16 abr 2014

¿Quién inventó la caja negra?

La caja negra revlucionó la industria aeronáutica


Según las normas de aviación internacionales, estos aparatos hoy son obligatorios en todos los vuelos comerciales ya que graban todos los datos del viaje y son clave en las investigaciones sobre accidentes de avión.
Gracias a ellos nueve de cada diez accidentes se pueden explicar. Por eso se busca con tanto empeño la caja del vuelos desaparecidos o accidentados.
Como ocurre con tantos otros inventos sofisticados, no tiene un único inventor, pero el primer prototipo de caja negra data de 1939 y fue diseñado por el ingeniero francés François Hussenot.
Se trataba de una rudimentaria caja hecha con film fotográfico calibrada con espejos. Los sensores a bordo lanzaban flashes en el film fotográfico y así se registraba el historial del vuelo.
Consciente de lo importante de su invento, se dice que Hussenot escondió la caja del ejército invasor alemán enterrándola cerca de una playa del Océano Atlántico en junio de 1940.
Y como también ocurre con tantos avances tecnológicos, la guerra perfeccionó la tecnología, que se extendió a los vuelos comerciales en todo el mundo.
Después de la guerra, algunos dispositivos usaban fotografía y otros imprimían los datos en bobinas de aluminio.


Audio

Pero ninguno grababa audio todavía.
El primer prototipo data de los años '50

Por eso, la caja negra propiamente dicha es obra de un australiano David Warren. En 1953 le pidieron a este químico e ingeniero de aviación que ayudara a descubrir la causa de una serie de accidentes aéreos.
Los expertos intentaban entender por qué varios aviones se habían estrellado sin ninguna explicación, lo que ponía en duda el futuro de los vuelos comerciales.
"Me quedé pensando para mis adentros… Si pudiéramos recuperar esos últimos segundos", dijo en una entrevista en 1985 citada por The New York Times, "se ahorrarían muchas discusiones e incertidumbre".
Un año más tarde, Warren propuso instalar un dispositivo de grabación en la cabina del piloto y para 1958 había producido el prototipo de la "Unidad de Memoria de Vuelo".
Esa primera versión era ligeramente más grande que la mano de un adulto, pero capaz de grabar unas cuatro horas de conversación de cabina y de lecturas de los mandos. La versión de Warren grababa el sonido en una bobina de acero magnetizado.
Para sorpresa de Warren, el dispositivo fue en un principio rechazado por las autoridades de aviación, que le encontraron "poca utilidad directa e inmediata para las aeronaves civiles", mientras que los pilotos dijeron que era como un "Gran Hermano" que espiaría su trabajo.
Cuando Warren llevó el invento a Reino Unido fue recibido con entusiasmo y luego de un reportaje de la BBC sobre el aparato los fabricantes comenzaron interesarse por el proyecto.
Mientras tanto en Estados Unidos ya había investigaciones sobre el aparato y en 1960 ya se daban los primeros pasos para hacer que los dispositivos fueran obligatorios.
Warren con su primer prototipo de la caja negra.
(Imagen: Wikimedia Commons).

A mediados de la década de 1960, los registradores de vuelo - de datos y de voz - eran obligatorias para los aviones comerciales.
Actualmente las computadoras han reemplazado a la cinta magnética, los dispositivos pueden grabar más datos y son mucho más propensos a sobrevivir a un impacto.
Debe tener una etiqueta con las letras de al menos 2,5 cm de alto que digan: "REGISTRADOR DE VUELO - NO ABRIR".


Ni caja, ni negra

La caja negra en realidad son dos dispositivos: la grabadora de datos de vuelo del avión y del registrador de voz en cabina. Ambos van montadas en la cola del avión.
No tienen por qué ser cajas. De acuerdo con las regulaciones de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, el dispositivo puede tener una variedad de formas - incluyendo esferas, cilindros y cúpulas - siempre y cuando no sea demasiado pequeño de encontrar entre los escombros del avión.
Actualmente todas las cajas negras tienen que ser naranjas para facilitar su visibilidad. Como explica el New York Times, antes de esto algunos Boeings utilizaban una esfera amarilla y los aviones británicos tenían un aparato llamado “el huevo rojo”.
Una explicación posible para la denominación “negra” es que el dispositivo funcionaba como una cámara y por eso su interior tenía que estar en la oscuridad total.

Datos
Las cajas negras modernas grabar hasta 300 elementos de los vuelos, incluyendo:
• Velocidad y altitud • Dirección y aceleración vertical • Inclinación del avión
• Conversaciones en la cabina del piloto • Comunicaciones por radio


El nombre de "caja negra" tambipen podría provenir de un funcionario del gobierno británico que en 1958 se refirió a ella usando el argot de la Segunda Guerra Mundial para la electrónica de los aviones.

Son hechas con  materiales muy resistentes, como el titanio, y aisladas para resistir un impacto de choque muchas veces superior a la fuerza de gravedad , temperaturas de más de 1000 º C durante un máximo de 30 minutos y la inmensa presión del fondo del mar.
Una de las pruebas a las que las someten los fabricantes consiste en dispararlas con un cañón contra una pared para simular el aterrizaje catastrófico de un avión que vuela a cientos de kilómetros por hora.
El material que se graba está protegido contra un borrado accidental y los efectos corrosivos del agua de mar.
Las medidas de seguridad están diseñadas para garantizar, en teoría, que los investigadores de accidentes puedan recuperar las grabadoras, compilar una imagen completa de los últimos momentos de un avión de las grabaciones y luego explicar con precisión lo que haya salido mal.







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14 abr 2014

Kim Joon: Erotismo Digital


Kim Joom es uno de los más destacados jóvenes artistas de Corea del Sur. Especialista en arte digital, crea imágenes que mezclan el cuerpo humano con texturas diversas -destacando la serie sobre porcelanas- o tatuajes. Su imaginario contiene tanto iconos de la cultura pop occidental como de la tradición oriental, resultando obras que funcionan con identidad propia. Sus obras han sido expuestas en ciudades como Londres, Nueva York, Seúl y Taiwan, entre otras.












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Migración de aves en el radar meteorológico

Credit: NASA


Lo que ves en esta imagen animada es la forma en que los radares meteorológicos de la NASA detectan la presencia de bandadas de aves migratorias. El fenómeno suele detectarse con la puesta de sol, que es cuando muchos de estos grupos se ponen en marcha, por eso se detectan de este a oeste. Es en eso momento cuando se hacen visibles porque son grandes grupos que elevan el vuelo a la vez, después de parar para un descanso. Como explican en NASA, las aves aparecen como gotas de agua que viajan por el cielo y se visualizan en círculos porque el radar solo puede visualizar aves a una cierta distancia de la estación de radar. 

Aquí tienes hasta un tutorial para verlo tu mismo. 




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11 abr 2014

El tiempo libre ha muerto

En un mundo en el que trabajar demasiado no basta, estar ocupado y renegar del ocio se ha convertido en el símbolo de estatus definitivo



El ocio ha muerto. El ocio anhelado, el tiempo libre ansiado,  son esos deseos naturales del ser humano. Lo cool ahora es asumir la pose de no-tengo-tiempo-para-nada, el no-me-da-la-vida, el necesito-días-de-más horas.  Es el busier than thou (más ocupado que tú; un juego de palabras con el Holier than thou inglés). Y la historia no es que esto se haya convertido en nuestra realidad, que también, sino que vivir estresado está de moda e implica estatus. Estar abrumado por el exceso de trabajo es algo así como una insignia de honor. Así hemos visto que actúa EE UU y así se lo hemos copiado. Como casi siempre.

¿Cuándo fue la última vez que alguien dijo: 'No estoy haciendo gran cosa'? Si lo dice, tendemos a pensar que es un perdedor. La gente no tiene que estar tan ocupada pero estarlo se ha convertido en un símbolo de estatus
-Brigid Schulte, autora deOverwhelmed: work, love and play when no one has time
Este, al menos, es el punto de partida de Brigid Schulte en su reciente libro Overwhelmed: work, love and play when no one has time (traducible como Abrumados: trabajo, amor y juegos cuando nadie tiene tiempo). La autora, del Washington Post, vio que cada vez más sus compañeras no tenían tiempo para nada. Fue entonces cuando se puso a investigar por qué y cómo ha cambiado nuestra sociedad para que algo fundamental como los momentos de ocio hayan sido dilapidados por la vorágine laboral y familiar. Y no es un fenómeno solo femenino (vale que las cargas familiares suelen recaer más en las mujeres) o de padres (ha recopilado estudios que indican que ahora pasan más tiempo con sus hijos –ellos y ellas– que en los años sesenta y setenta–llamativo porque ellas mayoritariamente eran amas de casa– quizás por esa sensación de compensar el tiempo de trabajo). Tal y como escribe Schulte:
“Piensa en cómo nos hablamos:
–¿Cómo estás?
–Hasta arriba ò ando full. ¿Tú?
–Tan copado que apenas puedo respirar.
¿Cuándo fue la última vez que alguien dijo: 'No estoy haciendo gran cosa'? Si lo dice, tendemos a pensar que es un perdedor. Y particularmente en Estados Unidos donde muchas personas se definen a sí mismas por su trabajo, por lo que hacen, por lo mucho que hacen y por lo mucho que hacen más que tú. Un sociólogo, que estudia la forma en la que gastamos el tiempo, asegura que la gente no tiene que estar tan ocupada pero que esto se ha convertido en un símbolo de estatus. Quería entender si era cierto y por qué. Al principio pensé que era un fenómeno de las personas que viven en las grandes ciudades. Yo vivo en Washington DC y aquí todo el mundo es un adicto a un trabajo de primera categoría. Me preguntaba si sería diferente en la América rural, donde pensé que tal vez la vida sería algo más lenta”, le explica Schulte a ICON. Pero el resultado fue que no. Lo que la periodista encontró en Fargo (Dakota del Norte) fue la gente estaba también “casi compitiendo por estar ocupado”.

Las mujeres, la tecnología y los ochenta


Creamos ocupaciones cuando podemos no necesitarlas porque necesitamos encajar, mostrar que somos tan importantes y tan dignos como los demás
“Las ocupaciones en los Estados Unidos son reales. Las horas de trabajo para los trabajadores con educación universitaria han ido en aumento desde la década de los ochenta, mientras que los trabajadores en el extremo inferior del espectro socioeconómico han sufrido dificultades tratando de encontrar suficiente trabajo para llegar a fin de mes, teniendo que improvisar dos y tres puestos de trabajo. Al mismo tiempo, los salarios se han estancado y el coste de la vida ha seguido aumentando. El precio de la matrícula universitaria se ha disparado casi un 900% desde la década de 1980 y nadie, fuera del 1%, ha tenido un aumento de 900% en sus salarios”, cuenta la periodista y escritora.
A todo esto, prosigue, hay que sumar la incorporación de la mujer al mercado laboral, lo que ha provocado que las familias trabajen más horas y hagan más malabarismos para compaginar el trabajo remunerado y el no remunerado, y la crisis y la incertidumbre respecto al futuro de las familias. Además, añade, “EE UU tiene una cultura devota del trabajo. Creamos ocupaciones cuando podemos no necesitarlas porque necesitamos encajar, mostrar que somos tan importantes y tan dignos como los demás. En otros países diversos estudios muestran una creciente presión del tiempo, que no hay tiempo suficiente en el día. Y parte de eso se debe a que las culturas laborales y políticas de todo el mundo todavía tienen que ponerse al día con la realidad de las familias trabajadoras. Recompensar a los trabajadores que llegan temprano, a los que se quedan hasta tarde y comen en sus mesas como si eso los hiciera los mejores trabajadores, incluso cuando la ciencia ha demostrado que el rendimiento no tiene porque ser necesariamente real. Un escritor lo dijo mejor: A menudo esperamos trabajar como si no tuviéramos familias y tenemos familias como si no trabajáramos”.
El otro por qué llega con la tecnología. Un arma de doble filo, define Schulte, porque “Nos ha dado  libertad para trabajar de una manera nueva pero, al mismo tiempo, el flujo de información, la atracción adictiva del email y las redes sociales, la dependencia del mòvil, y la incapacidad de apagar el trabajo puede hacernos sentir constantemente bajo presión y sin tiempo”. Pero, señala la escritora, hay tres grandes culpables: Nuestros empleos, nuestras expectativas y nosotros mismos. “El estrés y el agobio proviene de la incapacidad de predecir y de la incapacidad de controlar. A menudo estamos ciegos ante la realidad de nuestra situación en lugar de reaccionar. Los seres humanos están programados para conformarse. Somos criaturas sociales y así es como sobrevivimos y evolucionamos. Pero tenemos que preguntarnos si realmente queremos ajustarnos a estas presiones que están chupando todo nuestro tiempo y acaban con nuestra energía”.

¿Qué será del ocio?


El ocio está en peligro. Lo vemos como algo tonto. Vemos lo que queremos y luego empezamos a alardear de que estamos demasiado ocupados como para dedicarnos a ello
¿Está en peligro el tiempo libre? En EE UU sí, responde categórica. “Se ve como algo tonto, sin importancia, improductivo e incluso estúpido. Vemos lo que queremos y luego empezamos a alardear de que estamos demasiado ocupados como para dedicarnos a ello”, señala. Los hábitos de ocio en su país, prosigue, han pasado de comercializar productos como una semana de aventuras para pasar a ser de un fin de semana, de un par de horas. “Las campañas están dirigidas a tratar de conseguir que la gente salga a la calle unos minutos a la hora del almuerzo”. Algo que contrasta con el siglo pasado cuando el estatus lo daba la cantidad de tiempo libre: “Bill Gates se jactaba de cómo dormía debajo de su escritorio y abandonó el golf porque estaba trabajando todo el tiempo. Y ahora todos estamos tratando de seguir su ejemplo”, ejemplifica Schulte.
Sin embargo, dice, por este lado del charco aún hay esperanza. “Hay países como España y los latinoamericanos  donde se ha mantenido el valor del ocio. Allí hay gente que trata de proteger la cultura de tomarse tiempo para descansar y recargar en lugar de estar trabajando todo el tiempo”, explica. “O Dinamarca, que ha hecho de la felicidad, el ocio y el bienestar sus metas nacionales. Muchos países europeos tienen políticas que garantizan largos periodos de vacaciones pagadas. Eso en EE UU no existe”.

Hay países como España donde se ha mantenido el valor del ocio y la cultura de tomarse tiempo para descansar y recargar. O Dinamarca, donde la felicidad, el ocio y el bienestar son metas nacionales
Una realidad, cuenta, que conoció al encontrarse con una mujer estadounidense que había vivido y trabajado en España varios años antes de volver a EE UU. “Me dijo que cuando vivía en España se sentía más a gusto cuando tenía tiempo libre. Ella fue capaz de relajarse y disfrutar de sí misma. Pero que una vez que regresó a Estados Unidos si no tenía su agenda llena de cosas cada minuto, como todo el mundo hace, se sentía ansiosa. Ella también sintió incluso que en su tiempo libre tenía que estar haciendo algo que valiera la pena, aprender algo, hacer ejercicio, mejorarse... Es lo que los investigadores llaman ocio "intencional". Lo pasaba mal dejando que el día pasara. Eso es común aquí, es un sentimiento que entiendo. Y creo que nos estamos perdiendo el dejar que la vida se desarrolle en todos sus misterios y la belleza del momento normal por estar siempre sintiendo que cada momento tiene que estar programado y ser útil”.

Bill Gates se jactaba de cómo dormía debajo de su escritorio y cómo dejó el golf porque estaba trabajando todo el tiempo y ahora todos estamos tratando de seguir su ejemplo

Las soluciones

Parar, frenar y reflexionar sería un primer paso sin duda. En su libro, Brigid Schulte funde investigaciones y anécdotas para más que un mero libro de autoayuda, radiografiar nuestra vida cotidiana. “La solución requiere dos líneas de acción: el cambio social y el cambio individual. Y en ambos frentes, sostengo en mi libro, tenemos que rediseñar el trabajo, reimaginar nuestras relaciones en el hogar y recuperar el valor del ocio” porque, agrega, nuestra civilización se ha creado en los momentos de ocio. “La rueda, el arte, la filosofía, la política, la creatividad, la innovación, el pensamiento para resolver problemas viejos con nuevas maneras… Todo surge cuando no estamos corriendo como locos en la rueda de hámster o tenemos nuestras narices presionadas contra la pantalla del ordenador. Eso viene en los descansos, cuando soñamos despiertos, en el ocio. Cuando estamos en reposo, nuestros cerebros son en realidad más activos”, afirma.
Por esos sus consejos van en tres direcciones. En el trabajo son los líderes (aquellos a los que emulamos, dice) los que deben dar ejemplo y “tienen que repensar la forma en que trabajamos”; en el amor hay que desterrar los prejuicios de estatus laboral y compartir la carga familiar; y en el juego y el ocio como base para sentirse mejor. Es lo que nos hace humanos, garantiza. “Piensa que la lista de tareas seguirá creciendo hasta el día de tu muerte . Nunca vas a llegar al final de la lista de tareas pendientes. Así que hay que darle la vuelta y poner la alegría en primer lugar, el resto después”. Esa es la clave, pero no hay receta mágica sobre cómo hacerlo aunque la periodista nos da algunas recetas en su libro aunque ¿realmente tenemos tiempo para leerlo?
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10 abr 2014

El amanecer de la conciencia


olimpo
  Los dioses del Olimpo, según una pintura de Rafael de Urbino  
Todos los indicios sugieren que nuestra especie se formó en el África subsahariana hace aproximadamente 200.000 años. Desde el punto de vista de su anatomía esquelética, aquellos humanos eran prácticamente idénticos a nosotros. El registro arqueológico nos revela sus habilidades para fabricar eficaces utensilios de piedra, su capacidad para manejar materias primas como el hueso y la madera, su destreza para manipular las pieles de los animales o sus posibilidades para disponer de una dieta cada vez más variada. Más adelante llegarían las manifestaciones artísticas y el pensamiento simbólico. Pero, ¿cuándo fuimos conscientes de nosotros mismos?, ¿cuándo adquirimos la conciencia de nuestras capacidades como predadores temibles, pero también de nuestras debilidades frente al mundo que nos rodeaba?
En algún momento, seguramente cercano en el tiempo, tuvimos que ser conscientes de nuestras limitaciones físicas: la gravidez nos impedía volar como las aves, necesitábamos el aire para respirar, el agua y los alimentos eran imprescindibles para la vida, las enfermedades y el dolor podían mermar nuestras capacidades y finalmente llegaba la muerte. En aquel amanecer de nuestra mente todavía éramos incapaces de buscar una explicación para entender la realidad. Sencillamente estaba naciendo una nueva manifestación biológica de un cerebro complejo, que nos permitía reflexionar sobre nuestra incapacidad para controlar la mayoría de los acontecimientos que podíamos observar. Por primera vez comenzamos a sufrir de manera consciente la ausencia de libertad para regir nuestro propio destino. Puedo imaginar el sentimiento de angustia en el despertar de aquella particular manifestación de nuestra conciencia primigenia.
Pero la capacidad adaptativa de nuestra especie es fascinante. Nuestro cerebro tiene una potencialidad extraordinaria y no tardamos en encontrar una solución para esa angustia vital: inventamos a nuestros dioses. Cada uno de ellos podía ofrecer una solución a los problemas planteados. El maravilloso cerebro de Homo sapiens diseñó dioses con capacidades extraordinarias a la medida de nuestras necesidades. Es más, en algún momento llegamos a la conclusión de que nuestro destino final sería compartir esas capacidades con éllos, una vez superada la etapa de la vida mortal. La capacidad de abstracción y el simbolismo fueron decisivos en este proceso mental tan extraordinario.
Y así nacieron también los intermediarios entre los dioses inmortales y los humanos temerosos. Conseguir los favores de los dioses se convirtió en una actividad necesaria de las sociedades primitivas, que fue canalizada a través de algunos elegidos para esta misión. De este modo se formó la que quizá haya sido la profesión más antigua de la humanidad. Durante milenios, la ignorancia, la superstición y el miedo han sido compañeros de una especie que adquirió conciencia, realizó un diseño inteligente de sus dioses y perdió una parte de su libertad.
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Los refranes de la ignorancia


Vivimos rodeados de refranes: los decimos con una asombrosa frecuencia en un sin-número de circunstancias cotidianas que nos indican la presencia de la informalidad. Además, solemos aprenderlos interactuando en conversaciones con otros hablantes y captamos inmediatamente su significado pese a sus distintas versiones; por ello es que son transmitidos de generación en generación gracias a la oralidad, aún cuando hay registros en la escritura. La cultura se encarga de almacenar estas frases populares en las cabezas de sus individuos para así ser utilizadas como una navaja suiza verbal caracterizada por su brevedad, contundencia, practicidad, precisión y elocuencia. Esta es su incontestable ventaja, aunque nunca está de más mirar la otra cara de la moneda con algunos ejemplos representativos.

Suele pensarse que hay un vínculo entre la inteligencia y la concisión al expresar una idea compleja con un enunciado sencillísimo, pues a buen entendedor, pocas palabras bastan. Esto sería enteramente cierto si no fuera por un curioso detalle: los refranes son metáforas de los hechos, y como sabemos ad nauseam, las metáforas, al igual que otras tantas figuras retóricas, se prestan para múltiples interpretaciones. Las oraciones cortas, gestos o ademanes omiten datos relevantes que deberían hacerse más explícitos, dejando espacio a las confusiones. Las señales de tráfico, diseñadas con símbolos y/o un mínimo de texto para proveer información, en varias ocasiones o son desmemoriadas con facilidad por los conductores y los peatones, o simplemente son ininteligibles. 

De esta misma manera es como se puede hallar otra relación cuasi veraz, pero esta vez entre la erudición y la edad. ¿Más sabe el diablo por viejo que por diablo? No necesariamente; abunda la cantidad de personas muy entradas en años cuya sapiencia está al nivel de un mozo. Aunque no peca de ambigua, la metáfora aquí es muy simplificada, por lo cual es superada por otro refrán: la experiencia es la madre de la ciencia. La descripción al respecto es mucho más acertada: “el uso y el conocimiento práctico juegan un papel muy importante en la enseñanza”; id est, que nuestras habilidades se desarrollan y mejoran a medida que las ejercitamos, sean físicas o mentales. Obviamente, nunca hay que descuidar las bases teóricas.

A este panorama se suma un abordaje inadecuado de las adversidades, aunque con loables intenciones. Veamos: ¿qué hay de positivo en un atentado terrorista, una hambruna, una enfermedad terminal o de la hoy abolida implantación de la esclavitud? ¿Qué provecho se le puede sacar a estos terribles eventos? Ninguno, pero a menudo se proclama que no hay mal que por bien no venga y que a mal tiempo, buena cara… mas no que a río revuelto, ganancia de pescadores, otro refrán verdadero a medias. En momentos de crisis hay oportunistas que hacen leña del árbol caído, pero también hay quienes desean ayudar al prójimo a escapar del laberinto del minotauro. 

Los problemas pueden ser afrontados erróneamente de dos maneras; con dosis de superoptimismo, como en el primer par de refranes mencionados en el párrafo previo, y con una píldora de estoicismo conformista traducida en una oración: más vale malo conocido que bueno por conocer. Este llamado a la prudencia tiene la capacidad de embrujar una sociedad entera hasta hacerla reaccionaria, con miedo a cualquier signo de evolución, mientras olvida que la matriz del progreso está en un cambio cuyo arranque es en un terreno resbaladizo sin garantías de logros iniciales. Los resultados triunfales están precedidos por un conjunto de fracasos que se han superado y corregido; de no ser por esto, la humanidad se habría estancado en el Paleolítico. 

Quien no se arriesga, no pasa la mar y la perseverancia todo lo alcanza son formidables metáforas para sustentar la parte final del razonamiento anterior. Sin embargo, tienen su punto débil si las contrastamos con los refranes a gran salto, gran quebranto y más vale prevenir que curar, ya que la tenacidad puede convertirse en terquedad y la temeridad en insensatez. Asumir un riesgo puede conseguir un objetivo inverso al planteado (Aristóteles tenía un término para esto en su Poética: peripecia), y persistir en un propósito utópico solamente desvía los esfuerzos que podrían emplearse en metas mucho más factibles. Jamás saldremos adelante si no nos atrevemos a hacer algo nuevo, pero si no calculamos el costo de esa aventura pagaremos muy alto el precio del tropiezo. 

Ahora vámonos a otro tema refranero, y con una pregunta: ¿en realidad la suerte de la fea, la bonita la desea? La respuesta es afirmativa si nos guiamos por la humildad del sastrecillo valiente que se ganó medio reino y la mano de la hija del rey al superar arduos obstáculos con su astucia. Si nos apegamos a la realidad encontraremos, empero, un paradigma diverso: la fortuna no es un premio obtenido en un campeonato, sino un suceso del azar que acontece en una minoría “elegida” de la población. Este peripatético accidente no está reservado para nadie, pero se inculca a creer lo contrario. Naturalmente, lo bello no es indefectiblemente una mejor opción a lo antiestético, pero: a)¿con quién se casa el príncipe azul de los cuentos de hadas?; b)¿de cuál lado se decantarían las apuestas si hubiera una carrera de caballos entre Rocinante y Babieca? La elección no se inclina hacia la modestia. 

En comparación a la susodicha cuestión, cada oveja con su pareja es un refrán que exhorta a mantener el statu-quo de las relaciones (principalmente las sociales) no escogiendo alguien/algo recatado sino haciendo caso de las similitudes de sus miembros, debido a que esta es la combinación más favorable. Analizándola en su forma, esta frase sería estupenda para evitar enemistades y roces por causa de diferencias irreconciliables, pero escudriñándola en su fondo es un pésimo consejo porque fomenta el segregacionismo (e.g., el sistema de castas en India). Este concepto es lamentablemente impulsado por los partidos políticos, los grupos de supremacía racial y, por supuesto, las religiones. 

Si reflexionamos sobre estas divisiones tajantes que pululan en los imaginarios colectivos, notaremos que éstas son imposibles de cultivar sin el poder del fertilizante lingüístico; el idioma exterioriza un concepto que espera ser materializado. Este concepto no tiene valor mientras no se efectúe en la praxis, por lo cual es una promesa aérea a la que debemos hacer caso omiso: a palabras necias, oídos sordos porque perro ladrador, poco mordedor. Sin embargo, el intelecto de ambos refranes se queda a la mitad si los estudiamos con detenimiento, pues los chismes se esparcen como reguero de pólvora entre los faranduleros y han habido políticos que han cumplido -más o menos- sus programas de gobierno o sus crueles amenazas contra los disidentes.

¿Conviene, por tanto, ser cautelosos ante las declaraciones ajenas? Sí, porque podrían ser indicios de que algo no va viento en popa; el idioma es una herramienta de la prevaricación. Hablando se entiende la gente, pero también se le embauca, se le traiciona, se le dogmatiza o se le humilla. Asimismo, hablando se camufla la hipocresía, se perpetúan los improductivos debates bizantinos y se forjan mesas de diálogo en las que el emisor y el receptor litigan sus polarizadas posturas como si estuvieran en un cuadrilátero de boxeo. Irónicamente, la retórica es el arte persuasivo de meter gato por liebre, el pilar diplomático de la guerra y el sostén de la demagogia. El discurso es un pozo que puede ser envenenado con tramposos caramelos.

O bien, es una cuerda que puede enredarse en un nudo gordiano de contrasentidos. Planteemos una situación para ilustrar esto: una entrevista de trabajo a las ocho de la mañana. ¿Qué es conveniente: asistir con antelación o con retraso? Según a quien madruga Dios le ayuda, es mejor ser puntuales; según no por mucho madrugar amanece más temprano, es preferible no apresurarse; y según más vale tarde que nunca, una pizca de impuntualidad no hace daño a nadie. De estos tres senderos, hay que recorrer sólo uno en detrimento de los demás; para ello sopesamos las alternativas (ninguna de ellas es definitiva) hasta determinar la elección con mayores probabilidades de éxito. La elección es problemática porque se evalúa cualitativamente, surge del contexto y depende de los intereses de cada quien. No es objetiva.

Partiendo del precedente análisis, los refranes pueden ser argumentos débiles si: a)abusan de las generalizaciones; b)se basan en correlatos equivocados; c)dan sugerencias de endeble calidad; d)se contradicen; y e)entran en conflicto con otros refranes, sean sus sinónimos o antónimos. Las paremias son retazos de lógica que no son ni pretenden ser universales y, por consiguiente, no remedian todas nuestras inquietudes.

Hemos confrontado la zona más estéril de los refranes indagando en su campo semántico, el cual es proclive a la subjetividad y tiene lagunas epistemológicas que no deben ser subestimadas. Sin embargo, estos inconvenientes incentivan su uso consciente y crítico, en vez de su proscripción. Los proverbios no siempre tienen la razón, lo cual muestra al folclor como una industria manufacturera de saberes ambivalentes que pueden ser contraproducentes. He aquí la paradoja.

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Conceptos científicos que todo el mundo debe saber

La ciencia proporciona tantos estímulos cognitivos que muchas veces nos cuesta reducirla a lo más básico y elemental. 




Estos son los  Diez conceptos científicos que todo el mundo debería conocer:



  • Todo está hecho de átomos.
  • La evolución.
  • Somos polvo de estrellas.
  • Los elementos químicos.
  • Las cuatro fuerzas.
  • El universo tuvo un comienzo y tendrá un final.
  • El ADN es universal (o casi).
  • Las leyes de la termodinámica.
  • Los continentes se desplazan.
  • Nada de lo anterior es definitivo.


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    8 abr 2014

    El Origen del Lenguaje

    Orìgenes de la comunicaciòn 

    a través de la Tradición y los Símbolos



    Todo un universo de sonidos nos rodea. Espacios llenos de extraños símbolos fonéticos que emanan de la vida misma, tan naturales para nosotros, que aun formando parte del misterio del ser humano y de toda la Creación, apenas provocan en el hombre impresión alguna en su alma.
    Filósofos, científicos, buscadores de todas las épocas, han intentado desvelarlo, de manera que se pudiera comprender parte de la verdad del hombre: ¿de dónde venimos?, ¿cómo surge la vida?, ¿cuál es nuestro origen?, ¿cómo surgió el lenguaje?
    De entre todos los buscadores, encontramos el mundo propio de la Tradición. En él se manifiesta de forma natural toda la historia de la Humanidad y del Universo desde los tiempos prehistóricos, que se desarrolla en dos vertientes unidas e inseparables; el mundo de lo interno (las esencias), y el mundo de lo externo (la creación).
    La Tradición, conducida en el tiempo por la sabiduría ancestral de Maestros y discípulos, se concreta por vez primera para la sociedad occidental en el siglo XIX, con Helena Petrovna Blavatsky, con sus inmortales obras Doctrina Secreta, e Isis Sin Velo. Éstas, tomadas como ficción por muchos científicos, ¿nos aportan algo sobre el origen del lenguaje? Y si es así, ¿las teorías existentes las afirman o las contradicen?
    Esto es lo que con profundo respeto nos planteamos ver y comparar.
    Teorías sobre el origen del lenguaje
    Entre el gran número de teorías existentes, se pueden reducir a dos las más aceptadas.
    Teoría de la onomatopeya
    Según la cual, la lengua primitiva vendría a ser una expresión imitativa mediata o inmediata de las percepciones. Se establece como teoría más generalizada.
    Teoría de las expresiones afectivas
    Se podría llamar teoría interjeccional, por cuanto la lengua tendría su principio en las diversas exclamaciones que hubiera provocado en el hombre la contemplación del mundo.
    La Teoría Onomatopéyica nos habla de un lenguaje surgido de la imitación de los diferentes sonidos de la Naturaleza. Sin embargo esta imitación por sí sola no nos resuelve el misterio de cómo llegaron a entenderse y comunicarse los hombres entre sí.
    Blavatsky clarifica este problema con el concepto de la mente, y nos dice en su Doctrina Secreta: «El hombre, antes del desenvolvimiento de la mente, desarrolló al principio una clase de habla que sólo era un progreso sobre los diversos sonidos de la naturaleza».
    En la Teoría de las Expresiones Afectivas, se nos dice que el lenguaje no surgió como imitación de los sonidos de la naturaleza, sino de las sensaciones interiores producidas por su contacto con el mundo (asombro, dolor, alegría...) cargado de exclamaciones emocionales.
    Esta teoría no contradice a la onomatopéyica o imitativa, pues una y otra se complementan perfectamente. El hombre si imita es porque tiene sensaciones. Pero del mismo modo que la teoría anterior, no explica cómo de esa naturaleza animalesca con que se presenta al hombre pudo crearse una relación de ideas.
    Blavatsky nos dice: «Hasta que el hombre no adquirió completamente la facultad razonadora, no existió el lenguaje propiamente dicho, sino una especie de conato del lenguaje».
    La lingüística recoge plenamente este problema, pero en todas sus teorías no es capaz de explicar cómo se pasó del lenguaje imitativo de los sonidos al lenguaje con coherencia; cómo se pasó del lenguaje que no expresaba ideas, al lenguaje que sí las expresa, o más claramente: ¿en qué momento se adquirió esa facultad razonadora? Y aquí entramos en el siguiente problema: ¿cuándo adquirió el hombre la mente?
    A pesar de este problema no resuelto para la ciencia, pero sí para la Tradición, la lingüística nos presenta un desarrollo de la formación del lenguaje desde su origen hasta nuestros días. Este desarrollo se presenta en tres grandes divisiones o grados del lenguaje, que son: Monosilábico, Aglutinante y de Flexión.
    Es sorprendente que la Tradición, antes aún de toda teoría nos enseñe lo mismo. Vemos en Doctrina Secreta: «El habla, pues, se desarrolló según la Enseñanza Oculta, en el orden siguiente: Idioma monosilábico, Idioma Aglutinante e Idioma de Flexión...».
    El lenguaje monosilábico, según la lingüística, es aquel que comenzó por el período llamado de «raíces» porque se componía de expresiones integrales e indivisibles, y estas expresiones estaban ya constituidas por elementos articulados o compuestos de vocales. Es curioso saber que el primer sonido considerado y que surge de los niños es la «a» para todas las razas humanas; después le sigue la «e», la «i», la «o» y la «u». Así estas primeras raíces monosilábicas fueron compuestas por una vocal, o como mucho por una vocal y una consonante.
    A este respecto nos dice Blavatsky en Doctrina Secreta: «Los primeros hombres tenían el lenguaje del sonido, a saber: sonidos cantados, compuestos de vocales solamente». «Este idioma monosilábico fue el padre vocal, por decirlo así, de las lenguas monosilábicas mezcladas con consonantes duras. Este lenguaje monosilábico, es el de los primeros seres humanos, de raza amarilla. Este lenguaje todavía se usa entre las razas amarillas».
    Esta afirmación la encontramos como idea general y aceptada en el lingüista Estanislao Sánchez, que dice: «Los idiomas más antiguos son los monosilábicos transgangéticos, porque se hallan al norte del río Ganges, entre las razas amarillas».
    ¿Cuál es la característica de este lenguaje monosilábico?
    Como su nombre indica, es el conformado por una sola sílaba, o como mucho por la misma sílaba repetida, que surgió como imitación de los sonidos de la Naturaleza a la vez que de sensaciones.
    Estos primeros hombres hablantes, aún no tenían la capacidad de dar sentido a estos conceptos puros o primeras raíces, y por ello no se puede hablar de un verdadero lenguaje. No había una fluidez entre la palabra y la idea, sino que cada una de estas raíces monosilábicas se manifestaban como entes independientes entre sí. La comunicación se basaba en el sonido pero no en su interpretación.
    Estas primeras sílabas tenían un sentido principalmente emocional; la relación palabra-concepto no se guiaba por una unión ideal, sino pasional.
    A este respecto nos dice J.J. Rousseau en su Origen del Lenguaje: «Las primeras voces tienen su origen en las pasiones». El estruendo del trueno, la caída del rayo, el aire huracanado, el sol, el cielo estrellado; provocaban tales impresiones en el alma de estos primeros hombres que surgieron al tiempo que los primeros sonidos o voces monosilábicas.
    Sin embargo estas primeras raíces, aún siendo formadas por las emociones, ya encerraban en sí las primeras ideas debido al desarrollo paralelo de la capacidad razonadora. Así el trueno en su parte emocional provocaba miedo por su formidable poder. Esta emoción al imitar el sonido del trueno, Tron, se convierte en un Dios, y en la mitología escandinava se le llamó Thor, hijo del Cielo y de la Tierra. Thor encierra en sí una emoción y una idea, que es la de fortaleza o poder.
    De este lenguaje monosilábico surgió el lenguaje de aglutinación, pero la lingüística no sabe cómo se desarrolló el uno del otro. Todos los lingüistas se encuentran perdidos en este punto, y se sabe que el lenguaje sin el pensamiento no es posible. El uno es el origen del otro.
    Estasnislao Sánchez dice ante este problema: «Ante la imposibilidad de hallar el origen del lenguaje, ¿no habrán los hombres primitivos heredado una civilización, una Edad de Oro?». Refiriéndose a los daemon u hombres de oro de Platón.
    J.J. Rousseau, intentando desvelar el origen del lenguaje, y tratando por todos los medios de negar su origen divino, tuvo que dar marcha atrás en varios puntos de su desarrollo por la imposibilidad de encontrar en el origen de la lengua un proceso estrictamente humano. Tanto es así, que llega a escribir en su ensayo: «En cuanto a mí, espantado por las dificultades que se multiplican y convencido de la imposibilidad, casi demostrada, de que las lenguas hayan podido nacer y establecerse por medios puramente humanos, dejo la discusión de este difícil problema a quien quiera».
    Las escuelas idealistas del siglo XIX no tenían ninguna duda sobre que el origen del lenguaje surgió de un ser superior a nosotros, un ser divino. La Tradición nos dice sobre este punto: «Descendió de una de las regiones superiores el Gran Instructor, apiadado de los hombres tomando a los mejores de ellos para que enseñaran al resto de la Humanidad las ciencias y las artes. Estos primeros hombres, llamados Maestros Divinos; fueron quienes enseñaron el poder de los nombres y las palabras».
    ¿Podemos considerar descabellada esta idea tradicional ante, como dice J.J. Rousseau, «la imposibilidad casi demostrada de que el origen de la lengua tenga un proceso estrictamente humano?». ¿Y no coinciden estos Maestros Divinos, u hombres más evolucionados, con los Daemon de Platón u hombres de la Edad de Oro, que nos cita el lingüista Estanislao Sánchez?
    ¿Cómo se pasó del lenguaje monosilábico al de aglutinación?
    Tras el lenguaje monosilábico, la lingüística, al igual que la Tradición, evoluciona hacia el lenguaje de las aglutinaciones. Su característica básica es el añadido a la raíz principal de otras sílabas o raíces que pasaron a ser sufijos o prefijos y que modifican la raíz central o idea primordial.
    Este lenguaje de aglutinación es el que se desarrolló, según la lingüística, en los pueblos llamados turanianos, que son los que existieron en una gran extensión de Asia y Europa con una lengua común, antes de las migraciones semíticas y aryanas. Del Tigris al Indus poseían todo el territorio en que figuraron después los iranios.
    Para la Tradición: «El lenguaje monosilábico pasó a poseer diferentes caracteres, que originaron distintas lenguas monosilábicas. Esta evolución de los caracteres surgió al tiempo que la evolución razonadora del ser humano. A su vez estos diferentes idiomas monosilábicos originaron diferentes idiomas aglutinantes».
    Al tiempo que estos hombres alcanzaban su totalidad humana, el despertar de la conciencia al mundo de las ideas generaba la propiedad de interpretar y unir las palabras con sus ideas, y éstas entre sí.
    Como dice el lingüista Steinthal, en referencia al origen del lenguaje: «El alma y el cuerpo dependiendo de su origen primero, despierta al tiempo que cada nueva intuición un sonido o acento».
    Para la Tradición, el lenguaje aglutinante es el primer lenguaje real del ser humano tal cual somos. En este lenguaje aglutinante las raíces eran puras, sin existencia de derivados. Podía existir la idea pura o raíz «Thor», a la cual se le añadían otras raíces que modifican su idea primera sin perder por ello su esencia. Ejemplo de este lenguaje, y siguiendo la idea de la raíz Thor o trueno, que da idea de poder y fuerza, en el castellano desaparece la H al no pronunciarse y se convierte en Tor. Así nos encontramos con: Trac-Tor: vehículo que tracciona con gran fuerza o poder. Tor-Mento: dolor de gran intensidad o fuerza. A-Tor-Ar: objeto que se halla obstruido en medio de algo. (Es significativo ver como a su vez, Tor, en esta palabra, se haya en medio del prefijo y del sufijo, como si estuviera atorado).
    En este lenguaje aglutinante, la raíz principal, Tor, fuerza o poder, se convierte en el alma, aquello que se aplica a un cuerpo para darle sentido. Así esta raíz es el alma de la palabra, y las raíces secundarias, (sufijos y prefijos), el cuerpo sobre el cual se aplica.
    El lenguaje de flexión
    Si es difícil explicar la evolución del idioma monosilábico al aglutinante, mucho mayor es la incógnita de cómo pasó éste al de flexión.
    El lenguaje de flexión es un lenguaje altamente complejo. En él, no sólo la raíz es acompañada por sufijos y prefijos, sino que a su vez esta raíz fundamental sufre un cambio en la morfología, pareciendo que las diversas raíces son una sola palabra, resultando difícil luego hallarlas y por tanto descubrir su origen y procedencia.
    En estas palabras el núcleo o raíz sigue correspondiendo al monosilábico primitivo, pero envuelto en otros elementos gramaticales. En este lenguaje flexivo ya aparecen los artículos, el género, los adjetivos, los participios, y todos los elementos del mundo gramatical tal cual los conocemos hoy. Dice Blavatsky sobre el paso de la lengua aglutinante a la de flexión: «Para la Tradición el lenguaje aglutinante, al igual que la vida, tuvo una evolución cíclica de infancia, pureza, crecimiento, madurez, decaimiento y finalmente muerte».
    Nos muestra por tanto la Tradición que el lenguaje de flexión es una evolución sobre las lenguas monosilábicas y aglutinantes, porque se desarrollan un número mayor de ideas. Los conceptos se acercan más a los arquetipos. Estos hombres del lenguaje flexivo primero, eran capaces de llevar las propiedades de estos conceptos a las diversas ideas, (palabras) para potenciarlas.
    Mientras los seres humanos menos evolucionados aún mantenían lenguajes monosilábicos y aglutinantes, aquellos cuya facultad razonadora se encontraba más despierta, desarrollaron un lenguaje no sólo imitativo, sino mucho más puro, en tanto introdujeron ideas metafísicas, conceptos sobre la naturaleza interior y exterior del hombre y del Universo, que abarcaba todos los planos de la Creación. La verdadera fuerza del lenguaje flexivo se encontraba en su esencia, en el contenido y a la vez en su forma de expresión.
    Los hombres más desarrollados de esta época usaban un lenguaje sagrado, como plasmación de los conceptos sagrados a través de la palabra. Este lenguaje era mitológico y divino. Estos hombres eran los seguidores de la Tradición que aquellos Maestros Divinos dejaron a la naciente Humanidad. De estas lenguas flexivas primeras y sagradas, nos encontramos al sánscrito antiguo, el avéstico, el eslavo antiguo, las lenguas griegas primeras, el akadio, y otras muchas procedentes de las migraciones indoeuropeas y semitas. Aquí encontramos una coincidencia entre el lingüista E. Sánchez y Blavatsky: «Este lenguaje procede de las lenguas indoeuropeas y semíticas».
    Con el correr del tiempo este lenguaje como ser vivo va decayendo, el lenguaje sagrado se va vulgarizando al masificarse entre el resto de los pueblos que no podían alcanzar a entender los conceptos altamente sagrados y espirituales. Así, en oposición al sánscrito, o lengua sagrada, surgió el páncrito o lengua vulgar. De este modo sucedió con las demás lenguas espirituales.
    Así observamos que el lenguaje monosilábico corresponde a la formación del cuerpo del lenguaje, aún sin alma y sin espíritu. En el lenguaje aglutinante ya aparecen las primeras manifestaciones de ideas conexas, y de atributos más allá de lo imitativo. Encarna el alma del lenguaje. En el lenguaje flexivo, los conceptos supremos, el lenguaje mistérico, las ideas divinas y mitológicas, son la expresión del espíritu.
    Podemos comprobar que la Tradición no sólo se anticipa a las teorías existentes, sino que, mucho más importante, da respuestas a los interrogantes que aún se mantienen. Aporta una realidad tan evidente, y sobre todo tan distinta, que amplía y corrige los errores existentes en la Historia oficial. Proponemos, pues, seguir la Tradición.
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