12 jun 2015

¿Qué idiomas habla el mundo y por qué es importante saberlo? (INFOGRÁFICO)

SI EL IDIOMA INFLUYE SIGNIFICATIVAMENTE EN LA PERSONALIDAD, ¿CUÁLES SON Y SERÁN LAS MAYORES PERSONALIDADES SEMÁNTICAS DEL PLANETA?

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Incontables pensadores a lo largo de la historia han señalado el determinante rol que juega el lenguaje en la construcción de nuestra realidad. Desde Lacan hasta McKenna, pasando por Korzybski y muchos otros, han enfatizado en los cimientos semánticos de lo que consideramos como realidad. Y en este sentido los aspectos de una lengua, sus alcances y limitaciones, terminan incidiendo significativamente en nuestra existencia. 
Si tomamos en cuenta su árbol genealógico, rápidamente concluimos que son pocas las raíces que hoy comparten decenas de idiomas alrededor del mundo. Esto nos reafirma la noción de ancestros comunes que fueron fragmentándose quizá en un inicio por segregaciones geográficas y, por ende, ambientales y climatológicas, y luego está separación se fue autonutriendo a partir de particularidades culturales (y conductuales) que fueron arraigándose.
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De acuerdo con lo anterior, resulta por lo menos apasionante tratar de rastrear algunos de los aspectos más distintivos de las diferentes sociedades en relación con las particularidades de sus idiomas. Así nos damos cuenta de que las lenguas germánicas son mucho más proactivas y sintéticas, mientras que las latinas son más redundantes, “románticas”, y las orientales, mediante la evocación de ricos escenarios o complejos fenómenos naturales, propician la contemplación. También, entre otras determinantes, un idioma refleja la actitud anímica ante la vida, o al menos eso sugiere el extenso estudio sobre el “estado de ánimo” de las palabras en distintas culturas, realizado por Peter Sheridan Dodds del Computational Story Lab de la Universidad de Vermont.  
Otro estudio, conducido por Susan Ervin en 1960, consistió en:
pedir a adultos bilingües que crearan dos historias (cada una en un idioma diferente) tomando como inspiración una misma imagen. Los temas abordados por los sujetos mostraron diferencias significativas en los textos en inglés y en francés. El éxito, por ejemplo, fue uno de los temas comunes en las historias en inglés, mientras que la autonomía y el aislamiento fueron más comunes en las historias en francés de una misma persona. 
Tomando en cuenta todo lo anterior, parece pertinente entender cuáles son hoy los idiomas más hablados del mundo y cuáles serán en un futuro próximo. Una vez teniendo ese dato entonces podemos especular, de acuerdo con las particularidades de los idiomas imperantes, cuáles son las tendencias conductuales, incluso las filosofías de vida, que dominarán las próximas décadas.
A continuación te compartimos un infográfico creado por Alberto Lucas López para el diario South China Morning Post, que muestra la distribución de 4 mil 100 millones de personas (aproximadamente 60% de la población mundial) entre los 23 idiomas más hablados alrededor del mundo. 
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*Clic en la imagen para verla más grande
Es evidente que el chino es, por mucho, el idioma más hablado en el mundo, con casi mil 200 millones de hablantes. El español aparece en segundo lugar, con 400 millones y el inglés en tercero, con 355. También resulta interesante consultar la tabla de abajo que indica cuáles son los idiomas que más se están aprendiendo como segunda lengua (un indicador que también resulta significativo con miras al futuro), rubro que encabeza, también por mucho, el inglés. 

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10 jun 2015

Creatividad y psicosis comparten el mismo origen genético


Desde hace bastante tiempo se ha insinuado que la psicosis y la creatividad guardan ciertas similitudes (la historia está llena de genios locos o excéntricos como Vincent van Gogh). Muchos estudios han concluido que las personas altamente creativas tienden a tener más “desinhibición cognitiva” que el resto de las personas, lo que conduce a que filtren mucho menos los estímulos o datos que les rodean, una característica que también se presenta en los desórdenes psicopáticos leves.

Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de deCODE Genetics (con sede en Islandia), especializada en el estudio del genoma y el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del Kings College de Londres (Reino Unido) ha revelado que los genes asociados a la creatividad pueden aumentar el riesgo de desarrollar trastorno bipolar y esquizofrenia.

Para su estudio, los científicos analizaron los resultados de un trabajo con una muestra de 86.292 personas relativa al riesgo genético tanto de esquizofrenia como de trastorno bipolar. Además, se añadió el aspecto de “ser creativo” en todas aquellas personas pertenecientes al gremio artístico, ya fueran bailarines, músicos, escritores, actores o artistas visuales.

La comparación de los resultados reveló que aquellas personas definidas como creativas tenían un riesgo genético significativamente mayor a estos trastornos psiquiátricos que aquellas no consideradas creativas.

“Para la mayoría de los trastornos psiquiátricos, se conoce poco sobre las vías biológicas subyacentes que conducen a la enfermedad. Una idea que ha ganado credibilidad es que estos trastornos reflejan extremos del espectro normal del comportamiento humano, en lugar de ser cada uno una enfermedad psiquiátrica distinta. Al conocer que los comportamientos saludables, como la creatividad, comparten su biología con enfermedades psiquiátricas, ganamos una mejor comprensión de los procesos de pensamiento que llevan a una persona a enfermar y a desarrollar una enfermedad mental”, explica Robert Poder, coautor del estudio.

 Nature Neuroscience.



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9 jun 2015

Divino tesoro: las edades de la literatura

Recorrido por grandes títulos que nos ayudan a recordar cómo se luchó contra el paso del tiempo en cada siglo


  El Fausto de Goethe en la versión cinematográfica de Murnau. 

Cervantes era más aficionado a la poesía que a la estadística, pero seguro que al escribir que la edad de don Quijote “frisaba con los 50 años” sabía que en su tiempo –comienzos del siglo XVII– la esperanza de vida no pasaba de los 30, de ahí que la sobrina del hidalgo manchego hable de su tío como de un viejo “por la edad agobiado”. Aunque los avances científicos y los cambios de mentalidad pueden llevarnos a pensar que el presente es eterno, ahí están las novelas para recordarnos que cuando Balzac, dos siglos después que Cervantes, se lanzó a fabular sobre las cuitas sexuales y amorosas de una dama madura, el resultado fue La mujer de treinta años.

No es casual que, legendariamente, la búsqueda de la fuente de la eterna juventud transcurra paralela a la de la piedra filosofal. En ambos casos se trataba, al final, de transformar el plomo en oro. No otra cosa pretende la publicidad moderna. Si los jóvenes van a ser clientes, primero han de ser protagonistas. Por eso el gran siglo burgués, el XIX, está llenó de tensiones sociales que anuncian futuras tensiones generacionales. La misma centuria que empezó con El sí de las niñas de Moratín culminaría, entrando ya en el XX, con el alumbramiento de Peter Pan. Por el medio dio tiempo a que se consagrara esa nueva unidad de negocio que ahora llamamos literatura infantil y juvenil. También a que el genio de Oscar Wilde atara en El retrato de Dorian Gray los hilos que la tradición había dejado sueltos en los mitos de Narciso y de Fausto. El rock no tardaría en reclamar cadáveres hermosos.
La lucha contra el tiempo termina mal. Ese es el gran aviso del arte. La obra de Borges está llena de gente infeliz que no puede morir y no puede olvidar. Alterando la naturaleza, dos autores tan distintos como Francis Scott Fitzgerald y Alejo Carpentier se atrevieron a invertir en sendos relatos (El curioso caso de Benjamin Button yViaje a la semilla) el camino que lleva del nacimiento a la muerte. El resultado es brillante. Y antiguo: la Biblia está llena de patriarcas longevos –¿recuerdan a Matusalén?–, pero dios hecho hombre murió con 33 años.

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8 jun 2015

Conservadora

Dícese de aquella persona que conserva una determinada institución más por miedo o por inercia que por valentía o buenas razones. 

Una institución se define comúnmente como un complejo distintivo de actos sociales. Así, podemos hablar de la ley, de la clase, del matrimonio o de la religión organizada como instituciones establecidas (…) Las instituciones proporcionan maneras de actuar por medio de las cuales es modelada y obligada a marchar la conducta humana, en canales que la sociedad considera los más convenientes. Y este truco se lleva a cabo haciendo que estos canales le parezcan al individuo los únicos posibles.
Peter L. Berger, 1963


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3 jun 2015

¿Porqué nacemos tan desvalidos?

Todos conocemos bien la indefensión con la que llegamos al mundo. Apenas nos movemos y nuestra única posibilidad de supervivencia depende de que se atienda nuestra demanda de alimento. Somos capaces de pedir comida mediante un llanto casi imperceptible y poco más. Han de pasar semanas hasta que reconocemos el rostro de nuestra madre y generalmente transcurrirá algo más de un año hasta que demos nuestros primeros pasos. A pesar de nacer con un cerebro de gran tamaño (en términos absolutos) con respecto a otro primates, nuestras capacidades neuromotoras y cognitivas están muy poco desarrolladas. En 1969, el antropólogo suizo Adolf Portmann acuñó el término “altricialidad secundaria” para denominar el estado de desarrollo cerebral con el que nacemos los seres humanos. En otras especies de mamíferos también sucede un proceso similar, pero mucho menos acusado que en Homo sapiens. Esas especies presentan una “altricialidad primaria”. En la mayoría de primates no sucede ni una cosa ni la otra, sino que los recién nacidos llegan al mundo con una gran precocidad en su desarrollo. Es por ello que Portmann estimó que la gestación de los seres humanos tendría que durar entre 18 y 21 meses, para que los bebés nacieran con un desarrollo neurológico y cognitivo similar al de los chimpancés.
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¿Como explicar la altricialidad humana? En su publicación de 1969, Adolf Portmann concluía que la gestación humana quedaba truncada hacia las 38-40 semanas, como resultado de una adaptación muy particular de nuestra especie. Durante el primer año de vida conseguíamos aquellas capacidades motoras y cognitivas propias de un chimpancé recién nacido. Utilizando las mismas palabras de Portmann, sería como una “primavera extrauterina”. Antes de 1969 y en los años que siguieron a la publicación de Portmann, otros investigadores desarrollaron y postularon la denominada teoría del “dilema obstétrico”. Nuestra forma de locomoción ha condicionado las dimensiones del canal del parto con respecto a los primates cuadrúpedos. El hecho de que el cerebro haya aumentado su velocidad de crecimiento durante la gestación nos obliga a nacer mucho antes de lo pudiera parecer razonable. Si nuestra gestación tuviera una duración de unos 20 meses, como sugirió Adolf Portmann, el parto sería inviable. La cabeza de nuestros recién nacidos sería demasiado grande como para gestionar con éxito el tránsito por el canal del parto. Una mayor capacidad para el aprendizaje a cambio de un parto muy prematuro. En definitiva, nuestro organismo emitirá las señales oportunas para el inicio del momento del nacimiento, aún cuando el cerebro esté notablemente inmaduro. Conseguiremos atravesar el canal del parto muy desvalidos, pero podremos vivir gracias a los cuidados que nos proporcionan nuestros progenitores y, en particular, nuestra madre.
La hipótesis del dilema obstétrico no ha terminado de convencer a la investigadora Holly M. Dunsworth (Universidad de Rhode Island, en Kingston), que ha trabajado junto a otros investigadores norteamericanos para conocer mejor la fisiología de la gestación y de la locomoción bípeda. Su principal trabajo en relación a este problema biológico fue publicado en 2012 en la revista oficial de la Academia de Ciencias de USA.
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Cierto es que el bipedismo ha condicionado la forma de la pelvis. Todos nuestros ancestros, incluidos los australopitecos o neandertales han tenido una pelvis más ancha que la nuestra en términos relativos al peso y la estatura. Todos ellos han tenido éxito evolutivo, a pesar de que nuestra eficacia energética en los desplazamientos ha mejorado por el hecho de tener un cuerpo más estrecho y estilizado. Aún así, Dunsworth trata de convencernos de que el parto es posible aún en los casos en los que la cabeza del recién nacido tenga hasta tres centímetros mayor de lo habitual (unos nueve centímetros). Es decir, que aún nos quedaría margen para nacer con cerebro de mayores dimensiones. Esta investigadora piensa que las dimensiones del canal pélvico no representa el principal obstáculo para el parto, tras los nueve meses de gestación.
Como hipótesis alternativa (que no invalida la anterior), Dunsworth y sus colaboradores han tenido en cuenta el gasto energético de la gestación. Sus datos sugieren que la tasa metabólica basal de las madres se duplica y aún puede llegar casi a triplicarse. El ciclista que sube un puerto de primera categoría con la intención de ganar multiplica por cuatro o cinco veces su tasa metabólica basal, pero el esfuerzo supremo dura solo unos cuantos minutos. Las madres soportan de manera progresiva el esfuerzo de incrementar su tasa metabólica a medida que avanza el proceso de gestación. Hacia las 30 semanas, el “tirón energético” que provoca sobre todo el crecimiento del cerebro del feto es muy importante. En ese momento, las madres gestantes notan cada vez más la necesidad de consumir alimento extra y llegan a la extenuación ante un esfuerzo inesperado. Es por ello que Dunsworth y su equipo piensan que la señal para el momento del parto está muy condicionada por un “techo energético”, que las madres no pueden superar. Durante la lactancia, las madres continuarán con un trabajo energético extra, pero el gasto queda mejor repartido.
embarazoLas dos hipótesis son muy razonables y no son mutuamente excluyentes. La nueva aproximación de Holly Dunsworth es muy interesante y, en mi opinión, resulta un complemento perfecto al dilema obstétrico. El mayor obstáculo que encuentro en la hipótesis de Dunsworth (muchas madres estarán de acuerdo conmigo) es el diámetro de la cabeza de nuestros recién nacidos. Nueve centímetros ya es una barbaridad, como para pensar que las mamás podrían dar a luz a niños y niñas cuya cabeza tuviera hasta 12 centímetros.
Mientras se sigue debatiendo sobre estas dos hipótesis, lo cierto es que la estrategia de Homo sapiens consiste en conseguir un cerebro de mayor tamaño, pero con mucha mayor flexibilidad y capacidad para aprender. Las dos propuestas nos dicen que el precio de esa estrategia es elevado. Por el momento hemos logrado gestionar bien el reto biológico de una forma o de otra. Nuestra especie ha conseguido dominar el planeta. Falta saber si seremos capaces de gestionar con éxito la ventaja de disponer de unas capacidades cognitivas tan desarrolladas.
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2 jun 2015

Efectos físicos del enamoramiento (INFOGRÁFICO)

TE COMPARTIMOS UN LISTADO CON 8 CONSECUENCIAS FÍSICAS QUE CONLLEVA ESTAR ENAMORADO

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El acto de enamorarse es, sin duda, uno de los fenómenos más intrigantes de la naturaleza humana. El hecho de que en el enamoramiento confluyan aspectos emocionales, mentales, físicos y, por qué no, metafísicos, hace de él un fascinante misterio, un estado que bien puede encumbrarnos en paradisíacas estepas o, por el contrario, sumergirnos en épica psicosis. 
Dentro de las múltiples manifestaciones del enamoramiento en distintos planos, el físico es particularmente enigmático. Que algo tan “etéreo” pueda tener efectos tan puntuales a nivel físico y bioquímico no sólo nos sugiere que el modelo bajo el cual operamos es esencialmente unitario y no fragmentado, sino que la somatización de lo que sentimos o pensamos es un proceso no exclusivamente natural sino ineludible. 
Por otro lado esta dinámica, la somatización del enamoramiento, nos invita a reflexionar sobre que tal vez la intensidad de ciertos fenómenos que alojamos provoca que estos se desborden, ocupando absolutamente todos los cauces que encuentren en su camino de florecimiento, con el fin categórico de manifestarse. Y quizá por esto cuando estamos enamorados ello se refleja no sólo en nuestro aspecto físico o nuestro cerebro sino también, por ejemplo, en tu perfil de Facebook, e inclusive tiene efectos que van más allá del modelo de tiempo-espacio lineal y actúan en un plano cuántico. 
Pero regresando a lo corpóreo, a continuación te presentamos un infográfico (publicado en Mic) que mapea la manifestación del enamoramiento en diversos aspectos de nuestro cuerpo y mente. Se trata de un recordatorio visualizado no sólo de la intensidad propia de este fenómeno, sino también de la íntima unión que nos rige como una unidad (y no como un cuerpo separado de un corazón y una mente). 
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Concentración: Contrario a la distracción que popularmente asociamos al enamoramiento, cuando nos encontramos en este estado liberamos dopamina, sustancia que favorece la concentración mental, la determinación y la creatividad.
Ojos: Cuando miramos a alguien de quien estamos enamorados, nuestras pupilas literalmente se dilatan. 
Temperatura: Testimonios de personas enamoradas apuntan a que, en el clímax del enamoramiento, la temperatura corporal aumenta. 
Dolor: El enamoramiento actúa como analgésico contra el dolor físico (y emocional), pues activa el sistema de recompensas gratas en nuestro cerebro. 
Piel: Los capilares subcutáneos se expanden (por eso es fácil que nos ruboricemos).
Problemas cardíacos: El enamoramiento puede reducir la presión sanguínea y por lo tanto, reducir la posibilidad de un paro cardíaco. 
Estómago: El contacto con la persona a quien amamos envía señales a nuestra corteza insular  y hace una conexión entre nuestro cerebro y vientre (por eso lo de “mariposas en el estomago”).
Estrés: Estar junto a “esa persona” ayuda a reducir el estrés y disminuye nuestros ritmos cardíaco y respiratorio. Además, su abrazo disminuye la presencia de cortisol, la hormona del estrés. 

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26 may 2015

El origen común de la sonrisa, la risa y el llanto


Michael Graziano es profesor de Psicología y Neurociencia en la Universidad de Princeton y ha estudiado cosas tan variadas como la conciencia o la forma en que codificamos el espacio alrededor de nuestra persona. En esta entrada voy a resumir un artículo suyo muy interesante en la revista Aeon en el que plantea un origen común para la risa, la sonrisa y el llanto basándose precisamente en sus estudios sobre la zona de seguridad que todos los animales tenemos alrededor de nuestro cuerpo. Es una hipótesis atrevida pero original y como parte del tema de cómo monitorizamos nuestro espacio personal vamos a empezar por ahí.

Graziano ha estudiado en el laboratorio cómo monitoriza el cerebro la zona de seguridad alrededor de nuestro cuerpo y cómo controla acciones como encogerse, agacharse o cerrar los ojos para protegernos de un impacto. Su equipo estudiaba la actividad de determinadas neuronas de ciertas zonas cerebrales y observaron que una neurona típica se activaba cuando un objeto se dirigía, por ejemplo, a la mejilla izquierda. La misma neurona respondía a un roce en la mejilla izquierda o a un sonido realizado cerca de ella. Cuando hacían estudios en la oscuridad, esa misma neurona se activaba enormemente si la cabeza se dirigía hacia la localización recordada de un objeto. Es decir, la neurona estaba avisando al resto del cerebro de que iba a ocurrir una colisión en lugar determinado del cuerpo.

Otras neuronas registran la actividad de otras zonas del cuerpo de manera que sería como si toda la piel estuviera cubierta de burbujas invisibles, cada una monitorizada por una neurona. Algunas de las burbujas son pequeñas y alcanzan sólo unos centímetros pero otras son más largas y alcanzan metros. De forma colectiva, todas ellas crean una zona de seguridad virtual, como una especie de burbuja grande alrededor de nuestro cuerpo.

Pero estas neuronas hacen más que monitorizar: alimentan una serie de reflejos. Cuando se activan dirigen el movimiento del cuerpo para alejarlo de los objetos cercanos. Si estimulaban estas neuronas eléctricamente el resultado era un completo movimiento defensivo. Si estimulaban un conjunto de neuronas que controlan la mejilla izquierda un montón de cosas ocurrían inmediatamente. Los ojos se cerraban. La piel alrededor del ojo izquierdo se frunce. El labio superior se eleva causando arrugas para proteger los ojos desde abajo. La cabeza se agacha y encoge girándose hacia la derecha. El torso se encoge y la mano izquierda se eleva como para bloquear la amenaza. Toda esta secuencia es rápida, refleja y automática. Se trata de un mecanismo básico sin el que no podríamos matar un insecto que tuviéramos en la piel, agacharnos para evitar un impacto o pasar por una puerta sin pegarnos en el hombro.


Pero había una cosa que les llamaba mucho la atención a los investigadores y es que estos mecanismos defensivos se parecían mucho al conjunto de señales sociales humanas. Cuando le soplas aire en un ojo a un mono su expresión se parece mucho, por ejemplo,  a la de una sonrisa humana. ¿Por qué la risa tiene componentes de una reacción defensiva?

Ahora vamos a hablar de ello, pero hay que decir que el equipo de Graziani no fue el primero en establecer una relación entre movimientos defensivos y conducta social. Un pionero en este campo fue  Heini Hediger , director del zoo de Zurich en los años 50 del siglo pasado, que estaba fascinado por la forma en que los animales gestionaban el espacio a su alrededor. Una cebra, por ejemplo, no corre siempre que ve un león sino que parece proyectar un perímetro invisible a su alrededor. Si el león está fuera de ese perímetro no se preocupa en absoluto de él. Pero si el león se mete en ese perímetro entonces, como que no quiere la cosa, la cebra se moverá para restablecer la distancia, y si el león se acerca mucho entonces sí que correrá. Y también mantienen una distancia respecto a otras cebras dependiendo de las circunstancias.

También en los años 60 el psicólogo Edward Hall adaptó esta idea a la conducta humana. Hall señaló que cada persona tiene una zona de seguridad de unos dos o tres pies de ancho que es más abultada en la cabeza y más estrecha en los pies. Esta zona no es fija sino que aumenta si estás nervioso y disminuye si estás relajado. Tampoco es igual en todas las culturas, siendo más pequeña en Japón y más grande en Australia, de manera que si juntas a un japonés con un australiano empezarán un baile en el que el japonés se acerca al australiano y este se separa y vuelta a empezar. De esta manera, la zona de seguridad provee un espacio invisible donde se enmarcan las interacciones sociales.

Bien, hasta aquí lo fácil, vamos a complicar ahora las cosas. ¿Qué tiene que ver la sonrisa, por ejemplo, con los perímetros de defensa? ¿Por qué enseñar los dientes como señal de amistad?  ¿Por qué hacerlo como señal de sumisión? ¿No comunican los dientes agresión? Los etólogos están de acuerdo en que equivalentes a la sonrisa son apreciables en primates. Tienen un gesto llamado “enseñar en silencio los dientes desnudos” con el que comunican la no-agresión. Algunos plantean que evolucionó del gesto contrario, una preparación para el ataque. Pero Graziano piensa que centrándose en los dientes se pierden el conjunto ya que la sonrisa implica todo el cuerpo. Vamos a ver la versión de Graziani de cómo apareció la sonrisa.


Imaginemos dos monos, A y B. El mono B se acerca al espacio personal del mono A. ¿Qué ocurre? Las neuronas que controlan las burbujas de su cuerpo se activan y disparan una clásica reacción defensiva. El mono A parpadea, protegiendo sus ojos, su labio se eleva, esto expone sus dientes, pero sólo como un efecto secundario, para proteger los ojos. Las orejas se pliegan hacia atrás, para protegerse. La cabeza se esconde entre los hombros, para proteger el cuello y la yugular. El torso se curva para proteger el abdomen. Dependiendo de la dirección de la amenaza, los brazos pueden cruzarse protegiendo el torso o la cara. En conjunto, una reacción defensiva que protege las partes vulnerables del organismo.

El mono B puede aprender un montón observando la reacción del mono A: si éste le tiene miedo, si le considera superior, etc. Así el mono B aprende dónde se encuentra socialmente respecto al mono A. Esto pone en marcha un escenario para que la señal social evolucione, la selección natural favorecería a los monos que sepan leer el lenguaje corporal de sus congéneres y ajusten su conducta en consecuencia. Pero si el mono B obtiene información de los movimientos del mono A la evolución favorecerá que el mono A aprenda a manipular sus movimientos corporales y su conducta para influenciar al mono B. Es decir, la evolución favorecería a los monos que sepan “interpretar” una reacción defensiva y convenzan a los demás de que nos son peligrosos, por ejemplo. Así que ya tenemos el origen de la sonrisa: una imitación breve de una respuesta defensiva.

Vamos ahora con la risa, que es muy variada. Reímos por muchas cosas: un chiste inteligente, una historia sorprendente, cuando alguien pisa una piel de plátano y se cae…y cuando nos hacen cosquillas. Según el etólogo Jan van Hoof, los primates tienen algo muy parecido a la risa, abren la boca y hacen unas exhalaciones, sobre todo cuando juegan. La psicóloga Marina Ross ha comparado los ruidos que hacen diferentes especies y ha llegado a la conclusión de que el sonido más parecido a la risa humana es la risa de los bonobos cuando juegan a pelear o se hacen cosquillas. Todo ello sugiere que la risa humana nació del juego y las cosquillas. Pero la gente que ha estudiado la risa se ha centrado, de nuevo, en el sonido y no se han dado cuenta de que la risa implica todo el cuerpo. Veamos la versión de Graziano(otra just-so historia).


Imaginemos dos simios jóvenes que juegan a pelearse. Ya sabemos que el juego es muy importante porque se entrenan habilidades necesarias para la edad adulta. Implica también un riesgo de heridas por lo que tiene que estar finamente regulado. Imaginemos que el simio B vence por un momento al simio A. Vencer quiere decir que penetra sus defensas y hace contacto en una parte vulnerable del cuerpo, pongamos la tripa o la mandíbula. ¿Qué ocurre? Pues una vez más se dispara la reacción defensiva: parpadeo, elevación del labio, agachar la cabeza y hasta emite llamadas de ayuda. La intensidad de la reacción depende de lo lejos que haya llegado el ataque. Igual que comentábamos para el caso de la sonrisa, es importante que el simio B sepa leer los movimientos del simio A y aprender así lo que es un buen movimiento para una lucha futura, así como saber cuándo tiene que parar el juego para no hacer daño. Podemos pensar en ello como en una señal de touché. Por lo tanto, la evolución favorecería a simios que se sintieron recompensados al conseguir una señal de touché de su oponente. Pero, al igual que comentábamos en el caso de la sonrisa, la evolución favorecería también a los simios que supieran producir una señal de touché cuando necesitaran regular el juego de pelear.

Según esta hipótesis, se produce una dinámica compleja entre el emisor y el receptor de la señal (se le suele llamar una carrera de armamentos) y se acaba convirtiendo en una señal social humana elaborada. Si esta “teoría del touché” es cierta, entonces la risa funciona como una señal de recompensa social. Cada uno de nosotros controla esa recompensa que es una especie de “Lo has hecho muy bien” que les damos a los demás modelando así su conducta. Y, de hecho, usamos la risa de esa manera. Reímos los chistes y la inteligencia como una señal de apoyo y admiración. Cuando reímos un chiste, ¿no es en esencia una señal de touché? “Me pillaste”, quiere decir. Has ganado un punto en esta lucha mental. Me has engañado llevándome por un lado y luego me has dado un golpe desde una dirección inesperada.

Si has leído hasta aquí y te parecen plausibles las dos historias anteriores, la que te voy a contar ahora acerca del llanto y las lágrimas creo que se te va a hacer más cuesta arriba. Volvemos a repetir lo mismo, los intentos anteriores de entender el llanto se han centrado en lo más visible, las lágrimas, pero ya habrás adivinado que Graziano nos va a decir que hay que mirar todo el cuerpo: los labios, los párpados, esconder la  cabeza protegiendo el cuello, el encogimiento de hombros, curvar el torso, etc., una típica reacción defensiva. Pero en el caso del llanto tiene un uso my específico: pedir ayuda. Llora y tu amigo intentará consolarte así que tenemos que estudiar cuándo se consuelan los primates. 


Los primatólogos, ya desde Jane Goodall en los años 60 del siglo pasado, han observado que los chimpancés se reconcilian después de las peleas. Un chimpancé pega a otro y luego le consuela y le toca (o le ofrece sexo si es un bonobo). La ventaja adaptativa de ello es obvia ya que ayuda a mantener las relaciones y obtener los beneficios de la vida social. De acuerdo, pero, ¿de dónde vienen las lágrimas? La respuesta de Graziano es que nuestros ancestros tenían la costumbre de pegarse en la cara y esos golpes, especialmente en la nariz, producen lágrimas. Recientemente se han publicado artículos que apoyan esta idea. David Carrier y Michael Morgan, de la Universidad de Utah, dicen que los huesos de la cara tienen una forma evolucionada para soportar traumas faciales y han propuesto también que los Australopitecos ya eran capaces de cerrar la mano formando un puño, y de usarla para atacar. Así que la razón de que ahora lloremos tiene que ver con la forma en que nuestros ancestros (y los humanos modernos) arreglaban sus diferencias.

Como en los casos anteriores, la evolución habría favorecido a los animales que reaccionaran ayudando y consolando cuando observaran al otro llorar. Pero luego habría aparecido una segunda presión selectiva para manipular la situación y fingir una herida - exagerándola incluso- cuando necesitaran ayuda o consuelo. De manera que la señal (llorar) y la respuesta (una reacción emocional de ayuda y consuelo) evolucionaron en tándem.

Bueno, no sé si te ha convencido esta original hipótesis acerca de la etimología evolucionista de la risa, la sonrisa y el llanto. Desde unos movimientos defensivos se llega a unas señales sociales complejas y la razón es que esos movimientos ofrecen información acerca del estado interno de la persona. Son muy visibles y no se pueden evitar y la evolución favorece a los que pueden leerlos. Pero también favorece a los que pueden fingirlos y manipularlos por lo que tal vez esto explique una cierta ambigüedad en la vida emocional humana: nos movemos siempre entre la autenticidad y la imitación, flotando en una área gris entre la explosión incontrolada y la simulación. 

@pitiklinov

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Retrato íntimo de la neurona del placer

Los artistas japoneses Ayako Kanda y Mayuka Hayashi han realizado una serie de íntimos retratos de parejas en Rayos X
  Los artistas japoneses Ayako Kanda y Mayuka Hayashi han realizado una serie de íntimos retratos de parejas en Rayos X  
El placer, cualquier placer. El del amor, el del sexo, el del sorbo de vino, el del hijo al que amamantas, el de la brisa y el sol, el de la metáfora en un poema, el del gol, el de cantar en la ducha… Elige placer. El que sea, el que quieras repetir. Cualquier placer empieza justo aquí. En esta neurona. Ella se ocupa.
Un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid ha reconstruido por primera vez la anatomía individualizada e íntima de las células que forman el circuito neuronal del placer, y así son. Esta pinta tienen.
Cuerpo de una neurona dopaminérgica de la VTA cuyo axón inerva amplios territorios cerebrales. /Departamento de Anatomía, Histología y Neurociencia, UAM.
  Cuerpo de una neurona dopaminérgica de la VTA cuyo axón inerva amplios territorios cerebrales. /Departamento de Anatomía, Histología y Neurociencia, UAM.  
Han sacado a la luz (verde) neuronas del Área Tegmental Ventral (VTA), donde se sabe que comienza lo que los expertos llaman “circuito de recompensa”. Está localizado desde que hicieron un curioso experimento con ratas en los años 50. Les ponían electrodos en distintas áreas cerebrales, y las ratas insistían en darle a la palanca que estimulaba este área. Desde entonces se sabe que si buscas placer en un cerebro, hay que mirar el VTA. Y ocurre algo más con el placer, y es que, cuando lo sentimos (la recompensa), buscamos que se repita.
Se pregunto a Lucía Prensa, una de las responsables del estudio que se a publicado en la revista Frontiers in Neuroanatomy:
--- ¿Cuántas neuronas del placer tenemos?
-“En humanos son unas 100.000 en el Área Tegmental Ventral”.
-”¡Qué pocas!”, exclamo, prensando que un cerebro al uso cuenta con entre 50 y 100 mil millones de neuronas de todo tipo.
Lucía Prensa puntualiza:
-”Son pocas, pero hemos visto que afectan a gran parte del cerebro. Su axón se extiende y ramifica sobre distancias enormes, de decenas de centímetros en el caso del cerebro humano”.
Cada neurona tiene un cuerpo central como el de la imagen, con unas dendritas, que son como las manos que aportan a la neurona la información que llega de fuera. El cuerpo de la neurona procesa la información del exterior, y, a través del axón, contacta con neuronas de otras estructuras del cerebro para generar una sensación final, en este caso, eso, placer.
Si el sistema en el que participan estas neuronas está en baja forma, entonces es cuando el placer se desboca. Es lo que ocurre cuando se consumen drogas de abuso. Las drogas secuestran estas neuronas, que se activan enormemente, y el adicto muere por buscar una y otra vez su recompensa.
También están bajo mínimo en casos de depresión.
Me cuenta Lucía Prensa que el placer hace que animales y personas sientan algo que quieren repetir:
“Se han hecho estudios sobre el amor apasionado, y se ve que hay amores que son adictivos, y que en esos casos se pone en marcha este mecanismo de recompensa: el amor entonces secuestra estas neuronas, y así se explican obsesiones de algunas personas cuando la relación se ha terminado”.
Y así, con esta imagen, podemos verle la cara por primera vez a la neurona del placer. ¡Qué gran papel!

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20 may 2015

La humildad: el eslabón perdido de la comunicación

Humildad no es sinónimo de desvalorización




decían los sabios con experiencia y sin mucho título bajo el brazo.

En el día a día uno ve a todo tipo de profesionales, se ve a los sinceros y honestos, a los apasionados y luchadores también a los que están ahí sin saber muy bien por qué y para qué, y desde ese lugar que quizás ni ellos eligieron se olvidan de uno de los valores más importantes en nuestra profesión: la humildad.

La humildad es el valor para llegar a la razón o sentimientos de ese otro con el que tenemos que lograr una comunión, si es que así entendemos la comunicación.


Se sabe que una palabra dicha con humildad tiene el significado de mil palabras agradables. Si Oscar Wilde viviera seguramente respondería “ser natural es la más difícil de las poses”.


Entiendo que no hay comunicación posible sin comprender al otro primero, para ello antes es preciso descubrir las necesidades latentes para poder responder y cooperar desde ese lugar de conocimiento, desde ese estilo que predispone a uno a hacer lo que es bueno aquí y ahora, sin perder de vista el objetivo final “comprendernos”.


No ponerse en el lugar del otro, ni reparar en escuchar los reclamos porque no se considera importante lo que el otro tiene para decir es un claro caso de mala comunicación donde el eslabón no pudo ser encontrado.


En reiteradas ocasiones escucho que los políticos están alejados del pueblo, que sus discursos ya no seducen y que sus acciones carecen de credibilidad, será que el receptor no encuentra la humildad suficiente para cautivar su interés, me supongo; por tanto, no se trata simplemente de darnos cuenta que, debemos implementar autocríticamente una nueva forma de manejar y observar la comunicación sino, así podemos promover de manera eficaz la humildad en nuestras comunicaciones interpersonales.

Todo el conocimiento que acumulamos durante el proceso de aprendizaje que tenemos como seres curiosos, transmitàmoslo a nuestros semejantes con humildad, porque es la mejor manera de ayudar y entendernos.

Encontremos el eslabón perdido y entonces COMUNIQUEMOS




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Emoji: el Lenguaje de Mayor Crecimiento en la Historia

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  foto: emojimasks.com  

Y según un estudio realizado por TalkTalk y el Profesor de Lingüística de la Universidad de Bangor, Vyv Evans, el crecimiento y uso de los emojis ha sido exponencial: 4 de cada 10 personas ha enviado al menos un mensaje compuesto enteramente con emoji. Además, de los 2000 encuestados (en el Reino Unido), el 72% del grupo de edad de 18 – 25 años confesó encontrar más fácil expresar sus sentimientos a través de los emoji, que a través de palabras.
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El estudio dio también a conocer los más populares emoji utilizados hoy en día. La cara sonriente es la más popular 😀, seguida de la cara llorando de risa 😂, el corazón ❤️, y la cara feliz sonrojada 😊, cerrando el Top 5 el pulgar hacia arriba 👍.
Según Evans, “Emoji es la forma de lenguaje de crecimiento más veloz en la historia, basado en su increíble nivel de adopción y velocidad de evolución. Como un lenguaje visual, el emoji ha eclipsado, de lejos, a los jeroglíficos, su precursor egipcio, que tomó siglos en desarrollarse”.

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