12 ago 2014

Tu mente en un ‘chip’


Todo el mundo se equivoca, pero la cantidad y magnitud de los desaciertos que los filósofos han enunciado sobre la mente merecen una capitular en la historia universal de la confusión. Algunos han sostenido que la mente es una propiedad universal de la materia, lo que parece contradecir el comportamiento de las piedras, verdaderamente incalificable según estos estándares. Otros discuten que el pensamiento exista, y aducen que, si no existe, no hay mente que valga. Cierto sin duda, pero ¿no les vale la teoría de la relatividad de Einstein como evidencia de que el pensamiento existe?

Otros discrepan sobre si la mente se deriva de la percepción sensorial o si es independiente del mundo externo, sin reparar en que no hay contradicción entre esas dos teorías, en que ambas son ciertas al mismo tiempo. Por otro lado, si el conocimiento se deriva de los sentidos, en todo o en parte, llegaríamos a la conclusión de que los animales tendrían algún tipo de conocimiento, idea cuya mera enunciación suele irritar a los pensadores hasta el sonrojo y la erección del cabello. El hecho de que los humanos compartamos casi todas las estructuras cerebrales con las ratas, y las más fundamentales incluso con las moscas, parece dejar helado al grueso de la intelectualidad, por alguna razón que nadie ha sido capaz de explicar hasta ahora de forma convincente, ni de ninguna otra forma.
Créanme, amigos filósofos, yo comprendo su renuencia —son ustedes herederos del dualismo de Descartes—, pero les conmino a deponerla en nombre de la razón práctica. Y si no les vale ese argumento, tengo otros. Consideren, por ejemplo, el Big Bang, lo más parecido a un acto de Creación que ha emergido de la física, ¡y encima formulado por un cura!
El Big Bang implica que todo lo que existe viene de una sopa de quarksy fotones, y que por tanto nuestra mente debe provenir de objetos más simples, como mentes de mono y de rata, circuitos, neuronas, sinapsis, genes y moléculas demasiado simples como para tener un propósito. La mente es un producto de la evolución biológica, una cosa que actúa sobre los genes y las células. No hay espacio para la mística. La mente es un objeto físico, un trozo del cuerpo, que se construye según los mismos principios que el resto del cuerpo, activando o reprimiendo genes en respuesta a lo que hacen las células vecinas y otros factores del entorno
El prodigioso equipo científico de IBM, con sede en Almaden (San José, California) y Austin, Texas, acaba de diseñar y producir un chip (el núcleo lógico de cualquier ordenador, tableta o teléfono actual) inspirado en la arquitectura del cerebro. El chip mental ha demostrado ya su pericia en tareas sofisticadas en las que hasta ahora los humanos superábamos a las máquinas, como el reconocimiento visual complejo. Y lo hace como el cerebro, con eficacia, simplicidad y consumiendo una mínima energía.
Si el cerebro es un objeto físico, algún chip podrá emularlo tarde o temprano. Permanezcamos atentos.

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El cerebro juzga las caras incluso ¡antes de verlas!



De la importancia de las caras para nuestro cerebro ya hemos hablado muchas veces en Neurolab. Somos buenos reconocedores de rostros y no solo podemos distinguir una cara en medio de otros patrones visuales, sino que distinguimos la carga emocional de un gesto con poquísimas pistas. Pero lo que acaba de confirmar un equipo de investigadores de la Universidad de Nueva York es todavía más impresionante: nuestro cerebro es capaz de juzgar el nivel de confianza que merece una cara antes incluso de que esa información pase a nivel consciente.


(Neurolab)

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8 ago 2014

Querer no es poder

La imagen es recurrente en la autoayuda, la magia y la política: el deseo intenso, sincero, profundo por lograr algo es lo único que se necesita para que se haga realidad.
En Peter Pan, "podemos volar" se convierte en la clave mágica que, repetida con todo el corazón, hace que los niños del cuento puedan volar.

El secreto y otros libros basan todo su discurso en que el deseo humano, por sí mismo, sin necesidad de convertirse en acción, sin esfuerzo, trabajo y el riesgo de fracasar, puede lograr que el lector consiga cuanto anhela su corazón.

"Los obstáculos", repiten los gurús (y no sólo los gurús), sólo están en nuestra cabeza, en nuestro espíritu, en nuestra actitud incorrecta ante el mundo. (Se sigue, por cierto, que todo cuanto nos pasa es culpa nuestra, no hay un contexto externo digno de ser tenido en cuenta.)

El esclavo, en esta concepción del mundo, lo es porque no quiere ser libre. O no lo quiere con la suficiente intensidad o sinceridad o profundidad. Lo cual es una comodidad increíble para el esclavista.

Algunos grupos esotéricos, religiosos o de "control mental" llegan a prometer a sus clientes que si paga  el número suficiente de sesiones de indoctrinación, obviedades y zarandajas, podrá hacer aparecer una plaza para dejar el auto a la hora pico en el centro de una bulliciosa ciudad porque habrá aprendido a creerlo como debe hacerlo.

Recientemente, un  partido de nuevo cuño ha reivindicado el deseo (que en la neolengua de los políticos se llama "voluntad política") como mecanismo de cambiar el mundo. Entre otros varios ejemplos, uno de sus líderes explicaba que la edad de jubilación se fijaba sólo en términos de "voluntad política" y que los anteriores gobiernos no han ofrecido la jubilación a los 60 años (tremendo caramelo, sobre todo para quienes tienen trabajos poco gratificantes, agotadores y peligrosos) porque no han querido, mientas que la formación que él capitanea sí estaba decidida a decretar la jubilación a los 60. Cuando se le preguntó cómo se manejaría el tema económicamente, cuánto costaría y quién lo pagaría, su respuesta fue que eso no importaba porque "los técnicos" sabrían cómo hacerlo si ellos en el gobierno lo legislaban así. Lo cual es un poco como legislar que las abejas no pueden volar sobre una ciudad, como se ha hecho en  la ciudad de Kirkland, Illinois, al parecer con escaso éxito.

¿Por qué no se curan el ébola, la malaria, el cáncer, el sida, la diabetes, el hambre, la pobreza y la injusticia, entre otros males? No es que haya limitaciones físicas, realidades tozudas, escasez de recursos, imposibilidades materiales... es que los gobiernos, los ricos, los poderosos "no quieren".

(Por supuesto que hay cosas que no se hacen porque no conviene o no se quiere, pero ésas son identificables y demandables, en su contexto y con los datos pertinentes. No se trata de exculpar a nadie que tenga responsabilidades, pero sí de no distribuir culpas colectivas por pereza de entender que el mundo es complejo.)

Por ejemplo, en cuanto se aplicó u suero experimental a dos estadounidenses infectados de ébola como medida desesperada (y criticable y criticada por los riesgos), los conspiranoicos saltaron diciendo que la gente estaba muriendo en África porque los malvados de siempre "no querían" salvarlos.

La realidad, por supuesto, no es así, y es exquisitamente compleja, como lo saben quienes saben o quieren informarse, como nos lo cuenta Andrés Rodríguez-Seijo brillantemente en su blog Ciencias y cosas.


La magia (y la religión como una de las formas más sofisticadas de la magia) tiene precisamente como una de sus características que pretende que la voluntad humana (como la voluntad superior o "iluminada" del chamán) baste para efectuar cambios trascendentes y relevantes en el universo. El pensamiento mágico, en su estremecedora simpleza, pretende que las relaciones causales que conocemos y cuya operación podemos confirmar cotidianamente, son ilusorias y caprichosas. De ahí su rechazo a la ciencia y al pensamiento materialista y naturalista. Para mantener la ilusión y el negocio, en proporciones variables, debe creer que querer es poder.

La tozuda realidad nos dice que no es así, por supuesto. Para volar hay que querer volar (aunque todos conocemos a personas que no quieren volar y abordan los aviones pálidos, desencajados y con la boca seca como estopa... Y vuelan). Pero además de querer hay que observar como Leonardo: experimentar, romperse algún hueso, desarrollar el motor a explosión y ser expertos en bicicletas. Al menos así lo hicieron los hermanos Wright.

Cuando creemos en las soluciones fáciles que nos ofrecen los que aseguran que querer es poder estamos renunciando parcialmente a nuestra madurez, a nuestra razón, a nuestro conocimiento del mundo, como los niños de Peter Pan que creen que para volar basta querer hacerlo. Aunque nuestra racionalidad nos diga que si saltamos por esa ventana, nuestro futuro está abajo, no surcando el viento.

Ya serán los gurús, los chamanes, los de la autoayuda, los demagogos y los manipuladores los que, mientras caemos, con nuestro dinero se compren un billete de avión para volar con certeza.



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5 ago 2014

Los logos de los grandes científicos

Si los tuvieran, claro.


Lo vi en Science Visualized. Su origen, según dicen allí.



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¿Fe o Razón?

Los dogmas religiosos casi me han obligado (obligado mismo) a que crea a ciegas que muchos acontecimientos relatados en la Biblia son ciertos sin que intervenga para nada el uso de la razón para su discernimiento. Son dogmas de fe, me dicen, por lo tanto, debo creerlos y aceptarlos aunque mi razón y el conocimiento me indiquen otra cosa. Sin entrar en profundidades filosóficas o teológicas, quisiera realizar algunas reflexiones sobre algunos dogmas que requieren de cierto conocimiento para que los mismos tengan el carácter de tales, es decir de dogmas religiosos.

Veamos:
La religión me obliga a creer que Dios creó los cielos y la tierra. Y no solo en el estado natural de hace miles o millones de años, cuando los seres vivientes aparecieron en la Tierra, sino tal como se la ve hoy en día; en otras palabras, me dicen que Dios ha creado a la Tierra tal como se presenta ahora, con sus mares, sus ríos, sus montañas, su vegetación, sus flores, su fauna, etc.
Pero el conocimiento nacido de la investigación nos da cuenta de que el mundo que conocemos es muy diferente del de hace millones de años. La geología de las montañas ha variado por diversos factores, ya sea climatológicos, ambientales, sismológicos, etc. y hasta por el paso del tiempo. El suelo que pisamos no es el mismo. El aire que respiramos tampoco. El agua que bebemos ya no es igual. Todo se ha modificado por diferentes factores y el ser humano mucho ha tenido que ver en ese cambio.
Algunos pueden decirme que la constitución interna y hasta el color de una flor no han cambiado y que la vegetación tiene el mismo ciclo natural… Puede ser, pero la que la tenemos ¿fue la de hace millones de años? Hasta el propio ser humano ha sufrido mutaciones en su evoluciòn, fisiología, anatomía y en su físico. Y ni pensar en su aspecto mental.
Los continentes no son iguales: la erosión, los cambios climáticos, las inundaciones, y la contaminación del medio han variado sus formas y su constitución geológica.
El simple hecho de leer: “Dios creo los cielos y la tierra” conlleva una carga muy grande de razón y conocimiento y de investigaciòn. Desde la creación de la escritura y los signos hasta el aprendizaje de la lectura de quién lo lee, y no se diga de quien piense qué son los cielos y la tierra. El concepto de cielo y de tierra ha variado desde que fue escrito el primer versículo de la Biblia. Hace no pocos siglos se consideraba a los cielos, desde el aspecto físico, como una bóveda azul celeste que rodeaba la tierra y que las estrellas estaban suspendidas en dicho manto. La Tierra fue concebida como un espacio de suelo plano extendiendo sus fronteras solamente al Este y Oeste, fuera de este espacio solo los más valientes se atrevieron a explorar y no es sino hasta el año 1492 que el mundo Europeo “descubre” un nuevo continente: América. Entonces ¿qué es lo que pensaban los que escribieron esta sentencia? ¿Qué fue lo que pensaron que su Dios creó?  
Hoy sabemos la magnitud del Universo, pero aún no sabemos cómo se gobierna todo el Sistema. Cuando el hombre alcance el conocimiento total del Cosmos, a lo mejor, en ese entonces, empiece a comprender a si Dios o un solo creador de todo existe. Y empiece a comprender su rol en el Universo. O entender…
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La Mentira

Mentir en red
La mentira y el engaño se encuentran en la vida cotidiana de cualquiera de nosotros, ya sea porque practiquemos la mentira, ya sea porque la suframos. Pero, ¿quién miente?

No todo el mundo miente, pero puede mentir cualquiera.  Desde la mentirijilla a la mentira piadosa, las situaciones en las que se miente son muy variadas, normalmente para lograr un beneficio, poder, trabajo o un nivel social más alto.
Las redes sociales, se han convertido en un escenario en el que la mentira tiene gran protagonismo. Tanto es así, que las empresas indagan en ellas para saber si alguien al que van a contratar miente en su currículum tanto en temas laborales como personales, o para detectar perfiles falsos que el candidato al empleo les haya facilitado.
Hay personas que utilizan las redes sociales para crearse unos perfiles casi idílicos, llenos de datos muy positivos, con el ánimo de caer más simpáticas, contar con más amigos y seguidores o ligar más. Pero también ocurre que las redes sociales se convierten en descubridoras de mentirosos. Por eso las empresas rastrean en ellas para saber más de la vida privada de la persona a contratar.
En las redes sociales se publica cualquier cosa y, por ejemplo, alguien que en una entrevista de trabajo ha dicho que no prueba el alcohol, tiene colgadas en su red social fotos estando de copas con sus amigos. Esta mentira descubierta en la red puede llevar a una empresa a no contratar al aspirante. “Si miente en esto, ¿en qué más puede mentir?”, pueden pensar en la empresa.
Otra mentira relacionada con el terreno laboral son los idiomas. Son muchos los que en su currículum vitae presumen de un nivel bueno en un determinado idioma, pero suelen ser descubiertos en las primeras fases de selección. Pero no es el único dato en el que se miente a la hora de buscar trabajo.
Un buen número de españoles reconoce que “maquilla” sus currículos profesionales. Además de no ser sinceros en las entrevistas de trabajo, en las que suelen “engordar” los salarios de sus empleos anteriores y ocultando datos negativo de su experiencia laboral. Aumentar las responsabilidades de trabajos anteriores, exagerar experiencias, mencionar un nivel de idiomas que no se tiene o dar un domicilio falso son algunas de las mentiras más frecuentes a la hora de buscar un trabajo. Aunque la empresa valora mucho que el candidato tenga experiencia, la honestidad también se suele tener en cuenta.
Entre las mentiras más utilizadas en las redes sociales están la utilización de una foto antigua para el perfil, con el objetivo de parecer más joven, no usar fotos en las que no se sale favorecido, o retocar aquellas que se consideran interesantes para mostrar en el perfil.
Tratar de aparentar ser más cultos o lleva a muchas personas a comentar artículos de periódicos o revistas que ni siquiera han leído. Algo parecido ocurre con los gustos o aficiones, que se cambian para que coincidan con las del grupo al que se quiere pertenecer o para ser más popular.
Cada vez son más habituales los denominados “vídeos virales” que aparecen en Internet. De pronto, un personaje, famosos o no, protagoniza un vídeo en una situación extraña, cómica, comprometida, provocadora… Las imágenes se mueven por las redes sociales, llegan a los medios de comunicación, que convierten el vídeo en noticia. Pero luego se descubre que todo corresponde a un anuncio de una determinada marca, del nuevo disco del cantante o grupo de turno, de una película o a una campaña publicitaria.
Habría que preguntarse si estos “virales” son mentira o no, si engañan al público que ve una determinada escena que luego no resulta ser lo que, en principio, parecía. Especialmente cuando se convierten en noticias en los medios, que caen en la trampa y dedican varios de sus codiciados minutos de los informativos a una cosa que no es cierta.
La mentira es un elemento más de la sociedad. Parejas que se mienten, alumnos que mienten a sus profesores, hijos que mienten a sus padres, empleados a sus jefes (y a la inversa)… No es que vivamos en la mentira, pero quizá esté excesivamente presente en nuestras vidas. No todo es mentira. Si así fuera, la convivencia sería imposible, o es que, ¿algunas sociedades o grupos viven en una especie de inframundo inconsciente basado en sus mentiras?. Vivir en la verdad nos llevará a una sociedad mucho mejor.
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3 ago 2014

Lo que vio el perro [Libro]

Este libro, más que tratarse de divulgación de ciencia, se trata de divulgación de cosas de la vida y observaciones desde un punto de vista muy personal. En sus páginas nos va explicando diferentes historias en las que las moralejas van saliendo poco a poco. Las primeras historias no me acababan de convencer, incluso llegué por momentos a encontrarlas un tanto irrelevantes, pero a partir de la cuarta o quinta historieta sí que empecé a entender dónde quería llegar. Los temas de los que habla son de los más variados, desde los anticonceptivos, pasando por la caída de Enron hasta la seguridad en el tráfico. Les hago un resumen de los temas e ideas que más me han llamado la atención.

Nos atraen las personas que se arriesgan. Asociamos la voluntad de arriesgarnos a sufrir un gran fracaso con la valentía. Pero estamos equivocados. Hay más heroísmo en desafiar al impulso humano en emprender los dolorosos pero útiles pasos para blindarse contra lo inimaginable.

En 1951 el Papa Pio XII aprobó el método Ogino-Knaus para los católicos por considerarlo un método “natural” de regular la procreación: no mataba el esperma como los espermicidas, no frustraba el proceso normal de procreación como el diafragma, ni mutilaba los órganos, como la esterilización; y por ello la aceptó.

Jeffrey Skilling, hallado culpable en 2006 de múltiples delitos de fraude, relacionados con el colapso financiero de Enron, dijo tener remordimientos por lo que había sucedido, ya que buenos amigos suyos, según él, habían muerto; pero se declaró inocente de todos los cargos que se le imputaban.

El experto en seguridad Georgy Treverton ha hecho una división entre dos conceptos: enigmas y misterios. Un enigma es algo cuya respuesta no sabemos ni podemos saber con la información que tenemos; por ejemplo, el paradero de Bin Laden: no se tiene la información. Un misterio sería qué es lo que iba a pasar en Irak después de derrocar a Sadam Hussein era un misterio. Había muchas fuentes de información que podían analizarse. Era un problema complejo, pero se tenía la información.

Si las cosas se ponen feas en un enigma, el culpable es quien retiene la información; pero en los misterios no es tan sencillo, pues uno tiene diferentes focos de información y puede llegar a conclusiones equivocadas.
Hay quien califica el caso de Enron como un enigma. Hubo, incluso, quien lo comparó con el caso Watergate, que fue realmente un enigma hasta que los periodistas Woodward y Bernstein tiraron del hilo. Pero realmente, Enron fue un misterio. El problema básico era que nadie entendía lo que hacían. Pero quien sí lo entendió pudo darse cuenta. En 1998 un grupo de seis estudiantes de Empresariales de la Universidad de Cornell decidió hacer su trabajo sobre la clave de Enron. Repasaron la contabilidad analizando sus negocios uno tras otros. Las conclusiones de aquellos estudiantes fueron que Enron perseguía una estrategia mucho más arriesgada que sus competidores y esto fue antes de que Enron llegara a su máximo. El informe se publicó en la web de la facultad de Empresariales de Cornell y la recomendación de los estudiantes que aparecía en la primera página era una muy clara: “Vendan”.

Joann Elmore, epidemióloga del Centro Médico de la Universidad de Washington Harborview pidió una vez a diez radiólogos experimentados que examinaran 150 mamografías, 27 de las cuales habían desarrollado cáncer de mama, mientras que las restantes 123 estaban sanas. Los resultados fueron un tanto sorprendentes en la disparidad de diagnósticos. Por ejemplo, mientras que un primer radiólogo detectó un 85% de los cánceres otro detectó un 37%. Una cierta mamografía fue un tanto desconcertante, pues tres de los radiólogos consideraron que era normal, dos consideraron que era anormal pero probablemente benigna, cuatro no fueron capaces de decidirse y el último estaba convencido de que era cáncer. La paciente estaba perfectamente normal. Así que todavía nos queda mucho que aprender en este sentido.

Gilbert Welch advirtió que dadas las tasas actuales de mortalidad por cáncer de mama, 9 de cada 1000 mujeres de 60 años morirán por esta causa en los 10 próximos años. Si cada una de estas mujeres se hiciera una mamografía cada año el número se reduciría a 6, lo que significaría que el radiólogo que atendiera a esas 1000 mujeres tendría que examinar unas 10.000 radiografías a lo largo de todo un decenio para salvar 3 vidas. Es un dato que da para pensar.

Otra de las cosas de las que trata es la del concepto de plagio. Por ejemplo, vemos un artículo escrito y lo copiamos íntegramente sin citar las fuentes. Esto podría considerarse un plagio. Ahora bien, sustituimos unas cuantas expresiones, cambiamos algunas frases. ¿Lo sigue siendo? Ahora hacemos un “refrito” de dicho artículo. Si alguien escribe una novela con la misma historia o similar a “El silencio de los corderos”, pero totalmente diferente en cuanto al contenido, ¿pensaremos que es un plagio?

A toro pasado, las cosas parecen sencillas, pero muchas veces no lo son. Lo malo es no aprender de las experiencias o, sencillamente, no hacer nada. Por ejemplo, ¿pudo preverse el 11S? La CIA sabía que dos presuntos activistas de Al-Qaeda, Jalid Al-Mihdhar y Nawaf Al-Hazmi, habían entrado al país y el FBI detuvo al presunto terrorista Zacarias Moussaoui debido a su comportamiento sospechoso en la escuela de vuelo. El conjunto de circunstancias estaba servido y hoy parece evidente que era el objetivo pero realmente, ¿era obvio el ataque?

Hace una distinción entre pánico y ahogamiento en determinadas situaciones. Por ejemplo, un avión que tenía que aterrizar no se le encendió la luz del tren de aterrizaje que estaba perfectamente desplegado. La bombilla se había fundido, pero los pilotos no tenían modo de saber si realmente estaba desplegado o no. Se centraron tanto en ese problema que no se dieron cuenta de que el piloto automático se había desactivado. El avión se estrelló. Es un efecto que los psicólogos llaman “estrechamiento de la percepción”. Esto sería un caso de ahogamiento. Es un caso de pensar demasiado y se pierde el instinto. El pánico es todo lo contrario: uno tiende al instinto y se piensa demasiado poco. El pánico es lo que sucede en ejemplos como en los accidentes de submarinismo.

También explica cómo los seres humanos gestionamos el riesgo. Por ejemplo, cuando se descubrió que el Challenger había estallado por las junta tóricas se modificó el diseño y las juntas que llevaron después eran mucho mejores. Ahora bien, parece incuestionable de que las probabilidades de accidente eran mucho menores. ¿Es así realmente? Pues esta respuesta que parece tan obvia no lo fue para ciertos investigadores que dijeron que el hecho de poner una seguridad añadida hace que los procedimientos sobre el tema se relajen. Sin embargo, si no se pueden tomar medidas, entonces se pone mucha más atención en ello.

Un claro ejemplo es lo que sucedió cuando se implantó el ABS en una flota de taxis en Munich, mientras que a otro grupo de control no se les puso. Ambos grupos se sometieron a observación durante tres años. Cabría esperar que en los taxis con ABS la probabilidad de accidente disminuiría en terrenos resbaladizos. Pues bien, resultó que la tasa de accidentes no dismunuyó tanto como se esperaba porque los que llevaban ABS se transformaron en conductores que iban más rápidos ya que confiaban en que el ABS les resolvería la frenada en aquel momento. Por tanto, el ABS no sirvió intrínsecamente para reducir los accidentes.

Es lo que propone la llamada teoría de la homeostasis del riesgo. La idea básica fue presentada por el psicólogo canadiense Gerald Wilde en su libro Target risk, y consiste en que nuestro cerebro tiene tendencia a compensar riesgos inferiores en un área asumiendo riesgos mayores en otra.

Otro ejemplo: si guardamos los frascos con productos peligrosos fuera del alcance de los niños y ahora nos dicen que dichos frascos tienen una garantía enorme de que no los podrán abrir, ya nos preocupamos menos de ponerlos fuera del alcance.

El 3 de septiembre de 1967, Suecia pasó de conducir por el carril izquierdo al derecho. Todo apuntaba a que durante aquella época habría más accidentes. Pero no, la gente compensó la falta de familiaridad conduciendo con más cuidado y, de hecho, las víctimas de tráfico cayeron en un 17%. Posteriormente, cuando la gente se acostumbró a circuar por la derecha, los niveles de siniestralidad volvieron paulatinamente a ser los anteriores al cambio. El propio Gerald Wilde dijo medio en serio medio en broma, que los países verdaderamente interesados en evitar accidentes deberían plantearse hacer un cambio así de forma habitual.

O sea, que porque hayamos arreglado algo que iba mal, tendemos a creer, como decía Feynman, que “el riesgo no es tan alto porque la última vez nos libramos”.

Luego habla de tipos de genios, de los que destacan desde un principio, cuando son casi críos, y de los que consiguen su genialidad cuando son mayores porque la tarea o la forma de funcionar requiere una maduración. Este tema es, para un servidor, un tanto delicado, pues decir que alguien es un genio es algo que tiene que cogerse con pinzas. A veces, hemos despreciado personas y se les ha considerado genios años después de que se murieran. Con eso ya digo bastante, ¿no? Aun así, me gusta la forma en la que lo ha tratado el libro.

Por todo ello, finalizo recordando que no es un libro de divulgación de ciencia, sino más bien de aprendizajes y experiencias de la vida. Es bastante entretenido, no es de los que calificaría “absolutamente maravillosos” pero sí de muy entretenidos, divertidos e informativos. Para todos los públicos.
Portada del libro
Título: Lo que vio el perro
Autor: Malcolm Gladwell
Traductor: Pedro Cifuentes


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¿Tantas neuronas como estrellas en la galaxia?


Si sueles leer artículos sobre neurociencia o ves documentales, es más que probable que te hayas encontrado con esta comparación. Los que escribimos sobre temas científicos abusamos a veces de este tipo de recursos, como expresar el tamaño de algo en campos de fútbol o la potencia de una explosión en bombas de Hiroshima. Pero vayamos al fondo del asunto: ¿es verdad que tu cerebro tiene tantas neuronas como estrellas hay en la galaxia? ¿Es posible medir algo así?

(Neurolab)

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2 ago 2014

Dormir es el nuevo sexo

En un futuro no muy lejano, de la temperatura hasta el pijama, todo será regulado porsensores en busca del descanso perfecto


Dormir es el nuevo sexo. Todo el mundo lo quiere, pero para mucha gente es un lujo que sólo pueden alcanzar con la ayuda de la incipiente tecnología que empieza a intervenir en nuestros patrones de sueño. En un futuro no tan lejano, digamos 2030, desde la temperatura hasta el pijama, todo será regulado por sensores en busca del descanso perfecto: profundo, largo, reparador y sin pesadillas, y con sueños que se podrán escoger utilizando una base de datos.

Controlar los sueños

Si está dispuesto mientras duerme a someter a su cerebro a una corriente eléctrica de baja frecuencia (40 hercios serían suficientes), los científicos le auguran “sueños lúcidos y vívidos” en los que podrá intervenir. La técnica que se está experimentando en Alemania podría ser útil para los que sufren pesadillas o trastorno por estrés postraumático, porque podrían cambiar el escenario de su mal sueño por otro mucho más placentero.
Descanso perfecto
Colchones que se conectarán a Internet para cambiar su rigidez o termostatos que ajustan la temperatura según cada ciclo del sueño. Habitaciones con filtros de luz precisos y almohadas diseñadas para optimizar la experiencia. En 2030, según el futurólogo Ian Person – contratado en 2011 por la compañía hotelera Travelodge para estudiar el futuro del sueño–, será posible llegar a un hotel, meter todas sus variables (temperatura ideal, colchón, almohada e iluminación preferidos) y disfrutar de un descanso perfecto aunque esté con seis husos horarios de ‘jet lag’.

Modificados

Cuando se hizo el mapa del genoma humano se descubrieron varios genes del sueño que regulan los ritmos circadianos. Ahora se ha descubierto otro gen, el DEC2, que al ser manipulado podría reducir la cantidad de tiempo que necesitamos dormir. Los militares parecen ser las primeras cobayas de estos ensayos que podrían convertirles en “supersoldados biológicos” capaces de cumplir sus misiones sin sufrir las consecuencias de la falta de sueño, como la desorientación o la lentitud de reflejos.

Pijamas inteligentes

Se sabe que el sueño tiene funciones restauradoras relacionadas con la memoria y el envejecimiento. Monitoreando los patrones de sueño será posible optimizar esas funciones, o incluso diagnosticar enfermedades mientras uno duerme. Se conseguirá gracias a la tecnología ‘wearable’ incorporada en el pijama, capaz de medir el pulso cardiaco, la presión sanguínea o la conductividad de la piel, para cruzar todos esos datos y poner a su médico sobre la pista de su salud presente y futura.
La fantasía de hibernar como hacen otras especies para conservar energías y reponer fuerzas siempre ha rondado a los humanos. Ahora, después de varias décadas de investigación, la NASA se dispone a inducir una prolongada hibernación a los astronautas que algún día viajarán a Marte. Mientras llega ese momento, la técnica, que consiste en provocar una hipotermia terapéutica, podría aplicarse de manera inmediata en la suspensión temporal de algunos procesos fisiológicos para ayudar a las víctimas de atentados, accidentes u otros eventos traumáticos. Se trata de hibernar hasta que el cuerpo cure sus heridas físicas y luego despertar a una vida mejor. Sin trauma.

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Cómo la idea del pecado original detonó nuestra obsesión con la autosuperación

LA MODERNIDAD CARGA UN ESTIGMA TEOLÓGICO DEL CRISTIANISMO, Y SEGUIMOS BUSCANDO COMPLETAR NUESTRO SER, MEJORARNOS, REDIMIRNOS O SER SALVADOS --Y ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR BUEN DINERO PARA ESTO

guardian

La civilización occidental se asume despojada de los mitos del paganismo y el pensamiento mágico, pero en el fondo padece igualmente una estructura inconsciente que la dota de una serie de patrones conductuales. El gran mito fundacional que vivimos en Occidente, repitiendo con nuestras vidas una historia lejana, es el pecado original.
James Boyce, autor de Born Bad: Original Sin and the Making of the Western World, argumenta que la historia cristiana de la creación como un estigma (la caída del hombre por el pecado de probar la fruta prohibida) sigue rindiendo efecto en nuestra sociedad y es responsable de la búsqueda de autoayuda que raya en la perenne insatisfacción (en un mercado en donde se vende también lo inmaterial, abstracciones como la felicidad o el desarrollo espiritual).
La historia del pecado original es fruto de la interpretación católica del Imperio Romano, formulada en el siglo V. Aunque pensemos que el judaísmo o el islam comparten esta historia fundacional, las interpretaciones se desvían de manera importante. Por ejemplo, en el misticismo judío, enarbolado por la cábala, el mal es considerado también parte de la deidad y es explicado como parte del orden del universo en su drama cósmico –sin necesariamente designar la redención como algo sin lo cual nuestra vida no puede completarse. A partir de su lectura de la cábala luriana, Jung escribe: “Aquel que comprende la oscuridad en sí mismo, tiene cerca la luz” y “No se puede rechazar el mal, porque el mal es el portador de la luz”.  Según Boyce:
La búsqueda de la salvación de un ser inherentemente quebrantado ha definido a la modernidad tanto como definió al cristianismo. La necesidad de redención ha moldeado el lenguaje del mercado, la innovación tecnológica, la publicidad, la política y, de manera más obvia, el movimiento de autosuperación. Lo que es nuevo es el poco consenso en cómo hallar esa salvación.
Si somos un poco malpensados, podemos incluso ver en el pecado original –en la instauración del dogma– un movimiento histórico de control religioso que deriva en el control social, del cristianismo al consumismo, llenando la psique humana de un deseo inextinguible de saciar una culpa invisible. Y hoy en día esto es correr al mercado en el “viernes negro” o gastarnos nuestros ahorros para corregir nuestro cuerpo… incesantemente buscando paliar esa culpa de no ser lo suficientemente buenos para ser aceptados por Dios o nuestros padres o nuestros amigos o, simplemente, el modelo que hemos internalizado al ver en todas partes su imagen.
La mejor formulación de esta culpa metafísica, que ciertamente también es acarreada por el judaísmo en ciertos niveles, aunque procesada de otra forma, es quizás El Proceso de Kafka, donde un hombre despierta para descubrir que está siendo juzgado por un crimen ignoto que no le es revelado –pero el mundo en sí, todo lo que lo rodea, es un inmenso e inextricable proceso jurídico. Quizás nosotros, en cierta forma como K., sentimos este peso encima y por eso no podemos dejar de buscar transformarnos, como buscando la absolución del otro, por fin que se nos acepte en el paraíso –pero, en ese acto de querer ser otro, paradójicamente prescribimos al único paraíso posible, el paraíso del uno, de aquello que ya somos eternamente. En la dieta que busca arreglar aquello que no nos gusta, en el curso que nos hará mejores, en la tienda en donde nos volcamos a obtener los cosméticos que creemos nos darán el rostro del paradigma deseado, estamos en cierta forma comiendo de un árbol desechable que nos aleja del paraíso, pero lo hace como el mito de Tántalo, de manera perenne, angustiosamente, casi ofreciéndonos el fruto redentor. La sola idea de que hemos sido expulsados del paraíso es el primer guardián que nos impide regresar –si no al paraíso que es una abstracción o una idea metafísica elusiva, hermética y al menos un tanto incierta, a un estado de fluidez, gracia y contentamiento– , de la misma forma en que buscar la felicidad parece ser la forma más común de perderla.
Boyce nos exhorta a tomar conciencia de que, como otras culturas, nosotros también estamos moldeados por nuestro mito de creación: una alegoría de culpa que hemos internalizado y que nos sitúa en un cierto lugar del cosmos, en una psicogeografía preñada de un ansia de progresar y resolver. Nos hace sentirnos estresados ante el misterio, ante lo inconmensurable, ante lo que simplemente es y fluye circularmente, sin encontrar una definición. Seguimos esperando una revelación apocalíptica, crística, cósmica o extraterrestre –que nace de fuera de nosotros y nos muestra nuestro rostro desmancillado. 
Twitter del autor: @alepholo

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