23 oct 2014

El mito de la concienciación

  El poeta tumbado (1915) de Marc Chagall  

Como casi siempre, las ideas que transformo en palabras y que después publico en este espacio se me ocurren a altas horas de la noche, justo cuando mi mente está más saturada o cuando amanèsco con una especie de sueño pensante pero también, por esa misma razón, más necesitada de compartir con vosotros mis solitarias horas de lecturas en forma de publicaciones que no por ser desinteresadas dejan de ser al mismo tiempo un tanto narcisistas (el acto de escribir tiene algo de presuntuoso, de endiosamiento transitorio, de malestar; todo escritor/a es un pequeño fanático, un sutil y comedido tirano de las ideas, y el que lo niega lo es aún más). Siempre he envidiado, aunque no hasta el punto de quitarme el sueño, el hábito y la disciplina de quienes se levantan temprano para ponerse a escribir. Por lo pronto, porque consumen menos electricidad. En mi caso, desafortunada y quizá temporalmente, no suelo tener nada interesante que escribir hasta bien entrada la tarde, como si durante el sueño nocturno hiciese borrón y cuenta nueva y me tomase las mañanas libres. Libres de todo razonamiento complicado o «intelectual» para centrarme en tareas más, por así decir, mundanas, y precisamente por eso más necesarias. Creo que el Hugo de por la mañana siempre es un Hugo más optimista y despreocupado, más cándido e iletrado, más corporal y menos mental. Seguro que no soy el único que ha experimentado esta especie de bipolaridad. 

Emil Cioran, predicador de la no predicación, conocido también por pasar largas noches en vela, escribió de buena tinta en el 33 y en el 49 respectivamente que "el sueño hace olvidar el drama de la vida, sus complicaciones, sus obsesiones; cada despertar es un nuevo comienzo y una nueva esperanza. La vida conserva así una agradable discontinuidad, que da la impresión de una regeneración permanente". ¿Cuántos podrían al poco de despertarse plantearse siquiera lo siguiente: "La injusticia gobierna el universo. (...) Cada ser se nutre de la agonía de otro ser; los instantes se precipitan como vampiros sobre la anemia del tiempo; el mundo es un receptáculo de sollozos... En este matadero, cruzarse de brazos o sacar la espada son gestos igualmente vanos"? Pocos, seguramente. Quizá ni el propio Cioran, quien puede que lo escribiera, o cuando menos lo pensara, durante la noche. Al parecer, la falta de luz natural, la artificialidad que reina en la ciudad, la ausencia de las distracciones matutinas, el silencio, el cansancio acumulado de todo el día y una vela para las «noches en vela» crean las condiciones idóneas para que tenga lugar una especie de lucidez de gran valor, aunque no sin riesgos. Estoy pensando por ejemplo en Nietzsche, o en Spengler, o en Mainländer. Atormentados que crearon igualmente una filosofía no menos atormentada. Aunque ya se sabe lo que ocurre con los nuevos mártires, ahora posmodernos: las noches de tormenta bien pueden matar al «iluminado», pero también pueden alumbrar a los demás. Como escribía un joven Cioran en algún lugar de Transilvania, "los paseos solitarios -extraordinariamente fecundos y peligrosos a la vez para la vida interior- deben realizarse sin que nada turbe el aislamiento del ser humano en este mundo, es decir, por la noche, a la hora en que ninguna de las distracciones habituales puede ya interesarnos, cuando nuestra visión del mundo emana de la región más profunda del espíritu". 

En fin, lo que viene a continuación -que es lo que realmente da título al post de hoy y que poco tiene que ver con lo anterior salvo que sucedió de madrugada- es lo que se me ocurrió pensar la otra noche: cambiar el modo de pensamiento está bien, cambiar el modo de comportamiento también, pero si no se trata asimismo de cambiar el modo de asentamiento, la tan deseada y proclamada concienciación sin reestructuración espacial solo puede devenir en una suerte de esquizofrenia moral, de buena conciencia, de espera eterna entre manglares de cemento y vallas publicitarias en solares baldíos. Si lo primero y lo segundo es difícil, lo tercero no lo es menos. ¿El mayor obstáculo? En mi limitada experiencia, la familia, los amigos. El amor, paradójicamente. Tal vez no dependamos de ellos para las dos primeras fases, pero sí para la tercera. Quizá no intelectualmente, pero sí física, económica y emocionalmente. ¿Ecoaldeas, pueblos ocupados, terrenos en el campo, huertos urbanos, cooperativas integrales, micromundos mejores...? Cosa de solteros aventureros o de familias nucleares de nueva creación (o de procreación, como las llaman los antropólogos, es decir, las que se forman cuando nos casamos y nos distanciamos de la familia de origen o de orientación). Las familias extensas y de origen, en cambio, tienden a aferrarse a una inercia difícil de cambiar, de ahí que las alternativas y los experimentos sociales, aun basándose en sólidas razones y anhelos, no sean tan frecuentes como nos gustaría. ¡Ahora bien, no todo es oscuridad en las oquedades del «infierno»! El camino tiene piedras y vamos descalzos, mas hay camino y hay señales, que no es poco.
La degradación irreversible de la vida terrestre debida al desarrollo industrial ha sido denunciada y descrita desde hace más de cincuenta años. Quienes explicaban el proceso, sus efectos acumulativos y los previsibles puntos de no retorno, pensaban que una toma de conciencia le pondría término mediante algún tipo de cambio. Para unos, tenían que ser reformas conducidas activamente por los Estados y sus expertos; para otros se trataba principalmente de una transformación de nuestro modo de vida, cuya naturaleza exacta seguía siendo en general bastante vaga; por último, los había incluso que pensaban, más radicalmente, que era toda la organización social existente la que tenía que ser derribada por una transformación revolucionaria. Fuesen cuales fueren sus desacuerdos en cuanto a los medios que había que emplear, todos compartían la convicción de que un conocimiento de la envergadura del desastre y de sus consecuencias ineluctables conduciría al menos a cierto cuestionamiento del conformismo social, o incluso a la formación de una conciencia crítica radical. En resumidas cuentas, que no sería en vano. Contrariamente al postulado implícito de toda la «crítica de los efectos nocivos» (...) según la cual el deterioro de las condiciones de vida sería un «factor de rebelión», fuerza es constatar que el conocimiento cada vez más preciso de este deterioro se integraba sin fricciones en la sumisión (...).

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10 oct 2014

La curiosidad actúa como una ventosa del conocimiento

Puede ayudar a memorizar de manera colateral hechos o eventos que no tienen nada que ver con lo que nos interesa.

Jonny Hughes (Flickr, CC)  Jonny Hughes (Flickr, CC)  
Que la curiosidad nos ayuda a aprender parece una obviedad, puesto que el deseo de conocer más sobre algo ayuda a fijarlo en la memoria. Pero, ¿y si les digo que ese impulso puede ayudar a memorizar cosas de manera colateral, es decir, hechos o eventos que no tienen nada que ver con lo que nos interesa?
Para entender el fondo del asunto lo mejor es conocer los detalles del experimento que Matthias Gruber y su equipo acaban de publicar en la revista Neuron. Para el trabajo, los investigadores reclutaron a un grupo de voluntarios a los que hicieron una serie de preguntas de cultura general y les pidieron que valoraran aquellas que les inspiraban más curiosidad. Antes de darles la respuesta correcta de cada pregunta, y mientras seguían su actividad cerebral, los científicos les mostraban la fotografía de un rostro humano durante un instante, sin ninguna relación con la prueba. En la fase posterior, los voluntarios se sometieron a un examen de memoria por sorpresa: ¿cuáles de aquellas caras que les habían ido enseñando reconocían?
La primera sorpresa del estudio es que los voluntarios recordaron mejor no solo la respuestas a las preguntas por las que sentían curiosidad, sino los rostros asociados a esas preguntas. Como si el hecho de sentir curiosidad abriera una ventana en la que el aprendizaje es más fácil y que les permitía retener conocimientos hasta 24 horas después de la prueba. "La curiosidad podría poner el cerebro en un estado que permite aprender y retener cualquier tipo de información, como un remolino que absorbe aquello por lo que estás motivado y también todo lo que lo rodea", asegura Gruber.
Otra observación interesante del estudio fue que mientras se estimulaba la curiosidad, se activaba el denominado como "circuito de la recompensa" del cerebro. "Hemos demostrado que la motivación intrínseca recluta realmente las mismas zonas del cerebro que están profundamente implicadas en la motivación tangible y externa", añade el investigador. Este circuito implica la segregación de hormonas como la dopamina, un mensajero químico importantísimo para la transmisión de mensajes entre las neuronas.
Y, por último, los investigadores observaron que cuando la persona sentía curiosidad por algo aumentaba la actividad del hipocampo, el núcleo del cerebro más implicado en la fijación de los recuerdos, lo que explicaría por qué cuando algo despierta tu interés te conviertes en una esponja y lo recuerdas mucho mejor que cuando te aburre soberanamente. "Así pues la curiosidad pone en marcha el sistema de recompensa", resume el investigador principalCharan Ranganath, "y las interacciones con el hipocampo parecen poner al cerebro en un estado en el que es más fácil aprender y retener información, incluso si esa información no tiene una importancia o un interés particular".
Estos hallazgos tienen implicaciones no solo a nivel sanitario (conocer cómo motivar a personas mayores con demencia incipiente para memorizar cosas) sino a nivel educativo. De hecho,muchos profesores ya saben que la curiosidad es un arma para que los alumnos aprendan, pero no solo las cosas que les motivan, también aquellas que no les despiertan el menor interés y que deben conocer.
(Neurolab)
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¿Somos los seres humanos spam?

Una inteligencia artificial podría borrarnos

 de la bandeja planetaria

EL BRILLANTE ENTREPRENEUR ELON MUSK ALERTA SOBRE LA VELOCIDAD A LA QUE AVANZA LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA POSIBILIDAD DE QUE PUEDA DECIDIR ELIMINARNOS SI CONSIDERA QUE SOMOS UN PROGRAMA INÚTIL

hal9000
Elon Musk, quien para muchas personas es la mente más importante en el mundo de la tecnología actual, ha manifestado su entusiasmo por la forma acelerada en la que está avanzando la inteligencia artificial, a la vez que una preocupación por las consecuencias imprevistas que podría tener. El multimillonario CEO de Space X y Tesla Motors es considerado un notable tecno-optimista; sin embargo, en este punto advierte que podríamos enfilarnos a la destrucción si no tomamos medidas preventivas.
Hablando en un congreso en San Francisco, Musk dijo: “Creo que casi nadie se da cuenta de lo rápido que está avanzando la inteligencia artificial. Particularmente si la máquina está involucrada en la autoactualización… y su función de utilidad es algo que puede ir en detrimento de la humanidad, puede tener un efecto muy peligroso”. Un ejemplo en el que la inteligencia artificial estilo HAL 9000 podría salirse de las manos es “si su función es algo como deshacerse del spam en el correo electrónico y determina que la mejor forma de deshacerse de spam es deshaciéndose de los seres humanos”. Y aunque esto fue dicho un poco en broma, antes Musk ha declarado que la inteligencia artificial es más peligrosa que las armas nucleares –algo en lo que Stephen Hawking estaría de acuerdo.
Es posible también que, como ocurrió en la película The Matrix, una inteligencia artificial evaluara nuestro papel en la Tierra y determinara que somos algo como spam o un virus prescindible, sin el cual el balance del planeta y su propia supervivencia estarían menos amenazados. Aunque este escenario, conocido también como Skynet por la película Terminator, podría parecer un tanto desaforado, si uno reflexiona que una inteligencia artificial capaz de autoactualizarse o automejorarse, como dice Musk, adquiriría una autonomía y una capacidad cognitiva sin precedentes y no necesariamente una deuda moral a sus creadores, entonces no parece tan lejano.

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7 oct 2014

Nuestra voz revela cuando nos gusta alguien



Cuando nos gusta alguien realizamos cambios sutiles en nuestra voz con objeto de cortejar a la otra persona. Además, en el proceso de cortejo o ligue, estas modulaciones tan imperceptibles también provocan que el que las realiza parezca más atractivo para su interlocutor. Es la principal conclusión de un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Stirling (Reino Unido) que analizó los rangos vocales de hombres y mujeres en situaciones de cortejo.

Para el estudio, los investigadores analizaron el patrón vocal de 110 individuos heterosexuales, comparando a hombres y mujeres tanto cuando conversaban con personas que les resultaban atractivas como cuando no. Así, descubrieron que cuando los hombres hablaban con mujeres a las que encontraban atractivas, la voz de los hombres se volvía más “cantarina” y más variable; cuando hablaban con mujeres que no les gustaban la voz se volvía más baja y grave.

“Investigaciones anteriores han demostrado que los humanos señalan su interés romántico de varias maneras diferentes, incluyendo comportamientos no verbales y el lenguaje corporal, como el contacto visual y el tacto casual, por ejemplo juguetear con el cabello de alguien. Nuestro estudio muestra que la gente también modula su voz para señalar el interés romántico y que esto, a su vez, hace que el hablante parezca más atractivo”, afirma Juan David Leongómez, líder del estudio.

A pesar de que la masculinidad es importante para los hombres, el estudio ha demostrado que la masculinidad extrema, como por ejemplo, hablar con un tono de voz más profundo y grave, se asocia a rasgos negativos en la pareja, ya que conllevan un aumento de la agresividad y la promiscuidad. “Esto pone a los hombres en un dilema, porque tienen que transmitir dos mensajes aparentemente contradictorios al mismo tiempo. La solución puede ser la de variar su tono de voz - lo que explicaría la calidad cantarina de las voces que hemos observado en los hombres cuando hablan con mujeres atractivas”.

El estudio ha sido publicado en la revista Evolution and Human Behavior.


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¿Sueñan de forma diferente hombres y mujeres?

¿Sueñan de forma diferente hombres y mujeres?
Se podría decir que sí, al menos a tenor de dos recientes investigaciones. Los resultados de la primera de ellas, llevada a cabo en la Facultad de Medicina de Mannheim, en Alemania, indican que aunque las mujeres sueñan cada vez más con el trabajo –el doble que hace cincuenta años–, no sienten tanto estrés onírico como los hombres, los cuales sufren recurrentes pesadillas sobre la oficina.

Otro hallazgo de Markus Georgi y Michael Schredl, coautores del estudio, fue que en los sueños femeninos aparecen con más frecuencia comida, ropa y situaciones relacionadas con el aspecto y con la niñez, así como la sensación de flotar, sumergirse o de caer por el aire. Por su parte, en los masculinos abundan la violencia y la sexualidad en escenarios exteriores, con armas, herramientas y largas carreteras.

Estos expertos también apreciaron que las diferencias de género surgen a edad temprana. Los niños sueñan más con monstruos y animales grandes, mientras que las niñas lo hacen con seres humanos y criaturas pequeñas. Entre los doce y quince años, ellas padecen más ansiedad por contenidos que les provocan desasosiego. 


El otro ensayo, hecho en  la Universidad del Oeste de Inglaterra, en Bristol, ratificaba que el mundo onírico de ellas es más emocional y familiar, y transcurre en espacios cerrados, al contrario que los sueños de los varones, que suceden al aire libre. Además, a las féminas las envuelven sentimientos más complejos y desagradables, y suelen involucrar en mayor grado a miembros de la familia.




GaleríaEn el mundo de los sueños. Hiperfotos de Jean François Rauzier




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La primera Luna

Es mentira. Aquello de que “primeras impresiones son las que cuentan” es una falacia que nos cuentan los bellos para hacernos creer que lo que de verdad vale es la mirada de sopetón, la seducción por sorpresa y el subterfugio de la lindura de escaparate.
No hay nada más bonito que una segunda cita, cuando toda la ansiedad del rostro y el cuerpo ajeno todavía nos hacen dar saltitos y de pronto le vemos nuevamente y levitar se convierte en vuelo y la imaginación en confirmación.
Después de la primera noche, cuando la calentura deja paso a la tibieza y uno abre los ojos y por arte de birlibirloque te encuentras bebiendo del aliento ajeno, pidiendo que te devuelvan el propio y te das cuenta que ayer estabas besando al sapo y lo que te consume la boca ahora es lo real, en ese momento es cuando envías a hervir en aceite los tallos del Asparagus officinalis (mandas a freír espárragos, para los de la Logse) a las primeras impresiones y decides que no hay nada más bonito que poder asombrarte con lo conocido. Admirarte con lo que pensabas obvio. Al fin y al cabo, admirar (ad, acercar y mirar, ver, es decir, acercar lo que ves) es nada más y nada menos que conseguir que tus manos llegue hasta donde poses la mirada. Supongo que es por eso que me gusta más la cara oculta de la Luna: me hace creer que si la veo en fotos, quizás pueda ser el primero en rozarla.
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El 7 de octubre de 1959, la sonda soviética Luna 3 obtuvo las primeras imágenes del lado oscuro de la Luna.
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3 oct 2014

El hombre digital

Este hombre no es real

El brillo, los pliegues, la textura de la piel… Todo parece ser real. Pero es “solo” una recreación digital hiperrealista de una cabeza humana creada por el diseñador australiano Chris Jones. Se llama, obviamente, Mr Head, o de para abreviar.
Captura de pantalla 2014-10-03 a la(s) 11.34.47
En el primer video se puede ver la secuencia completa…con la aparición estelar de el Sr. Mano.


Y en el siguiente se ve un detalle del ojo.


Jones se ha dedicado durante al menos dos años ha completar esta tarea y en su página web cuenta todo el proyecto que culminará con la recreación de un cuerpo humano.


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El Tarot de los surrealistas

VARADOS EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, LOS SURREALISTAS FRANCESES CREARON SU PROPIA VERSIÓN DEL ETERNO JUEGO DE CARTAS QUE ES UN ESPEJO DE LA PSIQUE HUMANA Y SU RUEDA DE LA FORTUNA

surrealist-tarot
El juego de cartas cuyo origen se pierde en la niebla del misterio ocultista –pero que generalmente se sitúa en Marsella en el siglo XV– ha tenido numerosos avatares, entre los más recientes y populares, el Tarot de Jodorowsky, el Tarot de Osho y el Tarot de Aleister Crowley. Combinando aspectos oraculares con aspectos lúdicos, todos estos juegos de naipes son formas de comunicarse con el inconsciente y redescubrir lo que esta inscrito en el oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. En sus comentarios al Tarot, Carl Jung señala que es una representación simbólica de los principios arquetípicos de la psique humana y como tal, una invitación a la alquimia interna, a la conjunción de los opuestos o enantiodromía.
Una manifestación digna también de incluir en esta ilustre constelación de reversiones del juego de cartas milenario es la fraguada por artistas surrealistas franceses bajo la batuta del gran caudillo de este movimiento, André Breton. En el caso de la baraja surrealista no se puede considerar precisamente un Tarot, ya que no cuenta con las mismas 76 cartas y 22 arcanos: los surrealistas, con su especial afición por subvertir el orden, crearon una versión híbrida entre el juego de cartas que comúnmente se juega hoy en día y el Tarot (el cual es el antecedente del juego popular).
Los surrealistas llamaron a su juego de naipes  Jeu de Marseilles, en un claro guiño al Tarot que viene de los gitanos. La historia cuenta que Breton y sus amigos surrealistas Wifredo Lam, Max Ernst, Jacqueline Lamba, Óscar Domínguez, Victor Brauner, Jacques Hérold, André Masson y Frédéric Delanglade estaban varados esperando el paso de la Segunda Guerra cuando en este campamento ansioso surgió el artificio de crear su propio juego. El esquema básico es el siguiente:
Los típicos diamantes, corazones, tréboles y espadas fueron reemplazados por estrellas, cerraduras, ruedas y llamas.
Estos símbolos, divididos en dos colores:
-Rojo
Llamas: significaban el amor y la pasión.
Ruedas: la revolución.
-NegroEstrellas: los sueños.
Cerraduras: el conocimiento.
Breton decide cambiar al rey y la reina por Genio, Sirena y Mago, cada uno de ellos representado por un personaje, de tal modo que quedarían de la siguiente manera:
Las llamas 
Genio: Baudelaire.
Sirena: Mariana Alcoforado (religiosa portuguesa a quien se atribuye la redacción de las Cartas portuguesas (1669), cinco cartas de amor consideradas una obra maestra de la literatura erótica).
Mago: Novalis (poeta alemán del primer Romanticismo, siglo XVIII).
Las RuedasGenio: Marques de Sade.
Sirena: Lamiel (de Stendhal).
Mago: Pancho Villa.
Las EstrellasGenio: Lautréamont.
Sirena: Alicia (de El pais de las maravillas).
Mago: Freud.
Las cerraduras
Genio: Hegel.
Sirena: Hélène Smith (psíquica francesa de finales del siglo XIX).
Mago: Paracelso.
Como bufón (o loco) eligieron a Ubu Roi (Ubú Rey), de Alfred Jarry.
tarot-breton

Lo más destacado del Jeu de Marseilles de los surrealistas es que no deja un testimonio de su universo mágico, de los personajes que influyeron la visión de un mundo dominado por la imaginación y la irreverencia: combinar a Freud con Alicia, Paracelso o Pancho Villa nos dice mucho de su forma encantadora de ver el mundo. En cierta forma estos son los arcanos que se repiten, el ser humano que encarna los símbolos y vuelve a revolverlos con sus peripecias en la rueda de la vida.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 oct 2014

Manifiesto artìstico: PODEMOS

  David Alfaro Siqueiros, Bosque en llamas.  

PODEMOS entregar el arte a sus creadores.  

PODEMOS romper con la especulación del mercado que convierte en arte y dinero cualquier cosa.
 
PODEMOS romper con la manipulación teórica que convierte en arte en cualquier cosa. 

PODEMOS romper con la academia que estigmatiza a la creación y promueve ideas anti-arte. 

PODEMOS acabar con la casta de falsos artistas, académicos, comisarios, galeristas y especuladores que manipulan las expresiones y el mercado.

PODEMOS regresar el arte a sus fines humanistas. 

PODEMOS regresar el arte a la enseñanza libre.

PODEMOS regresar el arte a los museos.

PODEMOS sacar del museo las ocurrencias, la basura y todo lo que se hace llamar arte aunque no lo parezca. 

PODEMOS diferenciar entre una obra y un cubo de mierda. 

PODEMOS ver que el arte no es un discurso teórico. 

PODEMOS ver que la casta de las instituciones, falsos artistas, curadores y comisarios están cuidando un negocio no un valor humanista. 

PODEMOS denunciar que la especulación del mercado necesita obras instantáneas para blanquear dinero instantáneo. 

PODEMOS denunciar que están expoliando recursos institucionales para exponer basura en ferias internacionales. 

PODEMOS denunciar que una casta elitista y excluyente decide qué es arte y qué no es arte para su beneficio personal y financiero. 

PODEMOS acabar con esta gran farsa que tiene vacíos a los museos y marginados a los pintores, los escultores y dibujantes. 

PODEMOS acabar con la casta que hizo del arte una nueva forma de poder económico y especulativo. 

PODEMOS romper el retroceso social que implica que la gente no se sienta contenida por el arte. 

PODEMOS crecer y hacer del arte una expresión que conecte con la gente. 

PODEMOS hacer del arte un recurso de unidad y fuerza, no un recurso de división y especulación. 

Este manifiesto forma parte de mi apoyo a DesenmascarArte el movimiento artístico de PODEMOS,  la nueva tendencia y plataforma política.


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CONTRADICCIONES

No acabo de adaptarme a esta vida tan bipolar que llevo, siempre en una lucha constante entre lo que me dictan la conciencia y el medio en el que vivo.


Es sorprendente la cantidad de contradicciones con las que uno se puede encontrar en su vida diaria y, el cómo afrontarlas y asumirlas forma parte de la estrategia vital de cada uno y así conseguir mantenerse cuerdo en un mundo tan extraño y ajeno para cualquiera que sea capaz de situar en el primer plano de sus principios la libertad y el respeto a cualquier forma de vida.
En no pocas ocasiones hablamos de un sistema explotador que arrasa con la naturaleza y con la vida sin ningún reparo; de una maquinaria primaria de la muerte que actúa por todo el mundo aniquilando vidas humanas con una creciente efectividad; de una maquinaria secundaria (grandes transnacionales, grandes bancos y toda la jauría de inversores) que actúa con extremada eficacia en el exterminio humano. En pos del máximo beneficio económico dictaminan en qué partes del planeta la gente debe morir de hambre, determinan qué enfermedades y de qué manera van a incidir sobre los seres vivos del planeta, decretan qué tierras deben ser arrasadas y sobreexplotadas en pos del bien de la humanidad cuyas nefastas consecuencias pagamos y seguiremos pagando con creces durante toda la vida.


De todo esto y mucho más hablamos y discutimos, nos posicionamos claramente en contra y en muchas ocasiones participamos en acciones y proyectos de protesta y de alternativa a todo ello (al menos esa es la idea con la que lo hacemos). Sin embargo, no podemos obviar dónde vivimos y cuáles son los códigos imperantes en esta sociedad, las relaciones interpersonales que mantenemos de forma más o menos deseada (amistades, familia, vecindario, entorno laboral y/o educativo…) y nuestra relación con el poder imperante. Es en este vasto ámbito donde surgen esas contradicciones diarias entre nuestra manera de hacer y vivir y nuestra forma de pensar y sentir. La distancia entre ambas define un interrogante cuya respuesta nos encamina hacia dos vías que transcurren entrecruzándose a lo largo de los tiempos. Obviamente, las vías tienen diferentes grados porque son muchas las variables que les afectan.


Por un lado, tenemos a las personas conscientes que sufren con dichas contradicciones y tratan de acortar la distancia entre su vida real y su vida ideal con todo el desgaste que eso supone. La capacidad de ir superando o, por lo menos, encajando estas contradicciones en nuestra forma de vida va directamente ligada a la profundidad de los valores e ideales de cada uno. Esta vía exige un esfuerzo constante y estar dispuestos a aceptar en muchas ocasiones la incomprensión del entorno inmediato. Por supuesto, supone estar dispuesto a enfrentarse a la violencia del sistema a todos los niveles (económico, social, policial, judicial…) pero sin duda, lo más difícil es enfrentarse a uno mismo; mantener esa coherencia íntima que permite mantener la cordura para seguir avanzando y no dejarse ir ni sucumbir a los cantos de sirena de una sociedad consumista que ofrece oportunidades de evasión mental sin fin.


Por otro lado, nos encontramos con esas personas que no consideran que existe ninguna contradicción a pesar de la enorme distancia que hay entre aquello que predican y lo que hacen en su vida. Mejor dicho, o no existen o las consideran absolutamente insalvables y por el momento no hay nada que puedan hacer con ellas. Ésta es una posición de todo o nada (concretamente revolución o nada) y como tal, concentra sus esfuerzos en esa hipotética revolución que no acaba de llegar, mientras tanto se trata de pasar la vida lo mejor posible entre discursos y soflamas.


Cualquiera de las dos vías es respetable, personalmente me identifico con la primera vía aunque reconozco que me cuesta muchísimo superar ciertas contradicciones y muchas veces veo un poco lejano el horizonte de cordura que me gustaría alcanzar. Sinceramente, ya no creo en el discurso de revolución o nada y cada vez creo menos en las personas que lo defienden pero soy consciente que cada uno tiene su forma de afrontar la existencia y sus propias contradicciones.
Siempre he sido partidario de tratar de ser lo más coherente posible con mis ideas, eso es lo que puedo aportar a los demás y a mí mismo.


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El peor de los mundos posibles

y sin embargo, el más interesante

  El paso de la laguna Estigia (1520) de Joachim Patinir  

Incluso si esta época y esta sociedad fueran las peores de toda la historia habida y por haber, yo no querría vivir en otra. ¡La luz es más bella en los momentos más oscuros! A veces fantaseo con la idea de viajar al futuro y visitar el año 2100 o el año 3000. La de cosas que podría contar a mi regreso. Otras veces me gustaría conocer de primera mano esas épocas y lugares que nos enseñan los historiadores y que solo conocemos de manera muy indirecta. ¡Sería la envidia de todas las facultades de historia! Sin embargo, como ya se publicò en otro post, me muero de curiosidad por conocer este momento por encima de cualquier otro, pues vivimos tiempos más que interesantes, y puede que nunca mejor dicho. ¿Y si estuviéramos viviendo el cénit de la civilización más grande y perturbadora que jamás haya existido? ¿Y si después de esto, el ser humano se dirigiera lentamente hacia la extinción, no volviéndose a repetir ningún otro momento parecido en ningún otro lugar del universo? Es la curiosidad que anida en la tragedia y la tragedia de la curiosidad lo que me mueve a escribir estas palabras. Nadie quiere que exista el infierno, pero si tiene que existir, a todos nos gustaría echar un vistazo. Pues bien, ahora estamos viviendo algo así como el equivalente terrenal al infierno bíblico. El propio Lucifer pagaría por ver lo que hemos logrado en su ausencia.
Para reemplazar el infierno tradicional, el hombre ha hallado sustitutos privilegiados gracias a sus dotes técnicas: guerras, mundiales o locales, campos de concentración y prisiones, pasando por la bomba atómica, las armas químicas, el paro masivo, el hambre crónica, la contaminación generalizada, las dictaduras totalitarias, la locura colectiva de masas fanáticas o inteligentemente embrutecidas e idiotizadas, y tantos otros infiernos artificiales creados por nuestras sociedades.
Georges Minois en Historia de los infiernos, 1991.

Dice Alvin Toffler en El shock del futuro que "la proporción de almacenamiento, por el hombre, de conocimientos útiles sobre sí mismo y sobre el universo, fue en aumento desde hace 10.000 años", pero lejos de acercarnos a la tranquilidad celestial, dicho incremento del conocimiento nos condujo a un ajetreo infernal. No obstante, debe de haber algo paradójico o esquizofrénico en todo ello cuando por un lado abominamos de nuestros logros y por el otro nos sentimos fascinados por ellos. Yo quiero vivir como en Walden, añadiendo la menor cantidad posible de entropía a mi alrededor, pero al mismo tiempo me encantaría visitar las bibliotecas de Mega-City One, ávido de nuevos conocimientos. Creo que tiene razón Stephen Hawking en Historia del tiempo cuando dice que "el progreso de la raza humana en la comprensión del universo ha creado un pequeño rincón de orden en un universo cada vez más desordenado" e igualmente, cabe añadir, en una civilización cada vez más desordenada y problemática. Es como si en medio del fatal camino hacia una creciente complejidad autodestructiva tuviéramos la oportunidad, al menos individual, de desentrañar mayores cotas de verdad, como si el aumento del mal fuera acompañado de una mayor posibilidad de revelación y autoconocimiento. Se dice que la ignorancia y la simplicidad dan la felicidad, pero ¿y si la felicidad no fuera lo único que andamos buscando?

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