6 jul 2015

¿Por qué los hombres somos superfluos?

mitomachos
Aunque lo políticamente correcto es pensar que el sexo femenino ha estado históricamente y sigue estando subordinada a esa entelequia que ha venido en llamarse “patriarcado” lo cierto es que ser hombre es muy poco deseable y lo será más cuando lector termine con la lectura de este post.
Utilizaré sobre todo argumentos de la psicología evolucionista e intentaré huir de los discursos políticos o de género salvo para señalar la sinrazón de los mismos. Lo cierto es que las creencias compartidas por gran parte de la población, los discursos de los mass media e incluso la neurociencia aplicada vienen siendo rehenes de la política como tan acertadamente ha escrito Pablo Malo en este post. Nuestra esperanza está pues en manos de las mujeres.
Sencillamente: algunas cosas no se investigan porque hacerlo seria ir en contra de ese ginecocentrismo rampante que se oculta a veces en el buenismo y otras veces en lo políticamente correcto. Hay cosas que no se pueden decir, ni pensar ni mucho menos investigar si uno no quiere ser exiliado del mundo de la ciencia y de sus incentivos que son siempre políticos.
No cabe ninguna duda de que nuestra especie evolucionó en una extrema competencia intrasexual de los hombres contra hombres y por las mujeres. Aunque posteriormente estas diferencias menguaron a raíz del éxito de la neotenia lo cierto es que aun nos quedan algunos rastros morfológicos de aquella rivalidad ancestral: el dimorfismo corporal. Los hombres somos por lo general más fuertes, veloces, grandes, y altos que las mujeres. Y aun a nivel psicológico perduran ciertos rasgos, somos más audaces, atrevidos, corremos más riesgos, somos más agresivos y nos orientamos mejor en el espacio que las mujeres. Y todas estas diferencias se enroscan en una hormona: la testosterona, una hormona “pensada” para competir y para luchar.
Pero la testosterona es a la vez un martirio para los machos y señala precisamente hacia el lado de nuestra vulnerabilidad. El lector interesado en saber más sobre esta cuestión, puede visitar este post que titula “La testosterona y los secretos”. La testosterona es una hormona que parece pensada para meternos en líos, mientras que el estradiol parece diseñado para evitarlos. Es bien sabido que las mujeres sienten aversión por los líos. La testosterona es la responsable de que los hombres las dejemos viudas, a ellas, claro.
Aquí hay otro articulo sobre las vicisitudes de la testosterona y las tropelías que protagoniza en el cerebro de los hombres..
Ser hombre es pues un problema que comienza a serlo ya en el parvulario, ese lugar hostil para los chicos (donde ya los niños agresivos comienzan a entrenar sus mordiscos) y más tarde en la escuela, mejor dicho en los patios de las escuelas, en ese espacio terrorífico que llaman “el recreo”, verdadero lugar de suplicio para los menos agresivos de nosotros. Alli es donde nos encontramos con los primeros “gallitos” de pelea con los que nos mediremos en nuestra vida y alli sufrimos nuestras primeras humillaciones masculinas, alli aprendemos también a defendernos y a administrar nuestras derrotas con distintas estrategias, algunos fracasan y entonces hablamos de fracaso escolar. La escuela no es un buen lugar para los chicos poco agresivos. Los campos de deporte posteriormente siguen esta misma linea: la masculinidad es rivalidad, autoafirmación e intrepidez.
De manera que el hombre es un individuo que ha de ganarse el derecho a reproducirse, algo que la mujer conseguirá sin hacer nada, pero no crean que les estoy hablando de una época cavernaria. Incluso hoy el éxito reproductivo de las mujeres ronda el 80% mientras que el de los hombres oscila entre el 50-60% a pesar o quizá a consecuencia de los anovulatorios. Dicho de otra manera sus ancestros femeninos son mas numerosos que los masculinos, eso sostiene Roy Baumeister.
Naturalmente no son los hombres más fuertes los que tienen más oportunidades de reproducción. La fuerza ha sido sustituida en nuestro mundo opulento por otras cosas, símbolos que la representan, el poder, la fama, el dinero, las capacidades artisticas o la inteligencia pueden resultar tan atractivos para la mujer como la “fuerza bruta” o la valentía de un macho. Es por eso que existe la selección sexual solapada con la otra;, la reproducción del más fuerte fue con el tiempo sustituyéndose por la del más adaptado.
Pero aun así sigue habiendo una brecha en tanto en cuanto las posibilidades reproductivas: las mujeres se reproducen más que los hombres. O dicho de otra manera, si usted es hombre tiene la mitad de posibilidades de dejar descendencia que su hermana.
La masculinidad tiene algo de paradoja, por una parte es cierto que tener hijos varones multiplica sus posibilidades de tener muchos nietos pues un hombre puede dejar embarazadas a muchas mujeres. Las mujeres solo pueden quedar embarazadas de un hombre por vez, mientras que el macho puede mediante escapadas puntuales ir dejando su semilla por todo el orbe. Es por eso que la hipótesis Trivers-Willard predice que después de una guerra y en otras circunstancias el numero de nacimientos de varones es superior al de las niñas.
Dicho de otra forma, en una sociedad primitiva donde existiera una libertad de oportunidades sexuales, ser varón daría una ventaja reproductiva, pero como todo el mundo sabe esto no es más que un ejercicio teórico, pues las mujeres también eligen e imponen sus propios gustos, solamente en un mundo de depredación sexual seria posible un resultado así.
La paradoja se resuelve espontáneamente por selección natural, la mayor parte de los machos son (somos) superfluos reproductivamente hablando.:
  • Los hombres mueren en las guerras a las que les lleva esos excesos de testosterona. Tomemos los datos de la Primera Guerra Mundial como ejemplo: 6.046 hombres muertos cada día en los 4 años que duró la guerra. Se calcula que la guerra produjo 8 millones de muertos y 6 millones de discapacitados. Datos como estos hacen pensar que a lo largo de la historia se ha visto a los hombres como desechables más que otra cosa.
  • Los hombres se suicidan más que las mujeres. El suicidio siempre ha sido más elevado en los hombres pero está aumentando actualmente de forma alarmante en los hombres.Más de 6.000 personas se suicidaron en el Reino Unido en 2013: el 78% eran hombres. En toda Europa es 4 veces más probable que los hombres mueran por suicidio que las mujeres. La tasa de suicidio de hombres de 45-59 años ha aumentado un 40% en una década. En Japón el suicidio también ha aumentado y ahora mismo el suicidio es la primera causa de muerte en hombres jóvenes de 20-44 años. Probablemente no hayas oído hablar de esto en los telediarios ni en ningún lado. De nuevo, imagínate que la situación fuera al revés -asegura Pablo Malo..
  • Es cierto que las mujeres suelen ser víctimas de homicidios causados por hombres más que al revés, pero hay otra verdad que abarca y completa a la anterior: la mayor parte de las víctimas de homicidios causado por hombres son hombres.
  • Y por último un dato definitivo: las mujeres viven más que los hombres, en España la expectativa de vida media para una mujer es de 3 años más que los hombres. Hay más viudas que viudos,  y aun: para un hombre quedarse viudo predice una muerte precoz, como todo el mundo sabe el matrimonio es protector para el hombre y es neutral para la mujer aunque es vital para la mujer fértil. Todo parece indicar que las vulnerabilidades de hombres y mujeres no suceden al mismo tiempo.
De manera que evolutivamente hablando ser hombre es un proyecto caro biológicamente hablando pero culturalmente hablando aun lo es más: la virilidad no viene de serie y ser un hombre se ha convertido en un bien que carece de incentivos, debe ser por eso que los hombres han abdicado del matrimonio o lo que es lo mismo de una relación a largo plazo con compromisos sobre la prole. El sexo fácil por otra parte complementa esta decisión.
Es verdad que el matrimonio se ha hecho menos atractivo tanto para hombres como para mujeres, pero el porcentaje de hombres que considera el matrimonio una cosa importante en su vida ha bajado más que el de mujeres. El porcentaje de hombres casados no hace sino disminuir mientras que el de mujeres solas con o sin hijos (hogares monoparentales) no hace sino aumentar. Una de las razones que se esgrimen para entender este fenómeno es que el sistema legal privilegia a las mujeres, la relación riesgos/beneficios del matrimonio, para los hombres, ha cambiado y los incentivos para casarse son menores. Casarse, para muchos hombres, es arriesgarse a perder su casa, sus hijos y su independencia económica.
Los hombres somos superfluos porque uno solo de nosotros puede dar cuenta de un harén de hembras, el problema es que para disponer de ese harén hace falta ser “muy hombre” y eso no está al alcance de cualquiera.
Bibliografía.- 
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3 jul 2015

LOS ATEOS SON MÁS INTELIGENTES QUE LOS CREYENTES


                      
Diferentes estudios científicos convergen en que SÍ, sí hay una correlación negativa entre inteligencia y religiosidad, es decir que a mayor inteligencia menor es la religiosidad de las  

personas.


                      
               El estudio concluye que en PROMEDIO, los ateos son más inteligentes que los creyentes en PROMEDIO, esto no significa de ninguna manera que TODOS los ateos son más inteligentes que TODOS los creyentes, sino que la mayoría de los ateos son más inteligentes que la mayoría de los creyentes en dioses, esto implica que habrá algunos ateos que son menos inteligentes que algunos creyentes.

                     La inteligencia es una CAPACIDAD INTELECTUAL INNATA o CONNATURAL, es decir que nuestro nivel de inteligencia lo traemos desde nuestro nacimiento, si no es que desde antes (genético) y que en el transcurso del tiempo se desarrollará hasta alcanzar su máximo.
                     Por lo anterior si pretendemos saber qué capacidades intelectuales debe tener una persona que lo haga ser ateo y solamente ateo durante toda su vida adulta, entonces necesariamente deberá contar entre sus capacidades intelectuales al menos con una inteligencia lo suficientemente alta, que le permita deshacerse de los dioses. Es decir que para ser ateo es un requisito imprescindible el poseer  una FORTALEZA MENTAL entre sus capacidades intelectuales.

                     Otro estudio reciente sobre INTELIGENCIA-RELIGIOSIDAD dice: “Estadísticamente hablando los ateos son más inteligentes que los creyentes”.

Fue la categórica conclusión a la que llegó el controvertido investigador danés en psicología del desarrollo, don Helmuth Nyborg; después de analizar la información entregada por cerca de 7000 norteamericanos encuestados sobre diversos temas de índole religioso. 

“Uno no se vuelve tonto por creer en Dios, pero algo indica que la gente con menor inteligencia tiene más tendencia a buscar refugio en una religión como forma de protegerse de las grandes interrogantes de la vida”, concluye Nyborg.

                      La inteligencia es solo una de las características intelectuales fundamentales que una persona debe tener para ser ateo, pero es claro que tener una inteligencia alta no implica necesariamente que se va a ser ateo, para ser ateo se requieren otras capacidades intelectuales, además de ser inteligente. Por esa razón Newton, Pascal, Leibinz, Darwin, Descartes, etc. fueron altamente inteligentes y sin embargo fueron creyentes,  porque simplemente les faltó otra capacidad intelectual del ateo, a saber, la capacidad de vivir en la soledad de sí mismo, elVALOR de vivir sin dioses de ninguna especie, esa característica no la tiene el creyente, por eso le es imposible vivir sin dioses y esa es una verdad irrefutable.

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29 jun 2015

Lo que dice la ciencia sobre los "límites" del humor

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En octubre de 2001, apenas tres semanas después de los atentados del 11-S, el humorista Gilbert Gottfried hizo la primera broma pública sobre los ataques a las torres gemelas. En presencia del selecto público del club Friars, en Nueva York, Gottfried dijo que había intentado sacar un billete de avión, pero no había vuelos directos porque tenían que "hacer primero una parada en el Empire State Building". La gente respondió con abucheos y gritos de "¡Demasiado pronto!" y el humorista tuvo que cambiar precipitadamente de tema. Unos años después, tras el destructivo tsunami de Japón en 2011, Gottfried fue también criticado por tuitear algunos chistes sobre la tragedia. "En Japón son realmente avanzados", escribió unas horas después del terremoto. "Ellos no van a la playa, la playa viene a ellos".

¿Había elegido Gottfried un tema tabú, sobre el que es imposible bromear, o es que no había esperado el tiempo suficiente para que la gente pudiera reírse del tema? El psicólogo Peter McGraw lleva años investigando qué es lo que diferencia una broma graciosa de un comentario ofensivo. Lo que demuestran sus estudios es que la máxima establecida por Mark Twain de que "el humor es igual a tragedia más tiempo" se cumple a menudo. Cualquier evento catastrófico, ya sea un terremoto, una guerra o una matanza, puede terminar siendo objeto de chiste una vez que hemos establecido suficiente distancia respecto a los hechos. Pero, ¿cuánto tiempo?




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28 jun 2015

Rehacer nuestros proyectos de vida

Puede llegar el día en el que lo que somos y hacemos no sea lo que deseamos. Frente a la crisis personal y el miedo al cambio, el camino es hacerse las preguntas adecuadas



ANNA PARINI
En determinados momentos de nuestra vida, todo lo que nos llevó y acompañó hasta un momento preciso, parece que pierde el significado, y sentimos una necesidad apremiante de salir de donde estamos para emprender nuevos rumbos, aunque no sepamos exactamente a dónde nos van a llevar. Queremos experimentar novedad, hay un impulso que nos lleva a querer cambiar de pareja, de lugar de residencia, de trabajo, de profesión y de ambiente. Aquello por lo que luchamos durante años, a lo que nos dedicamos con esmero, parece desmoronarse. Nos invade una incertidumbre interior, un gran interrogante, ¿quedarnos en este “lugar” en el que nuestra vida parece irse apagando por inanición o soltar lastre y abrirse a lo desconocido?
Ese algo que empuja para salir de donde nos encontramos varía según la situación, la persona, sus relaciones, su edad y su historia. Puede ser la búsqueda de sentido, la insatisfacción, el sufrimiento, el malestar y el aburrimiento o la falta de motivación. También pueden ser preguntas como: ¿voy a seguir así hasta mis últimos días?; ¿es esto lo que quiero?; ¿qué sentido tiene lo que estoy haciendo y cómo estoy viviendo mi vida? Tomar la decisión de cambiar implica a menudo provocar rupturas, confusión y sufrimiento, y entrar en crisis.
Hay que fluir aunque sea en mitad de la incertidumbre. Puesto que no sabemos lo que nos espera después de ese cambio, esa inquietud puede provocar falta de fuerza interior. Sin embargo, desprenderse de lo que nos daña y empequeñece es lo que libera y fortalece.
Entre los 40 y los 50 años muchos se dan cuenta de que no viven su vida, o que la que tienen no es la que desean. Quieren dejar el trabajo que llevan haciendo durante años y dedicarse a otra cosa, o formarse en otros ámbitos profesionales. Quizá se apuntan a una ONG y se van a África, a América o a Asia. O bien dejan a su pareja y se van solos o con otra persona. En definitiva, necesitan un cambio radical.

Cuando un ser humano tiene un para qué,
puede atravesar cualquier cómo” 
Viktor Frankl
Estas transformaciones bruscas pueden desembocar en situaciones de crisis existencial profunda. Mi crisis personal llegó cuando todo aquello que durante años había dado soporte y sentido a mi vida dejó de ser el apoyo que me había sostenido. Aunque estaba rodeada de personas, me sentía solo, incomprendido y en un desierto. Me estaba ahogando y muriendo por dentro. Me empujaba un anhelo de libertad y de creatividad.
Empecé hablando con personas con las que había compartido aquella época y me sentí totalmente incomprendido. Así que inicié conversaciones con otros amigos más lejanos, que resultaron convertirse en verdaderos amigos. Me arriesgué, me abrí, y unos me dieron la espalda y otros me acogieron.
En situaciones de “tsunami vital” es imprescindible reflexionar, escribir, pasear, estar en contacto con la naturaleza, para escucharse a uno mismo. Es importante también abrirse y conversar para no desesperarse quedándose dentro todo lo que uno está viviendo. Sincerarse y arriesgarse a ser incomprendido, y a crear nuevos vínculos. Escuchar nuestra intuición, lo que sentimos y seguir los pasos que nos acerquen a nuestros anhelos nos ayudará a salir del estancamiento. Posiblemente implicará que algunas personas que nos han acompañado en una parte de nuestra vida dejen de hacerlo en esta nueva etapa. Pero aparecerán otras relaciones que nos nutrirán de maneras diferentes. Tenemos que aprender a soltar si queremos vivir con nuestra vitalidad floreciendo. Para lograrlo, ayuda confiar en uno mismo y en la vida; es clave para avanzar en un mundo lleno de incertidumbres.
También es importante ser consciente de qué queremos saber de nosotros mismos. Se trata de plantearse preguntas que desemboquen en reflexiones que lleven a encontrar sentido y propósito, a conectar de nuevo con los sueños y a crear nuevos proyectos que atraigan y nos hagan salir del escollo, descubriendo nuevos sentidos a nuestro ser y hacer.

Cuando vivimos un estancamiento en alguna relación importante, se hace necesario reciclarse. Pero hay miedos (a la ruptura, al conflicto o a ser incomprendido) que se interponen. Hay un ejercicio sencillo que sirve para identificar aquellos temores que impiden dar el paso necesario para acercarse a vivir sus anhelos. Elija un área en la que se sienta estancado y hágase estas tres preguntas: ¿Qué quiero realmente? ¿Qué obstáculos se interponen en mi camino? ¿Qué me impide afrontar o superar ese obstáculo?
Para cada miedo que le aparezca en respuesta a la tercera pregunta, puede plantearse las siguientes preguntas:
¿Qué es lo peor que puede ocurrir si sucede lo que temo? ¿Cuál es el mejor resultado posible para mí o para los demás si lo hago aunque sienta miedo al hacerlo? ¿Qué es lo que posiblemente sucederá entre estas dos cosas?
Le recomiendo que intente realizar la actividad que le atraiga, al menos tres veces: una para aprender a hacerla; la segunda vez para superar el miedo a realizarla; y la tercera vez para averiguar ¡si realmente la disfruta o no!

Para saber más


ANNA PARINI
Dice Rabindranath Tagore
“Yo dormía y soñaba que la vida era alegría.
Desperté y vi que la vida era servicio.
Serví y vi que el servicio era alegría”.
LIBROS
Enseñanzas sobre el amor. Una guía para alcanzar la plenitud en las relaciones humanas
Thich Nhat Hanh (Oniro. Barcelona, 1998)
En ocasiones el cambio viene impuesto por la normativa, por ejemplo, en la jubilación, o cuando es el cónyuge quien se va y nos deja solos, o cuando sobreviene una muerte o un accidente que implica un antes y un después. Si uno vive la necesidad de rehacer su proyecto vital desde la resignación, sintiéndose atrapado en ella, su vida y su ilusión se van apagando lentamente.

Esto le ocurrió a Sonia. Cuando la conocí, sus hijos ya estaban casados, pero su marido había tenido una muerte rápida hacía cinco años y ella se hundió en un gran sufrimiento. Sintió un vacío enorme, se preguntaba cada día por qué le había sucedido, y con tales interrogantes incrementaba su dolor y su tristeza. La meditación le ayudó a cambiar su actitud y a agradecer que hubiera podido disfrutar sus años de vida en pareja con enorme satisfacción. Varió totalmente su visión, entendió la muerte desde otra perspectiva, y pasó de resistirse a la nueva situación a aceptarla plenamente. En vez de lamentarse y quejarse, empezó a reconstruir y a tener una actitud de agradecimiento.
De cuestionarse: “¿Por qué me ha pasado esto a mí?”, “¿por qué se ha ido cuando aún era joven?”, pasó a preguntarse: “¿Qué puedo hacer a partir de ahora que aporte algo positivo?”. Y a agradecer todo lo que había compartido y aprendido en esos cuarenta años de matrimonio. Según las preguntas que uno se hace a sí mismo, las respuestas que genere pueden llevarle a incrementar el dolor y el sufrimiento o a liberarse y renacer en cada momento. En su caso, Sonia decidió formar parte de una ONG y ayudar a otras personas. Meditar la acompañó para encontrar su eje interior y conseguir fuerzas para reinventarse.
Muchas personas cuyo proyecto de vida se ha basado en lograr éxito, poder, dinero, privilegios y estatus sienten que llega un momento que todo deja de tener sentido. El individualismo en el que se ha sustentado su vida deja de nutrirles. Y es entonces cuando necesitan abrirse a los otros. Empiezan a plantearse el sentido de su presencia en el mundo. La actitud de servicio les lleva a espacios de conexión con los otros, a crear vínculos, comunión y comunidad. Al servir cambian una actitud que era fuente de sufrimiento. Pasan de pedir y necesitar a dar y compartir. Es en el dar y en el darse donde radica la semilla de la felicidad. En momentos de gran tristeza, como en un duelo, el servir ayuda a salir de ese estado y a conectar con la alegría.
Servir aumenta la capacidad de amar al prójimo. Se potencia la generosidad. La persona servidora crece en humanidad y en grandeza. No una basada en la ostentación o la fama, sino en la de vivir una vida con sentido.

Virar el rumbo

Probablemente nunca habíamos tenido tanto y al mismo tiempo nunca habíamos estado tan insatisfechos. ¿Qué sociedad hemos construido para que esto ocurra? Hemos creado un paradigma fundamentado en la necesidad, en la avaricia y en la conciencia de escasez. Vivimos pensando cómo podemos enriquecernos más, tener más, conseguir más y crecer más. Esto hace que llegue un momento en nuestra existencia que se desmorone el sentido y el para qué lo hacemos. Necesitamos crear proyectos de vida que nos permitan vivir siendo servidores. En vez de preguntarnos: ¿Cómo puedo hacerme más rico, más poderoso y tener más? Quizá debemos cambiar la pregunta y plantearnos: ¿Qué es lo que el otro necesita? ¿Cómo puedo contribuir a crear un mundo mejor?

El peso del pasado


Una de las objeciones más comunes contra la concepción narrativa de las identidades es el peso del pasado. ¿Tiene una persona que cargar con su pasado? ¿no es posible decir "soy otra persona, distinta a la que fui entonces"? La teoría narrativista dice que somos una historia en la que se enredan los cambios que ocurren en nuestra mente, cuerpo y entorno.  De ser correcta la hipótesis parecería que vivimos en una pesadilla de Twitter, FaceBook o internet: no podríamos borrar nuestro pasado, o no podríamos hacerlo cuando necesitábamos hacerlo. Pero es que es cierto, no podemos borrar el pasado y hay que matizar lo de que a veces nos consideramos personas distintas de las que fuimos. ¿En qué sentido somos diferentes? Hay dos cuestiones envueltas en esta pregunta, una moral y otra metafísica.

No pocas veces queremos decir que no aprobamos lo que hicimos, nuestras actitudes entonces, y que si ahora estuviésemos en aquellas situaciones nos comportaríamos de manera distinta. En realidad estamos haciendo una petición a los otros para que no nos tengan en cuenta lo que fuimos porque ahora "somos" de otra manera. O tal vez querríamos olvidar nosotros mismos lo que fuimos e hicimos. Peter Goldie y Alba Montes han estudiado la vergüenza como la emoción que produce el peso de nuestro pasado, evaluando negativamente no ya lo que hicimos sino nuestro propio yo: ¿cómo pude hacer yo esto? La vergüenza sería -nos enseñan- una de las emociones más importantes en la configuración de la identidad, junto a la culpa y el resentimiento (hay una cierta duda sobre si la culpa se dirige a la identidad y no simplemente al acto, aunque el resentimiento, como está estudiando Cristina Peralta en su tesis, sí configura identidades completas). La vergüenza y el resentimiento serían pues indicadores del peso del pasado sobre nuestras vidas.

La cuestión interesante, entonces, es si tenemos derecho a olvidar o si, por el contrario, el daño que hicimos o pudimos haber hecho nos va a perseguir eternamente. Martin Amis, en Koba, se revuelve contra la generación de su padre Kingsley Amis, y contra él, incapaz de entender cómo fueron capaces de apoyar o disculpar al estalinismo, aún cuando sabían ya de sus crímenes. Por supuesto que Amis hijo tiene derecho a la pregunta, aunque el problema es si está insinuando la respuesta: "seguís siendo culpables de aquello, no es suficiente que me digáis que sois otras personas diferentes. No estoy dispuesto a olvidar vuestro pasado en mi valoración de vuestro presente".

Cuando uno llega a la edad que tengo, el pasado pesa ya más que el futuro y estas preguntas y posibles respuestas te rondan y acucian con saña. Husmean en tu historia, pero también te preguntan sobre tu derecho a preguntar sobre otros que conoces. Sabes, por ejemplo, que casi todos los filósofos que fueron las autoridades de tu juventud tuvieron un pasado ignominioso. Cuando los conociste eran personas de izquierda, lúcidos y ejemplares, pero sabes que fueron falangistas en su juventud, y no simples afiliados ocasionales, sino entusiasmados vestimentados de azul fascista. Sabes de otros, perseguidores feroces de todo lo nacionalista o abertzale, que fueron en su día simpatizantes o militantes de algùn grupo revoltoso o ciertos otros grupos cercanos a la violencia. Sabes de neoliberales que fueron comunistas con el mismo entusiasmo dogmático con que ahora defienden sus mercados. Ateos militantes que dejaron los hábitos, trajes talares y coronillas hace tiempo. ¿Tienes derecho a enunciarlo, a señalar con el dedo y recordarles, a ellos y a todos, el peso de su pasado?

Precisamente porque nuestras identidades son narrativas, las respuestas o el puro hecho de preguntar han de tratarse como serios dilemas morales. Cuando leí El cura y los mandarines de Gregorio Morán, tan lleno de invectivas y juicios sumarios sobre algunos y de agasajos y zalamerías a otros, me di cuenta de mis propias superficialidades y frivolidades con las preguntas sobre el pasado. No porque no tengamos derecho a preguntar o saber, sino porque tenemos la obligación de preguntar por, y conocer, la historia entera. El pasado no existe sin el presente y el futuro. El pasado significativo, quiero decir, el pasado formado por posibilidades alternativas, algunas de las cuales nunca debieron ocurrir, pero que pudieron tal vez dar ocasión a juicios, promesas y compromisos de "nunca más". O que, por el contrario, aún permanecen activas porque el daño nunca fue reconocido, ni se cambió el mundo para que no volviese a ocurrir, ni se intentó mirar a los ojos de las víctimas para declarar ante ellas el pasado. Es cierto que no podemos sino juzgar, pero también deberíamos acreditarnos antes como jueces: en nombre de quién, con qué autoridad,...

Y está la cuestión metafísica de qué es lo que individualizaría una historia como forma de identidad. Cuestión complicada, porque una historia, un relato, no es una secuencia de hechos, sino un encadenamiento de posibilidades que adquieren sentido en el presente, que a su vez se configura en un horizonte de futuros. Somos historia no porque la hayamos tenido, sino porque está pesando sin remedio sobre nuestra agencia y la constituye en una compleja estructura de niveles que operan unos sobre otros determinando nuestras decisiones, compromisos, actos de habla y acciones transformadoras.

Porque el pasado pesa, hay que aprehenderlo con cuidado.




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22 jun 2015

Contra la modernidad

El interés que guía al filósofo moralista es, más que rastrear el paso de la humanidad de un tipo de civilización a otro, distinguir en cada tipo de civilización lo bueno y lo malo que comporta.
Jorge Santayana, 1951
Dominaciones y potestades



Conviene dilucidar y reconocer llegado el caso qué ideas e instituciones modernas, y en qué medida, podemos aprovechar y reutilizar después de una criba antimoderna o posmoderna equilibrada (si se me pide podría proponer algunas, por aquello de concretar; valga de momento una rápida referencia al materialismo y al anarquismo, fuente de conocimiento el primero y de justicia el segundo; también entendidos como maneras, si bien parciales y matizables ad infinitum, de comprender y estar en el mundo respectivamente), es decir, un análisis que, al menos en la intención, sea imparcial y saque lo positivo de cada época y lugar de la Tierra (o dicho al revés, una crítica que también recuerde lo negativo que se ha dejado atrás y a los lados, que puede ser mucho o poco, pero algo en cualquier caso). Lo digo porque una omisión de estas características por nuestra parte -especialmente por la mía, dado mi conflicto de interés al sentirme identificado con gran parte de los ideales románticos, pesimistas y críticos con la idea de progreso- podría interpretarse como un anhelo o nostalgia desmedida por un mundo y un paradigma tradicionales, a mi juicio y hechas todas las cuentas, igualmente problemáticos en términos políticos y metafísicos. Tal vez no tan problemático como el actual, quién sabría decirlo con seguridad matemática, pero en algo probablemente sí: ¿acaso debe ser recuperada formalmente, tal como proponen desde la Revista Raigambre, aquella prescripción autoritaria de Federico II de Prusia, apodado el Grande y para los nazis el predecesor de Hitler: "Razonad sobre lo que queráis y tanto como queráis, pero obedeced"?

No somos pocos quienes pensamos y sentimos ahora y siempre que, de ser algo, fue más bien lo contrario de Grande (en lugar de enfrentarse al maltrato de su padre, lo cual, bien lo saben las víctimas, requiere más valor que mil hazañas de guerra, prefirió reprimir y disociar su odio primigenio y enfrentarse al mundo empezando por Austria y terminando por Polonia, igual que el niño asustado Nietzsche, igual que el niño herido Hitler, aunque cada uno a su manera y desde roles diferentes; no por casualidad el filósofo demostraba siempre que podía su aprecio y afinidad por otro célebre Federico II, en este caso de Hohenstaufen, "ese gran espíritu libre, ese genio entre los emperadores alemanes", así como por otros "hombres de mando" como "Alcibíades y César"). Tampoco somos pocos quienes ante propuestas como la deltradicionalista -por decirlo con amabilidad- Manuel Fernández Espinosano podemos menos que disentir con la razón de los ilustrados y con el corazón de los niños maltratados que un día también fuimos: "El hombre moderno ha despreciado la autoridad y la tradición (sus motivos habría que irlos a buscar en profundos desarreglos del alma, en lo que la religión ha llamado pecados capitales). (...) La tradición, cuando lo es, forma un tipo humano mejor definido, con menos dubitaciones, con mayor seguridad (...), un individuo mucho más eficaz que cualquier filosofante que todo lo quiere someter a examen minucioso con su razón abstracta, en debates interminables que nada resuelven y más bien complican". Un individuo, en resumen, que obedezca a los que filosofan en su nombre. Debatir o dominar, dudar u obedecer, en casa o en el trabajo, he ahí el dilema irresoluble de la humanidad. Todo crítico debe abstraerse de la realidad visible, si bien parcialmente, para percibir el conjunto, para pasar de ver solo el territorio a ver el mapa y también el territorio (el capitalismo se mostró ante nosotros más fácilmente desde que los marxistas nombraron sus mentiras que no por abstractas dejan de ser materiales y medibles), y el que le niega esa capacidad a los demás por considerarlos inferiores en juicio mientras él la exprime en su beneficio de clase (jerga marxista, lo sé, pero no por ello dejan de existir las clases), no es un crítico de fiar, al menos no uno que nos considere sus iguales, uno que cuando nos mira vea personas libres en lugar de fichas en un tablero cuyas reglas, heredadas acríticamente de sus padres, ha impuesto él.  

En otras palabras, ¿hasta qué punto debemos "desmarcarnos definitivamente" y adoptar posturas "radicalmente ajenas al paradigma moderno", como propone Esaúl? Mucho hemos de alejarnos de la modernidad, sin duda, pero cuánto exactamente y en qué dirección, no estoy seguro. La obra del místico René Guénon es valiosa, y "la noción de alma" también, pero por sí solas o como hincapié intelectual me recuerdan, tal vez equivocadamente o sin motivo, a eso que se dice del efecto péndulo: un excesivo modernismo puede producir, por reacción natural, un igualmente excesivo antimodernismo. El exceso de racionalismo no se cura con exceso de tradicionalismo, y viceversa. Los crímenes -no solo físicos- en nombre de la Ilustración y del Progreso no deben hacernos minimizar los crímenes en nombre de la Tradición. Toda reacción, en un sentido o en otro, tiene algo de razón y algo de sinrazón, de luz y de oscuridad, aunque no siempre sea fácil distinguir lo uno de lo otro (he aquí, por cierto, una tesis pesimista: cuantificar u observar con los ojos y fabricar con las manos siempre será más sencillo para nuestra especie que demostrar con la razón, de ahí que este último modo de conocimiento aplicado, más abstracto que el empirismo y la tecnociencia, requiera una dedicación y precaución especiales).

Por ejemplo, el falangismo de José Antonio Primo de Rivera tenía razón en su reacción al liberalismo y a aquel socialismo que, siendo "justo su nacimiento" y "una reacción legítima contra aquella esclavitud liberal", desgraciadamente "vino a descarriarse" (en sus propias palabras), ¡pero es que a renglón seguido no escatima en gastos, pues defiende sin tapujos ni empatía lo mismo pero en sentido opuesto, esto es, "un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden", un "Estado totalitario" que "alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes" y "la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria"! ¡Menuda tercera posición la suya! Para eso... para eso más vale una falsa democracia como la nuestra que una real dictadura como la suya. Antes la decadencia, el nihilismo y la alienación burguesas que una salvación impuesta y hecha a medida del que la propone. Tal vez el socialismo trajera, "lo mismo que el liberalismo económico", "la disgregación, el odio, la separación, el olvido de todo vínculo de hermandad y de solidaridad entre los hombres", pero ¿acaso no trajo lo mismo o peor el falangismo de Primo de Rivera primero y de Franco Bahamonde después? Si algo creo haber aprendido en estos últimos años y meses es que el moralismo llama a las puertas de los críticos sociales con tanta insistencia que no es fácil, aunque tampoco imposible, resistirse a sus cantos de sirena, al consuelo que da sentirse en posesión de la verdad, y tomar distancia de nuestras propias creencias morales y proponerlas con cuidado (siempre es mejor practicarlas uno mismo que recomendarlas, aunque esto último vaya implícito hasta cierto punto en nuestra naturaleza). La ética es una ciencia, lo mismo que la ciencia es una ética. Verlo de esa manera, lejos de hacernos más dogmáticos (¡bastante tenemos ya con lo nuestro!), ayuda a no dar nada por sentado durante más tiempo del debido (¿y quién dice cuánto es lo debido? Buena pregunta), a amar el Conocimiento por encima de nuestros conocimientos, a no tener nada por irrenunciable, salvo en mi caso la premisa sobre la que se sostiene todo lo anterior: libertad, siempre libertad. Ante la duda, ante el miedo y ante la angustia, libertad. ¿Queréis orden? Dejad de temer al desorden. 

¿Amas al prójimo, amigo católico? No me lo digas y enséñamelo. ¿Cómo? Deja que me pose en la copa más alta o que corra por las tierras más enfangadas. Fiat iustitia, et pereat mundus. Demuéstrame con tus manos de carpintero del mundo que no es cierto que el último cristiano muriera en la cruz. Porque aun en los tiempos más liberales ymodernos que hayan visto nuestros ojos de pequeños historiadores, la obediencia y el miedo a dioses viejos y nuevos han gobernado el mundo en sucesión. Por esa vía, con ropas tradicionales unas veces y progresistas otras, el mal no ha hecho más que acumularse mientras se arañaban algunos bienes (¿hace falta recordar el siglo veinte, o el diecisiete, aquel de las guerras civiles por antonomasia?), de manera que... ¿qué mal puede hacernos intentar lo contrario?, ¿acaso la solución, si es que existe, pasa por más autoridad y yo no me he enterado? No sería la primera vez :P


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18 jun 2015

Voluntad de poder y acción


Los filósofos han adoptado el uso del término "agencia" para referirse a la forma particular que tiene la conducta humana capaz de convertir la pura reacción física en lo que llamamos acción. No existe tal uso en el diccionario de la RAE, para el que "agencia" denota una estructura institucional. Pese a ello se ha generalizado en dos contextos: el estrictamente filosófico y el más amplio de la reflexión política, especialmente en el marco de la teoría feminista, donde suele convivir con otro préstamo lingüístico, el de "empoderamiento", estrechamente relacionado con la agencia.

Agencia es la capacidad que tienen las personas para la acción, la decisión o el juicio. En contextos no filosóficos no parecería que haya nada que examinar aquí pues, ¿qué otra cosa puede haber más familiar que la capacidad de hacer? Es la experiencia más primitiva humana, incluido el pensamiento. En todas las culturas hay términos para valorar las acciones: valientes, desmañadas, caprichosas, racionales, incorrectas,..., y así hasta constituir una categoría fundamental de nuestros adjetivos. Y sin embargo es notorio que el término "agencia" resulte tan ajeno a nuestro vocabulario cotidiano.

El hecho mismo de este silencio, como el del perro de los Baskerville, es lo relevante y difícil de explicar. Nietzsche fue el filósofo que más tiempo dedicó a pensar sobre este silencio y a buscar una explicación en el desarrollo de la cultura contemporánea. Llamó "transvaloración" al hecho de este silenciamiento, que consideraba como el ocultamiento, desprecio o control sobre las fuerzas de la vida, sobre su constitución y expresión. Nietzsche fue también quien nos mostró que ciertos hechos de nuestra civilización solamente pueden ser explicados a través de una "genealogía", es decir, a través de un relato que dé cuenta de las contingencias, derivas, y sendas por las que discurre la historia, alejadas de toda forma de necesidad, producto, sin embargo de intereses sociales que modelan las estructuras que sostienen la fábrica de las culturas. Es cierto sentido Nietzsche es más profundo y radical que Marx por cuanto penetra en la trama misma de la constitución agente de un modo que el concepto de "ideología" marxiano no puede lograr.

Lo que para Nietzsche constituye la esencia de la acción humana, su "agencia" (aunque él no emplea el término) es la voluntad de poder.  Ha sido éste un concepto malentendido al ser confundido con voluntad de dominación, pero se refiere a algo muy distinto, en lo que consiste una forma muy particular de acción humana: la acción en la que el agente expresa, manifiesta y realiza sus planes de vida. Si queremos entender qué es la voluntad de poder hay que entender lo que para Nietzsche eran las graves enfermedades que la aquejaban: el autoengaño, sobre todo, que tan magistralmente desarrolló más tarde Sartre, uno de los filósofos que sigue más fielmente el espíritu del pensamiento nietzscheano. La verdad, para Nietzsche, deja de tener las connotaciones de puro intelectualismo, es decir, las de adecuación del pensamiento al mundo para denotar una forma de existencia, la del que no se deja engañar por sus propias servitudes.

Es por esta razón por la que "agencia" y "empoderamiento" han quedado tan unidas en las construcciones teóricas del feminismo, a donde hay que mirar con cuidado, más que en los grandes textos de los filósofos (en masculino) para encontrar toda la potencia teórica y práctica que contienen estos dos conceptos. Agencia es un término de logro o conquista: la de la libertad para proponerse y llevar a cabo planes de vida. Tiene que ver con la capacidad para descubrir posibilidades, es decir, horizontes distintos a los que muestra el paisaje de dominación en el que discurre habitualmente nuestra existencia. Tiene que ver con la voluntad de convertir las posibilidades en realidades, en transformaciones de la realidad contra todos los obstáculos, interiores o exteriores, que se oponen a las fuerzas de la vida.  Tiene que ver con la voluntad de persistencia, de lucidez y negación al autoengaño, de autogestión de los movimientos propios.

La agencia es la conquista de quienes son capaces de decir "¡sí se puede!", de creerlo y conformar su vida por esta convicción.



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17 jun 2015

La muñeca inquietante [VÍDEO]




"The Uncanny Lover" es un reportaje en vídeo realizado por el equipo de The New York Times sobre el trabajo de Matt McMullen, el creador de las muñecas sexuales Real Doll. Este pionero de la industria sexual trabaja ahora en un proyecto más ambicioso: quiere animar las muñecas y que actúen con el usuario, el primer paso para crear un auténtico robot sexual. El vídeo del NYT se mueve entre lo artístico y lo periodístico, no es nada burdo ni explícito y explora uno de los aspectos más interesantes de nuestra futura convivencia con los robots: ¿nos producirán rechazo cuando se parezcan demasiado a nosotros? ¿Serías capaz de mantener relaciones sexuales con un robot en el futuro? 

Espero vuestros comentarios.


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El Alfabeto pictórico de Basoli


Alfabeto-Pittorico-A

Alfabeto-Pittorico-H
Antonio Basoli creó en 1893 esta colección de litografías bajo el título Alfabeto Pittorico, en el que cada letra del alfabeto –con la excepción de la J y W, pero con el & como bonus– aparece combinada con un edificio o construcción de diferentes características.
nuncalosabre.Alfabeto Pittorico - Antonio Basoli
Curiosamente dicen que Basoli era un artista de limitados conocimientos literarios, aunque otras fuentes dicen que estudió en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, donde acabaría siendo profesor. Su especialidad eran los «mundos reales o imaginarios»; quizá esta especie de obra tipográfica fue su forma de representar de una forma diferente algo importante para él: el alfabeto.


Leer anotación completa: «El Alfabeto pictórico de Antonio Basoli»

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