelas mágicas, habían hecho su aparición en la época en que el tronco del árbol de las lenguas indoeuropeas se bifurcaba para dar lugar a los actuales grupos de lenguas orientales y occidentales. Eso sucedió hace unos 5000 años, una época en la que la Biblia todavía no había empezado a escribirse. Los márgenes de confianza varían de unos casos a otros, pero de algunos, como el de El campesino y el diablo, tienen una alta certeza de que se remontan hasta hace 6.000 años, en la Edad del Bronce.


Como curiosidad, señalan los autores de este estudio, Wilhelm Grimm, uno de los dos hermanos Grimm, opinaba que los cuentos que recopilaron tenían miles de años de antigüedad, lo que siempre había sido negado por los expertos. Parece que tenía razón...

Lo encontré en Phys Org.


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7 feb 2016

Una técnica de sanación primigènica

Sat Nam Rasayan, una técnica de sanación a partir del silencio primigenio

TRAS ENTRAR EN UN ESTADO PROFUNDO DE MEDITACIÓN, EL SANADOR DISUELVE LOS BLOQUEOS ENERGÉTICOS QUE GENERAN ENFERMEDAD O CONFLICTO.

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Una mezcla entre conciencia del bienestar y el experimentar las consecuencias de haber acarreado en años recientes pésimos hábitos, ha volcado a la sociedad, o a buena parte de ella, a buscar técnicas y conductos para vivir mejor. Y en este contexto diversas tradiciones de sanación han emergido como herramientas especialmente útiles.
De entre el menú que hoy por fortuna tenemos a nuestra disposición –en cuanto a vehículos de sanación–, el Sat Nam Rasayan es, sin duda, una de las opciones destacadas. Se trata de una técnica de curación que florece en el silencio, ya que de este estado extrae lo necesario para liberar bloqueos energéticos dentro de una persona, en torno a un espacio u objeto, o alrededor de un evento.   
El Sat Nam Rasayan es una técnica que el Maestro Yogi Bhajan, quien trajo el Kundalini Yoga a occidente a final de la década de los 60s, enseñó a su alumno GuruDev Singh. Tras una intensa e impecable sadhana (disciplina espiritual) sostenida por años, el depositario logró la maestría de dicha técnica y  hoy es considerado como el maestro viviente del Sat Nam Rasayan.
1-2-24zero-220x300La práctica regular del Kundalini Yoga ayuda a desarrollar la mente Neutral, la cual es un elemento indispensable para manejar el Sat Nam Rasayan. Es a través de una practica constante de Kriyas y meditaciones de la tradición de Kundalini Yoga que logras  desarrollar la mente meditativa o mente neutral. Dicho estado tiene la capacidad de percibir un objeto, situación, paciente o evento desde una forma primaria. En otras palabras la idea de la mente neutral es percibir la realidad tal cual es, sin que la mente positiva o la mente negativa influencien la percepción.
GuruDev y Yogui Bhajan llaman a este proceso “la mente meditativa proyectiva”. Esto quiere decir que es proyectando la mente, tras alcanzar un estado de meditación profunda, que uno logra armonizar y sanar. La mente meditativa es neutral, como una especie de hoja en blanco que al ser expuesta al paciente se genera un impacto que queda impreso. Una vez percibida la resistencia esta se contempla sin intención alguna, lo cual finalmente permite diluirla. En pocas palabras al contemplar y permitir la resistencia entonces esta desaparece y así se reestablece el flujo continuo –como continuo es el flujo del universo mismo–.
Sat Nam Rasayan significa descanso, reposo o relajación profunda en el nombre de Dios, que básicamente es lo que uno hace al practicar la técnica. Uno descansa o reposa la mente en contemplación sin juicio ni opinión en el paciente u objeto permitiendo que cualquier sensación agradable o desagradable te atraviese sin reaccionar.
El sanador es el que siente en su cuerpo o conciencia las sensaciones o resistencias que aquejan al paciente. Y gracias a su entrenamiento previo, intensivo, en las técnicas de Kundalini Yoga es apto para tolerarlas y no reaccionar a ellas, permitiéndolas y dejándolas ser para así lograr una sanación exitosa.  
* Atrevidos y estimados lectores de Planetafios, que opinan sobre este artìculo.

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2 feb 2016

¿Por qué tu nombre importa?

LA ESCRITORA MARÍA KONNIKOVA HACE UNA RESEÑA DE LOS ESTUDIOS PUBLICADOS DESDE 1948 ACERCA DE LAS IMPLICACIONES SOCIALES DE LOS NOMBRES PROPIOS.

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La escritora María Konnikova acaba de publicar un metaestudio sobre decenas de investigaciones acerca de las implicaciones de los nombres propios. Más que enfocarse en los significados de los nombres, que muchas personas consideran como parte del destino (nomen est omen), se enfoca en las iniciales y las implicaciones socioeconómicas, muchas veces inconscientes, que los nombres arrojan para el resto del mundo (que también, sin duda, acaban siendo destino). El primer estudio que se llevó a cabo en torno a esto fue en 1948, cuando dos profesores de Harvard publicaron una investigación de tres mil trescientos hombres que se acababan de graduar. Los investigadores buscaron si sus nombres tenían algo que ver con su desempeño económico. Los individuos con nombres inusuales, encontraron, tenían más índices de haber reprobado o exhibido síntomas de neurosis psicológica que aquellos con nombres más comunes: los “Juanes” estaban funcionando muy bien, mientras que los “Berriens” estaban teniendo problemas.  
Desde entonces cientos de investigadores han continuado estudiando los efectos de los nombres, y en las décadas siguientes a 1948, los resultados han sido reproducidos masivamente. Recientes estudios sugieren que los nombres pueden influenciar la elección de carrera, dónde vivimos, con quién nos casamos, si nos contratan en un trabajo, entre otras cosas. En pocas palabras, según estos estudios nuestros nombres determinan el camino que tomamos en la vida.
Mucha de la influencia aparente de los nombres en nuestro comportamiento, apunta Konnikova, ha sido atribuida a lo que se conoce como “efecto de egoísmo implícito”: generalmente estamos atraídos a las cosas y a las personas que más se parecen a nosotros. Ya que valoramos y nos identificamos con nuestros propios nombres e iniciales, la lógica es así: preferimos cosas que tengan algo en común con ellos. Esto se traduce, según su investigación, en qué marca de coches compramos o si donamos dinero a damnificados de un huracán que tiene la misma inicial que nosotros. Sin embargo, estudios más recientes han descartado estas asociaciones.
Pero uno de los estudios más elaborados, en el cual los investigadores Marianne Bertrand y Sendhil Mullainathan crearon cinco mil currículos en respuesta a una oferta de trabajo, tuvo resultados bastante interesantes. Crearon grupos de “nombres acústicamente blancos” (como “Emily Walsh” y “Greg Baker”) y “nombres acústicamente negros” (como Lakisha Washington y Jamal Jones). Mandaron estos dos tipos de currículos a la empresa y encontraron que los candidatos con nombres “acústicamente blancos” recibían 50 por ciento más seguimiento que aquellos con nombres “acústicamente negros”. Un promedio de uno de cada diez currículos “blancos” recibía llamadas de seguimiento, contra uno de cada quince “negros”. Los nombres, en otras palabras, mandan señales acerca de quiénes somos y de dónde venimos.
Al parecer, en el estudio de 1948, la mayoría de los nombres inusuales resultaron ser los apellidos usados como nombres propios –una práctica común entre familias blancas de clases altas, apunta Konnikova–, y sirvieron como señal de privilegio y derecho. Quizá sus portadores fracasados pensaron que podían mantenerse bien sin hacer mucho trabajo o que podían exponer una neurosis que en otra situación tratarían de esconder. Cuando vemos un nombre asociamos implícitamente distintas características con él, y usamos esas asociaciones, aunque sea sin saberlo, para hacer juicios no relacionados acerca de la competencia de su portador. “La pregunta importante”, apunta la escritora, no es “¿Qué hay en un nombre?” [Romeo y Julieta], sino “¿Qué señales emite mi nombre y qué es lo que implica?”.

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28 ene 2016

Una buena filosofía vital

Lejos de esa falsa seguridad de que la vida tiene un propósito, somos el centro del universo y por tanto se tienen que cumplir todas mis aspiraciones, incluso las más estúpidas, este entrevistado desenmascara la realidad y presenta una filosofía vital racionalista, realista y por consiguiente totalmente alejada de esa errónea visión mágica que contamina el pensamiento humano desde sus más arcanos inicios.



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24 ene 2016

El invento de la autonomía moral


La autoconciencia, la autodeterminación y la autonomía se hicieron principios básicos de "la" praxis racional y revolucionaria. La invención de la autonomía es un largo camino intelectual y político en Occidente, un combate iniciado por Lutero, Calvino, el republicanismo escéptico, Suárez, Grocio, Pufendorf. 
El perfeccionismo racionalista, que giraba en torno al hombre moderno como autónomo, siguió madurando con el estoicismo "cristianizado", Descartes, Malebranche, Spinoza, en una línea bien nítida que culmina con Diderot, Lessing, Rousseau en lo político y Kant-Fichte-Hegel en lo teorético. Nietzsche sabía esta conexión intrínseca y primordial cuando afirma en el prólogo a Aurora que a Kant "le picó esa tarántula moral que se llamó Rousseau". El término era aquel con que Kant denominaba, en su Crítica de la razón práctica, la capacidad de la razón humana de darse a sí misma leyes morales sin derivarlas ni de algo inferior (deseos, intereses egoístas, etc.) ni superior (Dios) o exteriores y formales (autoridad, tradición, estado). 
Autonomía es negar toda trascendencia. Si las reglas de la propia acción vienen de alguna manera derivadas de otra cosa que no sea la razón del sujeto, nos encontramos en una situación de heteronomía. Un concepto difícil, pero que significa que se imponen leyes externas o ajenas al sujeto mismo. (...) el ciudadano es soberano, es autónomo, en cuanto él como sujeto es en acto poder legislativo y ejecutivo, y es el súbdito de sus propias y autogeneradas políticas. Análogamente Kant afirmaba que la moralidad (...) debe ser la sumisión incondicional a leyes que nuestra propia razón se ha impuesto. 
En sus propias palabras: "Un hombre dependiente ya no es un hombre, ha perdido toda dignidad, no es más que el accesorio de otro hombre". Es el valiente grito de Sapere aude! (...). La loca y subversiva idea del Sapere aude!, de la autonomía, penetra e invade todas las instituciones educacionales, llega a la universidad que la transmite a través de su Bildungsmaschine bajo la forma de la "Libertad de Cátedra" (...), que para Nietzsche es un escándalo. (...) Nietzsche, de vuelta recurriendo a la autoritaria paideia de Platón, tiene el medicamento preciso para esta enfermedad de la Modernidad: "En otras épocas creían deber implantar y trasplantar a los estudiantes la Dependencia, la Selección, la Sumisión al Orden natural, la Obediencia y un deber rechazar cualquier tipo de presunción de Autoemancipación o Autonomía".

Nicolás González Varela, 2010
Nietzsche contra la democracia


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Canciones sobre Dios

1969. Preguntitas sobre Dios de Atahualpa Yupanqui.

1970. God de John Lennon.


1972. God's song de Randy Newman.


1986. Dear God de XTC.


1991. Innuendo de Queen.


2000. Fiesta pagana de Mago de Oz.


2004. Dios de Pedro Guerra.


2009. Laughing with de Regina Spektor.


2014. Take me to church de Hozier.




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19 ene 2016

¿Importa el tamaño del cerebro?

LA DIFÍCIL CORRELACIÓN ENTRE INTELIGENCIA Y TAMAÑO DEL CEREBRO EN SU MASA TOTAL Y EN SUS REGIONES ESPECÍFICAS.

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La obsesión por el tamaño y por destacar al individuo y a la especie humana de las demás nos ha llevado también a difundir popularmente la idea de que el tamaño del cerebro humano es un indicador de la inteligencia. El neurocientífico Christof Koch hace un recuento de esta idea y de los datos científicos que la soportan o refutan.
Nos dice Koch que un estudio notó que el tamaño promedio del volumen del cerebro en hombres adultos es de 1,274 centímetros cúbicos y el de una mujer es de 1,131 centímetros. Sin embargo, pruebas de inteligencia no muestran una diferencia sustancial entre la inteligencia de los sexos.
Un caso llamativo es el de novelista ruso Ivan Turgenev, un gigante literario con un cerebro de 2,001 gramos; otro gran escritor, el francés Anatole France, pesó sólo 1,017 gramos.
Según Koch, el volumen total del cerebro se correlaciona con un porcentaje de entre 9 y 16% más inteligencia. No existen, sin embargo, datos claros que comprueben si la inteligencia es el resultado de un cerebro más grande o si el cerebro más grande se hace así por la inteligencia o incluso algún otro factor desconocido.
Por otro lado, experimentos que toman en cuenta conexiones particulares de ciertas regiones del cerebro de un individuo, algo así como un “huella digital neural”, según Koch, logran predecir con mayor efectividad la inteligencia fluida, esto es, la capacidad de resolver problemas en situaciones novedosas, encontrar patrones y razonar independientemente.  
La importancia del tamaño del cerebro es también puesta en duda cuando comparamos nuestros cerebro con el de otros animales y algunos homínidos. El caso del Neanderthal llama la atención: pese a tener un cerebro de más de 150 cm cúbicos en promedio que el nuestro, su masa cerebral de poco le sirvió para evitar la extinción.  Una abeja, por ejemplo, puede realizar toda una serie de tareas complicadas para dar a conocer el lugar en el que se encuentra un alimento y logra hacerlo con un cerebro un millón de veces más chico que el de un ser humano. Koch se pregunta “¿Realmente somos 1 millón de veces más inteligentes que las abejas? Ciertamente no, si me fijo en cómo nos gobernamos a nosotros mismos”.  
Ya que normalmente los animales más grandes tienen cerebros más grandes, se tiene una regla que busca señalar a los animales que tienen mayor masa cerebral en proporción a su masa corporal total. En el caso de los seres humanos es del 2%. Si bien esto hace que superemos a los delfines, a las ballenas o a los elefantes, también hace que algunos pájaros e incluso algunos mamíferos como la musaraña nos venzan en este sentido. Otro intento de hacer reinar al hombre en la jerarquía del intelecto, ha sugerido que lo que importa es tener más cantidad de células nerviosas en lugares ligados a las funciones superiores de la inteligencia.  Pero en esto también nos superan, las llamadas “ballenas piloto” (en realidad delfines) que tienen el doble de células en el neocórtex, la región elegida para hacer esta distinción.Koch recuerda que el mismo Darwin había notado que en realidad lo que nos hace únicos es una serie de combinaciones que en su conjunto nos distinguen y no algo en específico. Sin embargo, esta cualidad de ser especiales en su multifactoriedad única tal vez pueda decirse de muchas otras especies. 

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13 ene 2016

Visiòn de un futuro posthumano

Chips subcutáneos, métodos electromagnéticos para potenciar nuestro cerebro, prótesis externas. La incorporación de la tecnología a nuestro cuerpo y mente abre una nueva era



  Retrato de la atleta norteamericana Aimee Mullins. / HOWARD SCHATZ  

La ideología transhumanista –sobre la cual se ha debatido poco en nuestro país- pretende ofrecer a nuestras sociedades contemporáneas un relato futurista que dé una cobertura filosófica, moral e, incluso, espiritual a la dimensión tecnológica del proyecto neoliberal postmoderno en este siglo XXI.
Para esta corriente tecno-optimista, tenemos ante nosotros la responsabilidad de conducir el proceso evolutivo de la humanidad y de transformar radicalmente (mejorar) al ser humano, mediante la interacción e implementación en nuestro cuerpo y mente de tecnologías emergentes más allá de los condicionamientos y límites que nos impone la naturaleza, de la que somos parte inescindible.
Según el movimiento transhumanista, y tal como afirma uno de sus insignes oráculos, el ingeniero de Google Ray Kurzweil, la Singularidad será un acontecimiento que sucederá dentro de unos años con el aumento espectacular del progreso tecnológico, y debido al desarrollo de la inteligencia artificial y a la convergencia de las tecnologías NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Tecnologías de laInformación y de la Comunicación y Neuro-Cognitivas). Esa situación ocasionaría cambios sociales, culturales, políticos y económicos inimaginables, imposibles de comprender o predecir por cualquier humano anterior al citado acontecimiento. En esta fase de la evolución el transhumanismo predice que se producirá la fusión entre tecnología e inteligencia humana, dando lugar a una era en que se impondrá la inteligencia no biológica de los posthumanos. A lo largo de este proceso el transhumanismo quiere difundir una ideología y una cultura favorables al “mejoramiento humano” (del inglés “human enhancement”) a través de la adopción de unas mejoras artificiales en el ser humano (genéticas, orgánicas, tecnológicas) con el objetivo declarado de hacerlo más inteligente, más longevo, más perfecto, más feliz, incluso para que pueda llegar a alcanzar la inmortalidad cibernética y la conquista del universo. No obstante, esta cosmovisión puede comportar riesgos. ¿Estamos preparados para ese cambio radical o bien pensamos que hay que conservar nuestro patrimonio genético y seguir siendo personas humanas, con nuestras limitaciones, pero conservando nuestra libertad y dignidad inalienables?
Constatamos que la aspiración de perfeccionarse es intrínseca a la naturaleza humana, que ha aunado los mecanismos selectivos propios de la evolución con la transmisión del saber científico-técnico (desde el fuego, el hacha y la rueda al ordenador, el cohete y el automóvil) y cultural (como el lenguaje, las artes, la religión). Autores clásicos como Ovidio (Metamorfosis) ya soñaban en “mutaciones” de los seres humanos que hoy constituyen la pretensión de los transhumanistas, que auguran así un “humano mejorado” (o “transhumano”) primero y de un “posthumano” superior después. Como afirmaba Günther Anders, uno de los padres de la tecnoética, el ser humano actual padece de “envidia prometeica”: se descubre inferior a las máquinas que él mismo ha fabricado y aspira a transformarse radicalmente usando la tecnología a su alcance.

Se quiere difundir una 
ideología favorable al 
“mejoramiento humano” 
para hacerlo más 
inteligente, más longevo, 
más perfecto, más feliz, 
pero esta cosmovisión 
puede comportar riesgos
Así, podría definirse el mejoramiento humano como el intento de perfeccionamiento, transitorio o permanente, de las condiciones orgánicas y/o funcionales actuales del ser humano mediante la tecnología. No se trata ya de la loable curación de personas enfermas, sino de potenciar de tal modo a las personas sanas, mediante el impresionante arsenal tecnológico en desarrollo, de modo que se genere un abismo entre humanos mejorados y no mejorados. Tecnologías de uso dual como los chips subcutáneos que nos permiten abrir puertas sin usar llaves pero que también nos geolocalizan, prótesis externas e internas al estilo de Blade Runnerque nos doten de superpoderes, técnicas genéticas como el CRISPR que sirven tanto para acabar con peligrosos parásitos como para modificar nuestro ADN de forma eficiente y permanente, métodos farmacoquímicos o electromagnéticos de aumentar artificialmente –y sin esfuerzo- nuestras funciones cerebrales como la memoria, la agudeza sensorial o la capacidad de cálculo, o intervenciones con células troncales que regeneren nuestros tejidos viejos o dañados, son algunos de los ejemplos de aumento de nuestras capacidades que nos convertirían en transhumanos.
Para adelantar el advenimiento de la Singularidad, el transhumanismo nos propone tres elementos fundamentales: la Superinteligencia, la Superlongevidad y el Superbienestar.

Los transhumanistas 
auguran un 
“humano mejorado” 
(o “transhumano”) 
primero y un 
“posthumano” 
superior después
En relación con la Superinteligencia, esta corriente de pensamiento insiste en que la explosión predictiva de la capacidad de computación alumbrará una inteligencia artificial que, tal vez, llegue a adquirir incluso una consciencia simulada en silicio. Si al final los humanos nos integrásemos –voluntariamente- en las tecnologías convergentes podríamos, según ellos, llegar a estar en contacto directo con esa inteligencia artificial. El resultado sería que nos fusionaríamos efectivamente con ella y sus habilidades se convertirían en las nuestras. Eso impulsaría a la especie humana, en opinión del filósofo transhumanista Nick Bostrom, a un periodo de Superinteligencia
Respecto a la Superlongevidad, Aubrey de Grey, experto en investigación sobre el envejecimiento, sostiene, desde una visión transhumanista, que nuestras prioridades están fundamentalmente sesgadas y que tenemos que empezar a pensar seriamente en prevenir la enorme cantidad de muertes debidas al envejecimiento. Algunos transhumanistas van más allá y financian procesos criónicos, o incluso proyectos de una inmortalidad cibernética, que se nos antojan utópicos.
Finalmente, el filósofo transhumanista David Pearce expone que el Superbienestar tiene como objetivo, en primer lugar, investigar y eliminar el sufrimiento, y en segundo lugar, alcanzar la abundancia y la felicidad para todos, o sea, un nuevo “paraíso terrenal”.

Debemos evitar que las
 personas seamos 
transformadas en un 
sensor o en un producto 
tecnológico que sirva
 únicamente a intereses 
privados de mercado y/o 
de la guerra
Las propuestas del transhumanismo nos interpelan y no podemos ni debemos huir de nuestra responsabilidad, como seres humanos, de dar una respuesta coherente de acuerdo a nuestra naturaleza, libertad y dignidad. Urge evitar que el mejoramiento sea solo para ricos o para una elite perteneciente a una no-ocracia no democrática que domine el mundo, o que se haga sin tener en cuenta los riesgos asociados a las nuevas tecnologías y a nuestra propia ignorancia del ser humano y de la naturaleza. Debemos evitar que las personas seamos transformadas en un sensor o en un producto tecnológico del capitalismo neoliberal –le llamen transhumano o posthumano- que sirva únicamente a intereses privados y a las fuerzas desbocadas del mercado y/o de la guerra. Estos retos no dejan de ser los que han existido a lo largo de toda nuestra historia, pero asumen ahora una dimensión tal que, por primera vez, se plantea una intervención directa en el proceso evolutivo que puede llevar a nuestra desaparición como especie. ¿Qué hace al ser humano tan diferente del resto de seres vivos y, nos atrevemos a decir, tan único, tan singular? No es la ciencia y la técnica, sino la cultura, la educación, las humanidades, como afirma el biólogo Edward Wilson en su reciente libro The Meaning of Human Existence (2015). 
Un ser humano que posee la extraordinaria tarea de cuidar, de forma responsable, el planeta Tierra, y no de contribuir a su destrucción prematura, de proteger al más débil y vulnerable y no de menospreciarlo o eliminarlo, de orientar el innegable progreso científico-técnico hacia el bien de todos y no solo de algunos privilegiados. Sean o no ilusorias las aspiraciones del transhumanismo la sociedad debe tomar conciencia de las mismas, abrir un amplio debate interdisciplinar y ejercer, desde un pensamiento crítico, una auténtica democracia real favorable al interés colectivo y al bien común. Construyamos pues, mediante una ética global que respete la dignidad inalienable de las personas, y bajo los principios civilizatorios de Libertad, Igualdad y Fraternidad recogidos en la Declaración Universal de la ONU (1948), una auténtica Humanidad para el siglo XXI.

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