20 jul 2013

Efecto dominó con libros


Una divertida e interesante pràctica de efecto dominò, orden, sincronizaciòn, càlculo, creatividad y arte con libros.


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¿Qué es la resiliencia?

¿Te has parado alguna vez a pensar qué significa para ti fracasar? La forma en que percibes los errores, fracasos y adversidades tiene un papel muy importante en tu desarrollo personal y profesional y en tus logros y éxitos, por eso es fundamental desarrollar la resiliencia. La resiliencia es la capacidad de adaptarte y recuperarte de los contratiempos, de seguir adelante cuando las cosas no funcionan como esperabas. ¿Quieres un ejemplo?

"No he fracasado. He descubierto 999 maneras de 
como no hacer una bombilla." 

Thomas A. Edison

Esto es un ejemplo perfecto de resiliencia. Imagínate qué hubiera pasado si Edison hubiera decidido darse por vencido. Afortunadamente no lo hizo, al contrario, aceptó sus fallos, aprendió de ellos y siguió adelante.
La realidad es que en esta vida es inevitable fracasar y cometer errores, la única forma de evitarlo sería no correr ningún tipo de riesgo ni probar nada nuevo, ¡y eso no es vivir! Por eso es recomendable desarrollar la resiliencia. Según la psicóloga Susan Kobasa hay tres elementos clave para ser más resiliente:
Ver las dificultades como desafíos. Los fallos y errores como lecciones y oportunidades para desarrollarte y no considerarlos como algo negativo y mucho menos como un defecto tuyo.
Comprometerte contigo, tu vida y tus metas. Querer seguir adelante pase lo que pase.
Centrarte en lo que puedes controlar. Hay ciertas circunstancias y sucesos que simplemente no puedes controlar, lo sabio es centrarse en lo que sí está en tu mano y en lo que supondrá una mayor diferencia en tu vida. Así lograrás sentirte confiada y empoderada porque estás haciendo no sólo todo lo que puedes, sino lo que importa.
El también psicólogo Martin Seligman, menciona la importancia de considerar los contratiempos como algo temporal, de procurar que no afecten a otras areas de tu vida y de no internalizarlos o convertirlos en algo personal. No es lo mismo pensar que ayer (temporal) no estuviste muy fina en el trabajo que que siempre haces tu trabajo mal o que eres una inútil. ¿Ves la diferencia?
¿Qué puedes hacer tú para ser resiliente y afrontar los cambios y contratiempos de otra manera? Estas son algunas sugerencias:

  • Sé consciente de lo que piensas cuando algo va mal y cuando hablas de ti mismo. Si encuentras pensamientos negativos o críticos, corrígelos y procura siempre pensar y hablar bien de ti misma.
  • Deja de considerarte una víctima y coge las riendas de tu vida. Centra tu tiempo y energía en las cosas o situaciones que puedes cambiar, no en aquello que no depende de ti
  • Procura no asociar cometer errores con fracasar. Los errores son parte de la vida y de ellos se aprende, decide buscar la lección que puedes sacar.
  • Recuerda que lo que importa es tu reacción ante las adversidades y errores. Tú eliges si buscar un solución y seguir adelante o si pensar que eres una inútil y quedarte paralizada.
  • No hagas una montaña de un grano de arena. Es importante mantener la perspectiva en cada situación. A lo mejor a largo plazo eso que ahora parece terrible no deja de ser una mera anécdota.
  • Sé flexible. Las cosas cambian, los planes no siempre salen bien, así es la vida y es mejor aceptarlo cuanto antes y adaptarse a ello.
  • Busca apoyo. Tener una buena relación con tus amigos, familia y compañeros de trabajo, hará que te resulte más fácil superar los obstáculos porque tendrás apoyo y eso es fundamental.
Y tú, ¿te consideras resiliente o te rindes ante el fracaso y los fallos? ¿Te imaginas lo que conseguirías si tuvieras la fuerza suficiente como para no rendirte? Depende de ti, así que ponte manos a la obra.
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18 jul 2013

¿Somos amos o esclavos del dinero?

Como cualquier otra abstracción, el dinero es plenamente configurable y por lo tanto nuestra relación con él también lo es.


“La pobreza no viene por la disminución de las riquezas,
sino por la multiplicación de los deseos.”
Platón
Por alguna extraña y lamentable razón, buena parte de la realidad humana gira en torno a una peculiar abstracción, el dinero. Ya sea por que nos genera un ineludible magnetismo, la ambición, o simplemente por que el sistema nos obligue a perseguirlo para sobrevivir, lo cierto es que la mayoría de nosotros le dedicamos una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo.
Pero si además de dedicarle una gran porción de nuestra praxis, además nos preocupamos por su presencia (o su ausencia), entonces somos candidatos a disfrutar, considerablemente menos, la existencia. Ahora, antes de ir más allá, vale la pena aclarar que, como bien señala el libro How To Worry Less About Money (2012), de John Armstrong, no es lo mismo preocuparse por el dinero que tener problemas financieros.
“Existe una distinción crucial entre ambos. Los problemas son urgentes, y requieren de una acción directa. En contraste, las preocupaciones generalmente dicen más del preocupado que del mundo que lo rodea […] Para responder a nuestras preocupaciones debemos poner atención a nuestro patrón de pensamiento (ideología) y a nuestro esquema de valores (cultura).”
De acuerdo a lo anterior, es importante entender que una preocupación financiera tiene, al menos, un 50% de carácter puramente psicológico, mientras que el resto tiene que ver con una situación real –por ejemplo, la necesidad de adquirir algo, o de mantener un cierto nivel de vida.
Por otro lado, resulta fundamental analizar la relación que, conciente o inconcientemente hemos decidido entablar con el dinero. A fin de cuentas se trata de una abstracción, y como tal es plenamente configurable. ¿Vamos a utilizar esta entidad para canalizar miedos o traumas? ¿La vamos a utilizar en el proceso de construir nuestra identidad individual? ¿Determinará algún aspecto importante en nuestra auto-percepción? o en realidad lo aprovecharemos como una herramienta disponible, entre muchas otras, para vivir en paz. 
Al respecto, Douglas Rushkoff, una de las mentes consentidas en Planetafios y quien desde hace unos años promueve la auto-programación del dinero, advierte:
“Los dineros son programados. Se comportan de cierta forma porque se les ha codificado con ciertos patrones de conducta. […] Hoy estamos probando que es más adecuado tratar nuestro dinero como software y programarlo nosotros mismos”.
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Regresando al libro de Armstrong, el autor señala otro aspecto crucial para preocuparnos menos por nuestras finanzas: la felicidad. Es importante desasociar este estado de aquello que nos facilita el dinero. Lo cierto es que la relación entre el dinero y el ‘ser feliz’, es limitada y hasta cierto punto efímera.

“El dinero puede adquirir la representación simbólica de la felicidad, pero no sus causas. De hecho, tendríamos que aceptar que el dinero, como tal, no puede comprar la felicidad.”  
Alrededor de esta afirmación de Armstrong, podríamos también citar un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, el cual concluyó que la felicidad reside en las experiencias que acumulamos, en las vivencias, y no en las pertenencias. Y si crees que ciertos objetos o prácticas de consumo podrían proveerte lo que te falta para ser feliz, simplemente analiza la vida de aquellas personas que sí los tienen, y comprobarás que están lejos de ser indispensables para vivir tranquilo.  
Sprint final
En conclusión, parece que la clave para relacionarte de manera más sana, y menos preocupante, con tus finanzas, radica en tu mente. Si bien existen, obviamente, los problemas económicos, lo primero es diferenciar estos del resto de estímulos que te generan una preocupación. Lo siguiente es hacer conciencia sobre cómo te relacionas tú con el dinero –idealmente evitando extremos, es decir, no estés peleado con la posibilidad de aumentar tus ingresos, pero tampoco le des prioridad a esto sobre las cosas más importantes de la vida, por ejemplo, las vivencias memorables.
Siempre he pensado que si no eres particularmente ambicioso, entonces la mejor manera de no pensar en dinero es garantizar un ingreso que te permita cubrir tus necesidades básicas y ese par de ‘lujos’ que podrían complementar deliciosamente tu vida (en mi caso viajar y aventurar). Si logras lo anterior, entonces es muy probable que no intentes hacer más dinero del que necesitas para vivir tranquilo, pero tampoco tendrás que preocuparte por cubrir lo esencial.
Si, por el contrario, sientes una marcada inclinación hacia el oro, y hacia la acumulación de bienes, entonces tal vez el mejor consejo sea que dediques unas horas a reflexionar sobre los beneficios que te aporta tal acumulación. Lo más probable es que termines por confirmar que el poseer más de lo ‘necesario’ te genera más preocupaciones que placeres –como en la relación amo-esclavo de Hegel, en la que el verdadero esclavo es el amo, pues mientras este último se dedica a trabajar, el otro no deja de preocuparse por someter nuevos esclavos y evitar que otros amos le sometan.  
Para cerrar este texto me gustaría citar una frase de Alejandro Dumas, que en mi opinión resume bien lo que una relación sana con el dinero puede significar: “No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo.”

Twitter del autor: @paradoxeparadis 

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Impresionante arte en 3D

Alessandro Diddi y sus impresionantes dibujos 3D


De vez en cuando circulan por la red trabajos de artistas que nos sorprenden. Hace poco publicamos las imágenes del trabajo de Kazuki Yamamoto, un artista japonés que realiza arte 3D sobre tazas de café. Ahora es un italiano el que nos sorprende con su trabajo. Sin más presentación, los dejamos con las fotos de Alessandro Diddi y su trabajo 3D sobre papel.

Arturogoga


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16 jul 2013

Empresarios emprendedores... ¿nacen o se hacen?

  ¿Nació así? Richard Branson, uno de los empresarios más exitosos del mundo.  
Usted tiene una gran idea para un negocio y piensa que puede ganar mucho dinero con ella... ¿qué hace?
Quizás funda su propia compañía, dedica su vida a ella y, gracias a su esfuerzo y determinación, hace una fortuna.
O tal vez sencillamente se olvida de la idea y sigue trabajando por un salario.
Mientras que la mayoría haríamos esto último, los empresarios de este mundo sin duda escogerían la primera opción.
Pero, ¿qué tienen empresarios exitosos como Richard Branson o Mark Zuckerberg, esas personas que hacen y expanden sus propias compañías, que no tengamos los demás?
¿Nacen con las habilidades necesarias o es algo que cualquiera puede aprender? ¿O acaso todo depende de lo que vivieron cuando chicos?

Experiencia

Luke Johnson confiesa ser un "emprendedor en serie": gracias a su padre, ha dirigido cadenas de restaurantes como Pizza Express, Strada y Patisserie Valerie en Reino Unido.
    No todos podemos ser Mark Zuckerberg pero
  ¿por qué?
 
"Mi padre era autónomo y lo sigue siendo. A los 84 años de edad sigue trabajando", cuenta, en conversación con la BBC.
"Si uno tiene un ejemplo a seguir en casa, alguien que no quería trabajar para nadie, que no dependía de un empleador, eso ayuda".
"He notado, tras trabajar con muchos empresarios y haber conocido cientos de ellos, que todos tienen algún familiar o amigo cercano que les sirvieron de modelo para imitar, una persona que trabaja para sí mismo o un jefe de su propia compañía", asegura.
Para Johnson, empezar una empresa es más difícil para la gente que no ha estado expuesta a esa experiencia.
"Si alguien viene de un entorno en el que todos tienen un empleo seguro, con una carrera que promete durar de por vida y una pensión al final, la idea de empezar solo sin una red de seguridad puede ser aterradora", explica.
Y dos expertos en economía, el catedrático David Blanchflower, del Dartmouth College en Estados Unidos, y Andrew Oswald, de la Universidad de Warwick en Reino Unido, concuerdan.

Genética

Para el especialista en negocios Peter Ryding, los empresarios exitosos nacen, no se hacen.

"Uno puede entrenar 
a la gente a manejar 
el estrés, ser mejor 
líder, cómo ser tenaz, 
humilde, positivo, 
pero si no tienen la 
base genética, es 
difícil"
Peter Ryding
"Yo calcularía que la respuesta sencilla es: 70% innato, 10% adquirido y 20% aprendido", opina.
Según Ryding, los empresarios tienen dos características genéticas clave, a las que llama "pensamiento adaptable" y "ver la realidad positivamente".
"Una persona con 'pensamiento adaptable' puede detectar una necesidad, decidir qué habilidades se requieren para satisfacerla y aplicarlas rápida y efectivamente. Pueden hacer eso una y otra vez a medida que se presentan nuevas necesidades", explica en entrevista con la BBC.
"Cuando hablo de 'ver la realidad positivamente' me refiero a que los empresarios son mejores para ver si algo está mal en un plan y saber qué hacer para volverlo positivo".
"Y respecto al 20% que se puede aprender, uno puede entrenar a la gente a manejar el estrés, ser mejor líder, cómo ser tenaz, humilde, positivo, pero si no tienen la base genética, es difícil", opina.

Innato + adquirido

  La pregunta es qué hace la diferencia entre el dueño y el empleado  


Brian Morgan, profesor de desarrollo de la capacidad empresarial en la Universidad Metropolitana de Cardiff, Gales, dice que si bien los "factores genéticos heredados" juegan un importante papel, muchas de las habilidades vitales son aprendidas.
"En general, un 40% de las habilidades empresariales pueden adscribirse al ADN", estima. "Pero el 60% de las aptitudes requeridas para crear un negocio sostenible y exitoso -como pericia técnica y financiera- tienen que adquirirse".
"Eso se puede enseñar en cursos o se puede aprender trabajando por unos años en una firma grande en el sector que sea del interés del que el empresario en ciernes".
Morgan añade que los empresarios que reciben ese tipo de entrenamiento "son más dados a prestar atención a los detalles y a empezar sus negocios sobre bases más firmes".

Se hacen


"Yo no creo que la 
genética tenga un 
rol en esto"
Cary Cooper

"Yo no creo que la genética tenga un rol en esto", declara Cary Cooper, profesor de psicología de las organizaciones y salud del Lancaster University Management School.
"Lo que determina si alguien puede convertirse en un empresario son sus experiencias tempranas", asegura.
"Según mis estudios, el empresario a menudo es alguien que ha tenido una experiencia negativa cuando joven, como el divorcio de los padres o abuso en la escuela, y lo sobreviven, aprenden de ello y quieren recuperarse o demostrar a quienes los menospreciaron que se equivocaron".
"Esa determinación los hace mucho más proclives a asumir los riesgos necesarios para ser empresarios exitosos", dice a la BBC.


Cuando alguien te comente sobre Crash, ponle atenciòn porque puedes emprender algo importante.

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14 jul 2013

El arte de las caricias

La velocidad exacta de la caricia ayuda a tocarse mejor
   PESOS PLUMA. La piel está dotada de cinco millones de terminaciones nerviosas con varios tipos de      funciones. Entre ellas, medir presión y peso, y la velocidad de un roce.  
Hay cinco millones de posibilidades de que un simple roce nos produzca un pe­queño escalofrío, tantas como terminaciones nerviosas alfombran nuestra piel. Somos un auténtico campo minado de sensaciones que rara vez se desactiva. Pero hay que saber cómo recorrerlo para dar con el detonador: en algunos sitios hay que pisar fuerte, y en otros suavemente, como queriendo no ser vistos. Es la ruta del placer cuyos primeros centímetros han topografiado en la Universidad de Carolina del Norte con ayuda de un ser que, paradójicamente, no siente nada: un estimulador táctil, un robot, vaya.
Allí todo eran llamadas, preguntas y excitación cuando los investigadores dirigidos por Hakan Olausson publicaron en abril, en la revista Nature Neuroscience, el gran secreto que llevaban más de 10 años tratando de descifrar: el de acariciar bien. Ni más lenta ni más rápidamente que entre 1,3 y 10 centímetros por segundo. Con esa cadencia, y aplicando una presión leve, pero que varía ligeramente de una persona a otra, los llamados “mecanorreceptores” del tipo táctil-C (uno de los muchos tipos de detectores que tenemos en la epidermis) envían al cerebro la mejor noticia que pueden, la del placer. A otra velocidad, estos testigos no se inmutan, no se activan, no lo disfrutamos.

El placer no genital

Lejos de quitarle la gracia a la aventura del flirteo y la exploración (por haber determinado de modo frío y exacto cómo tocarse mejor), el equipo de Olausson ha echado más leña al fuego. Porque sus científicos han descubierto, a la par, que este manual de instrucciones no obra en las zonas genitales ni en las mucosas (la vagina, por ejemplo). Es decir, el hallazgo obliga a abundar en el estudio de los prolegómenos y del sexo no genital, que es precisamente el que, según la sexología moderna, atesora el verdadero secreto del éxito posterior en la horizontal. Por lo pronto, ya saben que esta velocidad de caricia está muy relacionada con la estimulación de la relación entre madre e hijo, pero también con la de la relación social. El siguiente paso es conocer si el camino que lleva a la pura excitación sexual viaja por la misma vía al cerebro. Y según apuntan, quizá la respuesta esté en la experiencia previa y en la cultura táctil de cada uno.

La llave del orgasmo

Pistas no faltan para determinar el poderoso influjo de la palma de una mano deslizándose sobre un cuerpo desnudo. Es un tópico científico, pero también una afirmación aceptada, que la piel es el mayor de nuestros órganos (dos metros cuadrados nos recubren). Ella, en sus posesiones, alberga el tacto, y solo este tiene la llave del orgasmo. A los hombres les excita la simple visión de los pechos de una mujer, unos labios gruesos; ellas se turban más con un susurro, un jadeo, a veces un olor; pero nada de todo eso es capaz de desatar el maravilloso calambre que, según determinaron los famosos Masters y Johnson, nace en la zona sacra de la médula espinal, el latigazo del clímax. El tacto sí puede, y la naturaleza nos ha dotado de las herramientas necesarias como animales sexuales que somos: los labios, el dedo índice y el pulgar humanos ocupan una parte considerable del espacio cerebral consagrado al tacto. Y a su vez, esta área dedicada a percibir y procesar lo que tocamos (en la corteza cerebral, detrás de la cisura de Rolando), es también muy amplia. Es más: el hombre es el mamífero con mayor número y variedad de corpúsculos sensitivos en la piel.
En parte, porque de ello depende nuestra supervivencia como especie. El tocar gobierna una porción importante de nuestra relación con el mundo físico, pero también es un factor determinante en el sexo y, por lo tanto, en la reproducción. Las caricias en las caras internas de los muslos (estos sí, provistos de vello, como manda el nuevo descubrimiento) y en las zonas púbicas y perineales desatan un torrente de sangre que llena de ajetreo los capilares de los cuerpos cavernosos que conforman el pene, la vagina y el clítoris, e irrigan el cuerpo de la pareja hasta pintarla del llamado rubor del sexo.
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El mundo sin tecnología móvil


No se yo si sería más como la escena dedicada a los Angry Birds o más bien como el gag de Twitter  ò como recibir e-mails;... En cualquier caso, una forma simpática de imaginar cómo sería el mundo actual sin la tecnología de los teléfonos inteligentes. Es una peliculita de Qualcomm.


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12 jul 2013

La nueva mirada: visiòn, audiciòn y tacto del mundo

Ensayos, sazonados de reflexiones filosóficas y biológicas, repasan la evolución y nos ponen en nuestro lugar: sintonía con la naturaleza y asumir que somos una pieza más en el reino animal


 Somos una pieza más en el reino de los animales, y no a todo el mundo le resulta fácil colocarse ahí.
Imagen de la película El origen del planeta de los simios'.
Tenemos una visión del mundo y no una audición o un tacto; nos preguntamos cómo lo vemos, no cómo lo olemos o cómo lo gustamos. Somos seres visuales. La vista es, probablemente, el más humano de los sentidos y la mirada es el mascarón de proa de nuestra personalidad. Los filósofos, de la mano de los biólogos, están lanzando una nueva mirada a nuestro entorno para poner de relieve detalles que habían pasado inadvertidos o que no se habían querido ver. Estamos empezando a ver miradas que nos conmueven, ojos detrás de los que vemos algo más que animales y que nos ayudan a colocarnos en nuestro sitio.
 “La filosofía se ha convertido en un juego de palabras en el que unos se citan a otros, y yo pretendo centrar la reflexión en la realidad misma. El libro más interesante de todos es el gran libro de la naturaleza”. Jesús Mosterín, filósofo, profesor de investigación del CSIC, es el autor de El reino de los animales, un ensayo que pretende “colocarnos en nuestro sitio”. Para ello es necesario prestar atención a lo que tenemos más cerca, para ver con una nueva mirada lo más próximo. “Se ha producido el fenómeno curioso de que cuanto más cerca de nosotros están las cosas, más hemos tardado en conocerlas. Históricamente, las ciencias más establecidas son la matemática y la astronomía, astros y estrellas lejanas; de lo cercano, de nosotros mismos, hasta hace poco no sabíamos nada”.
Somos una pieza más en el reino de los animales, y no a todo el mundo le resulta fácil colocarse ahí, como una especie más. “Antes teníamos que inventar mitos, parecía que daba vergüenza estar donde estábamos, así que inventamos que éramos hijos de dioses o de ángeles. Sin embargo, deberíamos reconocernos como lo que somos y sentirnos bien, en sintonía con la naturaleza. Por eso la nueva mirada es esta especie de visión realista, por así decir, intelectualmente honesta. Y creo que, de paso, relaja verlo tal y como es”.

El libro más interesante de todos es el gran libro de la naturaleza
Mosterín dedica su libro, precisamente, a explicar cómo es el mundo que nos rodea, este Reino de los animales que nace con la química y llega a la célula y continúa modificándose lentamente. Se trata de un repaso de la evolución aderezado de reflexiones filosóficas y biológicas para explicar la función de la alimentación, de la reproducción, de la locomoción y, en definitiva, de todo aquello que nos hace animales y que nos iguala al resto de seres que habitan el planeta. Es decir, nos coloca en nuestro sitio.
El cerebro, la conducta y la opinión de diversos filosóficos sobre estas cuestiones llevan al lector de manera natural a las ideas sobre la muerte y de ahí al concepto de especie y a su esencia, el genoma, “lo que más describe a un ser humano, el proyecto más notable desde el punto de vista biológico y antropológico. Se trata de una revolución en nuestro autoconocimiento pero del que hace cien años no se sabía nada, ni siquiera que existían los genes”. Y ese estudio del genoma nos aproxima aún más a los grandes simios, porque “estamos emparentados con todos los animales, desde las medusas hasta los conejos, pero estamos más cercanamente emparentados con los primates, con quienes llevamos juntos toda la evolución”.
Por eso también los vemos más próximos y por eso también la nueva mirada se ha detenido en ellos con más insistencia. Chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes forman parte del Proyecto Gran Simio, “que no es una organización, es una idea. La idea es pedir para estas especies más próximas no derechos que no tendrían sentido en su caso, como el de votar o la libertad de expresión, si no tres derechos en concreto: el derecho a la vida, a que no se les mate; el derecho a no ser torturados, y el derecho a no ser encarcelados ni metidos en una jaula sin necesidad”.
Para Miguel Ferrer, biólogo doctorándose en filosofía, investigador del Consejo Superior de Investigaciones, Científicas y presidente de la Fundación Migres, “el deseo de reconocer valores intrínsecos a los animales es la expresión secundaria de un comportamiento humano muy importante que es la empatía. La capacidad para determinar el estado de ánimo del otro es fundamental y está sometido a una fuerte selección en animales tan sociales como nosotros. Intuir la receptividad, la cólera, el engaño, etcétera, lo que llamamos sentimientos, es un factor de éxito en un contexto social, indudable. La extensión de esa capacidad de intuir al otro y su estado de ánimo a animales diferentes de nosotros es inevitable y explicaría porque nos empeñamos en atribuirles derechos tanto más cuanto más se parezcan a nosotros en su capacidad de comunicar socialmente. Pero considero que posiblemente sea más realista pensar no en el dolor que ellos puedan sufrir, cosa que desconocemos, sino en el dolor que sentimos nosotros mediante la empatía y protegerlos en la medida en que protegemos nuestra propia sensibilidad. Esto sería menos antropocentrista que atribuirles una de las invenciones más humanas del planeta, los derechos y los valores”.
De eso trata, precisamente, el libro de Frans de Waal, La edad de la empatía, también en cierta medida elaborando filosofía desde la biología. Para este primatólogo el altruismo no es rasgo único de los humanos, ni siquiera de los primates o de los más mamíferos, sino que está impreso en círculos anteriores de nuestro comportamiento, surge en momentos evolutivos anteriores. De Waal, holandés afincado en Estados Unidos, director del Centro Nacional Yerkes de Investigación de Primates, en Estados Unidos, ha escrito algunos de los libros más impactantes y audaces sobre los chimpancés, incluidos La política del chimpancé (1993), Primates y filósofos (2007) y El mono que llevamos dentro (2007).
Extraordinariamente provocadores, por lo que tienen de sacudida interna, nos convocan también a mantener una nueva mirada tanto sobre los grandes simios como sobre nosotros mismos. Nos viste la mirada con un guiño que nos confunde porque pone ante nosotros un espejo en el que no sabemos si lo que vemos es un reflejo o es otra cosa que nos mira con la misma empatía que miramos.
El reino de los animales. Jesús Mosterín. Alianza Editorial. Madrid, 2013. 
La edad de la empatía. Frans de Waal. Tusquets. Barcelona, 2011. 

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La geometría de las burbujas



En ocasiones se diría que tienen vida propia. En realidad buscan las formas óptimas a partir de la cantidad de jabón existente, según se tocan unas con otras. Una geometría física que resulta tan interesante de investigar para los matemáticos como para los artistas y los físicos.

Las explicaciones son del burbujólogo Tom Noddy, para un capítulo de The Code de Marcus du Satoy. Lo cual también es interesante porque quiere decir que han convertido el estupendo libro en un minidocumental.


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10 jul 2013

Un siglo de inteligencia general (CI)


La inteligencia, o inteligencia general, se puede definir de forma básica como “la capacidad para razonar deductiva o inductivamente, pensar de forma abstracta, emplear analogías, sintetizar información, y aplicarlo a nuevos dominios (Kanazawa).”

El descubrimiento de que existe inteligencia general, y que de hecho se puede medir, se ha encontrado históricamente con resistencias basadas sobre todo en dos premisas ideológicas igualitaristas: 1) la premisa de que las habilidades relacionadas con la inteligencia son más sensibles al ambiente y la educación que a la “naturaleza” y 2) la premisa de que las habilidades relacionadas con la inteligencia general están repartidas equitativamente entre individuos, con independencia de cuál sea su sexo o grupo racial.

Ambas premisas, aunque suaves y bonancibles, con toda probabillidad son erróneas. La inteligencia general no es un rasgo de personalidad típicamente­ distribuí­do al 50% entre los genes y el ambiente. Se considera que hasta el 80% de la inteligencia está genéticamente determinada en los adultos. Es más, la inteligencia que heredamos es significativamente responsable del desempeño de los individuos en su vida, determinando parte de sus ingresos, su salud o su expectativa de vida. Sí, está en los genes.

La otra premisa es aun más peliaguada y la que más perturba al clima "progresista" de opinión. La realidad es que desde 1918 se han encontrado diferencias consistentes en el reparto de la inteligencia general entre grupos raciales. Richard Lynn resume el caso en un artículo publicado hace poco en The Salisbury Review, conmemorando los 100 primeros años del CI (cociente intelectual):



Más desconcertante para la izquierda liberal resultó la evidencia de que existían diferencias raciales en el CI. Se descubrió por primera vez en los Estados Unidos en 1918, cuando se analizaron los test de los reclutas y se vio que los negros poseían un CI medio de 84 y los blancos un CI medio de 100. Estas diferencias han sido confirmadas en estudios numerosos hasta el presente. 
En 1994 Richard Herrnstein y Charles Murray argumentaron en su libro The bel curve que estas diferencias en el CI explicaban en buena parte por qué los negros tienen resultados más pobres en la educación y el empleo y poseen tasas más altas de dependencia del bienestar y de madres solteras. 
La izquierda liberal aún se ha molestado más en la última década durante la cual se han calculado los CI para todas las razas y naciones, mostrando grandes diferencias entre diferentes pueblos. Los judíos askenazíes poseen el CI más alto con una media de 110. Esta es una de las razones por las que tienen tanto éxito y son tan prominentes en sus profesiones, negocios o en la academia, o por qué reciben tantos premios y galardones por su impresionante trabajo intelectual, tales como el premio Nobel. 
Seguidamente los chinos, japoneses y otros asiáticos del noreste poseen los CI mayores. Esto explica por qué Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur lo han hecho también económicamente durante el último medio siglo y por qué China ha logrado tasas tan altas de crecimiento económico en los años recientes a que se introdujeran en la economía de mercado. Las naciones europeas poseen una media de Ci de 100, lo que hace que sea difícil para ellos competir económicamente en contra de los del noreste asiático. 
Los CIs más bajos son los de los Bushmen del desierto de Kalahari y los pigmeos de las selvas lluviosas del oeste de África con una medida de 53, y los australianos aborígenes con una media de 62. Los Ci en el África subsahariana son aproximadamente de 70 y esto hace que su desarrollo económico se detenga. 
El cálculo del CI para todas las naciones del mundo ha mostrado que las diferencias en el CI contribuyen de forma significativa en las diferencias del desarrollo económico y en nuestra comprensión sobre por qué algunas naciones son ricas y otras siguen pobres.

Un problema básico con estas afirmaciones, y que no pasará desapercibido, es que suelen rechazarse por razones morales más que por razones empíricas y "científicas", por lo que se enfrentan rutinariamente con una cantidad de críticas, digamos, "extra". Para poner un ejemplo, en la página de Wikipedia del profesor Richard Lynn se avisa píamente de que se trata de alguien "controvertido", como si alguna área de la psicología, o para el caso de la ciencia, no lo fuera.

Es posible que a los europeos les cueste aceptar que una de las razones por las que están fracasando en la competencia económica con las naciones asiáticas radique simplemente en la distribución natural de la inteligencia, pero esta podría ser una de las razones: sí, también hay naciones más inteligentes que otras. Aunque esto no lo explique todo. Anecdóticamente el reparto de la inteligencia por naciones no explica, por ejemplo, cómo se están comportando las naciones europeas en esta crisis económica. España de hecho ocupa un excelente puesto número 16 mundial (con una media de CI de 99) en el conjunto de los países occidentales, por delante de Australia, Estados Unidos, Francia, Dinamarca o Noruega.




Richard Lynn (1930) es profesor emérito de la universidad de Ulster conocido por su estudio de la inteligencia general y de las diferencias raciales, étnicas y nacionales de esta capacidad. Es miembro del consejo editorial de revistas como Intelligence y Personality and individual differences. Su último libro publicado,Dysgenics. Genetic deterioration in modern populations, trata sobre el hipotético declive genético de las poblaciones humanas modernas.




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