3 oct 2014

El Tarot de los surrealistas

VARADOS EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, LOS SURREALISTAS FRANCESES CREARON SU PROPIA VERSIÓN DEL ETERNO JUEGO DE CARTAS QUE ES UN ESPEJO DE LA PSIQUE HUMANA Y SU RUEDA DE LA FORTUNA

surrealist-tarot
El juego de cartas cuyo origen se pierde en la niebla del misterio ocultista –pero que generalmente se sitúa en Marsella en el siglo XV– ha tenido numerosos avatares, entre los más recientes y populares, el Tarot de Jodorowsky, el Tarot de Osho y el Tarot de Aleister Crowley. Combinando aspectos oraculares con aspectos lúdicos, todos estos juegos de naipes son formas de comunicarse con el inconsciente y redescubrir lo que esta inscrito en el oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. En sus comentarios al Tarot, Carl Jung señala que es una representación simbólica de los principios arquetípicos de la psique humana y como tal, una invitación a la alquimia interna, a la conjunción de los opuestos o enantiodromía.
Una manifestación digna también de incluir en esta ilustre constelación de reversiones del juego de cartas milenario es la fraguada por artistas surrealistas franceses bajo la batuta del gran caudillo de este movimiento, André Breton. En el caso de la baraja surrealista no se puede considerar precisamente un Tarot, ya que no cuenta con las mismas 76 cartas y 22 arcanos: los surrealistas, con su especial afición por subvertir el orden, crearon una versión híbrida entre el juego de cartas que comúnmente se juega hoy en día y el Tarot (el cual es el antecedente del juego popular).
Los surrealistas llamaron a su juego de naipes  Jeu de Marseilles, en un claro guiño al Tarot que viene de los gitanos. La historia cuenta que Breton y sus amigos surrealistas Wifredo Lam, Max Ernst, Jacqueline Lamba, Óscar Domínguez, Victor Brauner, Jacques Hérold, André Masson y Frédéric Delanglade estaban varados esperando el paso de la Segunda Guerra cuando en este campamento ansioso surgió el artificio de crear su propio juego. El esquema básico es el siguiente:
Los típicos diamantes, corazones, tréboles y espadas fueron reemplazados por estrellas, cerraduras, ruedas y llamas.
Estos símbolos, divididos en dos colores:
-Rojo
Llamas: significaban el amor y la pasión.
Ruedas: la revolución.
-NegroEstrellas: los sueños.
Cerraduras: el conocimiento.
Breton decide cambiar al rey y la reina por Genio, Sirena y Mago, cada uno de ellos representado por un personaje, de tal modo que quedarían de la siguiente manera:
Las llamas 
Genio: Baudelaire.
Sirena: Mariana Alcoforado (religiosa portuguesa a quien se atribuye la redacción de las Cartas portuguesas (1669), cinco cartas de amor consideradas una obra maestra de la literatura erótica).
Mago: Novalis (poeta alemán del primer Romanticismo, siglo XVIII).
Las RuedasGenio: Marques de Sade.
Sirena: Lamiel (de Stendhal).
Mago: Pancho Villa.
Las EstrellasGenio: Lautréamont.
Sirena: Alicia (de El pais de las maravillas).
Mago: Freud.
Las cerraduras
Genio: Hegel.
Sirena: Hélène Smith (psíquica francesa de finales del siglo XIX).
Mago: Paracelso.
Como bufón (o loco) eligieron a Ubu Roi (Ubú Rey), de Alfred Jarry.
tarot-breton

Lo más destacado del Jeu de Marseilles de los surrealistas es que no deja un testimonio de su universo mágico, de los personajes que influyeron la visión de un mundo dominado por la imaginación y la irreverencia: combinar a Freud con Alicia, Paracelso o Pancho Villa nos dice mucho de su forma encantadora de ver el mundo. En cierta forma estos son los arcanos que se repiten, el ser humano que encarna los símbolos y vuelve a revolverlos con sus peripecias en la rueda de la vida.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 oct 2014

Manifiesto artìstico: PODEMOS

  David Alfaro Siqueiros, Bosque en llamas.  

PODEMOS entregar el arte a sus creadores.  

PODEMOS romper con la especulación del mercado que convierte en arte y dinero cualquier cosa.
 
PODEMOS romper con la manipulación teórica que convierte en arte en cualquier cosa. 

PODEMOS romper con la academia que estigmatiza a la creación y promueve ideas anti-arte. 

PODEMOS acabar con la casta de falsos artistas, académicos, comisarios, galeristas y especuladores que manipulan las expresiones y el mercado.

PODEMOS regresar el arte a sus fines humanistas. 

PODEMOS regresar el arte a la enseñanza libre.

PODEMOS regresar el arte a los museos.

PODEMOS sacar del museo las ocurrencias, la basura y todo lo que se hace llamar arte aunque no lo parezca. 

PODEMOS diferenciar entre una obra y un cubo de mierda. 

PODEMOS ver que el arte no es un discurso teórico. 

PODEMOS ver que la casta de las instituciones, falsos artistas, curadores y comisarios están cuidando un negocio no un valor humanista. 

PODEMOS denunciar que la especulación del mercado necesita obras instantáneas para blanquear dinero instantáneo. 

PODEMOS denunciar que están expoliando recursos institucionales para exponer basura en ferias internacionales. 

PODEMOS denunciar que una casta elitista y excluyente decide qué es arte y qué no es arte para su beneficio personal y financiero. 

PODEMOS acabar con esta gran farsa que tiene vacíos a los museos y marginados a los pintores, los escultores y dibujantes. 

PODEMOS acabar con la casta que hizo del arte una nueva forma de poder económico y especulativo. 

PODEMOS romper el retroceso social que implica que la gente no se sienta contenida por el arte. 

PODEMOS crecer y hacer del arte una expresión que conecte con la gente. 

PODEMOS hacer del arte un recurso de unidad y fuerza, no un recurso de división y especulación. 

Este manifiesto forma parte de mi apoyo a DesenmascarArte el movimiento artístico de PODEMOS,  la nueva tendencia y plataforma política.


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CONTRADICCIONES

No acabo de adaptarme a esta vida tan bipolar que llevo, siempre en una lucha constante entre lo que me dictan la conciencia y el medio en el que vivo.


Es sorprendente la cantidad de contradicciones con las que uno se puede encontrar en su vida diaria y, el cómo afrontarlas y asumirlas forma parte de la estrategia vital de cada uno y así conseguir mantenerse cuerdo en un mundo tan extraño y ajeno para cualquiera que sea capaz de situar en el primer plano de sus principios la libertad y el respeto a cualquier forma de vida.
En no pocas ocasiones hablamos de un sistema explotador que arrasa con la naturaleza y con la vida sin ningún reparo; de una maquinaria primaria de la muerte que actúa por todo el mundo aniquilando vidas humanas con una creciente efectividad; de una maquinaria secundaria (grandes transnacionales, grandes bancos y toda la jauría de inversores) que actúa con extremada eficacia en el exterminio humano. En pos del máximo beneficio económico dictaminan en qué partes del planeta la gente debe morir de hambre, determinan qué enfermedades y de qué manera van a incidir sobre los seres vivos del planeta, decretan qué tierras deben ser arrasadas y sobreexplotadas en pos del bien de la humanidad cuyas nefastas consecuencias pagamos y seguiremos pagando con creces durante toda la vida.


De todo esto y mucho más hablamos y discutimos, nos posicionamos claramente en contra y en muchas ocasiones participamos en acciones y proyectos de protesta y de alternativa a todo ello (al menos esa es la idea con la que lo hacemos). Sin embargo, no podemos obviar dónde vivimos y cuáles son los códigos imperantes en esta sociedad, las relaciones interpersonales que mantenemos de forma más o menos deseada (amistades, familia, vecindario, entorno laboral y/o educativo…) y nuestra relación con el poder imperante. Es en este vasto ámbito donde surgen esas contradicciones diarias entre nuestra manera de hacer y vivir y nuestra forma de pensar y sentir. La distancia entre ambas define un interrogante cuya respuesta nos encamina hacia dos vías que transcurren entrecruzándose a lo largo de los tiempos. Obviamente, las vías tienen diferentes grados porque son muchas las variables que les afectan.


Por un lado, tenemos a las personas conscientes que sufren con dichas contradicciones y tratan de acortar la distancia entre su vida real y su vida ideal con todo el desgaste que eso supone. La capacidad de ir superando o, por lo menos, encajando estas contradicciones en nuestra forma de vida va directamente ligada a la profundidad de los valores e ideales de cada uno. Esta vía exige un esfuerzo constante y estar dispuestos a aceptar en muchas ocasiones la incomprensión del entorno inmediato. Por supuesto, supone estar dispuesto a enfrentarse a la violencia del sistema a todos los niveles (económico, social, policial, judicial…) pero sin duda, lo más difícil es enfrentarse a uno mismo; mantener esa coherencia íntima que permite mantener la cordura para seguir avanzando y no dejarse ir ni sucumbir a los cantos de sirena de una sociedad consumista que ofrece oportunidades de evasión mental sin fin.


Por otro lado, nos encontramos con esas personas que no consideran que existe ninguna contradicción a pesar de la enorme distancia que hay entre aquello que predican y lo que hacen en su vida. Mejor dicho, o no existen o las consideran absolutamente insalvables y por el momento no hay nada que puedan hacer con ellas. Ésta es una posición de todo o nada (concretamente revolución o nada) y como tal, concentra sus esfuerzos en esa hipotética revolución que no acaba de llegar, mientras tanto se trata de pasar la vida lo mejor posible entre discursos y soflamas.


Cualquiera de las dos vías es respetable, personalmente me identifico con la primera vía aunque reconozco que me cuesta muchísimo superar ciertas contradicciones y muchas veces veo un poco lejano el horizonte de cordura que me gustaría alcanzar. Sinceramente, ya no creo en el discurso de revolución o nada y cada vez creo menos en las personas que lo defienden pero soy consciente que cada uno tiene su forma de afrontar la existencia y sus propias contradicciones.
Siempre he sido partidario de tratar de ser lo más coherente posible con mis ideas, eso es lo que puedo aportar a los demás y a mí mismo.


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El peor de los mundos posibles

y sin embargo, el más interesante

  El paso de la laguna Estigia (1520) de Joachim Patinir  

Incluso si esta época y esta sociedad fueran las peores de toda la historia habida y por haber, yo no querría vivir en otra. ¡La luz es más bella en los momentos más oscuros! A veces fantaseo con la idea de viajar al futuro y visitar el año 2100 o el año 3000. La de cosas que podría contar a mi regreso. Otras veces me gustaría conocer de primera mano esas épocas y lugares que nos enseñan los historiadores y que solo conocemos de manera muy indirecta. ¡Sería la envidia de todas las facultades de historia! Sin embargo, como ya se publicò en otro post, me muero de curiosidad por conocer este momento por encima de cualquier otro, pues vivimos tiempos más que interesantes, y puede que nunca mejor dicho. ¿Y si estuviéramos viviendo el cénit de la civilización más grande y perturbadora que jamás haya existido? ¿Y si después de esto, el ser humano se dirigiera lentamente hacia la extinción, no volviéndose a repetir ningún otro momento parecido en ningún otro lugar del universo? Es la curiosidad que anida en la tragedia y la tragedia de la curiosidad lo que me mueve a escribir estas palabras. Nadie quiere que exista el infierno, pero si tiene que existir, a todos nos gustaría echar un vistazo. Pues bien, ahora estamos viviendo algo así como el equivalente terrenal al infierno bíblico. El propio Lucifer pagaría por ver lo que hemos logrado en su ausencia.
Para reemplazar el infierno tradicional, el hombre ha hallado sustitutos privilegiados gracias a sus dotes técnicas: guerras, mundiales o locales, campos de concentración y prisiones, pasando por la bomba atómica, las armas químicas, el paro masivo, el hambre crónica, la contaminación generalizada, las dictaduras totalitarias, la locura colectiva de masas fanáticas o inteligentemente embrutecidas e idiotizadas, y tantos otros infiernos artificiales creados por nuestras sociedades.
Georges Minois en Historia de los infiernos, 1991.

Dice Alvin Toffler en El shock del futuro que "la proporción de almacenamiento, por el hombre, de conocimientos útiles sobre sí mismo y sobre el universo, fue en aumento desde hace 10.000 años", pero lejos de acercarnos a la tranquilidad celestial, dicho incremento del conocimiento nos condujo a un ajetreo infernal. No obstante, debe de haber algo paradójico o esquizofrénico en todo ello cuando por un lado abominamos de nuestros logros y por el otro nos sentimos fascinados por ellos. Yo quiero vivir como en Walden, añadiendo la menor cantidad posible de entropía a mi alrededor, pero al mismo tiempo me encantaría visitar las bibliotecas de Mega-City One, ávido de nuevos conocimientos. Creo que tiene razón Stephen Hawking en Historia del tiempo cuando dice que "el progreso de la raza humana en la comprensión del universo ha creado un pequeño rincón de orden en un universo cada vez más desordenado" e igualmente, cabe añadir, en una civilización cada vez más desordenada y problemática. Es como si en medio del fatal camino hacia una creciente complejidad autodestructiva tuviéramos la oportunidad, al menos individual, de desentrañar mayores cotas de verdad, como si el aumento del mal fuera acompañado de una mayor posibilidad de revelación y autoconocimiento. Se dice que la ignorancia y la simplicidad dan la felicidad, pero ¿y si la felicidad no fuera lo único que andamos buscando?

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30 sept 2014

Palabras que antes eran tabú y que hoy usamos todos los días

LAS SOCIEDADES CAMBIAN Y LOS IDIOMAS TAMBIÉN. CONOCE ALGUNAS PALABRAS QUE ANTES HUBIERAN SONROJADO A LAS BUENAS CONCIENCIAS Y QUE HOY SON MUY COMUNES

shhh 
Los idiomas son seres vivos en constante cambio: una palabra que durante una época designa un tabú puede cambiar su sentido y normalizarse. La misma palabra tabú es un buen ejemplo: una de sus probables etimologías viene del polinesio y designa la prohibición de tocar algo: así, el “no tocar” del tabú cambia de sentido en Europa para designar aquello de lo que no se puede o no está bien visto hablar.
En lenguas como el francés, la palabra foca (foque) designa en ciertos contextos a los homosexuales de manera despectiva, y el inglés para premio (token) era, en el siglo XIX, una forma eufemística de referirse a las enfermedades de transmisión sexual (token of affection, así, no era tanto una “muestra de mi afecto”, sino eso que estás pensando justamente).
Del mismo modo, la palabra “fascinar”, que hoy designa una sensación de asombro o encanto, en la Roma antigua designaba a un pequeño amuleto en forma de pene, el fascinus, que se utilizaba para producir un hechizo amoroso (el fascinare). En cierto modo, se diría que “fascinar” a alguien era el equivalente a hipnotizar a alguien a la distancia con un pequeño pene mágico.
En un contexto bíblico, los verbos “acostarse”, “echarse”, “conocer”, “yacer” y “descubrir” suelen ser eufemismos que aluden a una relación sexual, como en el Deuteronomio 27:20: “Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque ha descubierto la vestidura de su padre”. Los pies también suelen ser formas de encubrir un encuentro sexual. Cuando Noemí pide a Ruth que vaya a “descubrir los pies” de Booz, puede leerse como un ofrecimiento erótico. “Descubrir la desnudez”, como en el Génesis 9:20-24, tiene también un sentido sexual.
Un ejemplo más reciente de cómo una palabra puede cambiar de significado y dejar de ser tabú es el adjetivo earnest, que en el inglés de nuestros días significa solemne, sincero, así como decir algo seriamente. Pero en los tiempos del gran escritor Oscar Wilde, autor de The importance of being Earnest, esta palabra era un guiño para referirse a la homosexualidad. “Cecily”, otro de los personajes de la obra (que en español fue traducida como La importancia de llamarse Ernesto, lo que le quita la sutileza semántica), era una palabra para referirse a los proveedores de servicios sexuales masculinos. Del mismo modo, la palabra gay pasó de significar “alegre” o “gozoso” a designar a los homosexuales, y en la Inglaterra del siglo XV, la palabra occupy (ocupar) tenía el mismo sentido que hoy tiene “penetrar”.

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27 sept 2014

Las mujeres inteligentes no tienen hijos

  Cameron Díaz: “Tengo una vida increíble en muchos sentidos porque no tengo hijos”  
Es un estudio incendiario, y su autor, Satoshi Kanazawa, ya se había ganado la medalla de polémico y excesivo por trabajos anteriores. Yo lo archivo como inquietante broma estadística. Voy al grano. Lo que concluye Satoshi es que cuanto más alto es el CI (Cociente Intelectual) de una mujer, menos hijos tiene.
Satoshi Kanazawa es investigador de la London School of Economics y, para realizar su trabajo, ha recogido datos de mujeres, con o sin hijos, y los resultados de los test de inteligencia que les hicieron durante la infancia, momento en el que estas pruebas (más o menos discutidas) se realizan en los colegios británicos.
Lo que ha encontrado Kanazawa es que: “La media del CI de las mujeres que no han tenido hijos era de 105.3, mientras que el CI de las que han sido madres es de 101.7”.  La diferencia en el promedio es casi de cuatro puntos, muy grande y estadísticamente significativa.
El estudio se ha publicado en un momento en el que el lema “Hijos No” (No Kids) gana fans. En 2009, Cameron Diaz declaraba: “Tengo una vida increíble y, en cierto sentido, tengo la vida que tengo porque no tengo hijos. No creo que sea una obligación tener hijos y no creo que sea una obligación no tenerlos, simplemente me parecen opciones distintas”. Desde entonces, a la “confesión” de Cameron se sumaron grandes del cine como Renée Zellweger (Bridget Jones):  “La maternidad nunca ha sido una ambición para mí. Tan sólo quiero ser independiente y ser capaz de cuidar de mí misma”, y la contundente Helen Mirren: “No tengo instinto maternal alguno”. Pero la tendencia No Kids llega cuando en Occidente la natalidad se tambalea peligrosamente. Y el estudio de Kanazawa echa nueva leña para avivar el fuego. Dice el autor del estudio que si el descenso de hijos se produce entre las mujeres más inteligentes, el CI de la población mundial descenderá.
Para Kanazawa: “Dado que las mujeres tienen un mayor impacto en la inteligencia media de las generaciones futuras, es previsible que se produzca una disminución de la inteligencia media de la población en los países industriales avanzados”.  La pregunta importante me parece que es: ¿Por qué algunas personas deciden no tener hijos?
El “invierno demográfico” (Demographic Winter)
La natalidad cae en picado en Occidente, y es una preocupación de primer orden. Si el sociólogo francés Auguste Comte tenía razón cuando dijo “La demografía es el destino”, echémonos a temblar para lo que se nos viene encima. Los expertos que estudian las razones de este Efecto Hamelín, en el que los niños desaparecen de las ciudades, apuntan que todos los aspectos de la modernidad van a favor de la vida sin hijos.
Un hijo es caro, muy caro, y (afortunadamente) ya no es una inversión para la vejez. Tenerlos ya no es una férrea ley social: ya solo las abuelas mantienen la cantinela del “se te pasa el arroz”. Además, las mujeres de hoy no vinculan su felicidad exclusivamente al hecho de ser madres.  En estudios recientes en los que se mide la felicidad, los hijos apenas alimentan la satisfacción, e incluso en algunas encuestas se valora como negativo. Conciliar vida laboral con vida profesional es un nudo que ahoga y, sobre todo en España, el hecho de tener hijos está aún muy asociado al abandono de la formación y el desarrollo personal. Así que todo apunta a que tendremos que abrigarnos para paliar el granizo del invierno demográfico que vaticinan los expertos.
Queda otra “broma” de Satoshi Kanazawa, lo que él llama La paradoja de la inteligencia.  Los humanos hemos desarrollado herramientas que nos permiten ir más allá de los “mandatos biológicos”. Los anticonceptivos permiten que reproducirnos sea una elección, que nada tiene que ver con perpetuar la especie o darle sentido a nuestra vida, ni siquiera con el disfrute del sexo. La naturaleza No siempre es sabia.
Y con todo esto, qué opinas tú: ¿Qué te parece una vida sin hijos?
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¿Qué te parece una vida sin hijos?

nokids
“No es el deseo de mi vida ser madre”, dice Johanna. “Tener hijos no es la única manera de dejar tu huella en el mundo”.
Mujeres sin hijos. Mujeres que no quieren tener hijos porque no les da la gana. Ni razones económicas, ni desarrollo personal, ni aplazamientos biológicos… “No soy madre porque no quiero”, continúa Johanna en su comentario dejado en mi último post en el que pedí respuestas a esta pregunta: ¿Qué te parece una vida sin hijos?
En EE.UU hablan del movimiento No Kids (Sin Hijos) o Childfree (Libres de niños). Son mujeres y hombres que pueden, o no, tener pareja y que aumentan la cifra de las estadísticas en un apartado que hace unos años era mínimo, el de los que eligen no reproducirse.  Esta tendencia ha sido llamativa en los comentarios que he recibido.
El informe “El déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español”,  elaborado por la Fundación “la Caixa” en 2013, llamaba la atención sobre el porcentaje de mujeres españolas que deciden no tener hijos. En comparación con las europeas, este porcentaje es reducido. Pero ha ido en aumento con los años. En la generación de las mujeres que rondan los cincuenta años el porcentaje de sin hijos roza el 13%, cuatro puntos más que el porcentaje de las mujeres que ahora pasan los setenta. Las británicas que deciden no ser madres rondan el 20%.
“Se puede ser feliz sin ser madre”, continúa Johanna y añade: “Me parece mas importante mi pareja, conocer, vivir, disfrutar, amar y compartir con él”.
Pero Johanna apunta que a día de hoy esa decisión no es fácil. “Nadie comprende que pueda tener expectativas de la vida tan diferentes, y se me juzga, como si fuera una mala persona. Pero me alejo mucho de ser así, simplemente no es el deseo de mi vida ser madre. Siempre se ha dicho que la mujer nació para dar vida, y que convertirse en madre es una realización. ¿Eso significa que una mujer que toma la decisión de no ser madre es una fracasada?
Han sido muchos los comentarios recibios a mi pregunta similares a los de Johanna.
German Nananiana escribe en Faceebook: “Mejor sin hijos. Prefiero vivir la vida para mí mismo, que para otro. Los hijos requieren una dedicación tan grande.. y durante tantos años…  Quizá es un pensamiento algo egoísta, pero es sincero”.
Y también en Facebook Angela Jover, que sí es madre, comenta: “Me parece genial que cada vez más mujeres decidan libremente no tener hijos. Yo decidí libremente tenerlos y no me voy a meter con nadie por ese rollito que se traen algunos con el amor infinito y grande y esas cosas… adoro a mis hijos, pero es la misma clase de amor “incondicional” (como les gusta esa palabrita a algunos…) que siento por mis padres o hermanos por ejemplo. Les quiero y daría mi vida por ellos sin pensarlo. Nadie, repito NADIE debería ser padre/madre por obligación o por presiones sociales”.
Andrea Veronica Caselli: “Admiro a la gente que se anima a vivir sin hijos… esto de tener hijos es una de las maneras que tiene la sociedad y el sistema de mantener cierto esquema…fijémonos no más en cuánta gente que conocemos sigue en pareja sólo por sus hijos”.

Cuando tener hijos Sí importa.

Por supuesto, también he recibido numerosas opiniones a favor de la opción A, desde luego la más extendida, la de hijos “Sí”. La mayoría de las razones tienen que ver con el hijo como “complemento” vital, o como experiencia única en la vida. Y, sobre todo, con la idea de que es algo que ocurre porque quienes optamos por el Sí lo deseamos muchísimo.
Comenta en mi muro de Facebook Mayte Titu: “Yo tengo uno, y para mí hubiera sido diferente completamente. Seguro que mucho más libre en mis decisiones, pero no por ello más reconfortante. En mi caso, es lo mejor que he hecho”.
David Mary Helen P. añade: “Yo sólo sé que soy padre, y para mí es la experiencia más maravillosa y apasionante del mundo. No me cambio por nadie ahora mismo”.
Erik Mia: “Intentar explicar el amor maternal o paternal a alguien que no tiene hijos es como hacer entender a un niño lo que significa estar enamorado”.
Y este es el comentario de Valentina Preza Flores en Facebook: “La única respuesta verdadera se encontrará cuando el tiempo haya pasado y las arrugas nos llenen la cara, y miremos hacia atrás. Ahí es cuando nos daremos cuenta si fue buena idea o no…”.
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26 sept 2014

¿La precrastinación es peor que la procrastinación?

MUY PROBABLEMENTE TE SIENTAS IDENTIFICADO CON EL NUEVO TÉRMINO ACUÑADO POR PSICÓLOGOS INVESTIGADORES: LA PRE-CRASTINACIÓN


¿Normalmente te estacionas en el primer espacio libre que ves, aunque cuando regreses de la tienda tengas que cargar las bolsas por más tiempo? O ¿limpias tu casa, haces la comida, contestas correos y tachas actividades de tu lista de “cosas que hacer” antes de sentarte a trabajar? Si sí, entonces eres un pre-crastinador y saberlo puede ser importante en tu vida.
El término fue acuñado por psicólogos investigadores hace apenas algunos meses y publicado en Psychological Science. Describe a las personas que hacen las cosas lo antes posible (antes de lo requerido), incluso si ello significa más esfuerzo físico y más tiempo y energía perdidos. Los precrastinadores no difieren las tareas hasta el último minuto (como los procrastinadores), sino todo lo contrario. Y puede ser peor porque al estar resolviendo cosas uno no se siente culpable.
En el experimento que inspiró el término, los investigadores dieron a los participantes la elección de cargar una o dos pesadas cubetas llenas de monedas al final de un callejón. Una cubeta estaba colocada más cerca de la meta final, pero la mayoría de las personas eligieron la otra cubeta –la más cercana a ellos— incluso si tenían que cargarla más lejos, lo cual significaba más esfuerzo. La razón, de acuerdo con los autores del estudio, fue que la tarea que les pidieron les pesaba mentalmente: querían terminar con ella lo antes posible.
“Al levantar la cubeta cercana, podían tachar esa tarea de su “lista mental de cosas que hacer” más rápido que si levantaban la cubeta lejana”, apuntó el líder investigador David Rosenbaum. El fenómeno de las cubetas no es difícil de reconocer en la vida cotidiana. La seductora urgencia de “tachar cosas que hacer” antes de comenzar el verdadero trabajo nos coquetea a todos.
El peligro de la precrastinación, como se dijo arriba, es que, a diferencia de la procrastinación, la primera no se siente malportada. Cuando dejamos las cosas al último momento hay una incomodidad inmanente que no nos deja en paz hasta que hacemos lo que tenemos que hacer. Y además, en la procrastinación a menudo ocurren momentos de inspiración o encuentros poéticos inusitados. Al precrastinar, por el contrario, creemos que estamos arreglando todo para poder finalmente trabajar en paz, y ese momento se difiere muchas veces sin que nos demos cuenta.
Suena lógico que las tareas que tenemos en la agenda mental (sea limpiar la casa, contestar correos, estacionarnos lo antes posible, pintar la casa) nos pesen, casi físicamente, y nos quiten tranquilidad para trabajar –por ello queremos hacerlas y “tirar a la basura” el recordatorio constante–. Pero es una manera de confundir lo “urgente” con lo importante, incluso si esa urgencia es meramente ilusoria. La mejor manera de lidiar con la precrastinación es asignarle un horario definido y no empalmarla con el trabajo “real”. Limpiar la casa en un horario libre, contestar correos por la noche o pintar un cuarto el fin de semana, por poner algunos ejemplos.

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24 sept 2014

“Círculo de ritual abstracto”: la danza sagrada entre la creación y la destrucción


Circle of an Abstract Ritual es una poderosa máquina videopoética que nos muestra la realidad moderna como un eje ritual que se mueve en torno a un orden secreto, entre el fuego de la destrucción y la luz de la creación. Vemos desplegarse una geometría arcana y una arqueoastronomía secular,  girando sobre un omnipresente axis mundi, el árbol de la vida sobre el cual revuelven las estrellas y del cual colgamos también nosotros en la oscuridad. Un ritmo hipnótico nos habla de un proceso cósmico, espejo de todo lo que sucede, así en la tierra como en el cielo. Ritos, disturbios, pintura sacramental, la geografía de la luz en tránsito y una mirada que completa el círculo.
Jeff Frost es el autor de este time-lapse en stop motion que nos muestra que el videoarte está vivo y sano en las postrimerías de la historia. Frost ha combinado cientos de miles de imágenes tomadas en los últimos dos años de incendios, disturbios y casas abandonadas para superponer sus pinturas digitales y hacer a su vez un rito gráfico sobre la idea del rito en nuestra sociedad, que ocurre comúnmente como una fuerza inconsciente. “La película empezó como una exploración de la idea de que la creación y la destrucción tal vez sean la misma cosa”, dice Frost, y “una forma sutil de asomarse al borde de lo insondable”.
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22 sept 2014

El efecto Google: ¿para qué memorizar datos si tengo acceso instantáneo a ellos?


Cerebro virtual 400x300 El efecto Google: ¿para qué memorizar datos si tengo acceso instantáneo a ellos?Cada día, a cada minuto, seleccionamos inconscientemente mucho de los datos que guardaremos en nuestra memoria a largo plazo. Nuestro interés personal por ellos, su importancia subjetiva o su capacidad para causarnos determinados sentimientos como la sorpresa, el miedo o la alegría son algunos de los factores implicados en que un determinado recuerdo persista en algún recóndito lugar de nuestro cerebro.

Por esa razón, datos o hechos que consideramos superfluos, aburridos o irrelevantes suelen ir directos al olvido con mayor o menos rapidez. Y es también una de las explicaciones por las que tenemos mayor facilidad para aprender aquello que nos gusta o nos resulta interesante que aquello nos parezca un coñazo interminable.
Estos factores implicados en la selección inconsciente de datos para la memoria a largo plazo han ido ligados al ser humano probablemente desde sus comienzos. Sin embargo, con el desarrollo de sistemas de información inmensos y de accesibilidad casi instantánea, se le da otra vuelta de tuerca a la selección inconsciente de datos para que permanezcan en nuestra memoria. ¿Para qué memorizar un determinado hecho o dato cuándo podemos acceder a él en cuestión de segundos? Es una pregunta tan obvia que ni siquiera nos hace falta plantearla. Inconscientemente, ya sabemos que si una determinada información está guardada en algún sitio al que podamos acceder, es mucho más probable que olvidemos esa información o la recordemos con menor detalle mientras, eso sí, ponemos especial interés en recordar dónde o de qué manera hemos llegado a esa información.

A este curioso fenómeno potenciado por las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) se le dio el nombre de “efecto Google“ en el año 2011. Es la tendencia que existe a olvidar información que sabemos que puede buscarse fácilmente en Internet a través de buscadores como Google. Este efecto fue evidenciado y estudiado con detalle mediante cuatro experimentos diferentes en ese mismo año y sus resultados fueron publicados en la revista Science por los investigadores Betsy Sparrow, Jenny Liu y Daniel M. Wegner: Los efectos de Google en la memoria: las consecuencias cognitivas de tener la información en la punta de los dedos. Francis explica muy bien en su blog los pormenores de los estudios en: El “efecto Google” y la internet como el disco duro de nuestro cerebro.

En realidad, el efecto Google en sí mismo se dio por primera vez en la historia de la humanidad, con mucha menor intensidad, cuando el hombre comenzó a grabar información de forma accesible ya fuera en papiros, libros… Aunque fue la alfabetización masiva de la población, mucho más tarde, la que permitió que estos sistemas de almacenamiento de información llegaran a casi todo el mundo. En la antigua Grecia ya hubo algún ilustre filósofo que percibió los efectos que podría tener sobre la memoria a largo plazo el texto escrito. Así, por ejemplo, Platón citaba a Sócrates en el texto Fedro afirmando con preocupación que la memoria se volvía dependiente del texto escrito, cuando estaba tan disponible.

En la actualidad, Internet se parece cada día más a una memoria RAM a la que accedemos para recuperar cierta información de forma temporal. Sin duda, esto hace que nuestra memoria sea más dependiente de múltiples tecnologías pero, al mismo tiempo, la refuerzan de una forma nunca antes vista. Jamás en la historia de la humanidad, el ser humano ha estado expuesto a tanta información y con tanta inmediatez. Además, la tendencia es que esto vaya todavía a más, en un mundo cada vez más conectado. Si tenemos en cuenta que la memoria de los ordenadores es precisa e invariable con el tiempo, mientras que la nuestra es turbia y tiende a distorsionarse con el tiempo, hemos encontrado el complemento ideal a nuestro analógico e impreciso cerebro.


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20 sept 2014

¿Qué hay después de la muerte?

  Click en la Imagen para ver Video  

Gran pregunta esa, me llama la atención el esfuerzo que ha realizado la humanidad para responderla y el poco que ha dedicado a la diametralmente opuesta, ¿qué hay antes de la vida? Da que pensar que toda esa creatividad pueda ser solo resultado del miedo a morir. En cualquier caso, la ciencia tiene la respuesta, aunque no sea la que muchos esperen.

Han subtitulado un vídeo de ScientificAmerican para Naukas, y puedes encontrarlo en este enlace o pinchando sobre la imagen.


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