Una divertida e interesante pràctica de efecto dominò, orden, sincronizaciòn, càlculo, creatividad y arte con libros.
.
UN ESPACIO EN ÓRBITA PARA EJERCITAR EL PENSAMIENTO, DEDICADO A LA CIENCIA, TECNOLOGÍA, INNOVACIÓN, EVOLUCIÒN, CULTURA Y DEMAS ARTES Y HOBBYS; ............................................................................................... DONDE LOS PLANETAS SE ALINEAN.
![]() |
"No he fracasado. He descubierto 999 maneras de
como no hacer una bombilla."
Thomas A. Edison
|
![]() |
| ¿Nació así? Richard Branson, uno de los empresarios más exitosos del mundo. |
![]() |
| No todos podemos ser Mark Zuckerberg pero ¿por qué? |
"Uno puede entrenar
a la gente a manejar
el estrés, ser mejor
líder, cómo ser tenaz,
humilde, positivo,
pero si no tienen la
base genética, es
difícil"
"Yo no creo que la
genética tenga un
rol en esto"
![]() |
PESOS PLUMA. La piel está dotada de cinco millones de terminaciones nerviosas con varios tipos de funciones. Entre ellas, medir presión y peso, y la velocidad de un roce.
Hay cinco millones de posibilidades de que un simple roce nos produzca un pequeño escalofrío, tantas como terminaciones nerviosas alfombran nuestra piel. Somos un auténtico campo minado de sensaciones que rara vez se desactiva. Pero hay que saber cómo recorrerlo para dar con el detonador: en algunos sitios hay que pisar fuerte, y en otros suavemente, como queriendo no ser vistos. Es la ruta del placer cuyos primeros centímetros han topografiado en la Universidad de Carolina del Norte con ayuda de un ser que, paradójicamente, no siente nada: un estimulador táctil, un robot, vaya.
Allí todo eran llamadas, preguntas y excitación cuando los investigadores dirigidos por Hakan Olausson publicaron en abril, en la revista Nature Neuroscience, el gran secreto que llevaban más de 10 años tratando de descifrar: el de acariciar bien. Ni más lenta ni más rápidamente que entre 1,3 y 10 centímetros por segundo. Con esa cadencia, y aplicando una presión leve, pero que varía ligeramente de una persona a otra, los llamados “mecanorreceptores” del tipo táctil-C (uno de los muchos tipos de detectores que tenemos en la epidermis) envían al cerebro la mejor noticia que pueden, la del placer. A otra velocidad, estos testigos no se inmutan, no se activan, no lo disfrutamos.
El placer no genital
Lejos de quitarle la gracia a la aventura del flirteo y la exploración (por haber determinado de modo frío y exacto cómo tocarse mejor), el equipo de Olausson ha echado más leña al fuego. Porque sus científicos han descubierto, a la par, que este manual de instrucciones no obra en las zonas genitales ni en las mucosas (la vagina, por ejemplo). Es decir, el hallazgo obliga a abundar en el estudio de los prolegómenos y del sexo no genital, que es precisamente el que, según la sexología moderna, atesora el verdadero secreto del éxito posterior en la horizontal. Por lo pronto, ya saben que esta velocidad de caricia está muy relacionada con la estimulación de la relación entre madre e hijo, pero también con la de la relación social. El siguiente paso es conocer si el camino que lleva a la pura excitación sexual viaja por la misma vía al cerebro. Y según apuntan, quizá la respuesta esté en la experiencia previa y en la cultura táctil de cada uno.
La llave del orgasmo
Pistas no faltan para determinar el poderoso influjo de la palma de una mano deslizándose sobre un cuerpo desnudo. Es un tópico científico, pero también una afirmación aceptada, que la piel es el mayor de nuestros órganos (dos metros cuadrados nos recubren). Ella, en sus posesiones, alberga el tacto, y solo este tiene la llave del orgasmo. A los hombres les excita la simple visión de los pechos de una mujer, unos labios gruesos; ellas se turban más con un susurro, un jadeo, a veces un olor; pero nada de todo eso es capaz de desatar el maravilloso calambre que, según determinaron los famosos Masters y Johnson, nace en la zona sacra de la médula espinal, el latigazo del clímax. El tacto sí puede, y la naturaleza nos ha dotado de las herramientas necesarias como animales sexuales que somos: los labios, el dedo índice y el pulgar humanos ocupan una parte considerable del espacio cerebral consagrado al tacto. Y a su vez, esta área dedicada a percibir y procesar lo que tocamos (en la corteza cerebral, detrás de la cisura de Rolando), es también muy amplia. Es más: el hombre es el mamífero con mayor número y variedad de corpúsculos sensitivos en la piel.
En parte, porque de ello depende nuestra supervivencia como especie. El tocar gobierna una porción importante de nuestra relación con el mundo físico, pero también es un factor determinante en el sexo y, por lo tanto, en la reproducción. Las caricias en las caras internas de los muslos (estos sí, provistos de vello, como manda el nuevo descubrimiento) y en las zonas púbicas y perineales desatan un torrente de sangre que llena de ajetreo los capilares de los cuerpos cavernosos que conforman el pene, la vagina y el clítoris, e irrigan el cuerpo de la pareja hasta pintarla del llamado rubor del sexo.
.
|
![]() |
| Somos una pieza más en el reino de los animales, y no a todo el mundo le resulta fácil colocarse ahí. Imagen de la película El origen del planeta de los simios'. |
Más desconcertante para la izquierda liberal resultó la evidencia de que existían diferencias raciales en el CI. Se descubrió por primera vez en los Estados Unidos en 1918, cuando se analizaron los test de los reclutas y se vio que los negros poseían un CI medio de 84 y los blancos un CI medio de 100. Estas diferencias han sido confirmadas en estudios numerosos hasta el presente.
En 1994 Richard Herrnstein y Charles Murray argumentaron en su libro The bel curve que estas diferencias en el CI explicaban en buena parte por qué los negros tienen resultados más pobres en la educación y el empleo y poseen tasas más altas de dependencia del bienestar y de madres solteras.
La izquierda liberal aún se ha molestado más en la última década durante la cual se han calculado los CI para todas las razas y naciones, mostrando grandes diferencias entre diferentes pueblos. Los judíos askenazíes poseen el CI más alto con una media de 110. Esta es una de las razones por las que tienen tanto éxito y son tan prominentes en sus profesiones, negocios o en la academia, o por qué reciben tantos premios y galardones por su impresionante trabajo intelectual, tales como el premio Nobel.
Seguidamente los chinos, japoneses y otros asiáticos del noreste poseen los CI mayores. Esto explica por qué Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur lo han hecho también económicamente durante el último medio siglo y por qué China ha logrado tasas tan altas de crecimiento económico en los años recientes a que se introdujeran en la economía de mercado. Las naciones europeas poseen una media de Ci de 100, lo que hace que sea difícil para ellos competir económicamente en contra de los del noreste asiático.
Los CIs más bajos son los de los Bushmen del desierto de Kalahari y los pigmeos de las selvas lluviosas del oeste de África con una medida de 53, y los australianos aborígenes con una media de 62. Los Ci en el África subsahariana son aproximadamente de 70 y esto hace que su desarrollo económico se detenga.
El cálculo del CI para todas las naciones del mundo ha mostrado que las diferencias en el CI contribuyen de forma significativa en las diferencias del desarrollo económico y en nuestra comprensión sobre por qué algunas naciones son ricas y otras siguen pobres.