5 sept 2014

Así se distorsiona el tiempo en tu cerebro

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Igual que sucede con lo que vemos y escuchamos, la sensación del tiempo es una reconstrucción de nuestro cerebro. Si eres de los que disfruta de unas vacaciones, comprobarás un año más que los días se te pasan volando, mientras que las semanas de trabajo del siguiente mes se te harán eternas. ¿De qué factores depende esta percepción subjetiva del tiempo? La neurociencia lleva muchos años tratando de encontrar las claves que hacen que unos sucesos nos resulten más duraderos que otros y ya se han encontrado algunas pistas. 



(Neurolab)

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3 sept 2014

Tenemos un doble

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Seguro alguna vez te han dicho que eres exactamente igual a….. Pues parece ser que todos tenemos un Doppelgänger en el planeta. Esta palabra alemana identifica al doble fantasmagórico de una persona viva. El proyecto I’m not a look-alike!  (No soy un parecido a…) es obra del fotógrafo  François Brunelle quien en los últimos 14 años se dedicó a buscar personas que se parecieran entre sí y no tuvieran ninguna relación. En total encontró 230. Hasta la fecha. Porque si quieres participar del proyecto puedes hacerlo en la sección FAQ de su página web.  
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2 sept 2014

Esta puede ser la belleza del futuro

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“Un nuevo modelo de belleza”. Así ha bautizado este trabajo Phillip Toledano, uno de los grandes fotógrafos contemporáneos.
Son retratos de extraordinaria calidad, inspirados en las técnicas del pintor del Siglo XVI Hans Holbein. Son personas que han remodelado su imagen con numerosas intervenciones de cirugía estética, algunos se han convertido en celebridades precisamente por la extravagancia física proporcionada por el bótox y el bisturí. Y es una tendencia más seguida por mujeres que por hombres.
En su página web, Toledano se pregunta: “¿Qué es la belleza?” Y plantea, entre interrogantes, esta reflexión: “¿La idea de belleza varía de una década a otra, o es intemporal? Tal vez estamos creando un nuevo tipo de belleza. Una amalgama entre cirugía, arte y cultura popular. Y si es así, ¿estas personas son la vanguardia de la evolución de la belleza inducida por el hombre? Pensemos que hace veinte años, los tatuajes y la perforación se consideraban marginales.
A los ojos de Toledano, dentro de 40 o 50 años, cuando la cirugía estética se abarate y sea cotidiana, miraremos a estas personas sin sobresalto. Para Toledano: “Si todos podemos permitirnos alterar quirúrgicamente el yo exterior, la belleza no dependerá de nuestra genética. ¿Esto nos permitirá vivir en una  sociedad más democrática? ¿Son estas personas, entonces, pioneras? ¿Están allanando el camino para “un nuevo tipo de belleza?”.
Yo, sinceramente, confío en que esta visión de Phillip Toledano sea solo una pesadilla futurista.
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Lo que la verdad esconde

"La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad" Francis Bacon

La verdad. La bandera del conocimiento válido, la afirmación de la realidad, la justificación de los hechos, la confirmación de la razón, la base que legitima las acciones, la confianza en la relación entre lo que se cree, lo que se dice y lo que es. Todos actúan en nombre de la verdad. Todos son portadores de la verdad. Pero, ¿quién la tiene?




















La Historia de la Humanidad desde sus más remotos orígenes está repleta de enfrentamientos. Cuanto más amplia es la perspectiva con la que se analizan, más transparentes aparecen las razones. Podemos leer escritos que explican las causas de estos conflictos basándose en diferencias culturales, sociales, religiosas o políticas, y probablemente todos ellos se amparan en una verdad. Pero también podemos aceptar como una certeza el hecho de que cuando una sociedad ha convivido con excedentes de recursos, ha podido ampliar su complejidad y buscar un espacio común que pudiera alinear a todas las desavenencias en acuerdos, las hostilidades en colaboraciones, retroalimentándose con el objetivo de un beneficio común. Este ambiente de bienestar perdura mientras todos los componentes de la comunidad se encuentren colmados en sus necesidades básicas y aspiraciones.

Es un comportamiento similar al que ocurre en la naturaleza. En la sabana un predador como el león y una presa como la gacela conviven en armonía, hasta que la necesidades de ambos se contraponen. El león para subsistir ha de cazar y se fija en la gacela del grupo que menos posibilidades tiene de que se le escape. Elige a la que está herida, ya que las probabilidades de conseguir a la presa aumentan considerablemente. El resto de gacelas asume esta situación como cotidiana e incluso antes del ataque se acercan a su semejante, ya sentenciada por el propio grupo, para justo en el momento del ataque dispersarse y dejarla a merced del león. Se reúnen varias curiosidades en este acto. En primer lugar el león busca el mayor rendimiento energético cogiéndo la presa fácil. Una vez satisfecho, todo el entorno vuelve al inicial estado de equilibrio entre presas y predadores. El resto de gacelas miran hacia el futuro inmediato. Para el próximo ataque cada una de ellas espera no ser una de las heridas.


Mientras los excedentes de recursos nos mantienen satisfechos, nuestra única visión es la de optimizar los beneficios. El problema surge en el momento en que esos recursos esenciales que han mantenido esta etapa de relativa simetría empiezan a escasear, y es cuando empezamos a mirar quién está en disonancia. Es lo que el peak oil ha desvelado al frenar la marcha de la economía mundial.

En la actual era de la masificación informativa, la verdad pasa a ser un simple elemento estratégico de persuasión de masas. Mientras la tensión geopolítica crece, los grandes medios ya convertidos en potentes corporaciones financieras que engloban diversos campos de negocio, nos inducen a mirar a un lado y a otro para que como indefensas presas, asumamos que han de haber "heridos" en el grupo para mantener un "equilibrio". 

Cuando en el futuro se estudien los actuales conflictos internacionales, se editarán artículos,  documentales, libros, que fundamentarán las causas en divergencias políticas, en criterios democráticos, en diferencias étnicas, en enfrentamientos religiosos, en enfoques económicos, en culpar al imperialismo angloamericano, al totalitarismo chino, al absolutismo ruso, al papel comparsa de la Unión Europea, y seguramente todos tendrán una verdad.

No es un dilema entre buenos y malos. Existen los límites físicos. Existen las leyes de la Termodinámica. Existen los intereses contrapuestos. Existe la esencial necesidad de disponer de un espacio vital. Existe un sólo planeta.

Nadie quiere ser gacela herida. Pero no todos pueden ser leones.




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27 ago 2014

Diferencia entre ser culto y ser inteligente

EL CONFLICTO ENTRE CULTURA E INTELIGENCIA PERSISTE. SIN EMBARGO, LA OBRA Y AUN LA VIDA DE SAMUEL BECKETT PODRÍAN AYUDARNOS A RESOLVERLO


“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.
Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.
La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.
Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable.
De ahí que surja entonces el “ser inteligente” como una especie de defensa: quizá no todos seamos cultos, pero indudablemente todos somos inteligentes. Para algunos no tener cultura se compensa con el hecho de, por ejemplo, poder resolver problemas con facilidad, o vivir con sencillez, sin crearse esos laberintos absurdos en los que a veces se mete la gente culta.
Sólo que ninguna categoría es mejor que otra. Desafortunadamente, es cierto que tanto la cultura como la inteligencia están relacionadas con la desigualdad inevitable del sistema de producción hegemónico. La desnutrición, por ejemplo, tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo de un niño, y sabemos bien que hay sociedades más desnutridas que otras. Igualmente la cultura, a pesar de todos sus sueños humanistas, se ha convertido en un producto de consumo, lo cual provoca que surja y se destine a personas que puedan adquirirla.beckett-godot
Quizá por eso hay un punto en el que ser inteligente parezca más atractivo que ser culto. ¿Para qué cultivarse, si la cultura también sirve para humillar y diferenciar? ¿Para qué cultivarse si, con eso, también se alimenta esa maquinaria despiadada de producción-consumo-deshecho? Conflictos en donde la cultura está involucrada y, por eso mismo, no parece probable que sea un camino para solucionarlos.
¿Y la inteligencia? Quizá ahí se encuentren otras posibilidades. A pesar del dicho de Proust —“Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”—, quizá la inteligencia sea ese salvoconducto que nos lleve fuera de las posturas falsas y los simulacros de la cultura contemporánea.
A propósito de este asunto, Nicholas Lezard publicó en The Guardian un artículo en que habla de la diferencia entre la inteligencia y la intelectualidad a partir de Esperando a Godot, la célebre pieza de Samuel Beckett. Como sabemos, Esperando a Godot se considera uno de los mejores usos del absurdo dentro de la literatura, una obra revolucionaria tanto estética como culturalmente, pues retrató con frialdad el extremo del nihilismo al que había llegado la civilización europea del siglo XX.
Lezard recuerda la atracción que de inmediato sintió por Esperando a Godot, un ambiente que a pesar de su parquedad —o quizá debido a esta— de inmediato lo hizo sentir bien recibido, acaso no del todo cómodo pero sí en un territorio no del todo desconocido. “Desde la primera página estaba hipnotizado, sorprendido”, escribe Lezard, a quien la extrañeza de los diálogos beckettianos, simples y no tan simples al mismo tiempo, lo condujo a un territorio que imprevisiblemente no era del todo desconocido.
En breve, estaba enganchado. Ahí tenía a un autor que era irreverente, escatólógico y sin embargo profundo; alguien completamente desinteresado en las convenciones de la literatura y sin embargo capaz, justo por medio del lenguaje, de mantener nuestra atención a pesar de que nada esté sucediendo. […] Y conforme descubrí detalles de su vida, primero por la biografía semi-autorizada de Deirdre Bair, me di cuenta de que no sólo su trabajo era ejemplar, sino también su vida. Ahí estaba alguien que se había purgado a sí mismo de vanidad, tanto la suya como la del mundo; un hombre de una integridad intachable, tanto en su obra como en su vida.
Con estos antecedentes, Lezard acepta que Beckett sea considerado un autor “intelectual”; “pero sospecho que es porque muchas personas no conocen la diferencia entre ser inteligente y ser intelectual”. ¿Y cuál es esa diferencia? Dice Lezard:
Más tarde descubrí que Beckett era, de hecho, furiosamente intelectual, pero que había dejado atrás la academia, aborrecido la oscuridad de la jerga y ciertamente no era el tipo de intelectual de posición a quien las televisoras piden su opinión.
Un guiño de inteligencia por parte de Beckett, parece decirnos Lizard. El gesto de tributar la cultura a la autenticidad para aceptar así que, a lo sumo, podremos responder dos o tres preguntas en la vida, poco más o poco menos, y será suficiente, y será más auténtico que todas esas preguntas que dicen responder las personas cultas y los intelectuales.

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26 ago 2014

Seres de luz

El artista japonés Mihoko Ogaki crea increíble instalaciones luminosas con diodo emisor de luz, tecnología lumínica más comúnmente conocida como LED. Sus figuras antropomorfas desprenden un sin fin de destellos y crean una atmósfera envolvente de partículas que brillan, como estrellas, e invitan al recogimiento y a la más profunda meditación.
Mihoko Okaki recrea el cosmos en una habitación oscura, a partir de una figura humana en actitud de meditación o relajación.
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Video
 




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El mito del 10 por ciento

Cuando alguien me dice que solo usamos el 10 % del cerebro, me quedo mirándole fijamente y le digo… En tu caso, es probable.




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La última generación que conociò la vida antes de internet

EN SU LIBRO “THE END OF ABSENCE“, MICHAEL HARRIS NOS HABLA DE LOS CAMBIOS COGNITIVOS QUE IMPLICA PASAR AL MUNDO DE LA CONECTIVIDAD

Michael Harris
  Michael Harris  
Impresionados por todo lo que la tecnología nos está dando, a veces olvidamos preguntarnos qué es lo que nos está quitando. A los puristas les fascina culpar a internet de todo, desde hacernos más tontos hasta ser el arma perfecta de las dictaduras. Pero, como bien señala Michael Harris siguiendo las observaciones de Melvin Kranzberg, “la tecnología no es buena o mala. Lo más que podemos decir acerca de ella es esto: que ha llegado y es parte nuestra”.
Harris, autor de The End of Absence: Reclaiming What We’ve Lost in a World of Constant Connection, escribe sobre cómo la tecnología afecta a la sociedad, siguiendo los pasos de Nicholas Carr y su crítica en The Shallows. Sin embargo, su acercamiento es distinto; en lugar de centrarse en los efectos de la conectividad busca entender qué pasará con los jóvenes que nunca conocieron el mundo sin internet. Si naciste antes de 1985 sabes qué es vivir sin internet, transitaste la frontera hacia la era de la superconectividad. Somos la última generación en la historia que vivirá sin internet, “los últimos en hablar ambos lenguajes”, “los traductores del antes y el después”.
Como muchos, lo primero que hace Harris en la mañana es sentir esa combinación de ansiedad y sorpresa por checar su correo en su teléfono. “En lugar de preguntarte ‘¿Qué debo hacer?’, te preguntas ‘¿Qué he perdido?’”. Pero el problema no es internet mismo, sino cómo nuestra personalidad se engancha a él.
Como parte del trabajo del libro, Harris decidió pasar un mes desconectado. No es que haya tenido una epifanía, pero pudo tener una perspectiva diferente de su vida interior. El problema es que “cuando estas en medio de algo, eres incapaz de verlo apropiadamente”.
¿Recuerdas cómo era tu vida antes de internet?

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25 ago 2014

El archipiélago de lo informal

“Perdón, dijo Yuan Hien, ser pobre es carecer de bienes, pero ser miserable es no poder poner en práctica el propio saber. Yo soy pobre pero no miserable”.

Chang-Seu
Los náufragos del desarrollo, aquellos cuya integración no es factible en el modelo económico-productivo, no están en condiciones de comprar cualquier cosa. Se ven ‘condenados’ a hacerla. Su supervivencia depende de su maña.

Existen , multitud de agentes sociales dentro de los sectores explotados y marginados de la población, cuya ubicación dentro del entramado social no se puede realizar atendiendo a la categoría de trabajo –o actividad productiva-, sencillamente porque están al margen de ella. El desarrollo de estas actividades informales están presentes en todo el mundo: en los suburbios de las megalópolis, en las chábolas del tercer mundo o llamados paìses en vìa de desarrollo, en las reservas donde sobreviven especies humanas en vías de extinción...

Existe una pluralidad de personas, en situaciones distintas, a los que el presente orden social explota, margina y reprime. Y todos ellos están atravesados por una diferencia fundamental, constituyente de la especie humana, que es la existencia de dos sexos –entre los cuales se establecen relaciones de dominación/dependencia- . Se consolidan comportamientos de género que traspasan barreras de clase, cultura, etnia...Lo cual hace que se plantee la necesidad de que la mujer, dentro de los diversos sujetos colectivos, pase a constituirse como sujeto propio.

Los vencidos por la modernidad han demostrado que la solidaridad es una forma auténtica de riqueza. Los pobres son mucho más ricos de lo que se dice y de lo que ellos mismos creen. La increíble alegría de vivir que sorprende a muchos observadores de los suburbios africanos es menos engañosa que las deprimentes evaluaciones objetivas de los aparatos estadísticos que no incluyen más que la versión occidental de la riqueza y la pobreza. Lo informal tal vez permita desarrollar una sociedad distinta desde la regeneración de los viejos lazos de reciprocidad y solidaridad.

Para saber más: El planeta de los náufragos. Serge Latouche. 1991.

Para saber más: La explosión del desorden. Ramón Fernández Durán. 1993.



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Nueve planetas en uno [IMAGEN]

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"Planetary Suite" es un cuadro del artista Steve Gildea en el que juega a mezclar el aspecto de los diferentes planetas del sistema solar en una sola esfera (incluido Plutón).  -Descubro la imagen vía Reddit donde también comenta que se puede comprar. Me encanta :)



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